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Día: 14 de octubre de 2016 (página 1 de 1)

Turquía trata de salir de su aislamiento diplomático viajando a Damasco

Ayer el diario turco Aydinlik anunció que en 4 ó 5 días una delegación diplomática turca viajará hacia Damasco para negociar un acuerdo con el gobierno de Damasco. La información se basa en las declaraciones anónimas de un alto responsable del Ministerio turco de Asuntos Exteriores.

La fuente indica al periódico que la visita es consecuencia del viaje de Putin a Estambul el día 10 de este mes, donde se entrevistó con Erdogan.

Se trata, asegura el diario turco, de un cambio “importante” en la política exterior de Ankara. El restablecimiento de relaciones entre ambos países sera inevitable, tarde o temprano, a pesar de que el ejército turco ha invadido el norte de Siria.

Según las fuentes turcas, el gobierno de Damasco estaría dispuesto a cooperar con Turquía en la Operación Escudo del Éufrates que el ejército mantiene en la frontera común entre ambos países.

En el verano de 2011 el gobierno de Erdogan rompió relaciones con Siria y pasó a prestar toda clase de apoyo a las milicias yihadistas que desencadenaron la guerra.

El 22 de junio de 2012 un caza turco F-4 Phantom fue abatido por la defensa antiaérea siria cuando se introdujo en su espacio aéreo. Turquía convocó una reunión de la OTAN, que no apoyó al gobierno de Erdogan.

Tras la caída de Mosul, en Irak, Turquía se convirtió en uno de los mayores cómplices del Califato Islámico en el contrabando de petróleo, del que la familia de Erdogan obtuvo suculentos beneficios económicos.

En la última entrevista concedida por Bashar Al-Assad a la prensa rusa, afirmó que cuando los terroristas sean desalojados de Alepo, “irán por donde han venido”, en referencia a que los mismos que han protagonizados una guerra en Siria pueden establecerse en Turquía con los mismos propósitos desestabilizadores.

La situación de Turquía con sus vecinos sigue siendo extraordinariamente complicada. Además de Siria, su ejército está presente también en el norte de Irak, una zona que las milicias del dirigente chiíta Muqtada Al-Sadr le han conminado a abandonar.

Los turcos han justificado su presencia para intervenir en la liberación de Mosul, pero el gobierno irakí ha negado su intervención y también les ha ordenado que salgan de Irak.

Las claves de la guerra de Siria

Juan Manuel Olarieta

La Guerra de Siria fue desencadenada a comienzos de 2011 por el imperialismo dentro de la campaña de la Primavera Árabe que tiene por objeto cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio y el norte de África y proceder a un nuevo reparto de las esferas de influencia.

El documento oficial de la DIA (Agencia de Inteligencia del Pentágono) de 12 de agosto de 2012, desclasificado el 18 de mayo de 2015, señala que “los países occidentales, los Estados del Golfo y Turquía apoyan en Siria a las fuerzas de oposición para establecer un emirato salafista en el este de Siria, conforme a los deseos de las potencias que respaldan a la oposición para aislar al régimen sirio”.

La agresión imperialista tiene una estrecha relación con la invasión de Irak en 2003. El gobierno de Bashar Al-Assad fue uno de los pocos que se opusieron a ella y apoyaron a la resistencia contra las fuerzas ocupantes del Pentágono. Los imperialistas obligaron a millones de irakíes a cruzar la frontera y establecerse en el país vecino.

Una vez desencadenada la Primavera Árabe, en diciembre de
2011 las tropas estadounidenses se retiraron de Irak. Pero, lo mismo que en
Afganistán, la retirada nunca fue completa ni duró mucho tiempo.

Estados Unidos trataba de reproducir en Siria el mismo guión que en Irak, dibujar un nuevo mapa, no sólo geográfico sino también político, fragmentar Oriente Medio en territorios religiosa y nacionalmente homogéneos, crear nuevos reinos de taifas, engendrar inestabilidad y, en suma, dividir para dominar.

Es mucho más que una estrategia de “caos controlado” porque a medida que el tiempo transcurría y el gobierno de Siria se mantenía en pie, la estrategia imperialista se convirtió en una guerra de desgaste, interminable, agotadora y cruel.

La elección de Siria como objetivo militar se debe a varios motivos. El primero es su estrecha alianza con Irán, la bestia negra del imperialismo en la región. El segundo es su guerra permanente con Israel, que desde 1981 ocupa los altos del Golán, una parte fronteriza del territorio sirio. El tercero es su oposición a la invasión de Irak, tras la cual muchos irakíes se refugiaron en Siria huyendo de la represión.

La eliminación de Saddam Hussein en Irak fortalece a Irán que, junto con Siria, es uno de los componentes más importantes del denominado “eje de la resistencia” contra el imperialismo en Oriente Medio. En los correos electrónicos de Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado, aparece uno escrito en diciembre de 2012, en el que asegura que, dada la “relación estratégica” entre Irán y Siria, el derrocamiento de Bashar Al-Assad sería un beneficio inmenso para Israel y haría que Israel perdiera el temor a perder el monopolio nuclear.

Además de romper ese “eje de la resistencia” en Oriente Medio (Irán, Siria, Hezbollah), la Guerra de Siria también tiene como objetivo la alianza de Bashar Al-Assad con Rusia, estrechar el cerco sur sobre Rusia, una continuación del que la OTAN intenta trabar desde el Báltico, Ucrania, Cáucaso y Asia central. La Primavera Árabe es una continuación de las “revoluciones de colores” desatadas por los imperialistas desde 1990 en los nuevos Estados surgidos de la fragmentación de la Unión Soviética.

La guerra trató de interferir en la Ruta de la Seda, meter una cuña entre Rusia y China, lo mismo que ya tiene una introducida entre Rusia y Europa.

Ha sido el mayor fracaso del imperialismo en la guerra, ya que ha fortalecido el protagonismo de Rusia, no sólo en Oriente Medio sino en el mundo entero y ha estrechado sus relaciones con Irán y con China.

Al inicio de la guerra la relación de Siria con Turquía es buena. Ambas partes habían firmado en 1999 el Acuerdo de Adana. En plena etapa de esplendor económico, el gobierno de Erdogan se había opuesto tanto a las sanciones contra Irán como al ataque contra Irak en 2003. Turquía está contra los planes del imperialismo en Oriente Medio porque sería una de sus víctimas. Por eso se opone al nuevo reparto.

Sin embargo, muy rápidamente los imperialistas presionan a Turquía para que desempeñe el papel de base logística de los salafistas. Al miso tiempo Siria permite que el PKK se convierta en Rojava en una plataforma contra los vecinos del norte.

Turquía experimenta un doble fracaso. El primero es el de la paz. La política de “cero problemas con los vecinos” fracasa. El segundo es el de la guerra, que le conduce al enfrentamiento con Rusia y un aislamiento total en la región. El realineamiento de Turquía en 2016 es otro de los grandes fracasos del imperialismo en la guerra.

Un preso de Guantánamo fue torturado y violado por la CIA durante tres años

Mustafa Al-Hawsawi, un ciudadano saudí de 48 años acusado de planear los ataques del 11-S, se debe someter hoy a una cirugía rectal por una lesión infligida mientras estaba secuestrado por la CIA en el campo de concentración de Guantánamo, informa el periódico “Miami Herald”.

El preso saudí fue secuestrado en Pakistán en 2003 y antes de ser trasladado a Guantánamo tres años después, estuvo custodiado por la CIA en una de sus cárceles secretas, donde fue torturado y violado cobardemente.

En Estados Unidos se enfrenta a la pena de muerte si finalmente le condenan haber participado en los ataques del 11-S.

“El señor Al Hawsawi fue torturado en los ‘pozos negros‘, donde fue sodomizado”, ha afirmado el abogado del saudí, Walter Ruiz. “Continúa bajo dolor, con problemas para defecar, necesita reinsertar su recto cada vez que hace sus necesidades”, añadió Ruiz.

Durante los tres años que permaneció secuestrado por la CIA perdió 20 kilos de peso y ahora en las sesiones preparatorias del juicio el detenido ha tenido que usar una almohada para sentarse.

La investigación de la Comisión de Inteligencia del Senado de Estados Unidos sobre las torturas en las prisiones secretas de la CIA, conocidas como “pozos negros”, obligó a que Al-Hawsawi fuera sometido a “exámenes rectales que se realizaron con fuerza excesiva”.

Tras una exploración médica practicada en diciembre de 2014, al secuestrado le fueron diagnosticadas hemorroides crónicas, una fisura anal y prolapso rectal.

Según su abogado, Al-Hawsawi se someterá hoy, durante la audiencia previa al juicio, a una cirugía anal en el hospital que hay en Guantánamo, donde aún permanecen secuestrados 61 presos que no han sido juzgados a pesar de haber transcurrido 15 años de los atentados del 11-S.

En total, 780 personas han sido secuestradas y encarceladas en Guantánamo desde los atentados. Aunque Obama prometió cerrar el campo de concentración, ha acabado su mandato sin cumplir la promesa que realizó a sus electores.

El Senado redactó un informe secreto de 6.700 páginas sobre las torturas de la CIA en las cárceles que mantiene ocultas en varias parte del mundo.

Un resumen del documento fue desclasificado en 2014 y revela que Al-Hawsawi fue sometido a interrogatorios con técnicas brutales, como la simulación de ahogamiento y violaciones rectales que le han destrozado el ano.

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