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¿Es la Unión Europea pacificadora en el sentido de Nobel?

[No estamos de acuerdo en todo lo que dice el artículo]

Horst Meyer

En 2009, muchos se sorprendieron con el otorgamiento
del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama, que fuera de sus consignas «Change»
y «Yes, we can» no había aportado gran cosa en ese campo. Tres años más tarde,
los logros del presidente Obama en materia de paz no sobrepasan las de Bush
padre, Bill Clinton y Bush Jr. El presidente Obama no ha puesto fin a ninguna
de las guerras desatadas por George W, Bush. Por el contrario, tuvimos la
brutal intervención de la OTAN en Libia, sin hablar del campo de prisioneros de
la base naval estadounidense de Guantánamo, que no ha sido cerrado, y de la
ocupación de Afganistán e Irak.

Este año, en momentos en que el Premio Nobel de la Paz
es otorgado a una institución supranacional como la Unión Europea, tenemos que
empezar a interrogarnos seriamente sobre el valor de los criterios que se
aplican para la nominación y el otorgamiento de dicho premio.

El Premio Nobel de la Paz correspondiente a 2012 ha
sido concedido a la Unión Europea por su contribución de 60 años al mantenimiento
de la paz en Europa. La difusión de la noticia causó numerosas muestras de
escepticismo e incluso reacciones airadas.

Es indudable que las dos grandes guerras que devastaron
Europa durante la primera mitad del siglo XX dejaron huellas en las mentes.
También es cierto que Europa no ha conocido desde entonces otros conflictos de
aquella envergadura y que se ha establecido en el continente una especie de
reconciliación entre los Estados. Pero es imposible que el Comité Nobel no sepa
que la base de la paz europea es de arena –basta con recordar el derrumbe del
bloque del Este, que ha sido causa de nuevas guerras en Europa.

La actividad guerrerista en los Balcanes

Hoy se sabe con toda certeza que ciertos países
europeos contribuyeron, en los años 1990, a la destrucción de la República de
Yugoslavia. Dos autores, Mira Beham y Jorg Becker, han analizado, en su obra de
investigación Operación Balkan, la influencia de Occidente en la destrucción de
Yugoslavia, así como la manipulación de los medios de prensa orquestada desde
el extranjero. Está demostrado que Occidente contribuyó a provocar la secesión
de las diferentes repúblicas que formaban parte de Yugoslavia y que esos países
utilizaron las dificultades económicas de las regiones yugoslavas, retirando
créditos y aumentado las tasas de interés, para enemistarlas entre sí. Los
resultados son harto conocidos.

La guerra de agresión contra el resto de Yugoslavia,
dirigida por Estados Unidos y con la activa participación de varios Estados
europeos –como Alemania– constituyó una violación del derecho internacional y
fue por lo tanto ilegal. Fue además una demostración de lo que la Unión Europea
y sus países miembros son nuevamente capaces de hacer, a pesar de su promesa de
no comenzar nunca más una guerra.

El caso austriaco, rechazo de la voluntad democrática

Fue en el año 2000 cuando la Unión Europea mostró su
verdadero rostro. Ante la formación en Austria, como resultado de elecciones
democráticas, de una coalición entre el partido burgués OVP y el FPO de Jorg
Haider con vista a la formación de un gobierno, la Unión Europea impuso
sanciones al país, pisoteando así los derechos democráticos de la población
austriaca. El supuesto «modelo de paz de la UE» no tolera la existencia en un
Estado miembro de la Unión Europea de un gobierno que critique a esa entidad.
Un «Consejo de Sabios» tuvo que decidir entonces si podían mantenerse las
sanciones o si había que levantarlas. Y sólo fueron levantadas después de que
Jorg Haider se vio obligado a dimitir. La Unión Europea rompía así fríamente
con el derecho democrático. Pero eso no es todo.

Guerras de agresión violatorias del derecho
internacional ¿Especialidad de la UE?

Casi todos los países de la Unión Europea están
participando en la guerra de Afganistán, que ha durado ya 11 años. Tienen por
lo tanto una vívida experiencia de lo que es una guerra, particularmente brutal
y violatoria del derecho internacional. Al cabo de 11 años de ocupación por
parte de estadounidenses y europeos, la población afgana está viviendo una
pesadilla. Lo que comenzó con la violación del derecho internacional –con el
pretexto de expulsar a los talibanes– se ha convertido en una guerra contra la
población, guerra cuyo final no se vislumbra.

La agresión perpetrada en 2003 contra Irak, invocando
un pretexto totalmente fabricado y absurdo, violando el derecho internacional y
con la participación de países miembros de la Unión Europea en la «coalición de
voluntarios», esencialmente Inglaterra, Polonia, Italia, España, etc., no ha
terminado aún y sigue causando miles de víctimas inocentes. Mientras tanto,
británicos y estadounidenses se han apoderado de las reservas de petróleo.

En 2011, la guerra contra Libia, desatada con el
pretexto de socorrer a la población, estuvo motivada en realidad por la
voluntad de imponer un cambio de régimen para deshacerse de un dirigente
molesto y de apropiarse de las riquezas naturales del país. A la cabeza de esa
agresión se hallaban, junto a Estados Unidos, varios países de la Unión
Europea, específicamente Francia, Inglaterra e Italia. La mitad de los Estados
europeos miembros de la OTAN, igualmente miembros de la Unión Europea,
participaron en esa agresión disfrazada.

¿Y qué está sucediendo ahora en Siria? Si sólo hubiése
dependido de la Unión Europea, y si China y Rusia no se hubiesen opuesto a
ella, hoy tendríamos allí otra guerra de agresión, también con la participación
de la UE. En el caso sirio, Alemania ha desempeñado un papel poco glorioso,
junto a Francia e Inglaterra.

¿Dónde está entonces el compromiso de la Unión Europa a
favor de la paz que supuestamente justifica que se le otorgue del Premio Nobel
de la Paz? ¿No será que el Comité del Premio Nobel también obedece a las
razones de orden político del poder? Los pueblos de todos los países de la
Unión Europea se oponían a las acciones militares de esos países. Los sondeos
indicaban un índice de oposición que se sitúa entre el 80 y el 90%. Por lo
tanto, si lo que se quiere es fortalecer la paz, son los pueblos quienes tienen
una importancia primordial.

Alemania en un papel dirigente. Pero ¿con qué objetivo?

La publicación estadounidense Foreign Affairs, órgano
del think tank denominado Council on Foreign Relations, altamente valorado en
Estados Unidos, estima que una germanización de Europa permitiría a ese
continente salir de la crisis. Alemania obtendría así en la Unión Europea un
papel dirigente acorde con las ambiciones de Angela Merkel, ávida de poder. La
Alemania que se arroga un papel de dirigente de la Unión Europea es portadora
del proyecto de formación de una Federación Europea y de un fortalecimiento del
centralismo.

Resulta reveladora la siguiente citación: «Si nosotros,
los europeos continentales, queremos alcanzar la unidad y actuar de conjunto, y
de ello depende nuestro futuro, tenemos que responder entonces a dos
necesidades: renunciar a toda voluntad de dominación de un pueblo sobre otro
así como renunciar a toda voluntad de independencia absoluta fuera del orden
europeo. Ser el abanderado, sin querer ser el amo de Europa. Esa debe ser la
voluntad de Alemania. Pero ser el abanderado de una nueva Europa que debe
ocupar su lugar entre las nuevas potencias mundiales y conservar el rango que
merece tanto por su desarrollo histórico como por su poderío cultural y
económico.» Son palabras de Richard Riedl, presidente del consejo de
administración de la compañía Donau Chemie AG, perteneciente al grupo IG
Farben, y datan de 1944.

Resulta cada vez más evidente que Alemania está
asumiendo un lugar predominante en la Unión Europea. Y si Alemania llegara a
convertirse en el abanderado de la UE, eso sería de mal augurio para Suiza, a
la luz de las declaraciones belicistas destinadas a intimidar a este pequeño
pero próspero país.

Suiza, garante de la paz

Si lo que se busca es otorgar el Premio Nobel de la Paz
a un Estado, habría que dárselo a Suiza. ¿Qué otro país puede afirmar que no ha
estado implicado en guerras desde hace más de 150 años? ¿Y haber contribuido en
tan alto grado a favor de la paz y de la ayuda humanitaria a restañar las
heridas de los pueblos de otros países, como lo ha hecho Suiza a través de sus
organizaciones, como la Cruz Roja? A pesar de ello, cuando consultamos la lista
de laureados con ese premio, podemos sentirnos felices de no aparecer en ella.
La selección de este año lo confirma.

Fuente Horizons et débats (Suiza)
Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la
traducción al francés de Horizons et débats

La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad


Con motivo de que la Unión Europea ha ganado el Premio Nobel a la paz…


Nos han vuelto a tratar de engañar. Después de 50 años de la firma del Tratado de Roma –por fin- nos hubieran debido contar la verdad. Pero no ha sido así. Siguen con la cantinela de que la unidad europea se ideó después de la II Guerra Mundial y no antes. Dicen que la unidad europea se edificó para superar el nacionalismo y evitar guerras intestinas; que el nazismo había sido una experiencia funesta para Europa y que Europa debía ser lo contrario del nazismo. Siguen tratando de hacernos creer que las naciones conducen al nacionalismo, el cual es perverso por sí mismo porque, a su vez, conduce a la guerra. Quieren hacernos creer que el proyecto de integración europea nació después de la II Guerra Mundial como antídoto contra las rivalidades nacionalistas internas. Aseguran que durante ese conflicto el chovinismo había alcanzado sus mayores cotas y los europeos comprendieron repentinamente que sus pequeños estados respectivos debían quedar unidos por instituciones supranacionales para que la guerra no volviera a causar estragos en el viejo continente.


Sin embargo, es falso que la idea original de la unificación europea sea posterior a la II Guerra Mundial; es falso que esa idea fuera concebida en oposición a la rivalidad imperialista anterior. Por el contrario, no solo los nazis, sino los fascistas y los colaboracionistas de muchos países europeos utilizaron el europeísmo para justificar la agresión. Los nazis, los vichystas, los fascistas italianos y muchos otros pasaron muchos años antes y durante la guerra elaborando sofisticados programas de integración política y económica de Europa.

El modelo alemán

A mediados del siglo XIX Alemania no existía como Estado unificado. Por tanto, cuando estalla la I Guerra Mundial apenas hacía 50 años que Alemania había entrado en el concierto de los Estados europeos con una sola voz. Fue una loca carrera en la que pasaron velozmente de un situación casi feudal al capitalismo monopolista más salvaje, y de los problemas de construcción interna de un Estado federal al trampolín del control de su propia zona de influencia en el exterior. De vértigo. Una vez edificado su propio país, los imperialistas alemanes creyeron que su modelo federal era válido también para su entorno económico. Se convencieron ellos a sí mismos y se esforzaron en con—vencer a los demás. Su federalismo nacional lo convirtieron en un federalismo internacional, o por lo menos europeo. Surgió el pangermanismo porque fuera de las fronteras aún quedaban alemanes por unificar, desde el Báltico hasta el Mar Negro. Esos países que aún quedaban fuera, las reliquias del Imperio austro-húngaro o del zarista, diezmado por la Revolución bolchevique de 1917, estaban muy atrasados con respecto a la locomotora alemana. Incorporarse a Alemania era como incoporarse al siglo XXI partiendo del siglo XVII. Es bien sabido que los imperialistas alemanes, siempre generosos, se declararon dispuestos a compartir con los demás sus conquistas y sus progresos, antes y después de 1933.

Incluso sus planes de integración europea aseguraban que mantendrían intacta la soberanía nacional de los estados miembros de Europa. No se trataba de una incorporación sino de una integración. No podían presentar sus planes al exterior como una expansión imperialista sino como una integración europea. En la futura Europa nazi no habría amos ni siervos sino socios. Eso es lo que dijo su propaganda durante toda la II Guerra Mundial, consagrando enormes esfuerzos a convencer al resto de Europa de que los progresos económicos alemanes, la infraestructura de transporte y la economía en general eran mucho mejores que en el resto de Europa y que, en consecuencia, Europa debía integrarse según el modelo alemán. Más que los alemanes eran los propios europeos los que debían estar interesados en esa integración. El plan de Hitler de establecer una sola entidad política en toda Europa, su necesidad de buscar respaldo en los propios países ocupados, y muchos elementos centrales de la filosofía nazi, todo ello formaba parte de su pensamiento europeísta.

Los proyectos elaborados por los nazis proclamaban que los estados miembros de la futura Confederación Europea tenían que asegurar que en su territorio no se cometieran actos incompatibles con la solidaridad europea y las obligaciones europeas. En 1943 en una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea, Cecile von Renthe-Fink, que ocupaba el rango diplomático de ministro con Hitler, sostenía que las naciones europeas tenían un desarrollo común; decía que Alemania deseaba unir a Europa sobre una base federal; proclamaba que no había intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países: Lo único que se requiere de los estados europeos es que sean miembros leales y proeuropeos de la comunidad y colaboren voluntariamente en sus tareas […] El objeto de la cooperación europea será promover la paz, la seguridad y el bienestar de todos los estados europeos y su población. No se trataba de que un estado o grupo de estados dominara a otros sino de que se establecería una relación de alianza y lealtad mutua en vez de los métodos imperiales de la era anterior. En un tono similar, Werner Daitz declaraba que Europa no se puede administrar de forma centralizada: se debe conducir de modo descentralizado.

Una versión avanzada del plan nazi sobre la futura Confederación Europea volvían sobre el tema del federalismo con la esperanza de encontrar así una solución a la rivalidad entre las potencias imperialistas europeas. Argumentaban que el problema europeo era que una multiplicidad de pueblos tenía que vivir en una superficie relativamente reducida en una combinación de unidad e independencia:

Su unidad debe ser tan firme como para que nunca más pueda haber guerra entre ellos y los intereses externos de Europa se puedan salvaguardar en su conjunto. Al mismo tiempo, los estados europeos deben conservar su libertad e independencia, para actuar de acuerdo con sus diferentes situaciones y misiones nacionales y cumplir su función particular dentro del marco más amplio, en un espíritu alegre y creativo. La fuerza y la seguridad de Europa no dependen de la subordinación impuesta o exigida por una potencia europea a la otra, sino de la unión de todos. El problema europeo solo se puede resolver sobre una base federal por la cual los estados europeos resuelvan por libre voluntad, basados en un reconocimiento de esta necesidad, unirse en una comunidad de estados soberanos. Esta comunidad se puede designar confederación europea.

Hasta la hoy famosa y fracasada Constitución Europea es una iniciativa de los nazis. El borrador nazi de Constitución para la Nueva Europa proclamaba el derecho de cada país a organizar su vida nacional como considere adecuado, siempre que respete sus obligaciones hacia la comunidad europea. Otros documentos repetían la misma idea. La actual guerra es también una guerra por la unidad y libertad de Europa, escribió Renthe-Fink:

Sus objetivos son crear y garantizar una paz duradera para los países europeos […] eliminar las causas de las guerras europeas, sobre todo el sistema deequilibrio de poder […] superar el particularismo europeo mediante la cooperación libre y pacífica entre los pueblos europeos. La lealtad a Europa no significa sujeción sino cooperación franca basada en igualdad de derechos. Cada pueblo europeo debe participar a su manera en la nueva Europa. El único requerimiento es que los estados europeos sean francamente leales a Europa, de la cual son miembros.

Finalmente, Renthe-Fink añadía: Cada estado continental debe permanecer consciente de su responsabilidad hacia la Comunidad Económica Europea. El autor de los proyectos hitlerianos sostenía que no deseaba una burocracia supranacional, ni siquiera un sistema de conferencias intergubernamentales. Cualquier pretensión supranacional podía generar sospechas hacia las ambiciones imperialistas alemanas.

El europeísmo nazi

El europeísmo es, pues, un invento nazi; ellos fueron los primeros en elaborar planes (económicos y políticos) de integración europea. Si extractáramos algunos discursos de la época de Hitler, Goebbels, Ribbentrop y otros dirigentes nazis sin mencionar la fuente, muchos pensarían que son actuales y que se trata de parlamentarios de la eurocámara.

Mucho antes de llegar al poder, en 1932, el dirigente nazi Alfred Rosenberg ya asistió a un congreso de Europa en Roma. Luego Hitler y todos sus portavoces hicieron frecuentes referencias a Europa durante su época de dominación terrorista, incluso antes de la guerra. Hay varias compilaciones, entre ellas un libro profusamente ilustrado, titulado simplemente Europa, cuya introducción escribió Ribbentrop. En 1937, por ejemplo, declaró en el mitin del partido nazi en Nuremberg que quizá estemos más interesados en Europa de lo que otros países necesitan estarlo. Nuestro país, nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestra economía han surgido de condiciones europeas generales. En consecuencia, debemos ser enemigos de cualquier intento de introducir elementos de discordia y destrucción en esta familia europea de pueblos.

Poco después, en 1938, Rudolf Hess organizó una presentación en el Congreso del partido Nazi, llamada La lucha por el destino de Europa en el Este, que explicaba por qué la colonización alemana de Rusia llevaría la civilización europea a los bárbaros eslavos.

En 1940 Joseph Goebbels dijo: Estoy convencido de que dentro de cincuenta años la gente ya no pensará en términos de países. El jefe nazi de propaganda creía que el federalismo alemán podía ser un modelo para Europa porque la absorción de los estados alemanes por parte del imperio alemán había funcionado. Así los estados europeos se podían integrar armónicamente sin atentar contra su identidad: Si nosotros, con nuestra perspectiva de la Gran Alemania, no tenemos interés en atentar contra las peculiaridades económicas, culturales o sociales de, por ejemplo, los bávaros y los sajones, tampoco tenemos interés en atentar contra la individualidad económica, social o cultural de, por ejemplo, el pueblo checo.

Los lacayos europeos de los nazis también aceptaban que Alemania era un modelo: Vidkun Quisling declaró que la Confederación Alemana podía servir como modelo para la cooperación con otros estados europeos. Goebbels aseguraba que nunca hemos tenido la intención de imponer por la fuerza este nuevo orden o reorganización de Europa. De ningún modo debéis pensar que cuando los alemanes traemos un nuevo orden a Europa lo hacemos con el propósito de sofocar a otros pueblos. Se explayaba sobre el carácter realista de la integración europea: A mi juicio la concepción que una nación tiene respecto de su propia libertad se debe armonizar con los hechos actuales y las simples cuestiones de eficiencia y propósito. Así como ningún miembro de una familia tiene derecho a turbar la paz por motivos egoístas, no se puede permitir que ninguna nación europea se interponga en el camino de un proceso general de organización. En el mismo tono, un funcionario del ministerio nazi de Empleo declaró que Alemania podía afirmar que no estaba luchando por sí misma, sino por Europa. Una versión del proyecto nazi de Confederación Europea sostenía que el papel de Alemania en Europa consistía en reconciliar los intereses particulares de los estados europeos con los intereses de Europa en su conjunto. A esta aspiración se sumaba la opinión de que los intereses y necesidades de Alemania están esencial e inseparablemente ligados con los de Europa.

Con frecuencia los nazis enfatizaban que los estados debían unirse voluntariamente a la nueva Europa. Liderazgo no significa dominación sino protección externa y responsabilidad interna, era su consigna. Hitler y Mussolini no querían sometimiento sino cooperación sincera: Todos los pueblos europeos que se han probado históricamente son bienvenidos como miembros de la nueva Europa. Su desarrollo nacional y cultural en libertad e independencia está garantizado. Cínicamente alegaban que los ejemplos de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovaquia, países militarmente ocupados todos ellos, demostraban que no había intención de intervenir en los asuntos internos de otros estados: Nuestro único requerimiento es que los estados europeos sean miembros sinceros y entusiastas de Europa. Los imperialistas alemanes creyeron encontrar, por fin, un nuevo modo de dirigir Europa sin dominarlaLa idea del liderazgo, que será el concepto dominante de la nueva vida internacional de Europa, es la negación de los métodos imperialistas de una época pasada: significa reconocimiento de la confiada cooperación de estados menores e independientes para abordar las nuevas tareas comunales.

De la misma manera, Arthur Seyss-Inquart escribió que nadie deseaba ver una Europa dominada por Alemania: Nuestro único deseo es que surja una Europa que sea realmente europea y consciente de su misión europea. Después de la invasión de la Unión Soviética, Signal, un periódico de circulación masiva en los tiempos gloriosos del III Reich, señaló también que no habría una Europa alemana: En realidad los soldados del Reich no solo defienden la causa de su patria sino que protegen cada nación europea digna de ese nombre. El problema estaba en quienes no eran dignos de ese nombre…

Una constante en la estrategia imperialista nazi consistía en hablar de sus socios y vecinos y pregonar la idea de que la búsqueda común de intereses compartidos había reemplazado a la rivalidad y la competencia capitalistas. Los hitlerianos también fueron pioneros de la globalización y dedicaron mucha atención a asuntos como el sentido europeo de comunidad. Anton Reithinger, gerente del monopolio I. G. Farben, en la conferencia de la Comunidad Económica Europea de 1942, habló del equilibrio entre los diversos intereses de los socios del espacio económico europeo, por una parte, y los intereses comunes de todos los pueblos europeos, por la otra: Para poner estos intereses en práctica se requiere […] una creencia en la idea europea y en la misión europea de Alemania.

Los arquitectos de la Nueva Europa

Pero las múltiples declaraciones nazis que se puedan aportar son muy poco comparadas con los planes concretos que dibujaron para la integración económica y política de Europa. No hablamos de que se parezcan a las que luego se pusieron en práctica tras la guerra; lo que estamos diciendo exactamente es que son las mismas, es decir, que la Unión Europea fue diseñada por los nazis.

Los planes nazis de integración europea eran tanto políticos como económicos. Como dijo Heinrich Hunke, se reconoce la necesidad de un orden político para la cooperación económica de los pueblos. Desde mediados de 1941 Goebbels comenzó a intervenir más en la cuestión europea y le dedicó numerosos discursos, mitines y artículos periodísticos. Llenó las páginas de su semanario Das Reich con consignas europeístas: La nueva EuropaEl nuevo orden europeoel Lebensraum de Europa o La visión de una nueva Europa. Entretanto, Ribbentrop señalaba que la lucha contra el bolchevismo, que unía a muchos pueblos del este de Europa, evidenciaba una creciente unidad moral de Europa dentro del Nuevo Orden que nuestros grandes líderes han proclamado y preparado para el futuro de las naciones civilizadas. Aquí se encuentra el sentido profundo de la guerra contra el bolchevismo. Es signo de la regeneración espiritual de Europa.

Dentro del Ministerio del Exterior, ese interés culminó con la creación de un comité de Europa en el otoño de 1942. Integraban el comité funcionarios del Ministerio del Exterior y expertos del Instituto para el Estudio de Países Extranjeros. Las luminarias eran Alfred Six, director del Instituto de Asuntos Exteriores -que organizó en 1941 una conferencia llamada La nueva Europa, para 303 estudiantes de 38 países- y Werner Daitz.

En marzo de 1943, se habían trazado planes muy avanzados para una confederación europea. Esos planes adoptaron la forma de constituciones y tratados que delineaban las competencias y la estructura de la futura confederación. El 21 de marzo de 1943 Ribbentrop escribió una nota que comienza así: Soy de la opinión de que, como ya le he propuesto al Führer en mis actas anteriores, deberíamos proclamar cuanto antes, en cuanto hayamos alcanzado un éxito militar significativo, la Confederación Europea en forma muy específica. Lo único que paralizó a los nazis en la proclamación oficial de su Confederación Europea fue que el éxito militar significativo que Ribbentrop esperaba no se produjo y las hordas hitlerianas fueron aplastadas en Stalingrado.

El plan de Ribbentrop proponía invitar a los jefes de los estados en cuestión (Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Serbia, Grecia y España) para firmar el instrumento que daría existencia a la Confederación. Junto al memorándum había un borrador que hablaba del destino común de los pueblos europeos y del objetivo de garantizar que nunca estallen guerras entre ellos. También preveía la abolición de barreras aduaneras entre los estados participantes.

En junio de 1943, un funcionario presentó los elementos básicos de un plan para la nueva Europa a un miembro del Comité de Europa. En medio de los habituales mentiras merca del anhelo de paz de las naciones, la sección titulada La organización económica de Europa anticipaba un comercio basado en el principio de la preferencia europea frente a los países no europeos, con el objetivo de llegar a una unión aduanera europea, un centro de clearingeuropeo y tipos de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea; y la armonización de las condiciones laborales, lo que parece querer decir que todos los trabajadores europeos deberían ingresar en campos de concentración. El proyecto también anticipaba conferencias en cada especialidad (trabajo, agricultura y demás) para decidir las políticas aplicables a toda la Confederación.

Este documento fue seguido en agosto de 1943 por una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea en la que Renthe-Fink escribió:

En la tremenda lucha por el futuro de Europa, los alemanes somos campeones de un nuevo y mejor orden donde todos los pueblos europeos hallarán un lugar legítimo y digno. Hasta ahora hemos evitado hacer una propuesta concreta en lo concerniente a la cuestión europea […] Si ahora presentáramos la idea de una solución confederada, basada en la libre cooperación entre naciones independientes, ella consolidaría la confianza de los pueblos europeos en nuestra política y aumentaría su voluntad de seguir nuestra guía y trabajar por nuestra victoria.

Aunque los principios encarnados en el acto constitutivo de la Confederación Europea anexos al memorándum especificaban que la Confederación era una comunidad de estados soberanos que se garantizaban mutuamente la libertad y la independencia, está claro que, bajo la batuta hitleriana, laconfederación ejercería un control casi total sobre los asuntos internos de sus estados miembros: La economía europea será planificada conjuntamente por los estados miembros según sus intereses comunes y nacionales, decía el documento. El objetivo era incrementar la prosperidad material, la justicia social y la seguridad social en los estados individuales, y desarrollar los recursos materiales y laborales de Europa […] para proteger la economía europea de las crisis y las amenazas económicas externas. Sugería que las barreras aduaneras que impiden aumentar el comercio entre los miembros de la Confederación se eliminarán gradualmente y que el sistema intraeuropeo de comunicaciones por ferrocarril, autopistas y vías fluviales y aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan unificado.

El plan europeo de integración de Renthe-Fink preveía la necesidad de un Consejo Económico compuesto por representantes de los estados miembros, el cual se dividiría en comités destinados al comercio, la industria y la navegación, los asuntos de economía y moneda, las cuestiones laborales y sociales, la alimentación, la agricultura y los bosques. El documento repetía los objetivos definitivos de la Confederación:

La solución de los problemas económicos, con miras a la inmunidad frente a un bloqueo; la regulación del comercio sobre la base de la preferencia por Europa frente al resto del mundo, con miras a una unión aduanera europea y un mercado libre europeo; un sistema central de clearing europeo y tasas de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea. Los objetivos incluirían la estandarización y mejoramiento de las condiciones de empleo y seguridad social, así como la planificación de largo plazo de la producción industrial, agropecuaria y forestal.

Como vemos, la producción agropecuaria ocupaba un ligar prominente en los documentos nazis sobre Europa. Era preciso que la agricultura europea fuera autosuficiente.

Los documentos nazis también manifestaban que la integración de Europa era inevitable a causa del desarrollo tecnológico. Solían sostener que la fragmentación de los recursos económicos de Europa era un grave obstáculo para la prosperidad y el progreso social de los diversos países. Se requería coordinación y planificación económica: Con el objeto de alentar el comercio mutuo y crear un gran mercado europeo, se eliminarán progresivamente las aduanas y otras barreras entre los países.

Otro proyecto nazi es lo que cincuenta años después los europeístas llamaron redes transeuropeas, una avanzadilla de la modernidad actual. Según Renthe-Fink, la experiencia ha mostrado que el actual sistema de comunicaciones de Europa es inadecuado para el aumento de la demanda. La red interna de ferrocarriles, carreteras y líneas aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan común. También el ministro vichysta Jacques Benoist-Méchin, lamentaba la centralización del sistema de transporte francés, como si París fuera el único centro del mundo, y exigía nuevas arterias que se conectaran con las carreteras alemanas e italianas para dar a la infraestructura de transporte de Francia un carácter genuinamente europeo. Un orador de la conferencia sobre la Comunidad Económica Europea proclamó que el futuro pertenece al transporte motorizado.

Las sorpresas de los adelantos nazis no tienen fin. Otro ejemplo es el Tratado Europeo contra el terrorismo de 1977, que está literalmente extraído del Pacto entre Hitler y Mussolini, el llamado Pacto Antikomintern, el acuerdo contra los comunistas. Por eso cuando Rumanía se incorporó en enero de este año a la Unión Europea, emitió una declaración contra el comunismo y, al mismo tiempo, rehabilitó con todos los honores la figura de Antonescu, la versión local de Hitler, Mussolini y Franco.

Europa es justamente eso y nada más que eso. Pero por si alguien tiene dudas, seguiremos informando…

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