Y ese tono atado a lo popular, a lo entrañable y sencillo de las cicatrices que deja un tiempo de fuego, cautiva a los pibes jóvenes. Como cuando esa vez se le arrimó un gurí y le dijo, conmovido: «Qué emoción estar con una parte de la historia». Entonces, otra vez es el silencio el que irrumpe. No es una pausa, es parte del cuento. El Tambero arquea las cejas y evoca en tono confidente: «Me hizo sentir como una momia». Leer más