La web más censurada en internet

Día: 13 de febrero de 2016 (página 1 de 1)

La nueva tecnología militar rusa intimida a la OTAN

Un artículo publicado el 29 de enero por el diario británico The Independant (*) pone de manifiesto que los periodistas siempre acaban creyéndose sus propias mentiras. Desde la caída de la URSS en 1990 han insistido una y mil veces en que el equipamiento bélico ruso había quedado obsoleto, pura chatarra, pero la guerra de Siria les ha devuelto a la realidad. Se han visto sorprendidos y asustados al mismo tiempo. No se lo esperaban.

De todas maneras no cabe descuidar un aspecto de esta cuestión: es muy posible que la intoxicación del diario británico quiera ofrecer la imagen de que los países de la OTAN están muy atrasados con respecto a Rusia, por lo que es imprescindible multiplicar los presupuestos destinados a la guerra. Por ejemplo, Alemania ya ha aprobado un plan para incrementarlos en un 150 por ciento en 15 años con vistas a un inminente rearme imperialista.

El cazabombardero Sujoi-24, diseñado en la URSS hace medio siglo, es un mal ejemplo para calificar a la tecnología militar rusa de obsoleta. “En un solo día los cazas rusos hacen 96 incursiones aéreas en Siria, más que todos los aviones de la coalición internacional en un mes”, reconoce The Telegraph, lo cual es una auténtica proeza logística y organizativa.

“Es como para echarse a llorar”, dice el general Ben Hdges, comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Europa, tras observar el despliegue ruso de guerra electrónica tanto en Siria como en el Donbas.

Su homólogo en las fuerzas áreas, el general Frank Gorenc, asegura que Rusia va a desplegar sus misiles tierra-aire en Kaliningrado y Crimea, lo cual hará muy difícil que los aviones de la OTAN se desplacen en ciertas regiones, como Polonia.

La OTAN empieza a mirar a Rusia con mucha inquietud, e incluso Israel vigila atentamente su despliegue militar al otro lado de la frontera y se pregunta si el equipamiento militar ruso está ya habilitado en Irán, lo cual impediría la superioridad aérea israelí que, hasta el momento, ha sido incontestable en Oriente Medio.

Un analista árabe, Chaabane Bensaci, destaca que Rusia ha logrado dar un vuelco a la situación estratégica en Siria con un número insignificante de cazabombarderos Sujoi-24, apenas 34 unidades, más 12 Sujoi-25, 4 Sujoi-30SM, 12 Sujoi-24M2, 6 Sujoi-34 y un número indeterminado de helicópteros y drones.

Pongamos encima de la mesa otro dato importante de la cuestión: Rusia ha alcanzado una potencia militar de primer orden con un presupuesto que, en comparación con el del Pentágono, es diez o quince veces inferior.

“El que quiera hacer algo en Oriente Medio debe viajar a Moscú”, concluye un analista de la inteligencia militar israelí a The Independant.

Ahora la OTAN se lamenta de lo contrario de lo que se había estado lamentando hasta la fecha: de que Rusia haya introducido tecnología de última generación en Oriente Medio. El general Gorenc deplora que en Siria los rusos hagan ostentación de su mejor equipamiento militar para influir no sólo en Oriente Medio sino en todo el mundo.

(*) http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/war-in-syria-russia-s-rustbucket-military-delivers-a-hi-tech-shock-to-west-and-israel-a6842711.html

La emigración de los trabajadores irlandeses a Inglaterra

Federico Engels

En muchas ocasiones ya hemos tenido oportunidad de mencionar la existencia de los irlandeses que han venido a instalarse en Inglaterra; ahora examinaremos más detenidamente las causas y los efectos de esa inmigración.

El rápido desarrollo de la industria inglesa no hubiera sido posible si Inglaterra no hubiera dispuesto de una reserva: la población numerosa y miserable de Irlanda. Entre ellos, los irlandeses no tenían nada que perder, en tanto que en Inglaterra tenían mucho que ganar; y desde que se supo en Irlanda que en la orilla oriental del canal de St. George todo hombre robusto podía hallar trabajo asegurado y buenos salarios, bandas de irlandeses lo han atravesado cada año.

