La web más censurada en internet

Día: 19 de noviembre de 2015 (página 1 de 1)

La oposición ‘moderada’ confiesa sus vínculos con el yihadismo

Abdul Djabbar Al-Okaidi
Hace un mes Hollande, el presidente francés, le indicaba a Putin lo que debía hacer en Siria: los bombardeos rusos sólo debían atacar al Califato Islámico, pero en ningún caso a la oposición “moderada”.

Los demás grupos armados no eran terroristas y, posiblemente, tampoco yihadistas ni nada parecido, sino la legítima oposición al régimen de Al-Assad, incluido el Frente Al-Nosra, es decir, Al-Qaeda.

Cuando hablan de oposición “moderada” los imperialistas se refieren, sobre todo, al llamado “ejército libre”, al que llevan cuatro años tratando de dar vida.

Pero, ¿qué dice dicho “ejército libre” de sí mismo? Pues en una entrevista concedida a un canal de la televisión rusa un coronel del mismo, Abdul Djabbar Al-Okaidi, confiesa que son aliados del Frente Al-Nosra y que mantienen buenas relaciones con el Califato Islámico.

El único reproche que el coronel hace al Califato Islámico es que, en ocasiones, tiene un “comportamiento incorrecto”. ¿A qué le llama “incorrecto”? Los yihadistas, se lamenta el coronel, destruyen monumentos históricos, ejecutan a niños masivamente, cometen atentados innobles y decapitan a sus opositores.

Según explica el coronel en el vídeo, aunque el Frente Al-Nosra no vacila en ejecutar a las mujeres en las plazas públicas por adulterio, no es una organización terrorista y el “ejército libre” colabora con ellos.

Los fascistas ucranianos quieren dar asilo político al Califato Islámico

Dmitri Korchinski
El fascista ucraniano Dmitri Korchinski, antiguo dirigente del partido UNA-UNSO, ha propuesto al gobierno de Kiev ofrecer asilo político a los miembros del Califato Islámico a fin de luchar conjuntamente contra Rusia.

“Desgraciadamente las fuerzas de seguridad ucranianas a veces detienen o expulsan a los caucasianos que van de Siria a Moscú por su pertenencia al Califato Islámico. No es razonable”, ha escrito el ucraniano en las redes sociales.

Korchinski añade que los combatientes del grupo terrorista “deben ser considerados como aliados en la lucha contra el imperialismo moscovita”.

“Todos aquellos que luchan por la liberación de los pueblos que viven bajo la ocupación imperialista de Moscú tienen derecho de asilo en Ucrania”, continúa proponiendo Korchinski, quien ha levantado una tempestad de comentarios en las redes sociales.

El partido de Korchinski, UNA-UNSO, el más importante de la reacción ucraniana, se fusionó en mayo del año pasado con Pravy Sektor, junto con otros grupos fascistas y nacionalistas.

Korchinski participó activamente en el golpe de Estado de la Plaza Maidan en febrero del pasado año, que causó centenares de víctimas.

Un gran negocio llamado franquismo

Juan March
Julián Vadillo

El 21 de agosto de 1942 Franco dijo lo siguiente en un discurso en Lugo: “Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”. Lo que es cierto cuando comprobamos cómo grandes familias de este país (los Gómez-Acebo, Aguirre Gonzalo, Banús, Fierro, Oriol y Urquijo, etc.) medraron a la sombra del dictador. Pero no sólo se benefició a esas familias. El propio Franco hizo su fortuna a partir del golpe de Estado contra la República.

Como ha mostrado el historiador Ángel Viñas, Franco comenzó la Guerra con el sueldo congelado y la acabó con 32 millones de pesetas de la época (el equivalente actual a 388 millones de euros). Para Viñas, esta fuente de riqueza podría venir por la donación de café que el dictador brasileño Gentulio Vargas dio a Franco, que se enriqueció personalmente en su venta.

Y es que el entramado de corruptelas y enriquecimientos del franquismo parte desde su origen. El golpe de Estado de julio de 1936 no habría sido posible sin la ayuda financiera que el banquero Juan March brindó a Franco. La compra de armamento, los negocios con nazis y fascistas, tuvieron a March como protagonista. A cambio, éste consiguió de Franco el monopolio bancario y financiero.

La fortuna de Juan March creció durante el franquismo, con la fundación de empresas que prosperaron a la sombra del régimen y que aún existen. Los March siguen presentes en consejos de administración de empresas importantes de España (ACS, Acerinox, Prosegur, etc.). March fundó en 1951 Fuerzas Eléctricas de Cataluña (FECSA), que se hizo con el monopolio de la producción eléctrica catalana. Sobrevivió al franquismo y fue una de las impulsoras de la central nuclear de Ascó hasta su absorción por parte de Endesa. Una empresa que reportó enormes beneficios a los March.

Junto a estos incrementos de riqueza hay que analizar cómo se realizaron algunas obras públicas del franquismo. Las imágenes de Franco inaugurando pantanos, pueblos reconstruidos, canales de riego o el faraónico Valle de los Caídos, tienen detrás una triste historia. De una parte, las concesiones a empresas adictas al régimen. De otra, el uso como mano de obra esclava de los presos políticos.

Gracias a la investigación de historiadores como José Luis Gutiérrez Molina, sabemos que el Canal del Guadalquivir utilizó hasta 2.000 presos políticos como mano de obra esclava bajo el auspicio del llamado Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, utilizado para aminorar las condenas. Mano de obra expuesta a un peligro vital, sin ningún tipo de garantía y que reportó al Estado enormes beneficios. Alrededor del Canal se instalaron auténticos campos de concentración.

La Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones también se benefició de esa mano de obra esclava.

Pero el monumento por excelencia que encarnó la utilización de presos políticos y que no sólo benefició al Estado sino a empresas privadas, fue el Valle de los Caídos. Franco eligió el emplazamiento de Cuelgamuros para realizar una faraónica construcción donde hacer su propia tumba. La concesión de la construcción del Valle de los Caídos recayó sobre las siguientes empresas: San Román, filial de Agromán, y Estudios y Construcciones Molán y Banús. Posteriormente se uniría Huarte y Cía.

Todas estas empresas utilizaron mano de obra esclava, los presos republicanos. El periodista Rafael Torres cifra en 20.000
los presos republicanos que participaron en la construcción del Valle de los Caídos. El también periodista Fernando Olmeda,
ha documentado que en el Valle trabajaron 141 batallones de presos.

Isaias Lafuente dio un paso más y cuantificó los beneficios del franquismo por el uso de esa mano de obra: 130.000 millones de pesetas (unos 780 millones de euros). Esa mano de obra esclava fue la base del beneficio económico de las empresas. Si un trabajador les costaba 10,50 pesetas por día, el preso político sólo recibía 50 céntimos, tal como ha explicado en más de una ocasión Nicolás Sánchez-Albornoz, que estuvo preso en el Valle de los Caídos en 1947 y que huyó de España.

Los grandes empresarios de esta construcción fundaron incluso entidades bancarias posteriores como el Banco Guipuzcoano de José María Aguirre Gonzalo, uno de los fundadores de Agromán. También José Banús, quien se benefició de distintas concesiones del régimen en construcciones como Puerto Banús. Allí todavía sus descendientes explotan el beneficio del turismo de alto standing (entre ellos la familia real saudí).

Muchas de estas empresas siguen existiendo hoy en día. Los beneficios que consiguieron en su momento explotando la mano de obra esclava siguen cotizando en el IBEX 35. Durante el franquismo se inauguraron también las puertas giratorias. Son varios los ministros de Franco que, por las concesiones que hacían a determinas empresas, acabaron sentados en los Consejos de Adminis­tración de esas mismas empresas. Algunos de esos altos cargos franquistas consiguieron también importantes puestos en la banca española.

En 1993, el periodista Jesús Hermida entrevistaba a la plana mayor del PP. Un PP pujante que apuntaba a la Moncloa. En ese programa televisivo se sacó la conclusión que dicho partido era una derecha moderna, sin vínculos con el franquismo. Allí se sentaron José María Aznar, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato, Javier Arenas, etc.

