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Día: 24 de diciembre de 2016 (página 1 de 1)

El gobierno italiano entrega 20.000 millones de euros a la banca en quiebra

Ayer el gobierno italiano aprobó un decreto para rescatar con dinero público al banco Monte dei Paschi di Siena, el tercer mayor banco del país con 20.000 millones de euros.

El decreto fue presentado a medianoche y ese regalo de 20.000 millones de euros permitirá reforzar la posición patrimonial del capital financiero y mejorar la liquidez de los bancos quebrados.

Una situación similar se produjo en mayo de 2012, cuando el gobierno español regaló 23.465 millones a Bankia para sanear las cuentas de la entidad.

Según el comunicado del gobierno italiano, con el regalo el Tesoro italiano adquirirá acciones de un banco interesado en una recapitalización “como precaución”. El Ministerio de Economía y Finanzas ya posee un 4 por ciento y ahora podría convertirse en accionista mayoritario.

La decisión ha sido aprobada en una reunión extraordinaria de ministros, convocada tras el anuncio de la entidad bancaria, de la que el Tesoro ha pasado a ser principal accionista.

El diario italiano Il Sole 24 Ore informaba de que el previsible rescate público de la entidad toscana se desarrollará en varias fases a lo largo de 2 ó 3 meses.

Previamente, el consejo de administración del Monte dei Paschi había solicitado un rescate público que garantizara la viabilidad de la entidad, tras el fracaso de su ampliación de capital por 5.000 millones, integrado en sus planes de saneamiento.

La entidad, que ha sufrido continuas crisis en los últimos quince años, padece acuciantes problemas de liquidez. En un informe publicado recientemente asegura que, de no lograr su objetivo de ampliar su capital gracias al mercado, entraría en números rojos en cuatro meses y no en once como había comunicado el pasado 16 de diciembre.

Los Cascos Blancos están dirigidos por espías británicos

En un informe el diario ruso Vzglyad señala que la organización de los Cascos Blancos está detrás de los informes falsos sobre los ataques aéreos de Rusia en Siria, y añade que la organización está dirigida por agentes de inteligencia británicos.

Vzglyad dice que hay razones para creer que la organización está supervisada por el servicio de inteligencia británico y el Fondo Soros.

“El Gobierno del Reino Unido asignó alrededor de 32 millones de libras para las necesidades de los Cascos Blancos en 2013, mientras que otros 12,5 millones de libras fueron pagados a la organización en el año 2016”, dijo una fuente cercana a la organización a la agencia de noticias Tass.

Los Cascos Blancos también han recibido 13 millones adicionales de dólares de Estados Unidos y el Reino Unido, incluyendo de compañías asociadas con el multimillonario George Soros, agregó. El grupo también ha recibido 23 millones de dólares de la USAID (la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional).

La fuente también dijo que uno de los líderes de los Cascos Blancos, Mosab Obeidat, ha jugado un papel en la financiación de los grupos terroristas.

Según algunos informes, Obeidat desempeñó el papel de mediador en un trato de suministro de armas a los militantes sirios por valor de 2,2 millones de dólares.

Hablando sobre el fundador de Cascos Blancos, James Le Mesurier, la fuente señaló que “es un graduado de la Real Academia Militar de Sandhurst, que hasta el día de hoy está al servicio de Su Majestad (la Reina Británica) y de la Inteligencia militar británica”.

Anton Mardasov, un experto en el Instituto de Desarrollo Innovador, dijo que los Cascos Blancos han difundido noticias falsas que tratan de implicar a Rusia o Siria en ataques contra hospitales, escuelas etc, pero luego tales noticias resultaron ser falsas cuando los periodistas han logrado visitar dichos lugares. Pese a ello, estas informaciones son reproducidas sin ningún cuestionamiento por los medios occidentales.

Fuente: http://spanish.almanar.com.lb/41699

En Libia también ha triunfado la estrategia mediterránea de Rusia y China

El general Jalifa Haftar
Así de claro lo admite el general del ejército francés Jean Bernard Pinatel en un reciente artículo (*). La Batalla de Alepo ha tapado los importantes cambios que se han producido en Libia en un año, donde los imperialistas han vuelto a fracasar estrepitosamente. Obama ha reconocido abiertamente que Libia ha sido el “mayor error” de sus ocho años de mandato. El acuerdo de Túnez firmado hace dos años bajo los auspicios de la ONU, es papel mojado. Pero esta vez los imperialistas no tienen nadie a quien echar las culpas.