Se estima que alrededor de un millón de irlandeses han emigrado así a Inglaterra, y que todavía actualmente hay unos 50.000 inmigrantes por año. Casi todos invaden las regiones industriales y en particular las grandes ciudades, constituyendo en ellas la clase más inferior de la población. Hay 120.000 irlandeses pobres en Londres, 40.000 en Manchester, 34.000 en Liverpool, 24.000 en Bristol, 40.000 en Glasgow y 29.000 en Edimburgo. Esas personas, que han crecido casi sin conocer las ventajas de la civilización, habituadas desde temprana edad a las privaciones de todo género, rudas, bebedoras, despreocupadas del porvenir, arriban así, aportando   costumbres brutales en una clase de la población inglesa que, a decir verdad, tiene poca inclinación por la cultura y la moralidad. Demos la palabra a Thomas Carlyle (1):

“Se puede ver en todas las calles principales y secundarias, los huraños rostros ‘milesianos’ (2) que respiran la malicia hipócrita, la maldad, el desatino, la miseria y el escarnio. El cochero inglés que pasa en su vehículo lanza al ‘milesiano’ (2) un latigazo; éste lo maldice, tiende su sombrero y mendiga. Él representa el peor mal que este país tenga que combatir. Con   harapos y su risa irónica de salvaje, siempre se halla presto a realizar cualquier trabajo que no requiera más que brazos vigorosas y lomos sólidos; y eso por un salario que le permita comprar patatas. Por condimento, le basta la sal; él duerme muy feliz en la primera pocilga o madriguera que encuentra, y su ropa son harapos que el quitárselos y ponérselos constituye una de las operaciones más delicadas posibles y a la cual no se procede sino en los días de fiesta o en ocasiones particularmente favorables. El sajón que sea incapaz de trabajar en tales condiciones, está condenado al paro forzoso. El irlandés, ignorante de toda civilización, desplaza al sajón nativo, no por su fuerza, sino por lo contrario, y se apodera de su puesto. Así vive en su mugre y su despreocupación, en su falsedad y su brutalidad de borracho, verdadero fermento de degradación y desorden. Cualquiera que se esfuerce por subsistir, por mantenerse en la superficie, puede ver aquí el ejemplo de que el hombre puede existir, no nadando, sino viviendo en el fondo del agua… ¿Quién no ve que la situación de las capas inferiores de la masa de los trabajadores ingleses se asemeja cada vez más a aquella de los irlandeses que les hacen la competencia en todos los tratos? Todo trabajo que sólo exige fuerza física y poca habilidad no es pagado según la tarifa inglesa sino a un precio que se aproxima al salario irlandés, es decir, apenas lo necesario para no morir totalmente de hambre. 30 semanas en el año comiendo patatas de la peor calidad, apenas… pero esa diferencia disminuye con el arribo de cada nuevo vapor que viene de Irlanda”.

Aquí Carlyle tiene toda la razón, si se exceptúa la condenación exagerada y parcial del carácter nacional irlandés. Por 4 peniques, los trabajadores irlandeses hacen la travesía hacinados como ganado y se instalan por todas partes. Las peores viviendas son suficientemente buenas para ellos; la ropa es harapienta; ignoran el uso del calzado; su alimentación consiste únicamente de patatas, lo que ganan extra se lo gastan en bebida. ¿Qué necesidad tienen tales seres de un buen salario?

Los peores distritos de todas las grandes ciudades están poblados de irlandeses; por todas partes en que un distrito se señala particularmente por la suciedad y su deterioro, puede esperarse ver que los rostros célticos son mayoría, que al primer vistazo se distinguen de las fisonomías sajonas, y puede escucharse el acento irlandés cantante y aspirado que el irlandés auténtico no pierde jamás. He tenido ocasión de oír hablar el celtoirlandés en los barrios más populosos de Manchester. La mayoría de las familias que viven en sótanos son casi por todas partes de origen irlandés.

En suma, como dice el doctor Kay, los irlandeses han descubierto en qué consiste el mínimo de las necesidades vitales y ahora se lo enseñan a los trabajadores ingleses. Ese desaseo que entre ellos, en el campo, donde la población no se aglomera, no tiene consecuencias demasiado graves, desaseo que resulta una segunda naturaleza para ellos, es verdaderamente una tara horrorosa y peligrosa en las grandes ciudades debido a la concentración urbana.

Del mismo modo que acostumbraba hacerlo en su país, el ‘milesiano’ (2) arroja toda la basura e inmundicias frente a su casa, provocando así la formación de charcas y montones de cieno que enmugrecen los barrios obreros y corrompen la atmósfera. Tal como lo hace en su país, construye su porqueriza junto a su vivienda; y si ello no es posible, el cerdo duerme en la propia habitación. Esta nueva y anormal especie de cría de animales practicada en las grandes ciudades es puramente de origen irlandés. El irlandés es apegado a su cochino como el árabe a su caballo, si es que no lo vende, cuando está cebado para ser matado; por lo demás, come con él, duerme con él,   hijos juegan con él montan sobre su lomo y retozan con él en el fango, de todo lo cual se pueden ver mil ejemplos en todas las grandes ciudades de Inglaterra.

Y en cuanto a la suciedad a la incomodidad de las casas, es imposible hacerse una idea. El irlandés no está acostumbrado a los muebles; un montón de paja, algunos trapos absolutamente inservibles como vestido, y esa es su cama. Un trozo de madera, una silla rota, una vieja caja a guisa de mesa, y no necesita nada más; una tetera, unas ollas y escudillas de barro eso le basta para su cocina que sirve a la vez de habitación para dormir y sala.

Y cuando carece de combustible echa mano a todo lo que puede arder: sillas, marcos de puertas, molduras, tablas del piso, suponiendo que las tenga, todo va a parar a la chimenea. Y, además, ¿para qué necesita espacio? En su país, en su cabaña de argamasa y paja, una sola pieza era suficiente para todos los menesteres domésticos; en Inglaterra, la familia tampoco tiene necesidad de más de una pieza. Ese apiñamiento de varias personas en una sola habitación, actualmente tan extendido, ha sido introducido principalmente por la inmigración irlandesa.

Y como es muy necesario que ese pobre diablo tenga al menos un placer, ya que la sociedad lo excluye de todos los demás, se va a la taberna a beber aguardiente. El aguardiente es para el irlandés la única cosa que le da sentido a su vida, el aguardiente y desde luego también su temperamento despreocupado y jovial: he ahí por qué se entrega al aguardiente hasta la embriaguez más brutal.

El carácter meridional, frívolo, del irlandés, su rudeza que lo sitúa a un nivel apenas superior al del salvaje, su menosprecio de todos los placeres más humanos, que es incapaz de disfrutar debido precisamente a su rudeza, su desaseo y su pobreza, son otras tantas razones que favorecen el alcoholismo; la tentación es demasiado fuerte él no puede resistir, y todo el dinero que gana pasa por su gaznate. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Cómo puede la sociedad que lo pone en una situación tal que se convertirá casi necesariamente en un bebedor, que lo deja embrutecerse y no se preocupa en absoluto de él, acusarlo cuando después se convierte efectivamente en un borracho?

Contra un competidor de ese género es que debe luchar el trabajador inglés, contra un competidor que ocupa el peldaño más bajo de la escala que pueda existir en un país civilizado y que, precisamente por esa razón, se conforma con un salario inferior al de cualquier otro trabajador. Por eso es que el salario del trabajador inglés, en todos los sectores donde el irlandés puede hacerle la competencia, no hace más que bajar constantemente, y no podría ser de otro modo, como dice Carlyle.

Ahora bien, esos sectores son muy numerosos. Todos aquellos empleos que requieren poca o ninguna habilidad se ofrecen a los irlandeses. Desde luego, para los trabajos que exige un larga aprendizaje o una actividad duradera y regular, el irlandés disoluto, versátil y bebedor no sirve. Para convertirse en obrero mecánico (en Inglaterra todo trabajador ocupado en la fabricación de máquinas es un mecánico), para convertirse en obrero de fábrica, tendría primero que adoptar la civilización y las costumbres inglesas, en una palabra, convertirse en primer lugar en objetivamente inglés.

Mas cuando se trata de un trabajo simple, menos preciso, que requiere más vigor que destreza, el irlandés es tan bueno como el inglés. Y por eso tales oficios son invadidos por los irlandeses; los tejedores a mano, los ayudantes de albañil, cargadores, “jobbers” (3), etc., forman legión entre los irlandeses; y la invasión de esta nación ha contribuido, con mucho, en esas ocupaciones, a disminuir el salario y con él a la propia clase obrera.

Y aun cuando los irlandeses que han invadido otros sectores laborales han debido civilizarse, todavía les quedan suficientes vestigios de su antiguo modo de vida como para ejercer una influencia degradante sobre   compañeros de trabajo ingleses, para no hablar de la influencia del medio ambiente irlandés mismo. Porque si se considera que en cada gran ciudad, una cuarta o quinta parte de los obreros son irlandeses o descendientes de ellos, criados en la suciedad irlandesa, no es de asombrar que en la existencia de toda la clase obrera, en   costumbres, su nivel intelectual y moral,   caracteres generales, se halle una buena parte de lo que constituye el fondo de la naturaleza irlandesa, y se concebirá que la situación repugnante de los trabajadores ingleses, resultado de la industria moderna y   consecuencias, haya podido ser después de todo envilecida.

[…]

Otro factor que ha ejercido una influencia importante sobre el carácter de los obreros ingleses, es la inmigración irlandesa, de la cual ya hemos tratado en igual sentido. Es cierto que la misma, como vemos, de una parte ha degradado a los trabajadores ingleses, privándolos de los beneficios de la civilización y agravando su situación, pero por otra parte ha contribuido a ensanchar la brecha entre trabajadores y burguesía, y acelerar así el acercamiento de la crisis. Porque la evolución de la enfermedad social de la cual sufre Inglaterra es igual que la de una enfermedad física; evoluciona según ciertas leyes y tiene   crisis, de las cuales la última y más violenta decide la suerte del paciente. Y como es imposible que la nación inglesa sucumba a esta última crisis, y como debe necesariamente salir de ella renovada y regenerada, hay motivos para alegrarse de todo lo que conduce la enfermedad a su paroxismo. Y la inmigración irlandesa contribuye a ello además por ese carácter vivo apasionado, que ella aclimata en Inglaterra y que aporta a su clase obrera. Por muchos razones, las relaciones entre irlandeses e ingleses son las mismas que aquellas entre franceses y alemanes; la mezcla del temperamento irlandés, más informal, más emotivo, más caluroso, con el carácter inglés, calmado, perseverante, reflexivo, no puede ser a la larga sino beneficiosa para ambas partes.

El egoísmo brutal de la burguesía inglesa hubiera permanecido mucho más arraigado en la clase trabajadora si el carácter irlandés, generoso hasta el derroche, esencialmente dominado por el sentimiento, no hubiera venido a unirse al mismo, de una parte, gracias al cruzamiento entre razas y, de otra parte, gracias a las relaciones habituales, para suavizar lo que el carácter inglés tenía de frío y demasiado racional. Por tanto, ya no nos asombraremos más de saber que la clase trabajadora se ha convertido poco a poco en un pueblo muy diferente a la burguesía inglesa. La burguesía tiene más afinidades con todas las naciones de la tierra que con los obreros que viven a su lado. Los obreros hablan un idioma diferente, tienen otras ideas y concepciones, otras costumbres y otros principios morales, una religión y una política diferente a aquellas de la burguesía. Se trata de dos pueblos distintos, tan distintos como si fuesen de otra raza, y hasta aquí, conocemos una sola de ellas en el continente, la burguesía. Y sin embargo, es precisamente el segundo, el pueblo de los proletarios, el que es con mucho el más importante para el futuro de Inglaterra.

[…]

Los inmigrantes ingleses que hubieran podido elevar el nivel intelectual del pueblo irlandés, se han limitado a explotarlo de la manera más brutal; y mientras que la inmigración irlandesa ha aportado a la nación inglesa un fermento que producirá sus frutos más tarde, Irlanda tiene muy poco que agradecer a la inmigración inglesa.

