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Día: 16 de octubre de 2016 (página 1 de 1)

La resistencia del gobierno de Siria ha descubierto el baile de máscaras

El desertor Riad Hijab
Juan Manuel Olarieta

Cuando tras la desestabilización en Siria se formalizan los bandos, se inicia un goteo continuo de deserciones de políticos, funcionarios, diplomáticos y militares que cambian de bando y se unen a los que ya estaban exiliados desde tiempo atrás. Si el gobierno sirio era una dictadura sanguinaria, los desertores no eran precisamente ajenos a ella sino oportunistas que cambiaron de chaqueta cuando la cosa se puso fea.

Entre los desertores hay dos a mencionar específicamente. Uno es el general Manaf Tlass, que desertó en julio de 2012 junto con otros 23 oficiales del ejército regular. Pocos meses después en unas declaraciones a la prensa pidió que “la comunidad internacional” entregara armas a la oposición y reconoció que quien le había sacado del país habían sido los servicios secretos franceses (1).

Otro caso singular ocurrió al mes siguiente (6 de agosto), cuando desertó el Primer Ministro Riad Hijab dos meses después de su nombramiento, uniéndose a la oposición en Qatar a cambio de dinero: 10 millones de dólares y un sueldo mensual de 20.000 dólares para él, así como indemnizaciones para 34 miembros de su familia, que fueron pagados por Qatar.

Los desertores no eran sólo oportunistas que cambiaron de chaqueta sino mercenarios a sueldo de países extranjeros, traidores de la peor especie, gentuza sin principios ni moral de ninguna especie.

A comienzos de este año vimos a Hijab ejerciendo como portavoz de la oposición en las conversaciones de paz de Ginebra por cuenta de sus amos del Golfo.

Con los militares que desertan, los imperialistas y los países del Golfo y Turquía crean, financian y adiestran al llamado “ejército libre de Siria” demostrando que, desde el primero momento, la oposición no tenía ninguna pretensión pacífica.

La prensa imperialista presentó un relato unilateral de los hechos en el que faltaban muchos muertos, justamente aquellos que cayeron en el bando del gobierno. Al contar sólo los muertos de un bando, la prensa imperialista transmitió la imagen de una actuación desproporcionada, una fuerza organizada (policía, ejército) que disparaba indiscriminadamente contra una multitud desarmada.

Los atentados terroristas desempeñaron un papel fundamental en la desestabilización. Se trataba de acciones como las siguientes:

– los incendios de sedes oficiales, edificios públicos y del partido Baas
– el asesinato a tiros el 23 de marzo de 2011 de dos soldados en Deraa, los primeros de un total de 88 militares que murieron asesinados sólo en el primer mes de la desestabilización
– el asesinato de 10 militares el 11 de abril en la carretera de Banias
– el 6 de junio grupos armados mataron a 120 soldados y policías en Jisr Al-Chughur
– el 16 de noviembre el “ejército libre de Siria” atacó las instalaciones de los servicios de inteligencia
– el 23 de diciembre se produjeron dos atentados con coche bomba contra edificios de la policía de Damasco que mataron al menos a 40 personas
– el 6 de enero de 2012 murieron 26 personas en Damasco en un atentado suicida

En el primer año del levantamiento, las fuerzas gubernamentales sirias padecieron más de la mitad de las 5.000 bajas que se produjeron en Siria. Pero los portavoces del imperialismo sólo hablaban de la otra mitad, como si no hubiera más.

El corresponsal del diario alemán Bild, Jurgen Todenhofer, acusó a los terroristas de “matar deliberadamente a los civiles para luego presentarlos como víctimas del gobierno”. Describió la “masacre como una estrategia de márketing”, como uno “de los hechos más desagradables que jamás me he encontrando en un conflicto armado”.

Al mismo tiempo que Al-Qaeda cometía toda clase de atentados en Siria, las ONG (Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos Sin Fronteras) desviaban la atención de las miradas, acusando al gobierno de Bashar Al-Assad de cometer crímenes contra la humanidad.

Los atentados terroristas acabaron poniéndose en un primer plano frente a las protestas. A partir de entonces cambió el lenguaje, incluso el de la ONU: ya no hablaban de “represión” sino de “combates”. Al principio de la guerra sólo había un protagonista; ahora hay dos; antes los reproches se dirigían a una parte exclusivamente, al gobierno, y ahora a ambas.

La demagogia mediática cambia y deja de tomar partido. Antes era favorable a la oposición; ahora empieza a aparecer el típico “ni unos ni otros”.

También empieza el carrusel de treguas y altos el fuego. El 21 de marzo de 2012 de Consejo de Seguridad de la ONU envía a Kofi Annan de mediador con el primero de muchos planes de paz, en donde la palabra “paz” significa en realidad “golpe de Estado” y destitución de Al-Assad.

Nunca, ni en las guerras más veteranas, como las de las FARC en Colombia o los naxaliltas en India, se han visto tales tipos de actuaciones vergonzosas por parte de la ONU para ocultar una agresión internacional concertada contra un país. El lema de los imperialistas, repetido hasta el hartazgo una y otra vez, es que no se debía negociar con los terroristas… salvo en Siria.

La guerra empezó como un baile de máscaras y, en cinco años, las caretas se fueron viniendo abajo. Fue un destape progresivo, tanto del imperialismo como de la ONU. En la primera fase, los primeros no querían aparecer para nada; era una guerra civil, un asunto puramente interno. A partir de la creación del CNS empiezan a asomar la cabeza, pero dicen que sólo apoyan a la oposición “pacífica”, luego llamada “moderada”. Después tuvieron que reconocer que también envíaban armas, que entrenan a fuerzas militares, pero sólo a la oposición “moderada”, no a los yihadistas…

Aún era una guerra entre intermediarios en la que los imperialistas tiran la piedra y esconden la mano.

Ha sido una farsa detrás de otra. Nunca hubo ningún movimiento pacífico, nunca hubo una oposición “moderada” o no yihadista. Desde el primer momento el fundador y máximo dirigente del “ejército libre de Siria”, el coronel Riyad Al-Assad, declaró a Al-Qaeda como “nuestros hermanos en el islam”(2).

En setiembre de 2014 otro comandante del mismo “ejército”, Bassel Idris, reconoció públicamente: “Colaboramos con el Califato Islámico y el Frente Al-Nosra” porque “hemos llegado a un punto en el que debemos colaborar con cualquiera contra la iniquidad y la injusticia”(3).

A pesar del carácter yihadista del “ejército libre de Siria”, la guerra nunca ha tenido un carácter confesional; nunca ha sido un enfrentamiento entre los alevitas y los sunitas porque sólo una de las partes tiene ese carácter, mientras todos los demás credos religiosos -absolutamente todos- apoyan al gobierno.

El “ejército libre de Siria” nunca existió como tal. Siempre fueron unas siglas vacías de contenido bajo las cuales se cobijaron 70 grupos yihadistas diferentes cuya colaboración depende del territorio que ocupen.

El referido “ejército” es otro grupo mercenario, creado, armado y financiado por los imperialistas, los países del Golfo y Turquía desde el primer momento. Sin embargo, a pesar de los apoyos, nunca lograron convertirse en los protagonistas que estaban destinados a ser, por lo que las primeras portadas fueron ocupadas por otros, fundamentalmente por Al-Qaeda, cuya sucursal, el Frente Al-Nosra, aparece en internet en enero de 2012 bajo la dirección de Suleiman Jaled Derwich (Abu Mohammad Al-Jolani), un sirio que regresaba de la guerra de Afganistán.

Entonces Al-Nosra era mucho más parecida a una organización terrorista que al ejército en el que se ha convertido ahora. Tras su aparición se produjeron los siguientes atentados terroristas:

– el 10 febrero de 2012 dos atentados con coche bomba reivindicados por el Frente Al-Nosra en Alepo causan centenares de muertos y heridos
– el 17 de marzo dos coches bomba matan a 27 personas y hieren a otras 140 en Damasco delante de la dirección de la policía criminal y un centre de inteligencia
– el 27 de abril de 2012 un atentado suicida en el centro de Damasco mata a 11 y hiere a decenas de personas
– el 10 de mayo de 2012 un doble atentado con coche bomba en Damasco causa más de 60 muertos y unos 400 heridos
– el 17 de julio el ministro sirio de Defensa, cuñado de Bashar Al-Assad, y un general de jefe de la célula de crisis, son asesinados en un atentado en pleno centro de Damasco reivindicado por el “ejército libre de Siria”. Dos días después muere a consecuencia de las heridas el jefe de seguridad, Hicham Ijtiar
– el 3 de octubre de 2012 más de 50 personas mueren en Alepo en un triple atentado reivindicado por el Frente Al-Nosra

Notas:

(1)http://www.romandie.com/news/_Manaf_Tlass_affirme_avoir_ete_exfiltre_par_les_services_francais95100920121955.asp
(2) www.longwarjournal.org/archives/2013/03/free_syrian_army_com.php
(3) http://www.middleeasteye.net/columns/endless-enemies-how-us-supporting-islamic-state-fighting-it-1621962798

Bashar Al-Assad con su antiguo amigo Manaf Tlass

¿Por qué cometen sus crímenes en nombre de la ‘comunidad internacional’?

Nkurunziza, Presidente de Burundi
Es una tautología: los imperialistas invocan a la “comunidad internacional” para cometer sus crímenes porque son imperialistas.

Cuantitativamente los imperialistas son una parte insignificante de la población mundial, pero cualitativamente, por su fuerza y su poder, son la parte más importante.

Es algo que sólo ocurre en las grandes potencias. A un gobierno africano no se le ocurre jamás hablar en nombre de la “comunidad internacional”. Ningún país africano tiene sus intereses repartidos por todo el mundo, a diferencia de las grandes metrópolis.

A base de repetirlo, nos hemos acostumbrado a ese lenguaje. Escuchamos a Obama con naturalidad hablar con la “comunidad internacional” pero esas mismas expresiones nos sorprenderían en boca del Presidente de Burundi. Incluso nos ofenderían y más que un periodista pondría el grito en el cielo: ¡qué atrevimiento!

En un mundo capitalista es lógico que las sociedades no funcionen como una asamblea de personas sino como una empresa por acciones. Quienes votan no son las personas sino las acciones; lo que cuentan no son las personas sino los intereses.

Nadie ha elegido a los imperialistas para que hablen de la manera en que lo hacen, y mucho menos para que pretendan que sus propios intereses no son tales, es decir, no son intereses mezquinos y criminales, sino humanitarios y altruistas.

Incluso es hasta normal y lógico que en la medida en que todas las sociedades humanas se van perfilando al estilo de la sociedad de Estados Unidos, sea la Casa Blanca quien hable en nombre de la humanidad.

Podemos salir a la calle a preguntar a la gente que nos rodea si alguna vez han comido cuscús. Lo más probable es que ni siquiera conozcan lo que es el cuscús. Sin embargo, saben lo que es una hamburguesa, una pizza o un perrito caliente.

Lo mismo ocurre con cualquier expresión cultural, como el cine. Todos los espectadores del mundo han visto muchas películas sobre la guerra de Vietnam, pero ninguna elaborada en Vietnam.

Una vez que el mundo se ha convertido en estadounidense, le tratan como trata la policía a los estadounidenses, sobre todo si son negros.

Si la policía en Estados Unidos mata sus propios ciudadanos sin contemplaciones, ¿qué puede esperar el resto del mundo, que ni siquiera tienen la ciudadanía?

La lógica policial es exactamente la de los portavoces de la Casa Blanca. La policía mata a una persona a tiros para beneficio de todos los demás. El que importa no es el muerto sino el vivo.

Lo mismo ocurre en el mundo: lo que importa no es Siria sino la “comunidad internacional”, que somos todos los demás, es decir, que nos convierten en cómplices de casi 300.000 muertes.

La “comunidad internacional” somos todos y cada uno de nosotros. Todo lo hacen por nuestro bien. Es como los partidos españoles institucionalizados: siempre ponen a “España” por delante de sus propios intereses. “España” son ellos.

A pesar de que sobrevivimos en una sociedad capitalista, no encontramos más que altruismo por todas partes. Todos trabajan y se sacrifican por nosotros. Todo lo hacen por nosotros.

¿De qué nos quejamos? En los sesenta los negros se quejaban por sus derechos civiles; ahora se quejan porque los matan. Algunos siempre encuentran alguna excusa para quejarse. Nunca están satisfechos.

En Siria los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores

Es todo un síntoma: la visita de Putin a Estambul esta semana ha contrastado con la anulación de una visita a París que hubiera debido realizarse inmediatamente después.

El acuerdo para la construcción de un gasoducto capaz de trasladar a Turquía 15.000 millones de metros cúbicos, es más que un síntoma. Se trata de una cantidad tan fabulosa que, según el diario ruso Kommersant, ha sido el punto más importante de la visita. Lo realmente significativo es que antes ese gas pasaba por Ucrania, que en 2018 se quedará fuera de juego… si todo sigue como hasta ahora, lo cual no es seguro.

El objetivo del gasoducto no es abastecer a Turquía de gas, sino que Turquía se convierta en un exportador del gas ruso. El Turk Stream son dos gasoductos y la construcción del segundo de ellos dependerá de las actuales negociaciones entre Rusia y la Unión Europea, lo que equivale a anular las actuales sanciones y que Bruselas presione sobre los fascistas de Kiev para tratar de hacerles entrar en razón (si es que eso es posible).

Por lo tanto, el gas ruso que se dirige a Turquía puede ayudar a resolver al menos dos problemas importantes, a pesar de la torpeza de que hace gala Hollande desde su llegada al Elíseo en París.

Más que una ocurrencia de Putin, el truco procede de Erogan y es el siguiente: como la excusa que ponen en Bruselas para la llegada del gas ruso por el sur crea una situación monopolística que beneficia a Rusia, Gazprom se asociará a una empresa conjunta con Turquía capaz de sortear el veto comunitario, o al menos servir de excusa para ello.

El negocio no sólo beneficiaría a Turquía en el sentido económico, sino que ayudaría, tanto a Rusia como a Turquía, en las negociaciones que mantienen con la Unión Europea.

Un tercer factor a tener en cuenta de la entrevista entre Putin y Erdogan es la presencia del jefe del Estado Mayor del ejército turco, el general Hulusi Akar, para poner de manifiesto que no sólo se habló de gas sino de Siria.

El plan de Putin es que Turquía no se limite a cerrar la frontera con Siria sino que desempeñe un papel mucho más activo en la derrota de los yihadistas. El director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov, ha asegurado al diario Kommersant (*) que existe un acuerdo secreto entre ambas partes, Turquía y Rusia, aunque lo califica como puramente “circunstancial y forzado”.

Según Sotnikov, en lo que a Siria respecta, Erdogan no es un aliado ni fiel ni a largo plazo. Antes el gobierno de Erdogan actuaba forzado por su aislamiento internacional; ahora por su aislamiento respecto a las potencias occidentales.

Quien le ha ayudado a salir de esa situación ha sido Putin. Pero eso no significa, asegura Sotnikov, que Erdogan pretenda aprovechar las dificultades de Rusia en provecho propio.

Es muy probable que el pronóstico de Sotnikov sea equivocado. Tiene buen parte de razón cuando apunta los motivos puramente del giro de Turquía, que no puramente circunstanciales. Sin embargo, hoy los gasoductos, como las líneas ferroviarias del siglo XIX, son instrumentos de comunicación; crean lazos permanentes entre los países. El tendido del Turk Stream apunta directamente a una colaboración a largo plazo entre ambos países que seguirá reafirmándose en el futuro.

Lo más probable es que a través de Rusia, desde Turquía a Irán se establezca una estrecha colaboración que impida a Estados Unidos mantener las manos libres en una región, como ha las ha tenido durante más de medio siglo.

La Guerra de Siria ha creado un precedente irreversible en Oriente Medio. Los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores y es muy difícil que logren recuperar el terreno que han perdido en sólo un año de intervención militar rusa.

(*) http://www.kommersant.ru/doc/3113535

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