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Día: 4 de julio de 2016 (página 1 de 1)

El yihadista del sombrero también es confidente del espionaje británico

Mohammed Abrini
El pasado 26 de junio el periódico londinense Times informó (*) de que uno de los principales organizadores de los atentados de París en noviembre del pasado año, Mohammed Abrini, es un confidente (“supergrass”) de los servicios de inteligencia británicos.

Tras los atentados, la inteligencia británica le habría acogido, proporcionándole una nueva identidad.

Además de los atentados de París, el confidente participó en los atentados de Bruselas de 22 de marzo del pasado año.

El terrorista y confidente belga, miembro del Califato Islámico, participó en el atentado del aeropuerto de Bruselas el 22 de marzo con Najim Lachraoui e Ibrahim El Bakraoui, pero no detonó sus explosivos, siguiendo instrucciones de sus jefes del espionaje británico.

Su hermano murió en Siria luchando en las filas del Califato Islámico.

Abrini es conocido por el “hombre del sombrero” en las fotos tomadas en el aeropuerto poco antes de la explosión. Era amigo de la infancia de Salah Abdeslam y durante años formó parte de la delincuencia común de los barrios marginales de Bruselas.

El “confidente del sombrero” fue detenido el 8 de abril en el distrito bruselense de Anderlecht junto a otras dos personas, pero su situación judicial es confusa. Está en manos de Bélgica, que aún no le ha llevado a juicio. En su momento Francia solicitó su extradición, pero el fiscal la denegó, posiblemente a causa de las presiones británicas.

Según el Times, Abrini habría proporcionado a los espías británicos informaciones sobre las actividades de los terroristas y sus simpatizantes, por lo que es evidente que las matanzas se conocían con la suficiente antelación como para que se hubieran evitado.

(*) http://www.thetimes.co.uk/article/first-isis-supergrass-helps-uk-terror-police-pcqrtmbz8
Abrini en el aeropuerto de Bruselas ataviado con un sombrero

El fraude del virus del Zika

Una vez agotada la campaña sobre el virus del Ébola, en diciembre del año pasado empezó la del virus del Zika, tan esperpéntica como la anterior, o más. Como toda ofensiva propagandística, incluida la seudocientífica, fueron los medios estadounidenses los que la desataron.

Según la propaganda, sostenida por numerosos “médicos” y “expertos”, incluida la Organización Mundial de Salud, el virus del Zika, que está patentado por la Fundación Rockefeller, se transmite a través de los mosquitos y, entre otros efectos, causa microcefalia en los fetos de las mujeres gestantes.

No hay motivo ninguno para el pánico. La campaña es otra intoxicación; conocido desde hace tiempo, el virus del Zika es inofensivo, como la inmensa mayoría de los virus (por no decir todos).

En Brasil los médicos de las zonas afectadas por el Zika reconocieron (1) que el incremento de los casos de microcefalia se debe a un insecticida, el piriproxifén, utilizado para matar las larvas de los mosquitos en el agua potable.

El piriproxifén provoca malformaciones en las larvas de los mosquitos y en los últimos 18 meses se estaba añadiendo al agua potable en las regiones del nordeste de Brasil. Hasta ahora el insecticida japonés nunca se había utilizado en tales cantidades en los pozos de agua potable y no deja de ser significativo que algo inventado para prevenir la proliferación del Zika cause exactamente los mismos efectos que trata de prevenir. No es el primer caso en la historia de la medicina.

La empresa que fabrica el insecticida es la multinacional japonesa Sumitomo Chemical y tanto el New York Times como otros medios internacionales de comunicación calificaron de “conspiranoicos” a los médicos brasileños, apoyándose en las opiniones de determinados “expertos” que, como suele ocurrir, se prestaron a seguir echando tierra encima.

El problema es que ahora el New England Complex Systems Institut de Cambridge publica un estudio (2) que refuerza el diagnóstico de los médicos brasileños. Por su parte, el Science Daily informa que en Brasil la tasa de microcefalia está por encima de los 1.500 casos confirmados, mientras que en Colombia la cifra salta a las 12.000 mujeres embarazadas con Zika. La diferencia es que en Colombia ninguno de los fetos padece microcefalia (3).

Tras abandonar la pista del Zika, los investigadores New England Complex Systems Institut han seguido la del insecticida, descubriendo que el piriproxifén actúa como una hormona juvenil que corresponde en los mamíferos a las moléculas reguladoras que contienen ácido retinoico, un metabolito de la vitamina A con el que tiene un reacción cruzada y su aplicación en el transcurso del desarrollo provoca microcefalia.

La multinacional japonesa aduce que las pruebas con su insecticida no acreditan la toxicidad en el desarrollo, lo cual es falso. En ratas recién nacidas no sólo indican microcefalia sino una débil masa cerebral y arinencefalia, es decir, una formación incompleta de los hemisferios cerebrales anteriores. Por tal motivo, los investigadores de Cambridge aconsejan suspender el tratamiento del agua potable con el piriproxifén, “a la espera de un estudio más profundo”.

El esperpento del Zika es paradógico también por otro motivo: porque la propia alarma desatada por la microcefalia ha conducido a que los países aumenten las compras de insecticida a la multinacional japonesa para impedir la propagación del Zika.

La medicina moderna va de una pandemia a otra y de un fraude a otro, con recomendaciones tan repugnantes, como la de la Organización Mundial de la Salud, que pidió a los países latinoamericanos que permitieran abortar a las mujeres embarazadas diagnosticadas de Zika. Realmente asqueroso.
(1) http://www.inquisitr.com/2795367/pyriproxyfen-not-zika-virus-responsible-for-microcephaly-spike-probably-not-says-ph-d/
(2) http://necsi.edu/research/social/pandemics/statusreport
(3) https://www.sciencedaily.com/releases/2016/06/160624150813.htm

Terroristas que son demócratas contra demócratas que son terroristas

Ajmed Chataiev, yihadista y refugiado
El 29 de junio el aeropuerto de Estambul padeció un sangriento atentado perpetrado por tres kamikazes, de los que uno era checheno, Ajmed Chataiev, alias El Manco, un “refugiado político” en Austria, protegido por Amnistía Internacional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Su caso muestra el doble rasero de las ONG y las instituciones europeas, que persiguen a las organizaciones revolucionarias como si fueran “terroristas” y protegen a los terroristas como si fueran “revolucionarios”. A ese cinismo típico de Europa le llaman “protección de los derechos humanos”.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó la petición de Rusia para que Chataiev fuera extraditado y juzgado. De haber accedido, los 44 muertos del atentado de Estabul estarían ahora vivos, incluido Chataiev, que estaría en la cárcel. Pero como a Rusia no le han puesto la etiqueta de “país democrático”, sino todo lo contrario, ya que persigue a valerosos “demócratas”, como Chataiev…

Tras el atentado, el propio gobierno de Turquía sacó el nombre de Chataiev como uno de los autores del mismo, así como su pertenencia al Califato Islámico en cuyas filas desempeñaba el papel de encargado del adiestramiento de los yihadistas rusófonos.

Tras la segunda guerra de Chechenia, El Manco fue detenido por su pertenencia a una organización armada, pero se fugó y en 2001 huyó de Rusia. Dos años después Austria le concedió el estatuto de “refugiado político”, es decir, como si fuera la típica víctima de una guerra con la que nada tenía que ver. Naturalmente que, dado que él no tenía la culpa de nada, el verdadero culpable era Putin, un dictador…

A Chataiev le llaman El Manco porque perdió un brazo cuando preparaba una bomba para un atentado que le explotó sorpresivamente antes de tiempo.

Las peticiones y advertencias de Rusia a los países de la Unión Europea fueron inútiles, las órdenes de busca y captura se apoyaban en pruebas falsas, una maquinación típica de una policía corrupta y manipulada por el poder… Sin embargo, las evidencias no podían ser más claras: en 2010 le detuvieron a Chataiev en Ucrania y entonces el ministro del Interior ya anunció públicamente que en su agencia figuraban contactos con importantes y conocidas figuras del terrorismo.

Rusia volvió a pedir la extradición y, a pesar de que en aquella época al gobierno ucraniano le acusaban de ser una marioneta de Moscú, se produjo una situación que luego se ha demostrado típica: la coalición de los neonazis ucranianos con los yihadistas. En el nombre de Bandera, el grupo “nacionalista” Trizub se manifestó a favor de su liberación, una petición a la que se sumó… Amnistía Internacional, nada menos, así como la Comisión Europea de Derechos Humanos, que pidió que no fuera extraditado a Rusia porque era un “refugiado político” de Austria, porque en Rusia no podría tener un juicio “justo”, porque corría el riesgo de ser torturado, algo habitual en Rusia…

El resultado de aquello se lo pueden imaginar.

Al año siguiente le volvieron a detener, esta vez en la frontera entre Bulgaria y Turquía, pero a El Manco los organismos europeos le habían concedido una verdadera patente de corso: seguía siendo un “refugiado político”, carta blanca, un salvoconducto que otra vez le iba a salvar de la injusta persecución de Rusia.

Pero no hay dos sin tres y en setiembre de 2012 le volvieron a detener a Chataiev en Georgia, esta vez durante una operación de las fuerzas especiales. Le ocuparon varias granadas, le acusaron de tenencia de armas, Rusia volvió a exigir su tradición… y le volvieron a poner en libertad bajo una fianza de 3.000 dólares. Sus padrinos tenían tentáculos por todo el mundo.

Dopado por los miles de millones de euros que ha recibido de Alemania gracias a los refugiados, el gobierno de Turquía guarda silencio sobre el caso Chataiev, pero la responsabilidad de Austria y de las instituciones europeas en el atentado de Estambul no puede ser más evidente. Las víctimas del terrorismo deberían exigir, al menos, una declaración pública de disculpa.

Este tipo de situaciones sólo se explican porque se trataba de un checheno, porque está por medio Rusia, que es tanto como decir que El Manco no era un terrorista sino una víctima del terrorismo… ruso.

En eso consiste la famosa “lucha contra el terrorismo” en la que están embarcados los imperialistas desde el 11 de setiembre de 2001.

Fuente: http://www.comite-valmy.org/spip.php?article7331

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