Fuente: La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1844

La era del vacío ideológico absoluto

Juan Manuel Olarieta
Uno de los aspectos más importantes de la crisis política actual no es el fin del bipartidismo sino el fin de los partidos, de todos ellos, incluso de los que se llaman como tales, y su consecuencia es la inexistencia de recambio. Como se comprobó durante la transición, desde 1939 el Estado español se lo ha jugado todo a una carta y espera que su apuesta le dure eternamente.

Esa es la verdadera esencia de la crisis política actual. La maquinaria del Estado parece haber adquirido vida propia y se niega en rotundo a cualquier (re)cambio, incluso el más insignificante.

A su vez, los viejos partidos políticos que aún subsisten (PSOE, PNV) y sus sucedáneos posmodernos (coaliciones, mareas), son un reflejo exacto de este Estado: están para impedir que cambie nada. Si esos partidos y sucedáneos políticos tienen algún plan es para cambiar de gobierno, no para cambiar de Estado. En la medida en que lo que ahora está en crisis no es el gobierno, como creen, sino el Estado, no hay ninguna alternativa sino una sucesión de elecciones y gobiernos que no van a salir de la crisis sino a profundizar en ella.

Los sucedáneos posmodernos de los partidos políticos, todos ellos, han hecho suyo aquel principio del socialdemócrata alemán Eduard Bernstein: “Los objetivos no son nada y el movimiento lo es todo”. Es el movimiento por el movimiento, marear la perdiz. A esa farsa, a la falta de un plan y de un programa político, es a lo que llaman hoy “democracia”.

No se trata de organizaciones no sepan lo que quieren sino de que no quieren nada y al decir esto me refiero -obviamente- a que no quieren “nada nuevo”. Se conforman con lo que hay.

En la literatura corriente esta situación se ha descrito de muchas maneras, por ejemplo, como desideologización, como que ya no hay derecha ni izquierda, etc. Esta semana la revista “Cambio 16” pregunta en su portada de manera retórica: “¿El espectáculo entierra las ideologías?” Comparen ahora este titular con el del libro de un ministro de Obras Públicas del franquismo, Fernández de la Mora, “El crepúsculo de las ideologías”, escrito hace 50 años.

Las mareas posmodernas han alcanzado la vieja aspiración franquista del vacío ideológico absoluto. Les falta de todo porque tratan de llegar a “todos”. Su clientela es indefinida, igual que los discursos de Franco, que también empezaban con aquel “Españoles todos”.

Por el contrario, los partidos políticos, como su propio nombre indica, representan sólo a una parte de la sociedad de manera explícita, indicándolo hasta en las siglas. Así mientras el viejo PSOE nació para ser un partido “socialista” y “obrero”, los posmodernos no quieren tener ningún contenido de clase, aunque lo tengan, naturalmente.

Como suele ocurrir, hay quien ha hecho de la necesidad virtud y aplaude este nuevo fenómeno político, el fin de los partidos políticos tradicionales y la aparición de sucedáneos “transversales”, “inclusivos”, “participativos”, “asamblearios”, que “cuentan con sus bases”, con “primarias”, etc.

Es el triunfo del menchevismo, que también tiene múltiples manifestaciones, que no son solamente orgánicas. Por ejemplo, por utilizar un concepto elaborado por Stalin, este tipo de nuevos sucedáneos políticos no sólo no tienen ideología sino que tampoco tienen estrategia porque para tenerla hay que pretender cambiar algo. Los que tengan alergia a Stalin pueden recurrir a la terminología anglosajona, que también diferencia entre “politics” y “policy”. Lo que los partidos y los medios llaman hoy “política” carece de “policy”, de dirección, de rumbo. Es como el burro dando vueltas en torno a la misma noria.

Las nuevas coaliciones no aspiran a cambiar nada porque el Estado se lo da todo (des)hecho. Son distintas variaciones de la misma partitura. Todos hablan de agrupar fuerzas, pero nadie dice para qué. Hace 20 años se burlaron de Anguita cuando exigía “programa, programa, programa”, algo que no tiene sentido en la era del pragmatismo, de la táctica sin estrategia, del salto de unas elecciones a las siguientes.