Pero a pesar de ese intento de desvinculación del franquismo, lo cierto es que muchos de esos políticos habían crecido al calor del régimen y sus familias se beneficiaron de las concesiones del mismo. Ramón Rato, padre de Rodrigo Rato, había fundado Radio Nacional de España con Millán Astray y Dionisio Ridriejo, y era propietario del Banco del Norte y el Banco Murciano. Y el propio Aznar es nieto de Manuel Aznar, uno de los periodistas de cabecera del régimen franquista y que también formó parte del Banco Urquijo.

El franquismo no sólo fue una maquinaria represiva sino también una gran empresa y un negocio que, en la actualidad, sigue reportando beneficios.

A los negocios que el dictador facilitó se deben sumar los beneficios que la propia familia del dictador tuvo y tiene. Propiedad adquiridas durante la dictadura que hoy siguen reportando beneficio, ya sea por su explotación o su venta, a los descendientes del dictador. El caso más conocido es el del Pazo de Meiras en A Coruña.

https://www.diagonalperiodico.net/saberes/28387-gran-negocio-llamado-franquismo.html

Cuando el terror viste ropajes budistas

Deberíamos reflexionar un poco más acerca de los motivos por los cuales nos hemos dejado inculcar un estereotipo de las diferentes religiones, de manera que, aunque no sepamos apenas nada de ellas, las asociamos mecánicamente a ciertos clichés en los que hay causas y efectos, culpables y víctimas que, por cierto, son siempre los mismos. Se repiten cansinamente.Así, el islam es, per se, la religión del fanatismo, el terror y la intolerancia, mientras que el budismo es todo lo contrario: la paz, el amor al prójimo y el buen rollito. No hay nada más peligroso que un imán, ni nada más inofensivo que un monje budista.

Myanmar, la antigua Birmania, es un país budista en el que hace dos semanas las elecciones las ganó una mujer, Aung San Suu Kyi, que además de dirigir la Liga Nacional para la Democracia, es Premio Nóbel de la Paz.

Todo cuadra. Es el tipo de noticias que nos transmite un cliché de un país y una religión donde todo va bien.

Pero hay un monje budista, llamado Wirathu, que no cabe en nuestros pequeños esquemas. Quizá se pueda resumir su personalidad diciendo que desde 2001 le gusta que le llamen “El Bin Laden budista”.

En Europa diríamos que el monje Wirathu es un fascista porque su objetivo es exterminar a la minoría musulmana de Myanmar (Birmania), los rohingyas, que suponen el cinco por ciento de la población.

El budista quiere un genocidio, apela públicamente a ello, sin pelos en la lengua y, a pesar de las elecciones, dentro de poco correrá la sangre porque las cosas no pintan nada bien para los islamistas birmanos.

A pesar del budismo en Myanmar a los rohingyas de les privó en 1982 de su derecho de voto a causa de una ley impuesta en los tiempos en que el país vivía bajo una dictadura.

… O más bien habría que decir que era un califato porque los militares impusieron el budismo como religión del Estado. A los musulmanes se les privó de su nacionalidad. 1,3 millones de personas dejaron de ser birmanos de la noche a la mañana; desde entonces son apátridas. No tienen ningún derecho ni tampoco a dónde ir.

Pero la dictadura acabó. Llegaron los demócratas y los Premios Nóbel de “la paz”. Ganaron las elecciones, pero cambiaron las cosas tanto como en España durante la transición. Ya saben…

Cuando tras las elecciones a un periodista se le escapó la palabra “genocidio” en referencia a los rohingyas, la presidenta Aug San Suu Kyi dijo que no había que exagerar.

El monje budista es uno de los principales instigadores de las oleadas de violencia contra los musulmanes que se producen regularmente, con el resultado de miles de muertes. Los budistas les asesinan a machetazos con absoluta impunidad, queman sus tiendas y quieren aprobar un ley que prohíba los matrimonios entre personas de diferente religión.“A principios de abril [de 2013], cuando viajé a Meiktila para investigar la violencia, prácticamente no quedaban musulmanes en aquella ciudad de unos 100.000 habitantes. Unas 18.000 personas, la mayoría musulmanas, se habían visto obligadas a abandonar sus casas y vivían entonces en campos de desplazados internos improvisados en escuelas vigiladas por el ejército. Eran nuevos desterrados en su propia tierra, en un país en el que ya se cuentan por centenares de miles. El acceso a los campos oficiales estaba prohibido a los periodistas, pero era posible visitar un campo clandestino cerca de la ciudad con algo más de 3.000 desplazados musulmanes”, cuenta un periodista (*).

Estamos hablando de Myanmar (Birmania), un país al que la mayor parte de nosotros no seríamos capaces de situar en un mapa. En la televisión las noticias nunca hablan de países así, que no interesan a nadie, que no atraen audiencia sino que la alejan y, por lo tanto, alejan a la publicidad.

Sólo aparece en las guías turísticas, en los documentales exóticos de National Geographic… Si pudiéramos pagarnos el viaje, iríamos con mucha más tranquilidad allá que a Irán. Por eso hay países que no están en las agencias de viajes, ni en las promociones de touroperadores.

Si no se lo creen hagan la prueba. Vayan a una agencia de viajes y pidan un folleto turístico de Myanmar (Birmania) para ver los trajes típicos, la naturaleza ubérrima y los espectaculares edificios, que contrastan con los de Kabul, por poner un ejemplo.

A pesar del monje Wirathu, el budismo no es el problema de Myanmar (Birmania) como el islam no es el problema de Afganistán. A lo largo de la historia ninguna religión ha sido nunca la causa de ningún problema, sino su consecuencia.

Cuando la situación en Myanmar (Birmania) explote porque los rohingyas no se dejen exterminar pacíficamente, entonces ya tenemos la noticia escrita de antemano: los islamistas birmanos se pasan al yihadismo… Hasta entonces todo era un oasis de paz… Etcétera, etcétera, etcétera…

(*) http://www.eldiario.es/desalambre/Violencia-nombre-budismo_0_147335705.html

Los sionistas de Nueva York no pueden con Roger Waters

Roger Waters en 1970
Roger Waters, el bajista del grupo de rock Pink Floyd, además de músico, es también un defensor de la causa palestina y promotor de las iniciativas de boicot a los productos israelíes en el mundo.

El 1 de noviembre tocaba en un teatro de Nueva York, que el Centro Simon Wiesenthal trató de boicotear. Hicieron un llamamiento para que quienes hubieran cobrado entradas exigieran la devolución de su importe. Querían un concierto sin público.

Su fracaso ha sido total. No sólo nadie pidió la devolución del precio de las entradas sino que se agotó el aforo en su totalidad. El problema fue el de encontrar alguna en la reventa.

Junto con otras leyendas, como Neil Young, Waters es un músico comprometido de los que ya quedan pocos. En varias ocasiones ha viajado a Palestina para solidarizarse con la población masacrada por el sionismo.

Es un activo promotor de la campaña para que los artistas se nieguen a actuar en Israel mientras siga ocupando los territorios palestinos. No oculta su desprecio a los sionistas que tratan de intimidarle.

Los sionistas le han acusado de ser un “simpatizante nazi”. Es lo que más le molesta a
Waters. “No sólo mi padre, el teniente segundo Eric Fletcher Waters,
murió en Italia el 18 de febrero de 1944 luchando contra los nazis; yo
fui criado en la Inglaterra de posguerra, donde recibí la educación más a
fondo sobre el tema del nazismo y donde no me ahorraron ninguno de los
horribles detalles acerca de los crímenes atroces cometidos en nombre de
esa sucia ideología”
.

El cantante dice que no “odia a los judíos”, enfatizando que “tengo muchos y muy buenos amigos judíos, uno de los cuales, curiosamente, es el sobrino del fallecido Simon Wiesenthal”. Agrega que su nuera, y por tanto sus dos nietos “a quienes amo más que a la vida“, también son judíos.

En sus entrevistas afirma que “colaborar con Israel es sostener a los colonos que queman a los bebés y a los soldados que aplastan con excavadoras a los jóvenes paacifistas como Rachel Corrie”.

Palomares

Bianchi

En enero de 2016 se cumplirán cincuenta años del «incidente» de Palomares. El día 17 de enero de 1966, sobre el cielo de Palomares, una aldea almeriense próxima al Mediterráneo, dos aviones militares norteamericanos, un B-52, prototipo de bombardero estadounidense utilizado para devastar las selvas vietnamitas, y el avión nodriza que le abastecía de combustible en pleno vuelo, chocaron entre sí y cayeron a tierra en medio de una gigantesca bola de fuego. De las cuatro bombas atómicas de hidrógeno que portaba el B-52, dos se rompieron al estrellarse contra el suelo lo que provocó una grave contaminación de uranio y plutonio.

Aquello, como no podía ser de otra forma, se trató de ocultar, pero entre lo que se filtró reproduciremos las declaraciones -de un cinismo sublime- del embajador de los EE. UU en España que manifestó -con un morro que se lo pisa- que ese «accidente nuclear» habría traído consigo la modernización de toda esa comarca almeriense: «estos pueblos eran desconocidos y hoy -entonces- tienen fama universal (…) Sí, en efecto, probablemente hemos metido a esas gentesen el tiempoen nuestro tiempoen un tiempo de bombas atómicas» (diario «Arriba», órgano del Movimiento Nacional, 3-4-1966).

Con no menor desparpajo hijoputil, un plumilla llegó a escribir que el «accidente»«ancla firmemente a la región (?) de Palomares en el mapa turístico de España» («Arriba», 10-3-66). La prensa venal franquista, encima, riéndole las «gracias» al embajador yanqui quien, por cierto, protagonizara el célebre baño que se dio en aguas almerienses junto a Fraga Iribarne, con su meyba, ministro de Información y Turismo a la sazón, para hacer ver que allí no había pasado nada, oiga. No faltaron quienes dudaron de que aquella playa fuera almeriense…

En 1968 Isabel Álvarez de Toledo y Maura, Duquesa de Medina Sidonia -con el tiempo conocida como la «Duquesa Roja»-, escribió un libro sobre Palomares donde, por una parte, reconstruía unos hechos en buena medida desconocidos para la opinión pública española, sometida a un «silencio impuesto» y «la mentira oficial», y por otra parte, denunciaba la precaria situación sanitaria y económica de los campesinos y pescadores de la zona contaminada. Mutilado el texto por la censura de la época, llamada entonces «consulta previa», y relegado después, en la Transición, al olvido, el valioso manuscrito sigue inédito hasta ahora, como quien dice.

Al principio, la consigna oficial fue negar toda peligrosidad derivada del «accidente». Cuando se rescató del mar la cuarta bomba, los técnicos norteamericanos reconocieron, sin embargo y a toro pasado, la destrucción apocalíptica que se habría producido en el caso de haberse provocado una reacción en cadena de alguna de ellas: «el paisaje se hubiera transformado en algo muy parecido a un cráter lunar, en un radio de 15 kilómetros. Palomares, Villaricos, Mojácar, Cuevas de Almanzora (donde nació, haremos una digresión, el fascista y presunto periodista Carlos Herrera que seguro que hoy restaría importancia a aquel «incidente» que estuvo a punto de matar a sus propios paisanos), Vera y Garrucha hubieran quedado completamente arrasadas y sin ningún vestigio de vida animal o vegetal. Más de 60. 000 muertos amén de que la lluvia radiactiva hubiera caído en una extensión mínima de 800 kms. cuadrados» («El Alcázar», 4-5-66 y «Pueblo»). Como dice la autora, los 24 megatones de la bomba recuperada del mar «suponían una potencia cinco mil veces superior a la de aquella ‘modesta’ (comillas mías) bomba que destruyó Hiroshima». Más tarde se supo que la contaminación radiactiva registrada en Palomares fue la más grave contaminación de plutonio registrada hasta entonces en el mundo. Los vecinos desinformados totalmente. Al revés, como coña, como típica estampa de Celtiberia Show, la bomba del «tío Pedro» -no confundir con el «Tío Pepe» de la Puerta del Sol madrileña, es broma- constituyó la máxima atracción -como ese resto de basura espacial que ha caído hace pocos días en un pueblito de Murcia, en Mula-. A su alrededor había «recuerdos» para todos: pedazos de metal anormalmente gruesos, piezas inidentificables y otros «souvenirs». Los chiquillos jugaban con lo que encontraban de restos del ostión de los aviones siniestrados. Los mayores, más «científicos», trataban de averiguar su composición cortando trozos a navaja. Se manipulaba la bomba H sin precaución ni miedo ni nada. Lejos de nosotros burlarnos de gentes sencillas -algo que no nos lo permitiríamos jamás-, pero la cosa tiene ribetes de humor (negro) berlanguiano. Además, ¿por qué iban a tener miedo o adoptar precauciones si el propio ministro, Fraga Iribarne, disipaba con su habitual contundencia toda duda razonable declarando que «puedo asegurar rotundamente que no hay en la tierra ni en el mar ningún tipo de contaminación» («Arriba», 13-2-66). Y se dio un chapuzón para convencer a los «conspiranoicos» de entonces. Grande don Manuel, cómo te echamos de menos.

