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Día: 1 de abril de 2017 (página 1 de 1)

Israel interfiere en la guerra civil que se ha desatado en torno a Trump

Woolsey, un perro de la CIA
Hasta hace muy poco tiempo todo lo que rodeaba al espionaje era un misterio, el secreto mejor guardado. Nadie conocía la identidad de los espías, ni el trabajo que realizaban. Ahora los espías son unos bocazas y unos charlatanes. Ya no existe el delito de revelación de secretos.

Por ejemplo, en la guerra civil que vive Washington el protagonista es el espionaje y los espías. El que fuera director de la CIA en tiempos de Clinton, James Woolsey, acaba de ser entrevistado por la CNN y el Wall Street Journal (*), y lo que cuenta es del más puro estilo del espionaje de siempre: mitad verdad y mitad mentira, aunque no es fácil deslindar dónde empieza una y acaba la otra.

Woolsey ataca a su antiguo amigo el general Flynn, el dimitido responsable de seguridad nacional nombrado por Trump, de la manera más sucia que cabe imaginar. Le acusa de corrupción, por ser socio de empresas de enchufes y chanchullos (“lobby” en inglés). Pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra: Woolsey no habla de las suyas.

Es una redundancia. Los políticos y funcionarios de Washington no pueden diferenciar el servicio público del privado porque forman parte de ambos. La desfachatez de Woolsey llega al punto de ocultar que junto con su odiado Flynn fue socio de FIG, una empresa de enchufes y chanchullos.

Además de ser un espía ruso —o casi— Flynn y su empresa de enchufes trabajaban también para Erdogan. En setiembre del año pasado —cuenta Woolsey— ambos participaron en una reunión con dos ministros turcos, uno de ellos el hijo de Erdogan para tratar sobre la manera de secuestrar (o extraditar) al dirigente religioso Fetullah Gülen —un viejo peón de la CIA— para llevarle a una cárcel turca acusado de promover el golpe de Estado del verano del año pasado.

A la empresa de Flynn le pagaba las mordidas un testaferro: otra empresa radicada en Holanda, Inovo BV, que es propiedad del millonario turco Ekim Alptekin, naturalmente cercano a Erdogan y AKP.

Pero esta historia rocambolesca es sólo el chocolate del loro: quien encargó a Inovo BV la reunión de Flynn con los ministros turcos fue una empresa israelí que pretendía exportar gas a través de Turquía. Los yacimientos gas que han aparecido en la costa oriental del Mediterráneo hay que conectarlos a la red europea de gas.

En Oriente Medio circulan toda clase de rumores acerca de esos yacimientos “israelíes”, de los intermediarios turcos y de los destinatarios finales europeos. La mayor parte de los rumores hablan de mordidas, alianzas y trapicheos de toda clase. Durante cuatro meses a Flynn le pagaron generosamente para mejorar la acogida de Erdogan en Estado Unidos. De dicho trapicheo formaba parte el secuestro (o extradición) de Güllen (por las buenas o por las malas).

A partir de entonces, Flynn cambió su anterior posición anti-turca por otra pro-turca y empezó a escribir artículos en la prensa contra Gülen y contra los kurdos. Pero la CIA, la NSA y el FBI escuchan los contactos del general con los israelíes y los turcos, que se oponen frontalmente a los planes que la CIA prepara para Oriente Medio. Entonces el culebrón no se detiene: la CIA envía fragmentos de sus conversaciones a la prensa para alimentar la campaña contra Trump.

En medio de la guerra civil que sacude a las distintas camarillas de Washington ha aparecido, pues, quien no podía dejar a aparecer tratándose de un negocio que concierne a Oriente Medio, Israel y, naturalmente, yacimientos de alguna clase (petróleo, gas), el guión perfecto para la próxima película de Hollywood “basada en hechos reales”.

(*) https://www.wsj.com/articles/ex-cia-director-mike-flynn-and-turkish-officials-discussed-removal-of-erdogan-foe-from-u-s-1490380426

¿En qué consiste la hegemonía mundial del imperialismo estadounidense?

El experimento es el siguiente: en un folio en blanco hay que escribir los nombres de los actores y actrices de Hollywod que el lector pueda recordar en dos minutos. Una vez terminada la prueba, hay que repetirlo con los actores y actrices rusos. ¿A cuántos recuerda?, ¿ninguno?, ¿nunca ha visto ninguna película rusa?