En Libia, como en los demás países árabes a los que ha llegado la OTAN, el Califato Islámico intentó establecerse, e incluso estuvo a punto de hacerse con las riendas, aunque fracasó después de cuatro meses de dura batalla en Sirte, su feudo, con la milicia Misrata.

Aprovechando ese enfrentamiento, el general Haftar y sus aliados de la milicia Zintan se han apoderado del gas y el petróleo, lo que acabará poniendo a Misrata bajo la férula del general. Como estos milicianos son el apoyo más importante del gobierno de unidad nacional creado en 2014 en Túnez, lo que se ha arruinando es el propio acuerdo. El general Haftar está apoyado por Egipto, Rusia y China.

Para orientarse en el laberinto de destrucción que la OTAN ha dejado en Libia, hay que conocer a las fueras en presencia.

La primera de ellas es la milicia Misrata que, con 20.000 hombres, es la fuerza militar más importante, de la que tratan de apoderarse los Hermanos Musulmanes con el apoyo de la inteligencia militar turca, aunque el mismo tiempo también mantienen buenas relaciones con Italia, la antigua potencia colonial.

La segunda es la milicia Zintan, que controla el petróleo así como las fronteras y el gran sur desértico. Protege al hijo de Gadafi, Seif Al-Islam, al que se niega a entregar a los imperialistas para que organicen con él la correspondiente payasada de “juicio”.

La milicia del general Haftar, el Ejército Nacional Libio, reagrupa a los elementos de las antiguas fuerzas regulares que a lo largo del año ha logrado erradicar a los yihadistas de Bengasi y, de rebote, acabar con el gobierno de unidad nacional de Fayez Sarraj.

En Libia el Califato Islámico es un refrito de veteranos que han combatido en las guerra de Irak y Siria. Unos 2.000 ó 3.000 yihadistas se establecieron inicialmente en Derna en 2015 con el nombre de Wilaya Barqa, bajo el mando de Abu Al-Mughirah Al-Qahtani.

Los yihadistas locales, incluido Ansar Al-Sharia, la filial libia de Al-Qaeda, vieron a esta milicia como una fuerza “extranjera” y la expulsaron de Derna, desplazándose hacia Sirte. En el norte de África su influencia nunca ha sido la misma que en Irak o Siria.

En mayo los imperialistas desencadenaron la Operación Al-Bunyan Al-Marsus (Estructura Sólida) para desalojarles de Sirte, para lo cual contaron con Misrata, con algunas unidades bereberes, con la aviación estadounidense y los comandos especiales de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Además de prolongada, la batalla de Sirte fue muy dura, palmo a palmo y una verdadera sangría para Misrata. Aprovechando su debilidad el general Haftar desata en setiembre una ofensiva en la que se apodera de los puertos de Ras Lanuf, Es Sider y Brega y, sobre todo, del petróleo.

De rebote el avance de Haftar es una derrota para el gobierno de unidad nacional, la apuesta de los imperialistas para Libia, huérfano de cualquier clase de apoyo porque las masas, cualquier que sea su origen tribal, repudian el imperialismo y los países que los representan. Consideran que el presidente de dicho gobierno, Fayez el-Sarraj, no es más que una marioneta cuya tarea es entregar el petróleo a las multinacionales del sector, incluidas las españolas, que son quienes le apoyan.

Como es tradicional en los últimos años, la ONU ha quedado en evidencia con sus condenas a Haftar, un viejo agente de la CIA que ahora a donde viaja es a Moscú y que ha cortado el suministro de gas que ENI llevaba a Italia.

En Libia quien tiene el fusil y tiene el petróleo, tiene también el poder, al que todos deben pleitesía, incluidas las milicias de Misrata, que han cambiado al gobierno de unidad por Haftar, arrastrando consigo a toda una coalición como Al Fajr Libya.

Como en todas las guerras emprendidas por el imperialismo en los últimos años, Libia es un país absolutamente arrasado. Desde 2011 no ha habido ni un minuto de paz, pero quien va ganando la guerra es quien ha roto todas las quinielas de las grandes potencias, el general Haftar, dos veces renegado. Primero traicionó a Gadafi por la CIA y ahora traiciona a la CIA por Moscú.

(*) http://www.geopolitique-geostrategie.fr/analyse-de-la-situation-en-libye-a-loree-de-2017-2017

La Unión Soviética ganó la carrera espacial a Estados Unidos

Serguei Pavlovich Korolev
Los verdaderos pioneros de la exploración espacial fueron los cosmonautas soviéticos y gran parte de los avances que hoy se usan en la Estación Espacial Internacional (EEI) se deben a los conocimientos y las innovaciones de la Unión Soviética. Es la conclusión del documental de la BBC «Cosmonautas: cómo Rusia ganó la carrera especial», que accedió a importantes documentos y entrevistó a los protagonistas de la extraordinaria puja entre soviéticos y estadounidenses por conquistar el Universo.

Al llevar al espacio el primer satélite, el primer ser humano y la primera estación orbital, la Unión Soviética logró vencer una y otra vez a Estados Unidos, cuyo programa espacial contaba con más fondos.

Los orígenes del programa espacial de la URSS se encuentran en las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. En 1949 los soviéticos produjeron su propia bomba atómica. «Como era mucho más pesada que la estadounidense, debieron desarrollar un cohete más poderoso que la transportara, lo que terminó impactando en el programa espacial», explica Gerard de Groot, profesor de historia moderna de la Universidad de San Andrés, en Reino Unido.

La persona a la que le encargaron la tarea fue el ingeniero Serguei Pavlovich Korolev. «Korolev no era un científico, sino un genio de la gestión. Era un líder, una figura inspiradora, un político que sabía mover las palancas del poder y volver realidad las metas», dice el especialista en historia del espacio Asif Siddiqi, de la Universidad Fordham de Nueva York.

En la Unión Soviética lo consideraban tan importante desde el punto de vista estratégico que, para protegerlo de cualquier intento de asesinato, mantuvieron su identidad en secreto hasta sus últimos días. Se lo conocía simplemente como el «diseñador jefe».

En 1957 Korolev concluyó su obra maestra, el cohete R-7 Semyorka, que era nueve veces más poderoso que cualquier otro lanzador creado hasta ese momento. Después de varios intentos fallidos, el R-7 fue probado con éxito: logró volar 5.600 kilómetros hasta la península de Kamchatka. Fue el primer misil balístico intercontinental y, con él, Korolev convirtió a la Unión Soviética en una superpotencia mundial.

Sin embargo, el destino del R-7 no era convertirse en un arma. «Como misil era malo. Se demoraban mucho en prepararlo para el despegue. Mientras se desarrollaban otros cohetes más eficientes, el R-7 fue dedicado exclusivamente a la exploración espacial», cuenta el antiguo cosmonauta soviético Georgei Grechko.

El Sputnik y Laika

Una vez que contaba con un cohete apto, Korolev quería ser el primero en demostrar que los viajes espaciales eran posibles. Con ese objetivo, sus ingenieros desarrollaron un satélite simple, el Sputnik. Era apenas un transmisor de radio cubierto por una esfera de metal.

El 4 de octubre de 1957 el Sputnik fue colocado en órbita y comenzó a enviar señales de radio a la Tierra, un «bip» que los estadounidenses se esforzaron por decodificar pero que en realidad no contenía mensaje alguno. El mundo quedó fascinado. Entusiastas formaban largas filas ante los telescopios disponibles para poder ver la «segunda Luna» cruzando el firmamento.

El Sputnik fue una jugada maestra de propaganda y ahora el líder soviético Nikita Kruschev quería más: le pidió a Korolev otra gran misión espacial para las conmemoraciones del 7 de noviembre, el aniversario de la revolución bolchevique de 1917.

El plazo de alrededor de un mes parecía imposible. Con todo, el 3 de noviembre de 1957 la Unión Soviética envió al espacio otro satélite, pero esta vez con un pasajero a bordo: Laika, una perra callejera hallada en Moscú. Laika les dio a los soviéticos otra victoria propagandística y a los estadounidenses otro dolor de cabeza.

«En Estados Unidos creían que si la URSS había sido capaces de llevar a un animal al espacio, pronto estaría en condiciones de enviar a un ser humano a órbita», explica el historiador De Groot.

La sonrisa de Yuri Gagarin

A principios de la década de 1960, 20 potenciales cosmonautas se entrenaban en secreto en una zona rural de Rusia, entre ellos el joven Alexei Leonov. «Cada día corríamos 5 kilómetros y nadábamos 700 metros. También saltábamos en paracaídas; yo llegué a hacer unos 200 saltos», le cuenta Leonov a la BBC. Pero además del entrenamiento físico, los cosmonautas debían prepararse para los rigores del espacio.

Debían ser capaces de resistir la enorme fuerza del despegue y del aterrizaje. Se los encerraba durante días en salas a prueba de ruidos para experimentar el aislamiento psicológico. Y lo peor de todo era la preparación para la eventualidad de que la cápsula comenzara a girar sin control en el espacio. «Era algo muy difícil de aguantar», recuerda el ex cosmonauta Georgei Grechko. «Algunos se ponían pálidos, otros verdes. Y luego, como solíamos decir, les mostraban a los demás su cena: vomitaban».

