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Día: 11 de diciembre de 2015 (página 1 de 1)

La guerra de los medios de comunicación imperialistas contra Siria

La agresión imperialista contra Siria (2)

Eduardo Luque

[…] Durante estos años, los medios políticos se han referido habitualmente al gobierno [sirio] como el “régimen”, y califican invariablemente al presidente como “sátrapa” o déspota. A comienzos de 2011 aparece en Facebook una página que bajo el epígrafe The Syrian Revolution 2011 convoca un “día de la cólera” para el viernes 4 de febrero [de 2011]. Curiosamente la convocatoria se hace en inglés y no en árabe. Al-Jazeera se hace eco de la convocatoria y la amplifica. La propuesta de movilización es un fracaso. El canal qatarí acaba calificando al país de “reino del silencio” (sic).

Aquel mismo día, aunque nadie siguió el llamamiento, la página en Facebook registra 80.000 entradas, récord absoluto aunque increíble, sobre todo para los que conocemos algo del país y sabemos del moderado uso que hacen los sirios de las nuevas tecnologías. El diario español El Mundo cubrió la noticia del “Día de la Ira” inventando la existencia de manifestaciones masivas contra el “régimen”; fuentes islamistas recogidas por la CNN afirmaron posteriormente que el “Día de la Ira” en realidad se aplazaba para el mes de marzo.

Ciertamente, las fuerzas de seguridad sirias cometieron graves errores que propiciaron el inicio de los desórdenes. Comenzaron en la ciudad de Deraa oriental de Kenema (frontera jordana): unos desconocidos pagaron a adolescentes para que hicieran pintadas contra el gobierno. La policía arrestó a los jóvenes, los trató como a criminales y maltrató a los mediadores locales. Algunas familias atacaron las comisarías y se produjeron algunos muertos. El presidente Bachar al-Assad intervino imponiendo sanciones a los policías, deteniendo a los culpables y destituyendo al gobernador. Se abrió una investigación. Algunos ministros viajaron al lugar de los hechos para presentar las excusas y condolencias del gobierno a las familias de las víctimas. Las excusas fueron públicamente aceptadas pero la prensa occidental ocultó esta parte. A raíz de los incidentes se introdujeron cambios políticos de envergadura (más multipartidismo, subida de salarios, amnistía, diálogo con sectores de la sociedad civil, levantamiento del estado de emergencia, cambió el gobierno, disolución de la Corte de Seguridad del Estado, Nueva constitución, etc.)

Esto podría haber conducido hacia la paz, pero no fue así. Se aprovecha la tensión existente y se producen atentados. Se dispara indistintamente contra la población civil y la policía. Individuos fuertemente armados atacan un edificio público encargado de la observación del territorio sirio del Golán ocupado por Israel. Hubo un duro combate con muertos por los dos bandos. Desde el comienzo, la existencia de grupos armados es una constante en el caso sirio. Los casos libio y sirio, como antes lo fue el caso iraquí, responden a patrones similares. Antes de la intervención es necesaria una campaña de manipulación mediática que prepare el terreno. En la ofensiva contra Siria hay multitud de ejemplos. Por ejemplo, en mayo se producen manifestaciones en Latakia. El presidente sirio ordena que bajo ninguna circunstancia se utilicen armas de fuego. La policía interviene usando porras. Se les responde con fuego de armas automáticas y mueren 12 policías mientras otros quedan malheridos.

Los medios occidentales fabulan una historia donde las fuerzas navales sirias han bombardeado la ciudad. El periodista turco Arslan Bulut, que encabezaba una comisión de medios independientes de varios países presentes esos días en Latakia, reconoció en sus artículos que la información era falsa y la denunció como un montaje. La agitación, atizada especialmente por la prensa internacional, sube varios grados. Fuentes de la inteligencia rusa confirman la existencia de dos centros (uno en Hamburgo, el otro en Líbano) de producción de material visual al servicio de la oposición, se pretende nutrir internet con imágenes falsas montadas en estudio… Algunos de los vídeos que hemos visto en internet son disturbios grabados en el Yemen y distribuidos por los medios como si hubieran sucedido en Damasco. La campaña mediática se acrecienta aunque cometen errores de bulto.

Uno de los casos más groseros fue la esperpéntica historia de la bloguera lesbiana Amina Abdallah, secuestrada y torturada supuestamente por la policía. Gracias a la dirección IP de su ordenador se pudo comprobar que el verdadero autor del blog de Amina era un “estudiante” estadounidense de 40 años llamado Tom McMaster, participante en el congreso de la oposición siria pro-occidental que reclamó de Turquía una intervención de la OTAN. Su mujer y el diario The Guardian confirmaron la noticia, pero miles de crédulos internautas occidentales crearon grupos en las redes sociales para defender a este personaje inventado. Algunas ONG defensoras de los derechos humanos también han participado en la manipulación: Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) inician una campaña internacional tras presentar el caso del asesinato de la joven Zaina Hosni, cuyo cuerpo, supuestamente, fue encontrado descuartizado después de ser “secuestrada, torturada y asesinada” por la policía. La prensa internacional utilizó el caso como “símbolo” de la oposición; a los pocos días la chica aparecía con vida desmintiéndolo todo: “Estoy viva”, anunció, “son los canales internacionales de televisión los que mienten. Me he animado a contarlo para que no me consideren muerta, ya que algún día quiero ser madre”. Se había ido de su casa por una disputa familiar. Ni Amnistía Internacional ni Human Rights Watch, que hicieron el ridículo, ni la gran prensa occidental reconocieron su error ¿intencionado? Bien al contrario, se lanzaron a la búsqueda de “nuevas” muestras de la represión de la “dictadura” de Damasco. Estas ONG continúan impertérritas en su campaña; Amnistía reconoce que no tiene equipos sobre el terreno para poder comprobar sus afirmaciones, pero sin embargo las mantiene.

La cadena Al-Jazeera ha sido la punta de lanza de la desinformación. Gracias a los papeles de WikiLeaks, se descubrió que su director, Wadah Khanfar, tenía estrechas relaciones con los servicios de inteligencia de EEUU. La grosera manipulación del caso sirio provocó dimisiones de periodistas importantes en la cadena. La línea editorial de la emisora había cambiado radicalmente tras las revueltas tunecinas: la familia real qatarí había tomado férreamente el control. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no ha tenido problemas en alabar la cobertura mediática de la cadena sobre la crisis libia. El ejemplo más burdo fue la cobertura de las manifestaciones del 1 de mayo en Moscú. Al-Jazeera las presentó como si fueran anti-gobierno sirio; fueron contratados actores para ser entrevistados como supuestos opositores al “régimen”. Los medios rusos no tardaron en desmontar y denunciar el montaje.

En Occidente no se ha mencionado el tema. Es un salto enorme en el proceso de confusión intencionada. El escritor norteamericano Webster Tarpley manifestaba a la televisión rusa Russia Today que los civiles sirios han de hacer frente a escuadrones de la muerte, a francotiradores que asesinan a civiles en las manifestaciones con intención de incrementar la violencia en el país. El 4 de noviembre [de 2011] la UE clausuró la agencia privada de noticias Cham Press, el diario Al-Watan y el canal Addounia en un incalificable ataque al derecho de expresión; son críticos con el gobierno sirio, pero se negaban a tergiversar los hechos tal y como pretendía la UE. El coro de medios occidentales no se ha pronunciado frente a este atropello, aunque siguen describiendo los recientes acontecimientos en Siria como un “movimiento de protesta pacífica” contra el gobierno de Bashar al-Assad.

El sitio de Internet Debakfile, ligado a la inteligencia israelí, anunciaba [que las fuerzas sirias] “están encontrando ahora [2011] una fuerte resistencia: les esperan trampas antitanques y barreras fortificadas dirigidas por manifestantes armados con ametralladoras pesadas”. ¿Desde cuándo son manifestantes pacíficos los que se arman con “ametralladoras pesadas” y “trampas antitanque”? El 2 de diciembre [de 2011] se hacía público que los sectores políticos pacíficos del movimiento se habían unido con el “ejército libre de Siria” a cambio de no realizar más acciones militares “ofensivas” contra el ejército.

Paralelamente, Mohammad Riad Shakfa, líder exiliado de la Hermandad Musulmana de Siria, pidió la “intervención” turca en el país, incluida la creación de una zona de exclusión aérea en el lado sirio de la frontera. El sitio de internet www.mondialisation.ca confirma el desplazamiento de 600 mercenarios libios al sur de Turquía así como la constitución de un centro logístico y de entrenamiento militar en la zona turca de Iskenderun, en la provincia de Hatay, al sur de Turquía, cerca de la bella ciudad siria de Aleppo. El martes 6 de diciembre se detiene en Siria a un grupo de mercenarios fuertemente armados provenientes de la frontera turca. Ankara se ve obligada a manifestar que nunca atacará a un vecino. Su agresividad contra Siria contrasta con su timorata actuación frente a la muerte de 9 civiles turcos en la “flotilla por la paz”.

La lógica nos indicaría que debería llevarse una lista rigurosa con los 3.500 supuestos asesinados. En este número se incluyen a los 1.200 soldados asesinados en choques armados. El 5 de diciembre la Red Voltaire informó que fuentes periodísticas francesas afincadas en Siria habían podido constatar que buena parte de los civiles supuestamente asesinados por el ejército sirio estaban vivos. Sus nombres fueron sacados de la guía telefónica, algunos de ellos han aparecido en la TV siria demostrando así su existencia. Sólo existe una única fuente de información, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres. Sus responsables son anónimos. ¿Qué valor pueden tener sus afirmaciones si no se confrontan con otras fuentes? La realidad es otra, aunque es difícil que se abra paso.

Delegaciones de partidos de la oposición turca visitaron las ciudades de Aleppo, Damasco y Latakia. Birgul Ayman Guler, vicepresidente del Partido Republicano del Pueblo (CHP) encabezaba la delegación. Coincidieron en señalar que la situación real en Siria dista mucho de ser la imagen proyectada por los medios occidentales. Reconoce la existencia de enfrentamientos en el interior del país, pero los achaca a la “actividad de grupos terroristas”. Por otra parte, periodistas de nacionalidad turca como Arslan Bulut, que encabezaba una delegación de medios periodísticos en la histórica ciudad de las Noria (Hama), criticó la cobertura mediática que se está haciendo. Presenció cómo los corresponsales extranjeros tergiversaban los hechos al transmitir los eventos informativos. En un artículo con fecha del 25/08/2011, el periodista señaló que durante su estancia en Hama obtuvo información, de fuentes fiables y objetivas, de cómo grupos armados atacaron el centro de la ciudad, bancos, hospitales y comisarías. La intervención de las fuerzas de seguridad sirvió para que la prensa occidental enviara la noticia inventada de que el ejército había bombardeado el centro con artillería pesada, aviación y tanques. Los que conocemos la ciudad regada por el río Orontes y sabemos de su gran densidad de población (unos 300.000 habitantes) sabemos lo inviable de este aserto. Con este criterio, las imágenes de la masacrada Sirte por efectos de los obuses de la artillería pesada y la aviación de la OTAN obligarían a hablar no de decenas de muertes, sino de miles. El periodista, según narra, logró formarse una idea y una visión acerca de lo que está sucediendo en Siria. Este escritor hizo referencia a los supuestos bombardeos navales contra el puerto de Latakia al asegurar que las lanchas armadas sirias patrullaban la costa para evitar la llegada de armas a los grupos terroristas y que no bombardearon en absoluto el barrio. El periodista fue testigo los mismos días que los medios occidentales proclamaban la matanza.

La agresión imperialista contra Siria (1)

 Eduardo Luque

Independientemente de lo que cada uno pueda pensar sobre la calidad democrática del gobierno sirio, cada vez es más evidente que estamos ante una repetición del caso libio, con una falsificación mediática de enormes proporciones. Nos mienten los gobiernos, nos mienten los medios, e incluso nos mienten las organizaciones humanitarias otrora dignas y veraces.

El proyecto estadounidense de reconfiguración de Oriente Medio, con la entrega del poder a un islamismo “moderado” que no cuestiona el orden neoliberal prosigue su implacable avance.

La “primavera siria” no se inicia a principios del 2011 sino mucho antes: el 15 de septiembre del 2001. Ese día George Bush anuncia la lucha implacable contra los países del “eje del mal”. La maquinaria se pone en marcha. El 6 de mayo de 2002 John Bolton, a la sazón subsecretario de Estado, anuncia las líneas maestras de la intervención. El 12 de diciembre de 2003 se vota la Syrian Accountability Act, una ley que permite al presidente atacar Siria sin autorización del Congreso.

El embajador en Siria y encargado del desarrollo del plan es Robert S. Ford, miembro del equipo de Negroponte, creador de los escuadrones de la muerte en Latinoamérica. Se inicia la campaña de demonización del gobierno sirio. La financiación, unos 2.000 millones de dólares si hemos de hacer caso a las declaraciones de agentes del Mossad, procedería de los Estados Unidos y las dictaduras teocráticas del Golfo, financiadoras a su vez de la “resistencia libia”. El proceso constaría de varias fases, siendo una de ellas la creación de grupos de resistencia armada (en “roman paladino”: mercenarios entrenados por especialistas militares occidentales). La implicación de Occidente ha sido tan evidente que el 8 de julio del 2011 las embajadas de Estados Unidos y Francia apoyaron la manifestación opositora en Hama, con la participación directa de los embajadores. Como en Libia, muchas marchas de protesta de la oposición siria no exigían más democracia, sino la imposición de un Estado islámico. ¿Permitirían estos países occidentales que el embajador sirio se personara con los indignados de Wall Street o participara en reuniones políticas contra el gobierno francés? En paralelo a estas graves injerencias, las calles de Damasco y numerosas ciudades son testigos de las mayores manifestaciones de apoyo al gobierno sirio en toda la historia del país. Las imágenes recogidas por periodistas independientes son elocuentes.

El 2 de diciembre un funcionario estadounidense de la ONU afirmaba que Siria se hallaba en un estado de guerra civil. Como en el caso libio, el recurso semántico de la guerra ampara la intervención neocolonial, pero el silencio del organismo internacional frente a la violación de sus propias resoluciones sobre Libia lo descalifica. Los casos libio y sirio presentan grandes similitudes, aunque sean procesos diferentes. Libia es una nación artificial, creación de las potencias ocupantes; por el contrario, Siria ha sido siempre una nación (la “Gran Siria”) que se extendía por los actuales Líbano y Siria pero que quedó reducida por los colonizadores a las fronteras actuales tras las guerras mundiales. Siria es un país con un marcado sentido nacional y políticamente laico donde, hasta ahora, coexisten diversas confesiones religiosas (musulmana sunnita, maronitas, católicos, drusos, alawitas, chiítas). Es una república desde 1963. La vigente Constitución de 1973 define al país como República Democrática, Popular y Socialista basada en el socialismo árabe. Los principios de igualdad ante la ley, libertad religiosa y propiedad privada son preservados por la carta magna. La elección del presidente, que tiene un enorme poder y ha de ser obligatoriamente musulmán, se produce cada siete años (el actual fue escogido mediante referéndum en 2007).

Cada cuatro años se escoge una Asamblea del Pueblo y un Consejo de ministros. Están permitidos los partidos políticos integrados en el llamado Frente Nacional Progresista (FNP), aunque en la práctica el dominante es el partido Baaz. La dinastía Al-Assad es coetánea a la de Gadafi.

El actual presidente sirio, Bachar al-Assad, no conquistó el poder, ni siquiera parece que le interesara. Era médico oftalmólogo en Londres. La muerte de su padre provocó un vacío de poder y el riesgo de una guerra sucesoria. Fueron a buscarlo a Inglaterra y fue aceptado como presidente tras el referéndum. Bachar al-Assad fue durante mucho tiempo unos de los líderes más populares del Medio Oriente. Su marcado antiimperialismo, su apoyo a las decenas de miles de palestinos que viven en su territorio y la ayuda prestada a los millones de iraquíes expulsados de su país le granjearon gran popularidad.

El terrorismo de Estado no descansa

Para muestra sobre cómo va el estado de urgencia en Francia, basta otra pequeña anécdota: el miércoles el presidente del gobierno Manuel Valls dijo ante la Asamblea Nacional que el Estado tiene un deber de protección de los musulmanes.

La conclusión es obvia: los musulmanes no son los verdugos sino la víctimas del terrorismo que ha anidado en Francia. Los atentados y las agresiones contra ellos son cotidianas.

El otro día en un accidente del tráfico, una musulmana fue agredida por un cobarde que pasó de la disputa a las manos, en presencia de tres hijos de corta edad, que vieron a su madre apaleada e insultada.

Luego algún experto dirá en la tele que esos niños se han “radicalizado” por culpa de sus lecturas del Corán… Es el mundo al revés: no somos nosotros los que buscamos ideas, sino ellas quienes nos encuentran.

En su intervención Valls se refería a los ataques de la población contra los musulmanes, pero nada dijo de los ataques de la policía, de las redadas, de los registros y los confinamientos domiciliarios, que son el verdadero rostro del estado de urgencia.

Los relatos se parecen unos a otros como gotas de agua. En la madrugada del 3 de diciembre un matrimonio dormía en su casa con sus hijos cuando un ruido brutal les sorprendió.

El padre se levanta de la cama, se acerca a la puerta de entrada y cuando vio una luz roja que penetraba por la mirilla se dio cuenta de que llegaban las hordas policiales con la parafernalia de rigor.

Tuvo el tiempo justo de gritar a su mujer “¡Es la policía!” antes de levantar las manos. En ese momento la puerta cayó al suelo y entraron los encapuchados con las armas en la mano y gritando “¡Policía! ¡No se mueva!”

El siguiente paso es tirarse al suelo con las manos por detrás de la nuca para que un policía se ponga encima como si el detenido fuera un caballo y le espose las muñecas. Luego otros dos policías se acercan, uno por cada lado, y le empiezan a dar patadas en la cabeza, que gira de izquierda a derecha según cada golpe.

Entonces la sangre brota de la cara, regando el suelo del pasillo, hasta que a los heroicos policías les duelen los pies, se cansan y dejan de golpear la cabeza del detenido.

Luego le dicen que se incorpore y se siente junto al frigorífico de la cocina para que no entorpezca la invasión. Entonces los matones dejan paso a los finos y a las formalidades legales propias de un Estado de Derecho. Llega la policía judicial con una orden de registro en la mano.

Sentado, aturdido y lleno de sangre, el detenido ni ve ni puede leer nada de lo que le ponen delante de su cara. Tampoco importa demasiado; sólo es un formalismo.

Las sospechas son claras y contundentes: el detenido es un peligro porque había servido durante cinco años en el ejército francés como francotirador antes de licenciarse y radicalizarse.

Una vez que le han reducido, los policías le burlan de él y le insultan mientras van de un lado para otro registrando las habitaciones, los armarios, las cajoneras… Además de llamarle “moro” le preguntan dónde guarda el paracaídas y el Corán de mierda.

Por fin, los policías encuentran lo que buscaban, se felicitan y se lo ponen delante de su cara como un trofeo de caza que justifica el atropello:

– ¿Qué es esto?, le preguntan

Aunque se lo ponen delante de sus ojos, el detenido sigue sin ver con claridad, hasta que uno le dice:

– Mira: ¡hemos encontrado una pistola!

Al detenido no le cabe ninguna duda: sólo puede ser la pistola de uno de sus hijos. Le dice al policía que mire bien y, en efecto, en lugar de un cañón, la punta está cerrada por una especie de tapón de color rojo.

El policía se puso del mismo color que el tapón y cuando el detenido se da cuenta, aprovecha la ocasión:

– ¿No sabe Usted diferenciar entre una pistola y un juguete?

Así fue otro de los éxitos policiales en la implacable lucha contra el yihadismo. El entonces detenido se convirtió en un hospitalizado con dos días convaleciente en la UVI. Cuando le dieron el alta, la policía ordenó su confinamiento, de manera que no puede vivir en su casa, ni en su barrio.

Este caso es como otros muchos. En Francia se han abierto varias páginas webs en las que cuentan este tipo de terrorismo policial. Una de ellas permite hacer donativos para las víctimas:

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