En Bruselas van de una chapuza a otra y las sucesivas crisis energéticas obligan a despertar de una política económica aberrante, que en algún momento se focalizó en la Agenda 2030. Ahora la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirma que paralizar el desarrollo de la energía nuclear en Europa fue un “error estratégico”.
Europa produjo alrededor de un tercio de la electricidad a partir de energía nuclear en 1990, pero esa cifra cayó al 15 por cien. “La reducción de la proporción de energía nuclear fue una elección. Creo que fue un error estratégico para Europa darle la espalda a una fuente fiable y asequible de energía baja en emisiones”.
Europa es dependiente de las importaciones de petróleo y gas, cuyos precios se han disparado en los últimos días. La dependencia de “importaciones costosas y volátiles” de combustibles pone a Europa “en desventaja frente a otras regiones”, añadió Von der Leyen.
La fuerte dependencia del petróleo y el gas importados expuso a los países europeos al aumento vertiginoso de los precios de la energía en 2022, cuando la Unión Europea impuso sanciones a Rusia y se felicitó por la destrucción del gasoducto NordStream.
En tiempos de la canciller Angela Merkel, Alemania tomó la decisión de eliminar gradualmente las centrales nucleares debido a la oposición pública y las preocupaciones de seguridad después del desastre de Fukushima de 2011. Von der Leyen era ministra del gobierno de Merkel cuando se tomó aquella decisión.
Al ministro alemán de Medio Ambiente, Carsten Schneider, no le han gustado las declaraciones de Von der Leyen sobre la energía nuclear. Dice que son una “estrategia retrospectiva” y que hay que seguir como hasta ahora, dando prioridad a la electricidad “más limpia y segura procedente del viento y el sol”.
El renacimiento de la energía nuclear
El presupuesto de la Unión Europea no financia directamente proyectos de energía nuclear porque no cuentan con el apoyo unánime de sus 27 miembros. Algunos países, como Austria y Luxemburgo, se mantienen en sus trece, pero otros, que antes se oponían a la energía nuclear, como Dinamarca y Países Bajos, han suavizado recientemente su postura.
Las políticas antinucleares empiezan a cambiar porque necesitan asegurar grandes cantidades de electricidad estable y barata, sobre todo para la industria pesada.
En una señal de la creciente aceptación, Von der Leyen dijo que la Comisión ejecutiva ofrecería una garantía de 200 millones de euros para inversiones privadas en tecnologías nucleares innovadoras.
Dijo que el dinero provendría del mercado de carbono de la Unión Europea.
El país que más energía nuclear produce en Europa, Francia, mantiene su postura tradicional: la energía procedente de las centrales nucleares es clave para la competitividad industrial.
Macron ha dicho que la Unión Europea -donde los productores de energía nuclear todavía importaron el 15 por cien de su uranio de Rusia en 2024- necesita avanzar hacia otros proveedores.
“Necesitamos cooperar internacionalmente para avanzar en esta cuestión y diversificar nuestras fuentes de suministro”, dijo, añadiendo que Francia planeaba aumentar su propia capacidad de enriquecimiento de uranio, al tiempo que quiere impedir que Irán haga lo mismo.
El “doble uso” de la energía nuclear es otro factor adicional para cambiar la política energética y volver a los reactores: esta energía facilita la fabricación de bombas nucleares, como Macron ha admitido públicamente. El cambio de postura va ligado al rearme europeo.
Francia importó el 39 por cien de su uranio enriquecido de Rusia el año pasado, según mostraron datos aduaneros.
Macron también propuso establecer un patrón para los diseños de reactores en Europa. Eso podría beneficiar al monopolio nuclear público francés EDF, que ha luchado por ganar licitaciones recientes para nuevos proyectos.
En 2024 el KHNP de Corea del sur ganó una licitación con un valor mínimo de 18.000 millones de dólares para construir una nueva central nuclear en la República Checa, decisión que perdió a EDF y que ha buscado bloquear en los tribunales.