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Día: 25 de junio de 2015 (página 1 de 1)

Manuela Carmena reconoce el engaño electoral de la coalición ‘Ahora Madrid’

Aday Quesada

Las circunstancias por las que está atravesando el Estado español no están permitiendo siquiera que la gente se pueda tomar el lujo de soñar. Apenas un par de semanas después de los comicios autonómicos y locales la dura realidad se vuelve a apoderar de todos nosotros. Y no es sólo la derecha tradicional la que se encarga de recordarnos dónde están ubicados los poderes reales en este país. También los flamantes nuevos alcaldes zurcidos con las filigranas mediáticas nos advierten, tras la llamada «fiesta electoral de la democracia», que hay que volver a la realidad y que las «imprudencias» se pagan caras.

Como ya mucha gente ha podido constatar, la veterana alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, no nació anteayer. Sobre sus espaldas pesa una larga trayectoria política al servicio de las instituciones de la Monarquía. Sus primeros pasos los dio, sin embargo, en las filas del PCE hacia finales de la década de los sesenta, asesorando a los colectivos laborales que en una dura brega resistían los fuertes embates de una dictadura agonizante.

En la segunda mitad de los setenta, Carmena, como los Tamames, las Almeidas, los Solé Tura y un sinfín de profesionales de la economia y del derecho, tuvo una participación entusiasta en aquel violento proceso político que paradójicamente dieron en llamar «la Transición pacífica» a la democracia.

Sin embargo, como ella misma contó en una reciente entrevista concedida al periódico derechista francés Le Fígaro, su pertenencia al PCE fue «utilitarista». Es decir, que su adscripción a esa organización estuvo condicionada exclusivamente por consideraciones «prácticas». No es esta una justificación que Carmena se saque novedosamente de la manga. No pocos ex comunistas vergonzantes intentan desde hace años borrar lo único digno que hubo en sus biografías argumentando que solo militaron en esa organización porque era la única que luchaba contra el franquismo. Y es que hoy no viste muy bien en la Europa neoliberal y del reformismo rampante eso de tener un pasado comunista. «El PCE era lo más eficaz contra el franquismo»– se esmeró Carmena en aclararle a su entrevistador en este sentido. Ésa fue la razón -y no ninguna otra veleidad ideológica- la que arrastró a la joven letrada a militar en la década de los sesenta a las filas de la única organización que se enfrentaba «con eficacia» contra la dictadura de Franco.

Una vez coronada felizmente la «Transición», la biografía de Carmena dio un giro copernicano. Asentó con «realismo» sus posaderas y abandonó su militancia en un PCE que en 1982 apenas había logrado obtener una escuálida representación en las Cortes de la Monarquía de los Borbones. A comienzos de los ochenta, Manuela Carmena inició una larga y ambiciosa carrera judicial que la llevaría a ocupar una distinguida poltrona en el Consejo General del Poder Judicial, garante legal del ordenamiento jurídico del régimen heredero de la dictadura.

Pese a la exquisita precisión con la que Carmena se molestó en explicarle a Le Figaro las inocentes razones de su paso por las filas rojas, al reportero francés no le interesaron, en cambio, los motivos por los que en el año 2011 fue nombrada asesora del Gobierno vasco encabezado por el psocialista Patxi López, nombrado lehendakari gracias a los apoyos prestados por el Partido Popular vasco y UPyD.

Cargada de estas alforjas a nadie debería extrañarle, pues, que la fulgurante alcaldesa de Madrid declarara en sus respuestas al rotativo francés que en su programa electoral «hay ideas que no sabe si serán realizables». Cuando su entrevistador le preguntó, atónito, que si eso no era engañar a los electores, Carmena no tuvo empacho en reconocer que sí, que en efecto, eso era engañar a los electores… (sic). «Y que por eso insistió desde el principio en el hecho de que el programa electoral no es una Biblia para mí, es una lista de sugerencias».

Olvidar las promesas electorales no es algo que resulte una novedad entre los partidos-pilares del régimen de los Borbones. El PP, el PSOE e, incluso, IU cuando se le ha brindado la oportunidad, convirtieron esa práctica en un marchamo previsible para sus votantes. Solo que en esta ocasión muchos miles de madrileños habían alimentado la vana ilusión de que ahora las cosas iban a ser diferentes.

Con el recorrido descrito cualquiera podrá comprender que Manuela Carmena es una mujer del sistema, del sistema nacido de la Constitución de 1978. La verdad es que ella nunca se ha negado a reconocerlo, ni siquiera en momentos como estos en los que la llamada «Carta Magna» está tan desprestigiada entre una buena porción de los españoles. También es cierto que si se atreviera a hacer lo contrario le resultaría muy difícil explicar el porqué de su actual pertenencia al Patronato de la «Fundación Alternativas», el think tank o laboratorio de ideas donde el PSOE diseña las estrategias que luego ejecuta en su práctica política cotidiana.

Como ya hizo antes Rodríguez Zapatero, y mucho antes que él Enrique Tierno Galván, la señora Carmena parece dispuesta a conseguir que la política en el Ayuntamiento de Madrid consista tan sólo en cambiar los muebles de sitio. Rodríguez Zapatero intentó cubrir sus políticas neoliberales con gestos tales como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, o sacando las tropas de Irak para meterlas luego en Afganistán. Había aprendido la técnica del «viejo profesor», que inventó aquello de la «movida madrileña» para ocultar así el tsunami arrasador de las privatizaciones de Felipe González.

Quizá sea esa la razón por la que, a través de sus declaraciones a Le Fígaro, Manuela Carmena ha advertido a sus variopintos concejales que ha descubierto en algunos de ellos «una actitud muy clásica, muy rígida; muy propia de los partidos tradicionales». Y adelanta que el programa electoral para ella es tan sólo una simple «lista de sugerencias». Carmena puso igualmente en claro cuál es su posición en relación con el «asamblearismo». «Las asambleas interminables -sermoneó la venerable señora- para discutir la tesis, la antítesis y la síntesis… crean mal ambiente y divisiones».

Imitando a sus antecesores socialdemócratas, Manuela Carmena confesó también a Le Fígaro su voluntad de proceder como ellos a cambiar los muebles de sitio: «las fiestas del Orgullo Gay, como las de San Isidro, serán convertidas en parte de la historia de Madrid». Como se ve, toda una impactante “revolución” en tiempos de una crisis capitalista sin precedentes.

La cuestión es que hoy esta suerte de señuelos destinados a encubrir la incapacidad propia para resolver los auténticos problemas de la gente, puede terminar convirtiéndose en un peligroso boomerang . El Madrid del 2015 no es el de la «movida de los 80», ni tan siquiera el de hace sólo 10 años. Los reformistas del sistema tendrían que cuidarse de que el famoso aserto marxiano no termine invirtiendo su orden cronológico y en lugar de mutar de tragedia a comedia, la suya termine convirtiéndose en una simple y dramática catástrofe.

Fuente: http://canarias-semanal.org/not/16366/la-alcaldesa-de-madrid-reconoce-al-periodico-le-figaro-que-las-promesas-electorales-de-su-grupo-eran-enganosas/
 

Periko Solabarria

El recientemente fallecido, Periko Solabarria, con 85 años, histórico militante de la izquierda abertzale y también del movimiento obrero en los años sesenta del siglo pasado, sobre todo en la margen izquierda del Nervión, fue de los primeros, por no decir el primero, cura-obrero que cambió la sotana por el buzo.

Un hombre entregado a una causa y a una «famélica legión», como pocos, como muy pocos. Ya en Triano, un barrio minero de La Arboleda, donde «La Pasionaria», antes de que la llamaran así, era cantinera de los mineros, le llamaban «santo» a Solabarria donde entonces fungía de párroco antes de «des-sotanarse» viendo en qué miserables condiciones se trabajaba.

En 1982, año del triunfo electoral del venal y felón Felipe González, elecciones en las que Periko salió parlamentario por Herri Batasuna a las Cortes españolas, dijo en un mitin en San Sebastián: «Que me oigan bien: quienes secuestran a los Lipperheide, Ybarra (*), etc., están limpiando de maleantes e indeseables, no sólo las tierras de Euskadi, sino también las de Andalucía. Gora ETA militarra!»

Le metieron a juicio, uno más.
Un imprescindible, que diría Brecht.

(*) Oligarcas vascos.

Los financieros que auparon a Hitler al poder

Durante el proceso de Nuremberg, el ministro de Economía del III Reich, Hjalmar Schacht, pidió reciprocidad: si a él le sentaban en el banquillo por financiar el hitlerismo, también deberían sentarse a su lado Ford, la General Motors y el banquero británico Norman Montagu por los mismos motivos. Pronto el servicio secreto estadounidense le visitó para ofrecerle inmunidad a cambio de silencio. A pesar de las protestas soviéticas, el Tribunal le absolvió.

El apoyo de los imperialistas anglosajones a la Alemania nazi siempre se ha tratado de mantener en secreto. Al mayor crucero fabricado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial Hitler le puso su nombre de un financiero suizo, Wilhelm Gustloff, asesinado “en extrañas circunstancias” en Davos en 1936. Como buen suizo, Gustloff era un intermediario entre Schacht y los financieros anglosajones.

Otro fallecido en 1947 en circunstancias no menos extrañas, “problemas estomacales”, fue el general de las SS y tesorero del partido nazi Franz Schwartz poco antes de abandonar el campo de Ratisbona. Dos años antes Schwartz había quemado en la sede del Estado Mayor del partido nazi en Munich los comprobantes de las transferencias bancarias efectuadas por los capitalistas anglosajones a favor de los nazis alemanes.

