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Día: 29 de junio de 2016 (página 1 de 1)

Alemania amenaza a las ratas que abandonan el barco de la Unión Europa

Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas
El gobierno alemán tenía un plan preparado para el Brexit. El diario económico Handelsblatt asegura (*) que tiene una copia de dicho plan. Se trata de un informe de ocho páginas elaborado por el Ministerio alemán de Finanzas de Wolfgang Schäuble que establece la estrategia alemana para el futuro, el suyo y el de la Unión Europea.

En esencia, consiste en utilizar la salida del Reino Unido para “dar ejemplo” o, aún mejor, para “dar un escarmiento” a quienes quieran seguir su ejemplo, entre ellos Francia, donde las últimas encuestas muestran que más de la mitad del electorado es partidario de abandonar la Unión Europea.

Sin embargo, lo más significativo del plan es que Alemania ya no quiere “profundizar” en una mayor integración europea, ni en más “solidaridad financiera”. Que cada cual se las apañe como pueda.

Tampoco es ninguna novedad; lo dijo la propia Merkel en un discurso pronunciado el viernes: el Brexit significa una ruptura de la integración europea.

Alemania abrirá con Londres “negociaciones constructivas” con el objetivo de lograr un “acuerdo de asociación” con el Reino Unido, parecido al que hay con Noruega, Islandia o Liechtenstein, aunque se parecerá más al que hay firmado con Suiza o Ucrania.

El Reino Unido tendrá un “acceso limitado” al mercado común porque “no se debe ofrecer un acceso automático al mercado único”, dice el documento. Las relaciones entre ambas partes serán libres, siempre que encuentren un interés compartido, de tal manera que Londres no pueda “elegir” su acceso.

El objetivo es impedir el efecto contagioso de la salida de la Unión Europea en terceros países. La imitación será proporcional al trato que a partir de ahora reciba el Reino Unido por parte de Bruselas. No se puede admitir una salida cómoda.

El contagio tiene nombres y apellidos. Se trata de advertir a Francia, Austria, Finlandia, Holanda y Hungría, aunque falta un dato importante: en el caso de una nueva crisis financiera, por ejemplo en Italia, ¿mantendrá Berlín su postura?

El plan se concentra sobre los futuros planes de reforma de la Unión Europea. Los sicarios de Schäuble ponen en guardia contra el riesgo de que Francia e Italia utilicen el Brexit para sembrar incertidumbre y exigir más “solidaridad financiera”, es decir, que Alemania siga sufragando las próximas quiebras.

Si todo sigue como hasta ahora, en la zona euro no habrá más “socialización de las deudas”, es decir, garantías para los depósitos bancarios, ni para las acciones, ni para los préstamos.

Pero Schäuble no cierra todas las puertas sino que impone condiciones para una mayor integración económica; quiere un control mayor sobre la política presupuestaria de cada país y quiere, además, ponerlo por escrito es decir, cambios en los tratados constitutivos de la Unión Europea.

Como eso es prácticamente imposible, Alemania cerrará el grifo del dinero y no se esforzará en una batalla perdida de antemano. La Unión Europea ha tocado techo; a partir de ahora empieza la caída, es decir, empezarán a caer los países más débiles y España está en la primera línea de salida.

Ahora es el momento de ver en acción a esos fantoches que hablan de la salida del euro y de la Unión Europea.

(*) http://www.handelsblatt.com/politik/international/brexit-referendum/brexit-news/eu-ohne-grossbritannien-der-brexit-wird-fuer-deutschland-teuer/13783492-2.html

Merkel anuncia un rearme militar a gran escala

Alemania prepara un refuerzo sin precedentes de su ejército, según se desprende del discurso que pronunció Merkel el martes de la semana pasada en el Seminario de Economía de la CDU celebrado en Berlín. “Nos enfrentamos a conflictos asimétricos de una amplitud desconocida hasta la fecha”, dijo Merkel dirigiéndose a los principales representantes de los monopolistas alemanes. “La capacidad de defensa” de la Unión Europea, “no está adaptada por sí misma para garantizar la seguridad de nuestra región”, añadió la canciller alemana.

Para pedir una escalada armamentista en Europa, Merkel comparó en su discurso el porcentaje de gasto militar de Alemania (1,2 por ciento del PIB) con el de Estados Unidos (3,4 por ciento) porque a la larga no se puede encomendar a terceros que se encarguen de la defensa propia.

Vuelve, pues, el militarismo alemán, como reconoce la prensa, que se une al viraje en la política exterior anunciado en la Conferencia sobre Seguridad celebrada en Munich en 2014 por el presidente Joachim Gauck, el ministro de Asuntos Exteriores Frank-Walter Steinmeier y la ministra de Defensa Ursula Von der Leyen.

Como suele suceder en Alemania, lo mejor es la reacción de la prensa. El periódico económico Handelsblatt habla de “viraje histórico”. En los últimos 25 años, dice Handelsblatt, todos los partidos parlamentarios han hablado de paz y, sobre todo, de los beneficios que ha traído a Alemania porque se ha logrado gracias a una reducción al límite de los presupuestos militares.

La nueva era no es consecuencia del azar, dice Handelsblatt, sino de que el terrorismo y la guerra de Ucrania han alarmado a Berlín, imponiendo nuevas exigencias al Bundeswehr (ejército federal) en proyectos de disuasión de la OTAN dirigidos contra Rusia.

La explicación del Handelsblatt es el chocolate del loro. Como suele ocurrir cuando se trata de un periódico económico, la verdadera explicación del rearme viene un poco después: la explicación de la modernización militar es la adquisición de materias primas y nuevos mercados para una industria alemana necesitada de exportaciones.

A comienzos de 2013 el mismo diario ya publicó un editorial titulado “Expedición materias primas: el nuevo curso de Alemania” en el que destacaba que “las anteriores medidas políticas adoptadas para garantizar las materias primas han alcanzado sus límites” y que el gobierno debía estar dispuesto a la guerra para asegurarse los recursos que necesita.

En un largo artículo dedicado al Brexit, la revista Der Spiegel pone otro factor encima de la mesa. No sólo previene acerca de la posible desintegración de la Unión Europea sino de que eso puede romper la alianza con Estados Unidos. En tal caso, como mayor potencia europea central, Alemania estaría obligada a “desempeñar un papel dirigente”.

Otro artículo significativo es el escrito por Steinmeier, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, para la revista Foreign Affairs con el título “El nuevo papel mundial de Alemania” en el que destaca el distanciamiento creciente entre Alemania y Estados Unidos y la reivindicación del papel de superpotencia mundial que corresponde a Alemania, que está obligada a “reinterpretar” los principios que guían su política exterior desde hace medio siglo.

Hablando de Alemania, para que no falte de nada, Handelsblatt reconoce que Alemania tiene una dilatada experiencia. Los mismos monopolistas (“gigantes de la industria”) que rearmaron la Wehrmacht en tiempos de III Reich diseñan ahora nuevos carros de combate para el nuevo ejército federal. Empresas como Krauss-Maffei Wegman (KMW) y Rheinmetall excavan un depósito secreto para recuperar viejos tanques comprados a Austria y Suecia. En total, la industria de guerra ya ha comprado 100 carros de combate Leopard 2 para ser reutilizados por el Bundeswehr.

El gobierno ha elaborado un informe con un total de 20 nuevos proyectos militares presupuestados en 60.000 millones de euros. Además de carros de combate, el rearme comprende helicópteros de apoyo Tigre, un avión de transporte A400M, varios Eurofighter, misiles Iris-T y buques de guerra Meteor, entre ellos fragatas, corbetas, un navío de combate multimisión 180 y un sistema de defensa aérea táctico.

¿Por qué el marxismo no es ninguna teoría?

Juan Manuel Olarieta

En la actualidad cada vez más escritos aluden a la teoría marxista del valor, o a la filosofía marxista, o a la teoría marxista de la historia, o a la crítica de la sociología. Como poco, es una manera errónea de expresarse y conduce a equívocos aún más importantes.

El marxismo no es una teoría y, aunque lo fuera, nunca sería una teoría como la de la relatividad, por ejemplo. Cuando Lenin dice que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionaria, no se refiere a cualquier clase de teoría. Una teoría revolucionaria es lo menos parecido a una teoría corriente.

Entre los marxistas es un tópico hablar de la unión entre la teoría y la práctica, una dualidad que sirve precisamente para justificar una teoría y para aseverar, además, que la veracidad de tal teoría se demuestra en la práctica.

Es pura retórica. Cuando alguien termina de leer ese tipo de “teorías marxistas” es imposible entender a qué conducen, dónde está la práctica en medio de ese fárrago de escritos. No me refiero sólo a una práctica de carácter revolucionario, sino a la práctica sin más.

Ese “marxismo” es preocupante no sólo porque a cualquier cosa le llame teoría sino, además, porque a cualquier cosa le llama práctica. En sus documentos se critican muchas teorías pero jamás se critican las prácticas (cuando existen).

Es cierto que hablan de la práctica, pero lo hacen de manera ritual porque la han convertido en otra teoría más. Son teorías construidas sobre otras teorías que acercan al marxismo al kantismo, al sicoanálisis o al keynesianismo.

Si fuera una teoría, el marxismo estaría al lado de otras teorías o en oposición a ellas, al modo “crítico” que algunos catedráticos pretenden, esto es, transformando al marxismo en una “filosofía crítica” o en una “economía crítica” y cosas parecidas. No es nada por sí mismo sino una ideología parásita que vive de la  “crítica” de las demás.

Eso que califican como “crítica” se presenta también como “lucha ideológica” en la que el marxismo aparece en medio de una ensalada de doctrinas, corrientes y opiniones aparecidas a lo largo y ancho de la historia del pensamiento humano.

El colmo del marxismo es el de quienes, precisamente para oponerse al marxismo como teoría, recuerdan aquello de que no es para tanto: “sólo” es una “guía” para la acción.

En 150 años el marxismo ha tenido un vuelco importante. En su época a Marx y Engels nadie les consideraba como unos “teóricos”. Muy pocas de sus obras se publicaron; muy pocos las leyeron y casi no se tradujeron a otros idiomas.

Lo que dio aire a la “teoría marxista” fue la práctica: la Revolución de Octubre. Sin ella nadie se acordaría hoy de Marx y Engels.

Los fundadores del marxismo no tuvieron que vivir toda su vida en el exilio por sus escritos. La policía prusiana no les persiguió por ello sino porque eran “peligrosos agitadores”, como se decía entonces, que es como hoy decir que eran “terroristas”.

Desde entonces, desde 1917 la burguesía está intentando que el marxismo deje de ser lo que es para convertirlo en una teoría que, como cualquier otra, tiene sus seguidores, sus maestros, su enseñanza, su cuerpo de doctrinas… y sus detractores, naturalmente.

La burguesía ha incorporado el marxismo a la manera que dice el refrán: si no puedes derrotar a tu enemigo, únete a él. Si hoy un profesor de instituto tiene que explicar el marxismo, cosa extraña, te enseña con toda naturalidad lo que es la alienación, pero no te habla del hambre, o del desempleo, o de la guerra, ni de sus causas, ni de cómo acabar con situaciones así.

Las diversas “teorías marxistas” han acabado convertidas en nuevas formas de socialismo utópico, de esa sociedad idílica que nunca ha existido, ni existirá. Lo que dicen es que la teoría está bien pero la práctica, la Revolución de Octubre y la construcción del socialismo en la URSS, han sido frustrantes, por no decir contraproducentes.

Justamente cuando llega la práctica, esos “marxistas” se muestran siempre tal y como son. Es una actitud que no se limita sólo a cierta intelectualidad exquisita sino que está mucho más extendida de lo que cabe imaginar. Las teorías se concentran siempre en los objetivos, cuanto más alejados mejor, pero no hablan nunca de la manera de conseguirlos, de la organización, del trabajo político, de la agitación, de las manifestaciones ni de pintar murales.

Las teorías deslumbran. Son propias de grandes intelectuales, mientras que el esfuerzo cotidiano es propio de masas anónimas, sin diplomas, que no escriben y cuya huella, por lo tanto, no es de tipo intelectual. Sin embargo, su obra es la única que pasa a la historia. Nunca hay que olvidar que el motor de los acontecimientos no son los escritos de nadie sino las acciones de las masas.

Si el marxismo no es una teoría, ¿qué es exactamente? Pues es como la música en vivo y en directo, cuya huella tampoco es sólo intelectual. Tan erróneo es creer que en un concierto no hay partitura, que todo se improvisa, como confundir la música con las notas de un pentagrama, ni mucho menos con la crónica que escribe un crítico musical.

Los marxistas no son críticos musicales sino músicos que actúan en vivo y en directo, y quiero hacer hincapié en el significado del término “actuar”. Tienen su orquesta, que es colectiva, su partitura, ensayan una y otra vez, afinan los instrumentos, prueban el sonido, suenan armónicamente y en cada concierto de manera diferente, improvisan, se emocionan y emocionan al público… y muchas cosas más que no están en el manual de ningún crítico musical.

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