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Día: 15 de mayo de 2016 (página 1 de 1)

Miseria del reformismo

Es muy curioso el artículo que publica el venezolano Franco Vielma en la revista “Misión Verdad” porque pone de manifiesto el estado de ánimo de amplios sectores populares en América Latina. En Brasil la burguesía ha enseñado los dientes y ahora los reformistas se lamentan de haberse quedado a mitad del camino.

El título del artículo, “Superar el dogma de la democracia” (*), lo dice casi todo porque después de haber apostado durante años al legalismo, el pacifismo y el electoralismo, ahora el artículo acaba con un llamamiento muy poco disimulado a las armas.

Recuerda la última imagen de Allende tras al golpe de Estado de Pinochet en 1973, armado con un fusil en bandolera cuando ya era tarde. ¿Por qué no empuñó el fusil desde el principio?

Para disimular su crisis, los reformistas latinoamericanos se escudan en el golpe de Estado que les ha propinado la burguesía en Brasil. Francamente, este tipo de lamentaciones y lloriqueos son repugnantes. Nos gustaría que quienes llevan años alimentando ilusiones asumieran sus propias responsabilidades: ellos también tienen su parte de culpa en dicho golpe. No es imputable a la democracia, como quiere hacernos creer Vielma, sino al reformismo.

Hace 100 años que se viene demostrando la validez de esa tesis leninista, plenamente científica, de que no es suficiente ponerse al frente de un Estado que ha sido construido por y para la burguesía, sino que hay que destruirlo.

La “destrucción del Estado” consiste, dice Lenin, en que el Estado burgués, que es una “fuerza especial de represión” del proletariado, se debe sustituir por otra “fuerza especial de represión” inversa que es otro Estado que se llama “dictadura del proletariado”.

En eso consiste una revolución proletaria, fuera de lo cual no hay más que reformismo y demagogia. En todo el mundo los que llaman al voto hablan mucho del gobierno (gobierno de cambio, de coalición…) pero muy poco del Estado. Sin embargo, el golpe en Brasil demuestra por enésima vez que, en contra de lo que aseguran los reformistas, el gobierno no es el poder, que no basta tener el gobierno para tener el poder. Esa son las ilusiones que predican los reformistas.

La burguesía tiene el apoyo de los imperialistas, tiene el poder económico, tiene el poder ideológico, tiene al aparato del Estado a su servicio, especialmente los militares y represivos. El gobierno y el parlamento pueden llenar los boletines oficiales con todos los reglamentos que quieran aprobar, que nunca servirá para nada porque la burguesía tiene todos los resortes necesarios poder para dar golpes de Estado, como el de Chile en 1973 o el de Brasil en 2016.

En toda Latinoamérica, mientras la burguesía afila los cuchillos, los reformistas lloran, se lamentan y se compadecen como plañideras que son. La burguesía ya ha demostrado muchas veces que es capaz de propinar golpes a los movimientos populares, tanto si están dentro como fuera del gobierno. Lo que no sabemos es la capacidad de esos mismos movimientos para devolver los golpes y, sobre todo, para algo más importante todavía: para adelantarse a ellos.

(*) http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/superar-el-dogma-de-la-democracia

Ucrania gana el festival de Eurovisión con una canción anticomunista

Ayer la cantante ucraniana Jamala y su canción “1944” vencieron en la final del festival de Eurovisión celebrado en el Globen Arena de Estocolmo. Jamala, de origen tártaro, concurrió con una balada dedicada a los padecimientos de su pueblo durante la Segunda Guerra Mundial, que empieza con la siguiente estrofa:

Cuando los extraños llegan,
van a vuestras casas,
os matan y dicen:
‘nosotros no somos culpables’.

¿Se refiere a los nazis? No. Los extraños, los asesinos y los culpables son los soviéticos porque durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno trasladó a unos 250.000 tártaros al otro lado del Mar Caspio.

La propaganda imperialista lo califica como “deportaciones masivas”, pero  ni siquiera eso es suficiente y la canción comete dos falsificaciones sutiles: en 1944 los tártaros no sólo fueron trasladados sino asesinados; los responsables de ello fueron (son) los rusos, no los ucranianos.