A Emilio Romero, director del diario «Pueblo» (órgano de los sindicatos verticales franquistas), que no sonará mucho a nuestros miles y miles y centenares de miles de nuestros lectores, qué digo miles, ¡¡millones!!, era entonces, cuando sólo había una televisión, aunque hoy, para el caso, casi lo mismo en cuanto a la emisión de mensajes-consignas y el masajeo del personal, era, digo, tan «popular» como el recién desaparecido, servil y amanerado, Jesús Hermida, que ya sonará más y que, por cierto, hiciera sus primeras armas en el diario de Emilio Romero, «Pueblo». A este «busto parlante» (soltaba peroratas y homilías en TVE -en blanco y negro- para aleccionar a la chusma), a Romero, decíamos, le costaba creer que toda una duquesa se pusiera al lado del pueblo y apoyara sus reivindicaciones. No le entraba en la cabeza y, la verdad, algo de razón ya llevaba, pues lo de la duquesa y su deriva, como se dice hoy, no era precisamente la norma…

Terminaremos diciendo que en 1985 (antes había que leer «Le Monde» para enterarse de «lo de Palomares», el que supiera francés, claro, y a su corresponsal -muy odiado por Fraga- José Antonio Novais, o «France Soir» o la agencia «France Press» del país vecino) apareció el único libro específico sobre Palomares publicado por un español hasta la fecha: «Las bombas de Palomares, ayer y hoy». Madrid. Ediciones Libertarias, hoy inédito, aunque se agotó en su día pese a la mala distribución. El autor fue Rafael Lorente, diplomático psoecialista vinculado a Tierno Galván -el «Profesor»– y buen conocedor de la costa almeriense hasta tal extremo que fue testigo presencial y de excepción del «accidente», pues se encontraba el aciago lunes del 17 de enero de 1966 en la playa de Mojácar y vio el choque de los aviones sobre el cielo azul y acudió enseguida a Palomares a fisgar. Sus declaraciones al diario «Le Monde» fueron decisivas en la difusión internacional de la cosa. Lorente no aceptaba en su libro la versión oficial USA y mantenía, basándose en su observación directa y en la otros testigos oculares, que fueron tres -y no dos- los aviones que se fostiaron: dos bombarderos B-52 y un avión cisterna KC-135. Lorente se quedó ciego a los dos años del «accidente» y murió en 1900 de cáncer.

Hoy, quienes niegan a los catalanes decidir qué cosa quieran ser, si separarse o no, siguen vendiendo su solar al imperialismo yanqui con sus bases navales y aéreas. Claro que, como dice la prensa adicta -al igual que la prensa franquista de entonces-, eso «crea puestos de trabajo». Unos patriotas es lo que son. Y nosotros unos insensatos desagradecidos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies