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Día: 28 de enero de 2016 (página 1 de 1)

Israel no logra que la ONU equipare a los palestinos con los yihadistas

Kharroubi Habib

Debido la denuncia del secretario general de la ONU Ban Ki-moon ante el Consejo de Seguridad de la decisión tomada por las autoridades sionistas, consistente en relanzar de forma corregida y aumentada la colonización en Cisjordania y Jerusalén este, y que ha calificado de provocación para la comunidad internacional, está siendo el blanco de una violenta campaña de injurias por parte de las autoridades sionistas y de su maquinaria propagandística.

A ello se añade su consideración de que la revuelta palestina en curso en Cisjordania y en Israel no tiene nada que ver con el terrorismo salafo-yihadista de Al-Qaeda o del Daesh, sino que tiene su explicación en las frustraciones engendradas por medio siglo de ocupación y de parálisis de los procesos de paz.

Son afirmaciones que, manifestadas por el secretario general de la ONU, han resonado en los oídos de Benjamin Netanyahu como una descalificación radical del intento de Israel y sus aparatos de propaganda de hacer creer a la comunidad y a la opinión internacional sensibilizadas por el terrorismo yihadista que el Estado sionista se enfrenta a la misma barbarie.

Aún deplorando la violencia en curso en Cisjordania e Israel, Ban Ki-moon comprende necesariamente que el aumento de la tensión y la reacción de un pueblo oprimido, a quien se niegan todos sus derechos.

El disgusto es grande entre los sionistas, a los que se dice a la cara y en el Consejo de Seguridad que la revuelta palestina nada tiene que ver con el antisemitismo en que la envuelven los autoridad israelíes, que presentan a sus protagonistas como si persiguieran matar a los judíos por el hecho de ser judíos.

La ONU, en nombre de la cual se ha manifestado Ban Ki-moon, también se ve atacada por estos sionistas que, olvidando que es esa ONU la que permite la existencia del Estado de Israel, ahora la acusan de haber perdido su “poder moral”, por no apoyar sus propósitos.

No se privan de gritar, amenazar y utilizar la infame acusación de antisemitismo. No consiguen convencer de su teoría de que la revuelta palestina es una acción terrorista cuyo objetivo es la destrucción del Estado de Israel.

Ban Ki-moon se ha limitado a comunicarles que la comunidad internacional no se deja intimidar por sus presiones y los anatemas criminalizadores que lanzan contra los que niegan su versión respecto a las tensiones y revueltas que marcan las relaciones entre palestinos e israelíes.

En su furia ante el fracaso de su intento de asimilar a los palestinos en rebeldía a terroristas partidarios de la indefendible causa salafo-yihadista, matriz del terrorismo internacional, las autoridades israelíes mantendrían hasta el final que sus enemigos apoyan a éste, y lo utilizarán como pretexto para rechazar la solución política del conflicto palestino-israelí, maniobrando de manera que adquiere una vertiente en la que predomine el aspecto religioso, pintando con visos de verosimilitud la amalgama que hacen entre la revuelta palestina y el terror salafista y yihadista.

Fuente: http://www.lequotidien-oran.com/index.php?news=5224278

Las conversaciones de paz sobre Siria se abren en un clima de tensión

Mañana comienzan en Ginebra las conversaciones para poner fin a la guerra de Siria y a lo largo de la semana se han producido varios cruces de palabras que ponen de manifiesto que más de uno va con el cuchillo entre los dientes.

La semana se abrió con unas declaraciones de Ahmet Davutoglu, el Primer Ministro turco, que pretende imponer sus condiciones: los kurdos no puede sentarse en la mesa de negociaciones bajo ningún concepto porque son terroristas. Además, al gobierno turco no le basta con que Bashar Al-Assad dimita, sino que tiene que salir de Siria. Incluso en Ankara la prensa sugiere que podría pedir asilo político en Rusia.

Le ha contestado Serguei Lavrov, el ministro ruso de Asuntos Exteriores: ni una cosa ni la otra. Si la paz en Siria depende de un acuerdo entre Rusia y Turquía, es evidente que nunca se llegará a nada.

Por otro lado la “oposición” es una jaula grillos. Ayer en una rueda de prensa en Riad, el autodenominado Alto Comité para las Negociaciones, apadrinado por Arabia saudí, dijo que quiere ser reconocidos como interlocutores únicos.

Anunciaron la designación de Mohamed Aluch, dirigente de Jaich Al-Islam, como jefe de la delegación. En Damasco dicen que dicha organización es un grupo terrorista que no puede sentarse en la mesa.

A su vez, Aluch se niega a que participe el partido kurdo de Siria, al que no consideran como oposición sino como una prolongación del propio gobierno de Damasco.

El emisario de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ha enviado las invitaciones para participar en las negociaciones de Ginebra, pero no ha revelado quiénes son los invitados. Se sabe que habrá delegados de Irán y Rusia, y que Damasco estará representada por dos diplomáticos del más alto nivel.

Algunas fuentes hablan también de la presencia de Kadri Jamil, antiguo Viceprimer Ministro de Bashar Al-Assad hasta 2013, cuya presencia la “oposición” considera innecesaria ya que le consideran como sumiso a las órdenes del Kremlin.

A pesar de las amenazas de boicot por parte de Turquía, del lado kurdo intervendrá Haytham Manna, copresidente del Consejo Democrático Sirio y de las Fuerzas Democráticas Sirias, apoyadas por Estados Unidos e integradas principalmente por las milicias de YPG (Unidades de Protección Popular).

Sin embargo, ayer el PYD kurdo desmintió haber recibido ninguna invitación para participar en las conversaciones de Ginebra.

A lo largo de esta semana, portavoces oficiales de Moscú han insistido en que sin la participación de los kurdos las negociaciones nunca saldrán adelante.

Lo mismo que Turquía, el Alto Comité para las Negociaciones también ha exigido la salida de Bashar Al-Assad de Damasco como condición previa para iniciar el periodo de transición.

Esta exigencia es cada vez más descabellada en la medida en que el ejército regular avanza en todos los frentes, aunque lentamente. El lunes cayó Cheij Miskin, una encrucijada estratégica que abre el camino hacia el norte, hacia Damasco y hacia el este, hacia la ciudad de Sueida.

Bashar Al-Assad no sólo estará presente de manera indirecta en las negociaciones sino que es el actor principal de las mismas por la propia situación actual de los frentes.

En los barrios rojos de Estambul (y 3)

Mahir Çayan, fundador del DHKP-C
Juan Manuel Olarieta

El barrio de Çayan debe su nombre a Mahir Çayan, fundador del DHKP-C, asesinado por la policía en 1972 cuando sólo contaba 26 años de edad. A pesar de su juventud, tradujo varias obras de Marx, Engels y Lenin al turco y junto con Ibrahim Kaypakkaya y Deniz Gezmiş constituyen las figuras más importante del comunismo turco y kurdo surgido a finales de los años sesenta.

Para asentarse en Çayan los revolucionarios tuvieron que hacer frente a lo que llaman “la mafia”, que son las inmobiliarias, que pretendían derribar las viviendas de los vecinos para construir grandes bloques de apartamentos y centros comerciales. Hablaron con los especuladores para convencerles de que abandonaran sus pretensiones, pero “la mafia” recurrió a lo que mejor sabe hacer: intimidar.

“Nos vimos obligados a sancionarles”, me dice un veterano del barrio. “¿Sancionarles?, ¿qué significa eso”, pregunto. “Ellos llamaron a sus matones y en dos ocasiones dispararon en plena calle a los jóvenes revolucionarios. A uno le hirieron en una rodilla”, me explica. Entonces las milicias mataron al propietario de la inmobiliaria. Esa fue la sanción impuesta a los mafiosos.

Las calles de Çayan son bulliciosas. Los peatones y vehículos se mezclan de manera caótica y los vendedores ambulantes ocupan las aceras. Casi en cada edificio la silueta de Mahir Çayan, acompañada de siglas y consignas, recuerda el comienzo de todo.

La Tayad, la asociación de familiares de los presos políticos, ocupa una de las casas bajas que hay en el centro del barrio. Las habitaciones y los pasillos están repletas hasta el techo de revistas que esperan a los distribuidores para que las hagan llegar a cada uno de los vecinos.

En Turquía todas las organizaciones revolucionarias se vuelcan por aquellos que han perdido a sus familiares en la lucha o los tienen encarcelados. Es más que una preocupación: es una dedicación permanente, un recuerdo constante. Las luchas de hoy se nutren de las de ayer.

Una mujer fuerte se sienta a hablar conmigo en medio de aquellos paquetes de propaganda. Es la madre de un preso político. Me cuenta el origen del movimiento a comienzos de los años ochenta, sus reuniones, sus discusiones, sus movilizaciones, sus reivindicaciones… Mientras sonríe y gesticula con las manos, habla suavemente pero con una convicción rotunda: “Nosotros empezamos defendiendo a nuestros hijos y ahora defendemos su causa”, asegura.

Se cumplen 15 años de la lucha de los presos políticos turcos contra el aislamiento penitenciario, una larga huelga de hambre en la que murieron 122 de ellos. Todo lo que me cuenta me suena familiar y cercano. Es como recordar a las madres de la AFAPP hace 30 años sujetando una pancarta en la calle, bajo un frío glacial o un sol tórrido. Es la eterna estampa de aquellas mujeres de pelo blanco a las puertas de cualquier cárcel remota, siempre cargando con las pesadas bolsas de comida, de ropa, de libros…

Las cárceles son siempre las mismas y a miles de kilómetros de distancia me siento partícipe del relato de aquella madre de gesto firme y trato cercano. Como los familiares de la AFAPP, también ella estuvo detenida y condenada a tres años de reclusión por defender a los presos políticos.

Ella percibe la cercanía igual que yo. “¿Existe algo parecido a Tayad en España?”, me pregunta. “Naturalmente”. Las cárceles son iguales en todas partes y los que están encerrados en ellas también son iguales, o muy parecidos: aislamiento, dispersión, organización, reunión, movilización…

“Pero a diferencia de Tayad, en España la AFAPP nunca ha sido legalizada”, le respondo, por buscar alguna diferencia. “Tres veces pidieron su legalización y nunca se la concedieron porque oficialmente en España no hay presos políticos y, por lo tanto, no puede una haber una asociación de presos políticos”.

No puedo evitar un chiste: “Tampoco existe dios y, sin embargo, hay cientos de asociaciones religiosas legalizadas”. Pero en España la autoridad competente sólo está para dos cosas: prohibir y poner una excusa para hacerlo. No se le puede pedir que, además, sea un poco más ingeniosa.

La madre se muestra interesada en las similitudes y diferencias que encuentro entre ambos países, así que me lanzo: “Como consecuencia de la total ausencia de derechos, en España la represión contra los presos políticos se extiende a sus familias, lo mismo que en Turquía”. Sólo los bocazas no entienden que la lucha de clases no es gratuita. Se paga con cárcel y con muerte. En Turquía no hay tanto bocazas porque la persecución política está generalizada, mientras que en España es discriminatoria. A algunos sí les sale gratis. El precio cero desvaloriza la lucha de clases; la convierte en “política”, un comercio propio de charlatanes y demagogos que harta a las masas.

Nos despedimos con un largo abrazo y al salir veo enfrente del portal una excavadora en un solar. Me cuentan que los vecinos acaban de derribar el centro social y están poniendo los cimientos de otro mejor, más amplio y más moderno.

Creo que es la mejor metáfora de la misma revolución. Hay quien cree que los vecinos del mundo no merecen más que este sucio y ruinoso Estado que hemos heredado del pasado. Por el contrario, los revolucionarios quieren lo mejor para ellos. Quieren poner la excavadora en funcionamiento, derribar el viejo Estado y construir otro, el que los obreros se merecen, mejor, más espacioso, más iluminado, más moderno, más confortable… No un Estado comprado en una inmobiliaria sino construido con sus propias manos.

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