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Día: 27 de enero de 2017 (página 1 de 1)

La vida cotidiana en la URSS durante los años cincuenta según las fotos de un espía

El comandante del ejército estadounidense Martin Manhoff trabajó en
la embajada de su país en Moscú entre 1952 y 1954, por lo que conoció de
cerca la muerte de Stalin, de cuyo funeral hizo una foto:

Pero en la vivienda de Manhoff el historiador Douglas Smith encontró un filón de 1.000 fotografías inéditas hasta ahora, que fueron tomadas en plena calle, por lo que muestran aspectos de su vida corriente en tanto en Moscú, como en Leningrado, Murmansk o Yalta. En las fotos lo que más destaca es que muy pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, apenas aparecen huellas de los destrozos causados.


En 1954 Manhoff fue expulsado de la URSS por espionaje.

La intervención israelí en la lucha contrainsurgente en América Central en los años ochenta

Efraín Rios Montt con Ronald Reagan
En los años ochenta el pueblo guatemalteco, que se había alzado en armas, vivió bajo la feroz represión del régimen de Efraín Ríos Montt, cuyos crímenes siguen saliendo hoy a la luz. En enero del pasado año fueron detenidos 18 militares implicados en la guerra sucia y un mes después fueron detenidos otros dos bajo una acusación brutal: la esclavización sexual de las mujeres.

Aunque el Tribunal Constitucional haya anulado el juicio contra el criminal Ríos Montt por crímenes contra la humanidad, la investigación para descubrir el verdadero alcance de los crímenes cometidos, incluido el genocidio de los mayas, no descansa. En noviembre un juez reabrió la causa contra Ríos Montt por la matanza cometida en la aldea de Dos Erres, en El Petén.

Los pueblos mayas han sido objetivo de exterminio desde que en 1954 Estados Unidos invadió Guatemala para acabar con el gobierno de Jacobo Arbenz. Desde entonces hasta 1996 las estimaciones hablan de 200.000 asesinatos. No obstante, el protagonismo de Estados Unidos en los golpes de Estado y las masacres ha puesto en segundo plano a otro protagonista fundamental: Israel.

En una entrevista a la cadena ABC News Ríos Montt dijo que si el golpe de Estado en Guatemala pasó desapercibido, en relación a otros, fue gracias a la participación de Israel, que mantuvo 300 consejeros militares sobre el terreno para aplastar el levantamiento armado.

La entrada de Israel en el patrocinio de las contrarrevoluciones de los ochenta en Guatemala fue consecuencia de las limitaciones impuestas por el Congreso a la ayuda militar al exterior. Israel llegó a donde Estados Unidos no podía hacerlo sin infringir sus propias leyes. Sus militares trasladaron a Centroamérica los métodos antiguerrilleros experimentados en Gaza y Cisjordania con los palestinos.

El ejército israelí acababa de invadir Líbano y la oligarquía guatemalteca hablaba abiertamente de la “palestinización” de los mayas rebeldes y los grupos guerrilleros.

La peor matanza fue la de Dos Erres, donde la tropa entrenada por Israel destruyó e incendió completamente la aldea, matando a todos sus habitantes. Los supervivientes del ataque inicial fue asesinados golpeándoles el cráneo con martillos. La aldea fue exhumada en 1999 por orden de un tribunal y los médicos forenses escribieron en su informe: “Todas las pruebas balísticas recuperadas corresponden a fragmentos de balas disparadas por armas de fuego y fusiles de marca Galil fabricados en Israel”.

Pocos días antes de la matanza el Presidente Ronald Reagan visitó a Ríos Montt. Mientras tanto, de manera encubierta la CIA orquestaba la Operación Irán-Contra para vender armas a Irán a través de Israel. Con el dinero Reagan se saltaba las restricciones impuestas por el Congreso y financiaba la contrarrevolución en Nicaragua.

Durante su visita Reagan abrazó en público Rios Montt, de quien dijo que era un hombre de “una gran integridad personal” que quería mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos y promover la justicia social. Naturalmente, el objetivo de Estados Unidos no era otro que llevar la democracia a Guatemala. 35 años después, en noviembre del año pasado, la jueza Claudette Domínguez opinó de manera distinta y abrió una causa contra Ríos Montt por la masacre de Dos Erres.

Uno de los 18 detenidos el año pasado es Benedicto Lucas García, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército guatemalteco bajo la presidencia de su hermano Romeo. Sus subordinados le consideran un innovador en las nuevas técnicas de tortura para niños, pero él reservaba su admiración para el ejército israelí, cuyos soldados son “un modelo y un ejemplo para nosotros”.

En 1981 Benedicto Lucas García inauguró una escuela electrónica israelí para formar a militares guatemaltecos en las técnicas contrainsurgentes. En su primer año la escuela permitió a la policía secretra guatemalteca, el G-2, atacar 30 refugios de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas.

El G-2 coordinaba las operaciones de limpieza, asesinato, desaparición y tortura de los movimientos insurgentes, aunque la colaboración israelí se extendió a las poblaciones que huían de la guerra sucia hacia Estados Unidos. Antes de que el muro de Trump se hiciera famoso, la empresa israelí de armamento Elbit firmó un contrato para construir 52 torres de vigilancia en las regiones fronterizas de Arizona, con u programa piloto de siete torres situadas en los valles que rodean Nogales.

La insurrección fue aplastada, pero Israel nunca se fue de Centroamérica. Actualmente colabora con el gobierno mexicano para cerrar la frontera sur de Chiapas de Guatemala y sus empresas dominan el mercado de la seguridad privada.

Uno de los consejeros militares israelíes reconvertidos en empresario de seguridad es Ohad Steinhart, propietario de la empresa “Decisión Ejecutiva” que tiene 300 pistoleros a sueldo, aunque la mayor es Golan Group, que también instruye a los policías de fronteras en México. Su nombre aparece en un juicio de 2014 iniciado por seis campesinos guatemaltecos y un estudiante que fueron heridos por los matones de dicha empresa durante una manifestación.

El ejército israelí tiene una base en Coban, donde sigue instruyendo a las tropas justo encima de las fosas comunes que ocultan cientos de cadáveres torturados y mutilados hace 35 años. La apertura de algunas fosas permitió el año pasado la detención de 14 militares, de los que ocho fueron detenidos.

Detenidos cuatro agentes dobles del ciberespionaje ruso

En diciembre el contraespionaje ruso detuvo por traición a Suslan Stoyanov, responsable de la sección de cibercrimen en Kaspersky, la empresa rusa que elabora antivirus para los ordenadores.

El operativo se mantuvo en secreto, ya que esperaban capturar a más cómplices y el descubrimiento es que la sección del FSB, el servicio secreto ruso, encargada de ciberseguridad encubría un topo, Serguei Mijailov, que trabajaba para Estados Unidos.

Mijailov era el director adjunto de dicha sección y ha sido detenido por espionaje junto a dos de sus colaboradores, entre ellos otro alto oficial del FSB, Dmitry Dokuchaev.

A los cuatro les acusan de transmitir información a Estados Unidos sobre los sistemas de defensa informática de Rusia. Mijailov es miembro de Shaltai Boltai, Humpty Dumpty en ruso, el nombre que portan los miembros de Anonymous en Rusia, lo que mueve a pensar que dicho movimiento puede estar manipulado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Las sospechas se extienden a los antivirus de la empresa Kaspersky. Aunque muchos han instalado este tipo de defensas en sus ordenadores confiados en su procedencia rusa, podrían disponer de puertas traseras accesibles al espionaje estadounidense.

Los cuatro detenidos permanecen en la cárcel de Lefortovo, donde permanecen recluidos los detenidos del FSB en Moscú.

Trump quiere reabrir las prisiones secretas de la CIA

Como la mayor parte de los países fronterizos con Rusia, Polonia y Lituania son Estados peleles de Estados Unidos, lo que no es ninguna casualidad. A lo largo de la fantasmal “guerra contra el terrorismo” desatada tras el 11 de setiembre de 2001, ambos se prestaron para albergar cárceles secretas donde la CIA practicó secuestros y torturas a los detenidos.

Ahora Trump, que ha apoyado públicamente el empleo de la tortura, quiere reabrir aquellas cárceles secretas y, además de Polonia y Lituania, cuenta con viejos países carceleros como Rumanía, Tailandia y Afganistán, donde un limbo judicial permite a los verdugos del imperialistas actuar a sus anchas.

Afortunadamente algunos han recuperado una parte de la dignidad que perdieron en algún lugar del camino y se han negado a que su país se convierta en un campo de concentración, “black sites” en la terminología de los espías, o sea, agujeros negros. El ministro polaco de Asuntos Exteriores ya ha expuesto su negativa: no hay ninguna propuesta y, si la hubiera, la respuesta de Polonia sería de oposición.

El jefe de la diplomacia lituana, Linas Linkevicius, ha afirmado que su país está dispuesto a cooperar con Estados Unidos en el plano estreatégico, pero que también hay que proteger los derechos humanos. Es un alivio.

La CIA utilizó 50 prisiones para secuestrar detenidos en 28 países, además de por lo menos otras 25 prisiones en Afganistán y 20 en Irak. En 2006 Bush anunció que oficialmente la CIA había vaciado las cárceles secretas que había habilitado por todo el mundo, aunque en su lugar aparecieron 17 “cárceles flotantes”, es decir, buques habilitados en alta mar como centros de interrogatorio y tortura.

España fue uno de los países en los que la CIA tuvo centros de detención e interrogatorio. Uno de ellos fue el Hotel Gran Meliá Victoria, donde en enero de 2004 se alojaron los verdugos y la tripulación del vuelo N313P que trasladó a Binyam Mohamed de Marruecos a Afganistán y a Jaled al Masri de Macedonia al mismo país asiático.

Este hotel no fue el único que la CIA habilitó para servir de presidio. También pernoctaron en el Son Antem de Lluchmayor y en el Royal Plaza, de Ibiza capital, según denunció el Diario de Mallorca en 2005.

Como consecuencia de dichas informaciones, el Juzgado de Instrucción 7 de Palma abrió un sumario, pero hubo mala suerte: los papeles cayeron en las zarpas de del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que hizo lo que mejor sabe hacer en estos casos, dar un carpetazo al asunto (*).

La Unión Europea es, pues, cómplice de un grave crimen de guerra cometido por Estados Unidos. Aparte de que en su suelo existieron cárceles clandestinas donde se practicaron torturas, la CIA condujo 1.245 vuelos a través del territorio europeo según un informe aprobado por el Parlamento europeo el 14 de febrero de 2007.

(*) http://www.lamarea.com/2015/01/12/la-audiencia-nacional-archiva-definitivamente-el-caso-de-los-vuelos-de-la-cia/

El Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores nació entre los obreros de Seat

El anarquismo estaba en una encrucijada. CNT y los grupos anarquistas, que tanto habían alimentado la rebelión y la denuncia de los acuerdos entre el Antiguo Régimen y los pretendidos demócratas, se hallaban envueltos en conflictos internos. Había numerosas asambleas de trabajadores que tomaban fábricas, grupos autónomos y, con el montaje policial del llamado caso Scala, en enero de 1978 (que acabó con la vida de cuatro trabajadores de la conocida discoteca, cuyas muertes recayeron en militantes anarcosindicalistas, que fueron condenados), la situación en todo el país se hizo explosiva.

En 1978 se desató una enorme campaña de detenciones. En febrero se detuvo en Barcelona, Valencia y Madrid a veintidós personas acusadas de pertenecer a los Grupos Autónomos. Luego siguieron una docena más en Valladolid. En medio de este ambiente surgió uno de los grupos armados más singulares y quizás menos conocidos, y lo hizo en una fábrica de Seat, en Barcelona: se autodenominaron Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores (ERAT) y comenzaron a ser conocidos tras un atraco en el hipermercado Catalsa del barrio de Sants (Barcelona) el 28 de febrero de 1978, en el que se llevaron dos millones de pesetas. No había sido el primero.

Tampoco fue el último: Banco Trasatlántico, la empresa de Pedro Mollet, el atraco a un empleado de Ferrocarriles Sarriá en la mismísima plaza de Cataluña, el asalto a un coche del Banco de Bilbao que trasportaba fondos de los Ferrocarriles Catalanes, el citado atraco al supermercado Catalsa y un último atraco frustrado a un transporte del Banco Hispano Americano.

Seat a comienzos de los setenta, se había convertido en uno de los centros de trabajo más activos contra el franquismo, y el grupo armado nació en este clima, concretamente en 1971, con la muerte del trabajador de la fábrica Ruiz Villalba,  tras una violenta entrada de la policía, que uso armas de fuego.

Inmediatamente nació el Grupo de Autodefensa Ruiz Villalba, el antecedente del Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores (ERAT). Sus acciones pretendían emular a las Brigadas Rojas italianas o al MIL español. En Seat hay despidos masivos, persecuciones y palizas a trabajadores. Fueron una especie de comité de ayuda a los trabajadores despedidos de Seat.

Pero la historia del ERAT está llena de luces y sombras. El propio Guy Debord, en Carta a los libertarios (1980), habla de ellos en estos términos: “Han recurrido a expropiaciones a mano armada contra diversas empresas y buen número de bancos. Se trata en particular de un grupo de obreros de SEAT de Barcelona (que en un tiempo se denominaron ‘Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores’), que quisieron de este modo aportar ayuda pecuniaria a los huelguistas de su fábrica, así como a los parados”.

Sin embargo, el grupo ha estado bajo el punto de mira de historiadores y especialistas en movimientos políticos durante la transición, sobre todo por la participación en este de Joaquín Gambín, alias “El Grillo”, confidente de la policía y personaje siniestro de aquellos años. Gambín, tras pasar varios años en prisión, intervino en la creación del ERAT. Era un delincuente común que recibía dinero de mandos policiales a cambio de que hiciera algunos “trabajos”. Uno de estos fue su infiltración en la CNT barcelonesa. En unos meses, tras hacer amistad con varios jóvenes anarquistas, a los que deslumbró con su historial de delincuente experimentado y veterano de las cárceles, participó en la manifestación que acabó con el lanzamiento de varios cócteles molotov contra la discoteca Scala que, como sabemos, causaron varios muertos. Tras los hechos, fue él quien dio los nombres de los supuestos autores.

¿Fue el efímero grupo, aquel extraño ERAT, otro intento por criminalizar al anarquismo? Posiblemente. Gambín, tras el caso Scala y el ERAT, sintió miedo. Su papel de chivato se hizo famoso. Era un agente “quemado” al que muchos habían puesto precio a su cabeza. Así que se esfumó, aunque aparentemente. Es aquí donde su historia adquiere tintes de auténtica novela de espías. Gambín aprovechó la muerte de su tío, en extrañas circunstancias, para simular su propia muerte, engañando al periódico Egin, que confirmó su supuesta muerte. Además, cambió de nombre y decidió comenzar una nueva vida. Pero no pudo evitar seguir cometiendo delitos. Poco después, fue detenido cuando trataba de atracar el Banco Exterior de Elche. A pesar de la detención, sorprendentemente fue puesto en libertad poco después y abandonó el país, marchando a Francia, donde trató nuevamente de simular su muerte, esta vez sin éxito. No fue su última fechoría.

Tiempo después, fue detenido en Valencia. Iba armado y dispuesto a cometer un atraco. Su suerte terminó. El caso Scala se reabrió, pero en esta ocasión el único imputado era él. Tras rogar que se atendiese a su condición de antiguo confidente y relatar su pasado, fue condenado a varios años de prisión.

El 21 de abril de 1978 fueron detenidos casi todos los miembros del ERAT. El fiscal los acusó de haber intervenido en un total de cinco atracos consumados y uno frustrado, en los que se apoderaron de cinco millones de pesetas. Dos años más tarde, fueron condenados a siete años de prisión. En 1984, Manuel Nogales Toro, Gabriel Botifoll y José Hernández Tapias, varios de los condenados, fueron indultados y pudieron reincorporarse laboralmente a SEAT, la empresa en la que iniciaron su aventura armada.

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/ejercito-revolucionario-de-ayuda-a-los-trabajadores

El cinturón rojo del Baix Llobregat fue el epicentro de la lucha antifranquista en Catalunya

Una historia de solidaridad, lucha antifranquista y cambio social, narrada por héroes anónimos. Esa es la esencia del documental “El cinturón rojo” que, gracias al testimonio de 33 personas que vivieron la gran transformación de la comarca del Baix Llobregat (Barcelona), recupera una parte de la memoria histórica.

Se trata de una iniciativa de la Fundación Utopía Joan García-Nieto, creada en 1990 por las principales fuerzas sindicales del Baix Llobregat –CC.OO y UGT–, los ayuntamientos de Cornellà y Sant Feliu, el Consejo Comarcal, el Centro de Estudios Comarcales del Baix Llobregat y la Diputación de Barcelona. El nombre de la fundación rinde homenaje a Joan García-Nieto (Barcelona, 1929 – Cornellà, 1994), sociólogo y jesuita que ejerció un gran activismo sindical y político –fue militante del PSUC–, así como una intensa labor de ayuda a personas en riesgo de exclusión social en Cornellà.

El documental está dirigido por Luis Campo Vidal, dura 72 minutos y se ha financiado gracias al micromecenazgo –con aportaciones de 25 y 50 euros–. Centrado en los años setenta, incluye un abundante material gráfico y periodístico sobre aquellos años de lucha democrática en una zona que, según explica el presidente del Patronato de la Fundación, Francesc Castellana, «concentró en apenas 20 años una revolución industrial que, en otros países, duró cien años».

Castellana explica a Crónica Global que la Fundación «ha acumulado a lo largo de los años abundante documentación, de ahí que surgiera la idea de producir un extenso reportaje. Además, todavía hay testigos de aquella época a los que era necesario dar voz».

Un total de 33 personas aparecen en El cinturón rojo. La mayoría son héroes anónimos, dispuestos a abandonar las penurias de sus lugares de origen para emigrar a una conurbación en pleno proceso de transformación urbanística, social y política.

Procedentes principalmente de Andalucía, Extremadura y Aragón, muchos de ellos pasaron de las «barracas horizontales a las barracas verticales», en alusión a las viviendas de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat, referente de aquellos años cincuenta.

«Las barracas no tenían goteras, pero esos pisos sí», explica Conchita Castell. Otros, como Pepe Martínez, tuvieron que darle al pico y a la pala para construirse sus propias viviendas. O vender sus anillos de boda para comprar un billete de tren que tardaba 24 horas en llegar a Cataluña.

El documental también refleja la presión social, religiosa y familiar que sufrían las mujeres de aquella época, que necesitaban permiso para casarse y abrir una cuenta corriente, así como el activismo político de una juventud influenciada por el Mayo del 68 y dispuesta a pasar página del franquismo. Las reuniones clandestinas, el reparto de octavillas, el nuevo Estatuto, la Caputxinada…

Y solidaridad, mucha solidaridad en momentos extremos, como el de las inundaciones provocadas por las crecidas del río Llobregat.

Gracias a ese reparto coral, el documental reconstruye una época en la que el Baix Llobregat se convirtió en la reserva industrial del área metropolitana, pero «no en un suburbio como los de París. De la parte trasera de Barcelona, el Baix pasó a ser la puerta delantera», explica Castellana.

http://cronicaglobal.elespanol.com/politica/el-cinturon-rojo-epicentro-de-la-lucha-antifranquista_67122_102.html
 

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