La web más censurada en internet

Día: 3 de agosto de 2015 (página 1 de 1)

El fascismo futbolístico se exhibe

En su presentación como nuevo fichaje del Real Jaén el futbolista Nuno Silva lució una camiseta con el careto del criminal Franco. Tras el correspondiente revuelo, el futbolista se disculpó alegando una supina ignorancia sobre la historia de España. Es bastante normal que un futbolista carezca en la cabeza de la habilidad que muestra con los pies. También es normal que un fascista sea un ignorante, y a la inversa.

Si el fichaje se hubiera producido en Alemania y el individuo hubiera aparecido con una camiseta con la imagen de Hitler, la cosa no se hubiera podido saldar con unas disculpas, ni con una incultura galopante. Alguien le habría sacado de su tontería al futbolista para explicarle que mostrar en público la cara de un verdugo no es nada simpático.

Pero en España nadie advirtió al futbolista que no hiciera el gilipollas. En las clases de historia que aquí se imparten se pasa de puntillas sobre las décadas de sanguinaria dictadura para no herir la sensibilidad de los fascistas, que no se esconde en reivindicar un pasado de represión, crímenes y torturas porque se sabe impune ante las leyes.

Aquí el Código Penal no considera la apología del fascismo como un delito, mientras en Alemania el artículo 86 del Código Penal castiga la propaganda y exhibición de símbolos nazis. Levantar el brazo con un saludo fascista o ponerse una camiseta con la foto de Hitler está penado por la ley. Lo mismo sucede en los Códigos Penales de Francia o Italia.

En España han aprobado una ley mordaza para mantener a la gente con la boca cerrada ante la explotación y apelan a la libertad de expresión para quienes celebran la dictadura franquista y lucen sin pudor su simbología.

La deformación que se proporciona en las escuelas españolas sobre tantas cosas, incluido el fascismo, es una parte del problema. Pero es que las escuelas son parte del fascismo. ¿Qué se habían creído?

Rusia mata a 8 miembros del Califato Islámico en el Cáucaso

Ayer las fuerzas de seguridad de Rusia atacaron a una unidad asociada al Califato Islámico que operaba en el norte del Cáucaso, según un comunicado del Comité Antiterrorista ruso. La policía ha matado a 8 de ellos, ha capturado explosivos, armas y unos 2.000 cartuchos.

Entre los muertos se encuentra uno de los organizadores del ataque a los edificios del gobierno en Grozni, la capital de Chechenia, en diciembre de 2014, según la misma fuente.

La operación tuvo lugar en un bosque de la República de Ingusetia, en el sudoeste del Cáucaso.

El comunicado oficial asegura que la unidad se había incorporado recientemente al Califato Islámico. Todos ellos eran cómplices de un cierto número de delitos de carácter terrorista, en especial asesinatos de policías y extorsión a empresarios para la obtención de fondos.

En abril una nota del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB, antiguo KGB) ya advirtió de que el Califato Islámico había llegado al Cáucaso norte, donde había captado a varias unidades islamistas que actuaban en esa zona.

«Algunos comandantes del grupo terrorista ‘Emirato del Cáucaso’ han jurado lealtad al Califato Islámico. La amenaza es real», advirtió en Tashkent, capital de Uzbekistán, Serguéi Smirnov, número dos del FSB, al concluir la reunión de la Estructura Regional Antiterrorista de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS).

El responsable de los servicios de inteligencia rusos calculó que miles de ciudadanos de los países de la OCS combaten en las filas del Califato Islámico. Smirnov aseguró que al menos 1.700 ciudadanos rusos y otros 300 tayikos se habían integrado en la milicia takfirista.

Los responsables de las políticas antiterroristas de la OCS, integrada por Rusia, China, Kazajistán, Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán, acordaron impulsar la cooperación de sus servicios secretos para vigilar todos los movimientos de los terroristas en sus respectivos territorios.

«Se trata de hacer labores de vigilancia por parte de los servicios de inteligencia de los países de la OCS, intercambiar información, recopilar datos personales de los terroristas y seguir sus movimientos», explicó Smirnov entonces.

Podemos le lava la cara al fascismo

El alcalde de Cádiz adula al fascismo
Podemos es un partido fascista (2)

El alcalde de Cádiz, José María González “Kichi”, se ha vuelto a meter en una nueva polémica por su propia contradicción ideológica. Si hace unos días era fuertemente criticado por la medalla que recibió de la cofradía del Nazareno, ahora le toca el turno al nombre del Teatro José María Pemán.

La polémica surge cuando el Partido Popular de Jerez, provincia de Cádiz, colocó el busto de Pemán en el Teatro Villamarta el día 6 de diciembre, día de la Constitución, lo que propició una propuesta de IU, Ganemos Jerez y demás organizaciones sensibles con la memoria histórica, para que fuese retirado, que finalmente fue aprobada.

Al hilo de estos hechos, periodistas preguntaron al Alcalde de Cádiz “Kichi” si pensaba hacer lo propio con el teatro José María Pemán y planteaba cambiarle el nombre, a lo que Kichi contestó: “Pemán es un embajador de las letras gaditanas y así tiene que seguir siendo”.

Por contra, el portavoz de IU en el Ayuntamiento Jerezano, Raúl Ruiz Berdejo, a través de las redes sociales, ha llegado a describir a Pemán del siguiente modo: “Machista, misógino, fascista, exaltó a Mussolini, a Franco, el golpe de estado y la dictadura militar. No en vano, fue él quién tomó los micrófonos de la SER en Jerez para anunciar que los golpistas habían tomado la ciudad”.

“Después, durante la dictadura delató a más de 400 profesores. Sin embargo, para algunos, retirarle un busto a este personaje es reventar la reconciliación. Para ellos, la reconciliación debe ser ponérselo, de forma unilateral, en el Teatro de todos, el día de la Constitución, para colmo de provocación”.

José María Pemán, además de escritor, fue un falangista muy destacado que tuvo una implicación directa en el golpe militar de 1936 contra la II República. Apoyó sin ambages un alzamiento militar contra la democracia que entre 1931 y 1936 avivó la esperanza de tantos millones de españoles. Su papel en las depuraciones de maestros, sus constantes soflamas a favor del régimen franquista, su ideario ultraconservador y su encendida apuesta política pro dictadura son elementos que no deberían a ningún demócrata ensalzar su figura.

Pemán, fue autor de teatro y articulista del diario ABC. Ha sido este diario el que durante años se ha encargado de ensalzarlo cuando la mayoría de sus artículos eran de una extraordinaria superficialidad.

Fue un vulgar poeta, dramaturgo mediocre y un articulista ligero. Un autor menor que brilló en la peor época de la historia de España, el franquismo, dada su afección al régimen que le nombró por decreto presidente de la Real Academia de la Lengua.

Fue además un entusiasta defensor de todas las ideas reaccionarias del siglo XX español. Apoyó a los dos dictadores del siglo, Primo de Rivera y Franco, fue dirigente del partido del primero, la Unión Patriótica. Fue diputado de la CEDA durante la República y apoyó todo tipo de sublevaciones contra el gobierno legítimo de España. En cuanto se produce el golpe de estado de Franco, se integra como responsable de educación y cultura en la Junta de Burgos y comienza la depuración del magisterio español que tanta calamidad trajo a muchas familias y desastre a la educación en España.

En el siguiente artículo, escrito en diciembre del 36, vemos como Pemán, ya responsable de educación y cultura de la Junta de Burgos, pide la depuración de los profesores de izquierdas, “con armas en la mano” y “sin regateos de sacrificio y sangre”. Entre los asesinados, separados definitivamente de la enseñanza, suspendidos de empleo y sueldo o trasladados de sus localidades, se contaron más de 15.000 maestros. Junto a ellos, un tercio de los catedráticos de universidad fueron también represaliados.

Fue procurador de las Cortes franquistas y, como se ha dicho, nombrado por Franco presidente de la Real Academia de la Lengua. En los años 60 se acercó al conde de Barcelona, de cuyo consejo privado formó parte.

Algunas citas del “embajador de las letras gaditanas”

Sobre Franco: “Conquistó la zona roja como si la acariciara: ahorrando vidas, limitando bombardeos. No se dejó arrebatar nunca porque estaba seguro de España y de sí mismo. Este es Francisco Franco, Caudillo de España. Concedámosle, españoles, el ancho y silencioso crédito que se tiene ganado”.

Sobre la mujer: “Dios hace las cosas bien y con orden. ¿Para qué iba a construir con excesivo mecanismo intelectual el alma de un ser destinado, por esencia, a las bellas sinrazones del cariño?. Cuando Dios quiso sancionar el pecado original, impuso a la mujer un doble castigo: el del dolor de la maternidad y la sujeción al varón, que la dominará”.

Sobre Mussolini: “El Duce, Benito Mussolini, nos hizo el altísimo honor a la misión de Franco, de invitarnos a presidir, con él, la fiesta de la Levo fascista […] Yo, con mis ojos ilusionados de poeta, el general con su ojo único de héroe devorábamos, nos bebíamos materialmente aquella figura que lleva en sí el secreto del Destino”.

Sobre el Golpe de Estado y la Guerra Civil: “España no está siendo arrasada, está siendo purificada”. Invierno de 1936.

Fuente: http://larepublica.es/2015/08/02/el-alcalde-de-cadiz-podemos-exalta-la-figura-del-franquista-jose-maria-peman/

Las feministas que defienden la opresión de la mujer

Juan Manuel Olarieta
Desde hace décadas los escritos de la feminista Christine Delphy son de una lucidez tan sorprendente que pasarán desapercibidos, sin duda alguna. Su última obra “Separate and Dominate: Feminism and Racism After the War on Terror” tiene todos los ingredientes para asestar el tiro de gracia a ese feminismo burgués, ramplón, que nos traen desde las facultades estadounidenses de sociología. Un aperitivo se pudo leer el otro día en el diario británico The Guardian (*).

El tema lleva los peores ingredientes imaginables, islamismo y feminismo, cocinados en un país como Francia, donde la laicidad es una religión. Es un asunto del que en España no se puede hablar porque aquí nunca hemos degustado lo que es un Estado democrático. La cosa es aún peor en esa fauna atea empeñada en una guerra de ideas. Sólo de ideas. Se trata de quienes rechazan las religiones (todas ellas por igual) y la gente religiosa… por sus ideas. No se trata de criticar, porque para criticar hay que saber. Para criticar una religión hay que saber lo que es una religión. El rechazo simplifica mucho las cosas.

Por el contrario, los vínculos de una República laica, como Francia, con la religión son apasionantes, el escenario perfecto, y Delphy lo desmenuza con una sencillez asombrosa, remontándose a los viejos tiempos de Napoleón, cuando los sacerdotes (reverendos y rabinos) se convirtieron en funcionarios a sueldo de la República laica, hasta 1905 cuando todos ellos (sacerdotes, reverendos y rabinos) se tuvieron que buscar las habichuelas por sí mismos, para acabar con la islamofobia presente, plasmada en la ley de 2004, que prohíbe a las musulmanas acudir a la escuela con el fulard o “hijab”, reconvertido por la jerga periodística en el “velo islámico”, símbolo de la opresión de la mujer, en general, de la mujer islámica en particular.

La polémica sobre el “hijab” forma parte de algo mucho más general: la incompatibilidad del islam con el progreso, la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, la civilización (“occidental”), etc. El islam, una religión, se transmuta en algo bastante diferente, nacional, el mundo árabe, que pasa a ser racial cuando desprecia a los moros, es decir, a los de piel morena, los que son casi negros…

La salsa que adereza ese indigesto plato es el miedo, que es siempre el reverso de la ignorancia: aquello que desconocemos nos desconcierta y nos produce miedo pero, al mismo tiempo, nuestra cultura está tan impregnada de fascismo que nos impide aprender para superarlo. Entonces el islam es un sinónimo de riesgo, amenaza, peligro, fanatismo, yihadismo… El fascismo y el miedo nos dictan que el islam es una religión que va a acabar con nuestra identidad para convertirnos en otra cosa distinta de la que somos.

Pero el castellano tiene 4.000 palabras de origen árabe. Un país como España ha sido islámico durante siete siglos, más tiempo que cristiano… ¿A qué hay que tener miedo?, ¿a unas ideas religiosas?

España permanece fiel a sus esencias desde los tiempos de la expulsión de los moriscos, “el acto más bárbaro de la historia del hombre”, escribió Richelieu, que era un cardenal cristiano. España ya era islamófoba en el siglo XVI. No necesita recibir lecciones de nadie. Pero Francia es distinta. En Francia la laicidad ha dejado de ser un principio democrático para convertirse en su contrario.

Los profesores de derecho también engañan a sus alumnos. La libertad religiosa significa que el Estado no interviene en la religión, ni la religión en el Estado. Significa también que todas las creencias tienen el mismo derecho a expresarse. Finalmente, significa que entre (o mejor, contra) las múltiples creencias religiosas está su opuesto: el ateísmo. Para criticar y luchar contra las religiones hay que dejar que se expresen y se manifiesten como tales, como lo que son.

Pero, como expone sutilmente Delphy, la laicidad se ha reinterpretado en Francia para reducir la religión al ámbito privado, según esa típica escisión burguesa entre lo público y lo privado. La religión es algo privado. Si las musulmanas quieren ponerse un “hijab” en la cabeza, que lo hagan dentro de su casa, pero no en la escuela. Se pueden expresar si llevan el pelo de color azul, cresta, o coleta, se ponen trenzas o rastas, o pendientes de aro, o zapatos de tacón alto, o se pintan los labios, o se maquillan las pestañas… Cualquier cosa menos el maldito “velo” porque eso, a diferencia de lo otro, forma parte de lo más íntimo.

Por eso, si una mujer musulmana quiere llevar su “velo” no lo puede hacer en la escuela; debe quedarse en su casa. Eso es lo que el movimiento “feminista” francés ha vendido como progresista para la mujer, un movimiento que, por su naturaleza burguesa, siempre tiene la palabra “igualdad” en la boca.

Pero las “feministas” no esperaron a la ley de 2004. Muchos años antes en sus reuniones no aceptaban mujeres que portaran fulard porque lo reconvirtieron en un “símbolo de opresión” y porque ese tipo de mujeres -y sólo ellas, al parecer- choca con la manera en la que ellas entienden su “feminismo” de pacotilla. Por alguna razón -no bien explicada- “feminismo” e islam eran incompatibles. Más bien, el islam es el enemigo de “la mujer” (tal y como el feminismo burgués entiende a “la mujer”).

Para justificar lo injustificable, continúa Delphy, las “feministas” argumentan que las jóvenes llevan el fulard obligadas por sus maridos, sus padres o sus hermanos y el remedio a tal imposición está en que se queden en casa con sus maridos, sus padres o sus hermanos… fregando, limpiando y planchando, en lugar de estudiando y leyendo.

¿Están oprimidas las mujeres que llevan un fulard en la cabeza? ¡Naturalmente! Pero, ¿es el fulard lo que las oprime? ¡No! Las oprime el capitalismo, las oprime el colonialismo, las oprime el racismo… Las oprimen muchas cosas, incluida su religión, el islam. ¡Naturalmente! Pero de la misma manera que algunos están empeñados en una guerra contra ideas (que desconocen), otros y otras lo convierten en una guerra contra los símbolos y los emblemas: molinos de viento, en definitiva. Confunden el significante con el significado.

En Francia la batalla contra el “hijab” puso de manifiesto que el feminismo burgués no lucha contra la opresión sino que forma parte de ella. No es nada distinto a ella. Por eso, la represión del fulard ha logrado lo que se proponía: ahora se ven más mujeres con la cabeza cubierta que nunca, e incluso con el rostro completamente tapado.

Es posible que con sus tonterías los cretinos distraigan la atención. Pero la burguesía sabe lo que tiene entre manos. No lucha contra molinos de viento. El objetivo de la burguesía francesa nunca fue el de impedir el porte del “velo” por las mujeres musulmanas en la escuela, sino extender su uso en todas partes. La burguesía francesa ha logrado que lo que las feministas calificaban como un signo de opresión se haya convertido en su contrario: en un signo de defensa de la propia identidad. El ataque a una parte de la población más oprimida la ha arrojado en brazos de la religión y del fanatismo.

Objetivo cumplido. Todo gracias al feminismo burgués, que es un racismo que se viste con los ropajes de la secularización, del progreso… e incluso de la liberación de “la mujer” (tal y como la burguesía entiende a “la mujer”).

(*) Christine Delphy, Feminists are failing Muslim women by supporting racist French laws, 20 de julio, http://www.theguardian.com/lifeandstyle/womens-blog/2015/jul/20/france-feminism-hijab-ban-muslim-women

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies