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Día: 26 de septiembre de 2016 (página 1 de 1)

Siria obstaculiza los planes imperialistas de repartirse las esferas de influencia en Oriente Medio

Naram Sargon

Vistas todas las pruebas de las que disponemos, sería perder tiempo prestar atención a las declaraciones del ministro norteamericano de Defensa y del comandante en jefe del ejército norteamericano, insultar nuestra inteligencia explicándonos el por qué y el cómo de sus tiros “amigos” contra Deir Ezzor.

Sería igualmente inútil tratar de convencer de la evidente relación entre el Califato Islámico y el proyecto americano; el Califato Islámico, el Frente Al-Nosra y los islamistas son las tropas terrestres del ejército de Estados Unidos en Oriente Medio desde la guerra de Afganistán; las fuerzas aéreas de Estados Unidos son las tropas aéreas del Califato Islámico, del Frente Al-Nosra y de los islamistas

Porque la cuestión es el significado de los ataques aéreos de la Coalición Internacional dirigida por Estados Unidos en el nordeste de Siria, operación manifiestamente premeditada para permitir a las tropas del Califato Islámico avanzar y barajar las cartas, mientras que simultáneamente la fuerza aérea israelí proporcionaba cobertura aérea al Frente Al-Nosra en Quneitra, en el sur del país. Y por qué este “error aéreo” y estos tiros amigos sobre Deir Ezzor y el Golán, después de los fracasos de los intentos de Estados Unidos en pos de convertir la tregua en Alepo en una pausa militar y la ruta de Castello en un cordón secreto que une la bolsa turca con los grupos armados del Frente
Al-Nosra.

Esta operación no es un mensaje ordinario enviado por Estados Unidos al buzón del monte de Tharda, sino la primera confesión indudable de su impotencia ante el ejército sirio y sus aliados del norte a sur del país, mientras sus propios aliados en tierra titubean en Alepo, en la Ghouta de Damas y en Idlib.

Todo indica que el “Ejército Islámico de Estados Unidos” ya no tiene capacidad de provocar choques sobre el terreno y que el Califato Islámico ya no es esa fuerza invencible capaz de avanzar en todo lugar, por su debilidad sin el apoyo de una u otra de las grandes potencias presentes en los Estados de la Coalición dirigida por Estados Unidos.

Todo indica que el pretendido error de Estados Unidos ha sido ejecutado en respuesta a los avances del ejército sirio en numerosos frentes de Deir Ezzor, que han demostrado el descenso de capacidad de los ataques del Califato Islámico, como el asedio de las manadas del Frente Al-Nosra (convertidos mediante una jugarreta grotesca en Fatah Al-Sham, para aprovecharse de la tregua de la que está excluido según el acuerdo ruso-americano del 9 de setiembre) en Alepo, ha demostrado su corrosión pese a su movilización y gran pertrechamiento de cara a la “madre de todas las batallas” desde hace mas de dos años.

Las batallas de Alepo han revelado las capacidades de maniobra ahora limitadas del Frente Al-Nosra, cuyas oleadas de ataque han acumulado pérdidas, transformándolo en una masa informe que no es capaz de ejecutar el menor ataque en el sur del país sin la ayuda pública y explícita de los israelíes.

Lo cual significa que hemos entrado en una etapa de reblandecimiento del núcleo duro de las fuerzas islamistas terroristas, surgidas después de la guerra de Estados Unidos en Afganistán, y que nos enfrentamos directamente a las fuerzas que se disimulaban detrás y que manipulaban con las manos cubiertas de sus guantes de terrorista, las marionetas islámicas en el escenario en que hacían de revolucionarios sirios.

En otros términos, Israel y Estados Unidos han salido de entre bastidores una vez que los turcos han tropezado frente a Rusia, mientras Estados Unidos intenta desesperadamente esconder al Frente Al-Nosra bajo el hábito de los derviches sufíes, y el ejército israelí le ofrece su chaleco de hierro para evitar su muerte.

Atacando a Deir Ezzor Estados Unidos evidencia de forma abierta que se habían dado cuenta de que la batalla de Alepo no corría en su favor, y de que todas sus tácticas y trucos humanitarios no cumplirían su esperanza de salvar a las milicias armadas en las que confiaban. Y ello porque han oído su oración fúnebre, y han comprendido que su hundimiento en Alepo trastocaría su proyecto en el norte de Siria, si era seguido de su probable caída en Idlib antes de la de Obama. De ahí su decisión de penetrar hacia el este del país bajo el pretexto de “fuego amigo”, para sugerir de lo que son capaces de hacer y que lo volverán a hacer, tal vez.

El proyecto estadounidense no ha cambiado. Únicamente ha cambiado el plan de enfoque a causa de las dificultades insolubles encontradas. Si el régimen sirio, que tiene la puerta del Mediterráneo, no cae, no se transformaría en un régimen inútil para Rusia, China e Irán y su profundidad en Asia, aprisionándole entre el mar Mediterráneo y el río Éufrates, lo que cerraría el inmenso corredor entre la puerta occidental y la “puerta oriental”, antiguamente guardada por Saddam Hussein, según se dice.

Por ello el proyecto de Estados Unidos consiste ahora en que una de estas dos puertas esté herméticamente cerrada por un cerrojo USA, o bien que las dos puertas estén separadas por una barrera hostil a una de ellas, que Estados Unidos busca instalar en no importa qué tipo de frágil entidad entre Siria e Irak, de manera que su frontera natural sea el Éufrates, y que esté dominada por no importa qué organización o bloque militar hostil al Estado sirio en la región este del país. De ahí la promoción de la idea de una inevitable partición de Siria.

Una partición que se concretaría por un “arco de combates” que va de Idlib hasta Abou Kamal a través de Alepo, Raqqa y Deir Ezzor, arco que quedaría cortado por la línea horizontal de una entidad kurda, igualmente frágil, creada en su parte norte.

Es lo que explica que Estados Unidos haya desplegado al Califato Islámico a lo largo del río Éufrates en un corto espacio de tiempo, antes de proceder al despliegue del Frente Al-Nosra en una línea que va hacia Idlib, que ha intentado alcanzar la costa a fin de conseguir el enclave geográfico proyectado, entre el mar y el río.

Por esto, los pretendidos revolucionarios, los denominados “moderados” del Frente Al-Nosra y asociados, debían tomar Alepo, Idlib y la costa, dirigiéndose después hacia Raqqa, Deir Ezzor y Abou Kamal con el pretexto de liberarlos del Califato Islámico, que debía recular dócilmente hacia la región de Al-Anbar en Irak sin combatir, exactamente de la misma forma que había retrocedido en Jarablus a fin de dejar sitio a los turcos, para quienes la entrada en la plaza Taksim fue mucho más difícil y costosa que entrar en Jarablus, masivamente ocupado por los del Califato Islámico y los terroristas suicidas.

Pero este enésimo proyecto, destinado a compensar el fracaso de la toma de toda Siria por Estados Unidos, y después el fracaso de la toma de su mitad, ha fracasado a su vez, a causa de la resistencia de Deir Ezzor y de la ciudad de Hassaka, en donde velaba el ejército sirio.

Era evidente por esto que el ejército sirio no abandonaría Deir Ezzor, convertida en el Stalingrado del Éufrates, y que la próxima liberación de Alepo significaría que el arco de los combates, diseñado por los planificadores de Estados Unidos y sus cómplices, iba a partirse en pedazos, al quedar la fuerzas sirias en disponibilidad de avanzar a gran velocidad de una Alepo liberada hacia Raqqa y Deir Ezzor; un trayecto táctico más ventajoso que el que va de una Raqqa liberada hacia Alepo. Estados Unidos ha intentado impedir el avance del ejército sirio en la línea Alepo liberada-Raqqa-Deir Ezzor, sobre todo impulsando a los kurdos y a las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias a extenderse para controlar el “arco de los combates”, desde el Éufrates hasta Raqqa. Pero los kurdos han rechazado a descender hacia el sur antes de avanzar hacia el oeste, en vista de que se enfrentarían a un ambiente hostil a su ideología y a su psicología, lo que ha terminado por despertar el monstruo demográfico kurdo del sudeste de Anatolia tan temido por los turcos, que han amenazado con retirarse del proyecto.

Entretanto, no habiendo conseguido liberar al Frente Al-Nosra sitiado en Alepo por el ejército sirio mediante la creación de una brecha en la carretera de Ramussé, al sur de la ciudad, y estando cerrada la ruta norte de Castello a toda ayuda llegada de Turquía, Estados Unidos ha decidido desafiar a rusos y sirios eliminando la barrera de Deir Ezzor mediante esta innoble operación de un pretendido error, ayudados en ello por los turcos, que se han propuesto generosamente para “liberar” Raqqa junto a la Coalición Internacional, como todos los hemos oído explicar recientemente.

Dispararon sus “proyectiles amigos”, seguidos inmediatamente por los asaltos del Califato Islámico sobre Deir el-Zor, sin que ese Califato Islámico haya temido la mirada inquisitiva de la aviación estadounidense, que supuestamente golpea a todo lo que se mueve al oeste de sus bases iraquíes. ¡No veamos en ello ninguna paradoja!

Según este plan, si Deir Ezzor cae, los turcos se abalanzarían hacia Raqqa y Deir Ezzor, mientras que el Califato Islámico se retiraría conforme al mismo escenario que Jarablus, bajo el pretexto de la enorme presión militar; los turcos han acordado con Estados Unidos que la línea del Éufrates sea una región internacional neutra por el hecho de que es una zona de guerra contra el Califato Islámico, con el riesgo de que la reinicie si la Coalición Internacional se retirara. Es preciso pues que el Califato Islámico permanezca sitiado en Irak, para impedir su expansión.

De esa forma Turquía rompería la espalda de los kurdos dividiéndoles en dos mitades situadas al norte de Siria. De esa forma Estados Unidos cortarían a Siria en dos mitades a un lado y otro del Éufrates, que se convertiría en una frontera de una entidad nacida de los hechos consumados como, tal vez, la que se construiría en torno a los esbirros de Al-Julani (fundador de Al-Nosra y actual jefe de Fatah Al-Sham) tras el lavado de su barba chorreante de la sangre de los sirios. De esa forma, el inmenso corredor hacia Asia quedaría cortado entre la puerta del Mediterráneo y la puerta oriental en la frontera de Irak.

Por todos esos motivos, ese “fuego amigo” estaba dirigido a la vez contra Siria y contra Rusia, para imponer el punto de vista de Estados Unidos respecto a Alepo, es decir, la apertura de la ruta de Ramussé conforme a su condición de paso de los convoyes “humanitarios” libremente y sin inspección. Lo que resultaría en una anulación de todo el beneficio obtenido del cerco en torno a Al-Nosra, y a evitar el contenido del acuerdo ruso-americano sobre Alepo, dado que este acuerdo les ha impuesto el reconocimiento de esta organización terrorista como el “enemigo común”, al mismo nivel que el Califato Islámico.

Pero pese a este golpe terriblemente doloroso en Deir Ezzor, la comprensión de sus razones nos lleva a descubrir que el proyecto USA titubea, lo mismo que sus ejércitos islamistas terroristas, y que Estados Unidos está ahora convencido de que el pueblo sirio y sus aliados podrían llegar a ser lo que demoliera sus proyectos y sus ejércitos.

Fuente: http://www.thawraonline.sy/index.php/selected-articles-list/108150-2016-09-19-08-39-11

Tras un acuerdo de paz siempre llega una matanza

Niño asesinado en Hula, Siria, mayo de 2012
Si, en Siria cada vez que alguien firma un acuerdo de paz, es como para echarse a temblar porque después siempre llega una matanza. Pero lo peor es que las matanzas las cometen los mismos que firman la paz. Ha llegado un punto en el que los sirios ya no tienen miedo a la guerra sino a la paz.

El 7 de setiembre los estadounidenses y los rusos firmaron uno de esos acuerdos de paz y se produjo el ataque de la “coalición” al ejército sirio en Deir Ezzor, matando a más de 60 soldados.

Los aviones de la “coalición” se habían equivocado. Le puede pasar a cualquiera. Vas a matar a alguien y acabas con el vecino de al lado que no tenía nada que ver.

Los que no se equivocaron fueron los rusos que, por su parte, unos días después bombardearon un convoy de ayuda humanitaria. Los rusos no se equivocan: donde ponen el ojo ponen la bala.

Suponemos que quienes estén habituados a escuchar este tipo de relatos en los noticiarios se quedarán perplejos. Si no quieren la paz, ¿para qué firman tantos acuerdos y treguas?

Ya hemos perdido la cuenta del número de altos el fuego que se han firmado en Siria. Tampoco somos capaces de recordar el sinfín de ONG humanitarias que desempeñan su benéfica tarea en medio de los tiroteos y bombardeos.

Es la guerra más pacífica y humanitaria que recordamos desde la guerra de Troya. Al principio, cuando la Primavera de 2011, los moderados dijeron que eran pacifistas y que en Siria una guerra civil era impensable, pero hasta el momento lo impensable ha costado unos 300.000 muertos.

Ya nadie se acuerda de que, al principio, la guerra se justificó por razones humanitarias, porque Bashar Al-Assad era un dictador sediento de sangre y había que impedir las matanzas. El remedio es peor que la enfermedad.

En 1945 la Carta de la ONU se firmó para garantizar la paz entre los Estados, la resolución pacífica de conflictos y para impedir que unos Estados se mezclaran en lo que entonces se llamaban los “asuntos internos” de otros.

Tras la caída de la URSS el mundo ya no conoce “asuntos internos” sino todo lo contrario. Ahora los profesores de Derecho Internacional engañan a sus alumnos diciéndoles que existe un fantasmal “derecho internacional humanitario” que obliga a una no menos fantasmal “comunidad internacional” a acabar con los dictadores y las dictaduras para evitar la represión, las detenciones, las torturas, la censura y demás violaciones de los derechos humanos.

Tras la masacre de Hula en mayo de 2012 en la que murieron más de 100 personas, de las que unos 40 eran niños, los medios de todo el mundo reprodujeron las declaraciones de un superviviente de 11 años que se permitía increpar a la “comunidad internacional” con un discurso perfectamente aprendido y argumentado: “el gobierno nos está asesinando y Ustedes no hacen nada por impedirlo”.

La “comunidad internacional” se conmovió por relatos como éste y otros parecidos. Sus respectivos gobiernos, siempre atentos al sentir de la ciudadanía, también se pusieron en marcha, prepararon aviones, munición, misiles…
Pero cuatro años después las matanzas siguen igual, es decir, la guerra ha fracasado porque no ha podido impedir las matanzas sino que más bien parece que las ha alimentado.

Pero en este punto el lector tiene que ser un poco sutil para no confundir una matanza con una guerra y resignarse a admitir la conclusión evidente del “derecho humanitario”: es peor una matanza que una guerra.

Tanto las matanzas como las guerras son siempre culpa de los mismos. En la guerra siempre matan los mismos, y cuando eso no ocurre es por error, que es la teoría que inventó el Ministro del Interior, Martín Villa, durante la transición: “lo nuestro son errores, lo de los demás son crímenes”.

Este es el fundamento del nuevo “derecho humanitario” que enseñan en las universidades, aunque les faltan algunos detalles por pulir. Por ejemplo, en la matanza de Hula ocurrió lo mismo que ahora: el gobierno sirio firma una tregua y unos días después ejecuta la matanza (o se la imputan que tanto da).

Las matanzas, además de acabar con las vidas humanas, acaban también con los acuerdos de paz. Los que nunca han cometido matanzas, como la de Hula, son los moderados del “ejército libre de Siria”. No necesitan ese tipo de atrocidades porque ellos no han firmado ninguna paz. Están contra la paz; por eso no cometen matanzas sino que hacen guerras.

“Si vis pace, para bellum”.

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