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Mes: noviembre 2014 (página 7 de 7)

El sombrero de Gessler

N. Bianchi

Bajo este Estado fascista -o de «corte fascistoide» para calmar los ánimos de las «almas bellas»– no existe algo tan noble como es la «política», sino politiquillos sin coturno ni alta estofa. Resulta ya fatigoso volver a citar a José Bergamín cuando decía -y no lo decía un comunista precisamente- que existir es pensar y pensar es comprometerse. A lo que Unamuno -que de comunista nada- le puso esta coda: «pensar es comprometerse… y, a las veces, caer bajo el Código Penal, porque el delito mayor del hombre es haber pensado». Los protoalemanes germánicos tenían este dicho: «Gedanken sind Zollfrei», o sea, los pensamientos no pagan aduanas. Y es del latino Ulpiano este principio: «cogitatienis poenam nemo patitur», esto es, el pensamiento no delinque… mientras no transcienda al exterior, es decir, que cobre fuerza y prenda la pradera.

Se atropella la voluntad de los ciudadanos de una nación como Catalunya y se recurre a la voluntad de la Reina sátrapa de Lewis Carroll en «Alice in Wonderland»: «primero habrá una condena y, después, por supuesto, un juicio legal».

Hay dos clases de «hacer política»: la de fábula y la real. La primera consiste en, «nolens volens», ya que vamos hoy de latinajos, en inclinarse ante el sombrero de Gessler, aquel bailío que impuso -como un vulgar Urquijo en Euskadi, un virrey, un gobernador- a los suizos inclinar la cabeza ante la sola visión de su copete (de su gorra) encima de un palo en un camino -un portazgo, un peaje «político»– y que Guillermo Tell dijo ya te vale y luego pasó, ya saben, lo de la manzana y su hijo y la flecha de su ballesta de reserva para cargarse al bailío si tuviera la mala fortuna de, involuntariamente, matar a su hijo.

Eso es la Constitución española y así la hacen entender: como el sombrero de Gessler.

El Pentágono juega con fuego

La realidad sigue los pasos de la ficción. Los mercenarios del ejército norteamericano se entrenan virtualmente con un videojuego creado en 1985 que se llama «El juego de Ender». A pesar de la campaña de la ONU contra los niños de la guerra en África, en «El juego de Ender» el ejército norteamericano recluta a un niño y le entrena como mercenario para que se convirta en el jefe del ejército de la humanidad contra una raza de alienígenas.

El Pentágono ha potenciado unidad dedicada a los simuladores, el Program Executive Office for Simulation, Training and Instrumentation (PEO-STRI). Los juegos y la infraestructura destinada al entrenamiento virtual forman parte de una unidad específica del ejército que coordinará el programa «Juegos para entrenar», que es operativo desde 2010.

Según el director del proyecto de videojuegos PEO-STRI, Leslie Duvow, el ejército cuenta con 70 sistemas de juego en 53 localizaciones en los Estados Unidos, Alemania, Italia y Corea del Sur. Cada sistema consiste en 52 ordenadores y equipamiento como ratones o cascos para la intercomunicación de los mercenarios. Además de esta infraestructura, el nuevo plan investiga sobre novedades a aplicar en el campo de los videojuegos para entrenar, aunque no con fines comerciales sino militares.

Para sus entrenamientos utilizan videojuegos de batallas en los que prueban la valía y la capacidad de sus reclutas. La empresa que comercializa el videojuego «Darwars Ambush» ha distribuido más de 3.000 copias al ejército, la fuerza aérea, los marines, la guardia costera y otros cuerpos menores.

La división del Ministerio de Defensa estadounidense modificó el juego para su uso específico en situaciones de emboscadas o bombardeos, aunque su desarrollo se ha quedado obsoleto. El juego estaba basado en tecnología del siglo XX, concretamente en el juego comercial de Codemasters desarrollado por Bohemia Interactive «Operation Flashpoint», lo que lo limita en número máximo de participantes en red, inteligencia artificial de los enemigos o modificación del terreno, por ejemplo.

70 campos de entrenamiento.

«Game After Ambush» es otro videojuego modificado que tendrá herramientas para que el ejército estadounidense pueda cambiar los escenarios o los objetivos de las misiones.

El Pentágono aún no ha desvelado cuál será el juego comercial elegido, aunque analistas del mercado consideran que, con pequeñas modificaciones varios videojuegos de los que hay actualmente en el mercado responden a las necesidades del ejército.

A tomar por el culo, cabrones

En los siglos XVIII y XIX la burguesía obtuvo otro de sus muchos triunfos: convirtió a las expresiones lingüísticas populares en algo grosero, soez, propio de analfabetos, de un pueblo despreciable. A partir de entonces el lenguaje escrito se divorció del oral. En el diccionario hay palabras y palabrotas. Estas últimas son propias del léxico coloquial, de la bronca, de los bares y de las gradas de los campos de fútbol.La educación burguesa se convirtió en la buena educación, en la educación por antonomasia. El objetivo de la escuela es inculcar esa buena educación, frente a la mala que el alumno ha adquirido en su familia y en la calle. Es el segundo divorcio, que convierte al taco en un tabú, en una palabra prohibida que no se debe utilizar. En 1713 una de las funciones para las que se crea la Academia de la Lengua es la de «limpiar» el diccionario de palabras «sucias» y «malsonantes». El escritor, el periodista, el Boletín Oficial del Estado tienen que utilizar un vocabulario burgués, políticamente correcto, el de los hipócritas, lleno de eufemismos, donde los pechos, por ejemplo, han sustituido a las tetas.

Hay una marca de espárragos que se llama «Cojonudos», pero el puto capitalismo acabará amargándonos la vida. Hace un par de años la Unión Europea rechazó el registro de la marca «Hijoputa» de un orujo asturiano porque consideraron que esta palabra es ofensiva y por tanto «contraria a las buenas costumbres en una parte de la Unión Europea». ¡Que les den por el culo!

Antes las cosas eran distintas. El taco forma parte de la literatura castellana desde sus mismos orígenes. Los cancioneros medievales son un compendio de improperios, como las conocidas Coplas de Mingo Revulgo, publicadas en el siglo XV. Los escritores del Siglo de Oro también utilizaron el lenguaje de la calle, el barriobajero, el auténtico. Los tacos son un arte y son cultura. La mejor cultura popular.

A diferencia del habla popular, el habla burguesa esconde su naturaleza clasista recurriendo a expresiones neutrales. En lugar de maricón, que ha quedado como un insulto, una toma de posición, prefiere inventar un neologismo como homosexual. Pero con ese cambio, una obra tan clásica como «Fuenteovejuna» de Lope de Vega perdería mucho. En la mejor escena una mujer llamada Laurencia apela a las armas contra la opresión e insulta a la multitud que no toma el camino de la resistencia frente a los opresores:

Gallinas, ¡vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
Poneos ruecas en la cinta.
¿Para qué os ceñís estoques?
Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores,
y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados y cobardes,
poco hombres y traidores.

Como en tantas otras obras clásicas de la literatura, Lope de Vega deja bien claro que, como la Mariana de la Revolución Francesa, Laurencia representa al pueblo en armas. Pero le añade algo aún mucho más importante: ella es, además, analfabeta. Son las mujeres del pueblo oprimido las que asumen la dirección de la lucha. Su lenguaje es el único posible contra los neutrales, los que se quieren mantener al margen.

¡Lo que cambian las cosas con el transcurso del tiempo! Es imposible no recordar lo que ocurrió durante la República, al interpretar este personaje la actriz Margarita Xirgú. Lo intentaron todo para no tener que decir maricones: recortar el pasaje, buscar sinónimos… En el ensayo general Xirgú aparentó una afonía en el momento de recitar el fragmento y fue García Lorca, que estaba presente, quien se lo echó en cara, llamándola pudorosa. Cuando por fin logró soltar el taco, la representación desató toda su carga dramática. En medio de las lágrimas la actriz dijo: “Esto no es arte; esto de abandonarse así a los sentimientos de una está mal. Porque yo hoy no he insultado al concejo de Fuenteovejuna. He llamado maricones a los concejales de Madrid que estaban en su palco del Ayuntamiento. Esto ya no es teatro ni arte. Es un mitin. Había dado en el clavo. Una obra clásica como «Fuenteovejuna» es mucho más que teatro: es un llamamiento a la revolución.

Xirgú recordó el tercer desdoblamiento que la burguesía ha impuesto al lenguaje: el contenido intelectual se ha separado del emocional. Todo tiene que ser, como quería Leibniz, unívoco: a cada palabra le corresponde un significado. Por el contrario, los tacos expresan un estado de ánimo, y por eso van ligados a las interjecciones, que es la función más primitiva del lenguaje. Son una válvula de escape para las penurias que atravesamos. Ya que no podemos ni protestar, al menos los tacos sirven para desahogarnos, para aliviar nuestro sufrimiento.

Si estamos redactando un comunicado, cuando el gobierno aprueba recortes sociales escribimos cosas como que ha aumentado la tasa de plusvalía. Así nos lo han enseñado. Pero si estamos charlando en la barra del bar, decimos algo muy distinto: que cada vez estamos más puteados, en donde la palabra «putear» significa «joder» o, en términos elegantes, fastidiar o molestar.

Desde la literatura del Siglo de Oro el taco es pura negación de la negación, o sea, dialéctica. El habla popular le ha dado dos vueltas de rosca al tabú y lo ha convertido en todo lo contrario de lo que pretendía Leibniz: es tan ambivalente que un mismo término puede significar dos cosas opuestas: «joder» es un placer pero «joderse» o «te jodes» es justamente lo contrario.

Algunas palabras han acabado como tabúes porque van ligadas a los tabúes políticos, sociales, morales y culturales de la burguesía, como el sexo. Ahora bien, también ahí funciona la negación de la negación, de tal manera que donde una ideología clasista pretendió aminorar las referencias sexuales, lo que ha logrado ha sido lo contrario: multiplicarlas exponencialmente, de manera que el tabú se rompe por todos los costados. Son muy numerosos los tacos que tienen una carga sexual. El taco ha sobredimensionado el sexo y en pocas materias hay más sinónimos que en la sexual.

Sólo hay algo aún peor que el sexo, la homosexualidad, que es el colmo del vicio y la perversión sexuales, un tabú dentro de otro tabú y que, por si fuera poco, en ocasiones concierne al culo, en donde al sexo se le une otro tabú: la suciedad y la mierda. Un maestro de la escatología como Quevedo tiene una obra titulada «Gracias y desgracias del agujero del culo». Una cagada es un error y «vete a tomar por el culo» es lo mismo que «vete a la mierda«. Expresiones como «Iros todos a tomar por culo», el título del disco de Extremoduro, son dignas del Siglo de Oro.

Ante esta avalancha la burguesía ha reaccionado para llevarnos de nuevo al terreno de lo políticamente impecable acusando al lenguaje popular de «sexismo» y pretendiendo impedir su difusión. El feminismo burgués ha vuelto a demostrar que es un caballo de Troya, una de las vías más importantes de penetración de la ideología burguesa dentro del movimiento obrero. No hay reunión en la que alguien no trate de impedir el vocabulario popular, al que tachan de machista y homófobo atenieńdose al canon de los buenos modales burgueses que siguen tratando de inculcar.

En enero el ministro de Guindos mandó a dos periodistas a tomar por el culo, literalmente. Esperanza Aguirre también llamó «hijoputa» a Gallardón cuando creyó que no había micrófonos delante de la boca. La burguesía tiene un doble lenguaje lo mismo que tiene una doble moral. Está llena de prejuicios. Su diccionario es el de la Academia de la Lengua, no el de la Academia de la Calle en donde un burgués no sólo es un explotador sino un cabrón. Si decimos que el burgués explota al trabajador no hemos pasado aún de un estadio descriptivo. Pero cuando decimos que es un cabrón es porque, además, hemos logrado un avance: estamos de mala ostia.

La buena educación es contrarrevolucionaria; los buenos modales no conducen a nada; sin mala ostia la revolución socialista es imposible. Hace falta que las masas adquieran un cierto estado de ánimo, que se expresa tanto en las consignas como en los insultos y el vocabulario soez y lleno de imprecaciones. Puro Fuenteovejuna.

La polémica Sartre-Camus

Nicolás Bianchi

En el año 1952 las dos figuras principales del mundo intelectual francés eran Jean-Paul Sartre y Albert Camus, autores de La náusea y La peste, respectivamente. La disputa surgió a propósito de la publicación del ensayo de Camus El hombre rebelde, en octubre de 1951. La reseña del libro le fue confiada a Francis Jeanson a sabiendas de que sería poco benévola. Jeanson, discípulo de Sartre, publicó, efectivamente, un comentario negativo en mayo de 1952 del libro de Camus en la revista Les Temps Modernes, órgano del círculo existencialista sartreano.

Camus sostenía en su ensayo que en el ser humano había una esencia, una naturaleza humana, y que esa esencia se relacionaba con una moral cuyos principios transcendían las contingencias de la Historia. Para Sartre, en cambio, el hombre no tenía esencia, era pura existencia (de aquí el existencialismo como filosofía), un puro hacerse; por ello, la Historia era, precisamente, todo porque la Historia era lo que el hombre hacía en un universo sin Dios. Sartre le insistía a Camus que para revolucionar el orden de las sociedades humanas (=burguesas), era obligatorio que ellos, como intelectuales, se «mancharan las manos». Camus le respondió que él no quería ser «ni víctima ni verdugo» (el «ninismo», como puede verse, no es de hoy), separándose del canon soviético al que se supone que Sartre servía a pie juntillas, y acusando a Sartre de obligar a los artistas e intelectuales a comprometerse y expresar sus ideologías políticas lo que, según Camus, sería una forma de «esclavismo». La polémica entre Sartre y Camus era, en principio, filosófica, pero en la práctica las diferencias se debatían en el campo de la política.

Camus -hoy defendido por personajes como Vargas Llosa-, en su polémica con Sartre, rechazó todas las formas de opresión equiparando el comunismo (o, para un trotskista, el «stalinismo») y el fascismo y/o el nazismo -ideologema todavía muy rentable para los «equidistantes», o sea, los «demócratas»-, es decir, el totalitarismo como mal del siglo, alegando que «el hombre no se reduce a la historia». Para Camus, el que no cree más que en la Historia camina hacia el terror que empezó, para él, guillotinando a Luis XVI.

En Camus el progreso de la libertad consiste en saber liberarla de sus empresas, de sus tareas, o sea, en otras palabras, el no-compromiso (engagement, término muy en boga en aquellos años). Al referirse Sartre a un pasaje de Cartas a un amigo alemán, donde Camus le dice al supuesto soldado nazi: «Durante años han tratado ustedes de hacerme entrar en la historia», replica Sartre: «[…] puesto que se cree fuera, es natural que imponga condiciones antes de ‘entrar adentro’. Igual que la niña que roza el agua caliente con la punta del pie preguntando. ‘¿está muy caliente?’, mira usted la historia con desconfianza, sumerge en ella un dedo que retira al instante y pregunta: ‘¿tiene sentido?’«

Para Jeanson -el autor del texto en definitiva, pero al que Camus, en su respuesta en Les Temps Modernes el 30 de junio de 1952, le ningunea, ni le nombra, dando por hecho que es una «interpósita persona» de Sartre-, Camus sitúa el Mal (con mayúscula) en la historia (con minúscula) y el Bien fuera de ella, es decir, que rechaza la Historia, ahora con mayúsculas. Se trata -añade- «de eliminar toda situación concreta para obtener un puro diálogo de ideas».

De Camus decía Carlos Fernández Liria, filósofo, en un artículo escrito en 2006, que se negó a que el fin justificara los medios. Y que prefirió «equivocarse sin matar a nadie y dejando hablar a los demás, que tener razón en medio del silencio y los cadáveres». Como si los comunistas -dice Liria, que se reclama de tal condición- «nos dedicáramos a ir ametrallando gente a nuestro paso». Es muy fácil -agrega- «ser moral en un mundo que no llega más allá de mis narices». Sartre, según Liria, que está de su lado, denuncia la pretensión de ser moral más allá del compromiso político. Sartre -termina diciendo Liria- «no defendió la Historia contra la Moralidad. Defendió que la elección moral tenía que consistir en elegir un mundo, un mundo bueno, y no en elegirse bueno a uno mismo».

Albert Camus, que nació en la Argelia francesa en 1913, murió en enero de 1960 en un accidente de tráfico yendo de copiloto (el conductor era el famoso editor Gallimard). En 1957, tres años antes, recibió el Premio Nobel de Literatura. Sartre murió en 1980. También le otorgaron el Nobel de Literatura en 1964, pero lo rechazó en plena «guerra fría» y por, entre otras razones, estar posicionado a favor de la entonces llamada «coexistencia pacífica» preconizada por la camarilla de Jruschov.

El fantasma de Putin recorre Europa

Juan Manuel Olarieta

La prensa europea viene publicando una serie de curiosos artículos sobre Rusia, que sólo en parte se resumen en el llamamiento de Adam Michnik, el viejo perro de presa del imperialismo, a «crear un frente común contra el nuevo imperialismo ruso«. Putin ha abierto la caja de Pandora, dice. Es el único culpable de lo que pasa en Europa central. «En Ucrania se juega el porvenir de toda Europa», amenaza el periodista polaco.

Como no podía ser de otra forma, los artículos están personalizados en Putin con una extraña mezcla de admiración y animadversión. No hay esa unanimidad que Michnik pretende. Putin también tiene buenos amigos, titula un artículo de otro semanario polaco, Newsweek Polska (1). Es más, a diferencia de la parte occidental, en Europa central algunos países vueven por donde solían, es decir, a los tiempos de la fraternidad con Rusia. Como si el muro de Berlín no hubiera caído.

Pero Newsweek Polska no es una revista polaca y aunque la publica la editorial alemana Springer, forma parte del despliegue ideológico que Estados Unidos tiene repartido por el mundo. Es lógico que Rusia les traiga de cabeza, especialmente a uno de sus puntales en el este, Polonia, que parece volver a los tiempos de la guerra contra Rusia de 1920.

Aquí el materialismo histórico no sirve para nada. Lo de Putin no tiene explicación política, ni económica, ni estratégica, ni cultural. Hay que acudir a la sicología: «Es un embaucador experto», dice la revista polaca, una afirmación propia de esos cretinos que dejan a los demás como si fueran incapaces de tener un criterio propio. A lo máximo su diagnóstico acaba por llevar a Putin a las filas del populismo.

En Europa central amenazan con que, a su vez, el populismo puede conducir al socialismo porque, como dice el medio rumano HotNews, esos países «no están en disposición de satisfacer las expectativas de ciudadanos que aspiran a una vida mejor». Entonces HotNews lanza una curiosa pregunta: «¿Existe el peligro de que países como Rumanía o Bulgaria vayan a verse afectados por una restauración [socialista]?» La respuesta es aún más curiosa: «No asistiremos a una restauración [socialista]. Tanto en cuanto Alemania y otros países permanezcan estables políticamente, la Unión Europea podrá luchar contra este tipo de dirigentes populistas»(2). Como ya sabíamos, el destino de esos pueblos no está en sus propias manos sino en las de Alemania o la Unión Europea.

Ni Estados Unidos ni la Unión Europea lo tienen tan fácil como creían en centroeuropa. La seducción posterior a la caída del muro de Berlín en 1990 ha dejado paso a sensaciones menos placenteras. Al menos la unanimidad empieza a resquebrajarse. Por un lado están los incondicionales: Polonia, Estados bálticos y Rumanía. Por el otro, Chequia, Eslovaquía y Hungría, cuyo primer ministro Orban ha puesto a Putin como modelo a seguir.

En los Balcanes, dice Newsweek Polska, la situación es aún peor. Gran parte de la población se identifica con los rusos. No solo por motivos históricos. Los búlgaros consideran que la posición de su país se ha deteriorado en los últimos 25 años. Por supuesto, Serbia se identifica plenamente con Rusia. Pero la cosa va mucho más lejos: a los viejos países ligados históricamente a Alemania, como Eslovenia y Croacia, tampoco les agradan las sanciones contra Rusia, pero eso no es nada extraño: la mayor parte de los alemanes también se opone a las sanciones. Por lo tanto, Alemania no puede presionar para tratar de que otros países apoyen las sanciones. Es muy posible que ni siquiera lo quiera.

El presidente checo Milos Zeman también ha lanzado un llamamiento para levantar de inmediato las sanciones. Cuando estalló la guerra en Ucrania ya declaró que el Gobierno de Kiev era el único responsable de la misma. A Newsweek Polska, o sea, al imperialismo estadounidense le preocupa que Zeman se haya rodeado de capitalistas cuyos negocios no están en Nueva York sino en Moscú.

Lo mismo ocurre en Eslovaquia, donde el primer ministro Robert Fico, al igual que Zeman, siempre ha expresado su oposición a las sanciones contra Rusia. Fico no admite una mayor presencia de la OTAN en Europa central, pues lo considera un peligro. A mediados de septiembre, tras la cumbre de la OTAN en Newport, destacó que no aceptaría jamás que se construyeran bases de la Alianza en Eslovaquia.

(1) http://swiat.newsweek.pl/europa-srodkowo-wschodnia-wplywy-rosji-wladimir-putin-newsweek-pl,artykuly,349217,1.html

(2) Pericolul ascensiunii regimurilor populiste in estul Europei, 21 de setiembre de 2014, http://www.hotnews.ro/stiri-esential-18150762-pericolul-ascensiunii-regimurilor-populiste-estul-europei-ivan-krastev-dupa-castigarea-alegerilor-incearca-consolideze-puterea-pana-ajung-imposibil-inlocuit-prin-mijloace-democratice.htm

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