Da lo mismo que sean chechenos o tártaros. En la URSS, ¿qué pueblo no fue deportado en algún momento? La URSS es sinónimo de gulag, deportaciones y represión y su herencia es la Rusia de Putin, una especie de Stalin resucitado que 70 años después debe penar los pecados cometidos por su antecesor.El imperialismo no pierde ocasión de lobotomizar a millones de personas en toda Europa. La victoria de Jamala ha servido de excusa para que la propaganda se difunda por medio de entrevistas a la cantante: “Esta es mi historia. La historia de un pueblo, tal como me la contó mi abuela, que fue deportada a Asia Central y que perdió a una hija a la que ni siquiera pudo enterrar”, ha dicho Jamala.

¿Su abuela le contó que la culpa de la muerte de su hija en la Segunda Guerra Mundial fue de los soviéticos y no de los nazis? Estamos convencidos de que la abuela era mucho más inteligente que la nieta…

Todo estaba cantado de antemano en el decrépito festival. Aunque en las apuestas previas Rusia era la número uno, al final se impuso el apaño político.

En realidad, todo llegó manipulado desde la selección de la cantante dentro de Ucrania, que también fue una decisión política. Como miembro del jurado, Ruslana, ganadora de Eurovisión en 2004, se convirtió en juez y parte. Defendió el mensaje político de la canción ganadora, una actitud que chocó con la que dedicó al cantante SunSay, máximo rival de Jamala para el triunfo.

La jurado le echó en cara haber cantado en Crimea y Rusia después de la anexión, por lo que cuestionó su patriotismo. “Yo quiero saber cuánto de patriota tienes para decidir si debo votar por ti o no”.

SunSay se limitó a responder que él se sentía ucraniano y que su objetivo siempre ha sido tender puentes culturales con Rusia, una respuesta que no convenció a la jurado.

¿Todavía tenía Usted dudas? En Eurovisión no prima lo musical sino lo patriótico. Por eso casi todas las canciones son… en inglés. Tenía razón Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, cuando dijo que una canción en inglés para representar a la música autóctona responde a “un complejo de inferioridad con matices de papanatismo”. Pues Eurovisión está lleno de papanatas.

Ahora bien, en el caso de la cantante tártara, no se trata de papanatismo sino de propaganda: si hubiera cantado en el idioma vernáculo para reivindicar a su pueblo, como procedía, nadie se hubiera enterado del mensaje. Para eso hace falta el inglés.

Lo mismo que muchos de sus paisanos, la cantante Jamala nació en la república centroasiática de Kirguistán, a donde fueron trasladados sus familiares y vecinos.

¿Lo más patriótico es que a Ucrania le represente una cantante tártara?, ¿se ha convertido el actual gobierno fascista de Kiev en portavoz de los derechos de los tártaros oprimidos de Crimea? Cuando Crimea pertenecía a Ucrania, ¿estaban mejor los tártaros que ahora?

Hasta el momento en Eurovisión estaban prohibidas las canciones de contenido político, pero con Ucrania había que hacer una excepción. A Putin hay que pararle los pies como sea, incluso con música.La canción no protesta porque Crimea hubiera formado parte de Ucrania, sino porque forma parte de Rusia. Pero puestos a reivindicar a los tártaros, hubiera sido mejor una canción que reclamara la independencia del enclave o su anexión a Turquía. ¿Por qué no?

Los rusos no supieron contrarrestar el ataque. Se equivocaron de canción. Debieron llevar la Sinfonía “Leningrado” de Shostakovich, dedicado a la defensa de la heroica capital soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Eso hubiera compensado un poco la propaganda: en la URSS a unos les obligaban a desplazarse y los otros no podían ni moverse del sitio.

Más información:
— La deportación de los tártaros de  la Unión Soviética:

Molinos de viento

No cabe duda. Es una táctica que está a medio camino entre El Quijote y Gila, típicamente hispana. Se trata de buscar enemigos ficticios para evitar enfrentarse a los reales y verdaderos.

Antes hablaban de la globalización, luego de la troika, ahora del Ibex-35… En esta guerra el enemigo cambia tan a menudo que es difícil ponerse al día.

La excusa es que ese tipo de instituciones son anti-democráticas, lo cual las diferencia del Estado español, vivito y coleando, que es democrático.

Las mareas y los mareados se han pronunciado claramente contra las marcas comerciales, los logos, el diseño y la publicidad. “Dime cómo vistes y te diré quién eres”. Lo de juzgar a las personas por su apariencia externa es lo de toda la vida, típico de provincianos para quienes no hay clases sociales sino tribus urbanas o… castas, como en la India.

Ahora gritan contra el Ibex-35, pero cuando pase la moda gritarán contra un enemigo mucho peor: el Nasdaq.

Ya no saben qué inventar para alardear de radicalismo, de que a ellos nadie les hace un “sorpasso” por la izquierda.

Aquello de “programa, programa, programa” de Anguita quedó muy atrás. En esta caída en picado ya no se puede preguntar a nadie por qué objetivos lucha, qué pretende conseguir.

Eso lo damos por descontado. Lo realmente serio es que ya ni siquiera es posible preguntar contra quién lucha, quién es su enemigo.

Quizá quieren decir que lo de menos es el enemigo. Posiblemente ni siquiera exista ningún enemigo. Para los transversales la protesta se ha convertido en un lamento existencial. No hay diferencia entre ellos y los penitentes que se mortifican en Semana Santa.

Son anti-todo (anticapitalistas, antipatriarcales, antimonárquicos), como esos niños que nunca quieren comer el plato que tienen encima de la mesa. Saben lo que no quieren, pero, ¿qué es exactamente lo que quieren?

Eso les diferencia del obrero que entra por la puerta de la fábrica a las ocho de la mañana. Lo primero que ve es la mirada intimidante del jefe que le indica a las claras quién es el enemigo y dónde está.

Vida privada

Lady Di, princesa de la salsa rosa
Bianchi

Inspiradísimo y con encomiable lucidez, Rafael Sanchez Ferlosio escribió en su libro publicado ya hace tiempo “Vendran más años malos y nos harán más ciegos” estas líneas: “Me escandalizo cada vez que oigo hablar de respeto a la intimidad y de derecho a la vida privada”. ¿Porque, qué mosca le picó a nuestro buen hombre? Pues porque, dice: “el privatismo dominante ha lesionado la mirada misma, que ya sólo es capaz de adoptar el punto de vista del particular, compadeciéndose de la gran diva acechada y perseguida por el tenaz teleobjetivo de la prensa del corazón (…) Pero vistas las cosas socialmente -sigue-, ¿quién es realmente el invadido y quien el invasor? Basta pasar por un kiosco de periódicos para advertir el impudor y la osadía con que la vida privada ha tomado por asalto los medios de comunicación e invadido y ocupado con sus obscenas huestes el interés del público”. Y, más indignado que divertido, termina el clarividente autor: “la lente de una mentalidad privatizada ha invertido la imagen misma del fenómeno, pues la verdad social es que la vida publica es el agredido, y la vida privada el agresor”.

¿Exagera RSF? Tal vez (estas líneas las escribió cuando el ostión en coche que se dio Lady Di y sus acompañantes, pero no fue esta la causa de su cólera). Al igual que ocurre muchas veces en el mundo de la publicidad, que, en lugar de racionalizar y orientar el mercado y la clientela potencial, se aprovecha -si no fomenta- de la desorientación de ambos elementos para ofertar productos sin lógica ni sentido, la prensa “cardiaca” y la supuestamente “seria” alimenta aún más la estupidizacion de las masas haciendo circular -previamente creados- falsos mitos y fetiches de lo que antes se llamaba “cultura de masas”. Negocio, hipocresía y somatización (iba a poner otra palabra menos noble). Se habla de “princesa popular” (está pensando en Belén Esteban) y de “pueblo” contrito y atrito y no, en realidad, de “público” (enajenado). ¿Proteger la intimidad de esta escoria parasitaria? ¡Pero si no paran -cuando no se lucran o benefician- de agredir la mía! ¡Pero si siempre salen los mismos dando la vara! A esto lo llamamos en este blog “allanamiento mediático de hogares”. Debería constituir delito, señor juez; estúdielo el legislador. Hagan algo en favor el buen gusto, la teología y la geometría, como quería Ignatius.

Terminaremos con un “scherzzo”: ¿no viene a ser parecido o similar lo que decimos de la llamada “prensa rosa” la invasión constante en nuestras casas y tascas de la mal llamada “clase política” y la recua de tertulianos que viven del chismorreo político pretendidamente más “elevado”. ¿No es más cierto que, por ejemplo, lo que tiene “Podemos” no es “gente” ni menos “pueblo” sino “público” como invento nacido en un plato de televisión (aquí fuimos de los primeros en apuntar esto, no los primeros)? Y al “público” se le masajea a modo.

Buenas tardes.

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