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| Patrick Calvar |
http://www.express.co.uk/news/world/688821/Patrick-Calvar-intelligence-chief-warns-France-on-brink-of-civil-war-migrant-sex-attacks
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Afortunadamente, cuando ya habíamos arrojado la toalla recibimos el artículo de Wayne Madsen publicado ayer en “Strategic Culture” impecablemente titulado “De Bilderberg al Brexit: la historia de un fracaso anunciado” y subtitulado “Los arquitectos de la Unión Europea, los nazis y sus colaboradores concibieron y levantaron el Cuarto Reich”(*).
Madsen cuenta lo que nadie: que el origen de la Unión Europea está en el Tercer Reich, aunque con un “aura decididamente democrático”. La Unión Europea surge de la Comunidad del Carbón y del Acero, formada por seis países en 1951, un proyecto del luxemburgués Robert Schuman, un político francés que sirvió a las órdenes del mariscal Petain durante la Segunda Guerra Mundial, a su vez aliado del III Reich.
Tras la guerra, a Schuman le despojaron de sus derechos políticos por colaboracionista, aunque luego el general De Gaulle le rehabilitó. Entonces Schuman volvió a lo suyo, a recrear un versión corregida del III Reich para Europa.
Para completar el proyecto, Schuman preconizó una alianza militar que proporcionaría fuerza al “Pequeño Reich”: el Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
A Schuman le ascendieron, nombrándole ministro de Asuntos Exteriores y luego Presidente del Gobierno. Sus colaboradores en el proyecto europeo eran Jean Monnet, un agente de la OSS y luego de la CIA, y el canciller alemán Konrad Adenauer que, como alcalde de Colonia antes de la guerra y Presidente del Consejo de Estado prusiano, suministró a los nazis importantes ventajas, comprendidas las de dejar que ondearan sus banderas en el ayuntamiento de la ciudad.
Otro padre fundador de la Unión Europea fue Walter Hallstein, un abogado alemán que perteneció a un grupos de profesionales nazis y que combatió con la graduación de teniente en una regimiento de artillería de la Wehrmacht en el norte de Francia.
A Hallstein le capturaron los aliados, que lo trasladaron a un campo de prisioneros de Mississippi hasta el final de la guerra.
Los libros de historia y la Wikipedia se esfuerzan por blanquear a la biografía de los padres fundadores de la Unión Europea, escribe Madsen, como el príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld, un alemán que se casó con la princesa Juliana de Holanda.
Bernhard era miembro del partido nazi en Alemania, oficial de la policía montada de las SS y de su cuerpo motorizado. En 1940 los colegas nazis de Bernhard, como Himmler, diseñaron los primero fundamentos de una moneda común europea, precursora del euro.
Tras la guerra el príncipe siguió siendo un ardiente defensor de la unidad europea y en 1954 apadrinó la primera reunión de los federalistas del Viejo Continente y sus aliados atlantistas de la OTAN en el Hotel Bilderberg, en Holanda. Desde 1954 la conferencia anual en el Hotel Bilderberg promueve una unidad de Europa bajo los auspicios de Estados Unidos y la OTAN.

Los proyectos de incorporar a los países del este de Europa fueron diseñados por el otro cofundador del grupo Bilderberg, Josef Retinger, un miembro del gobierno polaco en el exilio en Londres durante la guerra. Las organizaciones armadas que combatían la ocupación nazi en Polonia sobre el terreno trataron de ejecutarlo durante una de sus visitas clandestinas.
Tras el Brexit, recuerda Madsen, los jerarcas de Bruselas como Juncker y Schulz han invocado la teoría nazi de las represalias colectivas para justificar la imposición de represalias draconianas contra quienes pretendan seguir el ejemplo británico, incluido el despido de miles de funcionarios británicos que trabajan en las instituciones europeas y la eliminación del inglés como idioma oficial de trabajo, olvidándose de que Irlanda, Malta y Chipre siguen siendo una parte integrante de la Unión Europea.
El Reino Unido no es el primer país en manifestar su deseo de abandonar la Unión Europea. Groenlandia ya ha votado dos veces en esa dirección, la primera cuando en 1973 Dinamarca se incorporó y otra en 1979, cuando definió su estatuvo interno. Lo mismo sucedió tras la crisis financiera en Islandia, que también votó contra la Unión Europea. Finalmente, el año pasado un 60 por los griegos votaron también contra las imposiciones financieras de Bruselas para seguir dentro del euro.
Lo debería saber. La respuesta la dejó clara el primer ministro Cameron poco antes del referéndum, cuando dio un mitin en la sede de la organización caritativa judía “Jewish Care” en el que concluyó que si el Reino Unido permanecía en la Unión Europea sería bueno para Israel.
¿Por qué? Lo siguió explicando el propio Cameron: el Reino Unido es “el mejor amigo de Israel”, la salvaguarda de los intereses israelíes en la Unión Europea, el seguro que bloquea cualquier polémica hostil hacia el Estado hebreo, que se opone al boicot a las exportaciones israelíes, a las desinversiones y a las sanciones. “¿Queréis que salgamos de la habitación, que no podamos influir sobre el debate que haya”, preguntó Cameron a los judíos británicos.
En su mitin el primer ministro también puso a Irán encima de la mesa y prometió que si el Reino Unido permanecía dentro de la Unión Europea, estaría en mejores condiciones para impedir que Irán fabricara armas nucleares.
No se puede explicar mejor la política que durante decenios han implementado los británicos en Oriente Medio, impidiendo cualquier clase de ataque hacia Israel, ni siquiera en un debate, es decir, ni una sola información negativa en los medios de comunicación.
La mejor muestra fue la defensa cerrada que en 2014 hizo el propio Cameron de Israel durante la salvaje agresión contra la población de Gaza, en la que fueron asesinados 2.200 palestinos.
No es nada nuevo dentro del partido conservador, cuyas posiciones contrastan con las de Corbyn y los laboristas, que han calificado a Hamas y Hezbollah como “nuestros amigos”.
Las posiciones de Corbyn eran conocidas antes de que en setiembre se pusiera a la cabeza de los laboristas. Desde entonces se inició la típica campaña intoxicadora de las prensa británica en su contra: los laboristas son antisemitas. Es la típica “polémica” orquestada artificialmente para concluir que los laboristas son como los nazis.
Es lo mismo que ha venido haciendo la caverna mediática en España con Podemos, acusándoles de chavistas y pro-iraníes, obligando a Iglesias y sus compinches a ponerse siempre a la defensiva, a justificarse, a dar explicaciones innecesarias y, en definitiva, a obligarles a hacer lo que más les gusta: bajarse los pantalones a la mínima.
Desde setiembre en el Reino Unido ha ocurrido lo mismo con los laboristas, lo que ocurre es que un periodista de investigación, Asa Winstanley ha descubierto lo que ya sabíamos de antemano: que la campaña estaba orquestada por un grupo de presión sionista, que había emprendido una “caza de brujas” cuyo destino era siempre el mismo: toda lucha contra el sionismo es una lucha contra los judíos (no sólo los de Israel sino todos los judíos del mundo).
Aunque nadie se ha preocupado por ponerlo de manifiesto, el referéndum sobre el Brexit se ha desenvuelto en este contexto turbio de agresividad e intoxicación por parte de la prensa británica, un verdadero clima de terror en el que el fascismo, el racismo, el patrioterismo y la xenofobia tienen su mejor caldo de cultivo.
Como todos los reformistas, los laboristas han sucumbido a esta presión, demostrando la manera que tiene la burguesía monopolista de domesticar las veleidades de los que hablan de cambiar algo, hacer algún gesto, aunque sea mínimo.
Los laboristas llamaron a permanecer en la Unión Europea y también han sido derrotados. Bruselas es el principal socio comercial de Israel, a pesar de las fuertes críticas que Netanyahu ha lanzado en su contra, acusándola también de… antisemitismo y llamando a los judíos europeos a emigrar a Israel, que debe ser el único país del mundo que acepta encantado a los emigrantes… o por lo menos a cierto tipo de emigrantes.
Las críticas israelíes hacia la Unión Europea conciernen, primero, al acuerdo nuclear con Irán. Pero también al boicot europeo a los productos fabricados en las colonias judías construidas ilegalmente en tierras palestinas. Según los nuevos reglamentos de Bruselas, los productos fabricados en dichas colonias deben ser etiquetados de manera que se pueda conocer su origen, lo que impulsó en toda Europa la campaña de boicot total a Israel.
Ambas decisiones han conducido a que Israel no considere a la Unión Europea como un aliado fiable y a que Cameron tratara de asumir en Bruelas un papel más propio de un grupo presión israelí que de un país socio.
Pero la salida de la Unión Europea ha servido también para poner en marcha uno de los argumentos favoritos de cualquier tipo de burguesía: el chantaje y la guerra sucia. Una ONG sionista, llamada Regavim, que defiende los intereses de los colonos judíos en Jerusalén este y la Cisjordania ocupada, divulgó un vídeo falsificado en el que un combatiente palestino enmascarado que decía pertenecer a “la banda de Gaza dirigida por Hamas”, llamaba a los británicos a permanecer en la Unión Europea porque ésta “defiende a los palestinos”.
Los referendums y las elecciones burguesas son como la burguesía misma. Vale todo: la mentira, el engaño, el fraude, el chantaje, la burla… “El fin justifica los medios”.
Regavim es uno de esos submarinos de última generación que el imperialismo ha puesto en funcionamiento desde la caída del Telón de Acero en 1990, a medio camino entre la típica ONG y el típico grupo de presión, o sea, de chantaje, que encuentra en los medios de comunicación repugnantes, como los británicos, su caldo de cultivo ideal.
A medida que la Unión Europea adoptaba medidas inconvenientes para los sionistas, estos se han puesto en marcha con los instrumentos en cuyo manejo son maestros. No perdonan ni una, ni siquiera aunque se trate de un aliado tan fiel durante decenios, como Bruselas.
Ahora, sin dejar del todo de castigar a la Unión Europea, Israel tiene que buscar alternativas, empezando por el Reino Unido. Pero los sionistas no ponen todos sus huevos en la misma cesta. mantienen un papel destacado en el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.
Por su parte, la llamada “autoridad palestina” no es que no tenga dónde poner sus huevos; es que no tiene huevos.
Se puede analizar cualquier análisis porque casi todos dicen las mismas vaciedades. Si se analiza, por ejemplo, el análisis que Rodas Vargas publica en La Haine (1), sacamos la impresión de que no sólo expresa un punto de vista de clase erróneo, sino un punto de vista nacional que es el propio de un español, es decir, un país marginal dentro de Europa y dentro del mundo.
El artículo empieza explicando los antecedentes de la situación, lo cual es correcto. Sin embargo, esos antecedentes ni son todos los antecedentes ni son suficientemente antecedentes, ya que no van más allá de las promesas electorales de Cameron de celebrar el referéndum.
Esa explicación es superficial: da por explicado lo que hay que explicar, que son -al menos- dos premisas. La primera es por qué Cameron convoca un referéndum y la segunda es por qué lo hace ahora.
En realidad deberíamos hacer muchas más preguntas y poner muchos más antecedentes encima de la mesa. Como en el caso de Grecia, habría que preguntar por qué entró Reino Unido en 1973 en lo que entonces se conocía como “Mercado Común Europeo”.
¿Por que Reino Unido pidió su incorporación a la Unión Europea en 1963?, ¿por qué la Francia de De Gaulle impuso su veto por dos veces, paralizando la integración durante 10 años?
Para contestar esas preguntas hay que llegar a saber qué es la Unión Europea, por qué surge, cuál ha sido su trayectoria y por qué lo que hasta la fecha era una “vaca sagrada” de los medios de comunicación se ha convertido en el saco de todos los golpes.
Sería bueno que los analistas fueran a las hemerotecas y leyeran lo que los medios de comunicación de toda Europa escribían en 1999, hace sólo 17 años, cuando se creó el euro como un símbolo de una era de prosperidad que nos prometieron que sería eterna. ¿Por qué entonces todos querían entrar y ahora todos quieren salir?
A falta de un análisis de clase, las explicaciones hacen recaer las decisiones en ese “factotum” llamado “la gente” que ha votado esto o lo otro. No sólo da la impresión de que son las votaciones las que resuelven (o empeoran) los problemas sino, además, que lo hace esa “gente”, los votantes.
A partir de entonces el análisis se vuelve sicológico, una especie de catarsis o trance típico de santería que se disimula con aderezos de que si la extrema derecha crece, de que si la xenofobia, el “miedo” a la inmigración, el auge del racismo, del nacionalismo…
Otros le dan la vuelta a esa sicología de pacotilla y pasan la antorcha a “la izquierda”, el descontento por la política de recortes, el neoliberalismo, la era thatcherista y todo el estúpido discurso que venimos leyendo desde hace más de 20 años sobre la troika y demás entelequias.
Los analistas son más bien “analistos”; nos desprecian. La culpa la tenemos “la gente” porque votamos esto o lo otro. “La gente vota a los delincuentes”, ha dicho Mónica Oltra en referencia al triunfo del PP en España. No somos capaces de votar la opción correcta, que es la de votar a Mónica Oltra y gente parecida, que no son delincuentes.
El verdadero voto de castigo es el de los analistos: “tenéis lo que os merecéis”, nos han vuelto a repetir otra vez. En fin, el análisis nunca va más allá de las votaciones y de contar votos. Analizan un partido, un grupo o un grupúsculo para pasar luego a otro, hablando de todo un poco, excepto de lo que se debe poner encima de la mesa, es decir, callando u ocultando siempre lo esencial.
Hay otro aspecto que los analistos añaden al repaso de grupos, grupillos y grupúsculos, que es el análisis de las políticas, de las que exigen que deben ser “viables” (nada de utopías) y que Alejandro Nadal resume en eso que llama “neoliberalismo”(2), tanto el de la Thatcher en Londres, como el de la Merkel en Bruselas.
Pero Londres, Berlín o Bruselas ¿pueden implementar otras políticas diferentes a las que han implementado hasta hoy?, ¿keynesianas quizás?, ¿de aumento del gasto social?
Sobre todo: si la política económica de Londres, la de Berlín y la de Bruselas son idénticas, ¿por qué el Reino Unido abandona la Unión Europea? La explicación tiene que estar en otra parte.
Los “progres” y los analistos no son capaces de ir más allá de la banalidad, repitiendo que a partir de ahora el mapa de Europa va a cambiar, que los escoceses serán convocados a otro referéndum para salir del Reino Unido y entrar en el Reino Europeo… Veamos señores: saquen del cajón un mapa de Europa de 1990. ¿No empezó a cambiar a partir de entonces?, ¿ya no se acuerdan de la guerra de los Balcanes ni de la desaparición de Yugoeslavia?, ¿no es el Brexit una continuación de aquello mismo?
Si eso es así, como parece, ¿por qué no mencionan ni una sola vez la palabra “imperialismo”?, ¿acaso no saben lo que es?, ¿no saben de qué se trata?
(1) http://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/reino-unido-sale-de-la
(2) http://www.lahaine.org/mundo.php/brexit-el-naufragio-del-neoliberalismo
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| Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas |
En esencia, consiste en utilizar la salida del Reino Unido para “dar ejemplo” o, aún mejor, para “dar un escarmiento” a quienes quieran seguir su ejemplo, entre ellos Francia, donde las últimas encuestas muestran que más de la mitad del electorado es partidario de abandonar la Unión Europea.
Sin embargo, lo más significativo del plan es que Alemania ya no quiere “profundizar” en una mayor integración europea, ni en más “solidaridad financiera”. Que cada cual se las apañe como pueda.
Tampoco es ninguna novedad; lo dijo la propia Merkel en un discurso pronunciado el viernes: el Brexit significa una ruptura de la integración europea.
Alemania abrirá con Londres “negociaciones constructivas” con el objetivo de lograr un “acuerdo de asociación” con el Reino Unido, parecido al que hay con Noruega, Islandia o Liechtenstein, aunque se parecerá más al que hay firmado con Suiza o Ucrania.
El Reino Unido tendrá un “acceso limitado” al mercado común porque “no se debe ofrecer un acceso automático al mercado único”, dice el documento. Las relaciones entre ambas partes serán libres, siempre que encuentren un interés compartido, de tal manera que Londres no pueda “elegir” su acceso.
El objetivo es impedir el efecto contagioso de la salida de la Unión Europea en terceros países. La imitación será proporcional al trato que a partir de ahora reciba el Reino Unido por parte de Bruselas. No se puede admitir una salida cómoda.
El contagio tiene nombres y apellidos. Se trata de advertir a Francia, Austria, Finlandia, Holanda y Hungría, aunque falta un dato importante: en el caso de una nueva crisis financiera, por ejemplo en Italia, ¿mantendrá Berlín su postura?
El plan se concentra sobre los futuros planes de reforma de la Unión Europea. Los sicarios de Schäuble ponen en guardia contra el riesgo de que Francia e Italia utilicen el Brexit para sembrar incertidumbre y exigir más “solidaridad financiera”, es decir, que Alemania siga sufragando las próximas quiebras.
Si todo sigue como hasta ahora, en la zona euro no habrá más “socialización de las deudas”, es decir, garantías para los depósitos bancarios, ni para las acciones, ni para los préstamos.
Pero Schäuble no cierra todas las puertas sino que impone condiciones para una mayor integración económica; quiere un control mayor sobre la política presupuestaria de cada país y quiere, además, ponerlo por escrito es decir, cambios en los tratados constitutivos de la Unión Europea.
Como eso es prácticamente imposible, Alemania cerrará el grifo del dinero y no se esforzará en una batalla perdida de antemano. La Unión Europea ha tocado techo; a partir de ahora empieza la caída, es decir, empezarán a caer los países más débiles y España está en la primera línea de salida.
Ahora es el momento de ver en acción a esos fantoches que hablan de la salida del euro y de la Unión Europea.
Para pedir una escalada armamentista en Europa, Merkel comparó en su discurso el porcentaje de gasto militar de Alemania (1,2 por ciento del PIB) con el de Estados Unidos (3,4 por ciento) porque a la larga no se puede encomendar a terceros que se encarguen de la defensa propia.
Vuelve, pues, el militarismo alemán, como reconoce la prensa, que se une al viraje en la política exterior anunciado en la Conferencia sobre Seguridad celebrada en Munich en 2014 por el presidente Joachim Gauck, el ministro de Asuntos Exteriores Frank-Walter Steinmeier y la ministra de Defensa Ursula Von der Leyen.
Como suele suceder en Alemania, lo mejor es la reacción de la prensa. El periódico económico Handelsblatt habla de “viraje histórico”. En los últimos 25 años, dice Handelsblatt, todos los partidos parlamentarios han hablado de paz y, sobre todo, de los beneficios que ha traído a Alemania porque se ha logrado gracias a una reducción al límite de los presupuestos militares.
La nueva era no es consecuencia del azar, dice Handelsblatt, sino de que el terrorismo y la guerra de Ucrania han alarmado a Berlín, imponiendo nuevas exigencias al Bundeswehr (ejército federal) en proyectos de disuasión de la OTAN dirigidos contra Rusia.
La explicación del Handelsblatt es el chocolate del loro. Como suele ocurrir cuando se trata de un periódico económico, la verdadera explicación del rearme viene un poco después: la explicación de la modernización militar es la adquisición de materias primas y nuevos mercados para una industria alemana necesitada de exportaciones.
A comienzos de 2013 el mismo diario ya publicó un editorial titulado “Expedición materias primas: el nuevo curso de Alemania” en el que destacaba que “las anteriores medidas políticas adoptadas para garantizar las materias primas han alcanzado sus límites” y que el gobierno debía estar dispuesto a la guerra para asegurarse los recursos que necesita.
En un largo artículo dedicado al Brexit, la revista Der Spiegel pone otro factor encima de la mesa. No sólo previene acerca de la posible desintegración de la Unión Europea sino de que eso puede romper la alianza con Estados Unidos. En tal caso, como mayor potencia europea central, Alemania estaría obligada a “desempeñar un papel dirigente”.
Otro artículo significativo es el escrito por Steinmeier, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, para la revista Foreign Affairs con el título “El nuevo papel mundial de Alemania” en el que destaca el distanciamiento creciente entre Alemania y Estados Unidos y la reivindicación del papel de superpotencia mundial que corresponde a Alemania, que está obligada a “reinterpretar” los principios que guían su política exterior desde hace medio siglo.
Hablando de Alemania, para que no falte de nada, Handelsblatt reconoce que Alemania tiene una dilatada experiencia. Los mismos monopolistas (“gigantes de la industria”) que rearmaron la Wehrmacht en tiempos de III Reich diseñan ahora nuevos carros de combate para el nuevo ejército federal. Empresas como Krauss-Maffei Wegman (KMW) y Rheinmetall excavan un depósito secreto para recuperar viejos tanques comprados a Austria y Suecia. En total, la industria de guerra ya ha comprado 100 carros de combate Leopard 2 para ser reutilizados por el Bundeswehr.
El gobierno ha elaborado un informe con un total de 20 nuevos proyectos militares presupuestados en 60.000 millones de euros. Además de carros de combate, el rearme comprende helicópteros de apoyo Tigre, un avión de transporte A400M, varios Eurofighter, misiles Iris-T y buques de guerra Meteor, entre ellos fragatas, corbetas, un navío de combate multimisión 180 y un sistema de defensa aérea táctico.
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| Refugiados africanos atrapados en Calais |
La City se preparaba para celebrar la enésima victoria de las finanzas, pero fue conseguida por los proletarios vueltos nacionalistas debido a la desesperación (y a la patética arrogancia imperialista blanca).
Sin embargo, no podemos descartar como fascistas las razones de aquellos que quieren salir de la trampa europea, ya que ha quedado totalmente demostrado que la UE no es (ni ha sido) más que un dispositivo de empobrecimiento de la sociedad, de precarización del trabajo y de concentración del poder en manos del sistema bancario. Buena parte de esas razones son comprensibles, tanto es así que la mayor parte del “leave” proviene de zonas obreras, mientras las fuerzas del poder financiero daban por hecha la victoria a pesar de los que en nombre de los “valores europeos” se dejan robar el salario.
Pero el problema no está en las razones, el problema está en las consecuencias. La UE hace tiempo que no existe, al menos desde julio de 2015, cuando Syriza fue humillada y el pueblo griego fue definitivamente sometido. ¿Necesitamos quizás una Europa más política, como repiten ritualmente las izquierdas al servicio de los bancos? Hace años que creemos en el cuento de hadas de una Europa que debe volverse más política y más democrática. También nosotros hemos creído en él, lamento decirlo, pero jamás ha sido una posibilidad real. La UE es una trampa financiera desde Maastricht.
Un artículo de Paolo Rumiz (“Come i Balcani”) publicado el pasado 23 en La Reppubblica dice algo que desde hace algún tiempo me parecía claro: el futuro de Europa es la Yugoslavia de 1992. Rumiz lo dice bien, solo que olvida el rol que el Deutsche Bank tuvo en el empujón que se le dio a los yugoslavos hacia la guerra civil (algo para lo que Wojtila también hizo su parte).
Ahora creo que debemos decirlo sin eufemismos: el futuro de Europa es la guerra. Su presente es la guerra contra los migrantes que ya ha costado decenas de miles de muertos y una cantidad incalculable de violencia. Quizás suene un poco antiguo, pero al menos para mí sigue siendo cierto que el capitalismo trae la guerra como la nube trae la tempestad.
¿Qué se hace en estos casos? ¿Se detiene la guerra imponiendo los intereses de la sociedad sobre los de las finanzas? Naturalmente que sí, cuando esto es posible. Pero hoy detener la guerra no es posible porque la guerra ya está en marcha, aunque hasta el momento los muertos sean decenas de miles de migrantes en un Mediterráneo en el que el agua salada ha sustituido al Zyklon B.
Los movimientos han sido destruidos uno tras otro. ¿Entonces? Entonces se pasa a la otra parte del adagio leniniano (señalo a quien le quede alguna duda que nunca he sido leninista y no pretendo ahora convertirme en uno). Se transforma la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.
¿Qué quiere decir esto? No lo sé, y nadie puede hoy saberlo. Pero en los próximos años creo que vamos a tener que pensar únicamente en esto. No en cómo salvar la UE, que se la lleve el diablo. No en cómo salvar la democracia que jamás ha existido. Sino en cómo transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. Pacífica y sin armas, si es posible. Guerra de los saberes autónomos contra el control y la privatización.
[…]
La serie muestra el funcionamiento de un ministerio inglés ficticio y los entresijos de la política británica. En una de las escenas el nuevo ministro de la cartera de Asuntos Administrativos mantiene el siguiente diálogo con el secretario:
Ministro: ¿Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores no se da cuenta de que con estas políticas daña la idea de Europa?
Secretario : Estoy seguro de que sí y por eso las apoya.
– ¿Pero el ministerio no es proeuropeo?
– Sí y no. Es proeuropeo porque en realidad es antieuropeo. Toda la Administración estaba unida en su deseo de que el Mercado Común no tuviera éxito. Por eso entramos.
– ¿Qué quiere decir?
– Pues que Gran Bretaña tiene el mismo objetivo desde hace 500 años, crear una Europa desunida. Por eso hemos luchado con los holandeses contra los españoles, con los alemanes contra los franceses, con los franceses e italianos contra los alemanes y al lado de los franceses contra alemanes e italianos. Dividir para vencer. ¿Por qué tendríamos que cambiar?
Los guionistas de la televisión siempre lo han tenido más claro que los analistas políticos. En el diálogo no aparece ninguna de las tonterías con las que los “expertos” explican el Brexit. No se habla de economía, ni de la recuperación de una soberanía perdida, de un nuevo nacionalismo, etc.
Ahí de lo que se habla es de estrategia. Al menos desde hace 30 años estaba claro que el Reino Unido era un Caballo de Troya dentro de la Unión Europea. También estaba claro que su política no era “independiente” sino que formaba parte de la estrategia de Estados Unidos contra Europa.
Pero para entender eso primero hace falta darse cuenta de que no existe sintonía de Estados Unidos con la Unión Europea, por más que ambas partes guarden las apariencias, a costa de que los países del Viejo Continente se hayan visto arrastrados a todas y cada una de las operaciones estadounidenses en Ucrania, en Oriente Medio, en Afganistán y en el Báltico.
La salida del Reino Unido va definiendo mucho mejor los bloques imperialistas. Deja claro que este Continente no es una prioridad para Estados Unidos, que la Unión Europea es una nueva versión del III Reich, es decir, que responde a los intereses de Alemania, que la gran novedad histórica es el eje franco-alemán y que el siguiente polo de esa misma ecuación es la alianza de Alemania con Rusia.
Resulta que en una democracia burguesa formal, o sea, que guardan las formas por lo menos, como la inglesa, se convoca un referéndum para que el pueblo decida si quiere salirse de la Unión Europea o seguir en ella, convocado por un Gobierno conservador (aunque dividido en sus filas al igual que la “izquierda”), y lo pierde. Inmediatamente se tacha al premier británico, David Cameron (que ya ha dimitido, por cierto) de “irresponsable”, sobre todo desde el Estado español y es que, se ha oído decir, “los referéndums los carga el diablo”, como las escopetas, al parecer. No importa el referéndum en sí ni lo democrático que supone en sí mismo, algo que no se debería discutir si se va de “demócrata” por la vida, sino que el hecho de convocarlo es un acto “irresponsable”. Y, sobre todo y encima, si el resultado de la consulta es negativo para la Europa de los mercaderes. Esos referéndums dan pie al “populismo” -nuevo mantra que aquí se adjudica a “Podemos” cuyo líder, Iglesias, acaba de decir que ellos son “la ley, el orden y las instituciones” frente a los “antisistema” que serían “la casta”, un auténtico liante si no se estuviera ya avisado de las mañas de estos tahúres- o a partidos de extrema derecha europeos que se suben al carro para pedir referéndums en sus países.
Afortunadamente, en España no ocurren estas cosas. El Gobierno, el que sea no importa su pelaje, es “responsable” y, por tanto, nos ahorrará la aventura de preguntarnos que qué cojones opinamos sobre esto, lo otro o lo de más allá (no vaya a pasar como los referéndums que se convocaron sobre la adhesión a Europa que rechazaron algunos países y volvieron a convocar hasta que saliera el “sí” gubernamental aburriendo al personal). Esto no es Suiza. Ni la “Pérfida Albión”, Gran Bretaña donde ya se arriesgó el Gobierno de Cameron con Escocia, y le salió bien, pero ahora no, ahora ha provocado un “terremoto”. Ya será menos…
Buenas tardes.
Un informe de “Projet Transparence Google” muestra la influencia creciente del monopolio informático estadounidense en la política europea y habla de “puertas giratorias” entre los políticos europeos y los sicarios de la multinacional.El estudio ha encontrado 80 casos de traslados del monopolio a la política, y a la inversa, en los últimos diez años. Desde 2005 el gigante informático ha cooptado a 65 responsables gubernativos de la Unión Europea, de los que 26 procedían de Reino Unido.
“Projet Transparence Google” pone nombres y apellidos a las “puertas giratorias”, como el de Tomas Gulbinas, antiguo embajador itinerante de Lituania, y Giorgios Mavros, consejero de un miembro francés del Parlamento Europeo.
La empresa estadounidense intensifica sus esfuerzos por influir en la política europea a fin de frenar la legislación antimonopolista, que ya intentó sancionar a Google en 2014, aunque el proceso se ha paralizado sospechosamente.
La penetración de Google en la burocrcia europea se intensificó en 2011, cuando se intensificaron las investigaciones por sus abiertas prácticas monopolistas. Ese año se abrieron 18 “puertas giratorias” para cooptar a los políticos de Bruselas y ponerlos al servicio de sus intereses.
Al mismo tiempo, 15 sicarios de Google han logrado infiltrarse en puestos de responsabilidad de la Unión Europea. El informe nombra concretamente a la baronesa Joanna Shields, antigua directora general de Google, que fue nombrada ministra del Reino Unido para la seguridad de internet, así como Eric Schmidt, designado como consejero consultivo de negocios del Primero Ministro Cameron.
El informe se ha publicado dos meses después de otro similar relativo a la penetración del monopolio tecnológico en el gobierno de Washington. Entre enero de 2009 y octubre del año pasado, los enviados de Google visitaron 427 veces la Casa Blanca.
En ellas participaron 169 representantes de Google y 182 funcionarios del gobierno de Washington, según el informe.