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Mes: noviembre 2014 (página 5 de 7)

Rusia se defiende de la propaganda de guerra del imperialismo

A finales de este año la CNN, una marca propiedad del monopolio Time Warner, pondrá fin a sus emisiones en Rusia. En 2010 Rusia limitó hasta el 50 por ciento la participación del capital extranjero en las empresas de radio y televisión, tope que este año 2014 se ha reducido al 20 por ciento. Además, en 2009 el organismo ruso que regula las telecomunicaciones, Roskomnadzor, exigió a los canales de televisión extranjeros distribuidos por las redes rusas por cable o satélite la tramitación de una licencia local, que la cadena de televisión estadounidense CNN no ha obtenido.

Por otra parte, Rusia ha pasado a la ofensiva en el terreno de la información. Para contrarrestar la visión occidental de las noticias, el 11 de noviembre presentó un proyecto informativo multimedia, con oficinas en más de 30 países, que constituirá la versión para el exterior de la agencia oficial Rusia Hoy, la antigua RIA Novosti.

La nueva marca, «Sputnik», es una agencia de noticias en internet con emisiones de radio en una treintena de idiomas y va dirigida exclusivamente a audiencias extranjeras. La nueva plataforma en línea sputniknews.com se basa en las tres webs de RIA en inglés, español y árabe, a las que se sumará a partir de diciembre un servicio en chino, y contará con redacciones multimedia en 34 países.

En la presentación el director general de Rusia Hoy, Dmitri Kisiliov, subrayó que «Sputnik» está «en contra de la propaganda agresiva que alimenta actualmente el mundo unipolar, una visión que es irreal». Por ello, «vamos difundir una visión más multipolar, más cercana en cada país a sus intereses, cultura y tradiciones».

«Creemos que el mundo está cansado de la propaganda machacona de un mundo unipolar, está cansado de que haya un país que se considera excepcional, exclusivo», en alusión a EEUU, y «vamos a dar un punto de vista alternativo», insistió el periodista, considerado uno de los ideólogos del gobierno de Putin.


«Decir lo que otros callan» o mostrar «el otro lado de la noticia» son los «leitmotiv» de la nueva marca informativa rusa en el exterior. Para llevarlo a cabo, la plataforma cuenta con redacciones regionales en 17 países del antiguo espacio soviético y otras tantas en 17 ciudades de Europa, Asia, Estados Unidos y Latinoamérica (Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro y México DC).

Además de las páginas web, las emisiones de radio, en 30 idiomas, se esperan que alcancen en 2015 las 800 horas diarias, desde estudios en 130 ciudades. Cada oficina regional multimedia -donde habrá también centros de prensa-, cuenta con entre 30 y 100 trabajadores, indicó Kisiliov.

El gobierno de Kiev prepara una guerra total en el Donbas

En contra de los acuerdos firmados el 5 de septiembre en Minsk por los representantes del gobierno Kiev y de las milicias del sudeste, con la mediación de Rusia y de la OSCE, Ucrania concentra armamento y tropas cerca de la línea del frente.

El alto el fuego oficialmente en vigor se viola con regularidad y Moscú ha presentado pruebas de ello en una reunión de la OSCE.

En declaraciones al diario alemán Bild el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, ha reconocido que su gobierno baraja distintos escenarios de desarrollo de los acontecimientos en Donbas y está preparado incluso para una guerra total: «No tengo miedo a una guerra contra las tropas rusas y nos hemos preparado para el escenario de una guerra total«.

El Ejército ucraniano, agregó, tiene ahora una situación mucho mejor que hace cinco meses, cuando comenzó la operación en el este de Ucrania, y los soldados ucranianos «están mostrando que son capaces de defender su país».

En Ucrania la información destinada a los ucranianos
y a los extranjeros, son dos cosas diferentes. En los foros internacionales Kiev asegura que no considera un escenario bélico. «No queremos guerra, queremos la paz y luchamos por los valores europeos, pero Rusia no respeta los acuerdos», aseveró Poroshenko, subrayando que Kiev cuenta con el «apoyo del mundo entero».

Ucrania se ha esforzado por poner en práctica los protocolos de paz, según Poroshenko, y está dispuesta a buscar una fórmula de compromiso, ya que considera que el conflicto de Donbás no tiene una solución militar.

El ministro ucraniano de Asuntos Exteriores Pavel Klimkin dijo en otra entrevista concedida a los periodistas alemanes que las autoridades
de Ucrania buscan una solución política al conflicto. El jefe de la
diplomacia ucraniana no quiso comentar que, casi simultáneamente, el
portavoz de la SBU Lubkivski prometió en directo en la televisión
nacional pasar pronto a las operaciones activas.

Ante esta amenaza, el dirigente de la República Popular de Donetsk, Denis Puchilin, ha llamado a Kiev para fijar inmediatamente la fecha de nuevas negociaciones en la ciudad de Minsk. «No habrá ninguna reunión», respondió Kiev. Existe la impresión de que Kiev se está preparando para la guerra, ya que sólo es en ese caso las negociaciones sobre una solución pacífica pierden su significado, advirtió Konstantin Zatulin, director del Instituto de la CEI.

«Creo que las autoridades ucranianas han puesto proa hacia una provocación del ejército, en un intento de demostrar fuerza. Por esta razón no necesitan conversaciones en Minsk. Las autoridades de ucrania ven en la guerra una salida a la difícil situación en el interior del país, vinculada a los resultados de las elecciones de diputados de la Rada Suprema, a la formación de una coalición y al reparto de las carteras ministeriales en el gobierno. No excluyo que las informaciones sobre la negativa a negociar en Minsk se expliquen precisamente de esa forma».

La guerra entre el gobierno golpista de Kiev y los independentistas de
Donbas comenzó en abril. Según el último balance de la ONU ha causado al
menos 4.132 muertos (incluidos los 298 ocupantes del Boeing malasio
derribado sobre la provincia de Donetsk en julio de este año) y casi
10.000 heridos.

La misión de observación de la OSCE parece estar en buena posición para presentar una evaluación objetiva de los hechos. Sin embargo, recientemente ha «metido la pata»: Kiev ha acusado a sus observadores de revelar secretos militares. Más tarde Kiev se retractó de sus declaraciones sobre este asunto. La OSCE se ha hecho más leal a Kiev. La misión ha publicado recientemente su informe sobre los disparos contra una escuela en Donetsk que causó dos muertos entre los estudiantes. Tras una inspección del escenario del crimen, los observadores de la OSCE llegaron a la conclusión de que los disparos se realizaron en la dirección norte-oeste, es decir, desde la zona controlada por el ejército ucraniano. Sin embargo, en la información correspondiente a los medios de comunicación, el pasaje con la indicación de la dirección de los disparos de cohetes ha desaparecido.

Las especulaciones sobre los movimientos en el Donbass de convoyes militares no identificados, que Kiev, la OTAN y Estados Unidos atribuyen a Rusia, han sido calificados por el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Alexander Lukashenko, de «esperpentos». No hay pruebas, no hay fotos en las redes sociales que confirmen las acusaciones. No obstante, la campaña contra Rusia lleva agua al molino de los que apoyan un escenario agresivo de los acontecimientos.

Cuando las calles se regaron con sangre y luego con olvido

En plena guerra de Corea, el 10 de marzo de 1952, Stalin removió las aguas internacionales ofreciendo a las potencias imperialistas la firma de un tratado de paz con Alemania, el restablecimiento de la unidad alemana y la retirada de las fuerzas de ocupación en el año siguiente a la firma del acuerdo.

La oferta cayó en saco roto. El mundo estaba al borde del abismo nuclear. Francia estaba a punto de firmar el tratado internacional por el que se restablecía el ejército alemán camuflado dentro la Comunidad Europea de Defensa.

Un mes antes, en febrero, el gobierno de Corea del norte acusó a las fuerzas aéreas de Estados Unidos de lanzar napalm y bombas bacteriológicas portadoras de plagas. China confirmó la noticia. En Corea del norte brotaron epidemias y varios organismos internacionales emprendieron investigaciones para verificar la validez de las acusaciones, que finalmente se confirmaron.

En París el Movimiento por la Paz convocó dos semanas de luchas contra las armas biológicas y catorce encuentros regionales para exigir el fin de la guerra de Corea.

El detonante fue la visita del general Ridgway para tomar posesión de su cargo como comandante en jefe de la OTAN en Europa. Matthew Ridgway era un asesino especialmente repudiado, ya que durante la Guerra de Corea había estado al frente de las fuerzas que lanzaron las armas bacteriológicas. «El pueblo de Paris nunca va a tolerer a un criminal de guerra en la capital», dijo el PCF al inicio de la campaña.

Los sindicatos de la CGT llamaron a seguir el ejemplo de los trabajadores japoneses, que habían participado masivamente en la protesta contra el general «de la peste y el tifus».

Siguiendo el Plan Cloven el gobierno francés prohibió las manifestaciones. Durante la guerra fría los imperialistas prohibieron la lucha por la paz. Pero entonces los comunistas eran de verdad, no como ahora, así que a pesar de la prohibición mantuvieron las convocatorias y varios días antes, cuando empezó la distribución de folletos por los barrios, volvió a aparecer una represión policial sin precedentes, seguida de detenciones.

Durante una primera manifestación celebrada el 23 de mayo se produjeron graves choques entre los manifestantes y la policía, que detuvo a 279 personas, de las que 42 fueron encarceladas y sometidas a juicio.

Ridgway llegó a Paris el 27 de mayo, atravesando la ciudad con una nutrida escolta policial hasta el Arco del Triunfo. En Villejuif los manifestantes, dirigidos por su alcalde, Louis Dolly, trataron de bloquear el cortejo oficial y desplegaron una pancarta en la Avenida de Italia, una de las arterias más importantes del sur de la capital francesa.

Por la mañana detuvieron al redactor jefe de L’Humanité, André Stil, acusado de violar una ley de 1848 por convocar manifestaciones públicas, armadas o no. Por la tarde, tras la tradicional subida al Muro de los Federados en homenaje a la Comuna de París, los manifestantes salen a la calle enarbolando retratos de André Stil como otros tantos llamamientos a la lucha.

Entonces las manifestaciones no eran una fanfarria sino que se organizaban meticulosamente como auténticas guerras de movimientos por las calles. El sitio web del PCF de Aubervilliers resume así los minuciosos preparativos:

«Se aprobaron y programaron las rutas de las marchas. El criterio de organización fue el de la ‘bola de nieve’: pequeños grupos que se unen y desplazan hasta el lugar acordado, donde se unen con otros grupos. Y se deben formar columnas de militantes de los suburbios y de los distritos periféricos para entrar en París. Los coches se encargarán de llevar el material a la manifestación: nada de banderas sino pequeñas pancartas a veces en chapas metálicas, fijadas en grandes palos de madera. Sin los materiales usuales de las manifestaciones, los grupos se deben organizar para ser muy móviles y capaces de enfrentarse a la ofensiva de la policía. Obviamente, la prueba va a ser muy dura: los locales [del PCF y los sindicatos] se equiparán como enfermerías de campaña y se prepararán vehículos destinados al transporte de los heridos a la clínica de Bluets»(1).

Tal como habían previsto el PCF y la CGT, la policía colocó controles de carretera en las puertas de acceso a París para impedir los desplazamientos de las columnas de manifestantes desde los barrios obreros de la periferia. Para superar los controles, en la primera línea se pusieron los militantes de choque, que en aquella época en París eran los veteranos, militantes expertos, resistentes que habían luchado contra la fascismo durante la guerra. La avalancha humana tiene tal fuerza que los primeros puestos de control de la policía ceden. Los manifestantes vuelcan los vehículos de la policía, asedian e incendian la comisaría de la calle de la Banca.

Fue el choque más duro. Sin embargo, una vez recuperados del efecto sorpresa, la policía trató de volver a controlar los movimientos de las masas por las calles con las armas de fuego en la mano. Un sargento disparó y el comunista argelino Hocine Belaid cayó cerca de una tienda de ropa. Aunque le trasladaron rápidamente a un hotel y luego en coche a la clínica de Bluets, murió sin recuperar la conciencia (2).

Por la tarde siguieron los enfrentamientos. Unos 600 manifestantes resultaron heridos y uno de ellos, el tornero Charles Guénard, antiguo miembro de la resistencia, combatiente de los Franco-Tiradores y Partisanos y concejal comunista del ayuntamiento, murió meses más tarde como consecuencia de las heridas recibidas. La policía detuvo a más de 700 manifestantes, a los que molió literalmente a golpes. Fueron procesados y sometidos a juicio otros 140 manifestantes.

El gobierno estaba lanzado a una ofensiva total. En varios puntos de Francia la policía registró las sedes del PCF, de las juventudes comunistas y de la CGT, cuyo secretario general, Benoît Frachon, tuvo que pasar a la clandestinidad, de la que no regresó hasta finales del año siguiente, cuando la tensión se calmó. Detuvo y sancionó a los militantes por hacer pintadas y pegar carteles, e incluso intentó levantar la inmunidad parlamentaria de los diputados comunistas y abrió varias causas judiciales por delitos contra la seguridad interior del Estado.

Cuando en junio del siguiente año se celebró el 29 Congreso de la CGT, el secretario general del sindicato, que seguía en la clandestinidad, sólo pudo hacer una breve aparición para saludar a los congresistas. El punto principal que se aprobó fue el de iniciar una campaña por la liberación de los que aún seguían presos en las cárceles por la manifestación del 28 de mayo del año anterior.

Unos días después, el 14 de julio, aniversario de la Revolución Francesa, se celebró una gigantesca manifestación para exigir la liberación de los presos políticos. Entre las organizaciones que se sumaron a la convocatoria del PCF y la CGT estaba el Movimiento por las Libertades Democráticas en Argelia, cuyo dirigente, Messali Hadj, estaba en situación de arresto domiciliario. El numeroso proletariado norteafricano (tunecinos, marroquíes) que participó añadió consignas anticoloniales a la exigencia de liberación de los presos políticos. En plena festividad nacional francesa aparecieron banderas argelinas y consignas a favor de la independencia.

La manifestación coincidía con un desfile militar en el que participan los paracaidistas del ejército que habían vuelto de la guerra de Indochina. Una vez finalizado aquel acto, atacaron al proletariado en la otra manifestación sin que la policía tratara de impedirlo. Al final, cuando la marcha estaba a punto de disolverse, la policía cargó contra los manifestantes, desencadenándose una verdadera batalla campal. 20 furgonetas de la policía ardieron en llamas, los antidisturbios volvieron a desenfundar sus armas y dispararon indiscriminadamente contra la multitud, asesinando a 7 personas e hiriendo a otras 140 en pleno centro de París (3).

Entre los responsables de la masacre, además de Baylot y Dides y otros parecidos, estaba Maurice Papon, prefecto general de policía, un vichysta que años después, en 1988, fue condenado por crímenes contra la humanidad cometidos durante la ocupación nazi de Francia. Pero en 1953 la policía tuvo pleno apoyo de todos los partidos parlamentarios, excepto del PCF, que calificó los hechos como una provocación. La burguesía orquestó una campaña para prohibir las manifestaciones y, de hecho, hasta 1968 el Primero de Mayo no se volvió a celebrar por las calles. La fiesta del 14 de julio acabó aún peor: la Revolución Francesa jamás se ha vuelto a celebrar con manifestaciones populares.

Uno de los comunistas asesinados era Maurice Lurot, a quien una bala atravesó el corazón. Muchísimos años después, el 21 de setiembre de 1995, su hijo escribió una carta a L’Humanité Dimanche, en la que decía: «Cada año, mientras todos bailan, busco con lágrimas en los ojos una palabra que me reconforte en L’HD [Humanité Dimanche]. Cada año mi padre es asesinado de nuevo por los camaradas, por su olvido». En efecto, el olvido es ese crimen que cometemos cada año. No es el crimen que cometen contra nosotros, sino nuestro propio crimen. Olvidamos que lo poco que tenemos se lo debemos a quienes, como Maurice Lurot, Abdellah Bacha, Larbi Daoui, Abdelkader Trari, Mouhoub Illoul, Tahar Madjine y Amar Tadjadid, dieron su vida por lo mismo por lo que nosotros seguimos luchando ahora.

A pesar de los asesinatos, el Plan Cloven y la represión policial fracasaron estrepitosamente. Lograron que casi medio millón de militantes abandonara el PCF entre 1946 y 1953, pero siguió siendo el primer partido de Francia. Nadie destruyó al PCF, que también se destruyó a sí mismo. Se ahorcó con la soga del olvido de lo que había sido y de lo que quiso ser.

(1) http://pcfaubervilliers.fr/spip.php?article246
(2) Vídeo del funeral de Hocine Belaid: http://www.cinearchives.org/Films-447-189-0-0.html
(3) Daniel Kupferstein: Les balles du 14 juillet 1953, http://vimeo.com/99715119

Más información:
La CIA utilizó a los secuaces de Tito para luchar contra los comunistas (Plan Cloven 1)
Una policía paralela para acabar con los comunistas (Plan Cloven 2)

El chantaje del FBI a Martin Luther King

El miércoles el diario New York Times publicaba una carta de 1964 dirigida por el FBI a Martin Luther King de manera anónima, según parece con el propósito de incitarle al suicidio. La carta había sido descubierta por Bervely Gage, una historiadora de Yale, mientras investigaba documentos biográficos de Hoover.

La carta ocupa una única página mecanografiada. Muestra el odio visceral de la policía federal estadoundense, dirigida entonces por J. Edgar Hoover, a Luther King y al movimiento por los derechos civiles. El racismo de Hoover es conocido. El mismo Presidente Johnson se lo reprochó.

La carta le trata de «completo impostor», «arrastrado», describiéndole como el «demonio», «una bestia anormal». «No puedes creer en Dios y actuar como lo haces», añade la carta.

Según Gage, la carta la escribió un adjunto de Hoover, William Sullivan, que la envió junto con una grabación de audio para demostrar que Luther King mantenía una relación extraconyugal. «Escucha, saboreala, animal anormal», le decía la carta. «Te hemos grabado todos tus adulterios, tus orgías sexuales, desde hace tiempo. Esto no es más que una pequeña muestra».

La carta continuaba: «No te queda otra cosa que hacer, ya sabes de qué se trata», lo que aparentemente es una invitación al suicidio. Cuando recibió esta carta Luther King le contó a un amigo que alguien quería matarle.

El anónimo formaba parte del Programa Cointelpro de destrucción de cualquier organización progresista y reivindicativa en Estados Unidos. No fue la única carta amenazante que recibió Luther King. El FBI, que tenía a un infiltrado en la jerarquía de su congregación religiosa, le envió también otros anónimos amenazándole con revelar más informaciones si no abandonaba su lucha por los derechos civiles.

El mismo día de su asesinato, la oficina del FBI en Mississipi lanzó dos nuevos programas de desinformación utilizando rumores para desacreditarle ante los negros pobres. En el momento de su asesinato el FBI le vigilaba desde un edificio al otro lado de la calle. Los policías del FBI fueron los primeros que acudieron para proporcionarle los primeros auxilios.

El FBI comenzó a investigar a Luther King y a su congregación religiosa en 1961 por orden de Robert F. Kennedy. El intento de probar que Martin Luther King era comunista se debía a que los racistas creían que los negros del sur habían estado hasta el momento felices con su situación, pero que estaban siendo manipulados por comunistas y agitadores extranjeros.

Al año siguiente el FBI creyó descubrir que uno de los ayudantes de Martin Luther, Hunter Pitts O’Dell, mantenía relaciones con el Partido Comunista de Estados Unidos. Otro de los consejeros más importantes de King, Stanley Levison, también tenía relaciones con el Partido Comunista. Stanley Levinson, abogado, había tenido relaciones con el partido comunista a lo largo de negociaciones comerciales, pero el FBI rechazó los informes que indicaban que no tenía ninguna asociación con ellos.

El FBI intervino los teléfonos en las casas y oficinas de King y Levison, así como en los hoteles donde se hospedaban cuando estaban de viaje por el país. El FBI informó de ello a Robert Kennedy y al entonces presidente John F. Kennedy, quienes intentaron persuadir a King de que se apartara de Levison fallidamente.

Por su parte, Martin Luther negó categóricamente tener relaciones con los comunistas, diciendo en una entrevista «que había tantos comunistas en su movimiento de libertades como esquimales en Florida»; Hoover respondió acusándolo de ser «el mentiroso más grande del país».

Como no pudieron encontrar nada contra Luther King, las investigaciones del FBI se centraron en desacreditar su vida privada. En primer lugar intentaron probar que era un marido infiel. Las grabaciones, algunas de ellas hechas públicas tiempo después, no aportaron ninguna prueba concluyente al respecto.

El FBI distribuyó informes sobre las supuestas infidelidades conyugales a periodistas amigos, aliados, a las fuentes de financiación de su congregación religiosa e incluso a la propia familia de Luther King.

Hoover no admitió que el Papa de Roma recibiese a un tipo «asqueroso», según palabras textuales escritas por el propio Hoover en un documento, o que se le concediese a Luther King el Premio Nobel de la Paz, anotando que «también podrían concederle el premio al mejor gato callejero». La expresión «gato callejero» (alley cat) se utilizaba frecuentemente para referirse a aquellas personas que llevaban una vida díscola y promiscua sexualmente.

Finalmente, el FBI abandonó sus investigaciones sobre la vida privada de Martin Luther para concentrarse en la congregación religiosa y el movimiento Black Power. Pero después de que en marzo de 1968 una manifestación en Memphis fuese acaparada por el Black Power, Hoover lanzó una nueva campaña de descrédito contra Luther King.

Luther King fue asesinado de un tiro en la garganta el 4 de abril de 1968 mientras estaba en el balcón de una habitación de un motel en Memphis.

La mayor parte de los informes y grabaciones con las escuchas telefónicas realizadas a Luther King continúan clasificadas como secreto debido a una demanda judicial presentada en 1977 por Bernard Lee, uno de sus colaboradores, quien consiguió que permanecieran selladas a lo largo de los siguientes cincuenta años, hasta 2027.

¿Independencia y socialismo en Europa? Sí, ¡es posible!

Oxandabaratz

Hoy en día, en 2014, en el siglo XXI, en el corazón de Europa, está teniendo lugar acontecimiento muy importante. Está naciendo un nuevo Estado, la Unión de Repúblicas Populares de Novorrosiya (1), por el momento formada por la República Popular de Donetsk y por la República Popular de Lugansk, pero un proyecto con el propósito de reunir más repúblicas populares. Como consecuencia del golpe de estado que tuvo lugar en Kiev el 22 de febrero de 2014 o, mejor dicho, como respuesta a ello, ha surgido un nuevo Estado.

¿Por qué es tan importante el nacimiento de Novorrosiya? ¿Qué aporta de nuevo este acontecimiento? Conlleva algunas aportaciones a tener en cuenta desde la izquierda. En primer lugar, supone la resistencia a un golpe de Estado llevado a cabo con el apoyo de EE.UU. y la Unión Europea. Pero el proyecto de Novorrosiya no es regresar a la situación anterior a febrero de 2014. De hecho, Ucrania, en el momento en el que desapareció la URSS era una de la repúblicas más ricas, ahora en cambio, es una de las repúblicas más pobres de la antigua URSS (debemos recordar que en 1991 más del 70% de la población de Ucrania se opuso a la desintegración de la URSS). El Estado ha permanecido durante 20 años supeditado al dominio sin control de la oligarquía, bajo gobiernos de todos los colores (también bajo mandato de Yanukovich, pese a que respetaba las formas democráticas). Por ese motivo, el proyecto Novorrosiya no es únicamente una respuesta al Maidan, es mucho más que eso.

¿Qué más supone?

Por una parte, tenemos algunos indicios de la política de Novorrosiya. Primero, han expresado su deseo de confiscar y devolver al pueblo los bienes de los oligarcas y lo han llevado a cabo. En segundo lugar, han manifestado que la gran industria pasará a manos de la “propiedad popular”, (palabras del comandante Mozgovoy). Además de esto, sus dirigentes han manifestado que en Novorrosiya la sanidad será pública y el suelo, propiedad del pueblo, no sujeto a especulación. Querer poner la economía al servicio del pueblo y no al servicio de los oligarcas supone, en cierto modo, una pequeña revolución. Por otro lado, no se puede olvidar que también están presentes los valores nacionalistas o bien eslavófilos. Tal vez esto ponga nervioso a algún izquierdista, y es normal. Sin embargo, en el actual mundo globalista (aún más en un contexto de ataque imperialista a Rusia y al mundo eslavo), valores colectivos como patria o pueblo pueden llegar a ser eficaces para vertebrar la resistencia; por otro lado, muchos pensadores del mundo eslavo han interpretado el valor del eslavismo basado en el comunitarismo. La misma bandera de Novorrosiya también muestra esa conjunción entre los valores colectivos socialistas y nacionales.

Esta expropiación de la oligarquía, junto al derrocamiento de esta clase social que, tras la caída de la URSS se adueñó del Estado y de la economía tanto en Ucrania como en Rusia, conlleva la impugnación de ese mismo proceso político de desaparición de la URSS. Las amplias masas de la antigua URSS, ven de por sí que la aparición de los nuevos Estados capitalistas no les ha beneficiado en absoluto. El mito de la victoria definitiva del capitalismo se ha desmoronado. De esta manera, aunque Novorrosiya signifique algo nuevo, plantea al mismo tiempo un “retorno”, la devolución de “algo que nos robaron”. Las conquistas históricas de los trabajadores y de la URSS, así como la victoria lograda en la Gran Guerra Patria, se están valorando de nuevo en Novorrosiya.

El periodista catalán Rafael Poch decía que la clave del éxito en las movilizaciones de Euromaidan (además de la intervención exterior) era la capacidad de “vender un sueño”; ya que la Unión Europea tenía más atractivo que Rusia para un amplio sector de la población (sobre todo para los jóvenes). Y el sueño, como todos sabemos, es un factor de movilización importante. Pero, ¿por qué las Repúblicas Populares de Novorrosiya han conseguido no solamente que la gente rechazase el sueño de la Unión Europea sino también que se identifiquen con Rusia y, además, estar dispuestos a movilizarse en una guerra contra un ejército mucho más poderoso?

Por un lado, tenemos a la Unión Europea y sus políticas, establecidos como consecuencia del golpe de Estado del Maidan. Recordemos que el Maidan se inició ante la negativa del anterior gobierno de Ucrania a integrarse en Europa Occidental. Y las banderas que se vieron en el Maidan fueron las de la Unión Europea, contando con toda la ayuda de los políticos de la Unión Europea. Por otro lado, las fuerzas de choque del Maidan han sido los partidos de extrema derecha y los grupos paramilitares, los mismos partidos que en este momento componen los batallones que están atacando Donbass. La política impuesta por la Unión Europea al gobierno maidanista ha supuesto precisamente una mayor desprotección de los trabajadores: de hecho, el gasto público y el gasto social (transporte, agricultura, jubilación, productos farmacéuticos) han disminuido. Los límites impuestos a la industria nacional, están perjudicando precisamente a las zonas industriales, las del Este, las que están viendo nacer el Estado de Novorrosiya. Y para finalizar, el Maidan ha colocado como presidente a un oligarca de la época negra, Petro Poroshenko. La realidad del Maidan ha fortalecido a los oligarcas de Ucrania y debilitado a la clase trabajadora.

Por otra parte, cuando ahora en Novorrosiya se menciona a “Rusia”, no se está mencionando el apego a las políticas del Kremlin y, en muchos casos, tampoco el deseo de incorporarse al (actual) Estado Ruso. Para ellos “Ruso” posee otro sentimiento y significado: la resistencia a la integración europea y a su programa político y económico (los cuales tendrán un efecto muy negativo en las industrias de Donbass), la fraternidad con Rusia, sentirse parte del “mundo ruso” (cuyo significado es más amplio que “Rusia” o “Estado Ruso”) y de su tradición histórica; por ejemplo, la revolución de 1917 y sobre todo la Gran Guerra Patria de 1941 a 1945 se tienen muy en cuenta entre las masas de Novorrosiya. Al decir “Rusia” no se refieren tanto a las políticas actuales del Kremlin (conjunción de estatalismo y capitalismo, con cierto barniz conservador) sino a “No a Occidente”. Y la alternativa a Occidente hoy en día la encuentran en la “idea de Rusia” o “el mundo ruso”. No se refieren a la Federación Rusa sino a un proyecto nuevo que se construirá en “nombre de Rusia”. Al mismo tiempo, quieren poner de manifiesto su rechazo a esta “post-Ucrania” surgida como consecuencia del golpe de estado (2).


Novorrosiya está naciendo y, como hemos dicho, es un proyecto basado en una economía popular antioligárquica y en el eslavismo. En este momento, es difícil adelantar cuál será la forma concreta que tomará siendo una composición de elementos tan plurales. De hecho, también se dan ciertas diferencias entre los líderes; por ejemplo entre el más nacionalista ruso Igor Strelkov y o los más rojos Aleksei Mozgovoy y “Motorola”. Quizá pueda darse otro 1917. O pueda surgir un socialismo comunitarista eslavo que una el socialismo con los valores comunitarios eslavos. De un modo u otro, quedará quebrada la continuación de la victoria del liberalismo de 1991. De hecho, nacerá un Estado diferente a los de estilo individualista o capitalista. Hoy en día, los diferentes imperialismos occidentales (tanto EE.UU. como la UE), santifican el individualismo y el liberalismo. Los Estados soberanos o antiatlantistas del mundo (de muy diversas ideologías), además de la soberanía, han desarrollado un cierto tipo de ideocratismo, es decir, tienen un ideología-fuerza y actúan de acuerdo a él (el bolivarianismo, el nacionalismo o el islamismo), sirviendo esto al mismo tiempo para hacer frente al atlantismo y a la globalización; pero también simultáneamente haciendo cambiar de dirección a la sociedad hacia los principios enfocados más a la “comunidad” (3). De este modo, el nacimiento de un Estado “comunitario” nuevo, será un fracaso político, económico y geopolítico del liberal-capitalismo.

Karl Marx, a propósito de la revolución europea de 1848 (en la que apareció por primera vez el proletariado como sujeto político, a pesar de no obtener una victoria política), dedujo que la burguesía nunca cumplía por completo el programa de la revoluciones democrático-burguesas, es decir, el programa de sus revoluciones; que el mejor modo de cumplir el programa democrático de la burguesía era la victoria del proletariado. El alzamiento del Maidan, totalmente apoyado por los oligarcas “liberales” y alentado por los “liberales” europeos, se convirtió en masivo en torno a las consignas “democracia”, “independencia” y “terminar con el poder de la oligarquía!”. En ese alzamiento se reunieron miles de personas desesperadas que quisieron buscar una solución a la deriva del Estado y la sociedad ucranianos y, por supuesto, una gran parte del pueblo se pudo sentir identificado. Pero el Euromaidan no cumplió el programa de sus eslóganes; ¿cómo podía cumplirlo un movimiento financiado y apoyado por oligarcas internos y externos, y llevado al poder por los paramilitares de extrema derecha? Aunque parezca paradójico, los tres puntos del programa del Maidan: la democracia (la elección de autoridades locales, en lugar de colocar gobernadores de ultraderecha en el Este, pluralidad en vez de prohibición de partidos), la soberanía (la economía para el pueblo y no para los oligarcas o para Bruselas) y el derrocamiento de los oligarcas (y no darles poder, que es precisamente lo que Maidan ha supuesto), se han cumplido en Novorrosiya. ¿Es acaso Novorrosiya la verdadera materialización del programa del Maidan? ¡Qué paradoja! (4). Sin embargo, existen dos claves para comprender esta paradoja: por un lado, el Estado que debía derrocar el Euromaidan y el mismo Euromaidan eran sostenidos por la misma clase, la oligarquía. No ocurrió como en 1848, donde el liberalismo derrocó al anterior feudalismo, sino que un grupo de oligarcas derrocó a otro grupo de oligarcas para perpetuar la situación posterior a 1991. No fue una “revolución burguesa” (1789-1848), sino una “continuación burguesa” y mucho menos “democrática”, ya que ha supuesto una restricción de la democracia. En segundo lugar, la ideología utilizada para cumplir el programa movilizador del Maidan fueron el banderismo (5), el anticomunismo y el ultranacionalismo ucraniano; para muchos trabajadores ucranianos, que recuerdan la guerra de 1941-45, esto resulta totalmente insultante. La idea central para la movilización de Novorrosiya, ha sido la tradición soviética y sus logros. Como ideología movilizadora igualitarista el socialismo soviético es mucho más apropiado que el fascismo banderista.

Hay diversas maneras de entender el nacimiento de Novorrosiya, pero Novorrosiya, por el simple hecho de existir y de luchar en este momento, ha ofrecido tres aportaciones importantes a la izquierda mundial. Las aportaciones son las siguientes:

– La importancia del proletariado: Novorossiya es un Estado que ha surgido (de momento) principalmente en la zona minera de Donbass. El pilar social del nuevo Estado son los mineros de Donbass. Las ideas que una y otra vez mencionan tanto los luchadores del nuevo Estado como sus líderes han sido recuperar la “dignidad de los trabajadores” y “devolver al pueblo los bienes robados por los oligarcas”. La recuperación de un tipo de economía popular es la primera preocupación del Estado (en cierto modo algo parecido a lo que sucedió en la época de la URSS o, al menos, similar a los esquemas de aquellos tiempos); restituir la gigantesca usurpación de los oligarcas de 1991. Debemos tener en cuenta que el Maidan ha fortalecido el poder de los oligarcas, y su programa económico, esto es, la integración en la UE, la pérdida de la soberanía económica de Ucrania y la reducción del gasto público hacían peligrar el futuro de las industrias de Donbass. Es decir, esto prueba que estaban equivocados los que pensaban que en Europa el proletariado estaba muerto como sujeto político (principal) y había que supeditarlo a nuevos sujetos (“ciudadanos”, “precarios”, “jóvenes”, etc.).

– Está sucediendo en la misma Europa, no en Latinoamérica, en África o en Asia. Es decir, no en territorios lejanos, en territorios en los que no se ha dado de por sí un sólido capitalismo liberal (o según la propaganda liberal occidental, “en los territorios que, de por sí, son dados al populismo”); sino en un continente en el que el capitalismo se ha desarrollado por completo, es decir, en un territorio donde el capitalismo “completo” (liberal, que ha tenido cierta continuidad) existe como alternativa. Novorrosiya demuestra que el capitalismo no es el camino hacia la prosperidad o la democracia.

– Recupera de nuevo para la izquierda, para los socialistas y para los pueblos soberanos el cambio de gobierno y la rebelión como instrumento e icono. Desde el año 2000 hasta ahora, las “rebeliones” y “movilizaciones populares” se han convertido en un instrumento utilizado por George Soros y sus cachorros: señal de ello ha sido la sucesión de “revoluciones de colores”. En esas “revoluciones de colores” (en las que la pilar social solía ser la población joven de la clase media), se evocaba la “utopía”, el “futuro”. También se utilizaban símbolos anticapitalistas (no así el discurso y la práctica anticapitalista, pero sí los símbolos y los gestos de visibilidad asociados al mismo). Las nuevas generaciones de la derecha neoliberal han conseguido interiorizar (y utilizar) ese anticapitalismo icónico confundiendo a la izquierda y condenando a la izquierda antiimperialista a una situación de pasividad. En esta última década, palabras como “revolución” se han utilizado contra la soberanía y la resistencia, y el “poder popular” contra las clases populares. De este modo se ha conseguido confundir a la izquierda (también a la “izquierda radical”) y, en algunos casos, colocarla a favor de la agenda imperial. Después de la sublevación del pueblo de Novorrosiya, la izquierda ha planteado por su cuenta un nuevo proyecto quebrando el llamado “statu quo” (el poder de los partidarios del Maidan y los oligarcas). En la iniciativa política se ha dado un cambio: los símbolos asociados al arsenal icónico del anticapitalismo, “utopía”, “futuro” o armas como la “protesta social” ya no están en manos de los capitalistas neoliberales o de los globalistas. El anticapitalismo y el antiimperialismo pueden recuperar la iniciativa política e ideológica en lugar de limitarse a defender un “statu quo” “mejor posible”.

Alguien puede decir que el Estado de Novorrosiya no es “completamente socialista”, que no defiende al 100% el marxismo, que también están presentes valores en cierto modo nacionalistas o tradicionalistas, o que su tipo de socialismo no es el de nuestro modelo. Pero nos sorprende el poco apoyo que ha recibido por parte de la izquierda de Europa siendo el eje el socialismo y el antifascismo.

¿Por qué la izquierda (radical) europea no ama a Novorossiya?

Este nuevo Estado no entra en ninguna lista de “modelos ejemplares” que maneja la izquierda europea actual, que prefiere proyectos y modelos inconcretos. Tampoco en la lista de menciones de los independentistas, que mencionan a Cataluña y a Escocia, pero no a un Estado independizado y ya constituido. Además, Novorossiya nos plantea un modelo socioeconómico propio; esto es su independencia va aparejada a un proyecto políticamente alternativo. Hoy en día en el independentismo se han puesto de moda los discursos que van “más allá del nacionalismo”; Novorrosiya es ahora la pionera en utilizar la independencia para promover políticas diferentes. El proyecto del nuevo Estado se ornamenta en un discurso que descansa sobre bases materialistas y con centralidad en la clase obrera.

Ante esta realidad debemos de preguntarnos por qué la izquierda europea no ha hecho suyo el intento de Novorossiya. Podemos aducir muchas razones para ello, pero todas ellas se resumen en una: que este proyecto es incómodo para los esquemas ideológicos mentales previamente construidos (el politólogo George Lakoff ya advirtió que antes una contradicción entre el esquema teórico y la realidad, se tiende a desechar ésta última). Concretando, podemos enumerar esas razones de esta manera:

– Políticas del poder y/o militarismo: dentro de la izquierda occidental se ha extendido en demasía un discurso opuesto a los ejércitos, o por lo menos al llamado “pensamiento militar” o los “Ejércitos jerarquizados” (no tanto contra las organizaciones militares que mantienen una imagen de “insurgencia”, debido a que estos no entran en la categoría de “ejércitos disciplinados”). Debido a esto, el proceso de Novorossiya les/nos disgusta, ya que el ejército y la disciplina ocupan un lugar central en el mismo. Como en cualquier revolución nos encontramos ante un proyecto para tomar el poder, o mejor dicho, para destruir las estructuras de poder del enemigo. Ahí se sitúa el campo político clásico de las revoluciones: los clásicos de la revolución siempre dijeron que “todo lo que no es poder es ilusión”. Esto es, la dialéctica entre las clases se coloca en la cuestión del poder (Lenin). Pero hace mucho tiempo que la izquierda occidental se olvidó de crear una interpretación positiva del poder, todas las interpretaciones del mismo son negativas (la izquierda radical europea se define en muchas ocasiones como “antipoder”. El “contrapoder” hoy en día, en palabra de la “izquierda radical”, no es entendido como el embrión del nuevo poder; sino como un eslogan o dogma filosófico). Entonces nos encontramos que la “izquierda radical” no tiene ninguna estrategia para tomar el poder, ya que condena esa misma noción. Así las cosas, no es sorprendente que mientras se abusa retóricamente de la “revolución” no se dé ningún paso, ni teórico ni organizativo, hacia dicha revolución. De este modo la revolución se convierte (rebaja) a objeto de culto, a deseo. La izquierda europea es capaz de elevar a la categoría de “revolución” cualquier protesta vecinal, como si en su propia impotencia esperase que “otro alguien” le haga la revolución “por encargo”; pero como no ama las características de las verdaderas revoluciones (consecución del poder, dialéctica del poder, disciplina), condena las revoluciones reales.

-Sistema de valores “periférico”: Una parte del proyecto político de Novorossiya se basa en el reconocimiento de los valores eslavos o “rusos”, o mejor dicho en el rechazo de los valores occidentales. La izquierda actual, sobre todo tras la caída de 1991, ha aceptado el mito eurocentrista sobre la “civilización occidental” como único camino de progreso, y como parte del mismo, el lema de “Europa, patria de la Ilustración” y que cuya cultura es la única cultura “neutral” (6). De ahí deduce que todos los proyectos políticos ajenos a este sistema de valores son a-democráticos, “reaccionarios” y/o “autoritarios”, y más en el caso de una civilización como la rusa, tan denostada últimamente. La izquierda europea, también la “izquierda radical”, toma el liberalismo “democrático”, que es el objetivo del sistema de valores occidental, como una “estación histórica necesaria”, como un paso necesario para cualquier proceso progresista. Prácticamente, la izquierda está repitiendo el mismo error que los mencheviques cometieron en 1917: Rusia necesitaba “modernizarse” antes de emprender el camino al capitalismo, debía de aprender primero del capitalismo occidental para estar realmente “madura” para el socialismo (Lenin, desarrollando el “análisis concreto de la realidad concreta” les dio una magnífica respuesta en forma de Revolución Socialista de Octubre).

La izquierda europea (también la radical) desconfía de los antes mencionados Estados ideocráticos, y así se aproxima demasiado a sentir la necesidad de “liberalizar” dichos Estados, a atraerlos hacia el sistema de valores occidental. Esto es, los atlantistas y una parte de la izquierda europea sostienen que para que Rusia sea un ejemplo político o para que sea un terreno o actor legítimo de un programa de cambio debe renunciar a su personalidad o a su camino propio para el desarrollo cultural y económico, debe “occidentalizarse” (¿o acaso “desrusificarse”?); aunque todos, y también la izquierda europea, sabemos que la muerte de la ideocracia puede abrir las puertas al peligro del neoliberalismo. Y aquí aparece el peligro de identificarse con las políticas de “revoluciones de colores” de Soros, debido a que este filántropo utiliza símbolos tan atractivos como “revolución” o “protesta” para forzar la occidentalización de sistemas de valores no-occidentales, solucionando de paso ese dilema de la izquierda. Esto es, utiliza formas e instrumentos del gusto de la izquierda para cumplir con sus objetivos políticos y para confirmar los “análisis” de cierta “izquierda radical”. Unos, la izquierda eurocentrista, ven la “liberalización” del sistema de valores ruso como un paso intermedio, otros, los liberal-atlantistas, como su objetivo final; pero ambos coinciden en el camino de este proyecto histórico (7). Contextualizando este ejemplo en nuestro país, numerosos políticos, intelectuales y opinadores que “comentan” sobre el País Vasco presentan la identidad vasca (o sus características) como “nacionalista”, “identitaria” o “premoderna” per se, mientras que los la identidad española sería “neutral” o sobre todo “democrática e ilustrada” (esto es, el único camino para ser demócrata y/o progresista sería tener la identidad española). Así consigue el nacionalismo español (tan o más nacionalista y agresivo que otros nacionalismos) presentarse a sí mismo como “no-nacionalista”, mientras de paso ata las manos de parte de la izquierda española que cree seguir el mandato ideológico de la “oposición al nacionalismo”.

– Porque la izquierda occidental ha perdido capacidad de “proponer”, limitándose a “oponer”. La izquierda occidental ha sustituido el análisis materialista por el postmodernismo, el programa por la “actitud opositora” y la lucha de clases por la “deconstrucción del sistema”. Esto es, la “izquierda radical”, llevada por la reproducción y atomización de luchas y sujetos (ecologismo, “participacionismo”, horizontalismo, ciudadanismo, lucha estudiantil), identifica al enemigo… pero no en términos de clase o económicos sino en términos maniqueos o morales (por tanto, trascendiendo las categorías de clase): el terreno de la lucha pasa de ser colectivo (de clase) a ser individual (moral), convirtiendo la liberación de la conciencia en un objetivo primordial; ahora es imperativo desarrollar la “oposición al sistema” cotidiana de cada individuo, a pesar ser incapaces de plantear acciones colectivas influyentes. Una de dos: o para la izquierda europea la liberación de clase ya no es suficiente, o ha desarrollado cierto “desprecio” por la clase trabajadora como parte necesaria del sistema productivo (en lugar de ser una víctima del mismo por la extracción de la plusvalía; sería cómplice por el nivel de consumo, la “baja” concienciación, o por no compartir los nuevos cánones de la “izquierda radical”, o por cualquier otra razón). Esto es, los nuevos paradigmas ideológicos han llevado a que la izquierda europea arrincone a la clase obrera en lugar de tratar de atraerla. Y aquí nos encontramos con otro problema de la “izquierda radical” europea: se ha exigido tanto a sí misma en tan diversos campos que ha dejado el avance de la clase obrera en su segundo plano, que ve las luchas basadas en la centralidad de los trabajadores como “incompletas”. La “izquierda radical” ha acabado por arrinconar toda la tradición clásica de la izquierda. Las grandes victorias y logros pasados de la izquierda hoy en día se ocultan en nombre de la condena de la “ortodoxia”. Las ideologías o teorías coherentes y sólidas son denostadas como ejemplo de “ortodoxia”. Se ha endiosado la “heterodoxia” que paradójicamente se convierte en una nueva ortodoxia. Y la antes mencionada política del poder es condenada por “autoritarismo”, ya que el “antiautoritarismo” se ha convertido en un nuevo dogma. Y siendo la URSS el “Gran Satán” que encarna “ortodoxia” y “autoritarismo” a un tiempo, la izquierda influenciada por las modas ideológicas actuales se siente incómoda ante una Novorossiya que recuerda en cierto modo a una nueva URSS.

Purismo: Como antes hemos comentado, una parte de la izquierda radical no ama los procesos “eclécticos”, esto es los que no siguen rígidamente (según una rigidez preestablecida por uno mismo) el marxismo-leninismo. A menudo, estos mismos son quienes tildan de “reformistas” los procesos bolivarianos de América Latina. Pero la capacidad que estos críticos han mostrado para la construcción o como poco para la influencia en sus países, en Europa, (quizás, salvo en Grecia) ha sido mínima. Pero… ¿no es la crítica un deber de todos los revolucionarios para el bien de la revolución? ¿No es la crítica dialéctica el camino hacia el progreso? ¿No tiene Novorossiya aspectos criticables desde un punto de vista marxista? La respuesta a las tres preguntas es un sí; son preguntas muy razonables. Pero la crítica, para que sea honesta, debe ser formulada siempre en pos de ayudar en la dirección revolucionaria, para mejorar esta. Para ello, además de mencionar los elementos negativos de un proceso, deben de señalarse las razones de la presencia de dichos elementos, además de contrastarlos con los elementos positivos. En este caso se debería de examinar y valorar el potencial obrero de Novorossiya. Estamos ante el primer desafío político a los regímenes oligárquicos que sucedieron a la URSS, un desafío político que abre nuevas oportunidades (y no ha costado barato, han muerto más de 6.000 civiles en Donbass). Esta voluntad de resistencia no ha demostrado ningún otro pueblo europeo en los últimos años.

– Algunos movimientos de izquierda o independentistas consideran a la Unión Europea como un aliado. También en nuestro país se ha llegado a ensalzar el hundimiento de los Estados socialistas multinacionales y la aparición en su lugar de Estados-nación capitalistas como “procesos ejemplares para la independencia” (casos de la URSS y Yugoslavia); aunque esos Estados no hayan sido tanto fruto de un deseo de “liberación nacional”, sino de la desestructuración de los anteriores Estados multinacionales (desestructuración que ha afectado negativamente sobre todo a las clases populares). Esos procesos fueron patrocinados por la UE, y por ellos algunos pueden esperar que la UE se comporte también en su caso como “defensor del derecho de autodeterminación”; olvidando que la UE se mueve por sus propios objetivos políticos y geopolíticos, no por la defensa de la autodeterminación.

Además aquí nos encontramos con otro factor. Muchos movimientos de izquierda independentista, ante el análisis de un conflicto internacional, quizá con el deseo de establecer paralelismos con su caso propio, acuden a revisar la posición de la “minoría nacional” de turno, como si el hecho de ser “minoría étnica” presupusiese una posición política progresista (eso explica la posición irresponsable ante las agresiones a Yugoslavia y Siria). Se preestablece que allí donde hay una minoría étnica esa minoría está siempre oprimida, si sentir ninguna necesidad de analizar la historia local (y suponiendo que las posiciones de esa minoría son monolíticas); por tanto, estos movimientos actúan como si la contradicción principal universal fuese entre la “minoría étnica” y el “Estado local”. Esto nos lleva a confundir el defender el derecho inalienable a la autodeterminación de los pueblos, con defender un proyecto-consecuencia que puede derivar del mismo, la consecución del “mapa de las etnias/ naciones” en mapa político (por tanto a defender el Estado-nación como el único modelo posible). Este tipo de visión no tiene en cuenta es aspecto político del problema ni el análisis concreto de la situación. Al fin y al cabo nos lleva a considerar las etnias y los pueblos como parte de un “mundo abigarrado” postmoderno, y no como sujetos con proyectos políticos o parte de una lucha internacional; y a considerar la autodeterminación y la independencia más como un derecho o un proyecto (y son ambas cosas: derecho y proyecto), como un fetiche. Esta visión deja a la izquierda inerte cuando el imperialismo juega la “carta nacional” contra los Estados soberanos. Jakina, halako ikuspegiek arlo politikoa eta egoeraren analisi konkretua ez dute kontutan hartzen. Azken finean herriak eta etniak, “mundu koloretsu” postmoderno baten parte izango balira hartzen dira, proiektu politikorik gabekoak edota borroka unibertsal baten parte izango ez balira bezala; eta autodeterminazioa eta independentzia, eskubide bat edota proiektu bat baino (eta badira bai eskubide eta bai proiektu) fetix bat balitz bezala. Horrek ezkerra ahul uzten du inperialismoak Estatu burujabeen aurka “karta nazionala” jokatu nahi duenean.

¡Pero, ojo! ¿No se han dado casos de limpieza étnica contra los “ucranianos orientales” en Ucrania? ¿Acaso no ha vaciado Slaviansk para llenarlo de “población leal”, de ucranianos del oeste? ¿No se han dado casos de violaciones y masacres masivas? ¿No se ha dado el mayor desplazamiento de población civil dede la II Guerra Mundial? Sí, así ha sido. ¿Entonces por qué no se muestra solidaridad con ésta “minoría nacional”? La respuesta es bastante simple: los “rusos” (ucranianos prorrusos) no están “oficializados” como “minoría étnica”; los “rusos” nunca son “víctimas”. Esto se vincula con algunos de los puntos ya mencionados: es tanto el rechazo hacia los “rusos” que sen os hace imposible pensar que los rusos puedan ser víctimas. Un caso es el de Crimea: se mencionaba una y otra vez a los tártaros en lugar de a los rusos (pueblo en riesgo por la Junta golpista, mayoría en Crimea, y además, Crimea fue Rusia hasta 1954) antes de tomar una posición.

– El “mito Putin”: Se ve a manudo la sombra de Putin tras Novorossiya (al igual que antes se veía tras la decisión de Yanukovich de decir “no” a la UE). Y hoy en día en Occidente es necesario renegar totalmente de Putin. Aun siendo paradójico, se imputa a Putin tanto el mantenimiento de la legalidad (Yanukovich) como la incitación a la rebelión (Novorossiya). Esto es, como hay “imperialismo ruso” y como todo imperialismo es malo, se encuentra la excusa perfecta para que nuestras conciencias se abstengan de tomar partido. Además este mito tiene un complemento, el de la homofobia y/o el machismo de Putin (que ha formado parte desde el inicio de todos los análisis), como si fuese la encarnación del patriarcado, tal y como un grupo de performance ha establecido y la izquierda europea inocentemente ha difundido (causando el conocido efecto psicológico obvio entre los partidarios de la izquierda). Aun así, en relación con este mito debemos plantearnos ciertas cosas. La primera en torno a la verdadera implicación de Putin. Casi nadie se ha planteado esto, pero la realidad es que las relaciones entre Yanukovich y Putin eran muy tirantes y que la implicación de Putin en el conflicto ha sido mucho menor que la de Occidente tanto en la fase anterior como posterior de la toma del poder por parte del movimiento Euromaidan (no pidió a Yanukovich el paso libre sin aranceles de productos rusos por Ucrania, tampoco que se uniese a la Unión Aduanera, después ha reconocido Poroshenko y ha impulsado un alto el fuego contrariando a los rebeldes). La segunda sobre su machismo y/o homofobia y la utilización de esto en torno al conflicto ucraniano. No seré yo quien defienda la ley rusa sobre la homosexualidad, me parece bastante perjudicial; pero me parece legítimo plantear que se expliquen las verdaderas consecuencias de esta ley (ha habido múltiples falsedades y exageraciones: como que se prohíbe el sexo homosexual o que se envía a los homosexuales a hacer trabajos forzados). Hay que recordar que Putin no es un dirigente ucraniano, por tanto si queremos analizar la situación de Ucrania sería más coherente preguntarnos por las consecuencias del movimiento Euromaidan para los derechos de los homosexuales ucranianos que por las opiniones de un político extranjero. Los que mencionan una y otra vez a los “homosexuales oprimidos por Putin” deberían (si de verdad les importan los homosexuales) preocuparse más por lo que puede suponer la toma de poder por un Gobierno repleto por los ultraderechistas para los homosexuales ucranianos. Por otra parte, no he visto a nadie que difundía el mito del “dictador machista” denunciar las violaciones sistemáticas de la Guardia Nacional Ucraniana (por ejemplo en Saurovka), crímenes denunciados por organizaciones feministas ucranianas. Esto hace suponer que la mención reiterada a Putin no es más que una excusa para mantener una posición supuestamente neutralista.

Cuando la independencia y el socialismo se están gestándose en la misma Europa, miramos a este proceso con más desconfianza que ilusión. Estamos a tiempo de corregir esto. Pero para eso debemos de superar el “complejo carlista” tan enraizado en la izquierda, que nos condena a estancarnos en una pura pose rebelde sin ninguna estrategia eficaz, a aguantar renunciando a la dialéctica del poder, y en último término a la derrota. Debemos de dejar de buscar el permiso o la legitimidad moral de nadie.

Notas:

(1) A partir de aquí nos referiremos al nuevo Estado (tanto a la parte constituida como a la “parte-proyecto”) como “Novorossiya”, con el objeto de abreviar. También se ha utilizado el nombre de “Estado Federal de Novorossiya”.

(2) Ucrania, como Estado, se creó por vez primera en el marco de la URSS (y bajo ésta se configuró con las fronteras que han durado hasta 2014), y como Estado independiente nació en 1991. Dentro de ésta última Ucrania se encontraron bolsas de población con historia y valores totalmente contrapuestos; encontrándonos con una división entre Ucrania Occidental y Oriental. Desde 1991 hasta nuestros días, pero a que el Estado ucraniano intentó equilibrar ambas almas, falló en crear y en socializar una narrativa compartida de la nación. El golpe de Estado de febrero de 2014 ha traído la monopolización de la idea de Ucrania por un sector de la misma, por el sector occidental; mientras que la población oriental se ha alejado de esa “nueva Ucrania”.

(3) El concepto de Estado ideocrático que utilizamos en este artículo no debe confundirse con el concepto de un Estado anticapitalista o socialista (ya que algunos Estados que englobamos en esta categoría se rigen por el modo de producción capitalista). Las características que comparten los Estados clasificados en esta categoría son: a) no se reivindican como parte de la “cultura de la victoria” del final de la Guerra Fría; b) tienen valores culturales comunitarios, diferentes a los hegemónicos; c) la principal definición ideológica de la relación entre Estado y población no es el “mercado libre” (o derivados); y d) debido a la voluntad de conservar los anteriores valores, tiene un comportamiento geopolítico independiente.

(4) Algunos líderes de Novorossiya, como Alexandr Zajarchenko o el comandante Alexei Mozgovoy ha expresado también esta idea.

(5) Hacemos aquí una referencia al cabecilla fascista ucraniano Stepan Bandera (1909-1959). Bandera fue un colaboracionista de Alemania durante la II Guerra Mundial, y hoy en día es un ídolo de fascistas y anticomunistas ucranianos.

(6) Marx dijo que “las ideas de la sociedad son las ideas de la clase dominante”; trayendo esa definición al sistema de valores, podemos decir que la cultura hegemónica presenta sus ideas como “la cultura estándar del mundo”, como el reflejo del progreso civilizatorio. Cualquier propagandista colonial conoce esta lección y la aplica; los izquierdistas también deberían conocerlo.

(7) Un ejemplo paradigmático de lo dicho aquí lo tenemos en el caso de Pussy Riot (el objeto de este artículo no es defender o atacar a dicho grupo, y menos defender la limpieza del sistema judicial ruso, pero es preciso aclarar unas cosas). Cuando este grupo realizó su famosa acción, a la izquierda el análisis le pareció fácil: un grupo “punk”; “anarquista”, “feminista”, “revolucionario” de un lado; y del orto la Iglesia Ortodoxa “conservadora” y “autoritaria”. Por tanto se nos hizo fácil tomar partido. Pero analizando más detenidamente la situación, nos damos cuenta de qué contexto salió ese grupo y por qué eligieron al iglesia Ortodoxa como blanco. El activismo político de Pussy Riot se ha circunscrito en el de las clases medias “Modernas” de Moscú (esto es, típica clase que es el pilar de las “revoluciones de colores”), no es casualidad su apoyo al político liberal de derecha Aleksey Navalny. Por otra parte, una vez que Rusia se ha alejado de la década “Liberal” de los 90 (la peor década de la Rusia moderna) evolucionando hacia un modelo “ideocrático”, precisamente son los símbolos de esa “ideocracia” las puestas en mira por Pussy Riot: la acción en la iglesia Ortodoxa fue la más conocida pero ya atacaron antes a símbolos del pasado soviético (y en el juicio, para denunciar el sistema judicial ruso, lo equipararon al “sistema judicial soviético”, impregnando de negatividad el concepto “soviético”); pero nunca contra los símbolos del capitalismo liberal que llevó a Rusia al cataclismo en los 90. Y es que sus mensajes no iban dirigidos a la población rusa (que vio este caso con indiferencia) sino a la población occidental: a los izquierdistas primero y a los liberales después (poco a poco iban solicitando a diferentes Estados sanciones a Rusia o ayuda para la “oposición liberal”). A fin de cuentas, mientras unos pensaban que defendían la “libertad punk”, insospechadamente había una agenda mayor oculta (nunca se realizó una campaña igual por los músicos detenidos en España). Prácticamente, los atlantistas consiguieron que los izquierdistas viesen con mejores ojos el “proyecto de liberalización de Rusia”.

Churchill propuso lanzar bombas atómicas contra la URSS

Hace dos años se desclasificaron documentos del Archivo de Seguridad
Nacional según los cuales hasta 1968 Estados Unidos mantuvo en
vigor un plan de ataque nuclear simultáneo contra la URSS y China (1).

En clave secreta el plan se llamó “Furtherance”
(Fomento) y no se revisó hasta 1968, cuando el gobierno de Johnson
mandó preparar una reacción a un ataque más adecuada y evitar una
confrontación nuclear desastrosa durante la Guerra Fría.

La
información desclasificada en 2012 se refería a una reunión que mantuvo
el presidente Johnson con su equipo de seguridad nacional en octubre de
1968, en la que tanto los asesores militares como civiles se
pronunciaron a favor de revisar el Plan Fomento a fin de reducir las
posibilidades de una confrontación nuclear.

Si cualquier parte del territorio de Estados Unidos era hostigado o si al presidente le sucedía cualquier cosa, se lanzarían bombas atómicas, con independencia de que el ataque fuera un mero accidente o del tipo de armas que usara el enemigo.

Los
consejeros de Johnson le recomendaron lanzar un ataque
nuclear solo contra un Estado que agrediera a Estados Unidos, promover
la política de “no usar primero” y responder a un ataque convencional con armas convencionales.

Se aprobó en paralelo con el Plan Dropshot de 1949, que preveía el lanzamiento de 300 bombas atómicas y 250.000 toneladas de explosivos convencionales sobre la URSS (2).

Según otro informe de un agente del FBI recientemente desclasificado, el primer ministro británico en la época de la Segunda Guerra Mundial,
Winston Churchill, pidió reiteradamente a Estados Unidos que
desencadenara un ataque nuclear contra la URSS para detener el avance
del movimiento obrero en occidente y ganar la guerra fría.

La
información se ha revelado en el libro ‘When Lions Roar: The
Churchills And The Kennedys’ (‘Cuando los leones rugen: Los Churchill y
los Kennedy’), escrito por el galardonado periodista de investigación
Thomas Maier – See more at:
http://percy-francisco.blogspot.com.es/2014/11/churchill-persuadio-eeuu-para-ataque.html#sthash.6FZr7GEz.dpuf

La información aparece en el libro «When Lions Roar: The Churchills And The Kennedys» (Cuando los leones rugen: Los Churchill y los Kennedy’), escrito por el periodista de investigación Thomas Maier. El periódico Daily Mail ha publicado alguos extractos del documento recientemente (3).

Churchill pidió con insistencia al senador republicano  Styles Bridges que persuadiera al presidente de Estados Unidos Harry Truman que llevara a cabo un ataque nuclear para «arrasar al Kremlin de la superficie de la Tierra» y transformar a la Unión Soviética en un «problema insignificante».

Según el agente del FBI, el primer ministro británico también anunció en su mensaje que «Rusia atacaría a Estados Unidos en dos o tres años, después de obtener su bomba atómica, y entonces, la civilización desaparecería o retrocedería muchos años atrás».

Daily Mail indica que Churchill estaba tan preocupado por la actividad de la Unión Soviética que estuvo dispuesto a sacrificar a miles de ciudadanos soviéticos «para proteger la civilización de la amenaza que emana de la Unión soviética y obtener la victoria en la guerra fría».

(1) http://www.gwu.edu/~nsarchiv/nukevault/ebb406/docs/Doc%205A%20Furtherance%20document%20Oct%201968.pdf

(2) Truman determinó la fecha para el lanzamiento de 300 bombas en la Unión Soviética, Cultura Proletaria, http://culturaproletaria.wordpress.com/2014/02/26/truman-determino-la-fecha-para-el-lanzamiento-de-300-bombas-en-la-union-sovietica/
(3) http://www.dailymail.co.uk/news/article-2826980/Winston-Churchill-s-bid-nuke-Russia-win-Cold-War-uncovered-secret-FBI-files.html

Una policía paralela para acabar con los comunistas

El Plan Cloven (2)

Decíamos ayer que la CIA había creado en París un equipo de trabajo clandestino dirigido por un prefecto de policía, Jean Baylot, que en la posguerra era el que manejaba los hilos del anticomunismo. Se reunían regularmente, analizaban la situación y vigilaban el cumplimiento de los planes. Incluso se conserva el acta de una reunión celebrada el 13 de enero de 1953, que versaba sobre la marcha de los sindicatos «independientes» o sea, anticomunistas, sobre la necesidad de que la patronal incrementara la financiación que les concedía, sobre acabar con los parásitos que vivían de los fondos secretos de la CIA, así como de contar con nuevos sindicalistas reciclados entre los renegados del PCF, como Sulpice Dewez o André Parsal.

El prefecto de policía, Jean Baylot era miembro de «Paz y Libertad» que, como decíamos ayer, lo creó la CIA para contrarrestar el empuje del verdadero Movimiento por la Paz, creado por la Kominform. Tenía ramificationsdans por toda Europa occidental, así como Australia, Vietnam y Turquía. Su máximo dirigente, Jean-Paul David, era el secretario general de RGR (Agrupación de la Izquierda Republicana), un conglomerado electoral del que participaban, entre otros, el Partido Radical, la Unión Democrática y Socialista de la República, el Partido Democrático y una galaxia de pequeñas formaciones.

En septiembre de 1950 el presidente del gobierno, René Pleven, convocó a los principales dirigentes de la «Tercera Fuerza», un gobierno de coalición para luchar contra «la quinta columna comunista». Acordaron que el movimiento sería políticamente neutral, dirigido exclusivamente contra «la amenaza soviética», sin que nadie pudiera beneficiarse de la coalición. Estaban todos: la SFIO (socialdemocracia), el RGR, el MRP, los gaullistas, furibundos anticomunistas. De esa manera David consiguió que cada una de los partidos le encargara el control del tinglado «Paz y Libertad» para hace frente al comunismo.

Según un informe de 1995 sobre Gladio del Parlamento italiano, «Paz y Libertad» estaba directamente bajo las órdenes de la OTAN. Como es obvio, no defendía el desarme, ni luchaba contra las guerras, ni contra el holocausto nuclear. Era más de lo mismo: propaganda antisoviética cuyo lema central era que la URSS suponía un peligro para la paz mundial. Para responder a los comunistas, en el otoño de 1950 el socialista Jules Moch, ministro de Defensa, ordenó en secreto imprimir 200.000 carteles, lo que se llevó a cabo por la noche en la Escuela de suboficiales del ejército. «Paz y Libertad» sólo le puso la firma a los carteles, que se pegaron por toda Francia.

Para el Congreso Mundial de partidarios de la Paz que se celebró en París en abril de 1949, el poeta y novelista Louis Aragon habían elegido la Paloma de la Paz de Picasso como emblema del movimiento, que luego se ha mantenido hasta la actualidad. El cartel del Ministerio francés de Defensa parodiaba a la Paloma de la Paz con el lema «la paloma que hace bum». La CIA no fue capaz de buscar ninguna alternativa; solo se burlaba y jugaba en el filo de la navaja con el sacrificio de millones de personas.

El brazo derecho de David era Pierre Rostini, periodista encargado de las imprentas y de pegar los carteles por las calles. Para ello creó una sociedad de publicidad IGEP que, además, facilitaba los movimientos de fondos de la CIA.

La filial italiana de «Paz y Libertad» se fundó en 1953, encargádose de ella Edgardo Sogno, director del Planning Coordination Group de la OTAN desde 1951 y miembro de la Logia P2. Estuvo involucrado en el fallido golpe de Estado fascista del príncipe Borghese. La actividad principal de «Pace e Libertà» era la de espiar a los trabajadores de la fabrica de automóviles Fiat que simpatizaban con los comunistas.

En su historia de la influencia de Estados Unidos en Francia después de la guerra, Irwin Wall afirma que, junto a Fuerza Obrera, «Paz y la Libertad fue el principal ejemplo de una organización anticomunista popular promovida por la CIA en Francia en los años cincuenta» (1).

A pesar de su nombre «Paz y Libertad» era una maquinaria de guerra sucia. Encubría las actividades clandestinas de la red Dides, una policía paralela. De 1937 a 1944 Jean Dides había formado parte de los Renseignements Généraux, la policía de información bajo la ocupación nazi de Francia. Gracias a su colaboración con la Gestapo en 1942 le ascendieron a inspector jefe de la sección responsable del control de los enemigos interiores, los disidentes, los presos fugados, los judíos y los que se oponían al trabajo obligatorio en favor de la Alemania nazi. Tras la guerra mundial la OSS le respaldó. Fue depurado durante un breve lapso de tiempo pero recuperó sus galones de policía. Le nombraron jefe de la Séptima Sección de los Renseignements Généraux, un destacamento de lucha contra el comunismo.

También se afilió a la RPF, para la que redactó un folleto titulado «La lucha por el poder», en el que escribió: «Queremos considerar que el PCF, un peligro nacional, se debe destruir. Queremos reventar su aparato, sus medios y, si es posible, a sus jefes».

En 1951 a través de Baylot y Dides, ambos miembros de «Paz y Libertad», la CIA controlaba la represión anticomunista en París. Para ilegalizar al PCF formaron un Estado dentro de otro Estado. Dides estaba en contacto permanente, tanto con el FBI como con la embajada de Estados Unidos.

Dentro el movimiento obrero Dides tenía dos infiltrados que le ayudan a rellenar los ficheros de datos y buscar las pruebas, o fabricarlas: Andre Baranes y Alfred Delarue. El primero había sido militante del PCF, luego se puso al servicio del prefecto de policía Jean Baylot. Delarue había sido miembro de las Brigadas Especiales durante la ocupación, tras la Liberación le condenaron, pero se escapó y volvió a trabajar para los Renseignements Généraux.

Aunque se trataba de ilegalizar en la red de Dides la legalidad y el manoseado «Estado de Derecho» no importaban absolutamente nada. Todo era ilegal, empezando por la estrecha vigilancia al primer partido político del país, un partido legal con representación parlamentaria. Por eso el dinero no llegaba de los presupuestos públicos sino que la CIA tenía que aportarlos a través de «Paz y Libertad».

La policía paralela de Dides formaba parte del Plan Cloven, que desencadenó una importante ofensiva represiva contra el PCF, tanto abierta como encubierta. A principios de 1949 un cable de la embajada de los Estados Unidos en París al Departamento de Estado mostraba su satisfacción por los progresos realizado en la «lucha contra la amenaza comunista. Francia ha organizado unas pocas pero efectivas células de la policía […] Italia también está creando los escuadrones de policía anticomunistas bajo el control del ministro del Interior Mario Scelba, haciendo uso de los cuadros de la antigua policía fascista» (2).

El 24 de enero de 1951 la policía bloqueó las puertas de acceso a París y detuvo junto al Hotel Astoria, donde se alojaba el general Eisenhower, a 3.267 personas. La redada al más puro estilo fascista no pudo evitar que las calles se llenaran de manifestantes procedentes de los suburbios que luchaban contra el imperialismo, en defensa de la paz mundial.

Durante el verano de 1951 una serie de atentados con explosivos en París destruyeron varios locales comunistas. En agosto, tres librerías fueron arrasadas, una de ellas la de la Asociación Francia-URSS, así como el Centro de Difusión del Libro y la Prensa. En el lugar de una de las explosiones la policía encontró entre los escombros una granada fabricada en Estados Unidos.

El 5 de septiembre volaron el Banco Comercial soviético para el norte de Europa. Entre los escombros la policía encontró una tarjeta de visita de «Paz y la Libertad».

El 6 de marzo de 1952 nombran presidente del Gobierno a Pinay, al fascista, al antiguo miembro del Consejo Nacional de Vichy. Su plan es el mismo de la CIA: aplastar al PCF.

El diario comunista L’Humanité estimó que en sólo seis meses, del 1 de enero al 30 de junio de 1952, 80 militantes fueron perseguidos por pegar las páginas del periódico por las calles.

Llegaron a utilizar procedimientos ridículos. Detuvieron a Jacques Duclos, Vicesecretario General del PCF y al registrar su vehículo la policía encontró una pistola de calibre 7,65 y un palo, por lo que le encarcelaron, acusado de un delito contra la seguridad del Estado. También encontraron dos palomas, lo cual dio lugar a un fantástico complot en el que cabían toda clase de conjeturas. Según el ministro del Interior, Duclos las utilizaba para llevar mensajes secretos a Moscú…

Le encerraron en la cárcel durante una temporada; al poco tiempo de salir trataron de asesinarle…

(1) The United States and the Making of Postwar France. 1945–1954, Cambridge University Press, Cambridge, 1991, pg.150.

La CIA utilizó a los secuaces de Tito para luchar contra los comunistas

Juan Manuel Olarieta

En inglés «cloven» se puede traducir como escindir y en 1952 la CIA aprobó el Plan Cloven para introducir una cuña dentro del Partido Comunista Francés, para dividirlo. No obstante, la dirección del proyecto no estuvo directamente en manos de la CIA sino del embajador de Estados Unidos en París, David Bruce, miembro de la OSS, porque al gobierno francés de la época (Pleven, Faure, Pinay) le correspondía un papel muy activo.

El Plan se ejecutaba en paralelo a otro, el Demagnetize, del cual el gobierno francés nunca tuvo conocimiento. Aunque en el Plan el objetivo último no es explícito, parece que se trataba de prohibir al PCF, lo mismo que al KPD en Alemania: una vez escindido el Partido, mientras los comunistas serían ilegalizados, los domesticados podrían continuar la actividad política. En aquellla época el barómetro que utilizaba la CIA para poner una frontera entre unos y otros (los buenos y los malos comunistas) era la URSS, es decir, que quedarían fuera de la ley quienes defendieran a la Kominform o a los países socialistas.

La ilegalización explica el motivo por el cual la CIA introdujo dentro del Plan al gobierno francés, a quien correspondería poner en marcha la maquinaria policial y judicial que debía conducir a un proceso judicial espectacular, unido a una campaña de prensa de las mismas dimensiones. Por eso la CIA creó dos equipos de trabajo, uno en Washington y otro en París.

Como punto de partida inicial la CIA se apoyó en los estudios de Charles A. Micaud, un profesor universitario de ciencias políticas que había estudiado las interioridades del PCF, sobre el que en 1963 escribiría un libro: «Communism and the French Left». El plan de Micaud se basaba en utilizar a los renegados, a todos aquellos que había sido expulsados del PCF en distintas épocas, así como en explotar las disensiones internas que existían y crear otras nuevas.

En aquella época el trotskismo en Francia estaba muy desprestigiado, entre otras cosas por su colaboración con el fascismo durante la ocupación nazi, mientras que el titismo acababa de explotar y, además, tenía el respaldo de la embajada de Yugoeslavia en París.

En Francia el revisionismo titista se había agrupado en un reducido círculo en torno a la revista «Unir». La CIA hizo lo mismo que antes ya habían hecho otras agencias de inteligencia imperialistas con el trotskismo: inflar el fenómeno, dotarle de medios, financiarle e incluso incorporar algunas marionetas a sus filas.

En Washington un equipo de trabajo fue el que redactó el Plan Cloven. Se trata del Psychological Strategy Board, un organismo de la CIA creado especialmente por Truman y dirigido por Charles R. Norberg, un abogado de Harvard implicado en algunos de los proyectos más sucios del imperialismo, como MK-Ultra y métodos de interrogatorio bajo torturas.

Por su parte, el gobierno francés creó una oficina secreta dirigida por el prefecto de policía de París Jean Baylot, miembro de la SFIO, es decir, socialdemócrata.

Hay que destacar tres notas fundamentales en el equipo formado por la CIA en París, aunque sea muy brevemente. La primera es que, además de policía y socialista, Baylot era miembro de la masonería, lo cual es un detalle importante a tener en cuenta tras la experiencia italiana, en donde se ha sabido que la CIA, Gladio y la Logia P2 eran las tres piernas de un único proyecto anticomunista.

La segunda es que en su lucha contra el comunismo, la CIA no se apoyaba sólo en grupos políticos burgueses sino en los más próximos al comunismo. No es casualidad que un socialista, un viejo sindicalista como Baylot, estuviera al frente del equipo de París. «No hay peor cuña que la de la propia manera», dice el refrán. El imperialismo se apoya en los renegados, los desertores y todos aquellos que se oponen al comunismo en nombre del verdadero comunismo, del auténtico, como Boris Souvarine, uno de tantos intelectuales trotskistas que empezó a trabajar para la CIA desde su fundación. Otro renegado que cambió de bando para integrarse en el Plan Cloven fue Henri Barbé, un antiguo militante del PCF que se hizo colaboracionista bajo la ocupción nazi y luego fue reciclado para la CIA a cambio de un sueldo importante.

La tercera nota a destacar es una obviedad: este tipo de organismos clandestinos del Estado suele reunir en su seno a la peor escoria de la política burguesa, personajes siniestros como George Albertini, viejo fascista y director de Beipi, una una revista financiada por la CIA.

Otra pieza de las cloacas era Antoine Pinay, otro fascista, antiguo miembro del Consejo Nacional de Vichy que se encargó de la coordinación del Plan Cloven con el gobierno francés y acabó como presidente del propio gobierno.

Otra pieza de aquel inframundo fue Jean Paul David, dirigente del movimiento denominado «Paz y Libertad», creado en 1950 por la CIA y la OTAN para contrarrestar al Movimiento por la Paz, creado por la Kominform.

En 1951 Baylot, Albertini y Barbé ya utilizaban a los disidentes para atacar al PCF en su propio terreno, desmoralizar, confundir y lograr que los militantes desertaran. Clandestinamente la policía francesa estaba apoyando a los que difundían La Lucha, un periódico creado en 1949 por un renegado, el antiguo diputado comunista Darius Le Corre. Después de abandonar el PCF Le Corre fue reciclado por la SFIO, la socialdemocracia francesa, para trabajar en el equipo de Albertini como portavoz de un autodenominado «Movimiento Comunista Independiente» cuyo sustento no eran los militantes sino el dinero que llegaba de la CIA, unas cifras tan astronómicas que La Lucha imprimía su portada en color, algo inverosímil en aquella época.

Cuando los partidarios de Tito fueron expulsados del PCF, la CIA los condujo a aquel fantasmagórico «Movimiento Comunista Independiente». En las elecciones legislativas de junio de 1951 trataron de captar los votos del PCF presentando una lista que fracasó estrepitosamente al no lograr presentarse en más de dos circunscripciones ni reunir más de 7.000 votos.

Tras el fracaso por medio de Albertini la CIA se concentró en el periódico titista «Unir», dirigido por Jacques Courtois, cuyo verdadero nombre era Fernand Tocco, que ya entonces era un confidente de la policía francesa. En cumplimiento del Plan Cloven fue Barbé quien empezó a dirigir los pasos de Tocco, una manipulación que se prolongará hasta 1974, es decir, durante más de 20 años.

Al grupo «Unir» se le fueron sumando luego algunos trotskistas, convirtiéndose en el refugio de todos los desertores del PCF, el lugar en el que podían explayarse contra el comunismo, contra Stalin y contra la URSS, contar las interioridades, airear los trapos sucios, en fin, esparcir el morbo anticomunista. Ahora es mucho más común, pero en aquella época «Unir» fue una de las primeras experiencias en las que al reformismo derechista de Tito se le unió la histeria de los izquierdistas.

La revista comunista «France Nouvelle» ya destapó aquella trama en febrero de 1959 con un artículo que dio en el clavo con una precisión sorprendente, aunque entonces nadie le dio ninguna importancia, considerando que se trataba de las típicas imputaciones «stalinistas» carentes de todo fundamento. «Unir es un boletín policiaco por sus orígenes, por la persona que lo dirige, por sus patrocinadores, por sus fuentes de información y por sus métodos», dijo el PCF.

Los vigilados también vigilan y quien estaba mejor informado de las andanzas de Tocco era el PCF. El semanario comunista hacía un preciso retrato biográfico suyo. Había sido expulsado antes de la guerra de las juventudes comunistas. Entre 1941 y 1943 había trabajado para la Gestapo y los Renseignements Généraux, una especie de comisaría de información de la policía francesa. Luego, con el nombre de Jacques Gabin, se había incorporado a la legión SPER y al SNKK, dos comandos nazis de choque a los que Tocco siguió hasta Italia con Darnand, el jefe de las milicias fascistas.

No era la primera vez que Tocco quedaba desenmascarado. Bajo el nombre de Nollot en 1946 Tocco publicó en Perreux el primer número del boletín «Unir», antes de irse a Niza, donde fue nuevamente desenmascarado en 1951 con el nombre de Jean d’Érèbe. De vuelta a París Tocco se puso en contacto con Pierre Rostini, uno de los dirigentes de Paz y la Libertad, que pondrá a su secretaria a trabajar para Tocco en «Unir».

Los comunistas sólo cometieron un error: Tocco no estaba bajo las órdenes de Rostini sino de las de Barbé. Por lo demás, la revista comunista exponía detalles sorprendentes del grado de manipulación de los grupos oportunistas que hicieron de la lucha contra el «stalinismo» una manera de vivir holgadamente.

El boletín «Unir» se publicó por primera vez en Toulon en una imprenta socialista, y luego en Arras, la ciudad bastión de Guy Mollet, el jefe de la socialdemocracia francesa, mientras que la correspondencia que le dirigían los lectores pasaba antes por las manos de un policía marítimo jubilado, militante de los socialistas y secretario del ayuntamiento de un pequeño pueblo que servía como apartado de correos para borrar las pistas.

Entonces nadie hizo caso a los comunistas. Era la típica acusación «stalinista», fraguada sin pruebas para desacreditar a un luchador tan conocido como Tocco, que pudo seguir embaucando a la gente durante 20 años más, hasta que fue desenmascarado por tercera y última vez en 1974, fecha en la que huyó a Estados Unidos. El provocador desaparece y con él «Unir» desaparece también.

Fue el colmo de la sutileza lingüística, además de política: la CIA había creado «Unir» para dividir.

La CIA y la mafia marsellesa. Los socialistas, los Guerini y la CIA (1)

Si las alianzas creadas durante la guerra por los bajos fondos corsos tendrían importantes consecuencias tras la liberación para el tráfico de heroína, constituyendo los cimientos de la futura dinastía criminal de Marsella, el fin de la ocupación alemana iba a traer tiempos difíciles para el “ambiente” marsellés.

Durante mas de veinte años Carbone y Spirito habían controlado la mafia, inaugurando nuevas formas de actividad criminal, organizando el mando y la disciplina y sobre todo estableciendo alianzas políticas. Ya no estaban, y ninguno de los patrones supervivientes gozaba del poder ni de las prerrogativas de recoger su cetro.

Para agravar las cosas los enemigos tradicionales, es decir los partidos socialistas y comunistas permanecieron firmemente unidos hasta mediados de 1946, obligando así a una alianza entre conservadores y mafia a fin de obtener a toda costa el poder político. Con ocasión de las primeras elecciones municipales, en abril de 1945, una coalición de izquierda pone al jefe del Partido Socialista, Gaston Deferre, en la alcaldía. Rompiendo con los socialistas en 1946, el Partido Comunista lleva con éxito una campaña independiente y elije su propio candidato a la alcaldía en noviembre [1].

Por otro lado, una nueva unidad policial, los CRS (Compagnies Républicaines de Sécurité), se habían convertido en el azote de la mafia marsellesa. Formados durante los combates de la Liberación en agosto de 1944, cuando la mayoría de los policías municipales (que habían sido notorios colaboracionistas) desaparecieron [2], se asignó a los CRS la tarea de restablecer el orden público, buscar a los colaboradores, perseguir el contrabando y reprimir el tráfico del mercado negro. Un elevado porcentaje de sus oficiales habían sido reclutados entre los resistentes comunistas, y cumplieron con su deber demasiado eficazmente para la tranquilidad del hampa [3].

Pero ésta no tarda en preparar su ascenso al poder. En otoño de 1947, un mes de sangrientas batallas callejeras, reveses electorales y la intervención secreta de la CIA privó al Partido comunista del poder y establecieron una redistribución definitiva de las cartas políticas en Marsella. Cuando las huelgas y los disturbios finalizaron, los socialistas habían roto todo contacto con los comunistas, una alianza entre los socialistas y el hampa controlaba la vida política de Marsella y los hermanos Guerini se habían convertido en los “árbitros” incontestados del submundo marsellés. Durante veinte años sus decisiones tendrían fuerza de ley en el seno de la delincuencia. El enfrentamiento comenzó muy inocentemente en las elecciones municipales del 19 y 26 de octubre de 1947.

A escala nacional, el nuevo partido anticomunista del general de Gaulle (RPR, Rassemblement pour la République) alcanza un confortable éxito electoral en toda Francia. En Marsella, los conservadores reconstituidos consiguieron suficientes puestos en el consejo municipal como para descartar un alcalde comunista y elegir una alcaldía conservadora. Uno de los primeros actos oficiales de la nueva administración consistió en aumentar las tarifas de tranvías municipales: una decisión perfectamente inatacable, por estar perfectamente justificada por la agravación del déficit financiero. Pero esta medida tendría consecuencias imprevistas.Más de dos años después del fin de la guerra, Marsella no conseguía liberarse de las ruinas dejadas por los bombardeos aliados. La tasa de paro era elevada, los salarios bajos, reinaba el mercado negro y una grave penuria de los elementos más indispensables daba un aire desesperado a los compradores matinales [4].

Los tranvías tenían una importancia vital para la ciudad y el incremento de tarifas tuvo por efecto adelgazar el monedero y provocar la cólera. El sindicato obrero social-comunista, CGT, replicó mediante el boicot activo de los tranvías. El conductor que osaba conducir un tranvía quedaba bloqueado por las barricadas y el lanzamiento de piedras por parte de la población furiosa [5].

La clase obrera de Marsella no estaba sola en su desgracia. En toda Francia los obreros sufrían las dificultades de una dolorosa recuperación económica. Los obreros trabajaban largas jornadas para relanzar la producción y sus esfuerzos se veían mal pagados. Presionados por sus consejeros norteamericanos, los sucesivos gobiernos franceses bloqueaban los salarios a fin de acelerar la renovación económica. En 1947 la producción industrial prácticamente había alcanzado su nivel de antes de la guerra, pero el obrero especialista medio de París no ganaba mas que el 65 por cien de lo que conseguía en el momento más duro de la depresión [6].

Llegaba hasta el hambre, literalmente. El precio de los alimentos se había disparado y el obrero medio comía un 18 por cien menos que en 1938. Pudiendo apenas los salarios cubrir sus gastos de alimentación, los obreros estaban obligados a llevar la parte mas pesada de los impuestos. El sistema fiscal era tan injusto que el prestigioso periódico Le Monde lo había definido como ”más inicuo que el que había provocado la Revolución Francesa” [7].

En Marsella, durante todo el inicio del mes de noviembre, los incidentes agravaron las tensiones políticas como consecuencia del boicot de los tranvías, que culminaron con el desencadenamiento de la violencia el 12 de noviembre. Aquel día fatal comienza con una manifestación matutina de obreros enfurecidos, continuó por la tarde con el apalizamiento de los concejales comunistas durante una reunión municipal y acabó con un muerto al atardecer [8].

Aquella mañana temprano numerosos millares de obreros se habían reunido frente al Palacio de Justicia para exigir la liberación de cuatro jóvenes obreros metalúrgicos detenidos por atacar un tranvía. Cuando la policía conducía a dos de ellos hacia el tribunal, la muchedumbre se echa encima de los guardias y los dos hombres escaparon. Animados por el éxito, se busca durante numerosas horas forzar los cordones policiales, exigiendo que las acusaciones contra los obreros se retiren. Ante la determinación de las masas, el tribunal se reúne precipitadamente y hacia las cuatro de la tarde la acusación de reduce a un delito menor. Los manifestantes se preparan a dispersarse cuando un obrero no identificado llega gritando ”¡Todos a la alcaldía! ¡Están golpeando a nuestros camaradas!” [9]

Esta agresión tuvo lugar en el curso de una reunión ordinaria del consejo municipal, cuando los concejales comunistas habían planteado la cuestión de las tarifas de los tranvías. La discusión se había hecho violenta, y algunos de los matones partidarios del alcalde (todos miembros de la banda Guerini) intervinieron contra los concejales comunistas [10].

La noticia de las agresiones de extendió rápidamente en Marsella y en una hora cuarenta mil manifestantes se reunieron ante el ayuntamiento [11].

El puñado de policías presentes no pudo controlar la situación hasta que el antiguo alcalde comunista Jean Cristofol hubo calmado a la multitud. En media hora se había dispersado, y a las 18:30 todo estaba tranquilo. Mientras que la mayor parte de manifestantes volvían a sus casas, un grupo de jóvenes obreros se reúne sobre los muelles y ocupa las pequeñas calles situadas en los alrededores de la época. Con sus locales de noche y sus burdeles, este sector se consideraba generalmente como el barrio del hampa. Era notorio que estos establecimientos controlaban el mercado negro y constituían un legítimo objetivo de la cólera de la clase obrera. Mientras que las masas invadían las calles rompiendo los cristales, Antoine y Barthelemy Guerini dispararon contra ellos, hiriendo a numerosos manifestantes. Por la noche un joven metalúrgico moría a causa de las heridas [12].

A la mañana siguiente el diario comunista La Marselleise afirmaba que ”Carlini y Vernejoul volvían a los métodos de Sabiani en la alcaldía de Marsella”. El diario decía que una investigación había revelado que el ataque del que habían sido víctimas los concejales se debía a los hombres de Guerini [13].

Esta acusación no fue refutada de manera convincente ni por el periódico socialista Le Provençal ni por Le Meridional gaullista. En el curso de la audiencia del tribunal del 16 de noviembre, dos policías testificaron haber visto a los Guerini disparar contra la gente. En la misma audiencia, uno de los más jóvenes hermanos Guerini reconoció que Antoine y Barthelemy se encontraban en aquellos lugares en el momento del tiroteo. Pero cuatro días mas tarde los policías se retractaron misteriosamente y el 10 de diciembre la confederación local de trabajadores llamó a una huelga general. La ciudad quedó paralizada. Los trabajadores de Marsella habían alcanzado el punto de ruptura casi al mismo tiempo que sus camaradas del resto del país. Las huelgas salvajes estallaron por todos los sitios, en fábricas, en minas y ferrocarriles [15].

Al salir a la calle los militantes obreros para manifestarse por salarios dignos y por disminuciones de precios, la dirección del Partido Comunista fue obligada, contra su voluntad, a iniciar una acción. El 14 de noviembre, al día siguiente de que los sindicatos de Marsella llamaran a la huelga, la CGT llama a  una huelga general en todo el país.

Contrariamente a lo que se podría creer, los dirigentes comunistas de la época estaban lejos de ser  fieros revolucionarios. Eran en su mayor parte hombres de cierta edad, de tendencia conservadora, que habían servido a la patria en las filas de la Resistencia y que ahora aspiraban, por encima de todo, a tomar parte en el gobierno de su país. La habilidad que habían demostrado en la dirección de la Resistencia les había ganado el respeto de la clase obrera y, gracias a sus esfuerzos, los trabajadores franceses sindicados habían aceptado los bajos salarios tras la guerra, absteniéndose de hacer huelgas en 1945 y 1946. Sin embargo, su apoyo continuo a la política de austeridad draconiana del gobierno comenzaba a suponerles menos votos en las elecciones sindicales, y en 1946 un observador del Departamento de Estado norteamericano  declaraba que los dirigentes comunistas ”no podían contener el descontento de la base” [16].

Cuando a mediados de noviembre de 1947 las huelgas salvajes y las manifestaciones estallaron, el Partido Comunista se vio obligado a apoyarlas para no perder la dirección de la clase obrera. En cualquier caso, lo hizo sin entusiasmo. Sin embargo, a finales de noviembre, tres millones de trabajadores estaban en huelga y la economía francesa se encontraba prácticamente paralizada. Desdeñando la opinión de sus propios expertos, los responsables de la política exterior norteamericana interpretaron la huelga de 1947 como una maniobra política del Partido Comunista y temieron que no fuera mas que el preludio de una ”toma del gobierno”. El motivo de esta ceguera era sencillo: desde mediados de 1947 la guerra fría se había ”congelado” y todos los acontecimientos políticos se consideraban bajo el punto de vista del ”conflicto ideológico mundial que opone el comunismo del este a la democracia occidental” [17].

Inquietos por los progresos soviéticos en el Mediterráneo oriental y por el crecimiento de los partidos comunistas en Europa occidental, el gobierno de Truman organizó en mayo un plan de estructuración europeo (el conocido como Plan Marshall), cuyo presupuesto se elevaba a numerosos miles de millones de dólares, y crea la CIA en septiembre [18].

Decididos a salvar a Francia de un golpe de Estado comunista inminente, la CIA intervino para ayudar a romper la huelga, escogiendo para ello al Partido socialista como porra. Tras décadas de investigación, los actores de aquellas operaciones clandestinas salieron del secreto oficial que les había tapado durante tanto tiempo. Cuando a principios de 1947 el Congreso de Estados Unidos votó un presupuesto de 400 millones de dólares para combatir al comunismo, el presidente Harry Truman ”empleó este dinero de forma abierta en Grecia y Turquía, pero de forma clandestina en Francia e Italia, con la CIA como intermediario, con el objeto de apoyar a los partidos políticos democráticos” [19].

Aquel verano, en el caos burocrático que siguió a la creación de la CIA, las funciones de investigación fueron repartidas entre el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y la rama ejecutiva bajo la dirección más bien vaga del nuevo director de la CIA. Ante la urgencia de dotarse de una fuerza de investigación, el National Security Council creó la OPC (0ffice of Policy Coordination) en junio de 1948, a fin de desarrollar ”una capacidad de acción política secreta”, misión mas bien amplia que suponía operaciones clandestinas tales como la infiltración en los sindicatos.

Financiados por la CIA pero acogidos por el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa, la OPC se desarrolla en esta situación anormal, fuera de todo control burocrático y mucho mas generosamente financiada que la misma CIA [20].

El fundador de la OPC fue Frank Wisner, antiguo agente de la OSS que había pasado los años posteriores a la guerra en Europa reclutando antiguos nazis, en primer lugar a numerosos criminales de guerra, a fin de enviarles tras las líneas soviéticas. Bajo su dirección brillante y original, la OPC atraerá rápidamente talentosos veteranos de la OSS como Thomas Braden y William Colby que compartían la opinión según la cual todo enemigo del comunismo, ya fuera oficial de la Gestapo o gángster corso, podía ser un aliado de Norteamérica [21].

Tal como explicaba Colby, futuro director de la CIA, la OPC de Wisner ”actuaba como la orden de los Templarios, dedicada a salvar la libertad de Occidente de las tinieblas comunista” [22].

Desde el inicio de la Guerra Fría, la CIA y la OPC decidieron que los sindicatos eran la clave del combate por Europa occidental. Mediante la American Federation of Labor (AFL), la cual organizaba ya sus propias redes clandestinas en Europa, la Agencia se propuso hacer llegar unos dos millones de dólares a los dirigentes sindicales anticomunistas [23].

”Creo que el interés manifestado por la AFL/CIO para la protección del puerto de Marsella y otras cosas de este tipo habían empezado antes de la creación de la Agencia” declaraba Braden, responsable de la OPC para estas operaciones. ”Tengo la impresión que eran efectuadas por la OSS, o bien por el ejército, o bien por el Departamento de Estado” [24].

Es un hecho que a principio del año 1947 el embajador de Estados Unidos en Francia, Jefferson Caffery, había avisado a Washington de que ”el poder del Kremlin se extiende cada vez mas mediante el Partido comunista francés y su fortaleza, la CGT” [25]. En una tácita petición de fondos, el embajador lamentaba que ”los dirigentes sindicales que se oponen al dominio de los comunistas sobre la CGT no hayan tenido la ocasión (principalmente por falta de dinero) de organizar grupos de oposición eficaces” [26].

Cuando en 1947 los comunistas convocaron huelgas contra el Plan Marshall, la CIA, en el curso de una de sus primeras operaciones, lanza un contraataque secreto. Con la AFL como intermediaria, organiza la primera escisión de un sindicato europeo haciendo llegar fondos a Leon Jouhaux, dirigente socialista, que hizo salir a su sindicato, Force Ouvrier, de una CGT controlada por los comunistas [27].

Sin reconocer el origen, el presidente de la AFL, George Meany, presumiría más tarde de ”haber financiado la escisión del sindicato francés bajo control comunista: “Nosotros lo hemos pagado, nosotros hemos conseguido dinero de los sindicatos americanos, nosotros hemos organizado sus sedes y enviado material” [28].

A primera vista, podría parecer erróneo ver a la CIA apoyando a un organismo situado a la izquierda como un Partido socialista. En Francia no existían mas que tres partidos políticos importantes: el socialista, el comunista y el gaullista, y, por simple eliminación, la CIA se echa en los brazos de los socialistas. Si el general de Gaulle se mostraba demasiado independiente para el gusto de los americanos, los dirigentes socialistas, que perdían rápidamente terreno ante los comunistas, estaban totalmente dispuestos a colaborar con la CIA.

En un artículo del Saturday Evening Post fechado en 1967, el antiguo director del departamento de asuntos internacionales de la CIA, Thomas W. Braden, explicaba la estrategia de la agencia, que consistían en servirse de la izquierda para combatir a la izquierda. Ese fue el trabajo de Jay Lovestone, el adjunto de David Dubinsky en el Sindicato Internacional de los Trabajadores del Textil. Habiendo sido el dirigente del Partido Comunista de Estados Unidos, Lovestone tenía un perfecto conocimiento de las operaciones de infiltración en el extranjero.

En 1947 la comunista CGT lanza una huelga que no consigue paralizar la economía francesa. Se temía una toma del poder. En esta coyuntura intervienen Lovestone y su adjunto Irving Brown. Con ayuda de los fondos proporcionados por el sindicato de Dubinsky crearon Force Ouvrier, un sindicato no comunista. Cuando escaseó el dinero, recurrieron a la CIA. Así es como empieza la financiación secreta de los sindicatos “libres”, que pronto se extendió a Italia.

Sin esta financiación, la historia de la posguerra hubiera sido muy diferente [29]. Los envíos de la CIA, del orden de un millón de dólares por año, aseguraron al Partido socialista una sólida base electoral en el seno del movimiento obrero [30] y dieron a sus dirigentes la potencia política necesaria para enfrentarse a los trabajadores en huelga. Mientras que el dirigente socialista de Marsella, Gaston Deferre, predicaba una cruzada anticomunista desde lo alto de la tribuna de la Asamblea Nacional y en las columnas de Le Provençal [31], el ministro de Interior socialista Jules Moch, ordenaba a la policía intervenir brutalmente contra los trabajadores en huelga [32]. Con los consejos y la ayuda del agregado militar norteamericano en París, Moch pide la incorporación de 80.000 reservistas y moviliza a 200.000 soldados para luchar contra los huelguistas.

Frente a ese despliegue de fuerza, la CGT suspendió la huelga el 9 de diciembre, tras menos de un mes de paro laboral [33]. Lo enfrentamientos mas sangrientos de esta huelga no tuvieron lugar en París, como dijo Braden, sino en Marsella. Por numerosas razones, era fundamental para la política extranjera norteamericana conseguir una victoria en Marsella que, siendo uno de los mayores puertos internacionales de Francia, constituía una cabeza de puente vital para las exportaciones del Plan Marshall hacia Europa.

Una influencia duradera de los comunistas en la administración del puerto hubiera supuesto una amenaza al éxito del Plan Marshall y de todo programa de asistencia posterior. Siendo Marsella la segunda ciudad de Francia, una victoria duradera de los comunistas sobre el electorado marsellés aumentaría las oportunidades del Partido Comunista de recoger suficientes votos para formar gobierno. El Partido comunista representaba ya al 28 por cien del electorado y era el primer partido de Francia. El agravamiento de la ruptura entre los Partidos Comunista y socialista de Marsella, y la actitud anticomunista de Defferre se habían manifestado ya en el curso de los debates de la Asamblea Nacional sobre los sangrientos incidentes del 12 de noviembre en Marsella.

Mientras que los portavoces  locales del Partido Comunista habían imputado a los Guerini las violencias sufridas por los concejales y el asesinato de un obrero metalúrgico, el dirigente socialista Gaston Defferre prefirió atacar a los comunistas: ”Las banderas americanas y británicas que ondeaban en el ayuntamiento han sido arrancadas por las hordas comunistas… Ahora sabemos de lo que son capaces los comunistas: yo no dudo que el gobierno extraerá consecuencias. El partido socialista deplora esos incidentes, y no tolerará que aquellos que se dicen diputados lleguen a desafiar la ley” [34].

Algunos días después, el diputado comunista Jean Cristofol refutó las acusaciones de Defferre, acusando a su vez a los malhechores a las órdenes de Guerini de estar a sueldo de los partidos gaullista y socialista de Marsella.

Cuando Defferre se levanta para negar que ni siquiera conoce a Guerini, otro diputado comunista le recuerda que un primo de Guerini era redactor en jefe de su diario Le Provençal. Después tomó la palabra para revelar algunos signos inquietantes del renacimiento del hampa marsellesa. A los colaboracionistas se les concedía la libertad condicional y los funcionarios autorizaban la reapertura de los locales nocturnos, entre los que figuraba el Club Parakeet de los Guerini. Estos locales habían sido cerrados en junio de 1947 por orden del mismo Cristofol, entonces alcalde de la ciudad [35].

[1] Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pg. 144.
[2] nlion, Les FTB pgs. 292-293.
[3] Agulhon y Barrat, CRS de Marseille, pgs. 46-47, 75-77.
[4] Castellari, La Belle Histoire… pgs. 218-19.
[5] Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pg.145.
[6] Ioyce Kolko et Gabriel Kolko, The Limits of Power, New York, Harper&Row, 1972, pg. 157.
[7] Ibid., pg. 440.
[8]  Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pgs. 145-146.
[9]  Ibid., Pág. 147.
[10] Ibid., Pág. 148.
[11] Ibfd., Pág. 171.
[12] Ibid., págs. 149-150.
[13] La Marseillaise, 13 de noviembre de 1947.
[14] La Marseillaise, 17 y 21 noviembre y 10 de diciembre de 1947
[15] Kolko y Kolko, The Limits of Power, pg.396.
[16] Ibid., pg. 157.
[17] Walter Lafeber, America, Russia and the Cold War, New York, John Wiley and Sons, 1967, pg. 47.
[18] Ibid., pgs. 48 y 56.
[19] John Ranelagh, The Agency: The Rise and Decline of the CIA, New York, Simon&Schuster, pg. 131.
[20] Comisión senatorial sobre las actividades del gobierno, History of the Central Intelligence Agency, Supplementary Detailed Staff Report on Foreign and Military Government, Printing Ofice, Rapport du Sénat, pgs.94-755 y 25-37.
[21] John Loftus, The Belarus Secret, New York, Knopf, 1982, pgs. 105-29; William Colby, Honorable Men. My Life in the CIA, New York, Simon&Schuster, 1978, pg. 75.
[22] Colby, Honorable Men, pg. 73.
[23] Ronald L. Filippelli, American Labor and Postwar Italy, 1943-1953, Stanford, Standford University Press, 1989, pgs. 112-113.
[24] Tom Braden hizo estos comentarios en noviembre de 1983. Cfr. Ranelagh, The Agency pgs. 247-48
[25] Peter Weiler, The United States, International Labor and the Cold War: The Breakup of the World Federation of Trade Unions, Diplomatic History, 5, núm. 1, 1981, pg. 12.
[26] Trevor Barnes, Le secret de la guerre froide: la CIA et la politique étrangere américaine en Europe, 1946-56, 1er partie, Historical Journal 24, núm. 2, 1981, pgs. 411-412.
[27] Filippelli, American Labor; pp. 112-13. Algunos meses antes de ”provocar” la escisión entre las fracciones comunista y socialista de la CGT, el dirigente obrero socialista Leon Jouhaux había estado (…) en Washington para reunirse con miembros del gobierno de Truman (Le Monde, 12 de mayo de 1957).
[28] Filippelli, American Labor; pg. 113.
[29] Thomas Braden, Soy feliz de que la CIA sea inmoral, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967, pg. 14.
[30] Ibid. No era la primera vez que los servicios de inteligencia norteamericanos empleaban este modo de financiación secreto para crear disensiones en las filas del movimiento obrero francés. Durante la Segunda Guerra Mundial, la rama Travail de la OSS, dirigida por Arthur Goldberg, procuró fondos a la ”dirección socialista de la CGT clandestina, pero rechazó categóricamente proporcionarlos a los elementos comunistas de la misma organización. Esta postura ocasionó un grave incidente que envenenó las relaciones entre (…) los partidos citados (R. Hams Smith, OSS: The Secret History of American’s First Central Intelligence Agency (Berkeley, University of California Press, 1972, pg.182.
[31] Le Provençal, Marseille, 8-9 y 14 de noviembre de 1947.
[32] ”Es entonces cuando los dirigentes de la fracción Force Ouvrier se separan definitivamente de la CGT y fundaron, con ayuda de las organizaciones sindicales norteamericanas, la organización que aún lleva ese nombre” (Jacques Julliard, la IV République, Paris, Calmann-Lévy 1968, pg. 124).
[33] Kolko et Kolko, The Limits of Power, pg. 370. Esta alianza entre la CIA y los socialistas fue aparentemente precedida de complicadas negociaciones. En el curso de una visita a Washington en mayo de 1949, el dirigente del Partido socialista Leon Blum declaró a un periodista francés: ”Numerosos diplomáticos americanos con (…) los que he hablado están convencidos de que el socialismo puede ser la mejor defensa contra el comunismo en Europa”. La prensa norteamericana informó mas tarde que el secretario del Tesoro del presidente Truman había exhortado a Blum a reunir a los partidos no comunistas y expulsar a los comunistas del gobierno (Le Monde, Paris, 12 de mayo de 1967, Le Provençal, 14 de noviembre de 1947, La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.
[34] Le Provençal, 14 noviembre de 1947, La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.
[35] La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.

Extractos del libro “Marseille sur héroïne, la French Connection (1945-1975)”, de Alfred McCoy

Segunda parte

El gobierno inglés pretende censurar Russia Today

La Oficina de Comunicaciones (Ofcom), el organismo regulador de las telecomunicaciones en el Reino Unido, ha formulado otra advertencia, la cuarta, al canal Russia Today, amenazando con retirar la licencia si el consejo de redacción no tiene en cuenta sus recomendaciones.

Según los censores británicos, Russia Today «aporta informaciones con un trasfondo ruso y trata la actualidad desde el punto de vista de Rusia, cuando deberían ser imparciales». La Oficina de Comunicaciones critica la presentación de las noticias sobre Ucrania, en particular en las emisiones del 1, 3, 5 y 6 de marzo de 2014.

«Acabamos de lanzar nuestro canal en el Reino Unido y ya nos amenazan para privarnos de la licencia con acusaciones falsas. Es la democracia en estado puro«, ironiza en su blog la redactora jefe de Russia Today, Margarita Simonian: «Ellos creen que nuestra cobertura de los acontecimientos en Ucrania fue sesgada. Hemos encontrado un montón de ejemplos de parcialidad en la cobertura de los acontecimientos en Ucrania por la BBC y lo hemos informado a la Oficina de Comunicaciones. Nos respondieron que ellos revisan todos los canales ¡menos los de la BBC! Y que es posible reclamar a la BBC dirigiéndose a la propia BBC».

«No sé si Orwell y Huxley vuelven ahora de sus tumbas, pero hay motivo para ello. Acusarnos de parcialidad mientras ignoran completamente las posiciones flagrantes de la BBC, no es otra cosa que una censura evidente. Ofcom no oculta ni siquiera que se trata de cambiar nuestra política editorial. Nosotros no la cambiaremos, cualesquiera que sean las presiones. Somos la única fuente de informaciones alternativas para nuestro público británico y así seguiremos«, concluyó  Margarita Simonian.

La autoridad reguladora ya hizo los mismos reproches a la cadena en 2012. En aquel momento las críticas se relacionaron con la información sobre los acontecimientos en Libia y Siria. Russia Today esquivó el ataque con un equipo de abogados altamente competentes. Ahora la cadena ha tenido que volver a recurrir otra vez a los abogados.

«En 2013 fuimos el tercer canal de información más visto en el Reino Unido por detrás de la BBC y Sky News. Estuvimos por delante de Fox News y Euronews. Es imposible imaginarse que en Rusia se le haga a la BBC el mismo reproche con pretextos fantasiosos», dice la redactora jefe de Russia Today.

Los espectadores y profesionales de la televisión aprecian a Russia Today. «Millones de británicos ven Russia Today, especialmente hoy, cuando los acontecimientos en Ucrania han hecho de esta cadena el recurso favorito de aquellos que buscan un punto de vista alternativo sobre lo que está sucediendo en la zona de conflicto», reconoce el diario británico Express.

En 2013 el festival de Televisión de Monte-Carlo premió a Russia Today como canal de noticias del año y los informativos sobre Maidan, en Kiev, fueron galardonados con el premio especial del jurado AIB Premios.

No es la primera vez que Russia Today se enfrenta con la censura británica este año. A los anglosajones no les gusta que les enfrenten a sus propias contradicciones.

Este otoño los carteles publicitarios han sido prohibidos en Londres con el pretexto de contener un «subtexto político provocador». Los carteles representaban al antiguo primer ministro británico Tony Blair y a Bush, mencionando sus mentirosas declaraciones sobre la situación en Irak.

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