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Día: 29 de enero de 2017 (página 1 de 1)

Los Mossos d’Esquadra se reunen con el Mossad en Israel para ‘adquirir material y conocimientos’

Miembros de los Mossos d’ Esquadra han viajado recientemente a Israel para “adquirir material y conocimientos”, algunas de ellas celebradas con miembros del servicio secreto, el Mossad.

Este tipo de contactos los han realizado miembros de otras policías autonómicas, como la Ertzaintza, que también se reunieron con miembros del Mossad.

Esta filtración se produce al tiempo que el periódico israelí Haaretz recoge las confesiones de antiguos miembros del Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí, que reconocen el empleo de la tortura en los interrogatorios de detenidos palestinos.

La existencia de unidades operativas y secretas dentro de los Mossos d’Esquadra es algo que viene de lejos y que ha recibido distintas denominaciones. Podrían haber estado adscritas en algún momento a la que se denominaba Unidad Central de Recursos Operativos (UCRO).

La identidad de los agentes de la absoluta confianza de sus jefes el lugar donde se reúnen, el destino de sus informes y otras circunstancias de su trabajo, constituyen un misterio, ya que se mueve en la clandestinidad.

El grupo estaría formado por una decena de agentes y sus misiones han ido evolucionando en el tiempo, empezando por seguimientos ilegales a grupos antifascistas e incluso a la CUP y ERC.

La Generalitat creó un Centro de Seguridad de la Información de Cataluña (Cesicat) a la que trataron de convertir en el eje central de unos servicios de inteligencia embrionarios.

Los candidatos a ser detenidos en Catalunya confían en que los Mossos d’Esquadra sean los peores alumnos de los siniestros torturadores israelíes…

‘El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema’

Connally, secretario del Tesoro en 1971
Es un tópico repetido hasta la saciedad que la economía de Estados Unidos sobrevive gracias a una deuda gigantesca y a una financiación casi gratuita de la misma. Tampoco es nada novedoso mostrar las cifras de su crecimiento sin freno. Ahora habría que hablar ya de aceleración.

Estados Unidos es una economía parasitaria que vive gracias a una generosa ayuda exterior. Se mide en cifras billonarias. Si los tipos de interés de esa masa gigantesca de préstamos alcanzaran el promedio a largo plazo, el 5 por ciento, Estados Unidos debería pagar un billón de dólares cada año, sólo por los intereses.

Obama ha dejado la hacienda pública del país con un agujero de casi 20 billones de dólares. En ocho años ha crecido en 9,3 billones, una cifra que casi alcanza a la que acumulan todos los presidentes que le precedieron en el cargo desde los primeros tiempos de la independencia.

Mientras terceros países le presten dinero, el negocio podría continuar indefinidamente, pero algo está empezando a cambiar: en el último año los prestamistas se han desembarazado de más de 400.000 millones de papeles, lo que también es un registro histórico. Además, el rendimiento de los bonos del tesoro ha empezado a subir. Finalmente, si esta tendencia persiste, Trump no podrá implementar la nueva política económica que ha anunciado.

La política económica de Obama ha sido uno de los mayores desastres de las últimas décadas. Es el único presidente de Estados Unidos que no ha logrado incrementar ningún año el PIB por encima del 3 por ciento anual. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca el número de personas que viven del reparto de ayuda pública alimentaria ha aumentado en 15 millones. Pero también es cierto que, de no ser por el endeudamiento, Estados Unidos padecería una espantosa depresión, mucho peor que la de 1929.

En estos casos conviene recordar siempre las palabras que en 1971 pronunció el antiguo Secretario del Tesoro estadounidense, John Connaly, cuando el sistema monetario internacional que Estados Unidos impuso al mundo en la posguerra se hundió: “El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema”.

¿Quién puso el dinero para el golpe del 18 de julio y la Guerra Civil?

Juan March, el banquero fascista
Alejandro Torrús

El 18 de julio de 1936 se produjo un golpe de Estado militar contra el Gobierno de la II República, cuya legitimidad procedía de las urnas, que condujo a España a una brutal y sanguinaria Guerra Civil. Y este es un dato clave e imposible de pasar por alto: el conflicto estalla y España se desangra durante tres largos años porque un grupo de militares con el apoyo de civiles monárquicos y de la Italia de Mussolini, entre otros, deciden dar un golpe de Estado para imponer su voluntad por encima de las urnas.

Pero un golpe de Estado no se perpetra de la noche a la mañana. Y sobre todo, un golpe de Estado no triunfa sin un apoyo financiero sólido detrás tanto para el armamento necesario, el mantenimiento de las tropas y, sobre todo, el sostenimiento del nuevo Estado que nace después de una Guerra Civil tan devastadora como la que sufrió España.

El economista, banquero, marqués y un sinfín de epítetos más José Ángel Sánchez Asiaín (Barakaldo, 1929) publicó en 2013 la obra La financiación de la Guerra Civil española (Crítica), que, además de ser premiada con el Premio Nacional de Historia de España de ese año, recoge al detalle los apoyos económicos y financieros que obtuvieron por un lado los golpistas del 18 de julio, y, por otro, una vez comenzada la Guerra Civil, los respaldos financieros que obtuvo la República y los franquistas.

En este sentido, cabe destacar que una de las principales conclusiones que se puede obtener de la detenida lectura de la obra es que prácticamente nadie salvo la URSS y de una manera muy discreta Francia se atrevió a comerciar con la República ya sea por miedo al comunismo o a los aliados nazi-fascistas. Mientras que, por otro lado, el golpe de Estado que provocó la Guerra Civil y que tuvo su única justificación en la consigna de “salvar a España” estuvo financiado prácticamente en su integridad por capital extranjero que impuso altos intereses. Por lo que el autodenominado Movimiento Nacional no era tan Nacional como alardeaba.

Cuando se cumplen 80 años del golpe de Estado militar que arrastró a España a la Guerra Civil, Público recupera la obra de Sánchez Asiaín poniendo el foco en aquellos países, bancos y personajes que financiaron el golpe de Estado del 18 de julio y que le dieron soporte financiero en sus primeros meses, a pesar de haber fracasado en buena parte del territorio y de saber que ese dinero estaba destinado a la destrucción del país.

Juan March

El banquero y contrabandista Juan March, cuya familia sigue disponiendo de una amplia fortuna, era el hombre más rico e influyente de la España de 1936 y no tuvo ningún reparo en financiar todo tipo de acciones para socavar la República. Primero, alentando la “conspiración”. Después, facilitando medios para que la rebelión fuera una realidad en 1936 y,  posteriormente, siendo generoso con su dinero especialmente en los primeros momentos a la hora de financiar la compra de todo tipo de material de guerra.

Es imposible cuantificar cuánto dinero puso March a disposición de los militares sublevados. Las cifras de historiadores y periodistas han oscilado entre los mil millones de pesetas y los 15 millones de libras esterlinas más la financiación de buena parte de la intervención italiana en Mallorca. De cualquier modo, sí está claro que ya March en los primeros días del golpe de Estado puso a disposición del general Mola 600 millones de pesetas de la época a través de una cartera de Valores. Así, también pagó el alquiler del avión inglés que llevó a Franco de Canarias a Marruecos y en avalar cuantos créditos fueran necesarios para la causa franquista, no sin antes establecer unos intereses beneficiosos para él y sus socios.

El banquero, asegura la obra de Sánchez Asiaín, también se ocupó de dar solución a una cuestión de tanta importancia para un conflicto militar como el suministro y financiación del petróleo que utilizó el llamado “Gobierno de Burgos”. March ofreció las garantías suficientes a la empresa norteamericana Texaco para financiar los primeros envíos de petróleo a los sublevados, que dejaron de suministrar petróleo a la República, a pesar de los acuerdos firmados con ésta. El autor, además, añade: “No está documentado pero parece también claro que España recibió petróleo de Portugal siendo también March el financiador de esas compras”.

El dinero de Juan March también sirvió para sufragar las escuálidas arcas de Falange. El propio José Antonio Primo Rivera había afirmado en 1934 que “uno de los primeros actos del Gobierno de la Falange será colgar al multimillonario contrabandista Juan March”. Sin embargo, 1936 el dinero de March ya fluía en las arcas revolucionarias de los falangistas, primero a disgusto de José Antonio y después con su aprobación.

La Portugal de Salazar

Escribe Sánchez Asiaín que “la ayuda de Portugal a la sublevación fue realmente importante y generosa. Aunque dada la limitación de recursos que Portugal disponía, esa ayuda fue, en su volumen y regularidad, muy inferior a la ayuda prestada por italianos y alemanes”. La importancia de la ayuda de Portugal fue que se produjo en los primeros días del golpe cuando los sublevados estaban en una situación de inferioridad.

El país luso se convirtió, de hecho, en el receptor formal de armas por cuenta de Franco. El país pasó de prácticamente no existir en la lista de receptores de armas a ocupar el tercer lugar mundial en la lista de clientes de la industria bélica de la Alemania nazi y la primera europea. El apoyo fue clave para salvar el pacto de no-intervención y como retaguardia de apoyo logístico ya que servía de comunicación de la zona franquista, que había quedado partida en dos tras el fallido golpe de Estado.

La obra acredita además que el gobierno de la dictadura portuguesa puso a disposición de los franquistas todo tipo de recursos financieros, créditos de bancos portugueses y una amplia protección política y diplomática. “Así, queda constancia de que en 1937 y desde el Banco Espíritu Santo de Lisboa se comunicaba a 37 representantes diplomáticos españoles que les remitían unas determinadas cantidades económicas”.

La Diputación Foral de Navarra

Navarra gozaba de un régimen foral que otorgaba a la Diputación Foral el control económico y fiscal del territorio. El economista y banquero acredita que la Diputación Foral de Navarra mantuvo una “importante, generosa y constante ayuda institucional a los sublevados”. El mismo 24 de julio de 1936, el general Mola dio orden a la Diputación para que le habilitara un crédito por dos millones de pesetas para hacer frente a los gastos originados por “el movimiento emprendido para salvar España”, crédito que posteriormente sería liquidado sin ser abonado.

La Diputación de Navarra también creó una serie de impuestos de guerra que sirvieron para recaudar 13.942.813 pesetas que fueron puestos a disposición de la “causa nacional”. Este dinero sirvió para, entre otras cosas, adquirir aviones para la defensa de Pamplona, cancelar el crédito a Mola, poner un coche blindado a disposición de Franco, motocicletas para el general Varela, una pensión de 1.840 pesetas a las hijas de Mola para gastos educativos o el pago de la factura de 4.700 pesetas presentada por el Colegio de Arquitectos vasco-navarro por la confección del proyecto del chalet para la viuda del General Mola.

Carlistas

Otra importante fuente de financiación de la sublevación fueron los donativos que hizo un grupo muy selecto de carlistas, económicamente bien situados, entre los que pueden citarse Joaquín Baleztena, Miguel María Zozaya y Fernando Contreras. Pero lo que constituyó una excepcional fuente de financiación, explica el autor, fue el sistema regular de cuotas que los carlistas tenían establecidos desde 1934, de acuerdo con el cual todos los afiliados debían pagar al “Tesoro de la Tradición” una suma, “por lo menos igual a la pagada en imposición directa al Estado”.

Francesc Cambó

El político catalán, cofundador y líder de la Liga Regionalista, descrito por Romanones como “el mejor político del siglo XX”, ayudó a recaudar en el extranjero 410 millones de pesetas para financiar la sublevación de los militares golpistas. Asimismo, avaló o ayudó a conseguir créditos que pudieron ascender a 35 millones de dólares.

Aportaciones judías

A pesar de las amenazantes frases lanzadas en Radio Sevilla por Queipo de Llano, las grandes familias judías de Melilla “destinaron cuantiosas sumas de dinero a la causa rebelde”. Franco, que estaba gestionando créditos con la banca judía de Tetuán y Tánger, se vio obligado a desautorizar estas emisiones antisemitas y el 15 de agosto de 1936 dirigió una carta al Consejo Comunal Israelita de Tetuán pidiéndoles que no prestarán atención alguna a las emisiones antisemitas.

La Italia fascista

El autor argumenta que hay dos tipos de razones que justifican la ayuda de Mussolini a los franquistas con la intensidad con la que lo hizo. Unas son razones de tipo político y económico, y se refieren a la voluntad de Mussolini de dominar como fuera el Mediterráneo y, en todo caso, impedir su bloqueo mediante un pacto hispano-francés. Las otras se refieren a la creencia de Mussolini de que su misión en la Historia era luchar contra el comunismo. “En todo caso, también influyó el hecho de que España ofrecía un buen campo de experimentación para el nuevo armamento”, añade el autor.

Más allá de la cuantiosa ayuda militar que Italia destinó a España en forma de aviones Savoia y cazas Fiat, armas y militares de las que el historiador Ángel Viñas ha dado buena cuenta, cabe destacar que una vez acabada la guerra, representantes italianos y españoles, valoraron que el total del crédito que Italia había puesto a disposición de los golpistas ascendía a 6.926 millones de liras. No obstante, el Gobierno italiano, mucho más generoso que el alemán, propuso fijar en 5.000 millones de liras la deuda total del Gobierno español por suministro de material de guerra de todas clases y diferentes gastos hechos hasta el 31 de diciembre de 1939. El resto quedaba condonado.

La Alemania nazi

El proceso oficial de petición de ayuda de los sublevados a Alemania comenzó el 21 de julio de 1936, cuando Franco, tratando de llegar a Hitler de la forma más directa posible y rápida, recibió a Johannes Bernhard, del que se sabía que estaba en condiciones de contactar con facilidad y sin trámites administrativos con el dictador nazi.

Cuando la petición de ayuda llegó a Hitler, los ministros del Aire, Goering, y de Guerra, Blomberg, animaron a Hitler a prestar ayuda e involucrarse en la operación tanto “por simpatía hacia sus planteamientos anticomunistas, como para utilizar el conflicto español como un laboratorio para mejorar las técnicas de los ejércitos alemanes”. Goering también recordó a Hitler que, a cambio de los aviones, Alemania podría obtener de España los minerales que tanto necesitaba.

Adolf Hitler

De tal manera que la intervención alemana en la Guerra Civil española, dice el autor, no puede entenderse sin tener en cuenta la política de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de minerales aplicados a las necesidades de la guerra. Sobre esta base, los rebeldes firmaron con Hitler el 20 de marzo de 1937 un Protocolo de Amistad. Las operaciones entre ambos países durante la guerra fueron múltiples, todas con “olvido sistemático” de las opiniones españolas imponiéndose en todo momento el deseo alemán.

Una parte considerable de la deuda que España contrajo con Alemania fue pagadas por compensación, es decir, con exportaciones españolas a Alemania, sobre todo de minerales. Una vez terminada la guerra Alemania fijó la deuda en 372 millones de marcos, incluyendo el coste de la Legión Cóndor, que los alemanes cifraron en 99 millones de marcos.

No obstante, la dictadura de Franco y la de Hitler jamás llegaron a un acuerdo para calcular el importe de la deuda aunque sí que encontraron una solución política de entendimiento mutuo para demorar el problema. Esta solución fue firmada en 1941 y permitía a los alemanes hacer compras en España sin pagar su importe. “Y minerales, aceite y naranjas, entre otras cosas, fueron enviados a Alemania sin generar divisas para la economía española”, añade el autor.

Sociedade Geral de Comércio, Industria e Transportes Limitada

Este holding de empresas portugués dispuso de un crédito de hasta 175.000 libras esterlinas para los golpistas el 8 de agosto de 1936 con un interés del 5,5% anual.

Compañía General de Tabacos de Filipinas

Dispuso un crédito de un millón de dólares, ampliado en 200.000 dólares más. Fue otorgado el 22 octubre de 1936. Sin intereses.

Kleinwort, Sons & Co

El banco inglés otorgó un crédito de 800.000 libras con una remuneración del 4% anual el 15 de septiembre de 1937. Apenas un mes después, la misma entidad concedió otro crédito de hasta 1.500.000 libras esterlinas con un interés del 3% anual.

Société de Banque Suisse

Concedió otro crédito de hasta un millón de libras esterlinas el 20 de octubre de 1938.
 
Caixa Geral de Depósitos

La entidad bancaria portuguesa concedió un crédito hasta el límite de 50 millones de escudos portugueses el 28 de febrero de 1939 con un interés del 4% anual.

Consorcio bancos italianos

Independientemente de la ayuda prestada por el Estado italiano, un consorcio de bancos italianos que presidía el Banco de Italia, con la colaboración de los bancos Hispano Americano y Español de Crédito puso a disposición de los sublevados un crédito de hasta 125 millones de liras el 20 de noviembre de 1937 alcanzando un total de 300 millones de liras en 1939.

Fuente:  http://www.publico.es/politica/financiadores-del-golpe-da-inicio.html

900 días de asedio fascista a la cuna de la Revolución de Octubre

A diferencia de París y otras capitales de Europa occidental, Leningrado no se rindió nunca ante el fascismo. El asedio comenzó el 8 de septiembre de 1941 y duró hasta el 27 de enero de 1944; el bloqueo se había roto el 18 de enero de 1943. Durante esos más de 900 días la ciudad quedó aislada del mundo exterior, escaseaban los alimentos y el combustible y el lago Ládoga era la única vía por la que llegaban esporádicamente envíos con alimentos, en verano por el agua y en invierno por el hielo.

Murieron más personas en el asedio Leningrado que en cualquier campo de concentración nazi. Sólo durante el primer invierno fallecieron cientos de miles de personas de hambre y frío, a pesar de los hospitales y los comedores organizados por los soviets. En la ciudad se crearon huertos que estaban vigilados todo el tiempo.

Las tropas alemanas llevaban a cabo bombardeos desde el aire con la intención de obligar a los soldados que defendían la ciudad a que se rindieran. La mayor parte de los edificios resultaron dañados, varios miles de personas murieron y decenas de miles resultaron heridas.
En noviembre de 1941 en Leningrado comenzaron a escasear los alimentos, para entonces hacía tiempo que se habían introducido las cartillas de racionamiento para distribuir más equitativamente las modestas reservas de comida entre los ciudadanos. Durante el primer invierno murieron de hambre y frío cerca de 780.000 habitantes de Leningrado.
Los ciudadanos se veían obligados a sacar agua de los agujeros surgidos en el asfalto de la Avenida Nevski como resultado de los bombardeos: el suministro de agua también había resultado dañado.
Durante los días más duros del invierno, cuando en las casas no había luz ni calefacción, la gente mantenía el contacto con el mundo exterior siguiendo los acontecimientos por radio.
La gente salía a la calle cuando era estrictamente necesario, ya que a menudo les faltaban fuerzas para recorrer incluso pequeñas distancias. Muchos caían desmayados por el hambre y morían de frío. De las calles se retiraban muchos cuerpos sin vida.
Para levantar el ánimo de los ciudadanos, el Teatro de Comedia Musical ofrecía espectáculos en el edificio del Teatro Alexandrinski. Durante los días del Sitio, Dmitri Shostakóvich escribió la Sinfonía de Leningrado número 7, que se hizo famosa en todo el mundo.
Leningrado estaba protegida en todas direcciones por trincheras y barricadas en las que trabajaba todo el que podía. Además de ello, los ciudadanos intentaban mantener el orden en la ciudad: retiraban la nieve y el hielo y limpiaban la suciedad de las calles.
Los niños que se habían quedado en Leningrado y que habían perdido a sus padres se reunían en hogares infantiles, donde se les intentaba impartir cursos escolares. Pero a menudo acababan en las fábricas ayudando a los adultos. Por ejemplo, montando metralletas para el frente en la fábrica Linotip.
Estas municiones se utilizaban en la artillería pesada para proteger la ciudad y también en el Frente Oriental.
Por la única vía que unía Leningrado con el mundo exterior a través del lago Ládoga, llamado ‘El camino de la vida’, los envíos se llevaban a cabo día y noche. En verano transitaban embarcaciones con alimentos, y en invierno sobre el hielo se desplazaban camiones. Estos camiones nunca tenían puerta del conductor para que, en caso de que el vehículo cayera al agua y comenzara a hundirse, el conductor lograra salir de él.
Las fronteras de la ciudad y el Frente Oriental estaban protegidas por soldados con ametralladoras. En invierno se camuflaban con uniformes blancos que los confundían con la nieve.
No solo había que proteger a la gente: las empleadas del museo del Hermitage intentaban conservar sus obras de arte de incalculable valor. Durante la guerra, los lienzos fueron extraídos de los marcos y almacenados en los sótanos del museo.
En los sótanos, convertidos en refugios antiaéreos, se ocultaba también la gente.
A los ciudadanos se les informaba del peligro inminente a través de unos altavoces por los que sonaba un metrónomo que se volvió muy famoso: un ritmo rápido indicaba alerta antiaérea, mientras que un ritmo lento establecía el fin de la alerta.

Los bombarderos abrían agujeros en los edificios. Para advertir sobre las zonas de peligro y un poco para ocultar la fealdad de los edificios dañados, estos agujeros se cubrían con carteles.

El proyecto imperialista de partición de Siria sigue adelante con Trump

Las conversaciones de alto el fuego, que a veces llamamos “de paz”, de Astana han puesto de manifiesto el verdadero alcance de las contradicciones, mucho mejor que la guerra misma, y su fracaso ha impedido que se les haya prestado la atención que merecían, empezando por la propia presencia en ellas de Estados Unidos. Tienen razón los iraníes: no tiene sentido marginar a los perros (Al-Nosra, Califato Islámico) e invitar a sus amos (Estados Unidos), ni siquiera por el hecho de lanzar un capote a un Trump recién llegado a la Casa Blanca. Eso supondría creer que Trump y su equipo tienen algo nuevo que decir, y no es así… exactamente

En efecto, es verdad que existe algo nuevo en el plan de Trump, que consiste en disociar a Rusia de Irán o, dicho en otras palabras, aislar a Irán, que ha sido el gran vencedor de la Guerra de Siria y Trump quiere ponerlo en primer plano: ellos son el enemigo principal en Oriente Medio y no es posible someter al gobierno de Teherán sin romper el eje de la resistencia que forma junto con Siria y con Hezbollah.

Aparte de ese énfasis, en la entrevista concedida por Trump a la cadena ABC no hay demasiadas novedades. El plan de reparto de Siria sigue adelante y empieza con un apoyo más decidido a “los kurdos”, confiesa Trump en referencia al propósito de dotarles de una “región autónoma en el norte de Siria”, lo mismo que en Irak.

Obama no rearmó al PKK-PYD a última hora en previsión de que Trump les abandonara, sino al revés. El nuevo Presidente asegura que va a “ampliar la presencia militar de Estados Unidos en Siria” para lo cual necesita la base militar de Hasaka, una ciudad árabe con una importante población kurda. La partición de Siria no se hará, pues, creando un califato islámico sino consolidando Rojava como falsa región autónoma.

La diferencia entre Rojava y la autonomía regional kurda de Irak es que en la primera está bajo el control del PKK, lo que explica la Operación Escudo del Éufrates del ejército turco en el norte de Siria, que trata de impedirlo. Trump confía en darle algo a Erdogan (“un hábil negociante”) para que ceda en ese punto. Se trata de matar dos pájaros de un tiro: resolver el problema kurdo de Turquía trasladándolo a Siria, un plan de limpieza étnica en Turquía que acabaría con Siria lo mismo que acabó con Yugoeslavia.

Pero una Rojava autónoma bajo el gobierno del PKK no dejaría de ser una amenaza cercana para Turquía. Por eso Trump califica a Rojava como una de esas “zonas tampón” o áreas de seguridad que garantizarían la desactivación del PKK: el imperialismo concede el paraíso de Rojava al PKK a cambio de firmar un tratado de paz perpetua con Erdogan, es decir, de renunciar a los derechos que como nación les corresponden a los kurdos. Al fin y al cabo la nueva República de Turquía se creó hace un siglo con este tipo de limpiezas étnicas y desplazamientos poblacionales masivos. También es algo de eso lo que predica el “confederalismo democrático” de Öçalan que tiene embobados a los anarquistas y a buena parte de los medios “alternativos” en Europa.

Ayer un alto responsable estadounidense retiró lo de las “zonas de seguridad” pero es posible que sólo cambie el lenguaje porque el plan es exactamente el mismo que tenía el imperialismo en 2011, al inicio de la Primavera Árabe (e incluso antes). En cualquier caso hoy Estados Unidos tiene mucho más difícil sacarlo adelante. Para ello necesita contar con Rusia, es decir, que Rusia rompa con Irán. Pero si eso no lo ha logrado Estados Unidos en los mejores momentos, no parece que pueda lograrlo ahora porque ya no tiene la iniciativa, es decir, porque Astana ha demostrado, a pesar de su fracaso, que no son sus iniciativas las que están encima de la mesa.

Lo más lógico es pensar que Rusia no va a negociar los planes de terceros, y menos los de Estados Unidos, sino los suyos propios, cuya máxima preocupación consiste en no romper ningún plato, algo muy difícil en Oriente Medio que sólo ellos han sido capaces de lograr a día de hoy. Hasta los medios más reaccionarios de Estados Unidos reconocen que Rusia ha logrado convertirse en la potencia mediadora por antonomasia de la región.

Cualquier plan de Rusia en Oriente Medio pasa, pues, por hacer importantes concesiones a Irán, por no decir que, en última instancia, son los propios planes iraníes que, afortunadamente, hacen las mínimas concesiones imprescindibles a Estados Unidos, a Israel y a Arabia saudí y cuentan con que, en definitiva, necesitan aplastar militar y policialmente al Frente Al-Nosra, al Califato Islámico y a los demás movimientos yihadistas.

¿Romperán las negociaciones de paz sobre Siria una sólida alianza forjada durante la guerra? Para analizar la posible evolución de la correlación de fuerzas en Oriente Medio hay que recurrir a ese oráculo que es DebkaFiles, es decir, los servicios de inteligencia israelíes que ya han consultado su propia bola de cristal: en efecto, la paz provocará la ruptura entre Irán y Rusia, pronostican. Se creará una nueva alianza entre Estados Unidos, Turquía y Rusia en contra de Irán. Su tarea será dibujar las nuevas fronteras de lo que quede de Siria después del banquete.

El ejército de Estados Unidos se instalará en Rojava, añaden los israelíes. Turquía deberá conformarse con Al-Bab y Jarablus, desde donde controlaría 5.000 kilómetros cuadrados de territorio sirio. Al sur, a lo largo de la frontera con Jordania e Israel, se crearía una segunda zona de seguridad de la que será expulsada Hezbollah. Las tropas iraníes deberán regresar a sus cuarteles.

Afirma DebkaFiles que ese plan de partición de Siria fue aprobado entre Obama y Putin a finales del pasado año. Los rusos se quedarían con la costa mediterránea del norte de Siria, donde ya tienen la base de Tartus.

Nos parece obvio que DebkaFiles confunde sus deseos con la realidad, por no hablar de una cortina de humo para enturbiar cualquier posibilidad de acuerdo de paz. Los tampones de Trump serán seguros para ellos o para Israel pero no para Rusia que, no lo olvidemos, defiende en Siria intereses propios: la estabilidad del Cáucaso. Con un reparto así (o con cualquier otro reparto) Rusia no gana nada sino que pierde lo que ha logrado e independientemente de sus alianzas regionales, no puede admitir que en ninguna parte de Oriente Medio el yihadismo disponga de feudos.

Por si los rusos no lo sabían, una de las cosas que han quedado muy claras en Astana es que Irán y el eje de la resistencia no han combatido durante seis años para defender los intereses rusos. Simplemente han coincidido en los momentos más difíciles y, en efecto, es posible que en el futuro no se produzca dicha convergencia. No cabe descartar nada. Sin embargo, es mucho más fácil que esa alianza se mantenga en los momentos más favorables, cuando se trata de sacar partido a seis años de guerra. El rendimiento siempre será mayor si mantienen la unidad mostrada hasta la fecha.

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