La web más censurada en internet

Etiqueta: Telecomunicaciones (página 6 de 22)

El Departamento de Estado crea una unidad para censurar la información en internet

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha creado la Oficina de Política Cibernética y Digital, una unidad dedicada a vigilar y controlar los flujos de información que circulan por las vías digitales.

La Oficina se ocupará de asuntos relacionados con la seguridad nacional, las oportunidades económicas y el impacto del ciberespacio, las tecnologías digitales y las políticas sobre los valores de Estados Unidos.

El lugar de esta unidad en el organigrama del Departamento de Estado no se ha especificado definitivamente. Se habló de poner esta oficina directamente bajo la autoridad de la Subsecretaria de Estado Wendy Sherman en lugar del Departamento de Seguridad Nacional debido a la naturaleza amplia y horizontal de la Oficina. Pero la elección no parece ser unánime dentro del Departamento de Estado, aunque cuenta con el apoyo de los miembros del Congreso y de los grupos de presión que representan intereses privados.

La Oficina del Ciberespacio consta de tres depertamentos. El primero es la Política Internacional de la Información y las Comunicaciones, bajo la dirección de Steven Anderson, que dirigió la Oficina de Asuntos Económicos y Empresariales, centrándose en la dirección de internet y las negociaciones sobre la intimidad digital.

El segundo es la Ciberseguridad Internacional, dirigido por Michelle Markof, veterana de las negociaciones sobre ciberseguridad en la ONU.

El tercero es Libertad digital, dirigida por el coordinador Blake Peterson, especialista en derechos humanos y dirección digital.

La Oficina estará dirigida por un diplomático con rango de embajador aprobado por el Senado. Hasta que se produzca el nombramiento, actualmente está dirigida por Jennifer Bacchus, diplomática de carrera que fue ministra consejera en la embajada de Estados Unidos en Praga.

El despliegue demuestra la voluntad de Washington de recuperar el control del ciberespacio reforzando el dominio que ya ostanta Estados Unidos sobre internet, pero ampliando la guerra de la información a los ámbitos jurídicos relacionados con la protección y la confidencialidad de los datos digitales, un verdadero campo de batalla en el que la lucha es encarnizada por tratarse de un asunto de seguridad de primer orden.

La iniciativa confirma los esfuerzos de Washington en materia de guerra de la información e influencia en el ciberespacio, un campo sacudido tanto por la aparición de sistemas de información de actores públicos como por individuos impermeables a los discursos oficiales o a la propaganda orientada de los medios de comunicación bajo el control de grupos de interés privados que influyen en los procesos de elaboración y concepción de las políticas públicas.

La desafección masiva y el aumento del discurso disidente en las redes preocupan en Estados Unidos, que intenta controlar cualquier discurso alternativo incorporando a los grandes monopolios digitales (Google, Apple, Facebook, Microsoft, Twitter) en lo que se considera un esfuerzo de guerra para silenciar cualquier narrativa que no sea la impuesta o dictada por los imperialistas y sus altavoces del estilo Maldita, Newtral y demás censores.

El cierre de cuentas de medios de comunicación de países considerados rivales u hostiles por Washington es sólo el comienzo de una larga campaña que incluirá tanto a particulares de todo el mundo como a la opinión interna de Estados Unidos con el objetivo de imponer una única narrativa, sin posibilidad de fisuras ni críticas.

Elon Musk lanza un órdago de 43.000 millones de dólares para hacerse con Twitter

La acumulación de capital ha llegado a adquirir tal magnitud que las multinacionales tienen un peso mayor en el mundo que la inmensa mayoría de los países. En algunos casos no es necesario referirse siquiera a las empresas sino a sus dueños, que se mueven por el mundo como los grandes jefes de Estado. Son los príncipes modernos de las finanzas y ostentan nombres conocidos, como Rockefeller, Rosthschild, Soros, Bill Gates, Zuckerberg…

Cada paso que dan pone al mundo con la mosca detrás de la oreja. Jeff Bezos, el cacique de Amazon, se ha apoderado del Washington Post, Soros y Bill Gates financia a cadenas de periódicos en todo el mundo y Elon Musk quiere hincarle el diente a Twitter. Ha comprado un 9 por ciento del capital, se ha convertido en su principal accionista y ahora ha lanzado un órdago por la totalidad. Ofrece 43.000 millones de dólares, lo cual supone pagar un precio un 38 por ciento más caro de la cotización de mercado.

Musk es un magnate singular en una multinacional también singular. Es propietario de Tesla, la empresa fabricante de vehículos eléctricos, y Starlink, la que proporciona conexión a internet por vía satélite. En Wall Street cuando un accionista supera el umbral del 5 por cien del capital, tiene que presentarse ante la SEC, el regular del mercado, para aclarar si es pasivo, es decir, si ha comprado sólo para cobrar dividendos, o si es activo y quiere participar en la dirección política de la empresa. Musk dijo que era pasivo, pero es mentira.

Su plan es sacar a Twitter de la bolsa y los gestores de la red social se oponen. Otros accionistas, como el príncipe saudí Al-Walid ben Talal también están en contra. El capital de la empresa está muy repartido y los accionistas no saben su precio real porque nunca ha sido rentable y el número de usuarios crece muy despacio. Ahora bien, si la empresa no reparte beneficios y crece despacio, ¿a qué viene ese interés de Musk por adueñarse de ella?

Evidentemente, a Musk le interesa apoderarse de Twitter por motivos políticos, porque hoy el control de los flujos de información se lleva a cabo a través de las redes sociales. Un canal de información, como Twitter, no sólo suministra información a unos lectores pasivos, sino que transforma en activos a los lectores, que reproducen y amplifican determinadas informaciones, en detrimento de otras.

Los buscadores y las redes sociales condicionan las elecciones y, por ello, ponen y quitan a los cargos públicos, sometidos cada minuto a la presión de los “trending topic”. Da lo mismo que la información sea cierta, o falsa, o dudosa. Lo importante es que es ella, y no la realidad, la que condiciona las decisiones que se aprueban en toda clase de instituciones políticas.

No hay SIM sin DNI: el control de la población por medio del móvil

África es un continente inmejorable para establecer el control de la población a través de internet y, especialmente, de los números de teléfono móvil. Una parte importante tiene teléfono, pero no tiene un documento de identificación personal. El truco está con vincular el móvil con el usuario de la línea.

Hace apenas unos días, el Presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, ordenó la suspensión de todas las líneas telefónicas que no estuvieran vinculadas al número de identificación personal. Desde entonces, unos 73 millones de líneas telefónicas han sido suspendidas, desconectando de la red a sus títulares.

En febrero, Nigeria contaba con más de 198 millones de líneas activas en todas las redes, mientras que 125 millones de abonados habían recibido su número de identificación personal para una conexión, verificación y autentificación inmediatas.

“Me siento muy mal. No puedo hacer llamadas, pero puedo recibirlas. Es un desastre y el gobierno debería intentar arreglarlo”, dijo un nigeriano.

“Estoy muy decepcionado, pero tal vez sólo me tengo que culpar a mí mismo. Me advirtieron de que me cortarían la línea. Pensé que era una broma, pero cuando intenté llamar, no funcionó. Vine a reactivar mi línea, pero me dijeron que primero tenía que vincular mi nombre. No lo entiendo”, añadió otro.

Según el gobierno nigeriano, la vinculación de una tarjeta SIM a un número de identidad nacional creará una base de datos de identidad nacional. Se espera que la medida repercuta en la planificación estratégica del gobierno, especialmente en los ámbitos de la seguridad y las proyecciones socioeconómicas.

“El sistema ayuda a planificar la economía. Los nigerianos están afiliados a muchísimas redes. Al igual que el BVN, el número de verificación bancaria, ayuda a luchar contra los delitos económicos, el DNI ayuda a luchar contra la inseguridad y a planificar la economía. Porque usted sabe quién utiliza cada red y en qué medida. También se puede hacer un seguimiento de las actividades en línea de la gente”, dice un especialista.

Las gigantescas inversiones realizadas para llevar internet al espacio dependen de Rusia

Algunos capitales apostaron que el futuro de internet estaba en la conexión a través de satélites el espaciales. En lugar de tender millones de kilómetros de cable bajo tierra o en el fondo del océano, creían que el acceso a la red se conseguirá enviando cohetes al espacio cargados con docenas de satélites.

El objetivo era ofrecer mejores conexiones que el 5G o la fibra óptica, pero también rellenar las “zonas blancas”, esos lugares en los que el acceso no es posible. A pesar de que hay más de un millón de kilómetros de cables, sigue habiendo regiones en las que no hay ni habrá nunca fibra o 5G, incluso en España, donde la cobertura de fibra óptica hasta la vivienda está en porcentajes del 80 por cien y en las zonas rurales en el 46 por cien (*).

En el espacio no hay que desplegar cables a través de mares y territorios de difícil acceso. Se sustituyen por decenas de miles de pequeños satélites en órbita baja, a no más de 2.000 kilómetros de la superficie terrestre, para reducir la latencia, es decir, el tiempo que tarda la señal en viajar de la tierra al satélite y volver.

La competencia entre los monopolios tecnologicos había comenzado, cada uno de la mano de algún gigante de la industria aeroespacial. Actualmente sólo 43 millones de personas están conectados por satélite, es decir, el 1 por cien de la población conectada a internet. Las empresas calculaban que dentro de unos años el mercado crecería y habría miles de millones de conexiones y miles de millones de beneficios.

Ahora el sueño ya no es de color rosa y las gigantescas inversiones realizadas se pueden perder. Rusia ha anunciado que no venderá motores de cohetes a Estados Unidos y no habrá más experimentos con Alemania en la Estación Espacial Internacional.

Tras las sanciones contra Rusia, la mayor parte de los operadores no pueden poner más satélites en órbita, ya que dependen de Roscosmos y sus lanzamientos desde el centro de Baikonur, en Asia central.

La Unión Europea es dependiente de empresas anglosajonas y, para asegurar las conexiones, tenía previsto lanzar una constelación de satélites a partir de 2024, que las sanciones a Rusia han aplazado.

Borrel ha explicado que Bruselas necesita mantener una red propia para los casos de “colapso de las infraestructuras terrestres”, ya sea por ciberataques o cortes de los cables submarinos. La red espacial europea costaría unos 6.000 millones de euros, que ya no será necesario invertir, al menos de momento.

El primer operador de conexión a internet vía satélite, OneWeb, lanzaba sus satélites con los cohetes rusos Soyuz desde Baikonur y tenía un contrato firmado con Roscosmos para lanzar más, lo que ya no es posible. El mes pasado Roscosmos suspendió el lanzamiento de 36 satélites hasta que el gobierno británico abandone la empresa.

Otra empresa, Starlink, también lanza sus satélites gracias a Roscosmos y todos los planes para seguir lanzando más cohetes se han paralizado.

Una tercera, Kuiper, de la que es accionista mayoritario Jeff Bezos, no ha lanzado aún ningún satélite y ha contratado la puesta en órbita con empresas occidentales. El problema es que a su vez esas empresas también dependen de los rusos para fabricar motores de cohetes y otros componentes. Por ejemplo, los cohetes más utilizados en Estados Unidos, el Atlas V de ULA y el Antares de Northrop Grumman, utilizan motores de fabricación rusa.

Pero las empresas espaciales ULA, Northrop Grumman y Arianespace tienen prohibido importar componentes de Rusia…

(*) https://www.nperf.com/es/map/ES/-/-/signal/?ll=36.12860325109547&lg=-6.9200000000000115&zoom=5

El imperialismo impide el desarrollo de la informática libre

Los imperialistas multiplican las presiones para impedir el acceso de los rusos a los programas informáticos de código abierto. Las plataformas como GitHub no deberían ser tan “abiertas” ni tan “libres”. Por eso Github ratifica su sumisión a quien tiene el poder. La informática aclara sus servidumbres políticas.

GitHub ha anunciado una discriminación que acaba con la informática libre. Algunos repositorios serán privados, es decir, que las aplicaciones no serán accesibles para el público en general, sino sólo para un listado de colaboradores de confianza.

En 2019 ya le bloquearon la cuenta en GameHub, una plataforma de juegos, a un usuario porque vivía en Crimea. A otro le hicieron lo mismo porque vivía en Irán.

Algunos no podrán acceder a ciertos desarrollos informáticos y otros que habían puesto sus descubrimientos al servicio de los demás, se vieron censurados. La discrininación entre unos y otros dependía de su país de procedencia.

Es parte de la guerra económica. En 2019 Trump impidió que empresas de telecomunicaciones chinas como Huawei vendieran equipos a Estados Unidos. La medida pretendía neutralizar la capacidad de China para comprometer las redes inalámbricas y los sistemas informáticos de última generación de Estados Unidos. La orden prohibía la compra o el uso de cualquier tecnología de comunicaciones producida por entidades controladas por “un adversario extranjero” que pudiera sabotear los sistemas de comunicaciones estadounidenses o crear “efectos catastróficos” en la infraestructura de Estados Unidos.

El Departamento de Comercio de Estados Unidos prohibió a las empresas vender componentes y aplicaciones informáticas a Huawei y a 70 de sus filiales, que han pasado a formar parte de una lista negra.

GitHub es una plataforma sometida a la legislación estadounidense y no se puede utilizar para el desarrollo de armas nucleares, biológicas o químicas; misiles de largo alcance o vehículos aéreos no tripulados. Es un elenco de prohibiciones que acaba justificando cualquier cosa, como la prohibición de la informática libre.

China dice adiós a GitHub y crea Gitee (*). Las plataformas estadounidenses ya no tienen el monopolio tampoco en este terreno. Con sus 10 millones de repositorios, Gitee es la segunda mayor plataforma de alojamiento y gestión de proyectos informáticos de código abierto.

Estamos cada vez más cerca del fin internet tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Alguien no quiere que el conocimiento sea para todos. Alguien no quiere una comunicación sin fronteras.

(*) https://techcrunch.com/2020/08/21/china-is-building-its-github-alternative-gitee/

La guerra digital acaba con internet

El 24 de febrero, a las 4 de la mañana, los tanques rusos entraron en Ucrania desde Bielorrusia. Seis horas después la empresa de telecomunicaciones Nordnet informó de una avería en un satélite a raíz de un ataque informático que dejó sin internet a miles de europeos.

Unas horas después del discurso oficial de Putin anunciando la operación en Ucrania, 6.000 turbinas eólicas alemanas fueron alcanzadas por otro ciberataque. Los días siguientes estuvieron marcados en Ucrania por los ataques sistemáticos a los sistemas informáticos mediante la aplicación “wiper”, capaz de borrar todos los datos de un ordenador (1).

Letonia y Lituania también fueron atacados por la misma aplicación informática. ¿Fue un ataque ruso?

Con la guerra llegó una avalancha de flujos tóxicos hasta los cortafuegos de los servidores. El 3 de marzo Taiwán sufrió un apagón que dejó a 5,5 millones de personas sin electricidad, justo horas antes de la reunión televisada entre la presidenta Tsai Ing-wen y el secretario de Estado estadounidense. ¿Fue un ataque chino?

El 8 de marzo Netflix, Amazon, Whatsapp, YouTube y Wikipedia sufrieron ralentizaciones simultáneas. Al día siguiente, Spotify, TikTok y Netflix volvieron a experimentar una importante ralentización del flujo digital.

No se sabe quién provoca estos ataques, que no deben meterse en el mismo saco, ya que tienen objetivos distintos. Obviamente las sospechas van contra Rusia, dado el contexto actual de guerra. Pero al mismo tiempo Rusia es uno de los países más atacados. Por ejemplo, el 6 de marzo Anonymous reivindicó la difusión de mensajes contrarios a la guerra, infiltrados en canales de televisión rusos en directo como Russia 24, Channel One, Moscow 24, así como en plataformas de streaming como Wiki e Ivi.

Los ataques de denegación de servicio también afectaron a los sitios web rusos del Ministerio de Defensa, el Kremlin y la Duma, dejándolos inaccesibles durante varias horas.

En internet todos atacan y son atacados; todos son víctimas y verdugos a la vez. La desestabilización digital es una parte de la desestabilización social. A comienzos del año pasado el Foro Económico Mundial pronosticó un “ciberataque equivalente a la pandemia de coronavirus”, al que calificó como “ciberpolígono” (2). Lo más probable es que, como todos los planes que prepara el Foro, la ciberpandemia acabe convirtiéndose también en realidad.

No obstante, la guerra digital no son sólo ciberataques, sino también la censura, una materia en la que Google, Facebook y demás son especialistas capaces de convertir en invisible lo que se creó para ser difundido.

La censura de Google contra los medios rusos es muy anterior la guerra. En 2017 Eric Schmidt, el cabecilla del buscador, ya propugnaba convertir en “invisible” a la cadena rusa Sputnik (3). Redes sociales como Snapchat, Facebook, Twitter o TikTok recurren a trucos informáticos para hacer invisibles ciertas cuentas o reducir su audiencia.

Hasta ahora los Estados se habían mantenido en un aparente segundo plano en materia de censura, dejando la tarea a los monopolios tecnológicos. A finales de febrero la Unión Europea se propuso institucionalizar y legalizar a la Santa Inquisición moderna sin ningún tipo de complejos.

Los trucos informáticos para silenciar y descalificar son cada vez más variados. Incluso han aparecido Torquemadas que han hecho de la censura su razón de existir con el pretexto de la “comprobación de los hechos”, que nunca afectan a las grandes cadenas de información porque son carroñeros del periodismo que sólo desafían a los medios alternativos.

El 10 de marzo Facebook eliminó uno de los pilares con los que justificaba la censura: los insultos, llamamientos a la violencia y amenazas de muerte estaban prohibidas, pero ahora se permiten excepciones contra los soldados rusos, Putin y Lukashenko. Un portavoz del monopolio declaró: “Tras la invasión rusa de Ucrania, hemos tomado la decisión de permitir temporalmente formas de expresión política que normalmente no se aceptarían, como ‘muerte a los invasores rusos’”.

Estados Unidos ha controlado la infraestructura digital del mundo y, sobre todo, impuso la extraterritorialidad de su ley interna. Internet ha sido el último símbolo de su hegemonía imperialista. En cuanto se ha tambaleado, internet se ha dividido en bloques por razones estratégicas y de seguridad.

Se acabaron Windows y Android. Se acabó la computación en la nube (Amazon, Google, IBM). Ahora impera la balcanización. China ha inaugurado su “Gran Cortafuegos”, destinado a garantizar su seguridad digital y en 2019 Rusia aprobó la Ley de Internet Soberano que le permite desengancharse de la infraestructura mundial de la red.

(1) https://www.theguardian.com/world/2022/feb/24/russia-unleashed-data-wiper-virus-on-ukraine-say-cyber-experts
(2) https://www.weforum.org/videos/a-cyber-attack-with-covid-like-characteristics
(3) https://www.lesechos.fr/2017/11/google-veut-rendre-moins-visibles-les-sites-russes-rt-et-sputnik-188630

La Comisión Europea erradica a los medios rusos de los motores de búsqueda

El viernes de la semana pasada la Comisión Europea envió una orden a los motores de búsqueda y las redes sociales con el fin de garantizar la desaparición efectiva de todos los contenidos de los medios rusos RT y Sputnik.

En su purga, la Comisión asume un amplio control del flujo de la información, según Nextinpact, que publica dicha carta (*). El silencio debe ser absoluto. Los buscadores no deben incluir ni siquiera una descripción breves del contenido eliminado.

La censura incluye no sólo la desindexación de los dos sitios, sino también la de todos los enlaces que conducen a su contenido, una decisión que carece de precedentes desde los tiempos en que quemaban a los herejes en las hogueras, junto con sus obras.

Anteriormente la Comisión había invocado la necesidad de cortar todos los canales de difusión de lo que califica como “maquinaria mediática del Kremlin” representada, según ella, por RT y Sputnik, y publicó un reglamento para dar una base jurídica a la censura y establecer “una prohibición muy amplia y completa”.

La carta dirigida, en particular a Google, precisando que “los servicios de búsqueda en Internet son prestados por ‘operadores’ en el sentido del reglamento”. Tras exigir la supresión de rt.com y sputniknews.com de los resultados de las búsquedas en internet, la Comisión recuerda que “la actividad de los motores de búsqueda desempeña un papel decisivo en la difusión de los contenidos en la medida en que los hacen accesibles a todos los usuarios de Internet que realizan una búsqueda […] incluidos aquellos que de otro modo no habrían encontrado la página web en la que se publican estos contenidos”.

“Si los motores de búsqueda, como Google, no eliminan RT y Sputnik, estarían facilitando o contribuyendo al acceso público a sus contenidos”, concluye la Sagrada Inquisición europea.

La carta indica a las redes sociales que también deben participar en esta “limpieza con lejía”, como la llama NextInpact, porque se trata de “impedir a los usuarios la difusión de […] cualquier contenido de RT y Sputnik”, independientemente de que la cuenta esté o no vinculada a RT y Sputnik.

Pero la furia inquisidora va más allá, ya protende prohibir los mensajes que reproduzcan contenidos de los dos medios rusos. “Esos mensajes no serán publicados y, si lo son, deben ser borrados”, dicen los Torquemada de Bruselas.

En consecuencia, la vensura no va sólo contra RT y Sputnik. “Si otro medio de comunicación dice informar a sus lectores o espectadores, pero de hecho emite contenidos de Russia Today o Sputnik […], estará infringiendo la prohibición establecida en el reglamento”.

(*) https://www.nextinpact.com/article/68560/le-courrier-commission-europeenne-exigeant-bannissement-numerique-rt-et-sputnik

Ataques cibernéticos contra Ucrania

El ciberespacio es un nuevo escenario de guerra, descrito en los manuales militares como la “quinta dimensión”, después de la terrestre, la marítima, la aérea y la espacial. Las guerras informáticas son tan destructivas como las viejas y mucho más baratas de implementar. El agresor difícilmente sale a la luz pública, por lo que no parece ser tal agresor, pero hay algo evidente: en el ciberespacio todos atacan a todos y todos se defienden de todos. En otras palabras, no hay agresores ni agredidos.

Desde el Golpe de Estado de 2014, Ucrania se ha convertido en un laboratorio de las operaciones cibernéticas. Ha padecido numerosos ataques informáticos, con diversos objetivos y formas. Algunos han surgido allí antes de extenderse a otros países.

Una de las primeras tuvo como objetivo la Comisión Electoral Central durante la primera farsa electoral presidencial de 2014, posterior al Golpe de Estado.

El ataque a la central eléctrica de Ivano-Frankivsk en 2015 dejó parte de la región sin electricidad a mediados de diciembre. Los autores consiguieron acceder a las redes Scada (Supervisory Control and Data Acquisition), lo que recordó el ataque israelí Stuxnet, que tuvo como objetivo la central nuclear iraní de Natanz en 2009.

El ataque a los sistemas eléctricos se hace eco del Experimento Aurora, realizado en 2007 por un equipo del Laboratorio Nacional de Idaho. Se demostró que una penetración en las infraestructuras eléctricas podían destruir permanentemente un generador diesel de 2,25 megavatios.

Un año después, en 2016, un nuevo ataque dirigido a los sistemas eléctricos afectó a Kiev durante varias horas.

En 2017, primero NotPetya y luego WannaCry se hicieron famosos. Al destruir datos, las aplicaciones piratas -disfrazadas con pticiones de rescate- provocaron el caos más allá de la frontera ucraniana y afectaron a 300.000 servidores de más de 100 países. Naturalmente, ambos se atribuyeron a Rusia sin ningún tipo de pruebas.

Además, hay numerosos bots en las redes sociales para influir sobre la información que circula, ya sea para difundir noticias verdaderas como falsas.

El SBU, el servicio de inteligencia ucraniano, afirma haber detectado un gran número de intentos de ataque en los últimos meses, como intentos de conexión a servidores de mando y control para obtener acceso no autorizado, ataques a aplicaciones web y uso de aplicaciones informáticas maliciosas.

El ciberataque de mediados del mes pasado no fue, pues, una sorpresa. Tenía como objetivo a organismos publicas que participan en la gestión logística del ejército que, en caso de invasión, podría haber afectado a la eficacia operativa de Kiev.

El SBU acusa al grupo de piratas UNC 1151 que, a su vez, como no podía ser otra forma, asocian con la inteligencia militar bielorrusa, al tiempo que observa similitudes en la aplicación utilizada con las que emplean los piratas rusos.

El 18 de enero, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos (CISA) se refirió a los ataques en Ucrania, que podrían presagiar posibles amenazas a Estados Unidos, y recordó los anteriores ataques NotPetya y WannaCry, es decir, que apuntaba a Rusia. Como siempre.

Al mismo tiempo, la OTAN advirtió que apoyaría a Ucrania contra los ciberataques. Un ataque DDoS dirigido al código del propio sitio web acaba de afectar al Ministerio de Defensa ucraniano y a dos bancos, entre ellos el gigante PrivatBank.

En junio del año pasado, Biden atribuyó a Rusia el ataque a la cadena de suministro Solar Gate, que afectó a muchas instituciones estadounidenses. Fue un pretexto para imponer más sanciones, incluida la creación de una lista negra de empresas informáticas rusas (ERA Technopolis, Pasit, SVA, Neobit, AST y Positive Technologies) en la que se prohibía a las empresas e instituciones financieras estadounidenses trabajar con ellas.

El ciberespacio es como el mundo terrenal: nnos quieren hacer creer que Rusia ataca sin que nadie le ataque.

Facebook pierde usuarios por primera vez en su historia

Las persistentes tropelías de Facebook comienzan a pasar factura. La pérdida de usuarios demuestra que su mejor momento ya ha pasado. En el último trimestre del año pasado el número de usuarios activos se ha redujo por primera vez en 18 años.

Otras filiales del holding, como Instagram y WhatsApp, siguen la misma senda, con un estancamiento en el número de usuarios, por lo que pronto empezará su caída. Cuando millones de personas han estado enganchadas al teclado como nunca antes por los dos años de confinamiento, son muy malas noticias.

El miércoles su valor en bolsa de Facebook se desplomó, perdiendo un 25 por ciento en una sesión, lo que supone 200.000 millones de dólares que se esfuman.

La recaudación por publicidad ha sido inferior a la prevista, en un momento pandémico en el que los anuncios en las redes sociales se han disparado.

La división Reality Labs, encargada del desarrollo de los negocios de realidad virtual, cuyos resultados específicos se detallaron por primera vez, registró una pérdida neta de 10.200 millones de dólares el año pasado.

Todas las sucursales de Facebook se enfrentan a la competencia de otras plataformas, como Tiktok, mucho más dinámicas.

Todo va mal en el holding de Mark Zuckerberg, que se ha ganado su infamia a pulso. Ahora mismo es sinónimo de censura de textos y espionaje a sus propios usuarios. Está por ver si el cambio de nombre a “Metaverso” engaña a alguien y lava la cara de la red social.

A otros monopolios tecnológicos no les va mejor. Desde principios de año Google, Apple, Amazon, Microsoft y Netflix han perdido cerca de un billón de dólares, una caída sin precedentes.

Israel planea controlar los contenidos de las redes sociales palestinas

Resulta irónico que incluso el ex primer ministro israelí de derechas, Benjamin Netanyahu, haya rechazado un proyecto de ley de la Knesset (Parlamento israelí) que proponía dar al gobierno un mayor poder para controlar y suprimir los contenidos en línea. Esto fue en 2016, y el proyecto de ley fue presentado por el rival del partido Likud de Netanyahu, Gideon Sa’ar.

Algunos analistas argumentaron que Netanyahu había temido que una ley destinada a suprimir la libertad de expresión palestina en línea pudiera ser aprovechada por sus enemigos para controlar su propio discurso e incitación. Ahora que Netanyahu ya no está en el panorama, el proyecto de ley ha vuelto, y también Sa’ar.

Gideon Sa’ar es actualmente ministro de Justicia y viceprimer ministro de Israel. Mientras su jefe, Naftali Bennett, avanza rápidamente en la expansión de los asentamientos y en el empeoramiento de las ya horribles realidades de los palestinos sobre el terreno, Sa’ar está ampliando la ocupación militar israelí de los palestinos al ámbito digital. Lo que se conoce como la “Ley de Facebook” va a conceder “a los tribunales israelíes la facultad de exigir la retirada de contenidos generados por los usuarios en las plataformas de contenido de las redes sociales que puedan percibirse como incendiarios o que perjudiquen la seguridad del Estado, o la seguridad de las personas o la seguridad del público”.

Según una declaración del 30 de diciembre de la Coalición Palestina por los Derechos Digitales (PDRC) y el Consejo de Organizaciones Palestinas de Derechos Humanos (PHROC), la censura israelí de los contenidos palestinos en línea se ha profundizado desde 2016, cuando se presentó por primera vez el proyecto de ley de Sa’ar.

En su declaración, las dos organizaciones destacaron el hecho de que la llamada Unidad Cibernética de Israel había presentado 2.421 solicitudes a las empresas de medios sociales para eliminar el contenido palestino en 2016. Esa cifra ha crecido exponencialmente desde entonces, hasta el punto de que solo la Unidad Cibernética ha solicitado la eliminación de más de 20.000 artículos palestinos. El PDRC y el PHROC sugieren que la nueva legislación, que ya fue aprobada por el Comité Ministerial de Legislación el 27 de diciembre, “sólo reforzaría la relación entre la Unidad Cibernética y las empresas de medios sociales”.

Desgraciadamente, esa relación ya es fuerte, al menos con Facebook, que censura habitualmente contenidos palestinos y ha sido muy criticada por Human Rights Watch y otras organizaciones. Tras examinar las numerosas denuncias de censura de Facebook, Deborah Brown, investigadora principal de derechos digitales y defensora de HRW, concluyó que “Facebook ha suprimido contenidos publicados por palestinos y sus partidarios que hablan de cuestiones de derechos humanos en Israel y Palestina”.

La implicación de Facebook en los esfuerzos de Israel destinados a silenciar las voces palestinas en línea que piden justicia, libertad y el fin de la ocupación, se sitúa a su vez en un acuerdo que la empresa había alcanzado con Israel en septiembre de 2016. Entonces, el gobierno israelí anunció que había firmado un acuerdo con el gigante de las redes sociales “para trabajar juntos y determinar cómo abordar la incitación en la red de medios sociales”. A los pocos días, se informó de que se habían eliminado las cuentas de destacados periodistas y activistas palestinos.

La última “Ley Facebook” de Israel no sólo se refiere al control de los contenidos en las plataformas relacionadas con Facebook, incluyendo Instagram y otras. Según un editorial de Haaretz publicado el 29 de diciembre, el impacto de este proyecto de ley en particular es de gran alcance, ya que otorgará a los jueces de los tribunales de distrito de todo el país el poder de eliminar publicaciones, no sólo de Facebook y otros medios de comunicación social, “sino de cualquier sitio web”.

Como es lógico, la censura israelí de los contenidos palestinos se justifica con el típico pretexto de proteger la “seguridad nacional” de Israel. Todos sabemos cómo interpreta Israel este escurridizo concepto para incluir cualquier cosa, desde un palestino que pide que Israel rinda cuentas por sus crímenes en los territorios ocupados, hasta otro que exige el fin del apartheid israelí o un tercero que escribe un poema. Un ejemplo de ello fue el humillante encarcelamiento del poeta palestino Dareen Tatour. Éste, ciudadano israelí, fue encarcelado en 2015 por orden judicial por escribir un breve poema titulado “Resiste, pueblo mío, resiste a ellos”.

A juzgar por la experiencia pasada, no cabe duda de que la “Ley de Facebook” se dirigiría casi exclusivamente a los palestinos. Además, a juzgar por los éxitos anteriores de Israel, muchas empresas de medios digitales y sociales cumplirían con las exigencias de Israel de censurar a los palestinos en todas partes.

En su informe del 11 de enero, el Centro Árabe para el Avance de los Medios Sociales -7Amleh- detalló algunas de las prácticas que Israel lleva a cabo para vigilar, silenciar y espiar a los palestinos. El informe de 7Amleh, titulado “Hashtag Palestina 2021”, analiza el creciente uso de tecnologías de vigilancia, especialmente en el contexto de una propuesta de ley israelí que ampliaría el uso de cámaras de reconocimiento facial en espacios públicos. Cabe señalar que estas tecnologías ya se han utilizado contra los palestinos en los puestos de control militar israelíes en toda Cisjordania durante al menos dos años.

Además, el programa espía israelí Pegasus, que recientemente ha sido noticia en todo el mundo por su uso contra numerosas personalidades, también se ha utilizado durante mucho tiempo contra activistas palestinos. En otras palabras, Palestina sigue siendo el campo de pruebas de las violaciones de los derechos humanos de todo tipo por parte de Israel, ya sea con nuevo armamento, control de multitudes o vigilancia.

Como es de esperar, lo que se aplica a los palestinos que exigen su libertad en Internet no se aplica a los israelíes que incitan a la violencia y difunden el odio contra esos mismos palestinos. Según el “Índice de Racismo e Incitación” de 7Amleh, publicado el pasado mes de junio, durante la guerra israelí contra la asediada Franja de Gaza y la posterior violencia antipalestina en toda Palestina en mayo de 2021, “la incitación en hebreo contra árabes y palestinos aumentó 15 veces” si se compara con el mismo periodo del año anterior. Mucho de esto ha pasado desapercibido, y apenas es objeto de la propuesta de “Ley Facebook” o de las siniestras actividades de la Unidad Cibernética. Para Gideon Sa’ar y los suyos, la incitación antipalestina, junto con la violencia diaria ejercida contra los palestinos ocupados, no es un problema.

Mientras que a Israel se le permite, gracias al silencio ensordecedor de la comunidad internacional, mantener su ocupación militar de Palestina, cimentar su apartheid y profundizar su control de la vida palestina en todas partes, no se le debería permitir ampliar esta matriz de control también al ámbito digital. Las organizaciones de la sociedad civil, los activistas y los ciudadanos de a pie de todo el mundo deben alzar la voz para poner fin a esta burla.

Además, como nos han enseñado las experiencias de las tecnologías de vigilancia Pegasus y de reconocimiento facial, lo que suele aplicarse primero a los palestinos acaba normalizándose y aplicándose en todos los demás lugares. Por tanto, hay que hacer frente a Israel en sus abusos de los derechos humanos en Palestina, porque estos abusos, si se normalizan, pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana, independientemente del lugar del mundo en el que nos encontremos.

Ramzy Baroud https://www.monitordeoriente.com/20220120-como-la-ley-facebook-de-israel-planea-controlar-todo-el-contenido-palestino-online/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies