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Día: 11 de febrero de 2015 (página 1 de 1)

45.000 suicidios anuales a causa del paro

Según un estudio publicado hoy por la revista The Lancet Psychiatry, el paro provoca 45.000 suicidios anuales en 63 países diferentes. Los investigadores analizaron los datos de mortalidad y suicidios entre los años 2000 y 2011 en 63 países repartidos por todo el mundo, entre ellos todos las países capitalistas occidentales más desarrollados. Han sido exluidos del estudio los países muy poblados como China e India.
El artículo es obra de un grupo de investigadores suizos de la Universidad de Zurich que destaca la necesidad de poner en marcha estrategias específicas de prevención entre los parados, en lugar de centrarse en los efectos negativos de las crisis económicas.
El periodo que han tomado como referencia no es estrictamente de crisis, ya que empezó con una primera época de relativa properidad seguida de otra de caída financiera y bancaria a partir de 2008. En el periodo analizado se produjeron 233.000 suicidios cada año como media, de los que una quinta parte, es decir, 45.000 se pueden atribuir al paro.
La crisis capitalista de 2008 tuvo un impacto directo en el número de suicidios. Los investigadores le atribuyen 5.000 muertes voluntarias.
Otro estudio publicado el año pasado por la revista British Medical Journal reveló que entre 2008 y 2010 el desempleo creciente provocó más de 1.000 suicidios en Gran Bretaña por encima de lo que se hubiera esperado si el capitalismo no hubiera entrado en crisis. De ellos 846 corresponden a los hombres y 155 a las mujeres.
David Stuckler, sociólogo de la Universidad de Cambridge que co-dirigió el estudio, obtuvo las cifras de la Base de Datos Nacional de Resultados Clínicos y de Salud y de la Oficina Nacional de Estadísticas. Destacó que si bien este tipo de estudios estadísticos no podían determinar una relación causal, la asociación es muy fuerte.
Según indicó el estudio, entre el 2000 y el 2010, cada 10 por ciento anual de incremento en el número de personas desocupadas se relacionó con un 1,4 por ciento de aumento en la cifra de suicidios masculinos.
Aunque en 2013 el índice de desempleo retrocedió en el Reino Unido a su nivel más bajo desde 2009, al 7,4 por ciento anual, aún hay 2,4 millones de personas sin trabajo. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas, el nivel de desempleo juvenil en Gran Bretaña en el tercer trimestre de 2013 fue del 21 por ciento, esto es, 965.000 jóvenes de entre 16 y 24 años sin trabajo.
Escocia ha registrado un incremento espectacular del desempleo, con incrementos del 243 por ciento en el número de jóvenes que cobran el subsidio por estar sin trabajo por más de seis meses desde 2007, cuando comenzó a azotar la crisis capitalista.
“Estar desempleado destruyó mi confianza y me hizo sentir un fracasado. La situación empeoró tanto que casi ni salía de casa, me pasaba el día sentado frente a la televisión o en la cama, sumido en una profunda depresión. En poco tiempo comencé a volverme muy crítico de mis habilidades y eso desembocó en tendencias suicidas”, cuenta el escocés Steve Hardie, de 28 años.
Nacido en la humilde localidad costera de Arbroath, frente al Mar del Norte, Hardie comenzó a sentir los efectos del llamado desempleo crónico ante la falta de posibilidades laborales en su ciudad, y luego de haber optado por no estudiar en la universidad.
“Estaba desempleado desde hacía ocho años y sufría de depresión y ansiedad a diario. Sentía que no tenía nada que ofrecer y que no me emplearían nunca más”, agrega el joven británico, y asegura que otros como él han pasado por la misma experiencia.
“Cuanto más tiempo seguía desempleado, peor me sentía. Era un círculo vicioso”, continúa. Hardie dice que durante años buscó algún empleo que le devolviera “la dignidad y la confianza”, pero le llevó casi una década poder conseguir trabajo.
Otro caso similar al de Hardie es el de Rachel Oxley, de 21 años. La joven nació en la ciudad escocesa de Dundee, una de las más pobres del país, con un índice de desempleo que trepó en 2013 al nivel más alto en 14 años. Dundee cuenta con un índice de desempleo mucho más alto que el de otras ciudades escocesas como Glasgow, Edimburgo y Aberdeen. En julio de 2013, 6.118 personas –la mayoría jóvenes menores de 25 años–, o el 6.5 por ciento de la población de la ciudad, cobraba el seguro de desempleo.
“Sentía que no tenía ninguna chance a futuro. Estaba desempleada desde hacía tres años y mi vida parecía caer en un abismo”, cuenta Rachel, que también sintió, por momentos, deseos de quitarse la vida ante la falta de oportunidades laborales. La joven comenzó a sentir las mismas consecuencias que Hardie: falta de confianza, depresión, baja estima, pensamientos suicidas.
El inglés Chris Newell, de 23 años, es otro “caso humano” de una crisis de desempleo de jóvenes en el país, que sienten que han perdido esperanzas para vivir.
Excluido de la escuela a los 14 años, Chris no tenía la preparación adecuada para obtener un trabajo calificado que le permitiera ganar un sueldo digno. Enviaba su currículum a 10 empresas por semana, pero sin recibir respuesta alguna. La falta de oportunidades lo llevó a caer en un círculo vicioso de alcoholismo y adicción a las drogas. A los 20 años trató de suicidarse.
“Caí en un ciclo terrible que me llevaba a quedarme todo el día en la cama porque no tenía nada porqué vivir. Entonces, empecé a notar que mi salud mental empeoraba día a día. Me volví una persona deprimida y llena de ansiedades. Cuando salía fuera de la casa me sentía paranoico y alerta con la gente”, cuenta Newells a Apro desde su vivienda en la localidad de Wilpshire, en Blackburn (norte de Inglaterra).
“Y creo que me pasaba eso porque mi vida carecía de una rutina y estructura, algo que creo es importante en la vida de muchas personas. Es importante levantarse y tener un objetivo por el que salir de la cama cada mañana, una razón para vivir. En mi caso, terminé sintiendo horrible”, agrega.
Esa espiral de depresión, falta de confianza y desempleo lo llevó a tener pensamientos suicidas. “Sentía que mi vida no tenía sentido y que carecía de dirección alguna. Un día decidí quitarme la vida y tomé muchas pastillas de somníferos, pero gracias a Dios sobreviví y sigo aquí”, explica. Newells sostiene que uno de los factores principales para sentirse “tan abajo” era la falta de empleo crónico.
Los casos ilustran una tendencia que parece arraigarse en el Reino Unido. Así lo demuestra un informe del grupo benéfico The Prince’s Trust –cuyo padrino es el príncipe Carlos de Inglaterra– presentado el año pasado y titulado Índice de Juventud 2014. La investigación de 24 páginas concluye que unos 750.000 adolescentes de Gran Bretaña sienten que no tienen nada por qué vivir, y que una tercera de los jóvenes desempleados contemplaron la posibilidad del suicidio.
Según este informe, que se realizó con base en entrevistas con 2.161 jóvenes británicos de entre 16 y 25 años, el 75 por ciento de ellos está desempleado, ya no estudia ni se adiestra para ejercer una profesión. El 9 por ciento de los consultados admitió no tener nada que los motivara a vivir.
El informe de The Prince’s Trust indica además que si ese porcentaje se extrapola al total de los jóvenes del país, serían al menos 751.230 los “desesperanzados”. Entre los jóvenes desempleados, que no estudian ni se preparan para un oficio, 21 por ciento dijo sentirse sin esperanzas para el futuro. 
El informe destaca también que los jóvenes desempleados desde hace al menos seis meses tienen el doble de oportunidades de consumir antidepresivos que aquellos que no están desempleados. Un 32 por ciento de los entrevistados dijo haber contemplado el suicidio, mientras que uno de cada cuatro (24 por ciento) dijo que se autolesionó, algo cada vez más común entre los jóvenes sin empleo en el Reino Unido.
El sondeo indica además que el 40 por ciento de los jóvenes sin trabajo enfrenta síntomas de enfermedades mentales, incluyendo tendencias suicidas, falta de confianza personal y ataques de pánico, todo producto de la situación de desempleo. Del total de los consultados que no tiene trabajo desde hace varios meses, 72 por ciento dijo que carece de una persona para hablar de sus problemas. 
Martina Milburn, directora ejecutiva del The Prince’s Trust, afirmó en la presentación del informe que el desempleo “está demostrando ser la causa de problemas mentales devastadores y a largo plazo entre los jóvenes”. “Miles de jóvenes británicos se levantan cada día y sienten que no tienen nada porqué vivir, luego de luchar por meses y hasta años para salir del desempleo crónico”, subrayó la experta.
Añadió: “Más de 440 mil jóvenes en nuestro país enfrentan el desempleo de largo plazo, y son estos jóvenes los que necesitan de nuestra ayuda urgente”. Según Milburn, si el gobierno de coalición británico y las autoridades pertinentes no actúan, “miles de jóvenes británicos sufrirán de una falta de esperanza crónica”. 
“Ayudar a estos jóvenes a obtener un empleo es absolutamente vital. Conozco tantos jóvenes que me dicen que sus vidas fueron transformadas cuando obtuvieron su primer empleo. Trabajar les provee de una rutina clara, como también la satisfacción de poder mantenerse por sí mismos y ayudar a la familia, luego de años de depender de subsidios públicos”, apuntó.
Para Shirley Cramer, directora ejecutiva de la Sociedad Real para Salud Pública, el informe del The Prince’s Trust “demuestra que el desempleo debe ser considerado un tema de salud pública”. “Los jóvenes desempleados están teniendo dificultades en muchos aspectos de sus vidas, desde su salud mental hasta su bienestar personal, pasando por sus relaciones y calificaciones. Debemos actuar rápidamente para poner fin a este flagelo”, consideró la experta.
Consultado por Apro, un portavoz del Ministerio de Trabajo y Pensión del Reino Unido dice que la Administración que encabeza el primer ministro David Cameron “está haciendo todo lo posible” para ayudar a los jóvenes a conseguir un empleo, y detalla que hay 106 mil jóvenes menos que cobran el seguro de desempleo comparado con 2010. 
“A partir del llamado contrato juvenil, hemos incrementado masivamente el número de puestos de experiencia laboral y aprendizaje, para darle a los jóvenes el apoyo que necesitan a la hora de encontrar un trabajo”, indica el vocero oficial. Dicho programa laboral ayudó “a más de 74 mil jóvenes a escapar el desempleo crónico y hallar el trabajo que 
buscaban”, agrega. 
The Prince’s Trust fue creado por el Príncipe Carlos en 1976 para ayudar a jóvenes en desventaja y excluidos. En la actualidad da apoyo y asistencia a jóvenes y adultos de entre 13 y 30 años que no tienen empleo, como también a adolescentes con problemas para insertarse en el sistema escolar.
A pesar de la tarea de este y otros organismos benéficos similares, el problema persiste en el país, como cuenta la británica Emma Sparham, de 31 años, quien durante años batalló contra el desempleo crónico y el rechazo de potenciales empleadores, que terminó generándole un problema de alopecia agudo con la pérdida de pelo.
Emma, quien reside en la localidad de Leicestershire, en el centro de Inglaterra, cuenta que la falta de trabajo desde que tenía 18 años la llevó a fumar en exceso, y la hizo caer en una adicción a las drogas y el alcohol. “Estaba tan mal que me medicaron anti-depresivos, perdí todo el pelo y creí que mi vida ya no tenía salida. Ahora estoy saliendo del pozo, pero es muy duro. El desempleo juvenil es un problema que debe ser resuelto ya por las autoridades de nuestro país. Las consecuencias son totalmente devastadoras para las futuras generaciones”, concluye.

Las constantes de la política exterior soviética (y2)

Juan Manuel Olarieta

La política soviética en Afganistán demuestra las constantes fundamentales del conjunto de su política exterior a lo largo de un siglo, que no ha cambiado sustancialmente porque, a pesar de la caída de la URSS, el enfrentamiento es el mismo. Desde la guerra civil, y con excepciones efímeras, la URSS se tuvo que mantener en una situación estratégica defensiva, lo cual indica una abrumadora superioridad de fuerzas por parte del imperialismo, bien entendido que cuando a partir de 1945 me refiero a «fuerzas» aludo también al armamento nuclear.
En la lucha de clases, tanto si se trata de la política interior como de la exterior, quien tiene la hegemonía no sólo dicta las reglas del juego sino que pone a los demás a la defensiva. No es posible sustraerse a esa situación, como le ocurrió a la URSS a lo largo de toda su historia. Los imperialistas llevaron la guerra civil al interior de la URSS, impusieron el bloqueo y la dejaron fuera de la Sociedad de Naciones durante más de una década.
Las reglas diplomáticas no sólo se pueden cambiar sino que la URSS logró cambiarlas en 1945 a costa de 35 millones de muertos, una guerra como jamás ha conocido la historia y la devastación absoluta del país. A la URSS los imperialistas no le regalaron nada y al mundo tampoco. Si durante varias décadas hubo etapas de paz relativa sobre la faz de la Tierra, fue única y exclusivamente gracias al esfuerzo de la URSS, de los demás países socialistas, del movimiento obrero mundial y de la lucha del Tercer Mundo.
No obstante, los cambios de la posguerra no alteraron sustancialmente la correlación de fuerzas, que siempre fue favorable al imperialismo, lo cual explica, además, la consolidación del revisionismo en el interior del PCUS y, finalmente, la destrucción que propició de la propia URSS. El revisionismo no es otra cosa que una capitulación ideológica y política ante la burguesía y el imperialismo, consecuencia de una correlación de fuerzas desfavorable. «El pescado se pudre a partir de la cabeza», decía mi abuela. Progresivamente desde 1956 la influencia y la presión imperialistas se transmiten a todas las esferas económicas, sociales, militares y diplomáticas de la URSS y demás países socialistas.
La diplomacia soviética estuvo siempre a la defensiva en todos los terrenos y, como cualquier estratega reconoce, las ofensivas soviéticas, incluidas las que se produjeron en el terreno militar, no fueron otra cosa que contrataques. Respondieron al principio de que no hay mejor defensa que un buen ataque. Los planteamientos pacifistas que sostienen lo contrario son absurdos; no se puede planificar una guerra sólo para detener los golpes del enemigo y no para devolvérselos, escribió Clausewitz (1).
Afganistán no fue un ataque sino un contrataque soviético basado en una defensa anticipada de las líneas fronterizas, idéntica a otras muchas que se sucedieron a lo largo de la historia de la URSS, como las de la guerra civil, la guerra de Finlandia, el levantamiento húngaro o la Primavera de Praga. Sin embargo, por su propia forma de desencadenarse, los «historiadores» exponen este tipo de acciones fuera de contexto, como si fueran algo por sí mismas. Entonces hablan de agresión o de expansión. Hablan del ataque pero no del contrataque. Ven una ofensa donde sólo hay defensa.
La guerra de Afganistán es el mejor ejemplo de ello. El ejército soviético interviene masivamente en 1979 por los mismos motivos por los que invervino en el mismo lugar 60 años antes. Lo explicó Lenin en 1919 en respuesta a un cuestionario que le envió un periodista estadounidense en 1919, en el que menciona expresamente a Afganistán: la política bolchevique hacia los países musulmanes, dice Lenin (2), se basa en el mismo principio a un lado y otro de la frontera: la autodeterminación.
La URSS nunca dejó de intervenir en Afganistán y afirmar que en dicha intervención hubo algún interés imperialista o económico es una verdadera estupidez, quizá tanto como decir que actuó desinteresadamente o con meros objetivos altruistas. La URSS actuó en interés mutuo, es decir, de ambos países. Por lo tanto, también actuó en provecho propio, algo que no pueden decir los imperialistas porque, a diferencia de la URSS, sus políticas están en contradicción con los intereses de los pueblos oprimidos del mundo entero.
Hay que consignar también que la URSS no actuó en interés de un partido «prosoviético», el PDPA, como dice la propaganda imperialista, sino en interés de Afganistán, por lo que la política soviética hacia Afganistán se mantuvo bajo diferentes gobiernos locales.
Plantear la ocupación soviética de una manera unilateral, sin tener en cuenta el aspecto fundamental, que es la propia presión imperialista, es un error casi tan grande como centrar el objetivo en Afganistán y no en la propia URSS: atacando Afganistán el imperialismo atacaba a la URSS. El objetivo no era Afganistán sino la URSS. La propia envergadura de la Operación Ciclón demuestra que de ninguna forma estaba destinada a alterar la correlación de fuerzas en un país tan frágil como Afganistán. Hasta la fecha de hoy la Operación Ciclón ha sido la mayor operación de la CIA en toda su historia, la más larga y la más costosa.
La Operación Ciclón se basaba en viejos proyectos similares del imperialismo que nunca se habían llevado a cabo porque hasta ese momento sus prioridades estaban en otras regiones, como Vietnam. No cabe duda de que la derrota del imperialismo en 1975 es el detonante inmediato para la puesta en marcha de la intervención en Afganistán. El imperialismo retrocedió en el Extremo Oriente para centrarse en Asia central, una región que le situaba a las puertas tanto de la URSS como de China.
En la posguerra se habló del «cordón sanitario» que el imperialismo había impuesto en torno a la URSS, si bien se hacía referencia a las bases militares cercanas a la frontera en las que los misiles de largo alcance y la aviación imperialista tenían una enorme capacidad de penetración en suelo soviético con armamento nuclear. Esta política agresiva supuso un cambio radical en la política exterior de Estados Unidos, la llamada doctrina Truman, que habilitaba para intervenir militarmente fuera de sus fronteras en tiempos de paz.
Pero el aspecto militar era sólo una parte de aquel cordón sanitario. El otro era la creación a un lado y otro del perímetro soviético de disturbios internos cuya naturaleza dependía del recorrido geográfico de las dilatadas fronteras. Un estudio de las mismas muestra la existencia de dos cuerdas, una primera en Europa oriental, donde tras el Telón de Acero Estados Unidos mantuvo y alimentó la subsistencia del nazismo. Una segunda seguía el curso del Mar Negro y atravesando el Caúcaso y Asia central llegaba hasta el Extremo Oriente, donde Estados Unidos alimentó las corrientes fundamentalistas, panislamistas, panturquistas, entre otras.
La Operación Ciclón no es otra cosa que una reedición de los viejos proyectos imperialistas de atacar a la URSS por el Cáucaso manipulando fuerzas religiosas. Simétricamente el llamado «expansionismo» soviético y ruso tampoco es otra cosa que una maniobra defensiva: el intento de apagar los incendios que el imperialismo fue provocando al otro lado de su perímetro fronterizo.
Con plena legitimidad alguien se preguntará si la diplomacia de un país depende de la naturaleza política del Estado, una duda especialmente relevante en referencia a la política exterior de la URSS y de Rusia. La respuesta sólo puede ser afirmativa: en efecto, la política exterior de Rusia cambió radicalmente en 1917 tras la llegada de los bolcheviques al gobierno, no sólo por lo que ya explicó Lenin sino por el propio Decreto de Paz aprobado por el primer gobierno revolucionario.
Es más, los bolcheviques no sólo cambiaron la política exterior de Rusia sino que cambiaron radicalmente toda la política exterior practicada hasta entonces a lo largo de la historia, lo que se resume en varias conquistas, la más importante de las cuales es el derecho de autodeterminación de las naciones, y a los distraídos hay que recordarles que este derecho empezó por la propia URSS en todos los sentidos posibles, pero especialmente en el de que la URSS no sólo se ganó su derecho a decidir sino algo mucho más importante, su derecho a existir, lo que en 1945 costó pagar un precio muy elevado: enterrar millones de cadáveres.
La posguerra fue un reconocimiento por parte del imperialismo no sólo de la existencia sino también de la fortaleza de la URSS. El III Reich no derrotó, y mucho menos fulminantemente, al ejército soviético, como ellos habían calculado. El Tratado de Yalta, el famoso «reparto del mundo» del que habla la propaganda imperialista, fue ese reconocimiento, al que siguió la creación de la ONU y el derecho de veto que conquistó la URSS.
A ello se sumaron los movimientos de liberación nacional, también enfrentados al imperialismo y que contaron con el respaldo de los países socialistas, e incluso se calificaron a sí mismos como socialistas.
Estas victorias condujeron a suponer que el bloque socialista había ganado un estatuto tal que la «contradicción principal» en el mundo era la que enfrentaba al capitalismo con el socialismo y la URSS se arrogó la representación de dicho bloque, con consecuencias lamentables, como la firma en 1963 del Tratado de No Proliferación Nuclear que está en el origen de las hoy tan invocadas «armas de destrucción masiva», cuya naturaleza Enver Hoxha explicó claramente en aquel mismo momento:
«La línea que sigue Jruschov se ajusta a la política de los imperialistas norteamericanos y está a su servicio. El tratado ‘sobre la no proliferación de armas nucleares’, firmado últimamente en Moscú, es un tratado concebido y dictado por los norteamericanos y aceptado sin ninguna modificación por Jruschov. Los imperialistas norteamericanos quieren el monopolio de las armas nucleares. Jruschov se lo dio. Los norteamericanos hablan de la ‘paz’, también lo hace Jruschov que es un lacayo de la burguesía, pero entre tanto los norteamericanos se preparan para la guerra, aumentan sus stocks de bombas atómicas para sí y para sus amigos, mientras que Jruschov desarma a sus amigos y, con su pacifismo, desarma a los pueblos. Esto significa acudir en ayuda de los norteamericanos»(3).
La fortaleza y el reconocimiento internacional de la URSS no apaciguó al imperialismo sino que le obligó a cambiar de estrategia, poniendo en marcha la «doctrina de la contención» de Kennan, antiguo diplomático estadoundense en Moscú, que abandonaba al posibilidad de acabar con la URSS mediante ataques militares, que siempre habían acabado en otros tantos fracasos: «El antagonismo soviético-norteamericano -escribió Kennan- podía ser grave sin que hubiese que recurrir forzosamente a la guerra para resolverlo», lo cual hay que entender en el nuevo sentido que Kennan quiere darle a la guerra, que ya no es la «guerra total» sino sólo una «guerra limitada»(4). El arquitecto de la «guerra fría» definía así la nueva política del imperialismo a partir de 1945. La URSS no tendría tregua en ningún caso.
Por consiguiente, es obvio que la política exterior depende de la clase en el poder; no es la misma con la burguesía que con el proletariado, bajo el capitalismo que bajo el socialismo. Pero depende también de muchos otros factores y, fundamentalmente, de la presión del imperialismo. La experiencia demuestra, además, que esos factores han tenido un carácter determinante, que a pesar de los importantes retrocesos, el imperialismo seguía siendo la fuerza hegemónica y que el bloque socialista y los movimientos de liberación nacional eran mucho más endebles de lo que parecía a primera vista. En la lucha contra el imperialismo las victorias de la revolución siempre se obtuvieron en países periféricos y, por importantes que fueran, no eran capaces de desequilibar la balanza de fuerzas a escala mundial.
En contra de toda la experiencia histórica acumulada, a partir de 1956 los revisionistas al frente del PCUS ponen en marcha una cascada de concesiones al imperialismo que, como explicaba Enver Hoxha, estimulan aún más la agresividad de Estados Unidos. Ni siquiera la última de sus concesiones, el desmantelamiento de la propia URSS, les resulta suficiente porque, a pesar de las declaraciones solemnes de la Guerra Fría, para el imperialismo nunca se trató de la naturaleza de clase del Estado soviético sino del propio Estado, cualquiera que fuera. Así lo demostró la etapa de Yeltsin durante 10 años al frente de Rusia. Estados Unidos no se va tomar ni un respiro hasta lograr despedazar a Rusia, algo que no logró el III Reich con la URSS. Ese ha sido siempre el objetivo de la guerra de Afganistán, de la del Cáucaso y de la de Ucrania.
El grado de desarrollo alcanzado por el imperialismo en la actualidad deja muy poco margen de actuación para aquellos países que, como los Brics, buscan otras alternativas para sacudirse el yugo asfixiante de Estados Unidos. Esas alternativas son otros tantos contrataques. Calificarlos de agresividad y de expansionismo es ocultar la otra media mitad que, finalmente, es siempre la determinante.

(1) Karl von Clausewitz: De la guerra. Estrategia y táctica, Barcelona, 2006, pg.253
(2) Lenin, Respuesta a las preguntas de un periodista norteamericano, Pravda, 25 de julio de 1919.
(3) Hoxha: Reflexiones sobre China, Tirana, 1979, pg.57.
(4) George F. Kennan: Memorias de un diplomático, Barcelona, 1971, pgs.246 y 254.

Quien roba a un ladrón, 100 años de perdón

El 31 de enero publicamos un artículo que ahora necesitamos recordar. Se titulaba:
El artículo hablaba de las manipulaciones de las agencias de calificación de deuda, en la que poníamos como ejemplo a una de ellas: Standard & Poor’s.
Aquella información hay que complementarla con la que se supo cuatro días después: que la agencia había sido condenada en Estados Unidos a pagar 1.370 millones de dólares al Ministerio de Justicia por falsificar la calificación de las hipotecas basura.
El problema de las estafas y las especulaciones del capital financiero es que siempre hay alguien más listo, que se aprovecha del bobo que confía en chiringuitos, como Standard & Poor’s, bancos, preferentes, bolsas, seguros, acciones y demás. Son los que se creen lo que del capitalismo dicen los capitalistas.
Ya lo avisó Engels cuando dijo que la bolsa es un sitio donde los capitalistas se roban unos a otros. Pero cuando roban mucho es posible que el Estado les de un tirón de orejas obligándoles a devolver una parte del botín, que es lo que acaba de ocurrir en Estdos Unidos.
Contra Standard & Poor’s no sólo ha intervenido el Ministerio de Justicia, sino también 19 Estados federados y un fondo de pensiones de California, Calpers, a quien la agencia tiene que devolver 125 millones de dólares.
¿Se acuerda de aquel refrán popular? «Quien roba a un ladrón…» No todos los robos son iguales. Hay robos y robos porque hay ladrones y ladrones, y si creen otra cosa lean: el pleito contra Standard & Poor’s se ha resuelto antes de ir a juicio a cambio (a cambio de dinero) de que los robados reconozcan que la agencia no violó ninguna ley.
A ver si me explico. Standard & Poor’s es inocente de las acusaciones que se le imputaban, o sea, que ha pagado para que declaren su inocencia, por lo que alguien quisquilloso seguirá preguntando: si es inocente y no ha violado la ley, ¿por qué paga?
Es la pescadilla que se muerde la cola: lo que ha pagado es su inocencia porque la difernecia dentre ser un estafador y un delincuiente o una persona amante de la ley es el dinero que sea capaz de poner encima de la mesa para acallar las conciencias.

¿Es Syriza otro caballo de Troya de Rusia en la Unión Europea?

A la prensa imperialista le ha faltado tiempo para calificar al nuevo gobierno de Syriza como «el caballo de Troya de Rusia dentro de la Unión Europea». En Atenas es costumbre que el primer viaje del Primer Ministro sea a Nicosia, la capital de Chipre, pero a Juncker y Merkel los gestos que le envían les siguen sin hacer gracia, sobre todo teniendo en cuenta que en Chipre tampoco están por las sanciones contra Rusia. Todos los medios lo ponen entre interrogantes: ¿otro caballo de Troya?
– New Greek government: Russia’s Trojan horse inside the EU?, Business New Europe, bne.eu, 28 de enero de 2015
– Trojanisches Pferd Putins? (¿Caballo de Troya de Putin?), Neue Zürcher Zeitung (Zurich, Suiza), 28 de enero
– Is the New Greek Government a Trojan?, Nebojsa Malic, antiwar.com, 30 de enero de 2015
Antes de las elecciones griegas el diario moscovita Rosiskaya Gazeta entrevistó a Tsipras, quien ya adelantó la línea política del gobierno de Syriza, que se confirmó con la entrevista que mantuvo inmediatamente después de tomar posesión de su cargo con el embajador ruso en Atenas, Andrei Maslov. De esta manera Tsipras rompía una vieja tradición que hasta ahora daba primacía a los representantes estadounidenses.
Luego el ministro ruso de Finanzas, Anton Siluanov, ofreció ayuda financiera al nuevo gobierno heleno, «si se lo solicitaban».
El ministro griego de Asuntos Exteriores, Nikos Kotzias, es un tránsfuga del Partido Comunista de Grecia (KKE) que defiende una relaciones más estrechas de Grecia con Rusia. Sus primeras declaraciones fueron para agradecer a Putin que hubiera acudido en ayuda de «nuestros hermanos ortodoxos» en Crimea.
No obstante, los gestos pro-rusos se interpretan más bien en clave anti-alemana que anti-americana. Pero en Atenas tampoco faltan gestos claramente anti-alemanes de los nuevos dirigentes de Syriza. Tras declarar que «no debemos aceptar ni reconocer al gobierno de los neonazis de Ucrania», Tsipras se fue al campo de tiro de Kaisariani para rendir homenaje a los antifascistas griegos que fueron fusilados allá por los nazis en una fecha tan significativa como el 1 de mayo de 1944.
Poco antes de ganar las eleccciones el diario ruso Rosiskaya Gazeta entrevistó a Kostas Sirixos, director del departamento de asuntos exteriores de Syriza, quien confesó que uno de sus objetivos era «trabajar con nuestros aliados políticos europeos para contrarrestar la influencia geopolítica que Alemania trata de imponer a los países del sudeste y los Balcanes».
Pero, ¿a quién califica Syriza como «aliados políticos europeos»?
Si la política exterior de un gobierno se compusiera con declaraciones, las del gobierno heleno son tan abundantes que no dejarían lugar a dudas. Sacando los pies fuera de su departamento, anoche el ministro de Defensa, Panos Kammenos, dijo en una entrevista en la televisión de su país que si Grecia no llega a un acuerdo para la gestión de su deuda con sus socios europeos, podría solicitar ayuda a otros.
¿Quiénes son esos «otros»? El ministro dice que ellos quieren «llegar a un acuerdo; pero si no lo hay, si Alemania sigue intransigente y pretende hacer explotar Europa, entonces tendremos que recurrir a un plan B». ¿A qué llama «plan B»? Kammenos dice que buscarían otra fuente de financiación: «A lo mejor podría ser Estados Unidos, o podría er Rusia, podría ser China u otro país», añadió.
No obstante, durante su reciente viaje a Viena Tsipras declaraba que es optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo con la Unión Europea.
Pero el ministro alemán de Finanzas, el gran buitre Wolfgang Schäuble, no lo tiene tan claro y le pide a Tsipras que elabore un «programa» con los acreedores para pagar las deudas. Su jefa Merkel ha concretado que ese programa debe ser «viable».
Por su parte, como no podía ser de otra forma, Jean-Claude Juncker es de la misma opinión, aunque parece que la Unión Europea está dispuesta a hacer ciertas concesiones para salvar la cara.
El domingo Tsipras dijo que el plan aprobado en 2010, que vence este año, no se va a prorrogar. A cambio de 240.000 millones en préstamos internacionales, el plan imponía a Grecia duros recortes presupuestarios cuya ejecución quedaba bajo la vigilancia de la llama troika, a saber, la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Parece que el nuevo gobierno de Syriza tiene un recambio que ofrecer. Esta mañana el ministerio griego de Finanzas ha anunciado que presentará un programa en varias fases basado en una atenuación del programa de austeridad a cambio de introducir 10 reformas de conformidad con la OCDE, para lo cual el secretario general de dicho organismo, Angel Gurría, estuvo ayer en Atenas.
Es mentira, no hay Plan B, son lentejas. En Atenas tienen muy poco margen de acción… dentro de lo que hay, que es de donde Syriza no quiere salir. Naturalmente, que dicho programa es más de lo mismo: capitalismo. Nada nuevo, pues. No hay que sorprenderse. Lo que ocurre es que Syriza había dicho otra cosa: que no habría más recortes, es decir, que la salida a la bancarrota no eran los recortes, ni los viejos ni los nuevos. Pues bien, esta mañana vamos a comprobar que sí habrá más recortes, o recortes distintos, pero recortes al fin y al cabo.

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