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Día: 14 de febrero de 2017 (página 1 de 1)

La cadena de televisión CNN es una de las grandes fábricas ideológicas del imperialismo

La CNN no es una simple cadena televisiva. Forma parte de la corporación de propaganda Time Warner (que concentra más de 20 medios y publicaciones impresas, como HBO, el canal musical HTV, Cartoon Networks, TNT y la revista Time, incluyendo a la CNN, entre otros). Es una de las mayores fábricas de producción de películas y programas televisivos del planeta.

Time Warner, a su vez, se fusionó con la corporación AT&T por 85.400 millones de dólares el año pasado, formando el tercer mayor conglomerado mediático y de telecomunicaciones, el cual controla aproximadamente el 33 por ciento de la infraestructura de internet, servicios telefónicos, satelitales y de producción cultural de todo el mundo.

El consejo de administración de Time Warner/AT&T está constituido por individuos conectados al Fondo Monetario Internacional, las fundaciones de la oligarquía Rockefeller, tanques de pensamiento pagados por Exxon Mobil (como el Consejo de Relaciones Exteriores), el fondo de inversión de la oligarquía Warburg (Warburg Pincus) y la empresa armamentista, AMR Corporation, además de Goldman Sachs y JP Morgan como accionistas claves. La crema del 1 por ciento más rico de los más ricos del planeta.

Estas conexiones reflejan que la CNN está integrado a la mega estructura del poder económico mundial, constituida por empresas y grandes corporaciones financieras, armamentísticas e industriales. La CNN es la vitrina para exhibir sus intereses políticos en regiones y países estratégicos para ellos, como por ejemplo Venezuela, Rusia, China e Irán, donde sus ataques han sido sostenidos, producto de los grandes intereses financieros y geopolíticos que allí circulan.

En las sucesivas guerras contra Oriente Medio, la CNN ha sido el púlpito estrella para que asesores de seguridad nacional y operadores justifiquen ante la opinión pública las intervenciones de Estados Unidos. Como es el caso de Anderson Cooper, uno de sus periodistas más famosos, que transmitió en vivo una llamada en 2011 de una mujer libia que se refugiaba de los “bombardeos” en Trípoli.

Anderson dijo después: “Si hacéis que Libia sea una zona de exclusión aérea no podrán entrar más mercenarios… Hay que actuar. ¿Cuánto tiempo más hay que esperar, cuánto más hay que ver, cuánta gente más tiene que morir?”. Luego se demostró que los “bombardeos” en Trípoli fueron fabricados. Anderson fue formado por la CIA en su juventud y días después de esta transmisión, la OTAN comenzó a bombardear -ahora sí en serio- a la población libia.

La CNN está conectada también a la división de operaciones psicológicas del ejército de Estados Unidos, a la CIA, desde la Operación Ruiseñor (Mockingbird) dirigida a controlar los medios convencionales en los años cincuenta por parte de la inteligencia estadounidense, y al sector de los llamados neoconservadores, quienes plantean el intervencionismo militar directo y unilateral para proteger a Estados Unidos de las amenazas al estatuto de gran superpotencia mundial. Una de sus principales referencias es George W. Bush.

Sus principales intelectuales y operadores (Robert Kagan, Paul Wolfowitz, John McCain, etc.) están ligados orgánicamente a la industria financiera y de las armas, y por razón lógica, son unos de los principales promotores de la guerra contra Irak, Afganistán, Siria y Libia, entre otras naciones. Son además constantemente entrevistados en reportajes y programas de opinión en la CNN, como parte de la distribución a gran escala de esa visión del mundo y de sus intereses ante la opinión pública.

En Venezuela (así como en Bolivia) la CNN también ha realizado operaciones de propaganda para manipular la realidad de país. En agosto de 2015 su corresponsal en Venezuela (Osmary Hernández) reportó supuestos saqueos y disturbios por alimentos en el estado Carabobo. Días después, Fernando del Rincón afirmó que había sido un “error” ese reportaje y que realmente los saqueos nunca sucedieron. La CNN mintió.

La corporación dueña de la CNN, Time Warner, fue uno de los principales financistas de las dos campañas presidenciales de Barack Obama con casi dos millones de dólares. Este dato que pone en relieve cómo las políticas de injerencia de la anterior administración (el Decreto Obama, leyes de sanciones, intimidación por parte del Comando Sur, etc.) contra Venezuela tuvieron su brazo mediático en la CNN.