La preselección del primer ser humano que iría al espacio quedó reducida a dos nombres: Yuri Gagarin y Guerman Titov. «Korolev terminó escogiendo al hijo de campesinos Gagarin», dice Grechko. «Nosotros pensábamos que el más listo y el mejor educado era Titov. Pero el jefe consideró aspectos en los que nosotros, como ingenieros, no habíamos pensado: cuán apuesto era el candidato, su sonrisa. Y tenía razón». El «ingeniero jefe» sabía que si la misión resultaba un éxito, el rostro de Gagarin estaría en las portadas de todos los periódicos del mundo.

El 12 de abril de 1961 Gagarin llegó donde ningún ser humano había llegado antes: la órbita de la Tierra. A bordo de la cápsula Vostok, dio una vuelta al plantea en una hora y 48 minutos. «Estoy mirando la Tierra», dijo al comunicarse con el centro de control. «Veo los colores del paisaje, bosques, ríos, nubes. Todo es tan bello».

Gagarin fue recibido como un héroe en la Unión Soviética y viajó por el mundo llevando su sonrisa triunfal. Era la encarnación del dominio de la Unión Soviética en la carrera espacial.

Seguidilla de hazañas

Con su economía en auge, Estados Unidos podía invertir grandes sumas de dinero en el desarrollo de un programa lunar. Por el contrario, en la URSS los dirigentes no estaban dispuestos a financiar ningún viaje a la Luna.

«Mi padre le dijo a Korolev que en la Unión Soviética había otras prioridades: producir más alimentos para acabar con la escasez y construir más viviendas», le dice a la BBC Sergei Kruschev, hijo del líder soviético Nikita Kruschev. En lugar de ello, Korolev lanzó una serie de misiones menos costosas a la órbita baja de la Tierra, cada una de las cuales reportó una victoria propagandística. Entre ellas se destacan dos de 1963: el vuelo orbital más largo hasta la fecha (cinco días) y la primera mujer en ir al espacio, Valentina Tereshkova.

El 18 de marzo de 1965 se sumaría otro hito: Alexei Leonov se convirtió en el primer ser humano en realizar una caminata espacial. «Korolev nos había dicho: ‘Así como un marino a bordo de un buque tiene que ser capaz de nadar en el océano, un cosmonauta debe saber flotar en el espacio», recuerda Leonov.

La estaciones espaciales

El 19 de abril de 1971 los soviéticos lanzaron a órbita Salyut 1, la primera estación espacial temporal de la historia. La ocuparon tres cosmonautas durante tres semanas. A esta le seguirían misiones y estancias cada vez más prolongadas.

El 20 de febrero de 1986, mientras los estadounidenses se concentraban en vuelos de corta duración con los transbordadores espaciales, los soviéticos colocaron en la órbita terrestre la primera estación permanente, la MIR, que fue completada a lo largo de una década.

Con 31 metros de ancho, 19 de largo y 27, 7 de alto, esta estructura se convirtió en un enorme laboratorio suspendido, con módulos separados para astrofísica, ciencia de los materiales y estudio la Tierra. Equipos de cosmonautas visitaban la estación por periodos de un año y se convirtieron en verdaderos expertos en la vida en el espacio.

A fines de 1991, mientras la MIR orbitaba el planeta, la Unión Soviética se disolvió. Cuando la MIR fue dada de baja y se desintegró al reingresar a la Tierra en 2001, su reemplazo, la Estación Espacial Internacional (EEI), ya estaba siendo ensamblada en órbita.

Era la primera aventura totalmente internacional en el cosmos: 15 agencias espaciales colaboraban para construir una estructura cuatro veces más grande que la MIR.

La Estación Espacial Internacional ha marcado una nueva era de exploración internacional. «Nosotros teníamos un gran conocimiento de las largas estancias en el espacio, de cómo afectaban a una persona. Así que nos unimos al proyecto y compartimos todo lo que sabíamos», le cuenta a la BBC el ex cosmonauta Alexander Lazutkin.

Ciertamente, la EEI es el testamento de los logros del programa espacial de la URSS durante 50 años de exploración del Universo. Su sistema de soporte vital está basado en los de las estaciones Salyut y MIR. Los trajes que se utilizan son «hechos en Rusia», versiones actualizadas del que empleó Alexei Leonov en la primera caminata espacial de la historia.

Desde 2011 la única manera de llegar a la EEI es por medio de una cápsula Soyuz montada en un cohete R-7, ambas tecnologías que, aunque modernizadas, diseñó Sergei Korolev hace medio siglo.

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