Es casi seguro que el lector ha visto muchas películas sobre la guerra de Vietnam porque se las han introducido por los ojos, tanto a él como al mundo entero. Pero también es casi seguro que ningua de ellas es vietnamita.

Lo que el mundo sabe sobre la guerra de Vietnam es porque se lo ha contado uno de los bandos: Estados Unidos.

La inmensa mayoría de los países del mundo que tienen que hacer pagos internacionales, deben recurrir al dólar porque carecen de oro para hacerlo. Nadie aceptaría jamás que le pagaran en monedas tales como rupias, liras u otras de las que ni siquiera saben en qué países circulan.

No hay otra moneda en el mundo que circule a la misma escala que el dólar, la moneda que emite Estados Unidos.

A lo largo de su historia, el ejército de Estados Unidos ha invadido y ocupado numerosos países para quitar y poner gobiernos, como en Panamá en 1989, pero ningún ejército del mundo ha invadido a Estados Unidos para cambiar su gobierno.

El bloqueo impuesto por Estados Unidos para doblegar a Cuba es el más largo que ha conocido la historia. Estados Unidos impone embargos y sanciones a Estados y empresas de todo el mundo. Los embargos y sanciones también alcanzan a terceros países que comercian con ellos.

Sin embargo, ningún país, como Cuba, ha bloqueado, sancionado o embargado a Estados Unidos.

En 2001 el impago de la deuda soberana argentina se acabó resolviendo en un juzgado de Nueva York, con leyes estadounidenses, policías estadounidenses y órdenes estadounidenses que se imponen al mundo entero.

¿Alguien conoce que un juzgado de Rosario o de otro lugar del mundo haya intervenido en un pleito contra Estados Unidos?

Para Estados Unidos la Segunda Guerra Mundial nunca se finalizó. La Guerra de Corea tampoco. Desde 1945 ha iniciado 200 guerras que no se han acabado nunca. No conocen el significado de la palabra paz.

El ejército de Estados Unidos es gigantesco. No tiene comparación posible. El presupuesto militar de Estados Unidos es igual a la suma de los presupuestos de los siete Estados que más gastan del mundo en armamento.

El edificio del Pentágono es tentacular para reflejar a un ejército tentacular que tiene ramificaciones en los cinco continentes: Africom para África, Centcom para Oriente Medio y Asia central y un sinfin de siglas parecidas que ponen de manifiesto que los imperialistas tienen bajo amenaza a todo el mundo y que no hay ningún otro ejército con un despliegue internacional parecido.

Desde 1945 Estados Unidos construyó una red de bases militares en torno a la frontera de la URSS, que no ha sido desmantelada, a pesar de que la URSS ya no existe.

Ningún país del mundo ha establecido nunca bases militares junto a las fronteras de Estados Unidos.

Muchas leyes de Estados Unidos están vigentes en el mundo entero. Los tribunales de Estados Unidos también tienen jurisdicción en el mundo entero y aplican sus propias leyes como les da la gana.

Cuba es un Estado americano, pero los imperialistas lograron su expulsión de la Organización de Estados Americanos. Siria es un Estado árabe pero los imperialistras lograron su expulsión de la Liga Árabe. Esas acciones no fueron promovidas por Rusia o por China sino por Estados Unidos.

A Estados Unidos nadie se ha atrevido nunca a expulsarle de ningún organismo; si se va es porque quiere.

Una potencia, como Estados Unidos, es hegemónica porque puede elegir a su enemigo. Es una gran ventaja estratégica y militar que consiste en tener la iniciativa y seleccionar al adversario contra el que quiere luchar en cada momento. Desde 1917 la URSS (y Rusia) ha estado en todas las quinielas y Corea del norte también desde 1950. Durante algún tiempo fueron los países del “Eje del Mal”: Cuba, Libia, Irán…

Esas víctimas propiciatorias no tienen alternativa; no eligen sino que son elegidos. Son como esos corderos que se separan de la manada para llevarlos al matadero.

Sin embargo, por grande que sea la hegemonía de un país, como Estados Unidos, no es omnímoda; siempre habrá otro u otros capaz de disputársela y de contrarrestarla.

La apología del terrorismo en los clásicos del pensamiento político: Juan de Mariana

Juan Manuel Olarieta

Desde los más remotos orígenes del pensamiento político, los grandes autores que ha tenido la humanidad siempre han justificado la violencia revolucionaria como medio para acabar con los tiranos, los explotadores y los gobernantes que les oprimen. Los jueces de la Audiencia Nacional los hubieran encerrado a todos en las mazmorras por apología del terrorismo, es decir, por darle una vuelta de 180 grados al problema, tratando a las víctimas del terrorismo como si fueran terroristas.

Los escritores clásicos no sólo no consideran delito la lucha armada y la violencia revolucionaria sino que la justifican como el ejercicio de un derecho fundamental que tiene cualquier persona: el derecho de resistencia, consagrado como tal en la Constitución francesa de 1793. Cuando me refiero a los clásicos, no pienso en Mao Zedong, Che Guevara o el general Giap, sino en los fundadores de la ciencia política moderna, que fueron los escritores españoles del siglo XVII.

El más conocido apologista del terrorismo fue el jesuita Juan Mariana, un clásico del pensamiento político que en 1599 escribió “Del rey y de la monarquía” en el que justifica y ensalza a quienes matan a cualquier monarca despótico, jefe de Estado, presidente de la república, primer ministro, torturador, represor, explotador…

Cuando los gobiernos crean “policías secretas” para perseguir a los ciudadanos o para impedir que se expresen libremente, escribió el jesuita, deben ser derrocados y si no se abandonan sus cargos por las buenas es legítimo hacerlo por la fuerza y por la violencia. En la fundación de Estados Unidos se acuñó la expresión “Sic semper tyrannis” para justificar la guerra (calificada allá de “revolucionaria”) contra el colonialismo británico. Se podría traducir como “Así hay que hacer siempre con los tiranos”: matarlos. La tradición refiere la frase atribuyéndosela a Marco Junio Bruto cuando se disponía a matar a Julio César. Por más que el tiempo transcurra, los pueblos pueden matar a los represores en cualquier momento, en cuanto tengan ocasión para ello.

En los pensadores clásicos la ejecución de un déspota no es sólo un derecho sino algo más, un deber moral, algo elevado y ético. Los pueblos están obligados a deshacerse de quienes les oprimen. Es un principio sólidamente establecido entre los profesores de la Universidad de Salamanca de aquella época e incluso en la literatura del Siglo de Oro. El caso más conocido es Fuenteovejuna, la inmortal obra de teatro de Lope de Vega, uno de los más bellos ejemplos de apología del terrorismo que se han escrito.

Naturalmente que a los déspotas no les gusta que alguien pida su cabeza, por lo que a la opresión le sigue siempre la censura. El libro de Mariana fue quemado en París por orden del monarca de turno en 1610. Sin embargo, el libro no fue prohibido por una razón muy curiosa: porque estaba escrito en latín, un idioma que sólo hablaba la gente culta. La obra estaba condenada a ser conocida sólo por un número muy reducido de personas, no por las masas. Incluso en la actualidad, es muy dífícil de encontrar en las bibliotecas. Tampoco hay muchas traducciones al castellano. La que tengo yo ahora mismo entre las manos es la edición, que data de 1640 y fue reimpresa en 1845. En su primera página dice: “No se ha traducido hasta ahora a ninguna lengua vulgar”. Es mejor que la gente no conozca sus derechos; incluso es preferible que piesen que no tienen ningún derecho a nada.

En la página 81 el jesuita dice lo siguiente de los opresores: “Esta clase de hombres, la más pestífera y perjudicial es muy laudable exterminarla de la sociedad. Así como ciertos miembros podridos se cortan, para que no inficcionen con su corrupción las demás partes del cuerpo, del mismo modo esta especie de bestias feroces en figura humana, se deben auyentar de la sociedad y herirla con el hierro”.

En el mundo actual Mariana sería un rapero con letras incendiarias, o quizá escribiría mensajes en Twitter llamando a la lucha armada contra el fascismo. La Audiencia Nacional ya le habría condenado a una pena de cárcel y habría ordenado quemar su libro otra vez. Incluso les parecería insuficiente y les habría gustado quemarle a él junto con su libro.

Os aconsejo, pues, que no leáis dicho libro. Es mejor que no leáis nada, no vaya a ser que os invadan malas intenciones…

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