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El peligro no son los criminales sino la policía de ‘A Cidade Maravilhosa’

El ejército bloquea la salida de un barrio de Río
En noviembre la policía de Río de Janeiro asesinó a 125 personas. El número de crímenes policiales es un 33 por ciento más elevado que en noviembre del año pasado, cuando la policía mató a 94 personas, según datos oficiales publicados el 15 de diciembre por el Instituto de Seguridad Pública, vinculado al Departamento de Seguridad del Estado de Río.

En total, los asesinatos policiales alcanzan a 1.035 personas en lo que va de año o, dicho en otras palabras: en Río de Janeiro la policía comete el 21 por ciento de los crimenes violentos. Los asesinatos policiales crecen a un ritmo del 12 por ciento anual.

Todo indica que el peligro no son los criminales sino la policía, al menos en “A Cidade Maravilhosa”. Cuanto más dismuyen los crímenes violentos, más mata la policía. La tasa de letalidad criminal hubiera bajado de no ser por el gatillo policial.

Los maderos no tienen excusa. El número de policías civiles y militares que murieron en acto de servicio disminuyó de siete en noviembre de 2016 a tres en el mismo mes de este año. Desde comienzos de año la cifra también desciende, de cuarenta en 2016 a 31 este año.

El informe también muestra que hubo 453 casos de homicidios registrados en noviembre de 2017, un 1,7 por ciento menos que en el mismo período en 2016. Los robos en las calles también cayeron un 16,6 por ciento, de 12.167 en noviembre de 2016 a 10.144 en el mismo período.

En octubre murió la española María Esperanza Jiménez Ruiz, de 67 años, por un disparo de un policía militar, cuando estaba de visita turística en Rocinha, la mayor favela de Rio de Janeiro.

Las agencias de turismo organizan paseos para conocer las favelas, pero no informan de que es una actividad de alto riesgo por culpa de la policía. Para un turista ávido de emociones fuertes, más segura que Río de Janeiro es cualquier ciudad de Somalia.

Los residentes de las 800 favelas de Río de Janeiro viven aterrorizados. En Rocinha viven unas 200.000 personas y se encuentra próxima a los lugares más turísticos de Río, entre ellos la playa de Ipanema. El gobierno movilizó al Ejército en el barrio, donde desplegó 1.000 soldados durante una semana. El alcalde de “A Cidade Maravilhosa”, Marcelo Crivella, quiere que los militares vuelvan a ocupar el barrio.

Da miedo sólo pensar en esa eventualidad.

http://riotimesonline.com/brazil-news/rio-politics/rio-police-killed-33-percent-more-people-in-november-than-last-year/

No es Oriente Medio, es Brasil, un auténtico paraíso para los turistas

Canadá convalida las confesiones arrancadas bajo tortura

La deriva de los países que más alardean de respecto por los derechos humanos es muy significativa. El artículo 15 del Convenio de la ONU contra la tortura, aprobada en 1984, impide que las confesiones arrancadas bajo tortura se pueden utilizar en un juicio como prueba.

Este tipo de declaraciones siempre han sido papel mojado, aunque hasta ahora se hacía de tapadillo. Ahora ya no se cortan ni un pelo en saltarse las normas a la torera: el ejército y el espionaje canadienses han recibido nuevas instrucciones que limitan, pero no impiden por completo, el uso de información obtenida bajo tortura por gobiernos extranjeros.

La directiva, emitida por el ministro de Defensa, Harjit Sajjan, permite al ejército canadiense y al Centro de Seguridad de Telecomunicaciones, utilizar la información arrancada por tortura, aunque naturalmente todo esto se envuelve en papel de regalo: para ello es necesario que permita salvar vidas o prevenir lesiones graves.

Por ejemplo, se admite la tortura para obtener información sobre la amenaza de un ataque terrorista, pero el ejército admite que un posible ataque contra los soldados canadienses también puede ser favorable a tal recurso.

Hasta ahroa el ejército y el Centro de Seguridad de Comunicaciones no podían compartir información con otros gobiernos o instituciones extranjeras o solicitarla, si la petición podía conducir a la tortura o la violencia.

Estas nuevas directivas del Ministro de Defensa son comparables a las anunciadas en septiembre por su colega de Seguridad Pública, Ralph Goodale, dirigidas a la Real Policía Montada Canadiense, el Servicio canadiense de Inteligencia de Seguridad y a la Agencia servicios fronterizos.

Naturalmente, las organizaciones de derechos humanos y del partido NPD en Ottawa se han rasgado las vestiduras porque dicen -con razón- que equivalen a tolerar el uso de la tortura, en violación del derecho internacional.

Las potencias imperialistas van de cabeza hacia el fascismo y lo peor de todo es que nadie habla claro al respecto. Todos se evaden con eufemismos.

La CIA sigue torturando a los presos de Guantánamo 15 años después de su apertura

La tortura persiste en el presidio de Guantánamo, denunció el miércoles, Nils Melzer, relator especial sobre torturas de la ONU. Dijo que había encontrado pruebas de que Ammar al-Baluchi continúa siendo torturado por la CIA en Guantánamo.

La denuncia se produce casi una década después de que Estados Unidos asegurara que había prohibido las llamadas “técnicas de interrogatorio mejoradas”, un eufemismo para referirse a la tortura que fue aprobada por Bush.

Melzer afirmó que Estados Unidos está “en clara violación” del derecho internacional por “no procesar el delito de tortura bajo custodia de la CIA” y agregó que Estados Unidos envió “un mensaje peligroso de complacencia e impunidad a sus sicarios.

El Pentágono ha desmentido las afirmaciones de Melzer de que la práctica de la tortura continua en Guantánamo., pero un informe de 2014 del Comité de Inteligencia del Senado reconoció el uso de la tortura por parte de los Estados Unidos, contra los detenidos en la “guerra antiterrorista”.

Estados Unidos abrió el campo de concentración de Guantánamo en 2002 para albergar a los detenidos, junto con otro tipo de centros similares por todos el mundo, encerrados de manera secreta y sin juicio previo.

Desde su apertura, Guantánamo, también conocida como Gitmo, ha albergado a casi 800 detenidos torturados y en situación ilegal.

Obama admitió que la CIA había “torturado a personas” desde 2001. Antes de llegar a la presidencia, prometió cerrar el campo, pero al final no cumplió.

Hay 41 hombres retenidos en Guantánamo; 26 nunca han sido acusados de un delito, y cinco continúan detenidos a pesar de haber recibido autorización para ser liberados, según un informe de marzo de 2017 de la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos.

Se abre investigación por la muerte de un preso torturado en la cárcel de Castellón II

Ahora, por fin, la fiscalía ha abierto una investigación para esclarecer la muerte de un recluso murciano el pasado mes de octubre en la cárcel de Albocàsser (Castellón II). La familia asegura que el cadáver de Manuel Fernández Jiménez, de 28 años y natural de El Puntal (Murcia), presentaba cardenales y signos de haber sido maltratado.

Manuel Fernández estaba cumpliendo condena, en primer grado de tratamiento y régimen de aislamiento, en la cárcel de Castellón II. El 22 de octubre, domingo, llamaron por teléfono a su madre, diciéndole que Manuel había fallecido a la una de la madrugada de ese mismo día, que había faltado al recuento de la mañana y que habían ido a la celda que ocupaba y lo habían encontrado muerto.

Según la Coordinadora Anti Represión Región de Murcia, no le dieron ninguna otra información, más que el teléfono de una funeraria. La madre habló con algún empleado de la misma que le preguntó si quería que trasladaran el cuerpo de Manuel a Murcia y ella le dijo que sí. Cuando llegó el cuerpo, los empleados de la funeraria no les querían dejar verlo. Después de insistir, consintieron en que lo vieran únicamente los padres. Estaba tapado hasta el cuello, de manera que sólo se le veía la cara.

Pero pudieron ver que tenía heridas en ella, la nariz deformada y marcas en la frente. Exigieron que lo destaparan y pudieron ver que tenía lesiones y cardenales por todo el cuerpo: unos extraños puntos negros en la barbilla; marcas en muñecas y brazos, y también en los tobillos; los dedos magullados y varias uñas rotas; cardenales en el pecho y marcas en el cuello, según la Coordinadora Anti Represión.

Hicieron fotos de todo y llamaron a la policía nacional para que vieran aquello. Según la familia, vinieron cuatro agentes, pero se negaron a mirar siquiera el cuerpo, diciendo que no era cosa suya, al haberse producido la muerte en Castellón.

“Los empleados de la funeraria no trajeron ningún papel, ni certificado de defunción, ni informe de la autopsia, ni nada. Les tuvieron que exigir algún documento que certificara la situación, a través de un abogado, ya que se negaban a entregarlo, y les dieron un acta de enterramiento. Fueron con una abogada al juzgado de guardia de Murcia, donde lo denunciaron todo y nombraron una procuradora para pedir los documentos en el juzgado de instrucción nº 4 de Castellón, que lleva el caso. Llegó un papel que solamente decía que autorizaban a enterrar el cuerpo y que había muerto en Albocàsser de muerte súbita a estudio”, según indica la Coordinadora Anti Represión.

La familia se encuentra consternada e indignada por todo lo sucedido. “No sólo les han entregado muerto a un muchacho de 28 años recién cumplidos que unos días antes rebosaba salud; les han comunicado la muerte con verdadera brutalidad; se han resistido en todo momento a facilitarles la menor información sobre lo sucedido: llamaran a quien llamaran, todos les daban largas, sin ningún respeto por su dolor y ansiedad; cuando ven el cuerpo, lo encuentran lleno de huellas que podrían ser de malos tratos…Creen que Manuel ha podido morir violentamente”, señala la Coordinadora Anti Represión.

La familia de Manuel piensa ir hasta el fondo del asunto. Junto a la denuncia, aportaron las fotos de las lesiones que presentaba el cuerpo y solicitaron una segunda autopsia.

“Esa petición fue denegada, en espera de que se conocieran los resultados de la primera autopsia realizada. Finalmente, el cadáver ha sido enterrado sin que se practique la segunda. Se sienten en situación de indefensión, pues hasta ahora no han conseguido de ninguna autoridad acción alguna que pudiera disipar sus dudas”, añade la Coordinadora Anti Represión.

Más información: 

Los policías de la transición se adiestraron en la dictadura militar argentina

Entre 1976 y 1983, cientos de militares argentinos se especializaron en diferentes métodos de tortura. No figuraba oficialmente en los programas de estudio, pero alcanzaba con incorporarse a alguno de los temibles “grupos de tareas” –eufemismo empleado para identificar a los comandos a cargo de los secuestros y torturas de opositores– para aprender el amplio y tenebroso arte de los tormentos.
Sus inventores lo llamaban “teléfono”, pero no servía
precisamente para hablar. En la Argentina de los campos de
concentración, aquel temible instrumento era una pieza más en el
catálogo del infierno: cuando los torturadores tenían ganas de jugar, lo
utilizaban para atormentar aún más a sus víctimas. Básicamente,
consistía en un aparato que daba descargas simultáneas de electricidad
en oreja y boca. Era simplemente horroroso. Otro día podían meterte un tubo por el ano y
soltar dentro una rata. “Rectoscopio”, lo denominaban los verdugos.

A fuerza de electrocutar, ahogar y golpear a personas indefensas, la dictadura de Jorge Rafael Videla se hizo un hueco en el disputado mercado de la lucha anticomunista. O antiterrorista, como preferían (y prefieren) denominarla aquellos que buscaban justificar tales crímenes. En ese contexto, la España de la transición apostó firmemente por la “escuela argentina” a la hora de formar a varios policías, guardias civiles y miembros del ejército. Todo ello ocurrió en los prolegómenos de la creación del GAL, el grupo terrorista que practicó la guerra sucia contra ETA.

Estos casos llegaron a mediados de los noventa a la Audiencia Nacional, donde el juez Baltasar Garzón efectuaba una investigación sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura argentina. Sin embargo, el magistrado no dispuso de toda la información existente en torno a este asunto, y no precisamente porque los documentos en cuestión hubiesen desaparecido. Nada de eso. El gobierno de José María Aznar no aportó todos los archivos que daban forma a este capítulo de la colaboración establecida entre España y el régimen genocida de Videla.

En el marco de aquel procedimiento judicial, Garzón recibió un listado de militares españoles que habían realizado cursos en Argentina durante los años de la dictadura. El documento había sido enviado el 19 de enero de 1998 por el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército, que había localizado en sus registros los casos de 10 militares que entre 1979 y 1983 se desplazaron a Buenos Aires. La mayoría eran coroneles y habían realizado cursos en la Escuela de Inteligencia del régimen argentino.

El 13 de mayo de 1998 el entonces ministro de Defensa, Eduardo Serra, envió a Garzón un listado más amplio sobre “nombre y empleo de los militares españoles que siguieron cursos en centros militares argentinos entre los años 1976 y 1983”. Ese documento incorporaba los nombres del coronel de Infantería Marina Cristóbal Gil y Gil y del general de División del Ejército del Aire José María Paternina Bono, quienes también habían cursado estudios en el país sudamericano en 1981 y 1982 respectivamente.

El coronel Gil y Gil llegó a ser señalado por una de las víctimas de la ESMA, el mayor campo de concentración de la dictadura. Según el sobreviviente Víctor Basterra, el militar español había participado en secuestros, algo que el acusado negó ante el juez Garzón. Durante su declaración en sede judicial, efectuada el 16 de junio de 1998, incluso aseguró que cuando viajó a Argentina no sabía que allí se estaban produciendo desapariciones, algo que entonces era de público conocimiento a nivel internacional.

La transcripción de su declaración ofrece algunas otras pistas. “Preguntado si en el curso mencionado también se le instruyó sobre formas de combatir la subversión, contesta que esas eran las técnicas conocidas en España y en cualquier otro país occidental, siendo normales la existencia de libros de guerra de guerrillas. Por el contrario, el contenido del curso estaba centrado en el estudio del pensamiento y sus diferentes manifestaciones a través del Estado”, aseguró. También admitió que en 1981, cuando fue designado para realizar ese curso, efectuaba labores de Inteligencia “en el ámbito de lo que en aquel entonces era el antecedente del CESID”.

Ni las declaraciones de Gil y Gil ni los listados obtenidos por Garzón con los nombres de otros 11 militares tuvieron mayor recorrido. La causa llevada adelante por el magistrado de la Audiencia Nacional se detuvo en 2003, cuando Argentina anuló las leyes de impunidad y comenzó a investigar los crímenes de la dictadura. De esta manera, las averiguaciones que se habían emprendido en Madrid para conocer el papel de los militares españoles adiestrados en Buenos Aires quedaron paralizadas.

Hay una serie de documentos que no fueron aportados por el gobierno de Aznar a Garzón y que demuestran que la “formación” de policías y militares españoles en Argentina fue bastante más amplia. Esta estrecha colaboración se enmarcó en un “plan de becas” establecido inicialmente por el régimen de Videla para formar a agentes de otras dictaduras latinoamericanas.

En septiembre de 1977 la dictadura decidió ampliar esa oferta “a la Institución policial del Reino de España”. Así consta en un documento firmado por el entonces Jefe de la Policía argentina, Edmundo René Ojeda, quien destacaba que “la presencia de miembros de las instituciones hermanas” –en alusión a España– permitiría “optimizar” esfuerzos para “enfrentar con éxito la lucha común contra la delincuencia en todas sus formas”.

“En función de ello, se procura concurrir al intercambio de conocimientos y experiencias, en el que será de importancia el aporte de representantes de la Madre Patria. Asimismo, habrá de lograrse un acercamiento entre Fuerzas, idóneo para estrechar los vínculos que las unen”, señala el documento enviado por Ojeda al embajador de Videla en España, Leandro Enrique Anaya. También explicaba que todos los cursos tendrían “carácter intensivo, con clases teórico-prácticas dictadas de lunes a sábado inclusive, complementadas con visitas de estudio y/o conferencias especiales”.

El 25 de noviembre de 1977 el ministerio de Exteriores de España informó que el gobierno de Adolfo Suárez había aceptado las becas ofrecidas por la dictadura para miembros de las Fuerzas de Seguridad. “El Ministerio de Asuntos Exteriores saluda atentamente a la Embajada de la República Argentina en Madrid, y en relación con su nota verbal número 385, sección 2, de 19 de octubre último, relativa al Plan de Becas de la Policía Federal Argentina, tiene la honra de informarle que la Subsecretaría de Orden Público del ministerio del Interior acepta dos de las becas ofrecidas, a fin de que un oficial de la Guardia Civil y otro de la Policía Armada puedan realizar el Curso de Explosivos previsto para el día 23 de octubre de 1978”, señalaba la nota.

La colaboración continuó en años posteriores. En otro documento fechado el 3 de agosto de 1979 la embajada de Videla en Madrid notifica a la Subsecretaría del ministerio del Interior de España que “la Policía Federal Argentina ha informado a nuestra Cancillería que acepta la postulación del capitán Miguel Ángel Ortiz Asín y la del teniente Ángel Martín San Miguel, ambos pertenecientes al cuerpo de la Guardia Civil, para realizar el curso II Explosivos Latinoamericanos (sic), que dará comienzo el 10 de octubre próximo, de acuerdo con el Plan Becas 79”.

Cuando Garzón investigaba este tipo de colaboraciones, el gobierno de Aznar no aportó ninguno de estos documentos en el juzgado. Su “omisión” permitió que estos acuerdos siguieran escondidos. Luego, la causa se cerró.

http://www.publico.es/politica/dictadura-argentina-gobierno-aznar-oculto-datos-militares-policias-adiestrados-videla.html

Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales

El 15 de diciembre Netflix estrena “Wormwood”, una serie que explora el “suicidio” en 1953 de un espía de la CIA, Frank Olson, que participó en el proyecto MK-Ultra para controlar el intelecto humano mediante el uso de drogas, torturas y técnicas psíquicas.

Olson trabajaba como químico en un departamento del ejército, la División de Operaciones Especiales de Fort Detrick, en Frederick (Maryland). Sus investigaciones siguen siendo secretas, aunque se sabe estaba involucrado en el desarrollo de armas biológicas.

En 1953, como Jefe de Operaciones Especiales de la CIA, se asoció con William Sargant, que investigaba drogas psicoactivas en el Centro de Guerra Biológico de Gran Bretaña, en Porton Down.

Sin embargo, en Alemania fue testigo de brutales interrogatorios en los que veía cómo administraban alucinógenos a los detenidos para torturarlos y asesinarlos.

Manifestó su desacuerdo a Sargant y le comentó que pensaba abandonar el espionaje. A su vez, Sargant informó al espionaje británico, a quien aseguró que Olson era un riesgo para la seguridad. Las críticas llegaron a oídos de la CIA, que envío a Olson a uno de sus psiquiatras, quien recomendó que fuera internado en un siquiátrico.

Le intoxicaron con LSD sin su conocimiento, lo que le provocó una severa paranoia y una grave crisis nerviosa. En su última noche en Manhattan, le lanzaron desde el undécimo piso de su habitación del Hotel Pennsylvania, falleciendo inmediatamente. Como es costumbre, la CIA mintió. Dijo que Olson se había suicidado.

Su familia nunca tuvo detalles de la muerte hasta que en 1975 la Comisión Rockefeller empezó a desvelar ciertas actividades de la Operación MK-Ultra. La CIA admitió que le había suministrado grandes dosis de LSD sin su consentimiento y para tapar el crimen pagaron 750.000 dólares a la familia.

En 1994 su hijo Eric exigió que el cuerpo fuera exhumado. El forense determinó que Olson había sufrido un golpe en la sien izquierda previo a ser arrojado a través de los cristales rotos de la ventana de la habitación.​ Las heridas y laceraciones producidas por el paso a través de los vidrios no habían sangrado, lo que implicaba una lesión “postmortem”.

La prueba indica que fue asesinado y luego arrojado al vacío. Basándose en estos hallazgos, en 1996 el fiscal de Manhattan abrió una investigación, pero los culpables no aparecieron.

En 2002 la familia hizo una declaración pública​ en la que acusaba al gobierno estadounidense de mentir a sus ciudadanos y haber asesinado a su padre.

Frank Olson no se suicidó. Es un caso en el que la CIA mató a uno de los suyos.

Más información:

— Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura

La policía utiliza drones de la OTAN para el control de la población desde hace años

Desde hace unos diez años la policía experimenta con drones para el control de la población. Algunos de ellos se pusieron en funcionamiento por vez primera en la primavera, aunque de manera secreta llevan mucho más tiempo en el aire.

Los artefactos son prototipos militares homologados por una cumbre de la OTAN celebrada en Estrasburgo en abril de 2009. Están propulsados por motores eléctricos, pesan unos dos kilos, utilizan vuelos estacionarios a una altura de 50 a 100 metros, se desplazan a 70 kilómetros por hora, se guían por control remoto y disponen de cámaras de vídeo dotada de visión infrarrojos y un potente zoom.

Los drones policiales cuestan 60.000 euros cada uno y son capaces de cumplir muy diversas funciones, desde el control del tráfico hasta el de los manifestantes en las calles.

No obstante, como son un poco caros, algunos ayuntamientos de la Costa del Sol prefieren arriesgar la vida de sus policías locales colgándolos de una especie de hélices o motos aéreas, en las que se pueden desplazar a 45 kilómetros por hora (1).

Lo mismo que las cámaras públicas de videovigilancia, que se legalizaron hace 25 años en medio de las típicas declaraciones hipócritas de los parlamentarios, el uso de drones es absolutamente ilegal. Por eso algunas a algunas policías a las que aún les quedan escrúpulos puritanos se esmeran en prometer que los drones no van a sobrevolar áticos, jardines, terrazas o balcones, mientras que otras lo que hacen es lo de siempre: ampliar sus facultades (siempre a costa de los derechos) (2).

El truco legal ya se aplica a las empresas privadas que utilizan estos artilugios aéreos, que no pueden sobrevolar inmuebles o aglomeraciones urbanas. A ello la policía le añade su patente de corso: excepto que lo requieran el orden público o la seguridad ciudadana. Como esas son las tareas de la policía, pronto tendremos drones delante de las ventanas de nuestras habitaciones.

Para hacer tragar a la población con la vigilancia permanente, la policía montará el típico espectáculo mediático, como ha hecho en algunas ciudades europeas, para demostrar que son imprescindibles y salvan vidas. En una ciudad muy conocida, la policía llamó a la televisión para alertar de que una persona estaba con sus dos hijas en el balcón de su casa, desde el que amenazaba con arrojarse al vacío. Gracias a uso de drones la policía lo pudo evitar.

Los drones pueden privatizar una parte de los servicios policiales de reconocimiento, ya que -al menos por ahora- los pilotan expertos contratados por las empresas que los fabrican, sobre todo los más pesados.

Una vez que la población trague con el empleo de drones sobre sus cabezas, el paso siguiente será armarlos con fusiles de gruso calibre, capaz de matar a cualquiera a distancia. Así, un día estaremos esperando que el semáforo se ponga en verde y el que esté a nuestro lado, o nosotros mismos, caeremos fulminados de un disparo y nos desangraremos encima de la acera.

Esto acabará de la misma forma que la serie de películas “Terminator”. Como los demás avances técnicos, los drones tienen su réplica de carne y hueso: los halcones peregrinos, que son cazadores letales capaces de destruir estos aparatos mecánicos. La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha encargado a la Universidad de Oxford un estudio de estas rapaces, que pueden atacar tanto como defenderse de los drones enemigos.

Lo mismo que en la Guerra de Siria, los drones que utiliza la policía pueden ser inutilizados por otros drones o por halcones peregrinos. Los policías holandeses están tan preocupados por poner sus drones en el aire como por evitar que se los destruyan. Cuando el año pasado probaron drones en campo abierto, fueron derribados por águilas.

(1) http://www.theolivepress.es/spain-news/2017/08/24/drone-cops-costa-del-sol-town-gets-green-light-for-spains-first-flying-police-unit/
(2) https://techcrunch.com/2017/11/27/uk-to-give-police-new-powers-to-ground-drones/

Un águila captura un dron en pleno vuelo

Asesinado otro dirigente social colombiano por paramilitares encapuchados

Los movimientos sociales en Colombia están abocados al exterminio físico, a pesar de los acuerdos “de paz” firmados el año pasado por las FARC. Otro dirigente social colombiano, Luis Alfonso Giraldo, acaba de ser asesinado en el pueblo de La Carmelita, Puerto Asís en el departamento de Putumayo.

Los informes preliminares dicen que el dirigente de la comunidad fue atacado por un grupo de hombres encapuchados. El grupo también se acercó a otro dirigente social, aunque no se ha informado de ningún ataque.

Debido a la formación del Espacio Territorial para la Formación y Reincorporación en Carmelita de varios frentes de las FARC en la zona, ha aumentado la presencia de fuerzas policiales, militares y paramilitares. Con el asesinato de otro militante colombiano, el número de dirigentes sociales asesinados desde 2016 se acerca a los 200.

Los miembros de la comunidad están solicitando una investigación sobre el asesinato y la falta de medidas de seguridad por parte del gobierno para garantizar la seguridad de los dirigentes de los movimientos sociales de la región.

En la provincia suroccidental de Nariño, las autoridades colombianas continúan investigando la masacre de 13 personas. El incidente ocurrió en una de las regiones productoras de coca más grandes de Colombia.

Mientras la violencia continúa creciendo, la esperanza en una intervención estatal se desvanece después de que la sesión del Congreso de la semana pasada vio como los senadores colombianos no pasaban la Jurisdicción Especial para la Paz, considerada por muchos como la piedra angular del proceso “de paz” en Colombia.

https://www.telesurtv.net/english/news/Colombian-Social-Leader-Killed-by-Hooded-Men-in-Putumayo-20171204-0016.html

Represión fascista: cuando los jueces reconvierten los derechos en delitos

Juan Manuel Olarieta

En un Estado fascista lo más típico es que los derechos se reconviertan en delitos. Por eso España nunca ha reconocido la existencia de presos políticos, ni detenidos políticos, ni juicios políticos. El franquismo tampoco lo reconoció. En esto el régimen del 78 es igual al régimen del 39.

Vivimos en un país tradicionalmente lleno de delincuentes comunes, de huelguistas, de terroristas, de manifestantes, de raperos, de soberanistas, de humoristas…

La reconversión de los derechos en delitos requiere de una auténtica ingeniería jurídica que, aquí y ahora, es doble y concierne a todos los tribunales de este país, marcados por el mismo sesgo político, o sea, el fascista (no me cansaré de remarcarlo).

Primero, los jueces nunca condenan el terrorismo, ni la violencia, ni la violencia política así, en general, sino sólo la que se dirige contra el Estado. Segundo, ni siquiera condenan por el ejercicio de la violencia ya que cualquier clase de protesta se considera como violencia, sobre todo cuando quiere ser pacífica expresamente.

Los ejemplos abundan y algunos se han convertido en verdaderos tópicos, como el de “todo es ETA”, pero también hay que poner encima de la mesa otro tipo de represión política, como la criminalización de los escraches o los piquetes de huelga.

Hace un par de meses se celebró en Santander un juicio contra seis acusados de un escrache ejercido en febrero de 2014 contra el entonces presidente de Cantabria y dirigente del PP, Ignacio Diego, durante un paripé en la Universidad titulado “Tengo una pregunta para usted”.

Los estudiantes portaban una pancarta en defensa de la educación pública y esperaron pacíficamente la llegada del coche oficial. Al verle salir por la puerta comenzaron a corear consignas a favor de una enseñanza de calidad, pero ocurrió lo de siempre: los escoltas se abalanzaron sobre ellos y les golpearon.

Luego los policías, fiscales y jueces fabrican un artificio, que siempre es el mismo. Le dan una vuelta de 180 grados a la realidad, es decir, la falsifican para que los manifestantes que ejercen sus derechos aparezcan como los violentos, mientras los políticos y sus escoltas son sus víctimas.

Los que se sientan en el banquilllo no son los políticos ni los escoltas sino los manifestantes por un “horroroso crimen” que sólo existe en los países fascistas: manifestarse y protestar, exactamentente igual que los raperos se sientan en el banquillo por cantar y los humoristas por contar chistes.

Cuando la realidad se falsifica, cualquier cosa es posible porque la represión fascista no se confirma con eso, con un único delito. Al llevar a la policía a los lugares donde se ejercen los derechos, se provoca una catarata en la que aparecen más delitos, como los desórdenes, la desobediencia, la resistencia a la autoridad, las injurias, los daños… El Código Penal al completo.

Todo en un tribunal fascista es ingeniería, artificio y reconversión de la realidad en su contrario. La intervención de la policía en el ejercicio de cualquier derecho fundamental, como una concentración, convierte a la protesta más pacífica imaginable, simbólica, en terrorismo callejero.

Ya lo dijo el Tribunal Supremo en una sentencia de los tiempos franquistas: no existen protestas pacíficas; todo es “terrorismo menor”. El magistrado de la Audiencia Nacional Eloy Velasco siguió ese criterio cuando en una resolución acusó a los indignados del 15-M de ejercer una “violencia moral”.

No ha cambiado absolutamente nada.

La bala ‘lavada’ del policía que mató a Caparrós en la transición

Manuel José García Caparrós
Manuel José García Caparrós tenía 18 años, un empleo en Cervezas Victoria y un carnet de CCOO cuando una bala de 9 milímetros acabó con su vida en Málaga, durante la manifestación gigantesca que Andalucía vivió el 4 de diciembre de 1977.

El día en que lo mataron Manuel José llevaba una cazadora marrón y 9.000 pesetas en el bolsillo, quizá su último sueldo por llenar botellas en la fábrica Cervezas Victoria. Hacía poco que se había afiliado a CCOO, faltaban tres semanas para que cumpliera 19 años. Por última vez le oyeron gritar: “¡Asesinos, me han dado!”

Fueron varios días de represión y de guerrilla urbana. La respuesta a la manifestación fue el despliegue de un sinfín de policías pegando tiros: 23 contó el juez, pero hubo muchos más. Entre los disparos que realizó la policía para contener a los manifestantes, una le atravesó la axila izquierda a Manuel José García Caparrós y se le incrustó en el costado derecho, cerca de la cadera. Al poeta Laurentino Heras, que entonces era cura, le zurraron por llevar un crespón negro en su memoria. En el cuartel, la policía le arrancó la barba a piel viva.

Cuarenta años después el asesinato, cometido en medio de disparos, botes de humo y piedras volando, es un caso abierto y una herida aún sangrante para sus tres hermanas. Aunque nuevas investigaciones están arrojando luz sobre el crimen. Las averiguaciones de una secretaria judicial empeñada en esclarecer el caso y de los artífices de un documental que este lunes estrena Canal Sur son el hilo conductor de esta historia. La historia de la muerte del chico que se convirtió en mártir y mito del autonomismo andaluz; de una bala que fue lavada con acetona y nunca permitió procesar a ningún sospechoso, y del hombre, entonces cabo primero de la Policía Armada, al que varios indicios apuntaron como culpable pero que, sobreseído el caso, siguió su vida como agente a 37 kilómetros de allí.

Aquel día, después de resultar herido, Manuel José ingresó ya muerto en la residencia hospitalaria Carlos Haya. En su cuerpo tenía alojada una bala del calibre 9 milímetros corto, fabricada en Toledo. Propia de las armas que utiliza la Policía Armada. Sin embargo, cuando el cadáver llegó a la sala de autopsias, la bala ya no le acompañaba.

El documental 23 disparos -por los 23 tiros que impactaron contra algo aquel día: fachadas, farolas… y el cuerpo de Manuel José-, en el que el policía jubilado Juan Antonio O’Donnell entrevista a varios agentes y civiles que presenciaron los hechos, se revela que “en la sala de autopsia nunca estuvo el proyectil”, según el ayudante de forense que analizó el cuerpo del joven, Antonio García de Gálvez. Alguien, probablemente un médico de urgencias, se la había extraído del cuerpo y la había adherido a la sábana de su cama con un esparadrapo. Así fue como el juez ordenó levantar el cadáver.

A partir de ahí se inicia una investigación judicial de ocho años que acaba en sobreseimiento provisional por falta de pruebas y en la que el proyectil es sometido a 12 traslados de ida y vuelta entre juzgados y hasta a cinco exámenes balísticos. En uno de ellos (el cuarto) se asegura que la bala blindada que mató a García Caparrós pudo ser disparada por el arma reglamentaria de un cabo primero de la Policía Armada de iniciales M. P. R, pero nunca se fue más allá, según ha podido concluir Rosa Burgos, la secretaria judicial que ha escudriñado el sumario que ella misma localizó entre montones de papeles en los sótanos del Palacio de Justicia de Málaga.

Otro policia de gatillo fácil

Su nombre era Miguel Pastor. Nacido en Málaga, tenía 36 años en diciembre de 1977 y poco después se trasladó a la localidad de Vélez-Málaga, en la misma provincia. Dejó su ciudad, pero no su profesión. Ya reconvertido en policía nacional, fue destinado a varios puntos de España, como Lleida y Fuengirola, apunta un conocido. “Ascendió a sargento”, añade esta fuente, “y en Vélez-Málaga se jubiló como subinspector”. Un infarto cerebral lo dejó muy tocado y murió hace unos años, superados los 70.

¿Fue él quien causó la muerte a García Caparrós? No puede decirse con certeza. En opinión de Rosa Burgos, es muy posible, pero “una serie de favores envenenados” dejaron el caso en suspenso. Su tesis es que en plena Transición… hubo un “pacto de silencio”.

Los indicios que se extraen del sumario y que apuntan al cabo Pastor son varios. La secretaria judicial los recoge con detalle en su libro Las muertes de García Caparrós, publicado esta semana y editado por la revista malagueña El Observador.

El primero resulta quizá insignificante. Cuando arranca la investigación, aquel mes de diciembre, el juzgado cita a varios policías. Entre ellos, al cabo Pastor. Pero no acude a la cita. “El cabo primero de estas Fuerzas don M. P. R. se encuentra enfermo en su domicilio y bajo tratamiento por padecer cistopielitis”, alegó un teniente médico.

El 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, acaba declarando, por primera y última vez. Explica que él estuvo allí, cerca de donde dispararon a Manuel José, pero que no utilizó su arma. Sin embargo, otro testigo le contradice: el cabo Pastor, hombre “de complexión fuerte, atlética, con nariz aguileña”, no sólo efectuó un disparo, sino varios…

El entonces diputado de UCD y actual alcalde popular de Málaga, Francisco de la Torre, recuerda aún hoy una escena que el propio cabo Pastor relata en su declaración. De la Torre se cruzó con el cabo, que “llevaba el arma en la mano”, y le conminó a que “la enfundara”, que allí había mujeres y niños.

Pasaron cuatro años hasta que el abogado de la familia de García Caparrós solicitó una prueba balística con la pistola del cabo y la de otro agente. La Policía respondió entonces al juzgado que su arma había sido dada de baja el 31 de enero de 1979, a pesar de que funcionaba correctamente.

Siete años después de la muerte de Manuel José, otro informe cuestiona que la bala tantas veces analizada sea la que mató al chico porque no tiene restos orgánicos: según consta en el sumario, había sido “limpiada” con acetona. Así que el 24 de junio de 1985 el juez acuerda el sobreseimiento del caso.

El crimen se investigó judicialmente, sí, y también hubo una comisión de investigación secreta en el Congreso de los Diputados (cuyas actas íntegras aún reclaman las hermanas de Manuel José). Pero no se concluyó nada. Caso prescrito. Así hasta hoy.


‘El más besucón’

En estos 40 años han muerto los padres del chico y son sus tres hermanas quienes lo recuerdan. Para ellas era “Manolito”, tan guapo y tan alto (1,90 de altura), “siempre un buen hijo y un buen hermano”, cuenta a Crónica Loli García Caparrós, la hermana menor. “Era el más besucón de todos: 20 veces llegaba a casa y las 20 les daba un beso en la frente a mi madre y a mi padre. Era tan cariñoso…”

La familia solicitó en su día que Manuel José fuera considerado víctima del terrorismo, cosa que no han conseguido. Sí han visto cómo colocaban una placa en su memoria (con el nombre mal puesto, “José Manuel”, y no en el lugar exacto donde le dispararon) y Raza Mora le dedicó un pasodoble:

Un cuatro de diciembre muere un malagueño
una bala traidora le quitó la vía
tan sólo porque estaba queriendo a su pueblo
y alzando la bandera de su Andalucía

Para las García Caparrós la herida sigue abierta. “¿Por qué nadie nos ha dicho el nombre de ese policía en 40 años?”, se pregunta Loli. “Quien mató a mi hermano fue un cobarde: los cobardes matan y se esconden. Se llevó a una familia entera y eso no se puede olvidar. Sólo queremos saber la verdad”. El cabo Pastor ya no les podrá responder.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/12/04/5a219a1a268e3ed1638b4684.html

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