No nos referimos entonces únicamente a corresponsales y conductores de programas mentirosos (como Osmary Hernández o Fernando del Rincón), sino a toda la estructura de poder económico mundial que tiene intereses políticos en lo que esta cadena televisiva transmite día a día, sobre todo tratándose del país con las mayores reservas de petróleo y una de las principales de gas, oro y minerales estratégicos del mundo.

—http://misionverdad.com/columnistas/cnn-en-cinco-datos-claves

El asesor de seguridad de Trump dimite por mentir sobre sus contactos con Moscú

El general dimisionario Michael Flynn
Anoche el general Michael Flynn, asesor de seguridad nacional de Trump, dimitió. La explicación oficial es que mintió al informar sobre el contenido de su conversación con el embajador ruso en Washington, de la que no informó al Vicepresidente Mike Pence.

La dimisión pone de manifiesto, una vez más, las graves contradicciones internas en las que se ven envueltas los círculos gobernantes de Estados Unidos.

“Desafortunadamente, por el ritmo de los acontecimientos, informé inadvertidamente con información incompleta al vicepresidente [Mike Pence] y a otros sobre mis llamadas con el embajador ruso” en Washington, Serguei Kislyak, reconoció Flynn en su carta de dimisión.

En esa conversación, que el FBI interceptó y que tuvo lugar antes de que el 20 de enero Trump accediera a la Casa Blanca, Flynn habló de las sanciones impuestas por Obama contra el Kremlin por la supuesta injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de noviembre.

Flynn habría mentido a Pence y a otros funcionarios sobre el contenido de la llamada, al asegurarles que no había hablado con Kislyak sobre las sanciones, una mentira que llevó al Vicepresidente a negar tales contactos en los medios.

Pero la explicación oficial no es verosímil, como asegura Red Voltaire (1). Si la causa real de la dimisión de Flynn fuera su conversación con el
embajador de Rusia, se trataría de un delito de espionaje y el general
Flynn debería ser detenido inmediatamente.

La dimisión de Flynn podría tener su origen en la prohibición, impuesta
por la CIA, para que su ayudante, Robin Townley, participara en las
reuniones del Consejo de Seguridad Nacional (2).

A su vez, dicha prohibición sería una represalia por el Memorándum del presidente Trump que pone fin al estatus del director de la CIA como miembro permanente de Consejo de Seguridad Nacional.

Washington vive una verdadera guerra interna entre camarillas. Lo que está claro es que las relaciones con Rusia son “la patata caliente” entre ellas. Ni siquiera es posible suponer que se trata sólo del levantamiento de las sanciones. Es mucho más. Como bien ha dicho el senador ruso Alexei Pushkov, lo que está en juego “no es Flynn sino las relaciones con Rusia”.

(1) http://www.voltairenet.org/article195259.html
(2) https://www.nytimes.com/2017/02/12/us/politics/national-security-council-turmoil.html

Más información sobre el general Michael Flynn:

– La revuelta de los generales
– Trump dará un giro completo a la estrategia de Estados Unidos en Siria
– Obama es el fundador del Califato Islámico
 

Contra la concepción mecanicista de la historia

Juan Manuel Olarieta
Es muy corriente que en cualquier debate sobre la república aparezca alguien que comenta: es indiferente que la forma de Estado sea monárquica o republicana porque otros países capitalistas, como Portugal o Francia, son repúblicas y la situación no cambia sustancialmente para la clase obrera.

Es una manera errónea, mecanicista, de analizar una situación. En una tesis así hay dos equivocaciones importantes. La primera es que transmite que, por el hecho de ser capitalistas, los Estados son iguales unos a otros. Pero es una tautología decir que todos los Estados capitalistas son capitalistas. Tienen en común que son capitalistas y se diferencian en todo lo demás, y precisamente eso que los diferencia es lo interesante, porque es lo concreto, el “análisis concreto de la situación concreta” que diría Lenin.

El otro error es que ese tipo de afirmaciones conduce a pensar que un Estado se compone de piezas que son intercambiables, como un vehículo en el taller de reparaciones. En un Estado también se puede quitar una rueda (la monarquía) para poner la de repuesto (la república) en su lugar, como si nada hubiera ocurrido.

También es frecuente escuchar ese mismo planteamiento mecanicista en la cuestión de la autodeterminación de las nacionalidades, de tal manera que la independencia de Galicia no consiste en otra cosa que en poner una aduana en el puerto de Padornelo y pedir visados de entrada y salida. No cambiarían ni la situación de Galicia ni la de España. Simplemente habría dos Estados donde antes sólo había uno. Uno sería el Reino de España y el otro la República de Galicia.

Se pueden poner muchos ejemplos de esa manera errónea de analizar los fenómenos sociales, como la equiparación entre el Partido Popular y el PSOE, que a veces se designa como PPSOE, para acabar concluyendo que ambos son iguales, lo cual siempre es cierto: son iguales luego también son distintos y es necesario entender ambas cosas a la vez, en qué son iguales y en qué son distintos.

Ahora se está poniendo de moda aludir a las contradicciones interimperialistas para poner en el mismo plano a Estados Unidos y a Rusia porque ambos son iguales; Trump y Putin quieren lo mismo, la hegemonía mundial. Según este tipo de planteamientos, la situación interna e internacional no cambiaría en absoluto si en lugar de uno tuviéramos al otro. Son los mismos perros con distintos collares…

Pero la peor versión mecanicista de la historia es la de su reversibilidad, que es cuando se da por supuesto que los acontecimientos pueden ir hacia atrás. Por ejemplo, con mucha ligereza hay quien escribe que Rusia ha retornado hacia el capitalismo, dando a entender que ahora está como estaba antes de 1917, lo cual es erróneo.

Tiene razón Putin cuando dice que Rusia no puede dar marcha atrás, una expresión a la que le da un doble sentido, que también es correcto. Por un lado, Rusia no puede borrar ni pasar por encima de su etapa soviética, por lo que es un país que conserva numerosas y muy importantes huellas de su pasado más reciente. Por el otro, tampoco puede volver a 1917 para rehacer la URSS como quien hace una fotocopia.

Cuando en todo el mundo se está celebrando el centenario de la Revolución de Octubre es necesario tener en cuenta que, tanto en Rusia como en cualquier otro país capitalista, la historia no se repite nunca. Del mismo modo y con la misma contundencia hay que tener en cuenta que la historia tampoco se puede borrar, que es lo que intenta el actual gobierno polaco con la de su país.

El empirismo anglosajón, que en todo el mundo forma parte de la ideología dominante, ha inculcado la doctrina de la tabla rasa, del papel en blanco y de que los acontecimientos surgen de la nada, mientras que Marx sostuvo todo lo contrario: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, escribió en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Cada país tiene sus tradiciones y sus pesadillas, sobre las cuales la historia vuelve una y otra vez, dando la impresión de que los acontecimientos se repiten, “una vez como tragedia y otra como farsa”, escribió también Marx en la misma obra. En España una clase social trata de acabar con sus propias pesadillas para encubrir el origen de su dominación, la guerra civil, el franquismo, mientras que otros se esfuerzan por recuperarlas porque es la única manera de superarlas.

La burguesía de algunos países no puede digerir determinados capítulos de su historia, por lo que intentan borrarla o tergiversarla. Así ocurre en España con la Segunda República, la guerra, la posguerra y la transición. Por el contrario, el proletariado trata de recuperar la memoria histórica por lo que, una y otra vez, invoca para sí aquella época, de tal manera que la república y su bandera tricolor se convierten en una de sus señas de identidad más importantes.

No tiene nada que ver con la nostalgia. En España la república es el pasado al mismo tiempo que es el futuro. Naturalmente, nunca será la repetición de la Segunda República sino algo nuevo construido sobre aquella que los fascistas destruyeron a sangre y fuego. Sin duda alguna será una República Popular, expresión política de una revolución de tipo socialista.

Lo mismo cabe decir de la Revolución de Octubre. Los intentos de los imperialistas por suprimirla, borrarla de la historia o manipularla están condenados al fracaso, inexorablemente, porque es el acontecimiento más importante de la historia, de toda la historia de la humanidad. Es inevitable que en cualquier lugar del mundo el proletariado considere aquella Revolución como cosa propia, como una parte de sí mismo, de su propia historia y como la fuente inspiradora para construir una nueva sociedad.

Con mucha más razón se puede decir eso mismo del proletariado ruso, para quien la etapa soviética está aún mucho más marcada en su conciencia que aquí lo está la Segunda República. El futuro de un país pasa inevitablemente por su historia. En España por la república y en Rusia por los soviets. España volverá a ser republicana igual que Rusia volverá a ser soviética. No hay nadie capaz de impedirlo.

Hoy, cuando además del centenario de la Revolución de Octubre, celebramos también el aniversario de las elecciones que ganó el Frente Popular en febrero de 1936, es un buen momento para recordar la trascendencia histórica de estos acontecimientos.

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