No se trata exactamente de que los nuevos sucedáneos políticos no tengan estrategia sino de que dan por buena la que ya hay establecida en el Estado. A falta de dirección propia, es el Estado el que lleva de la mano a los sucedáneos políticos, y no al revés. La falta de estrategia convierte a los nuevos sucedáneos políticos en las piezas sumisas que el Estado necesita. El seguidismo político es su razón de ser.

Por sí mismos, los movimientos sociales reivindicativos no dan más que sí de lo que hemos visto. Además de eso hace falta otra cosa: que tengan una dirección, un rumbo, un programa, algo que sólo un partido político revolucionario les puede dar.

La era del vacío ideológico absoluto, segunda parte
https://mpr21.info/2016/02/la-era-del-vacio-ideologico-absoluto-2.html

La era del vacío ideológico absoluto (3), ‘think tanks’
https://mpr21.info/2016/02/la-era-del-vacio-ideologico-absoluto-3.html

China depura al ejército para ganar la guerra moderna

Desde que llegó al poder en 2012, el presidente chino Xi Jinping ha purgado a la dirección del Ejército Popular de Liberación (EPL), lanzando una reforma de las estructuras que estaban en vigor desde la creación de la República Popular China en 1949. Se trata de disponer de tropas operativas “capaces de ganar una guerra en la era de las tecnologías de la información”.

En una primera fase, Xi Jinping, quien por sus funciones está también a la cabeza de la potente Comisión Militar Central (CMC), ha atacado la corrupción hasta en los más altos escalones. Numerosos generales han sido detenidos y sustituidos por oficiales considerados cercanos al presidente chino.

A continuación se ha abierto otro frente: el de la transformación del Ejército Popular, acompañada de una reducción de efectivos de unos 300.000 hombres, con un control cada vez más estricto por parte de la Comisión Militar Central, que ha tomado a su cargo, desde el 1 de enero, “la administración general del Ejército Popular, de la Policía Armada Popular de China, de las milicias y de los reservistas”.

Tres nuevas formaciones se han creado en esta etapa, entre ellas un mando general para la sección terrestre del EPL, bajo el control directo de la CMC, una fuerza “de apoyo estratégico”, encargada del espacio, del ciberespacio, de la inteligencia, de la guerra electrónica y de las operaciones psicológicas, así como una “fuerza balística”.

Esta reforma del EPL contiene igualmente una refundición de las regiones militares del país, cuyo número se ha reducido de 7 a 5. La semana pasada, los comandantes de estos nuevos sectores (Norte, Sur, Este, Oeste y Centro) han recibido sus nombramientos de manos del presidente Jinping, a quien rendirán cuentas directamente. Estas regiones militares dispondrán de las capacidades necesarias para hacer frente a misiones particulares.

Por ejemplo, la del Oeste, que abarca principalmente la provincia de Xingjiang, mayoritariamente musulmana y cercana a los núcleos de amenazas de Asia central, teatro habitual de incidentes mortales, se centrará especialmente en el terrorismo, mientras que los sectores Este y Sur se concentrarán sobre los diferentes frentes marítimos de China meridional, en donde Pekín reclama la soberanía sobre varias islas.

“Los oficiales a cargo de los cinco teatros de operaciones se comprometen a establecer centros de mando de combate conjuntos, absolutamente leales, ingeniosos en los combates, eficaces en materia de mando, valerosos y capaces de vencer en la guerra”, informa el Diario del Pueblo, publicación del Partido Comunista de China. Para el Diario, esta reorganización es una “etapa histórica”, que permitirá a las regiones militares superar unos papeles “imprecisos” pasando a una “cadena de mando mas eficaz”. Para Song Zhongping, experto militar citado por el Global Times, esta reforma estructural del EPL está dirigida sobre todo a “reforzar la autoridad de la CMC evitando la formación de ‘capillas’ en el seno del ejército”.

Pronto la CMC contará con una nueva “comisión de disciplina y control”, cuya dirección podría confiarse al general Liu Yuan, amigo de la infancia de Xi Jinping. Su papel será el de inspeccionar los Estados Mayores, las unidades y las nuevas regiones militares.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies