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Mes: noviembre 2014 (página 4 de 7)

Los submarinos de Putin dentro de la Unión Europea

La web del Partido Comunista de Ucrania advierte en su portada de que Estados Unidos prepara un nuevo “Maidan” en Praga contra el Presidente checo Milos Zeman. Según los comunistas ucranianos, Estados Unidos trata de impedir por todos los medios que Moscú mantenga abiertos los puentes con los países del centro de Europa (1).

Empiezan a calentar motores. Las manifestaciones contra Zeman por las calles de Praga se han convertido en algo cotidiano. Utilizando un símil futbolístico, le sacan “tarjeta roja” por sus estrechos vínculos con Putin y su reciente visita a China. Durante los recientes actos oficiales de celebración de la fiesta nacional, cuando empezaba su discurso, le silbaron y le lanzaron huevos.

Los discursos de Zeman suenan muy distorsionados respecto a lo que al imperialismo le gustaría escuchar de los labios de un presidente de gobierno europeo. En relación a la situación en Ucrania, exculpa a Rusia de cualquier responsabilidad y afirma que se trata de una “guerra civil”.

La gota que ha colmado el vaso ha sido una entrevista concedida a una radio en la que, entre otras cosas, criticó al grupo musical Pussy Riot. Es alguien a quien hay que taparle la boca.

En Praga los organizadores de las manifestaciones y protestas hablan inglés y están muy organizados: reparten tarjetas rojas, no dejan que nadie les fotografíe y no quieren decir a qué movimiento pertenecen. Llevan banderas tibetanas, pero sobre todo ucranianas, no sólo la del país sino también la del nazi Stepan Bandera.

“No os tengo miedo a vosotros”, les dijo Zeman a los manifestantes el otro día a través de la megafonía. “Tampoco lo tuve hace 25 años”, añadió en referencia a la caída del Telón de Acero en Checoslovaquia.

Como es costumbre, la intoxicación propagandística le da la vuelta a la tortilla. “Quien siembra vientos recoge tempestades”, le dice la revista Respekt en tono de amenaza. Otros medios parecidos, como el diario Lidové Noviny, le califican de “provocador”.

Para entender lo que está ocurriendo en Europa central hay que recurrir, además, a comprobar lo que al respecto dicen los propagandistas del imperialismo, como la revista española “Estudios de Política Exterior” que titula un artículo  con esta chulería: “Hungría, un submarino ruso en la Unión Europea” (2).

En este caso le toca el turno al primer ministro húngaro Viktor Orban que, como bien dice la revista, ha ganado este año por amplia mayoría las elecciones legislativas, las europeas y las municipales al frente de un partido reaccionario. Orban es un aliado tan estrecho de Putin que éste le ha concedido 10.000 millones de euros para modernizar la planta nuclear de Paks.

Además, desafiando las sanciones impuestas por la Unión Europea a Moscú, Hungría acaba de aprobar la llegada del gasoducto South Stream del monopolio público ruso Gazprom que le asegura el suministro para el futuro a un precio muy ventajoso.

No es de extrañar que el imperialismo destile rabia hasta por los poros. La antigua comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, y el dirigente del Partido Liberal Europeo, Guy Verhofstadt, han pedido que se le imponga a Hungría la mayor sanción posible a un Estado miembro de la Unión Europea: el artículo 7 del Tratado de Lisboa que suspende al país en el ejercicio de sus derechos como miembro.

En fin, Orban pretende incorporar a su país a la nueva unión euroasiática impulsada por Moscú. Los países de Europa central no han tardado en darse cuenta de que la crisis económica ha agotado a la Unión Europea, una plataforma que exige mucho y no da nada a cambio.

Se trata de dos noticias que proceden de fuentes que no pueden ser más distintas, pero indican la misma dirección de los acontecimientos. Lo que sorprende de ellas no debería sorprender tanto. El eje de los desequilibrios mundiales se mueve hacia oriente, dejando a Rusia en una posición muy favorable.

El alineamiento de algunos países de Europa central con Rusia -y antes con la URSS- no es lo que los imperialistas pretenden hacer creer. No lo fue antes ni lo es tampoco ahora. Ni siquiera parece depender de la naturaleza de dichos países, ni tampoco de Putin, ni de una decisión caprichosa. No sabemos si es lo que deberían hacer o lo que les gustaría hacer. Lo que sabemos es que es eso lo que están haciendo y que es algo diferente de lo que intentaron hace 25 años cuando cayó el Muro de Berlín.

Todo parece volver a su sitio “natural” porque las fuerzas dominantes en el mundo, las potencias imperialistas , las conducen hasta ese punto. No les queda otro remedio, ni a Rusia, ni a los países de Europa central, que han sido invitados al banquete cuando todas las sillas ya estaban ocupadas. Es lo que parece estar ocurriendo; esos países se van al restaurante de enfrente.

(1) http://www.kpu.ua/ru/79350/ssha_gotovjat_cheshskyj_majdan_po_sverzhenyju_neugodnogo_prezydenta_zemana
(2) http://www.politicaexterior.com/articulos/informe-semanal/ispe-914-17-noviembre-2014/

Semillas, patentes, lombrices

N. Bianchi
Si vamos una mañana de domingueros por el monte o la sierra y vemos una repulsiva lombriz de tierra, es muy posible que la pisemos. Yo hacía eso, instintivamente. No lo hubiese hecho de saber que las lombrices de tierra son una de las especies vitales para nuestra supervivencia al fertilizar los suelos con sus excrementos y aumentar la permeabilidad del suelo al aire y la lluvia, como también hacen los topos, por ejemplo. Como tampoco sabía que el formidable Darwin dedicaba su última obra a la observación y estudio de las lombrices.

Contaba Vandana Shiva, física nuclear y cuántica, que para Francis Bacon -para ella padre de la ciencia moderna-, la Naturaleza no era una madre sino más bien una hembra (sic) a quien la agresiva inteligencia masculina debía someter. Esta transformación de la Naturaleza (la mayúscula es mía, como homenaje a Spinoza), de madre viva que nos alimenta, en materia inerte, muerta y manipulable se ajustaba al imperativo de explotación de un capitalismo en crecimiento.

No siempre pero sí con el desarrollo del capitalismo y la revolución industrial y la biotecnología, que le dicen, se ha tendido a pensar que la Naturaleza es todo aquello a lo que deberíamos acceder (los urbanitas) gratuitamente o al precio más barato posible. El trabajo en el campo sería un no-trabajo, simple biología, un recurso natural, algo repetitivo. Como si la lechuga emergiera sola y no habría más «trabajo» que tomarla. O esos niños que creen que la leche procede de un tetrabrik. Paradójicamente, con esta construcción cultural se devuelve a la Naturaleza su estatus arrebatado ergo natural, pero iterativo y como aburrido.

El rasgo distintivo de los sistemas vivos es su capacidad de autoorganizarse, ser autónomos y tenerse a sí mismos como referencia. Esto no significa, al igual que el gen, que estén aislados y que no interactúen. Son muy sociables. Los sistemas autoorganizados interactúan con su entorno, pero mantienen su autonomía. El medio se limita a provocar los cambios estructurales que experimentan; no les da instrucciones ni les dirige. Dicho así, suena demasiado natural y, sobre todo, sin ningún valor añadido. Surgen por doquier las patentes que sancionarán la pura creación de vida en un… laboratorio mediante tecnología, fitomejoradores y otras hibridaciones mendelianas (¡pobre Mendel!) que, además, controlarán el mercado, que es de lo que se trata. Tómese como ejemplo la semilla. La semilla tiene la doble cualidad de ser un medio de producción y, a la vez, un producto. Con la introducción de patentes, las semillas pasarían a ser mercancías patentadas y no como antaño que se intercambiaban alegremente como obsequio entre agricultores. Estos últimos, ahora, serían proveedores de materia prima que una pocas compañías químicas multinacionales como Ciba-Geigy, Monsanto, asociados a la industria farmacéutica «mejorarían» con sus alquimias haciendo dependientes a los agricultores de la industria para proveerse de insumos cruciales como la semilla. Esto es, obligarles a comprar semilla todos los años en lugar de obtenerla mediante la reproducción.

A esto Shiva le llama biopiratería o segunda colonización.

El fusilamiento de un almirante contrarrevolucionario

Anoche la segunda cadena de TVE emitió la película «El Almirante», rodada en 2008 por el cineasta ruso Serguei Bondarchuk a imitación de las grandes superproducciones de Hollywood, con un resultado parecido, que cabe calificar de lamentable teniendo en cuenta las enormes sumas de dinero invertido.

El almirante al que se refiere la película es Kolchak, un alto oficial de la marina zarista que tras la Revolución de 1917 dirigió a las tropas que se levantaron contra el poder soviético, desatando una atroz guerra civil.

Con ayuda del imperialismo, el almirante estableció su cuartel general en Siberia y se arrogó a sí mismo el título de “Gobernante supremo de Rusia”.

En París y en Londres los imperialistas entonaron cánticos de alabanza en honor del almirante. Sir Samuel Hoare decía que Kolchak era un caballero, un gentleman. Winston Churchill calificaba a Kolchak de honrado, incorruptible, inteligente y patriota. El New York Times veía en él “un hombre enérgico y honesto”, que ejercía “un gobierno estable y más o menos representativo”.

En noviembre de 1918 Kolchak se había apoderado de la mitad de las reservas de oro que el Imperio zarista guardaba en San Petersburgo, unas 180 toneladas, con el fin de sacarlo al exterior y comprar armas para combatir al Ejército Rojo. El oro nunca volvió a aparecer.

Además, los imperialistas, especialmente Inglaterra, le suministraron municiones, armas de guerra, consejeros militares y dinero: “Despachamos a Siberia -dice el general Knox- cientos de miles de rifles, cientos de millones de cartuchos, cientos de miles de uniformes y cartucheras, etc. Todas las balas disparadas contra los bolcheviques por los soldados rusos durante el curso de ese año habían sido fabricadas en Gran Bretaña, con materias primas británicas y enviadas a Vladivostok en barcos británicos”.

El general norteamericano Graves no compartía el entusiasmo de los ingleses y franceses por el gobierno del almirante Kolchak. Todos los días sus oficiales del Servicio de Inteligencia le traían nuevos informes del reino del terror que Kolchak implantó. Había 100.000 soldados en el ejército del almirante y se estaban reclutando varios millares más bajo pena de muerte. La horca era la modalidad favorita de ejecución de la pena capital. Las cárceles y los campos de concentración estaban llenos a rebosar. Centenares de rusos que se opusieron al nuevo emperador colgaban de árboles y de postes telegráficos a lo largo del ferrocarril transiberiano. Muchos fueron sepultados en fosas comunes que habían sido obligados a cavar con sus propias manos, antes de que los verdugos de Kolchak los segaran con el fuego de sus ametralladoras. La violación, el asesinato y el pillaje estaban a la orden de día.

Uno de los ayudantes de mayor categoría de Kolchak, el antiguo oficial zarista llamado general Rozanoff, dictó las siguientes instrucciones a sus tropas:

1) Al ocupar las aldeas que hubiesen sido ocupadas por los bandidos guerrilleros soviéticos, había que capturar a los jefes y donde no sea posible identificarlos pero exista prueba suficiente de la presencia de dichos jefes en el lugar, se fusilará a un individuo por cada diez de todos los habitantes de la aldea.
2) Si cuando las tropas atraviesan una ciudad, la población no informa a las tropas, teniendo oportunidad de hacerlo, de la presencia del enemigo, se exigirá irremisiblemente una contribución monetaria de todos los habitantes sin excepción.
3) Las poblaciones donde los habitantes se opongan a nuestras tropas con armas, serán quemadas hasta arrasarlas, y todos los vecinos adultos, varones, serán fusilados; las propiedades, bestias, carros, etc., serán confiscados para uso del ejército.

Junto con las tropas de Kolchak, había también partidas de bandas financiadas por los japoneses que asolaban los campos: sus jefes supremos eran los atamanes Gregori Semionov y Kalmikoff.

El coronel Morrow, jefe de las tropas americanas en el sector de Transbaikal, informó que en una aldea ocupada por las tropas de Semionov, todos los habitantes -hombres, mujeres y niños- habían sido asesinados; la mayoría de los vecinos habían sido fusilados “como conejos” cuando huían de sus hogares. Los hombres habían sido quemados vivos: “Los soldados de Semenov [Semionov] y Kalmikoff -contó el general Graves- bajo la protección de las tropas japonesas, vagaban por el país como animales salvajes, matando y saqueando al pueblo… Si se preguntaba algo sobre tan brutales asesinatos, la respuesta era que los asesinados eran bolcheviques, y esta explicación, al parecer, satisfacía al mundo”.

El general Graves manifestó abiertamente sus críticas de las atrocidades que cometían las fuerzas antisoviéticas en Siberia (*), y su actitud suscitó gran hostilidad entre los jefes rusos blancos, ingleses, franceses y japoneses.

Morris, el embajador americano en Japón, que se hallaba en visita de inspección en Siberia, le dijo al general Graves que el Departamento de Estado le había cablegrafiado que la política americana en Siberia necesitaba que se apoyase a Kolchak.

Ahora, general -dijo Morris- tendrá usted que apoyar a Kolchak.

Graves replicó que él no había recibido ninguna orden del Departamento de Guerra para que apoyara a Kolchak.

El Departamento de Estado es el que dirige esto, no el Departamento de Guerra– dijo Morris.
El Departamento de Estado -le contestó Graves- no me dirige a mí.

Los agentes de Kolchak lanzaron una campaña de propaganda destinada a socavar la reputación de Graves y lograr que fuese relevado de su cargo en Siberia. Empezaron a circular rumores de que el general americano era bolchevique y de que sus tropas estaban ayudando a los rojos. A la vez, todo eso se mezclaba con la más repugnante propaganda antisemita. Una nota típica decía: “Los soldados de Estados Unidos están infectados de bolchevismo. Casi todos son judíos de la parte este de Nueva York que se hallan en constante agitación queriendo amotinarse”.

El coronel John Ward, miembro del Parlamento inglés que actuaba de consejero político de Kolchak, declaró públicamente que al visitar el cuartel general de la fuerza expedicionaria americana había descubierto que “de sesenta traductores y oficiales de enlace, más de cincuenta eran judíos rusos”.

Los propios diplomáticos y agentes norteamericanos contribuyeron a extender la campaña contra el general Graves: “El cónsul americano en Vladivostok -reveló después el general Graves- cablegrafiaba diariamente al Departamento de Estado, sin comentarios, los artículos falsos, difamatorios y procaces que aparecían en la prensa de Vladivostok respecto de las tropas americanas. Aquellos artículos, así como las críticas que se formulaban en Estados Unidos sobre nuestras tropas, se basaban en la acusación de que eran bolcheviques. Esta acusación no podía haberse fundado sobre ningún hecho realizado por las tropas americanas… pero era el mismo cargo que se hacía en Siberia contra todo el que no apoyara a Kolchak, por los partidarios de éste, entre los cuales se contaba el cónsul general, Harris”.

Cuando la campaña contra Graves y sus tropas se hallaba en su apogeo, llegó a su cuartel general un mensaje del general Ivanoff-Rinoff, jefe de todas las fuerzas de Kolchak en Siberia oriental. El mensajero manifestó al general que si contribuía con 20.000 dólares al mes, para el ejército de Kolchak, el general Ivanoff-Rinoff se encargaría de que terminara la campaña de propaganda en su contra.

El general Ivanoff-Rinoff era uno de los oficiales más sádicos que actuaban bajo el mando supremo de Kolchak. En Siberia oriental sus mercenarios asesinaban a toda la población masculina de las aldeas sospechosas de haber albergado bolcheviques; era corriente entre ellos violar mujeres y azotarlas con baquetas. Mataban sin piedad a los ancianos, mujeres y niños. Un joven oficial americano que había sido enviado a investigar las atrocidades cometidas por Ivanoff-Rinoff, se impresionó de tal modo ante lo que vió, que al terminar su informe a Graves exclama: “General, ¡por el amor de Dios!, ¡no me mande nunca más a otra expedición como ésta! ¡A punto estuve de quitarme el uniforme para unirme a aquellas pobres gentes y ayudarlas en todo cuanto pudiera!”

Cuando el general Ivanoff-Rinoff se vió amenazado por un levantamiento popular, Sir Charles Elliot, el alto comisario inglés, visitó al general Graves para manifestarle su preocupación por la seguridad del jefe kolchakista. “Por lo que a mí respecta -le dijo Graves- ¡podía el pueblo traer a Ivanoff-Rinoff ante nuestro cuartel general y colgarle del poste telefónico que está ahí enfrente hasta que estuviese bien muerto, sin que un solo americano levantase siquiera una mano en su defensa!”

El final de Kolchak y sus criminales no sólo fue obra del Ejército Rojo, de batallas ganadas en las trincheras sino de heroicos levantamientos obreros y campesinos. El 4 de enero de 1920 Kolchak abdicó en favor de Denikin y comenzó a replegarse a través del transiberiano. Uno de los vagones que le transportaba iba repleto de oro, joyas y objetos de valor saqueados a lo largo de la guerra. En Irkutsk una insurrección obrera capturó a Kolchak y todo su Estado Mayor deteniendo el tren en el que viajaba en la estación ferroviaria y poco después caían 20.000 de sus hombres en manos del Ejército Rojo. El poder pasó a manos de un Comité Revolucionario de los proletarios de aquella ciudad, que ordenó el encarcelamiento de Kolchak y los suyos en la prisión de la ciudad.

Se produjo entonces un fenómeno que la película tampoco cuenta.

El Ejército Rojo propuso al Comité Revolucionario que fusilara a Kolchak sin ninguna clase de juicio, pero el Comité de la ciudad no cumplió la orden porque quería cumplir con las formalidades propias del caso: juicio, abogado, pruebas, etc. Formaron una comisión investigadora, de la que formaron parte un menchevique, dos eseristas de derechas y un bolchevique.


Pero la ciudad era un hervidero de contrarrevolucionarios emboscados y armados: burgueses, oficiales zaristas, kadetes, etc. Empezaron a circular octavillas calificando a Kolchak de héroe y mártir, preparando el clima para un asalto a la prisión.

Después de varias semanas de trabajo, la comisión de investigación emitió un listado de 18 criminales de guerra, entre ellos Kolchak, proponiendo su fusilamiento. Mientras la comisión se esforzaba por cumplir con su función lo más escrupulosamente posible, el clima en Irkutsk se tornaba irrespirable. Cada día de demora la contrarrevolucion se organizaba más y mejor. Por el otro lado, el retraso estaba sembrando la desconfianza entre los obreros, entre los que se podían producir muchos muertos si la contrarrevolución intentaba el asalto de la cárcel. Los obreros se plantearon, por su parte, asaltar la cárcel y ejecutar a los criminales zaristas sin dilaciones de ninguna clase. Esta situación desencadenó la orden del Consejo Militar Revolucionario de Irkutsk, que ordenaba la ejecución de Kolchak y su “presidente del consejo de ministros” y cuyo segundo punto decía: “Es mejor la ejecución de dos criminales, que desde hace mucho tiempo merecen la muerte, que cientos de víctimas inocentes”.

Así se hizo el 7 de febrero. Los demás criminales de guerra del ejército de Kolchak fueron juzgados el 20 de mayo públicamente en presencia de 8.000 obreros de la ciudad.

(*) Cfr. Jamie Bisher: White Terror: Cossack Warlords of the Trans-Siberian, 2007, http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/15027570701539693?journalCode=smil20

Más CO2 a la atmósfera que nunca

Sin energía nuclear después del desastre de Fukushima, las emisiones de CO2 de Japón han alcanzado sus niveles más elevados. Al mismo tiempo, en Alemania donde un 17 por ciento de la energía es de origen nuclear y con 23.000 turbinas eólicas en su país, no puede cumplir su objetivo de reducir las emisiones de CO2 un 40 por ciento para 2020, como le exige el Protocolo de Kyoto.

El vicecanciller alemán Sigmar Gabriel ha dicho que el país va a abandonar su programa de reducción de emisiones de CO2. Para ello ha tenido que batallar contra su ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks, según el semanario Der Spiegel (1). Es un asunto que Gabriel conoce bien porque anteriormente el ministro de Medio Ambiente era él. Ahora es un conocido partidario de volver a generar energía a partir del carbón porque su país no puede eliminar a la vez con las centrales nucleares y las carboníferas.

Hace tiempo que en Alemania se sabía que el objetivo de Kyoto era de imposible cumplimiento. Para lograrlo Alemania tendría que reducir las emisiones entre 62 y 100 millones de toneladas de CO2 por año en los próximos 16 años. Cerrar completamente las plantas eléctricas de carbón sólo las reduciría en 40 millones de toneladas.

En Japón, según el Wall Street Journal (2), las emisiones de CO2 son más elevadas que nunca coo consecuencia del cierre de las 48 centrales nucleares y la vuelta a las plantas de gas y carbón. En el año que terminó en marzo, Japón ha emitido 1.224 millones de toneladas de CO2, un 1,4 por ciento más en comparación con el año anterior y un 16 por ciento más que en 1990, que es el año de referencia de las emisiones de CO2 en virtud del Protocolo de Kyoto.

A pesar del incremento de las emisiones de CO2, Japón no tiene previsto reabrir las centrales nucleares. Los sondeos muestran que un 60 por ciento de la población se opone a ello. En el futuro Japón deberá, pues, recurrir a centrales convencionales de gas y carbón, lo que incrementará las emisiones de CO2 a la atmósfera.

El esfuerzo internacional por reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, plasmada en el Protocolo de Kyoto, se basa en la errónea concepción termodinámica del “efecto invernadero” según la cual una mayor densidad de dicho gas en la atmósfera incrementa las temperaturas, lo que sería la causa del calentamiento del planeta.

No obstante, esta concepción es errónea. A pesar del incremento de las emisiones de CO2, la temperatura no ha aumentado en los últimos años. Las oscilaciones en la temperatura del planeta no dependen de la concentración atmosférica de CO2 sino de los ciclos de radiaciones solares.

(1) Gabriel verkündet Abkehr von Klimaschutzzielen, 16 de noviembre, http://www.spiegel.de/politik/deutschland/gabriel-beim-klimaschutz-ist-das-ziel-nicht-zu-halten-a-1003183.html
(2) Japan CO2 Emissions Worst on Record, 17 de noviembre, http://blogs.wsj.com/japanrealtime/2014/11/17/japan-co2-emissions-worst-on-record/

Desarticulada una red de sacerdotes pedófilos en Granada

Diez religiosos y dos seglares de la diócesis de Granada han sido apartados de sus funciones tras una denuncia de pederastia que investiga el Juzgado de Instrucción 4 de Granada bajo secreto de sumario.
El caso se ha abierto después de una denuncia de la víctima ante el fiscal superior de Andalucía.

La red, que actuó impunemente durante varios años, la componían 12 personas, 3 sacerdotes sobre los que pesa una acusación de abuso sexual a menores, 7 religiosos y 2 seglares que están acusados de encubrir el delito. Los abusos se llevaron a cabo en distintas residencias católicas de la provincia de Granada.

El subdelegado del Gobierno en la provincial andaluza, Santiago Pérez, no descarta detenciones, aunque ha dicho que no cree que haya una red de pederastia en la Iglesía Católica.

El denunciante es un profesor que actualmente ejerce en una universidad del norte, al parecer Pamplona. Actualmente cuenta con 24 años y pudo sufrir abusos desde los 12 hasta la mayoría de edad.

Además de esa denuncia se esperan otras procedentes de otras cuatro víctimas más de abusos sexuales a niños y menores de edad. Una de ellas podría ser una mujer.

Se trata, hasta el momento, de la mayor red de abusos sexuales del clero descubierta en España. El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, intentó ocultar lo ocurrido y se esperaba que el lunes hubiera dado explicaciones ante el Plenario de la Conferencia Episcopal, pero no acudió al acto.

Martínez está ligado a los movimientos más fascistas de la Iglesia Católica, en concreto Comunión y Liberación, y no mantiene una buena relación con algunos sectores católicos de Granada. El propio comunicado emitido el lunes concluye con un cierto tono exculpatorio hacia los religiosos acusados.

Aunque le obligaron a suspender a los tres religiosos acusados, Martínez no tomó ninguna medida contra los encubridores. Además, las tres plazas vacantes fueron otorgadas a otros tres sacerdotes que también están siendo investigados.

La otra mecha para prenderle fuego a China

En China el imperialismo ha dispuesto tres mechas para prenderle fuego al país de abajo hacia arriba: Hong Kong, Tibet y Xinjiang. Esta última es la menos conocida, por lo que es más fácil que al lector le cuelen cualquier paquete, como le ha ocurrido a “Jeune Afrique”.

Ya sorprende que un medio africano introduzca un artículo sobre Asia, pero hasta que no ha salido del continente negro no ha exhibido sus peores atributos, hablando de “enfrentamiento” y “guerra” entre uigures y chinos en Xinjiang. ¿Por qué no habla de terroristas en lugar de “grupos islamistas radicales”?

El título del artículo dice que los uigures son “una minoría musulmana extranjera” en su propio país, lo que es la declaración de principios por antonomasia del reportero, que no lleva el asunto al terreno de lo nacional sino de lo religioso, como cuando nos dicen que la lucha en Irlanda enfrenta a católicos y protestantes y en Afganistán a los talibanes creyentes con los soviéticos ateos.

Si el asunto es religioso y si los uigures son un minoría “en su país” es porque ese país es confesional y quiere cambiar de confesionalidad, pasar de la actual (que no sabemos cuál es) a la islámica, o sea, crear un Estado islámico, no sabemos si dentro de China o, seguramente, al borde mismo de China, es decir, crear otro polvorín, otro califato.

No podía faltar la muletilla de todo periodista mediocre: en Xinjiang el Partido Comunista controla la lengua, la cultura y las tradiciones. Como comprenderá el lector, se trata de otras tantas tareas de imposible cumplimiento. ¿Cómo controla el Partido Comunista las tradiciones de un país?

Sería interesante que el periodista nos hubiera concretado un poco más lo que entiende por control. No obstante, nos dice que China trata de “disuadir” a las mujeres musulmanas de que lleven velo, algo que parece mucho mejor que lo que ha hecho Francia: prohibirlo.

Dice que Xinjiang es la provincia más vigilada de China, pero tampoco dice los motivos. Para averiguarlos le hubiera bastado saber que Xinjiang es una vasta región que tiene fronteras con 8 Estados (Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán y Afganistán), además de Tibet, o sea, que está en medio del rompecabezas geoestratégico de Asia central. ¿No es como para echarle un vistazo de vez en cuando?

El periodista también podía haber dicho cosas como ésta: al otro lado de la frontera, en Afganistán, la CIA ha entrenado a más de 500 terroristas uigures pertenecientes Al-Qaeda.

O como esta otra: de los presos capturados por la CIA en Afganistán y Pakistán y recluidos en Guantánamo, más de 20 eran uigures.

Incluso podía haber retorcido el tornillo un poco más para decir: el gobierno de Pekín tiene una parte -al menos- de lo que se merece porque fue quien estimuló el desplazamiento de los uigures a Afganistán a fin de que lucharan contra el “socialimperialismo soviético”, al que entonces consideraban como el peor enemigo del mundo, haciendo que los otros imperialistas se frotaran las manos. Miren lo que escribió la revista Jane’s Security News, vinculada al espionaje británico: “La estrategia china en ese frente [Afganistán] produjo retornos negativos para Pekín porque los yihadistas uigures que volvieron de Afganistán atizaron la insurrección en marcha por un Turkestán oriental musulmán independiente en Xinjiang”.

Pues -sin que sirva de precedente- hay que reconocer que es cierto lo que dice el imperialismo: de aquellos polvos estos lodos.

El reportaje también podía haber añadido que al otro lado de la frontera, el valle de Ferganá (entre Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán) es como la cueva de los ladrones, el refugio donde se esconden los takfiristas de Al-Qaeda, del Movimiento Islámico de Uzbekistán y del Hizb ut-Tahrir (Partido de Liberación Islámica), incluido en el listado de organizaciones terroristas, prohibido en los países musulmanes y en casi todo el mundo… menos en Gran Bretaña.

El periodista podía haber explicado que tras la Revolución china de 1949 el imperialismo agrupó en la región de Kumul un ejécito contrarrevolucionario que arrasó la zona durante dos años.

Que con 2.000 mercenarios el imperialismo formó la milicia Kalibek que tras la Revolución cometió toda clase de salvajadas en las montañas próximas a Urumqui, la capital de Xinjiang.

Si, podía haber hecho un poco de historia para recordar que algunas de esas bandas eran los restos de los ejércitos blancos que habían luchado contra el Ejército Rojo durante la guerra civil soviética. Por ejemplo, la del caudillo kazajo Osman Batur, que dirigió una fuerza de 20.000 hombres que combatió a la Revolución, hasta que en 1952 fue capturado y ejecutado.

Si en Europa no tuviéramos la mira perdida nos daríamos cuenta de que en Asia central la revolución china fue una continuación de la Revolución de Octubre de 1917. Por eso en Xinjiang el Ejército Rojo de Mao no tuvo que librar ninguna guerra; se lo sirvió la URSS en bandeja.

Para saber si en Xinjiang hay que estar vigilantes o no, el artículo de “Jeune Afrique” podía haber llevado a cabo un recuento de los asesinatos cometidos por esos “islamistas radicales” que volvieron de Afganistán para hacer lo que la CIA les había enseñado: matar.

Podía haber dicho que entre las víctimas había imanes, como Jorun Joja, de la mezquita de Kashgar, presidente de la asociación islámica de Xinjiang, a quien trataron de asesinar en 1996. ¿Por motivos religiosos? Yo creo más bien que se debe a que es un islamista que defiende a China de los ataques terroristas…

Podía haber dicho lo que dijo la ONU en 2002: el Movimiento Islámico de Liberación del Turkestán Oriental es una organización terrorista relacionada con Al-Qaeda, a lo cual yo añado que desde que la incluyeron en el listado se camufla con el nombre de Partido Islámico de Turkestán.

Son los que ponen las bombas. En julio de este año un atentado ha costado la vida de casi 100 personas, con eso que el periodista califica frívolamente de “armamento rudimentario”.

¿No es como para estar un poco atento a lo que pasa en Xinjiang?, ¿no es como para vigilar?

Como todo reportaje mediocre, también aporta datos a tomar en consideración, como éste: “Los uigures que quieren incorporarse a la yihad, reciben una suma equivalente a 2.000 euros al mes, pagados directamente en yuanes chinos por reclutadores llegados de Pakistán o Afganistán. En Siria han detenido recientemente a varios chinos y otros luchan al lado de los talibanes, en Afganistán, o en la Jemaah Islamiyah, en Indonesia”.

Podía haber empezado por ahí, porque eso es lo que aclara el problema: si alguien cobra la friolera de 2.000 euros al mes por pegar tiros, un sueldo muy elevado, sobre todo en China, no deberíamos hablar de nigún problema religioso, ni étnico sino de algo diferente, mucho más sencillo. De mercenarios.

Luego podía haber continuado de esta otra manera: en Xinjiang en 1949 la esperanza de vida era de menos de 30 años, mientras que en 2000 se ha disparado a los 67 años (más del doble). Sin duda esas -y otras parecidas- son las consecuencias que trae aparejadas la “opresión” de China.

Resulta que el reportaje también reconoce que China “discrimina positivamente” a los uigures, es decir, que tienen más y mejores derechos que los demás, como el acceso a la educación. No entiendo nada: ¿los oprimidos son unos privilegiados?, ¿los privilegiados están oprimidos?

‘Garrison State’

«En los últimos años los servicios estadounidenses de información han aumentado drásticamente la escala de sus operaciones encubiertas», publicaba ayer el New York Times.

Los funcionarios de, al menos, 40 organismos gobernamentales que se ocupan de la investigación de diversas infracciones no se presentan a sí mismos tal y como son sino como empresarios, beneficiarios de prestaciones sociales, manifestantes, traficantes de drogas e incluso médicos o sacerdotes.

Hace tiempo que el Estado burgués se esconde, pasa a la clandestinidad, rodeándose de misterio. Estados Unidos está sometido a lo que allá llaman «Garrison State», algo así como un «Estado asediado», una denominación acuñada por Harold Lasswell en 1941 (1) que describe a un Estado burgués que sólo se preocupa por su propia seguridad interna y externa. El recurso a la fuerza y a las acciones cladestinas pasa a ocupar un lugar preponderante. La legalidad, el Estado de Derecho, los derechos humanos… de toda esa parafernalia ya nadie se acuerda. ¿Para qué?

La política se ha hecho invisible. Nada es lo que parece. Antes cuando alguien pensaba en conquistar el poder político, lo asociaba al gobierno, o al ejército, o al parlamento, o a los bancos, o a los monopolistas, o a algo o alguien. Ahora ya no es posible concretarlo en nada. Sabemos que existe algo así pero ni sabemos dónde está, ni quién forma parte de él. Los que quieran «tomar el poder», ¿a dónde tienen que ir?, ¿contra quién tienen que ir?

Un informe realizado en 1954 por la Comisión Doolittle respaldó la necesidad de las operaciones encubiertas con la excusa de la lucha contra los comunistas: «Nos enfrentamos a un enemigo implacable cuyo objetivo confesado es la dominación del mundo por cualquier medio y a cualquier coste. No hay normas que rijan ese juego, ni se aplican reglas aceptables de conducta». En defensa de las acciones encubiertas el Informe añadía: «Debemos aprender a subvertir, sabotear y destruir a nuestros enemigos, utilizando para ello medios más contundentes, imaginativos y eficaces que los que se vienen empleando contra nosotros».

Hasta finales de los años sesenta, la CIA había llevado a cabo cientos de operaciones encubiertas por todo el mundo, gastando en ellas la mitad de su presupuesto anual. Si, como dice el New York Times, ese porcentaje ha subido últimamente, ya de la vieja política burguesa queda muy poco. Nadie sabe de dónde viene ni a dónde va. ¿Qué es, pues, lo que controlan los políticos? Respuesta: nada.

En los ochenta, con Reagan las operaciones encubiertas pasaron a llamarse «actividades especiales». Ya no eran sólo acciones en el exterior sino que en el interior también se incrementaron notablemente. ¿Qué es lo que hoy está en claro en la política burguesa?

Ahora a las viejas formas de acción encubierta Estados Unidos ha añadido las nuevas, procedentes de internet, poniendo en ellas sus esperanzas para crear las condiciones que permitan intervenir e imponer un cambio político y social en el mundo entero. Los espías se infiltran en los foros en línea participando en «operaciones de bandera falsa» para desacreditar a determinadas víctimas propiciatorias.

Un informe de 2011 presentado al Comité de Relaciones Internacionales del Senado llama a reforzar la presencia del imperialismo en las redes sociales porque es donde se comunican las actuales y futuras generaciones. De ahí la estrategia de Estados Unidos de protagonismo creciente en internet para poder influir en el pensamiento y las acciones de la juventud.

Aquel mismo año la página web antiwar.com advirtió que los sitios de los gobiernos de Nicaragua y Venezuela iban a ser objeto de ataques informáticos por parte de la CIA. En el caso de Nicaragua, el motivo fue la solidaridad expresada por Daniel Ortega hacia el dirigente libio Gadafi.

En Venezuela el canal TeleSur también fue el blanco de ataques informáticos, a pesar de que no tomara partido a favor de Gadafi. Tanto Nicaragua como Venezuela fueron atacados y tuvieron que cerrar por un período de tiempo.

La información de antiwar.com apuntaba a Anonymous como responsable de la piratería de la CIA, no siendo la única ocasión en la que Anonymous actúa en sintonía con el imperialismo. En plena Primavera Árabe Anonymous envió mensajes «al pueblo de Libia» contra Gadafi y varias cuentas de Twitter asociadas a los piratas expresaron su indignación por las declaraciones de Daniel Ortega favorables a Gadafi.

El 19 de febrero de aquel año 2011 Anonymous atacó la web del gobierno venezolano para que los usuarios de internet no pudieran acceder a ella. Otro medio venezolano objeto de los ataques de Anonymous ha sido la web de los movimientos sociales aporrea.org, que replicó difundiendo sus sospechas sobre las oscuras conexiones de Anonymous con USAID y el imperialismo (2).

Pero el espionaje consiste rizar el rizo: alguno dirá que hace unos años Anonymous también logró bloquear el servidor de la CIA… ¿Será que la CIA se bloquea a sí misma?

¿Qué es verdad y qué es mentira en la política burguesa actual?

(1) The Garrison State, American Journal of Sociology, vol. 46, núm. 4, enero de 1941, pgs. 455 a 468.

(2) ¿Quién es Anonymous, realmente? (http://www.aporrea.org/medios/a136484.html), AnonymOus, ¿Una red confundida, manipulada o instrumento camuflado del imperio?, (http://www.aporrea.org/medios/n174782.html), Anonymous ataca al gobierno venezolano, (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=120834)

Para impedir nuevos levantamientos Misuri está bajo el estado de emergencia

El lunes el gobernador del Estado de Misuri, Jay Nixon, impuso el estado de emergencia durante treinta días. En un comunicado Nixon explica la medida basándose en la inminencia de que el Gran Jurado haga públicas sus conclusiones respecto a la muerte del joven Michael Brown, abatido por disparos del agente de la policía Darren Wilson en Ferguson el pasado 9 de agosto. «Inmediatamente después de su muerte las protestas pacíficas fueron boicoteadas por escenas de violencia y destrucción. Esa violencia no representa a Misuri, y no puede repetirse», dijo Nixon.
El gobernador ha solicitado la presencia de la Guardia Nacional, el alcalde de Ferguson, Francis S. Glay, ha señalado que «en ningún caso los soldados serán situados en primera línea, frente a los manifestantes».
Con la presencia de cuerpos militares Nixon pretende enfriar cualquier conato de violencia antes de que esta pudiera iniciarse. En la memoria de los estadounidenses todavía arden las imágenes de unas protestas de furia inusitada, los peores disturbios raciales que ha conocido Estados Unidos en los últimos veinte años. Fue tal el grado de indignación que la policía local fue relevada de custodiar las manifestaciones, mientras que, por orden de la Casa Blanca, la Fiscalía General iniciaba una investigación paralela dirigida por el FBI.
Más de tres meses después de los sucesos sigue sin saberse cuáles fueron las circunstancias reales de la muerte de Brown. El policía que disparó siempre ha sostenido que fue agredido por el joven y que temió por su vida. La familia de Brown y varios testigos lo niegan, y no faltan quienes hablan de una ejecución a sangre fría. Tampoco ayudó a la concordia la labor policial durante las semanas siguientes, con la presencia en las calles de unidades antidisturbios fuertemente militarizadas, mientras los mandos se negaban a hacer pública la identidad del oficial que apretó el gatillo y la espiral de indignación amenaza con desbordarse en las calles, transformadas cada atardecer en el escenario de una batalla campal.
Está previsto que el Gran Jurado decida en breve si hay que procesar a Wilson. Sus integrantes han pasado las últimas semanas revisando las pruebas e informes periciales y repasando testimonios de numerosos expertos y testigos. Muchos analistas, como Katharine Q. Seelye, del New York Times, opinan que el estado de emergencia y la presencia de la Guardia Nacional pueden considerarse como indicios de que el Gran Jurado exonerará al agente.
Fuente: Ria Novosti, http://sp.ria.ru/international/20141118/163124202.html

Talidomida: un veneno que empezó en los campos de concentración y acabó en la farmacia de la esquina

El mes pasado un tribunal de Madrid anuló la condena al laboratorio alemán Grünenthal por las malformaciones causadas por la ingesta de talidomida, un medicamento que causó graves secuelas en los fetos de las mujeres embarazadas que lo tomaron. La cifra de víctimas puede alcanzar a las 3.000 personas nacidas en torno a 1960. En todo el mundo el número sube hasta unos 12.000 perjudicados.

La talidomida es un fármaco que fue comercializado en 50 países del mundo bajo 80 etiquetas distintas entre los años 1958 y 1963. Los médidos lo prescribían como sedante y calmante para tratar la ansiedad y el insomnio. En aquella época los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales. La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de inmediato.

Con una composición química parecida a la de los barbitúricos, la talidomida se promocionó por la supuesta ausencia de efectos secundarios. En una sociedad narcotizada, la talidomida era el narcótico perfecto; se la calificó como “la píldora durmiente del siglo”. A mediados del pasado siglo era la tercera droga más vendida y los alemanes consumían un promedio de 15 millones de píldoras al año.

También empezaron a recetar talidomida para las mujeres embarazadas, según decían los médicos, para prevenir las náuseas. Pero era un poderoso abortivo: cerca del 40 por ciento de los embriones expuestos al medicamento moría antes o poco tiempo después del parto. Además provocaba malformaciones congénitas en el feto, denominadas focomelias, es decir, recién nacidos con las extremidades (brazos y piernas) como las focas. La droga afectaba también a la concepción si lo tomaba el padre, ya que incidía sobre el esperma.

El último crimen de guerra de los nazis

Las Facultades de Medicina siguen afirmando que la talidomida la fabricó la farmacéutica alemana “Chemie Grünenthal” a mediados de la década de los cincuenta, pero es falso. En febrero de 2009 aparecieron los primeros indicios de que el medicamento fue una droga creada por los nazis y probada con los presos recluidos en los campos de concentración del III Reich durante la II Guerra Mundial. Trabajando por separado, dos investigadores encontraron una serie de documentos que muestran que no fue Grünenthal quien descubrió el fármaco.

La empresa alemana siempre sostuvo que la talidomida había sido descubierta por casualidad en 1953 por científicos que habían tratado de producir un antialérgeno pero, según informó “The Sunday Times” el 8 de febrero de 2009 el Dr. Martin Johnson, director de una asociación de ayuda a las víctimas de la talidomida en el Reino Unido, encontró documentos que sugieren que la droga fue descubierta antes de que Grünenthal la patentara en 1954.

Johnson afirmó que ya se había experimentado previamente sobre seres humanos, que probablemente la talidomida fue uno de un número indeterminado de productos químcos desarrollados en Dyhernfurth (un laboratorio químico) o Auschwitz-Monowitz bajo la dirección de Otto Ambros (1901-1990), el máximo experto nazi en guerra química, que trabajaba al servicio de la multinacional francesa Rhône-Poulenc, que estuvo bajo control nazi durante los años de la II Guerra Mundial. Por encargo de Rhône-Poulenc, Ambros buscaba un antídoto contra el gas sarín y tras la guerra se incorporó al laboratorio de Grünenthal.

En la posguerra esta empresa se limitó a registrar en la oficina de patentes los ensayos que se habían llevado a cabo en los campos de concentración, poniendo a la droga el rótulo de Contergan, nombre comercial de la talidomida en Alemania. Johnson califica a esta droga como el último crimen de guerra de los nazis.

Por su parte, el argentino Carlos De Napoli, que ha investigado a los nazis que huyeron a Sudamérica, también sostiene en su libro “Los laboratorios de Hitler” idéntica conclusión: que la talidomida tiene su orígen en los campos de concentración nazis y en la experimentación allá con seres humanos.

De Napoli ha descubierto un informe enviado el 13 de noviembre de 1944 por Fritz Meer, un ejecutivo de IG Farben, a Karl Brandt, un general de las SS que fue médico personal de Hitler y jefe de su programa eugenésico. El informe establece que la droga fue sometida a pruebas y que estaba lista para su uso. Meer era el superior jerárquico del Dr.Mengele en el escalafón jerárquico del partido nazi.

IG Farben fue el monopolio alemán que fabricó el gas Zyklon B, utilizado para el exterminio de los presos en los campos de concentración nazis. Se trataba de una poderosa empresa química de procesamiento de petróleo y caucho que utilizaba mano de obra proveniente de los campos de exterminio. En Nuremberg fueron condenados 24 directivos de I.G. Farben por cometer crímenes contra la humanidad, entre ellos Otto Ambros y Fritz Meer. Pero después de ser condenado, Meer fue liberado en 1952 y cuatro años después le nombraron director de la Bayer, una de las multinacionales herederas de IG Farben.

Cuando la prensa británica destapó el origen histórico del fármaco, Grünenthal rechazó cualquier relación con los nazis o con Rhône-Poulenc para el desarrollo de la talidomida. Insistió en que fueron tres de sus empleados los que descubrieron la droga. Posteriormente el laboratorio informó de que había perdido gran parte de los archivos con las pruebas. Por su parte, Sanofi-Aventis, que adquirió Rhône-Poulenc, precisó que también iba a “revisar sus archivos».

Se buscan enfermos para un nuevo fármaco

Es mentira. En 1954 el jefe del laboratorio de investigación de Grünenthal no era otro que Heinrich Mückter, antiguo médico del ejército alemán durante el III Reich. Mückter hizo lo que había aprendido con Hitler: decidió probar la talidomida en seres humanos. No lo hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes. ¿Por qué?

Porque inicialmente la talidomida se comercializó como un tratamiento para las convulsiones epilépticas. Más tarde se demostró que no era efectivo. Después se utilizó en unos ensayos clínicos como un nuevo antihistamínico como tratamiento de la alergia. Tras un tiempo, comprobaron que tampoco tenía efecto alguno. Tenían una medicina y necesitaban buscar una enfermedad para rentabilizar la inversión.

La explicación es, pues, la cuadratura del círculo en materia de salud, la medicina inversa: primero inventamos el fármaco y luego inventamos al enfermo que necesita comprarlo para curarse. De lo contrario, el dinero gastado se perdería.

Después de recomendar el fármaco a los médicos, Mückter recibió las respuestas que tanto esperaba. Los informes médicos describían a la talidomida como un poderoso sedante. Habían encontrado un remedio para el insomnio. Mückter falseó las pruebas y Alemania aprobó la talidomida para su administración a seres humanos. Unos meses más tarde, una gran campaña publicitaria anunciaba la aparición de una píldora totalmente inofensiva para dormir plácidamente.

En agosto de 1958 la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una carta en la que recomendaba el Contergan para combatir las náuseas que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses del embarazo: “No daña a la madre ni al hijo”, proclamaba la carta.

La campaña publicitaria giraba alrededor de su bajísima toxicidad y en algunos países el consumo masivo se vio favorecido al declarar libre su venta. Rápidamente los médicos de todo el mundo empezaron a intoxicar a sus pacientes. Recomendaban la talildomida para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y el insomnio. Incluso la promocionaban para tranquilizar a los niños en los propios consultorios médicos. En 1957 se convirtió en un medicamento para ayudar a las mujeres embarazadas.

Los primeros avisos

Un año después de comercializar su droga, Grünenthal recibió informes inquietantes: en 1956 nació el primer niño con las consecuencias de la talidomida. Un obstetra australiano, William McBride, se dio cuenta de que algo iba mal. Envió sus observaciones a la revista de medicina Lancet, pero su publicación se retrasó unos meses “por falta de espacio”.

Algunos de los pacientes que consumían la talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los píes, los tobillos, las pantorrillas y las manos. Pero los capitalistas de Grünenthal descalificaron estas advertencias. Cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas sobre efectos secundarios, le mentían.

En febrero de 1961 la columna de cartas a la redacción del “British Medical Journal” publicaba una nota en la que un lector advertía que estaban llegando informes sobre “el posible peligro tóxico de esa droga sedante” y que había “síntomas negativos de neuritis periférica en pacientes tratados con talidomida por períodos de seis meses o más”.

Sin embargo, en octubre de aquel año, después de experimentar con animales, la empresa británica Distillers Co., puso a la venta otra variante de la talidomida bajo el nombre de Distaval, con la siguiente etiqueta de presentación: “Distaval se puede dar con completa seguridad a las mujeres y a las madres embarazadas, sin efecto nocivo alguno sobre el feto”.

En diciembre, los derechos para la comercialización de la droga fueron vendidos a la empresa sueca Astra para comercializarla en aquel país bajo el nombre de Neurosedyn y, muy poco después, la misma empresa advertía que el nuevo fármaco “podía ser peligroso para el feto”, pues ya se sospechaba de su relación con el nacimiento de 90 niños con malformaciones congénitas en Suecia.

Antes de que se hicieran públicos los terribles efectos de la talidomida y sin autorización de la FDA, en Estados Unidos la empresa Richardson-Merrill repartió dos millones y medio de tabletas entre 1.000 médicos estadounidenses. De esa manera, la droga llegó hasta unas 20.000 personas, incluidas cientos de mujeres embarazadas que dieron a luz hijos deformes.

Todo se encubre con dinero

En Alemania el juicio contra Grünenthal se prolongó durante más de tres años en los que la empresa farmacéutica expuso argumentos insostenibles: que las malformaciones se debían al efecto de aditivos alimentarios, detergentes o a los rayos emitidos por las pantallas de los televisores; que los fetos no tenían derechos legales; que las malformaciones eran la consecuencia de intentos de aborto entonces la responsabilidad, por lo tanto, era de las madres.

Finalmente todo se tapó con dinero. Nadie fue declarado culpable. Grünenthal ofreció 31 millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en Alemania y declaró que si el juicio continuaba, no podría cubrir los gastos y se tendría que declarar en quiebra porque le resultaba imposible pagar las indemnizaciones a los afectados. La asociación que agrupaba a las familias afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó.

Hasta la fecha Alemania sólo ha indemnizado a las víctimas en el interior del país, aunque la droga se distribuyó en 46 países repartidos por todo el mundo. Hay otros países en los que los estragos de la talidomida siguen ocultos. Los médicos y las famarcéuticas son sagrados, los hechiceros modernos que deciden impunemente sobre la vida y la muerte de sus semejantes.

Cambalache

Nicolás Bianchi

Cuando sólo se tiene la fuerza pero no la razón y los partidos políticos burgueses pertenecen a la misma clase dominante o, como diría Gramsci, bloque hegemónico, eso que llaman «hacer política» es mero cambalache.

En el modo de corrupción, perdón, producción capitalista, en su fase imperialista y última, sólo se permite la libertad de robar, esquilmar y mentir amén de turnarse en el poder las distintas fracciones de una misma burguesía para mejor repartirse la tarta, lo mismo se llamen PP, PSOE, PNV, CiU o IU. ¿Y «Podemos» del que se dice que ha roto el llamado «bipartidismo»? Parvenus rastacueros recién llegados -e invitados- al festín del rico Epulón. ¿Deseo que pase esto? No, no lo deseo. Son buenos chicos y una sola palabra suya bastará para sanarme de mi puta manía de creerme en posesión de la verdad absoluta porque, es sabido, la verdad es relativa y se reparte en potitos bledine y en cachos y porciones, como los quesitos «El Caserío», que se conjugan verbalmente: yo tengo mi verdad, tú la tuya, aquél la suya, hasta los fascistas están convencidos «de su verdad». Realmente espléndido, divertido y hasta deportivo, que diría Ortega y Gasset, ese gentleman.

Partidos polícos –partitocracia le dicen algunos desde posiciones filofalangistas aunque se reclamen republicanos de alguna Republiqueta- que, al igual que los sindicatos «mayoritarios», son puros aparatos del Estado (fascista) que viven y se amamantan de él. No hacen «política» y, por lo tanto, no existe eso que le llaman «clase política». Los «políticos» no son una clase social. Son «cuentistas» que viven del «cuento», que decían nuestros padres y abuelos. Ayer fascistas y hoy «demócratas». Son parásitos que se nutren de la no solución de los problemas; por el contrario, los crean para mejor vivir de ellos como inquilino en una caracola. Es mejor impedir la palabra al pueblo catalán que dársela, mejor el problema que su solución. Y conste que soy de los que sostienen la patafísico-paranoica daliniana (de Dalí) teoría de que si este Gobierno hubiese tomado la iniciativa de dar la palabra al pueblo catalán hubiera ganado el sí al Estado español.

Encima, garrulos.

El vocablo «cambalache» (cambalacho en portugués) está compuesto por «cambio» y el sufijo «ache», de origen mozárabe (suena a «bacile», pero es así). Tanto en el Estado español como en la Argentina significa trueque de baratijas o abalorios de escaso valor. La palabra esconde un juicio pesimista: todo es igual, nada merece la pena. En el precioso tango «Que Vachaché» (1926), ya ha llovido, Santos Discépolo termina así: «¡Que vachaché, si hoy ya murió el criterio/vale Jesús lo mismo que el ladrón!» Más conocido es el comienzo desesperanzado salvo en un dios demiúrgico pero difuso del tango «Cambalache» (1935), también llovió: «Que el mundo fue y será/ una porquería, ya lo sé. / En el quinientos seis/ y en el dos mil también. Siempre han existido chorros (ladrones, NB), maquiavelos, estafaos… Pero ahora vivimos revolcaos en un merengue/ y en el mismo lado/ todos manoseaos». Y sigue el filósofo del tango, Discépolo, que ni es Schopenhauer ni dice qué es el hombre sino cómo es: «Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro/ generoso o estafador… ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un profesor». No, estas letras no son de Víctor Manuel, precisamente.

Estos temas lunfardos hablan de la condición humana, de la confusión de valores y la desaparición de la escala axiológica. No se ponen ontológicos, sino abismales y abisales, Ni siquiera fáusticos y menos aún hamletianos, y es que la amoral burguesía de hogaño no tiene dudas porque a ella nunca le pasa nada. El problema son los otros que se resisten, que no entienden, que si les pasa lo que les pasa es porque se lo han buscado, como dicen los calvinistas, que hay una cosa que se llama statu quo.

Dedíquense al tango o a la poesía y dejen de joder, desnutridos, descamisados, etc.

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