La web más censurada en internet

Día: 21 de mayo de 2015 (página 1 de 1)

El ejército ucraniano se amotina

El lunes se amotinó una unidad del ejército ucraniano que participa en unas maniobras conjuntas con Estados Unidos cerca de Lvov. Los reclutas bloquearon los puestos de control del polígono de Yavorov impidiendo que los trabajadores civiles del lugar pudieran acceder a sus puestos. Según informa la prensa ucraniana, el motivo es que desde el mes de abril los soldados carecen de uniforme y calzado militar adecuados.

El motín se produjo en polígono de Yavorov, cerca de de Lvov, escenario de las maniobras militares ucraniano-estadounidenses. Las tropas exigen un vestuario y equipamiento militar adecuados: “Hace dos semanas que han movilizado a los reclutas pero seguimos vestidos como mendigos”, han declarado indignados varios militares.

El portavoz del Estado Mayor, el general Vladislav Seleznev, declaró al diario Segodnia que los soldados no serían sancionados por su protesta y que ayer enviarían 5.000 uniformes a la unidad amotinada.

Las maniobras ucraniano-estadounidenses Fearless Guardian 2015 (Guardianes Sin Miedo) se desarrollan en el polígono de Yavorov desde el 20 de abril. 300 instructores de la 17 Brigada Aerotransportada de Estados Unidos adiestran a los miembros de la Guardia Nacional de Ucrania según un plan de formación elaborado por el Pentágono que, al final de las maniobras, aportará medios de comunicación y equipamiento especial a sus colegas ucranianos.

80 años del palacio subterráneo de Moscú

El 15 de mayo se cumplieron 80 años de la puesta en marcha de la primera línea del metro de Moscú. El aniversario se celebró con un desfile de trenes y la inauguración de una exposición de vagones antiguos.

Cuando se inauguró en 1935, el metro de Moscú era un paraíso subterráneo en el corazón de la Unión Soviética. No era sólo un servicio público de calidad para los trabajadores. No era sólo una obra gigantesca de ingeniería. Tampoco era sólo una obra de arte de la arquitectura de todos los tiempos. Es mucho más que todo eso. Sus estaciones son todas diferentes, decoradas con gran lujo, suntuosidad y, además, con impresionantes obras para disfrutar. En su decoración se utilizaron artefactos de iluminación, mosaicos, estucos, mármoles, molduras, cristales y esculturas rescatadas de antiguos palacios demolidos o reciclados, para que los obreros pudieran disfrutar de la belleza.

80 años después el metro es el primero del mundo por densidad de tráfico. En 2011 transportó a 2.400 millones de pasajeros, tiene  casi 200 estaciones y una longitud de tendido subterráneo de 327,5 kilómetros con 12 líneas.

También es conocido como el Palacio Subterráneo: 44 de sus estaciones están reconocidas como obras monumentales de la arquitectura mundial. El metro soviético se diseñó para sacar la cultura a la calle, a la vida cotidiana de las masas. Las estaciones y vagones son piezas poéticas y literarias. Muestran al viajero fragmentos de la mejor literatura mundial. Muchas de ellas son exposiciones fotográficas de la época soviética y
varios vagones se convirtieron en pinacotecas de artistas modernos
y obras de la Galería Tretiakov.

En la estación de Delovói Tsentr está la Galería Metro con imágenes de destacados fotógrafos rusos
modernos. La estación de Vorobiovy Gory, situada en el puente sobre el río Moscova, está construida en vidrio. La estación de la Plaza de la Revolución, abierta en 1938, posee 78 esculturas de soldados y trabajadores que defendieron la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Originalmente el tren llamado Flecha Roja era el antiguo expreso
Moscú–San Petersburgo. Hay un tren dedicado a la batalla de Kursk.

En el metro de Madrid la histórica Estación de Sol ahora se llama Estación Vodafone. ¿Saben Ustedes que en el de Moscú la publicidad aún sigue prohibida?, ¿saben que hay una Estación Kievskaia, en honor a la capital de Ucrania?, ¿saben que se mantiene como un homenaje a la amistad entre los pueblos ruso y ucraniano?, ¿saben que las obras de arte del metro nunca han padecido ataques de vandalismo?

Si alguna vez visitan el metro de Moscú lo que más les sorprenderá es que los pasajeros aún ceden sus asientos a los ancianos y las embarazadas, y lo que es más espectacular: ¡está limpio!

La línea número 5 es circular y se cruza con todas las demás, que son radiales, dando un servicio rápido de transporte a todos los barrios de la ciudad. De esa manera, se llega a cualquier punto con un máximo de dos transbordos. En la línea 5 la megafonía indica a los viajeros el sentido en que viaja el tren utilizando voces masculinas cuando avanzan en el sentido de las agujas del reloj, y voces femeninas cuando va en sentido contrario. En las líneas radiales, se utilizan voces masculinas cuando los trenes se acercan al centro de la ciudad, y voces femeninas cuando se alejan.

Durante la Guerra Fría se construyó una “sección profunda” en la estación Arbatskaia con el fin de proteger a la población moscovita en el caso de un ataque nuclear del imperialismo.

El metro de Moscú refleja fielmente la propia evolución histórica de la URSS. Su construcción corresponde a una época en la que el lujo era para el pueblo. Pero a partir de los años 60 la arquitectura de las estaciones cambió sensiblemente. Dejaron de ser la obra de arte de las épocas anteriores para convertirse en algo puramente funcional. Es la diferencia entre un país que marcha hacia arriba y otro que se desliza por la pendiente.

En todas las ciudades del mundo el metro está a medio camino entre lo asqueroso y lo repugnante… excepto en Moscú, donde constituye una atracción turística por su diseño. A pesar de la mala imagen artística que las camarillas seudointelectuales se esfuerzan por asociar con la época de Stalin, el metro de Moscú es sencillamente grandioso, una fusión inigualable del alto nivel de la ingeniería soviética con los mejores valores culturales.

Los mequetrefes nunca reconocerán que el metro de Moscú demuestra que la Unión Soviética tenía una concepción del arte que aún hoy nadie ha sido capaz de superar: es una galería de exposiciones puesta a la vista cotidiana de las masas, de 2.400 millones de personas.

Ese toro enamorado de la Luna

 Nicolás Bianchi
El Parlament catalán (como el canario) prohibió en su día la celebración de corridas de toros a partir de 2012, o sea, ya no se celebran. La Iniciativa Legislativa Popular consiguió declarar Catalunya territorio libre del maltrato al toro de lidia y de la llamada «fiesta nacional». Digo «maltrato» y no «tortura» pues que este último término sólo cabe aplicarse, penalmente, a los humanos -en concreto a los funcionarios públicos- y no a los animales.

Quien esto firma ya avisa de antemano que no tiene ni puta idea de toros y menos de la hermética jerga esotérica que usan los críticos taurinos, esa sí que es «casta», que parecen dirigirse a una élite ducha en el supuesto «arte», otrosí «cultura», que es la lidia. No, sin embargo, por confesar no entenderlo abomino de Cúchares, Frascuelo, el conferenciante Domingo Ortega o el erudito Luis Francisco Esplá, ¿o debería hacerlo?

Y no por ver sufrir a un animal -el toreo, en sus orígenes, era a caballo que sólo tenían -caballos- los nobles militares que alanceaban al toro; ya con Felipe II, lo rejoneaban; el toreo a pie es del siglo XIX, con caballos sin peto ni gualdrapa y despanzurrados y desventrados pero, eso sí, «democratizado» y profesionalizado, sino por lo que es la esencia de las corridas: la emoción del peligro.

En el siglo XVI el público era torista y no torerista. No se entendía una corrida de toros sin que éstos no causaran estragos, era lo normal, igual que en el circo romano de donde, según parece con visos verosímiles, vienen estas «tradiciones» (y no de los godos o árabes). Ya entonces, los frailes hablaban -por razones humanitarias- de «afeitar» las astas del morlaco, improvisar enfermerías y habilitar burladeros, o sea, todo inventado, como quien dice. Menos los varilargueros y los picadores que son del XIX para facilitar la labor a los diestros de a pie menoscabando fiereza y trapío al bicho.

Quien tuviera la suerte, como este menda, de oír a don José Bergamín, poeta eximio entre otras labores, enterrado en Hondarribia (Fuenterrabía) el verano de 1983, con flores del torero gitano Rafael de Paula, gaditano él, hablando y escribiendo no mal sino muy bien de la tauromaquia, no puede por menos de trastabillar en sus pasos. Bergamín, polígrafo, publicista, veía con otros ojos, con mirada otra. Los escritores del 98 (lo de «generación» es un invento de Azorín del que ninguno se daba por aludido, sobre todo Pío Baroja) eran taurófobos (pasaban del festejo taurino). Los del 27 -como Bergamín-, más gongorinos y deslumbrados por el enfrentamiento hombre-animal (bien que en condiciones desventajosas para el animal, ¿no es cierto?), transverberados, taurófilos (amantes de la «fiesta»). José Cadalso, otro gaditano, militar ilustrado (no hay oxímoron, era otra época) del siglo XVIII, pasaba vergüenza (no torera, precisamente) ante lo que hoy pasa por ser antonomasia española.

Decía más arriba que al toro no se le tortura sino que se le maltrata. Y ello delante de un público que paga por ver, vale decir, un espectáculo. Esta es, a mi juicio, la clave. Se paga por contemplar una diversión (?) donde el toro muere -o el torero: la emoción del peligro que decíamos- después de ser, se vea como se vea, lacerado de malas maneras. Si muere el artista, elegía (a Sánchez Mejías). Si muere , como es su pathos fatídico, el minotauro no hay sino fathum y/o indulto del respetable por su bravura (como el pulgar del césar apuntando hacia arriba).

Un toro cartesiano que pensaba el gran Descartes que el animal era una máquina sin nervios y, por lo tanto, no sufre, compuesto de cables y no cartílagos. Otro día hablaremos de box. Tengan un buen día.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies