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Día: 22 de junio de 2016 (página 1 de 1)

El gobierno francés prohíbe una manifestación por primera vez desde hace decenios

Esta mañana el gobierno francés ha prohibido una manifestación contra la reforma laboral, un hecho inédito que no se producía desde hacía más de medio siglo.

La decisión la ha tomado el prefecto después de que siete sindicatos rechazaran limitar la protesta a una concentración que la policía podría controlar más fácilmente.

En un comunicado, los dirigentes de los sindicatos FO y CGT, Jean Claude Mailly y Philippe Martinez, han reaccionado exigiendo ser recibidos inmediatamente por el ministro del interior Bernard Cazeneuve.

Las amenazas de la policía no han surtido ningún efecto. Ayer 130.000 personas firmaron un manifiesto afirmando que no respetarán la prohibición de manifestarse impuesta por el prefecto.

La prohibición de una manifestación en Francia es un hecho sin precedentes, según ha reconocido el diputado socialista Christian Paul, uno de los que más enérgicamente se oponen a la reforma laboral de su partido.

Hay que remontarse a 1958 para encontrar la vez anterior que se prohibió una manifestación convocada por los sindicatos.

Mailly, el dirigente de FO (Fuerza Obrera), ha afirmado a la radio RMC que su el gobierno prohibía la manifestación, habría que incluir a Francia en el pelotón de países a los que no se puede calificar de democráticos.

Los dirigentes sindicales ponen de manifesto una increíble escalada “autoritaria” por parte del gobierno de Manuel Valls para hacer frente a las multitudinarias protestas obreras que recorren las calles francesas desde el mes de febrero.

Son varios los medios que han hablado abiertamente de “guerra civil” para describir el clima de enfrentamientos y sabotajes cotidianos, que ya han causado un número elevado de heridos y decenas de detenidos.

El clima de “guerra civil” en Francia se desata en medio del estado de emergencia impuesto desde hace meses por los atentados yihadistas de París, que el gobierno socialista de Hollande y Valls ha venido prorrogando sin ningún fundamento.

La socialdemocracia vuelve a demostrar que no sólo es la fuerza de choque encargada de intensificar la explotación de la clase obrera, sino también de imponer el clima de terror que necesariamente los acompaña.

El silencio sobre un crimen contra la humanidad muy inconveniente

“Las violaciones de derechos de la minoría musulmana de los rohingyas en Birmania, especialmente el derecho de ciudadanía, los trabajos forzados y las agresiones sexuales, podrían ser consideradas como crímenes contra la humanidad”, advirtió el lunes un informe de la ONU.

El documento del Alto Comisariado de la ONU para los derechos humanos analiza el tratamiento de las minorías étnicas y religiosas en el país asiático y denuncia importantes crímenes cometidos contra la minoría musulmana, llamados rohingyas.

La ONU considera que dichos crímenes son sistemáticos y tienen una enorme amplitud, lo que puede desembocar en una acusación contra Birmania por crímenes contra la humanidad ante un tribunal internacional.

A causa de los saqueos, los incendios y los matanzas los rohingyas huyen de Birmania hacia los países vecinos, muchos de ellos atravesando el océano en patera y muriendo por centenares en el trayecto.

Sin embargo, desde siempre su grave situación es objeto de un silencio absoluto que forma parte de la ola islamofóbica que -de forma sistemática- convierte a los musulmanes en autores y en ningún caso de víctimas de crímenes atroces.

El silencio no sólo es mediático sino que concierne muy especialmente a las ONG, una de cuyas tareas es la denuncia de hechos tan graves como los que padecen los rohingyas. Cabe exceptuar a Humans Rights Watch, que el año pasado publicó un estremecedor informe de 170 páginas.

Se titulaba “All you can do is pray, Crimes against Humanity and ethnic cleansing of Rohingya Muslims in Burma’s Arakan State” (Todo lo que Usted puede hacer es rezar. Los crímenes contra la humanidad y la limppieza étnica de los musulmanes rohingya en el Estado birnamo de Arakan). Antes se podía leer en una dirección de internet (http://www.hrw.org/sites/default/files/report/burmah0413) que ya no existe.

Otra excepción es la del Centro Skjodt para la prevención de los genocidios, dependiente del Museo del Holocausto de Washington, que envió a un equipo de expertos en marzo de pasado año, pero sus conclusiones no han tenido ningún eco.

Pero el colmo del cinismo llega en abril del año pasado de la mano de los campeones del cinismo, la Comisión Europea, que publica un informe canallesco (“The Rohyngia Crisis, EchofactSheet”) en donde la situación de los rohingya se califica como una “crisis humanitaria” o conflicto entre dos colectivos humanos provocado por el control de los recursos naturales.

El tratamiento propagandístico discriminatorio que lleva a cabo el imperialismo privilegia al budismo porque los medios de propaganda del imperialismo no sólo crean países buenos y malos, sino también religiones buenas y malas de manera esencial, es decir, que una religión -cualquiera que sea- es la misma por encima de factores tales como el país, el lugar, la clase social, el Estado, la cultura o la confesionalidad.

En este reparto de papeles, el budismo siempre es bueno por sí mismo y sus practicantes se nos muestran como gentes pacíficas.

A pesar de la dramática situación de los musulmanes birmanos, los imperialistas no han impuesto ningún bloqueo contra el país, ni han declarado una guerra contra su gobierno para derrocarlo y democratizarlo.

La burguesía siempre discrimina. Además de cadáveres, establece minorías de primera y de segunda.

Más información:
Cuando el terror viste ropajes budistas:
https://mpr21.info/2015/11/cuando-el-terror-se-viste-de-monje.html

Las mujeres africanas se unen contra los microcréditos

Fátima Martín

Ser mujer, pobre y africana. Son los tres requisitos preferidos por los buitres de los microcréditos que, con la excusa de combatir la pobreza y con el beneplácito de organismos como Naciones Unidas, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) o el Banco Europeo de Inversiones (BEI), las estafan, las endeudan y las arruinan. Sus víctimas han sufrido amenazas e incluso cárcel, como en Mali; han perdido a sus familias, han caído en la prostitución o se han suicidado, como en Marruecos; o se han sobreendeudado para no morir por no poder pagar una cesárea, como en Congo Brazzaville.

Pero las mujeres africanas de distintos países se están liberando, juntas, de la esclavitud de las microfinanzas. Tuvimos la oportunidad de conocer a varias de ellas en el transcurso de la Asamblea Mundial del Comité Por la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), que tuvo lugar en abril en Túnez. Nos contaron sus experiencias.

Fatimata Boundy es una profesora jubilada de Mali. Asegura que en su país hay decenas de mujeres encarceladas por no poder hacer frente a las deudas provocadas por microcréditos de unos 150.000 francos CFA (unos 228 euros). Son mujeres que se dedican a la actividad informal, al pequeño comercio, al mercado ambulante, etc. En el momento en que no pueden devolver los intereses abusivos, son presionadas, se les quitan sus bienes e incluso son detenidas. Los juicios aún no se han producido. “He­mos pedido solidaridad internacional. Habrá un encuentro de mujeres en Mali en 2017”, anuncia.

El de Mali se producirá después de la caravana internacional reivindicativa de mujeres contra los microcréditos que se celebró en Ouarzazate (Marrue­cos) en 2014. Fatimata participó en ella y pudo escuchar los testimonios de las víctimas marroquíes. “Una mujer, por culpa de las deudas, perdió su trabajo, a su marido y su único hijo se fue a la aventura. Me puse en su lugar y me llené de dolor. Ese día lloré”, relata.

Fátima Zahra, estudiante marroquí de francés, de 30 años, explica que los agentes de las microfinanzas despachan microcréditos a mujeres que no saben leer ni escribir a intereses que pueden alcanzar el 45 por ciento. Como garantía, van a sus casas para ver si tienen algo de valor. Cuando ya no pueden pagar, vuelven a sus casas y las obligan a vender sus bienes.


“Algunas mujeres se han prostituido. Otras se han suicidado. O han escapado de sus casas por la humillación y pierden a sus familias. Sus problemas con los microcréditos se trasladan a sus hijos, que dejan de estudiar para ayudar a sus madres a pagarlos. Incluso han llegado a ofrecer préstamos a niños en el instituto. Esto provoca problemas psicológicos y sociales”, explica.

Con 12 instituciones y más de un millón de clientes activos con una exposición de 500 millones de euros, el sector de las microfinanzas en Marruecos es el más dinámico de la región de Oriente Medio y Norte de África, según el Fondo de Financiación de Or­ganismos de Microfinanzas en Marruecos (Jaïda). Su web informa sin pudor de que “la tasa de interés está liberalizada”.

Las instituciones locales de microfinanzas están amparadas por el régimen marroquí, el Majzén, financiadas por el sector financiero marroquí (Bank Al-Ma­ghrib o Cai­sse de Dépôt et de Gestion) y extranjero, y subven­cio­nadas por organizaciones internacionales como el Progra­ma de Naciones Unidas para el Desa­rrollo (PNUD), la USAID, el BEI o la Agencia Españo­la de Coo­peración Internacional para el Desarrollo (AECID).

Entre los accionistas fundadores de Jaïda figuran entidades presuntamente dedicadas al de­sarrollo, como la alemana KfW y las francesas Caisse de Dépôts et Consigna­tions y la Agencia Fran­cesa de Desarrollo. A menudo, detrás de estas instituciones de microcréditos hay importantes personalidades nacionales o internacionales.

La asociación de microcréditos INMAA está vinculada a la ONG AMSED y a PlanetFinance, del “capo” Jacques Attali, fundador de Acción contra el Hambre, mientras que Al Amana ha tenido como presidente de honor a Driss Jettu, ex primer ministro de Marruecos con Mohamed VI.

“La banca internacional tiene intereses estratégicos en el contexto global político y económico entre Norte y Sur. La pobreza es su mercado”, asegura Fátima Zahra. En su opinión, el movimiento de asociaciones de víctimas de los microcréditos es muy importante para “mujeres que han sido capaces de liberarse de todos los dogmas patriarcales, salir a la calle a luchar contra las políticas neoliberales y dejar de pagar. También para rebelarse contra la austeridad que impo­nen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mun­dial (BM), auténticos respon­sables. No hemos ganado todas las batallas, pero seguimos”.

Amélie Kiyindou, representan­te farmacéutica de Congo Bra­zzaville, explica cómo su país aceptó el Programa para los Países Pobres Muy Endeudados del FMI y el BM, y cómo no invirtió en programas de salud, de modo que las mujeres o se endeudan con microcréditos para poder recibir asistencia sanitaria o mueren porque no pueden pagar una cesárea.


Los microcréditos se presentan como una vía para que las mujeres salgan de la pobreza, pero en realidad los intereses les obligan a devolver más de lo que ganan, de modo que encadenan un préstamo con otro. “Las que somos conscientes de estas nefastas consecuencias lo que hacemos es informar sobre los riesgos del círculo vicioso del endeudamiento”, añade. Es curioso cómo el FMI promueve conferencias que llevan por título “Finanzas para todos: promoviendo la inclusión financiera en África Central”, y que animan a mujeres pilares de sus familias a caer en las garras de las microfinanzas.

Émilie Atchaka, campesina de Benín, ha encontrado una salida autogestionaria a las necesidades de financiación de las mujeres de su comunidad. Tras los draconianos programas de ajuste estructural que impuso el FMI a su país desde 1989, su marido perdió el trabajo.

Madre de cuatro hijos, tuvo que ser ella la que llevara dinero a casa. Basándose en un sistema de colecta tradicional en África llamado “tontina”, creó el Círculo de Autopromo­ción para un Desarrollo Dura­dero, “nuestro propio banco de mujeres”, con intereses bajos “que se destinan a formación”. “Nosotras hemos creado esta alternativa porque el Gobierno no ha asumido su responsabilidad”, sostiene.

Émilie cuenta que la desfachatez de las empresas de microcréditos llega al punto de anunciar a través de la radio los nombres de sus morosas. Para ella, “todo esto nos lleva a mucha reflexión. El FMI y el BM han sobreendeudado mi país. Sus programas de ajuste estructural han hecho que las mujeres contraten los microcréditos, que están financiados por la banca mundial. Es una herramienta que arruina a las mujeres, las conduce al sobreendeudamiento y al empobrecimiento. No tienen nada de social, sólo de aprovechamiento. Ahora la misma austeridad se ha instalado en el Norte. Una austeridad que no hace de­sarrollar nada. Todos los pueblos tienen que tener mucho cuidado con estas instituciones de microcréditos, que son las migajas de la banca mundial. Hay que hacer un seguimiento estricto a esas instituciones y eliminarlas”.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/global/30608-mujeres-africanas-unidas-contra-microcreditos.html

El diván (no confundir con ‘Diván El Terrible’)

B.

Disculpen el mal chiste, pero no somos perfectos aunque lo parezcamos a veces. Perfecto,  perfecto, lo que se dice perfecto, es el “cero”, guarismo árabe, redondo, cerrado, y que, si le pones a la derecha de la unidad, del uno (1), suma, y si le colocas a la izquierda del 1, no suma. Hay un dicho popular, que seguro sabe el lector, que dice que “eso vale menos que un cero a la izquierda”. Refrán susceptible de ser personificado y en vez de “eso”, puede decirse “ese”.

Nada tiene que ver esta entradilla con el diván del que algo diremos hoy en plan “¿sabías que…?” Y es que decir “diván” es asociarlo automáticamente con “psicoanálisis”, ¿no es cierto? Pero sus orígenes son otros y lejanos. El antecedente del nombre se encuentra en Turquía, ¿cuándo?, pues no sé a ciencia cierta, pero antes de nuestra era (o de Cristo, para los creyentes o fabuladores). Y bastante antes.

En efecto, el término “diván” proviene de “diwan”, una palabra árabe de origen persa cuya idea clave es la de reunión. El “diwan” era una sala con almohadones alrededor donde se reunía el Consejo del Sultán y su Tribunal para resolver asuntos de Estado.

Eran hábitos del lugar que los europeos importaron e hicieron moda de lo turco (épocas del imperialismo europeo) la sultana, la otomana, el diván y, cómo no, la famosísima “cama turca”, que de tantos apuros ha sacado a los miembros de la clase obrera cuando aparece en su casa un familiar de en tomar por saco con justo el petate. Adelantemos que el diván turco original no tenía patas (como un “puf” iraní o persa) como sí tienen las sillas europeas, ¿por qué? Ahhhh…

El diván era producto -si de muebles hablamos- de una época de lujo. Se caracterizaba por tener un extremo levantado en forma de cabezal -imagine el lector/a, es la última vez que no uso el transgenérico, una peli de Woody Allen y sus neuras pequeñoburguesas neoyorkinas-  y era usado durante las horas del día como lecho de reposo, siendo preferido a la cama propiamente dicha: “voy a echar una cabezada”, decimos tumbándonos en el sofá con la tele encendida como somnífero; “voy a echar una divanada”, dicen los turcos y otras gentes de mal vivir.

Decir diván y no asociarlo a Freud, el inventor del psicoanálisis, vale decir, es harto difícil. En la época en que Freud empezó a usar el diván, este asiento era un elemento común de decoración en los hogares orientales. Y como él, Freud, trabajaba en casa, vino a sustituir la camilla del médico. Era ofrecerle al paciente una situación de reposo en la que estuviera cómodo, sin tensión, relajado, y no delante de un dentista, a quien esto escribe agarra de los güevos para “llevarnos bien”.

Un detalle importante, así nos lo parece al menos, y que no sabemos interpretar y por eso dejamos a nuestros miles y miles  y miles de fanáticos de este blog que nos iluminen, es que el sillón (no el diván, ojo, que esto era para el “paciente») en el que se sentara Freud estaba detrás del diván, quedando así fuera de la mirada del paciente. No todos sus “colegas” estaban de acuerdo con esta postura, y nunca mejor dicho, esto es, situarte de modo que no te vea el paciente mientras le “interrogas” para, se supone, no ponerle nervioso (los confesores -medievales- se esconden detrás de una celosía mientras te absuelven de tus pecados imponiéndote, eso sí, una penitencia; la policía no tiene tantos remilgos, te “confiesa” a ostia limpia y enfrente tuyo, los tiempos cambian…)

Diremos, como curiosidad -todo este articulillo es una “curiosidad”– que el diván que usaba Freud, le había sido regalado por una paciente agradecida -Madame Benveniste- en 1890. Se lo llevó consigo, junto a otros enseres, allá donde se tuvo que ir, forzada o voluntariamente.

Buenos días.

Detenido el rapero Pablo Hasel por las denuncias de TV3

El rapero Pablo Hasel fue detenido ayer martes 21 de junio a la puerta de su casa en Lleida por los Mossos d’Esquadra por su “presunta participación en las agresiones a periodistas a principios de junio en la Universitat de Lleida (UdL)”.

Ya condenado en 2014 por la Audiencia Nacional a dos años de prisión por “enaltecimiento del terrorismo”, y con causa pendiente por la denuncia del alcalde de Lleida, Pablo se sumó a la protesta de los estudiantes que mostraban su desacuerdo con la política de la U.E. y de España sobre los refugiados, participando en el encierro estudiantil que se inició el pasado 17 de mayo.

TV3 denunció las supuestas “agresiones a periodistas” del día 2 de junio, y pintadas en la fachada de su sede. Días después los cristales de dicha televisión fueron atacados con piedras y nuevas pintadas: “Manipuladores”, “No sois periodistas”.

Pablo fue de nuevo detenido al mediodía de ayer, y bajo ningún concepto le fue comunicada la causa de su detención, que hizo pública minutos más tarde la agencia EFE.

¡Stop represión de la juventud combativa!
¡Pablo solidaridad!
¡Libertad inmediata!
Al cabo de unas horas, fue puesto en libertad acusado de ‘lesiones y coacción’ y con otra imputación por comentarios contra la monarquía y la policía. Escribirá ya en su hogar un comunicado más largo. Acaba la nota ‘Más motivos para luchar, jamás nos pararán’.
Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/2016/06/detenido-otra-vez-pablo-hasel-represion.html

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