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Día: 1 de junio de 2016 (página 1 de 1)

La explotación de los trabajadores en las minas de oro de Mali

Mientras la guerra asola el norte de Mali, cada día en Kenieba, en el sudoeste del país, ve millares de buscadores de oro cavando incansablemente la tierra para escapar a la miseria y encontrar el filón que les hará ricos. Un sueño en un paisaje de pesadilla.

Con los brazos, Hamidu sube lentamente  de la profunda trinchera que ha excavado durante horas. Los gestos son lentos. El peso de la fatiga, cada vez más pesado. Sobre su cara cubierta de polvo, los rasgos acusan el cansancio. Los músculos de sus manos están casi paralizados.

En el horno, con una temperatura de más de 45 grados, desde las 7 hasta la 6 de la mañana, horadará la tierra sin apenas detenerse, como poseído por la fiebre del oro.

Como él, millares de mineros llegados de todo el país, transforman cada día la región aurífera de Kenieba, a unos 400 kilómetros de Bamako, no lejos de la frontera con el Senegal, en un gigantesco hormiguero a cielo abierto. Fuera de la vista se extiende unos entrelazamientos complicados de galerías, que son otras tantas perforaciones en la tierra árida.

Al fondo de estas minas, los hombres se desloman sin descanso, con la esperanza en el corazón. El oro está en todos los lugares. Lo saben, lo sienten. Es más fuerte que ellos. Esta vez es verdad. El filón está ahí, bajo sus pies. Les está esperando les hará ricos, inmensamente ricos. Adiós a la miseria de los barrios de Bamako, los peligros del norte del país y la guerra civil contra los islamistas  que les ha echado a las carreteras.

A más de 10 metros de profundidad, el minero sube uno a uno los sacos de tierra. Con la mirada un poco perdida, deslumbrado por el duro sol de este final del día, Hamidu también quiere creerlo. A algunos metros de su mina, un joven, casi un niño, llegado del vecino Burkina Faso ha tenido suerte el mes pasado. Ha encontrado  polvo de oro. Una veintena de gramos en el día, una fortuna. Mañana, eso seguro, será su suerte.

Mientras tanto, va a reunirse con sus camaradas en uno de los campamentos de fortuna de Kenieba para descansar y refrescarse un poco. Está formado por algunas casas contraídas con telas, maderas y chapa ondulada recuperadas aquí y allá, su alojamiento está situado a algunos centenares de metros de la mina.

Se va a dormir algunas horas antes de ir a beber una cerveza a uno de los numerosos “maquis” del pueblo minero. Un bar mugriento donde, bajo los neones, en el estrépito del R’n’B, los hombres olvidan en la borrachera y a veces en los brazos de prostitutas nigerianas que llevan aquí el mercado del amor fácil.

Apenas mayores de edad y con los estudios abandonados

Acodado en la mesa, una tapa de bidón solado a una biela, se reúne con sus amigos Abdu, Mussa, Umar y Usmane. Todos han abandonado su familia para venir aquí a tentar la suerte. Hace siete meses que excavan. Su trayectoria es la misma que la de la mayoría de los mineros. Después de llegar en autobús desde Bamako, han puesto en común sus gastos. Apenas mayores de edad, han abandonado sus estudios y han preferido ir a la mina “para ayudar a sus parientes”. Mussa trabajaba con turistas. Pero los sucesos del norte y el relato de los atropellos de los islamistas hicieron huir a los extranjeros. Al perder el trabajo se hizo minero.

La guerra y el temor de ver a Mali hundirse en la violencia enrarecen la atmósfera del campo. Pero, como cada tarde, los cinco amigos rehacen el mundo y cuentan la misma historia que se cuenta en todos los lugares, de Bamako a Mopti pasando por las carreteras que llevan a Kenieba. Es la del hombre de las afueras de la capital que llegó en autobús a la mina y volvió por la misma tarde con dos kilos de oro. Seguramente una fábula, pero que les da siempre esperanza. En este pueblo, surgido de la locura del hombre por el oro, los papeles están bien definidos. Tras el aparente caos, el trabajo minero está perfectamente organizado, y el circuito del oro estrictamente señalizado.

En medio del campamento de los mineros, las tiendas de “quincallería y varios” surgen como champiñones. Alrededor de la calle principal, otras callejuelas salen a derecha e izquierda. Reina una actividad intensa. Esta zona de lavado es conocida desde hace siglos, pero es la primera vez que se explota industrialmente.

Aunque los emplazamientos de algunos filones se transmiten de boca a boca, los mineros emplean ahora detectores de metales comprados en Bamako o alquilados a terceros por un porcentaje del oro descubierto. Cuando el detector suena el buscador comienza a cavar. Después repasa con el dispositivo por encima de la cavidad. Si todavía suena cavará de nuevo; si no, irá a ver más lejos.

El mercurio que envenena el agua de Kenieba

En todos los casos, el polvo fino se mezcla con agua, y luego se filtra. Para seguir un filón, los mineros pueden perforar la tierra hasta más de veinte metros de profundidad, deslizándose entre muros mal apuntalados que a veces no tienen más de 40 centímetros de ancho, con riesgo de ser sepultados entre los escombros y morir atrapados en esta trampa mortal. Cada día son centenares de kilos de tierra los que se suben y se transportan a hombros en sacos de tela, hacia la zona de machacado. Por cada saco los mineros reciben 500 francos CFA, es decir, unos 0,76 euros. Los mismos que cavan son los que llevan los sacos; aquí es la regla. Algunos han comprado su terreno, otros, más pobres, alquilan sus brazos.

En la trituración la tierra se lava, y luego se tamiza en busca del menor polvo brillante. El agua se extrae del río con ayuda de bombas hidráulicas. Alrededor de la zona de triturado, las mujeres manejan las bateas con destreza. En el agua fangosa, a pleno sol, aclaran la arcilla y las piedras molidas por la trituración, con su bebé a la espalda. Todo el mundo está movilizado. El oro manda. El mineral es triturado y luego filtrado hasta obtener un polvo tan fino como la harina. A continuación pasa a una especie de tobogán en donde los escalones de madera están a menudo recubiertos de pedazos de moqueta. El oro, aún adherido a una tierra fangosa, se queda pegado.

Situada en unas bateas cónicas, esta sopa espesa es la última etapa antes de la separación definitiva del oro. Los que manejan la batea hacer girar el agua y el mineral que contiene, dejando escapar, por el borde superior, la parte mas ligera. De repente aparecen minúsculas lentejas amarillas. Algunas depositan una gota de mercurio, ese metal tóxico que amalgama el oro, pero que envenena el agua de Kenieba, para permitir su recuperación final.

El oro se revende a compradores europeos o de Medio Oriente

Cuando un afortunado minero descubre oro, lo revende sobre la marcha a pequeños negociantes que proveen a los intermediarios, o vuelve a Bamako para hacer propuestas a un comprador de las casas de negocio de la ciudad, que recompra el oro en función de las variaciones cotidianas en el precio del mercado internacional (actualmente un gramo de oro de 18 kilates, que corresponde a cerca de un 75 por ciento de oro puro, puede cambiarse a 40 euros).

En los talleres, el polvo y las pepitas son seguidamente fundidos en finas placas, revendidas a compradores extranjeros llegados de Europa o de Medio Oriente. Pero una importante cantidad del metal precioso alimenta también el mercado de la bisutería local. Al final de la jornada no es difícil encontrar el equivalente de 20.000 euros en plaquitas sobre el escritorio de uno de estos nuevos barones del oro. Protegidos por guardaespaldas, algunos de ellos militares del ejército maliense, se benefician del alza mundial de los cambios y de la crisis política por la que atraviesa Mali para enriquecerse.

Unos 20.000 niños trabajando

Las autoridades del país parecer estar superadas por el desplazamiento anárquico de poblaciones hacia los lugares mineros. Según la ONG Human Rights Watch, al menos 20.000 niños estarían trabajando actualmente “en condiciones extremadamente duras y peligrosas” en las minas de oro artesanales del país. “Estos niños ponen literalmente su vida en peligro, asegura la ONG. Llevan cargas más pesadas que ellos, bajan a pozos inestables, tocan e inhalan mercurio, una de las substancias más tóxicas”.

Sin embargo, la legislación maliense prohíbe el trabajo en las minas y el uso de mercurio a toda persona menor de 18 años.  Pero el oro ha cambiado la situación… Según cifras obtenidas por Human Rights Watch del Ministerio de Minas maliense, la cantidad de oro artesanal exportado cada años se eleva a cerca de 4 toneladas, con un valor aproximado de 168 millones de euros. Un maná que atrae toda la codicia en un país al borde de la implosión, y convertidos en unos años en el tercer productor de oro de África, detrás de África del Sur y de Ghana.

Fuente: http://www.lefigaro.fr/international/2013/03/22/01003-20130322ARTFIG00433-mali-la-nouvelle-ruee-vers-l-or.php

Anda como un pato, grazna cuac-cuac, luego es un pato

Bianchi
Lo que tiene el hecho de abandonar lo básico de unos principios que has mantenido y se pretende pasar de matute y contrabando ante la propia parroquia que no lo has hecho, que se trata de «nuevos ciclos», que hay que mirar al futuro y no al pasado, que los tiempos cambian -algo que ya se sabía desde el trovador Dylan en sus mejores épocas-, es que nadie te lo va a agradecer, y siempre te exigirán más en la pendiente y deriva reformista, por no decir degenerada, porque quién le ha visto y quién le ve a la izquierda abertzale: irreconocible.

Del antiguamente llamado MLNV -Movimiento de Liberación Nacional Vasco, que hasta el presidente Aznar citó no sin dificultades fonéticas y léxicas-, del que apenas queda nada, se ha pasado a EHBildu, coalición de la que Sortu -cuyo principal dirigente es su secretario general Arnaldo Otegi-, Alternatiba compuesta por oportunistas procedentes de la Izquierda Unida vasca (Esker Batua) de Javier Madrazo parachutados en la antigua Batasuna, EA (Eusko Alkartasuna), grupo nacionalista procedente de una escisión del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y fundado por el exlendakari el navarro Carlos Garaikoetxea, y, por último, «at last but not least», Aralar, grupúsculo procedente de una escisión de Herri Batasuna muy crítico con la actividad armada de ETA siendo su líder el también navarro Patxi Zabaleta. Aralar fue la avanzadilla «ideológica» de lo que hoy es Sortu, aunque ni se diga ni menos se reconozca, esto es, el reformismo que llaman «socialdemócrata» o, en otras palabras, y usando el vocabulario abertzale, «liquidacionismo».

A Sortu le ha salido un grano en forma de «disidentes» que critican esta que entienden deriva reformista que hace dejación de los principios originales del movimiento abertzale («patriota», en lengua vasca, en euskera) y abandona, lo que consideran gravísimo, la bandera de la amnistía. No se cansan de repetir que ellos –«Askatasunaren Bidea« (En el camino de la libertad), compuesto por expresos, huidos y represaliados- no están por la labor de una vuelta a la lucha armada. Dicen sentir «vergüenza» de la línea actual de la izquierda abertzale y culpan a Otegi a quien llaman «líder supremo del reformismo» y, también, en tal vez un exceso verbal innecesario, «pijo neoabertzale». Hablan de «traicionar» esos principios y que dejar la lucha armada «no tiene por qué significar tirarnos (sic) en brazos de nuestros enemigos» (resic).

El lunes pasado, en Radio Euskadi -emisora oficial del País Vasco-, Otegi declaró (respondiendo a los «disidentes») que «no me considero ni pijo ni neoabertzale. Soy -continúa- un independentista vasco, socialista y me declaro marxista (sic), pese a que digan que soy socialdemócrata». Bueno, si lo dice él, lo será, aunque discrepemos fortísimamente de quien se reclama «marxista» y habla de aspirar a «Estados decentes» citando a Cicerón. No cabe mayor ambigüedad -y no lo decimos porque cite a Cicerón- en un presunto marxista.

Luego se extiende -Otegi- en algo que ya sabíamos, pero que en ámbitos abertzales no se podía decir imperando la «omertà» o ley del silencio. Otegi parece molestarse cuando la prensa española dice que ha sido gracias a la policía española y sus tribunales que se ha acabado con ETA, y reivindica su papel en este desmantelamiento de la organización armada vasca. Parece quejarse de que no le tengan en cuenta como si Roma (Madrid) no pagara traidores. Y más tratándose de un «hombre de paz», al decir de Rodríguez Zapatero y Pablo Iglesias.

Se explaya Otegi reconociendo que la izquierda abertzale «ha sido responsable del sufrimiento que se ha causado en este país», aunque matiza que (él) «ha contribuido a que desaparezca (la violencia), sin duda». Y remata la faena con aliño: «Por mucho que algunos quieren decir que eso se debe a la Policía y la Guardia Civil, la lucha armada de ETA seguiría si la izquierda abertzale NO HUBIERA TOMADO LA DECISIÓN DE APOSTAR POR LAS VÍAS PACÍFICAS Y DEMOCRÁTICAS» (mayúsculas nuestras). Es decir, reclama su papel fundamental en esta historia y que no se le ningunee. Podría decirse que casi lo tiene a gala.

Pero, como decíamos al principio, no bastará con estos «desdecires» y «reconocimientos» y «palinodias»: le exigirán más, que acepte la legalidad penitenciaria española, ya lo han hecho, la Ley de Partidos, ya lo han hecho, renunciar a la amnistía, ya lo han hecho, pactar con los fiscales para no entrar en la cárcel, ya lo han hecho, que reconozcan el daño causado, ya lo han hecho y, por supuesto, que «condenen la violencia», a lo que Otegi, muy ocurrente, asume que: «hice algo más eficaz que condenar la violencia de ETA, que es hacer desaparecer esa violencia». Pues vale, con su pan se lo coma, y ya veremos el juicio final de la Historia, la de los hombres, no la celestial.

Buenas tardes.

Argelia también está al borde de un golpe de Estado ‘blando’

El general argelino Jaled Nazzar
Juan Manuel Olarieta
Primero fueron las “revoluciones” de colores en los países que emergieron de la caída de la Unión Soviética; la guerra de los Balcanes se llevó por delante a Yugoeslavia, estandarte de los “países no alineados”; luego fue la “Primavera Árabe” y es posible que ahora le toque el turno a Argelia, que tiene elecciones presidenciales en 2019.

La desestabilización de esos países no fue elegida de manera aleatoria: Argelia ha sido siempre un baluarte del Tercer Mundo y actualmente defiende al gobierno de Damasco con una energía inusual dentro del mundo árabe porque hace 25 años fue uno de los primeros países en padecer los embates del yihadismo.

La semana pasada trascendió que el general Nazzar había viajado a París para entrevistarse en secreto con agentes de Hollande. Nazzar fue uno de los promotores del golpe de Estado de 1992 que desencadenó una brutal guerra contra el yihadismo en Argelia.

No obstante, el 13 de setiembre del pasado año el Presidente argelino Bouteflika inició una purga militar que afectó especialmente al DRS, los servicios secretos argelinos. El general Toufik, que ostentaba la dirección de los mismos desde 1990, fue destituido y con él se tuvieron que marchar su ayudantes, como el general Hassan, director del contraespionaje, que ha sido condenado a cinco años de prisión.

El jefe de los purgados es el general Nazzar, que ha acudido a París para demostrar a Hollande que están en condiciones de hacerse con las riendas del país.

El golpe de Estado en Argelia presenta, pues, la forma de una acusada pugna entablada en las más altas esferas políticas que afila las uñas para las próximas elecciones.

Una vez fuera de sus cargos, a los militares y espías argelinos se les ha ido la lengua y sus revelaciones las han publicado los medios dependientes del Centro de Comunicación y Difusión, que hasta ahora financiaba el general Toufik.

Es el caso de la cadena privada “Khabar” que ha difundido cerca de dos horas de entrevista con el coronel Mohamed Tahar Abdesselem, encargado de la sección de Oriente Medio del DRS. Entre otros datos, en su entrevista el coronel Abdesselem relata el golpe de Estado de 1992.

Aquel golpe adoptó la forma de un “interrupción de las elecciones”. En la primera vuelta de las elecciones legislativas ganaron los islamistas del FIS y ya no tuvieron ninguna opción más: los militares se hicieron con el poder.

El coronel cuenta que las elecciones fueron un simulacro. En realidad, el golpe estaba preparado desde 1990, cuando al general Nezzar le nombraron ministro de Defensa y al general Toufik director del DRS.

Los militares estaban dispuestos a admitir cualquier situación, excepto una victoria electoral de los islamistas. El coronel se lo advirtió al dirigente de los islamistas, Abassi Madani, a quien conocía de una estancia común de ambos en la cárcel.

Al saber las relaciones del coronel con el dirigente islamista, el general Toufik le destituyó, junto con otros diez oficiales.

En este relato faltan, evidentemente, los protagonistas mayores, los imperialistas, que nunca dan la cara. En este caso se trata de los imperialistas franceses y el motivo del golpe de Estado y de la destitución del coronel, según contó a la televisión argelina, no era otro que mantener las buenas relaciones entre Argelia y Francia.

Francia no puede admitir que en la otra orilla del Mediterráneo nada se le vaya de las manos. Ni en las elecciones truncadas de 1992, ni en las previstas para 2019.

Fuente: http://www.marcha.org.ar/argelia-tambien-esta-al-borde-golpe-estado-blando/

I Xornadas antirepresivas Galegas

Hoy día 1 de junio
Compostela
-Charla: El resurgir de la lucha por la Amnistía en Euskal Herria

2, 3, 4 y 6 de junio
A Coruña
-Charlas anti-represivas y concentración

25 de junio
Vigo – Acto central
– Comida popular
– Charlas: Con represaliados de Galiza / Movimiento por la Amnistía y contra la represión de E.H. y Juan Manuel Olarieta
– Conciertos solidarios

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