Las negociaciones de París entre Estados Unidos, Ucrania y la Unión Europea para un acuerdo de paz con Rusia sólo discutieron detalles que Rusia no puede aceptar y, además, omiten aspectos clave que Rusia siempre ha señalado como prioritarios. De esa manera es imposible que las conversaciones conduzcan a la paz, lo cual, dicho sea de paso, es el objetivo previsto: que no haya paz en Ucrania y que el Kremlin aparezca ante los medios como un gobierno que solo busca el enfrentamiento militar.

Lo más torpe del planteamiento europeo es que siempre pone al carro delante del burro. Elucubran sobre la hipótesis de que se va a firmar un acuerdo y que luego Rusia lo va a violar. Entonces hacen falta las famosas garantías de seguridad para Ucrania, de las que tanto hablan los intoxicadores europeos. Pero si Rusia viola el acuerdo, ¿para qué firmar nada?

La violación del acuerdo desencadenaría una respuesta militar coordinada de Europa y Estados Unidos, lo que se puede decir de otra manera, teniendo en cuenta la experiencia de los Acuerdos de Minsk: el pretexto para llevar tropas occidentales a Ucrania y justificar la reanudación de la guerra es la violación del acuerdo de paz por parte de Rusia. No se baraja ninguna otra hipótesis.

La respuesta militar occidental se desencadenaría en un plazo de 24 horas, comenzando con una advertencia diplomática. Si las hostilidades continúan, se lanzaría una segunda fase de intervención con las fuerzas de la llamada “Coalición de Voluntarios”, que incluye a numerosos Estados miembros de la Unión Europea, además de Reino Unido, Noruega, Islandia y Turquía.

Si la violación se intensificara hasta convertirse en un ataque a gran escala, se implementaría una respuesta militar coordinada por una fuerza respaldada por Occidente, con la participación del ejército estadounidense, 72 horas después de la infracción inicial.

A pesar de que la OTAN no aparece para nada en el plan, su secretario general, el inefable Mark Rutte, confirmó el plan en tres fases, plenamente consciente de que es imposible de ejecutar en un frente de 1.400 kilómetros.

Reino Unido y Francia se han comprometido a desplegar tropas y armas en Ucrania como parte de las garantías de seguridad respaldadas por Estados Unidos para defender un acuerdo de paz de 20 puntos.

Una fuerza disuasoria dirigida por Europa proporcionaría “medidas de seguridad aéreas, marítimas y terrestres” tras un alto el fuego, con apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos.

Rusia ha repetido muchas veces que no aceptará ningún alto el fuego hasta que se alcance un acuerdo integral para poner fin a la guerra, ni aceptará ningún despliegue de tropas occidentales en Ucrania.

Un ejemplo de manual: el alto el fuego energético

El reciente alto el fuego energético puede servir de campo de pruebas para saber lo que va a ocurrir si alguna vez se firma un acuerdo de paz con Rusia. La campaña de bulos que nos espera la ha anticipado Politico, que acusa a Rusia de violar el alto el fuego energético negociado con Trump. En efecto, el martes Rusia atacó la red eléctrica ucraniana con más de 450 drones y 70 misiles… per no rompió ninguna tregua.

El último gran ataque ruso contra instalaciones energéticas ucranianas tuvo lugar los días 23 y 24 de enero. Fue también ese día cuando, al mismo tiempo que las negociaciones de Abu Dabi, se llegó al acuerdo de alto el fuego energético. El alto el fuego no fue consecuencia de las negociaciones; ambos se dieron de manera paralela e independiente.

El 29 de enero Trump declaró que había llegado a un aucuerdo con Putin para declarar una tregua energética de una semana, a petición de los ucranianos. El acuerdo se estableció en vísperas de una reunión prevista en Abu Dabi entre negociadores rusos, ucranianos y estadounidenses.

El 30 de enero Rusia anunció públicamente que los ataques se habían suspendido hasta el 1 de febrero, que era también la fecha prevista para la reanudación de las negociaciones entre Rusia y Ucrania en Abu Dabi.

El 31 de enero Ucrania sufrió otro apagón generalizado, pero no se debió a un ataque ruso, sino a la rotura de dos líneas eléctricas principales causada por la helada. El 1 de febrero unilateralmente Zelensky pospuso las siguientes conversaciones en Abu Dabi para el miércoles de esta semana.

Pero por la noche Rusia lanzó otro ataque contra instalaciones energéticas ucranianas utilizando más de 500 drones y misiles. Destruyó una central eléctrica en Kiev, otra en Jarkov y una tercera en Dnipropetrovsk. Varias subestaciones de alta tensión también fueron alcanzadas.

El alto el fuego energético de una semana comenzó tras el último ataque del 23 y 24 de enero y finalizó el 1 de febrero. Rusia se apercibió del truco de Zelensky de vincular el alto el fuego con las conversaciones de Abu Dabi. El aplazamiento unilateral de las reuniones era una estratagema para prolongar el alto el fuego. La jugarreta le salió mal y, como siempre, quien viola los acuerdos son los rusos.

Este tipo de manejos occidentales siembra el escepticismo sobre la posibilidad de llegar a ningún acuerdo con ningún país occidental, que luego no se utilice para decir al día siguiente que ha sido violado por Rusia y que, como siempre, se ven obligados a responder. Especialmente los europeos siempre dicen que no quieren la guerra, pero hacen todo lo posible para eternizarlas y echar la responsabilidad sobre los hombros de terceros.