A pesar de los asesinatos y las hogueras, las pruebas de la complicidad de los monopolistas estadounidenses y británicos con el III Reich han ido apareciendo. Durante 20 años el historiador italiano Guido Giacomo Preparata se ha especializado en la investigación de estos lazos. Los nazis no se financiaron a sí mismos, tampoco fueron financiados sólo por los monopolistas alemanes. Según Preparata la mayor parte de los medios procedieron del exterior y tienen nombres y apellidos sonoros. Morgan y Rockefeller promocionaron en Wall Street las acciones del monopolio químico IG Farben a través del banco Chase National. El gigante siderúrgico Krupp que impulsó el rearme alemán estuvo bajo el control de la Standard Oil de Rockefeller a través de la banca Dillon y Reid (Vereinigte Stahlwerke Alfred Thiessen).

En 1933, cuando era evidente que AEG había financiado a Hitler, el 30 por ciento de las acciones pertenecían a su socio americano, General Electric. Durante 14 años (1919-1933), asegura Panata, el capital financiero anglosajón se involucró de manera activa en la política interna de Alemania para fomentar a una organización ultrarreaccionaria a la que esperaban utilizar como peón. “Inglaterra y Estados Unidos no crearon el hitlerismo, pero sí las condiciones en las cuales ese fenómeno apareció”, concluye el historiador italiano.

El historiador alemán Joachim Fest defiende la misma tesis. En el otoño de 1923 Hitler viajó a Zurich y volvió “con un cofre lleno de francos suizos y dólares fraccionarios”. Era la víspera del llamado “golpe de la cerveza” con el que Hitler lanzó una primera tentativa de hacerse con el poder por la fuerza. El donante era sir Henry Deterding, el patrón de la petrolera anglo-holandesa Shell. No fue la única entrega. Otro de los pagos lo hizo a través del suizo Wilhelm Gustloff.

El tribunal que juzgó el golpe de Estado hitleriano reconoció que para prepararlo el partido nazi había recibido 20.000 dólares de los industriales de Nuremberg pero la estimación de los gastos era 20 vences superior a esa cifra. A pesar de que a Hitler le condenaron a cinco años de cárcel por alta traición, sólo cumplió unos pocos meses. Al salir compró la mansión Berghof y relanzó de nuevo el periódico “Völkischer Beobachter”. Desde entonces los monopolistas que sostenían a Hitler (Thyssen, Vogler, Schröder y Kirdorf) volcaron el dinero a espuertas en el proyecto nazi. Los funcionarios y provocadores nazis empezaron a cobrar en moneda extranjera. De los patrocinadores más importantes, Vogler y Schröder no eran exactamente alemanes sino más bien capitalistas estadounidenses. Su capital procedía del otro lado del Atlántico. Otro de los financieros de Hitler era Max Warburg, director de IG Farben y hermano de Paul Warburg, director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Lo mismo cabe decir de Carl Bosch, jefe de la división alemana de la Ford. Todos estos grandes monopolistas siempre supieron que el “anticapitalismo” nazi era pura demagogia.

En 1931 un periodista del Detroit News viajó a Alemania para entrevistar a Hitler, un político prometedor, y quedó sorprendido por el retrato que Hitler tenía encima de su mesa de trabajo: era Henri Ford. “Lo considero como mi inspirador”, dijo Hitler al periodista americano. Pero más que un inspirador Ford era un mecenas generoso de los nazis. Ambos, Ford y Hitler, hablaban el mismo lenguaje antisemita. En los años veinte Ford pagó una edición de medio millón de ejemplares del “Protocolo de los Sabios de Sión”, el libro de cabecera de la reacción oscurantista europea. Los envió a Alemania, así como dos de sus libros “El judaísmo mundial” y “Las actividades de los judíos en América”. En 1938 el III Reich le condecoró con los más altos honores: la Gran Cruz del Águila imperial. Durante el acto Ford lloró de emoción. Desde aquel momento Ford asumió la financiación del proyecto nazi Volkswagen como fuera el suyo propio.

Cuando estalló la guerra, una ley aprobada por Estado Unidos prohibió toda clase de colaboración con “el enemigo”, pero Ford no se dió por enterado. En 1940 se negó a ensamblar los motores de los aviones de combate ingleses y su nueva fábrica en Possy, Francia, comenzó a fabricar motores para los aviones de la Luftwaffe. Las filiales europeas de Ford siguieron fabricando camiones para la Wehrmacht y su filial en Argel suministrada camiones y blindados a Rommel.

Cuando al final de la guerra la aviación aliada bombardeó Colonia sólo los edificios de Ford quedaron en pie. No obstante, Ford y General Motors obtuvieron compensación del gobierno de Estado Unidos por los daños “causados a sus propiedades en territorio enemigo”. La General Motors tenía uno de los holdings automovilísticos más importantes de Alemania, Opel, que fabricaba los camiones militares Blitz, un modelo que sirvió de base a los nazis para crear los “gazenwagen” o cámaras de gas rodantes. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial las inversiones de las empresas estadounidenses en sus filiales alemanas alcanzaban a un todo de 800 millones de dólares, de los que 17,5 eran de Ford.

Algunos historiadores se preguntan por qué el Presidente Roosvelt envió a Suiza a Allen Dulles, uno de los jefes del servicio de inteligencia OSS, el antecedente de la CIA. ¿Trató de negociar por separado con los nazis? En enero de 1932 Hitler, entonces un político prometedor, se entrevistó con el financiero británico Norman Montagu en presencia de varios políticos estadoundenses, entre ellos los hermanos Dulles. Es posible, pero no se puede afirmar con rotundidad, que el británico se comprometiera a financiar al partido nazi de manera encubierta. La presencia de Allen Dulles así lo indica. Al fin y al cabo los Dulles estuvieron en las operaciones más oscuras del imperialismo, desde el apoyo a los nazis hasta el asesinato de Kennedy.

Las fuentes historiográficas apuntan a que desde la campaña electoral alemana de 1930, el papel de Dulles en Suiza era el de hacer llegar el dinero de los imperialistas occidentales a Hitler. También el monopolio químico IG Farben puso mucho dinero en los bolsillos de Hitler, pero IG Farben no era otra cosa que una filial de la Standard Oil de Rockefeller y fue precisamente Rockefeller quien envió a Dulles a Suiza a negociar con los nazis. Al final de la guerrra fue Dulles personalmente quien interrogó al general Wolf sobre el destino de las reservas de oro nazis. Le ordenaron recuperar al menos una parte de los gastos ocasionados.

Un caso flagrante de lavado del cerebro de los estudiantes

En Holanda han actualizado los manuales de ciencias sociales para alumnos de instituto, cuyos infames textos van acompañados de no menos infames dibujitos y mapas para lavar el cerebro a los estudiantes desde muy jóvenes.

En la imagen, Rusia es un monstruo que está devorando el territorio de sus países vecinos, especialmente a Ucrania, mientras que Europa tiende la mano para tratar de salvar a un país que agoniza.

Como ven, todo muy objetivo, ecuánime y absolutamente fidedigno, lo mismo que el mapa del estado de las libertades en el mundo, en donde Estados Unidos, Australia y Europa (occidental) tienen las mejores referencias y en Rusia la población vive sometida a una tiranía oprobiosa. Naturalmente que los holandeses se salvan a sí mismos, a pesar de la imposición de libros escolares que parecen propaganda del III Reich.

Las ilustraciones van acompañadas de un texto en el que dicen que los manuales se actualizan regularmente teniendo en cuenta fuentes de información modernas y fiables. Esos libros son innecesarios: es suficiente con que a los adolescentes holandeses les obliguen a ver los telediarios cada día.

También hay una serie de preguntas a fin de que los alumnos reflexionen acerca de las imágenes que les meten por los ojos: “¿Qué hace Rusia en esta imagen?”, preguntan cínicamente en los libros. Es una pregunta cuya respuesta viene dada de antemano.


Hace poco trascendieron las discusiones del primer ministro holandés Mark Rutte con Putin en abril de 2013, donde el primero criticaba las leyes rusas contra los homosexuales, un problema especialmente candente en Amsterdam, donde los homosexuales son un poderoso grupo de presión. Hoy la vara de medir el índice de los derechos y las libertades mundiales son los homosexuales.

Putin le respondió que la ley rusa lo que prohibía era la promoción de la homosexualidad entre los menores de edad, ligándola a la prohibición de la pedofilia, un punto a partir del cual pasó al ataque, recordando la tolerancia del gobierno holandés hacia organizaciones que apoyan la pedofilia y las restricciones a la participación de las mujeres en la política.

Rutte reconoció que no podía asegurar que los países que permiten ese tipo de actividades con menores puedan figurar entre los más libres del mundo. “¿Libres de hacer qué?”, preguntó. “¿De violar a los niños?”


Poroshenko es mucho más demócrata que Putin, un campeón de los derechos humanos porque defiende a los homosexuales… mientras bombardea las posiciones de las milicias del Donbas y mata a decenas de personas para salvarlas de las fauces del ogro siberiano.

Por su parte, ese ogro no es tan fiero como lo pintan. En medio del lanzamiento de obuses, el Kremlin es el único que insiste en el alto del fuego “lo más rápidamente posible” y ha enviado al Donbas casi 25.000 toneladas de ayuda humanitaria, alimentos, medicamentos y materiales de construcción.

Mientras tanto, los campeones de los derechos humanos lo que envían son tanques.

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