La web más censurada en internet

Etiqueta: Represión (página 83 de 123)

El terrorismo de Estado puede ser ‘patrimonio de la humanidad’ para la UNESCO

El 22 de diciembre de 1992 el profesor Martín Almada descubrió en una comisaría de Lombaré, Paraguay, cuatro o cinco toneladas de documentos secretos de la policía política paraguaya, los llamados “archivos del terror”.

Es el mayor y más importante archivo descubierto de un Estado criminal, como el del general Stroessner, y ha sido propuesto a la UNESCO como Patrimonio documental mundial, en el Registo “Memoria del Mundo” (1).

Pocos días después, otra búsqueda similar en el cuartel general de la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos, equivalente al FBI estadounidense, sacó a la luz más documentos reveladores del terrorismo de Estado seguido implacablemente durante 35 años.

La sanguinaria dictadura del general Stroessner convirtió a Paraguay en la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones, el refugio de toda clase de criminales, desde los nazis de la posguerra, como Mengele (2), hasta los fascistas y golpistas italianos (y españoles) de los años setenta.

Stroessner había caído en 1989 pero, como suele ocurrir, la cúpula policial seguía siendo la misma. Dependiente del Ministerio del Interior, “La Técnica” seguía funcionando bajo responsabilidad de su antiguo capataz de siempre: Antonio Campos Alum.

No sólo contaban con la complicidad y el silencio de los recién llegados sino con algo aún peor: la impunidad. Eso hace que los criminales se confíen, incluidos los policías. El aparato represivo heredado estaba absolutamente seguro de sí mismo y de que el Estado, cualquiera que fuera, nunca se volvería contra ellos. Continuaba con sus actividades y ni siquiera intentó borrar las numerosas huellas de sus crímenes.

No contaba con unas elecciones podridas, unas venganzas implacables y un sinfín de luchas internas en la Asociación Nacional Republicana, el Partido Colorado del régimen fascista de Stroessner.

Como suele ocurrir la filtración procedió de la propia policía y ocurrió algo que en España no conocemos: un juez, Agustín Fernández, se presentó con la víctima, Martín Almada, en los locales de la policía y la mierda salió por todas las esquinas.

La policía “técnica” la creó Estados Unidos en Paraguay a fines de la década del cincuenta con la misión de combatir el comunismo. Su inspirador fue el coronel Robert K. Thierry, un experto estadounidense veterano de la Guerra de Corea e instructor de torturadores.

Campos Alum, que había estudiado en Estados Unidos las técnicas represivas, la dirigió durante más de 30 años, transformándola en una de las bandas de torturadores más siniestras de Latinoamérica, la columna vertebral del Operativo Cóndor.

En Paraguay “La Técnica” es la actual Secretaria de Prevención e Investigación del Terrorismo (Serprinte). Ya ven: los comunistas de antes son los terroristas de ahora. Antes todo era comunismo y ahora todo es terrorismo.

Hasta hace muy pocos años la Serprinte funcionó, abiertamente, en la embajada de Estados Unidos y hoy funciona en una dependencia afín a Estados Unidos.

Entre los papeles encontrados hace 25 años en Paraguay hay una carta que el director del FBI, Clarence Kelley, envió a Campos Alum con membre oficial: “En estas Navidades, deseo hablar en nombre de todos mis colaboradores y agradecerle de todo corazón la cooperación que ustedes, con tanta buena voluntad, han proporcionado al FBI. Deseándole lo mejor de las cosas, que merece con creces”.


Sí, para el FBI un criminal como Campos Alum se lo merecía todo, incluída la impunidad de la que disfrutó hasta su muerte en 2012.

(1) http://www.unesco.org/new/es/communication-and-information/memory-of-the-world/register/full-list-of-registered-heritage/registered-heritage
(2) http://www.portalguarani.com/809_mariano_llano/19544_hitler__los_nazis_en_paraguay__por_mariano_llano.html
Dos criminales con las manos manchadas de sangre: Stroessner y Franco

La represión en Argentina y sus raíces y ramificaciones

Escuela de Mecánica de la Armada
Darío Herchhoren

Argentina es un país complejo, y por lo tanto no es fácil explicar su política. Pero lo que si es fácil es identificar a Argentina como un país periférico del desarollo y que en algunos momentos de su historia reciente ha intentado actuar como un país central sin conseguirlo.

Al efecto es necesario remontarse al año 1946, que es el año del triunfo de Perón en las elecciones celebradas en el mes de febrero de ese año.

Argentina era en ese tiempo un país agrícolo ganadero, y ya en el año 1943 por primera vez en su historia la producción industrial superó a la producción agrícola en términos de producto bruto interno. Ello marca un punto de inflexión que marcaría hasta la actualidad a la economía argentina.

Y esto es también lo que marca el nacimiento de una nueva clase obrera, que deja de ser rural para convertirse en urbana.

Pero, hay algo más que merece ser mencionado: ss el nacimiento de los sindicatos como medio de expresión de la clase obrera, y como tal clase entra en conflicto con la pequeña y gran burguesía nacional dando un impulso importante a la lucha de clases.

La segunda guerra mundial había aflojado el control que los grandes monopolios internacionales ejercían sobre la economía argentina, y ello permitió el crecimiento producido a partir de 1943. Argentina como gran productor de alimentos se benefició enormemente de la destrucción de Europa por la guerra, que había quedado devastada, y Argentina tenía los alimentos que iban a calmar el hambre que se cernía sobre una población y unas infraestructuras devastadas.

A raiz de todo esto Argentina recibió una enorme cantidad de divisas fuertes, que hicieron que el dólar USA se cotizara a solo dos pesos.

Pero la existencia de una clase obrera que comenzaba a expresarse políticamente, hizo aflorar las divergencias de clase, y los primeros reclamos masivos de mejoras salariales, que el peronismo supo sortear estableciendo una colaboración de clases de hecho. Perón en sus discursos planteaba que la torta debía repartirse al cincuenta por ciento entre patronos y trabajadores, y la cosa funcionó más o menos bien.

Pero en 1955 el ejército depone a Perón con un golpe militar llevado a la práctica por un sector profundamente fascista, y la luna de miel acaba en forma de baño de sangre, inaugurando una era de represión brutal, que culmina con la última dictadura militar.

El año 1955, marca un punto clave en la historia reciente de América Latina. En Colombia cae el gobierno del General Rojas Pinilla, muy similar al peronista mediante un golpe de estado, en Bolivia comienzan graves disturbios contra el gobierno nacionalista de Paz Estensoro  y del lider minero Juan Lechín, mientras en Cuba, un grupo de barbudos da comienzo a operaciones de guerra contra Fulgencio Batista. Se trata del movimiento 26 de julio, de ideología confusa, aunque hablaba de acabar con la tiranía batistiana, y lograba con ello la adhesión de grandes sectores de la clase media cubana.

Mientras todo esto ocurría el imperio USA, recuperaba su lugar hegemónico que estaba siendo cuestionado tanto por el gobierno peronista, como por los trabajadores mineros bolivianos que habían adherido en masa al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Pero vayamos a lo que significó la represión en Argentina y en otros países de latinoamérica.

La represión policial no es otra cosa que una parte de la lucha de clases; y por lo tanto hay que verla dentro de ese contexto. Las clases acomodadas se ven en peligro, y recurren a la represión como medio de conservar sus privilegios y el manejo del estado poniéndolo a su servicio.

Todo estado necesita un aparato ideológico, que consiste en el manejo de la prensa escrita y televisada, de la educación, de las diversas iglesias y religiones, de las redes sociales; y cuando todo esto no es suficiente, recurre a su otro brazo; que es el aparato represivo, que está constituido por la policía, el ejército, y sobre todo a los servicios de información y de tortura y exterminio de aquellos elementos díscolos que puedan encabezar movimientos de oposición.

Pero ningún país está aislado, y funciona dentro de unos bloques con intereses comunes, y uno de esos bloques es la clase dirigente burguesa que tiene conexiones con sus metrópolis que están listas para auxiliar a sus hermanos de clase.

Es así, que surge la famosa y temible «Escuela de las Américas», con sede en la llamada «zona del canal de Panamá», donde expertos de la CIA, de la DEA y de la Agencia de Seguridad de los USA, enseñan a militares y policías de sudamérica a «interrogar intensamente» y a torturar, matar y desaparecer a personas incómodas.

Argentina no fué ni es una excepción, y personajes como el General Galtieri, el General Videla, el coronel Mohamed Alí Seineldín (es argentino) y el coronel Aldo Rico, estos dos últimos líderes de los «carapintadas», que se sublevaron contra Raúl Alfonsín formaron parte importante de los torturadores y asesinos de la última dictadura militar.

Llegados a esta parte de nuestro artículo no debemos soslayar la inestimable ayuda del franquismo, y sobre todo del posfranquismo. La España «democrática» de Adolfo Suárez y de Martín Villa, mandó a militares españoles y a policías a «estudiar» en la Escuela Superior de Guerra en Buenos Aires métodos de tortura ya ensayados en otras latitudes, que fueron investigados por el ex Juez Baltasar Garzón, y donde el estado español «no sabe, no contesta» a sus requerimientos de información.

Pero donde mejor queda reflejada esta verdadera internacional del terror es en la participación de militares franceses en la represión y entrenamiento de cuadros de torturadores y asesinos. Empecemos por el año 1945. En París entra una columna de tanques franceses al mando del General Leclerc, que es ovacionado como «libertador de París». Esos tanques estaban tripulados en buena parte por milicianos españoles que se había unido a la lucha antifascista, y llevaban inscriptas en esos tanques los nombres de batallas donde el fascismo había mordido el polvo como «Guadalajara» o la «Batalla del Ebro». Es el mismo General Leclerc, que se iba a destacar en la represión contra el pueblo vietnamita en la primera guerra de Vietnam y donde crea la «escuela francesa» de «interrogatorio», donde destacan por su bárbara crueldad los generales franceses Massu y Salan; aprendizaje que aplicarán más tarde en la guerra de liberación de Argelia contra los patriotas argelinos. En tierras de Indochina destacan dos personajes que es ineludible señalar, y que son el coronel francés Beaufré que es contratado por la última dictadura militar argentina para que enseñe las técnicas de «interrogatorio» a los policías y militares argentinos y el General marroquí Mohamed Oufquir, que fué uno de los más aventajados «estudiantes» de la escuela francesa. Oufquir es el asesino y desaparecedor del dirigente comunista marroquí Ben Barka, que es desaparecido en París y cuyo cadáver nunca apareció, y que era en la práctica el látigo del criminal rey Hassan II de Marruecos. Oufquir terminaría su vida muerto a tiros por el propio Hassan II, ya que sabía demasiado y se había convertido en alguien incómodo.

Y para que nada falte en esta internacional del terror, decir que el conspicuo fascista Manuel Fraga Iribarne ya reconvertido a la democracia, y reconocido por otro demócrata como Santiago Carrillo tenía una custodia cuyo jefe era el comisario de policía argentino Almirón, que fué uno de los cabecillas de la masacre producida en 1973 en la llegada del exilio español del General Perón, y donde perdieron la vida más de 300 personas.

Los agentes locales de la CIA en el golpe de Estado contra Chile de 1973

En las últimas semanas, por orden de Donald Trump, se han desclasificado en Estados Unidos más de 27.000 documentos relacionados con la investigación del asesinato de John F. Kennedy en 1963. Muchos de estos documentos tienen poco o nada que ver con la muerte de JFK, pero dado que registran operaciones secretas de algunas de las agencias estadounidenses más cercanas a la investigación del crimen, fueron archivados en la colección que Trump ordenó liberar.

Dentro del material desclasificado hay un dossier de cerca de doscientas páginas de documentos de la CIA de 1973 y 1974 relacionados con Chile. Este material nos permite aproximarnos de manera muy cercana a los medios a través de los cuales se desarrollaban las operaciones encubiertas norteamericanas y a la inteligencia que la CIA podía recolectar sobre Chile en diversas partes del mundo.

Un telegrama de la estación de la CIA en Santiago del 13 de mayo de 1974 informaba a los cuarteles generales de la agencia en Langley de un “agente a sueldo recientemente reclutado” cuyo nombre en clave era Futrunk-1. En el lenguaje cifrado de la CIA durante la Guerra Fría, el prefijo “Fu” denominaba a Chile. La palabra “trunk” denominaba a la institución u organización a la que pertenecía el agente o informante identificado con el nombre en clave.

Este documento de mayo de 1974 respondía a una solicitud de agentes de la CIA en París para ayudar a un periodista de la televisión francesa, identificado como Unsober-1, a obtener una entrevista con Pinochet. La estación de la CIA en Santiago señalaba que la solicitud podría responderse favorablemente a través de los oficios de Futrunk-1.

Los agentes en Chile, sin embargo, no eran partidarios de realizar la gestión, entre otras cosas porque no querían que el periodista francés se enterara de que Futrunk-1 era un agente a sueldo de la CIA, lo cual era virtualmente inevitable si es que la entrevista en efecto tenía lugar.

De esta explicación es posible colegir que Futrunk-1 era un funcionario de gobierno muy cercano a Pinochet —de allí su capacidad de gestionar la entrevista— y que tenía alguna prominencia pública —lo que podría explicar la renuencia de la estación de la CIA en Santiago a que su nombre pudiese ser reconocido por el periodista francés.

Varios reportes emitidos por la estación de la CIA en Santiago en septiembre de 1974 nos permiten reconocer más claramente otras instituciones y organizaciones en las que la CIA contaba con agentes e informantes chilenos. A principios de ese mes, se hizo pública en Estados Unidos una carta del parlamentario demócrata Michael Harrington a su colega Thomas Morgan en la que se detallaban algunas de las actividades encubiertas de la CIA en Chile desde 1964. Ante la amplia publicidad dada por la prensa norteamericana a las afirmaciones de Harrington, la estación de la CIA en Santiago quiso consultar con algunos de sus informantes y agentes sobre el posible impacto que estas revelaciones podían tener en Chile.

En un telegrama del 12 de septiembre de 1974, se informaba de conversaciones con Fuermine-1 y 5, Fubrig-1 y 2, Fupocket-1 y Fubargain-1. Fuermine-1 y 5 eran claramente miembros del Partido Demócrata Cristiano. Fuermine-1 se disponía en esos días a viajar a Europa invitado por una organización de la Democracia Cristiana alemana. Fuermine-5, por su parte, había recibido fondos de la CIA poco después del golpe para financiar un viaje de miembros del partido a varios países de Europa para explicar las razones del derrocamiento de Allende.

En efecto, en octubre de 1973 viajaron a Europa los militantes democratacristianos Juan de Dios Carmona, Juan Hamilton y Enrique Krauss; en noviembre lo hizo Patricio Aylwin. Es probable que ninguno de ellos supiera del origen del financiamiento de sus viajes. No obstante su molestia por la filtración de la información en Estados Unidos, Fuermine-5 manifestó a su interlocutor de la CIA que la imprecisión con que Harrington describía esta maniobra y su propia cautela en la administración de los fondos impedirían que la información se hiciese conocida incluso dentro de su propio partido.

La CIA financió el diario El Mercurio

Fubrig-1 y 2 eran o habían sido altos funcionarios de El Mercurio, de acuerdo a lo que puede inferirse de los reportes de la CIA del 12 y el 17 de septiembre de 1974. Las afirmaciones del representante Harrington no se referían explícitamente a El Mercurio, pero no era difícil hacer la asociación. En los días siguientes, además, la prensa norteamericana aludiría explícitamente al diario de Agustín Edwards como receptor de fondos de la CIA y la misma página editorial de El Mercurio desmentiría enérgicamente las acusaciones, calificando a Harrington como un mero “lugarteniente” del Senador Ted Kennedy, una de las principales voces opositoras a la dictadura militar en el concierto internacional.

La actitud desafiante y agresiva de El Mercurio puede explicarse en parte porque, de acuerdo a lo señalado por Fubrig-2, la nueva administración del diario no sabía de los aportes de la CIA entre 1970 y 1973. Fubrig-2, a quien los reportes de la CIA describen como la persona que “dirigía el show” en El Mercurio en los años de Allende, habría administrado los recursos de la CIA de manera que no quedaran rastros evidentes de su origen, por lo que es probable que oficialmente no hubiera rastro de esos fondos, ni siquiera dentro de la documentación del diario. Por supuesto, otra cosa es asumir que nadie en El Mercurio sabía por medios informales de las significativas cantidades de dinero —alrededor de un millón de dólares de la época— que el diario recibió de la CIA entre 1970 y 1973. Fupocket-1 muy probablemente pertenecía a una organización empresarial o gremial anti-allendista.

El documento del día 12 de septiembre de 1974 señala que este individuo había sido el receptor de 25.000 dólares para la compra de una radio poco antes del golpe de estado. Fupocket-1 también manifestó su molestia con el hecho de que estas operaciones salieran a la luz pública en Estados Unidos. Sin embargo, se mostró confiado de que su nombre no sería asociado a la compra de esta radio, por cuanto su identidad no aparecía en ninguno de los documentos con los que se realizó la transacción y, además, en su “grupo” nadie supo que se destinaron fondos específicamente para esta maniobra.

Por último, Fubargain-1 era un oficial de alto rango de alguna de las fuerzas armadas, probablemente el Ejército, con acceso directo y aparentemente cercano a Pinochet. De acuerdo a lo señalado por Fubargain-1 a su interlocutor de la CIA, a Pinochet le pareció “tonto” que en Estados Unidos se dieran a conocer las operaciones de inteligencia relacionadas con Chile, pero no se alteró demasiado. Distinta fue la actitud de oficiales de más bajo rango. Para este grupo, al que Fubargain-1 describía como ignorante de las formas de la política estadounidense, las revelaciones sobre la intervención de la CIA en Chile y su amplia difusión en la prensa norteamericana sólo podían representar un intento de sabotaje de la labor del régimen militar. Estos oficiales, además, resentían la falta de reconocimiento a la independencia con la que habían actuado las fuerzas armadas en el derrocamiento de Allende.

Aunque Fubargain-1 no compartía totalmente este diagnóstico, pues sus viajes a Estados Unidos le habían permitido llegar a comprender mejor la política de ese país, en esta ocasión mostró por primera vez ante agentes norteamericanos su disconformidad con lo que él percibía como una creciente incomprensión de la labor de la Junta Militar por parte del gobierno estadounidense.

Los planes de resistencia armada

De acuerdo a algunos reportes de la CIA fechados poco después del 11 de septiembre de 1973, algunos grupos de la izquierda chilena, en algunos casos en colaboración con agentes diplomáticos cubanos, habían diseñado planes de contingencia para la eventualidad de un golpe militar contra el gobierno de Allende. En su libro El gobierno de Allende y la Guerra Fría interamericana, la historiadora Tanya Harmer describe con bastante detalle la batalla que tuvo lugar el mismo 11 de septiembre en la embajada de Cuba en Santiago entre fuerzas militares chilenas y un centenar de ciudadanos cubanos que resistieron por algunas horas parapetados en la sede diplomática. La razón por la cual la embajada de Cuba se convirtió en un campo de batalla fue que en la sede diplomática se almacenaba una gran cantidad de armas que los representantes cubanos habían ingresado a Chile durante el gobierno de Allende y que supuestamente debían ser usadas para defender el gobierno revolucionario de la Unidad Popular ante un golpe militar.

Documentos de la CIA producidos pocos días después del golpe complementan el relato de Harmer, basado principalmente en testimonios personales de agentes diplomáticos cubanos. De acuerdo a un reporte de la estación de la CIA en Ciudad de México del 21 de septiembre de 1973, un oficial de inteligencia cubano había señalado que el golpe militar no los había sorprendido en absoluto. Según lo señalado por este agente, tanto Fidel como la numerosa representación diplomática y militar cubana en Chile consideraban que Allende era un “buen marxista, pero no mostraba suficiente agresividad hacia sus enemigos”.

En efecto, las credenciales revolucionarias del martirizado presidente chileno eran impecables en lo teórico, pero insuficientes para la concreción efectiva de un proyecto de transformación radical como el propuesto por la izquierda chilena. La derrota de Allende sería para Castro y la política exterior cubana una confirmación indesmentible de la insuficiencia de los medios institucionales para el triunfo de una revolución de izquierda.

Más sorpresiva para la inteligencia y la diplomacia cubana había sido la organización de las fuerzas armadas chilenas en el golpe de estado. Aparentemente, los escenarios de posible resistencia que se habían diseñado por parte de la representación cubana en Chile no contaban con la determinación e implacabilidad demostrada por los militares chilenos a partir del 11 de septiembre y se basaban parcialmente, como también señala Harmer, en una expectativa demasiado optimista respecto de la capacidad de organización clandestina de los partidos de la izquierda chilena, muchos de cuyos miembros habían recibido armas y algún tipo de entrenamiento militar por parte de Cuba.

En cualquier caso, el oficial de inteligencia cubano en México manifestaba su confianza en que más temprano que tarde se organizaría algún tipo de resistencia armada a la flamante dictadura militar. Cuba había logrado introducir y distribuir en Chile un alto número de “armas automáticas, explosivos e incluso armas anti-tanques y anti-aéreas”. El destino de esas armas es más o menos incierto. Muchas de ellas, de acuerdo a Harmer, fueron almacenadas en La Moneda y la casa particular de Salvador Allende en calle Tomás Moro, por lo que cayeron rápidamente en poder de los militares. Otra cantidad importante estaba almacenada en la embajada de Cuba en Santiago y de ellas se hizo cargo Harald Edelstam, embajador de Suecia en Chile, quien se comprometió a distribuirlas en cuanto pudiera. En cualquier caso, el testimonio del oficial de inteligencia cubano en México el 21 de septiembre daba a entender que existía un número suficiente de armas y municiones en Chile, a su juicio de mejor calidad y capacidad que el armamento de las fuerzas armadas chilenas, como para poder esperar que se organizara en el mediano plazo una resistencia armada efectiva a la dictadura militar.

Otra línea de apoyo internacional a planes de resistencia de la izquierda chilena habría provenido de Perú. Reportes de la estación de la CIA en Lima fechados el 21 y el 26 de septiembre de 1973 indicaban que pocos días después del golpe el Partido Comunista Peruano de línea soviética (PCP/US) había activado un plan de contingencia en cuyo diseño aparentemente había participado la misión diplomática chilena en la capital peruana. De acuerdo a la fuente de la CIA, identificada como un ciudadano chileno residente en Lima, la embajada de Chile en Perú informó rápidamente al Comité Central del PCP/US del golpe en Chile, aparentemente para activar el plan previamente diseñado.

El Comité Central del PCP/US decidió, mientras esperaba por instrucciones de Moscú, enviar a seis miembros de las Juventudes Comunistas a Chile. Para cruzar la frontera, los comunistas peruanos contaban con pasaportes oficiales con identidades falsas, expedidos antes del golpe por la embajada chilena en Lima.

Las instrucciones de Moscú llegaron finalmente el 15 de septiembre. De acuerdo a estas directrices y las posibilidades del momento, el Comité Central del PCP/US decidió instruir a un número indeterminado de sus cuadros a asistir a sus camaradas chilenos en la reorganización del partido en la clandestinidad y, eventualmente, en la organización de la resistencia armada a la dictadura. A esta empresa se unirían comunistas de otros países latinoamericanos, que se organizarían en Lima para emprender el viaje a Chile en la última semana de septiembre. La prioridad en ese momento la tenía la reorganización del partido en Chile.

Sólo si la situación lo permitía se consideraría la posibilidad de montar una resistencia armada al régimen. Según los comunistas peruanos, no era necesario ingresar armas a Chile, por cuanto aún había suficientes escondidas en el país para la eventualidad de una insurrección contra la dictadura militar. No existen registros posteriores que den cuenta de la efectiva puesta en marcha de esta operación, lo cual, si es que ocurrió, de todos modos no tuvo ningún efecto en el desarrollo de los sucesos en Chile. Ante la determinación y brutalidad con la que actuaron las fuerzas armadas a partir del 11 de septiembre de 1973 y por más armas que se hubieran ingresado a Chile, ningún plan de resistencia civil podía resultar efectivo.

http://www.theclinic.cl/2018/01/02/los-chilenos-la-cia-otras-historias-nuestra-guerra-fria-mundial/

España es el segundo país de la UE con más detenidos por yihadismo

El yihadismo y la represión siguen proporciones inversas: cuanto menos yihadismo, más detenciones. Es una ley que funciona en cualquier fenómeno represivo: la represión no sólo no sigue al delito sino que es ajena a él.

Un dato aleccionador: aunque no se conoce el caso de ninguna mujer que haya cometido ningún atentado yihadista en Europa, una cuarta parte de los detenidos son mujeres.

Otro dato: los países con menores problemas de atentados yihadistas, como España, son los que tienen más detenidos.

Los informes TE-SAT que elabora Europol anualmente no son capaces de disimular la represión en un océano de cifras, empezando por lo más obvio: que no hay cifras publicadas acerca de los que las policías europeas han matado a tiros.

Europol sólo cuenta detenidos, una especie jurídica en vías de extinción. En 2016 se produjeron un total de 1.002 detenidos por terrorismo en Europa, de los que 718 estaban relacionados con el yihadismo.

En España el Ministerio del Interior hace lo propio: no cuenta los muertos. A lo largo de 2017 la policía detuvo a 77 yihadistas, lo que lo convierte en el año con el mayor número de detenidos desde los atentados de Atocha.

Si a los autores de los atentados de Barcelona los mataron, sería bueno que los jueces informaran sobre los motivos para detener a esas 77 personas.

10 muertos en las manifestaciones en Irán contra la política económica del gobierno

Asciende a 10 la cifra de muertos en las manifestaciones de protesta en Irán contra la política económica del gobierno de Hasan Rohaní, acaba de informar la televisión pública.

Los informes oficiales hablan de heridos pero no los cuantifican, y los detenidos ya son 200 en unas protestas contra el régimen que comenzaron el jueves en la ciudad de Mashad y continuaron en otras ciudades del país.

En Izeh rompieron los cristales de los bancos y algunos manifestantes armados intentaron asaltar las comisarías y bases militares, pero la policía se lo impidió.

Las protestas son consecuencia del desempleo y la carestía de la vida, pero el Parlamento iraní ha acusado a Israel, Estados Unidos y Arabia saudí de fomentar los disturbios.

En junio la Red Voltaire ya informó (*) que la CIA estaba preparando operaciones secretas contra Irán, para lo cual el director de la CIA, Mike Pompeo, había nombrado jefe de la sección ad hoc a Michael D’Andrea, quien lleva apodos tan sugerentes como “el príncipe sombrío” o “el ayatola Mike”.

D’Andrea se convirtió al islam. En su hoja de servicios aparece como el organizador del programa de acondicionamiento a través de la tortura y creador de la cárcel secreta de Salt Pit, en Afganistán, donde supervisó los experimentos a los que fueron sometidos Abu Zubeydah, Abd al Rahim al-Nashiri y Khalid Sheikh Mohammed.

Es un sicópata, tiene la reputación de ser extremadamente inteligente y violento, e inspiró al personaje designado como “El Lobo” en la película estadounidense Zero Dark Thirty.

En 2008 organizó el asesinato en Damasco del jefe militar del Hezbollah Imad Mugniyeh y hasta 2015 dirigió el programa estadounidense de drones asesinos.

El domingo el gobierno de Teherán bloqueó el acceso a Instagram y a la aplicación de mensajería Telegram, utilizada por los manifestantes para organizarse.

(*) http://www.voltairenet.org/article196591.html

Israel creó una escuela de terrorismo para los golpistas centroamericanos

Matanza de Dos Erres
Es posible que a más de uno le haya sorprendido que Guatemala secundara fielmente la decisión de Trump de trasladar la capital de Israel a la Jerusalén ocupada y se pregunte por los motivos de ello. También es posible que suponga que ha sido por servilismo hacia Estados Unidos, lo cual es cierto; pero falta otro aspecto importante: el servilismo hacia Israel, un país cuya presencia en Centroamérica es un secreto a voces.

Desde los años ochenta, en plena vorágine criminal de los golpistas centroamericanos, Israel ha intervenido activamente en todos y cada uno de las matanzas y crímenes que se han cometido, especialmente en Guatemala.

El sanguinario general Ríos Montt confesó a un periodista de ABC News que en 1982 su golpe de Estado no llamó la atención -a diferencia de otros- porque sus soldados estaban adiestrados por 300 consejeros militares del Mosad.

Como buen Estado mafioso, Israel se apoya en la “omertá” de las grandes cadenas, donde tiene grandes cómplices que le permiten matar en silencio.

Uno de aquellos 300 asesinos del Mosad, el coronel Amatzia Shuali, confesó que no le gustaba lo que hacían los “paganos” con las armas, pero le daba lo mismo: “Los que nos aprovechamos somos los judíos”, relató a Andrew y Leslie Cockburn en “Dangerous Liaison”.

Aunque la presencia israelí en Centroamérica se remonta a los sesenta, se intensifica tras las restricciones impuestas a la “ayuda exterior” en época de Carter como consecuencia de las denuncias internacionales que llovieron desde el Golpe de Estado en Chile en 1973.

En Centroamérica Israel encontró un mercado y un punto de apoyo diplomático basado en lo que mejor se les da: el crimen. Los siniestros métodos empleados por el ejército israelí en Cisjordania, Gaza y Líbano se exportaron a Guatemala, El Salvador o Nicaragua, países sacudidos entonces por la guerrilla.

La prensa local hablaba entonces de “palestinización” y no se refería sólo a la guerrilla sino a las poblaciones indígenas, que comenzaban a ser exterminadas implacablemente a la manera sionista, como en el poblado de Dos Erres, en El Petén.

La soldadesca mató a toda la población e incendiaron las viviendas. Los cadáveres llenaron las calles. Muchos de ellos tenían la cabeza destrozada a martillazos. Unos días antes de la matanza, Reagan había visitado a su socio Ríos Montt, pero además del respaldo de la Casa Blanca, el asesino tenía otro apoyo no menos importante: toda la munición que se ha encontrado en las fosas comunes es Galil, fabricada en Israel.

Hace un año una jueza guatemalteca hizo lo que ningún juez en España: detuvo a 18 de los asesinos de Dos Erres, entre ellos a Benedicto Lucas García, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército, que fue un innovador en las técnicas de tortura, especialmente exitosas con los niños. El general les hablaba a sus esbirros del soldado israelí como “un modelo y un ejemplo para nosotros”.

España es cómplice de las torturas cometidas por la CIA en Afganistán

Recién elegido, en enero de 2009 Obama se comprometió a respetar la Convención de Ginebra y prometió que su gobierno no utilizaría la tortura en los interrogatorios de prisioneros.

En marzo la Comisión de Inteligencia del Senado abrió su propia investigación.

En abril la Casa Blanca divulgó los memorandos del Departamento de Justicia de 2002 y 2005 que justificaban la tortura bajo el eufemismo de “técnicas reforzadas de interrogatorio”.

Los detenidos sometidos a la “bañera” eran atados a una tabla y se les llenaba la nariz y la boca de agua, a veces durante 30 minutos y varias veces al día, provocándoles convulsiones y forzándolos a vomitar.

Los testimonios de varios detenidos mencionan bofetadas, puñetazos, golpes, sometimiento a temperaturas glaciales y duchas de agua fría, a posiciones incomodas y dolorosas durante largos períodos y privación de sueño, entre otros medios de tortura.

Un informe interno de la CIA de 2004, parcialmente desclasificado en 2009, menciona también las simulaciones de ejecuciones, así como el uso de una pistola y de un taladro para aterrorizar a Abd Rahim Al-Nashiri. Un agente también habría amenazado con matar a la familia de Sheik Mohammed.

En un centro de tortura identificado por el informe con el nombre de Cobalt, presumiblemente en Afganistán, los detenidos se encontraban aislados en un celdas totalmente oscuras, constantemente encadenados y con música fuerte.

El informe sostiene que estos métodos duraron hasta diciembre de 2007, aunque se mantienen hasta hoy mismo.

Los detenidos considerados de gran valor fueron interrogados por la CIA en lugares secretos, “sitios negros”, antes de ser trasladados en 2006 a la prisión de la base militar estadounidense de Guantánamo, en la isla de Cuba.

Un informe del Parlamento europeo de 2007 acusa sobre todo a Polonia y a Rumania de haber albergado, entre 2003 y 2005, centros secretos de detención en Kiejkuty, noreste de Polonia, y en Bucarest.

Un sitio en Antaviliai, Lituania, a 20 km de la capital, Vilna, visitado por parlamentarios europeos, también es sospechoso de haber albergado una cárcel secreta de la CIA.

Otro tanto ocurre con Tailandia y Afganistán, invadido por una “coalición internacional” encabezada por el ejército estadounidense y de la que forma parte España, un país cómplice de las torturas.

El informe parlamentario, sin embargo, no da nombres de países donde hubo cárceles secretas de la CIA.

Según el informe del Senado, alrededor de un centenar de detenidos fue interrogado por la CIA en el marco del programa secreto de torturas.

La tortura es impune también en Ecuador porque es un crimen del Estado

Andrés y Santiago Restrepo fueron torturados y desaparecidos en 1988 durante el gobierno de Febres Cordero. Años más tarde, en 1995, Daniel Tibi, ciudadano francés, quien trabajaba en Ecuador como comerciante de joyas fue detenido extrajudicialmente y torturado al interior de la Penitenciaria del Litoral. Estos casos al igual que el de “Los 11 de Putumayo”, o el de “Los Hermanos Jiménez” tienen algo en común: la detención arbitraria, los actos de tortura realizados por miembros de la Policía o el Ejército, y la impunidad en el sistema de justicia ecuatoriano.

Parecía que esta historia había quedado atrás, al menos así lo dijeron quienes estuvieron al mando del gobierno los últimos diez años. Pero no fue así. Dos casos ocurridos durante el gobierno de Rafael Correa, recuerdan que la tortura por parte de la Policía y las Fuerzas Armadas, y la impunidad frente a estos casos continúan persistiendo en el país: el Caso Ayol y el Caso Turi.

El Caso Ayol ocurrió en septiembre del 2014. En ese entonces, Angelo Ayol de 17 años era, estudiante del Colegio Mejía, fue detenido arbitrariamente y luego torturado por miembros de la Policía Nacional en medio de una protesta estudiantil. Después de tres años, donde existieron seis intentos de reconstrucción de los hechos, se llegó a la Audiencia Preparatoria de Juicio.

El Juez de la Unidad Penal de Pichincha, Giovanny Freire, señaló en su dictamen de 23 de octubre de 2017, que en el proceso se prueba que Angelo Ayol fue arrestado, golpeado y torturado por efectivos de la Policía, pero no se logró probar la responsabilidad de los dos policías procesados. Los policías fueron sobreseídos.

En el Caso Turi, hasta ahora, tampoco se ha logrado establecer la responsabilidad penal de los policías involucrados, pese a que se cuenta como prueba con el vídeo de seguridad de la cárcel del Turi, donde se muestran las torturas a las que fueron sometidas 200 Personas Privadas de la Libertad (PPL) en esta cárcel ubicada en Azuay.

La justicia en un primer momento trató este caso como un Delito de Extralimitación en la ejecución de un acto de servicio, sin embargo, sobreseyó a los quince policías implicados. Parecía que el caso nuevamente quedaría en la impunidad, pero el 22 de diciembre pasado, la justicia decidió nuevamente llamar a juicio a 42 policías, retomando el delito de Tortura. De esta manera el Caso Turi se convierte en uno de los pocos casos que se juzgan por este tema en la actualidad en Ecuador.

200 torturados en la cárcel de El Turi

Las negras botas pisaban sin piedad las cabezas, las piernas y los torsos desnudos de los prisioneros. Pasan una y otra vez por medio de los cuerpos, se aseguran que nadie se mueva, ni se queje. En otro momento se aprecia cómo un policía vestido de camuflaje y un chaleco antibalas saca un objeto de entre sus ropas, se agacha y acerca el aparato hacia uno de los detenidos, éste se sacude y retuerce todo su cuerpo como respuesta ante lo que se presumen fueron corrientes eléctricas; ante su actitud de dolor, otro policía asesta un potente toletazo sobre sus nalgas y el castigo continúa. Uno de los detenidos, en su intento desesperado de evitar que lo torturen, prefiere untar excremento sobre su cuerpo.

Estos hechos se aprecian en el vídeo de seguridad de la cárcel de El Turi. Allí se registran cada una de las agresiones en contra de los reos, ese 31 de mayo de 2016. Este vídeo constituye una de las pruebas más contundentes y completas de una violación a los derechos humanos, según Daniel Véjar, abogado de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos, INREDH, quienes han acompañado este caso.

“Están en el infierno”, con esta frase habría iniciado el operativo de requisa. El operativo estuvo conformado por ochenta policías de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) y el Grupo de Intervención y Rescate (GIR). El grupo UMO es el encargado de controlar el orden en eventos masivos y en protestas sociales; el GIR en cambio es un grupo élite formado en contra de la delincuencia.

Integrantes de estos dos grupos fueron los encargados de “mostrarles el infierno” a los casi 200 internos de los pabellones JB y JC. Los sacaron violentamente de sus celdas mientras les propinaban toletazos y les rociaban gas pimienta, según los testimonios de los detenidos, los agentes les habían dicho que esta era “su presentación”.

Los policías pusieron a los reclusos boca abajo con los brazos sobre la cabeza. Nadie podía siquiera regresar a ver, al menor intento, un policía lanzaba un severo golpe con su tolete sobre el cuerpo de un recluso. Uno a uno los llevaron hasta un rincón, donde un castigo peor comenzaba. Cada preso era obligado a desnudarse completamente frente a los policías. Sus zapatos fueron lanzados a las gradas que conectan el pabellón con el resto de la cárcel. Los presos tuvieron que hacer “sapitos” (saltar en cuclillas) y mostrar su ano por orden policial. Terminado el castigo, los presos intentaban vestirse a la velocidad de la luz y regresar con los pies descalzos, nuevamente a la fila, que era ordenada por otro policía a punto de patadas. Por testimonio de los prisioneros durante la primera audiencia del juicio de Habeas Corpus, se sabe, entre otras cosas, que les dijeron: “escoria”, “mujercitas”, etc.

La Defensoría Pública de Azuay presentó una Acción de Hábeas Corpus a favor de trece personas privadas de libertad PPL de El Turi, en junio del 2016, luego de los hechos sucedidos.

Según el artículo 89 de la Constitución, el Hábeas Corpus busca recuperar la libertad de una persona injustamente detenida y, proteger la vida e integridad de una persona privada de la libertad, por lo que este debe darse en un máximo de veinte y cuatro horas de presentada la acción. Sin embargo, en el Caso El Turi pasaron cuatro meses donde se hicieron seis audiencias de Habeas Corpus para que finalmente este recurso se conceda.

La primera audiencia de Habeas Corpus se realizó entre el 23 y 31 de junio del 2016; en esta ocasión se presentaron los vídeos de seguridad del Centro Penitenciario, donde se constatan las agresiones ocasionadas por los policías. Pese a esto, el Ministerio del Interior, en ese momento encabezado por José Serrano, solicitó que se realice un peritaje de los vídeos presentados, argumentado que fueron manipulados por la Defensoría Pública. En la segunda audiencia, los jueces concedieron el Habeas Corpus a favor de los trece privados de libertad y dispusieron acciones de reparación. El Ministerio del Interior apeló la sentencia aduciendo que uno de los jueces no tenía competencias para dictar esta medida. Una nueva audiencia de Habeas Corpus, la tercera, se da el 22 de julio del 2016, sin la participación de los detenidos y sin la presentación de los vídeos de seguridad de la cárcel. En esta audiencia, la sentencia anterior fue anulada, pese a que se reconoció la violación del Derecho a la Integridad de los PPL. La cuarta audiencia de Habeas Corpus intentó realizarse el 5 de septiembre del 2016, pero fue suspendida pese a que contó con la presencia de los detenidos. Días más tarde, la quinta audiencia convocada para el 22 de septiembre volvió a suspenderse. Finalmente, la acción de Habeas Corpus se concede a favor de los trece Privados de la Libertad, tras la sexta audiencia realizada.

En la sentencia de Hábeas Corpus, entre otras cosas, se estableció que cada 31 de mayo, la policía reciba un curso de derechos humanos, y que el Ministerio del Interior, de Justicia y los policías implicados ofrezcan disculpas públicas a los PPL de El Turi, las mismas que debían ser publicadas en un diario.

Al juicio de Habeas Corpus le siguió un juicio penal, que buscaba sancionar a los responsables por la violación de derechos hacia los detenidos. El 26 enero del 2017, la Fiscalía del Azuay formuló cargos en contra de 46 policías por el Delito de Tortura, artículo 151 del COIP). Vendría después la reconstrucción de los hechos, según el procedimiento penal, sin embargo, esta acción fue aplazada por cinco ocasiones. Finalmente, al sexto intento, realizado entre el veinte y cuatro y veinte y cinco de mayo, se logró recrear lo sucedido en Turi. Según Daniel Véjar, abogado de INREDH, los recurrentes aplazamientos para la reconstrucción de los hechos demuestran una falta de voluntad y de coordinación entre las instancias del Estado para dar información y sancionar el caso: “Hubo seis intentos de reconstrucción de los hechos, se puede suspender una o dos veces hasta que se emitan los permisos necesarios, pero suspender las seis veces, sí que llama la atención. Faltó la voluntad del Estado para hacer esta diligencia”.

No hay torturas sino ‘extralimitaciones’

Posteriormente, la Fiscalía solicitó una Audiencia de Reformulación de Cargos que se llevó a cabo el 8 de junio, y donde el Delito de Tortura bajo el cual se investigaba a los policías, cambia por “Extralimitación en la Ejecución de un Acto de Servicio”, pero ¿qué diferencias hay entre estos dos delitos?

Según el Código Penal, un funcionario púbico en ejercicio de sus funciones puede cometer tortura por instigación propia o bajo su consentimiento, ante lo cual se establece una pena de 10 a 13 años, según el artículo 151 del COIP. Mientras que el delito de Extralimitación en la ejecución de un acto de servicio, artículo 293 del COIP, se refiere al servidor de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional o Agente Penitenciario que durante sus funciones, no hiciera uso progresivo de la fuerza y causará lesiones en contra de una persona, este delito está castigado con una pena máxima tres años.

Es decir, la justicia consideró que las actos sucedidos en El Turi no fueron tortura, sino que solamente a la Policía se le pasó la mano en el uso de la fuerza, durante el operativo.

Daniel Véjar de INREDH critica este cambio de tipo penal y cita la Convención Americana de Derechos donde se establece que para configurarse un caso de tortura no importa la intensidad, ni la profundidad de las lesiones sino el objetivo: “Existe tortura que no necesariamente deja huellas, pero no por eso, deja de ser tortura. El tiempo mínimo de las lesiones demostraba que no eran suficientes para ser tortura, pero no debería importar la intensidad, sino la finalidad”. Para él, en este caso si existió una finalidad, puesto que los mismos policías durante el proceso habrían manifestado que los PPL se encontraban amotinados por lo que procedieron a neutralizarlos. Esto demuestra dice Véjar, que hubo una finalidad que fue el castigo.

Luego de este cambio en el tipo penal, vendría la Audiencia de Formulación de Cargos, donde el Fiscal Adrián Arpi se abstuvo de acusar a 34 policías por “falta de pruebas”, el 1 de agosto de 2017. Así la lista de imputados se redujo de 49 a 15. Posteriormente, el diez de agosto del 2017, se realizó la Audiencia Preparatoria de Juicio y el Juez Penal de Cuenca, Alfredo Serrano, consideró que no hubo suficientes elementos para dictaminar la responsabilidad de los quince policías acusados, aunque el Juez si reconoció la existencia del delito. Daniel Véjar, abogado, cuestiona que no se hayan señalado responsabilidades penales en esta audiencia “El error del juez es reconocer que existe materialidad y no decir, vuélvase a investigar o sígase investigando”.

El caso de El Turi volvió a reactivarse el 10 de octubre, cuando la Sala Penal de la Corte Provincial de Justicia del Azuay, declaró la nulidad del proceso de investigación por el delito de extralimitación en la ejecución de un acto de servicio en contra de policías procesados. De esta manera, todas las audiencia, sus resoluciones quedaron sin efecto, y el caso volvió a tratarse como Tortura. Ante ello, el 15 de diciembre, 42 policías, entre ellos el Mayor René Cañar, quien figuró como jefe del operativo en la Cárcel de El Turi, fueron convocados a la audiencia de evaluación y preparatorio del juicio por el Delito de Tortura. Finalmente y luego de un año y medio de los hechos, el juez William Sangolquí decidió llamar a juicio a cuarenta y dos policías, en la audiencia realizada el viernes 22 de diciembre del 2017.

Los torturadores son premiados

El Caso de El Turi es uno de los más recientes casos de tortura que se registran en Ecuador, y donde participan efectivos de la Policía Nacional; sin embargo, no es el único. En el 2010, se presentó el Informe de la Comisión de la Verdad que investigó 118 casos de violaciones a derechos humanos, sucedidos entre 1984 y 2008.

En estos 118 casos se identificaron seis tipos de violaciones de derechos: privación de la libertad, violencia sexual, desaparición forzada, ejecución extrajudicial, atentado contra la vida y tortura; sucedidos en contra de 456 víctimas; de estas, 365 fueron víctima de tortura.

Según las investigaciones de la Comisión de la Verdad, en 158 casos de tortura se presume la participación de la Policía Nacional, mientras que el Ejército estaría involucrado en 147 casos y en catorce de estos habría una participación conjunta de estas dos ramas de la Fuerza Pública.

En el 2013, la Comisión de la Verdad llevó a Fiscalía los expedientes de los 118 casos de violaciones a derechos humanos que investigó, y 18 expedientes más sobre casos que el organismo no logró estudiar, para un total de 136 casos para que se investiguen judicialmente y se inicien procesos penales en contra de los responsables; sin embargo Elsie Monge, Directora de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos CEDHU, en entrevista para Wambra en mayo de 2017, mencionó que de estos 136 casos, solo 6 se judicializaron y dos terminaron en sentencia: el Caso Cajas, Jarrín, Vaca y el Caso Lema.

Sancionar a los implicados en casos de tortura también ha sido casi imposible dentro de la misma institución policial y militar. En el caso El Turi pese a las reacciones de las autoridades tampoco ha habido sanciones. El 22 de septiembre del 2016, en una rueda de prensa, José Serrano, ex ministro del Interior, y Ledy Zúñiga, ex ministra de Justicia reconocieron la existencia y gravedad de los hechos al interior de cárcel; ofrecieron además una investigación administrativa. Sin embargo, a más de un año de los hechos ningún policía, ni el encargado del operativo René Cañar, fueron sancionados, ni siquiera administrativamente. Es más, el entonces mayor René Cañar fue posteriormente ascendido a capitán.

Para Daniel Véjar, este tipo de casos y violaciones de DDHH en donde está involucrada la Policía o las Fuerzas Armadas se siguen repitiendo porque el Estado no sanciona estos hechos: “Existen tantos patrones de repetición que cabe la pregunta ¿son hechos aislados, o si hay una falta de preparación suficiente en la Policía, o si existe una retaliación, falta de profesionalización, o a quiénes estamos nombrando para que ocupen esos cargos de poder? Tenemos una conducta que ha permanecido desde el Caso Restrepo hasta la actualidad y esto no se corrige”.

Esta aparente falta de voluntad del Estado para sancionar y prevenir los casos de tortura parece no solo estar en la justicia sino también en otros niveles del Estado. Así, Ecuador es un estado parte de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, y en cumplimiento con esta obligación creó en 2012, la “Dirección Nacional del Mecanismo de Prevención de la Tortura, Tratos Crueles y Degradantes”, a cargo de la Defensoría del Pueblo. Este organismo debe monitorear las condiciones en las que se encuentran las personas dentro de los lugares de privación de libertad, y busca prevenir que se realicen actos de tortura en estos espacios; su monitoreo debe ser parte de un informe anual. Sin embargo, en la página web de la Defensoría todavía no está colocado el informe 2016, año en que sucedieron los hechos en la cárcel de El Turi.

Para el abogado de INREDH es muy distinto cómo el Estado trata los casos de tortura frente a otros, como la criminalización a la protesta. Menciona que la justicia ecuatoriana ha sancionado en los últimos años con más rigurosidad la protesta, pero no así actos de tortura:

“El Estado se ha dado maneras de sancionar cosas mucho menos graves o que no deberían ser delito, como el Ataque o Resistencia, o el delito de Paralización de Servicio Público cuando estos son un ejercicio de resistencia o protesta social. Pero si se evidencian todo tipo de trabas cuando el acusado, es personal del Estado”.

https://wambra.ec/ecuador-tortura/

Escena grabada de las torturas a los presos en la cárcel de El Turi

Apadrina a un preso

Sendoa Jurado, ex preso político

Según el que fuera el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba a abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”. El Che Guevara también distinguió entre estos dos conceptos y dijo: “Lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: ‘Acá estamos, venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales’”.

Estamos en Navidad, en éstas fechas los corazones de la gente se ablandan y nos acordamos más veces de quienes están en peor situación que nosotros, y las campañas para que apadrinemos por un euro a niños de países pobres se multiplican, no así las iniciativas para dar la vuelta a esas situaciones de injusticia. Junto a eso y como consecuencia de los valores católicos que nos impone el sistema, nuestras acciones de caridad aumentan, aunque no tanto como nuestro consumismo.

La situación de los represaliados y las represaliadas, en cambio, está presente para este pueblo durante todo el año, aunque me parece que lo que hemos hecho en los últimos años ha sido cambiar el calendario de lucha de todo un año por la caridad de una Navidad de 12 meses. No me estoy refiriendo a los sentimientos de nadie que tenga ningún vínculo político ni familiar con las represaliadas, sino a la perspectiva política hegemónica a la hora de abordar este tema, que en mi opinión es absolutamente errónea.

Lo que en otra época era orgullo lo hemos convertido en algo muy parecido a pedir limosna, destacando el dolor que la represión nos provoca y tapando el motivo de nuestra lucha; explicando las consecuencias de nuestra situación en lugar de abordar las razones que están en la base estamos tratando de dar lástima, porque es más fácil tirar de sentimentalismo que explicar nuestras razones políticas.

Centrarse en resolver las consecuencias del conflicto desligándolas de las causas que lo originan es la mejor forma de perpetuar el actual estado de las cosas y, por lo tanto, la opresión que sufrimos como pueblo y como clase. Eso no quiere decir que mientras conseguimos esos objetivos no debamos intentar dar una salida a las situaciones más duras, pero siempre sin perder la perspectiva de un proceso político más profundo. Como ejemplo, la consolidación de la campaña “euskal presoak Euskal Herrira” se produjo en la década de los 90, cuando el conflicto estaba en lo más crudo, y se hizo sin dejar de lado los objetivos tácticos de la amnistía y la autodeterminación.

Alguien me dirá que es tiempo de sumar, que tenemos que poner a trabajar en el tema de los represaliados y las represaliadas a personas de diferente sensibilidad, que no tenemos fuerza suficiente y que hay que hacerlo de otra manera… pero, ¿de verdad que hay otra manera de hacerlo? Yo diría que no, no al menos si la consecuencia de la única alternativa que nos proponen es la de volver a un punto peor que cuando empezó todo esto.

Es decir, ¿tiene alguna lógica después de tantos años llevar la situación al punto de partida pero con todo lo que nos hemos dejado por el camino y con tantos represaliados? Pues ese es, precisamente, el objetivo de algunos de los que en el último o últimos años se han sumado a la defensa de los derechos de los presos bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos. Además obtendrán un premio  doble, porque no limpiarán su alma ante Dios, pero sí ante la opinión pública, diferenciándose de los que utilizan la represión más severa y que hasta hace poco eran sus aliados en este conflicto. Un claro ejemplo de lo que estoy diciendo nos lo dejó el Alcalde de Baiona Jean-René Etchegaray, cuando afirmó que le pedirían al Gobierno el acercamiento de los presos y la libertad de los enfermos, “no para olvidar, sino para que sean tratados como presos comunes”.

Asimismo, en la entrevista realizada por Eneko Etxegarai al diputado de la República en Marcha, Vincent Bru, en el diario Berria, el periodista le hizo dos preguntas muy precisas. Le preguntó por el punto del documento entregado por los interlocutores del EPPK que están en la cárcel de Reau, tras la reunión que estos tuvieron con Bru, en el cuál exponían que “la única manera” de que no se repitiera el conflicto era que “se abordaran las razones” que lo originaron. Bru respondió que “…tras el desarme, hay que tratar lo antes posible la cuestión de las víctimas y de los presos. Eso es lo importante, en eso nos tenemos que centrar, y no hay que tratar de atrasar las cosas, complicarlas”. De resolver el conflicto no quiere ni oír hablar, porque eso es complicar las cosas.

Siguiente pregunta del periodista: “Aralar también decía al día siguiente del 8 de abril que ‘para construir la paz hay que reconocer los derechos democráticos’ porque, a su entender, ETA surgió ‘por razones políticas’”. Respuesta de Bru: “Eso es lucha política; son partidos que defienden sus ideas; otros partidos no defienden las mismas ideas. En esta sociedad democrática, el pueblo tiene la palabra y la decisión, no se puede imponer un modelo democrático”. Parece ser que para Bru el reconocimiento de derechos democráticos son  imposiciones.

Desde un análisis dialéctico no podemos mirar la actitud de cada uno de una manera aséptica, como si no tuvieran ideología, dejando de lado los intereses políticos que cada agente pueda tener, porque sólo teniendo en cuenta estos factores podremos concluir si, en esa suma de “diferentes voluntades”, realmente estamos actuando en pro de nuestros objetivos o a favor de los del enemigo.

De sobra es sabido que no es lo mismo paz que pacificación, que mientras que la primera se basa en la justicia, la segunda tiene como objetivo garantizar el monopolio del uso de la violencia para el imperialismo. Y en este momento del conflicto que Euskal Herria mantiene con los estados de España y Francia, el riesgo de asimilación cultural y social es mayor que nunca.

Al igual que ocurre con la caridad, en la que suele haber un montón de buitres intentando sacar provecho de la desgracia del pobre, me parece que también alrededor de los represaliados y las represaliadas se están amontonando demasiados carroñeros en los últimos tiempos con el propósito de sacar tajada política del sufrimiento de estas. No os sorprendáis si pronto nos empiezan a pedir que apadrinemos a un preso para que les enseñemos a pensar como la gente de bien de occidente, para que se reinserten. Algunos de los enemigos históricos de los presos ya se han convertido en referentes principales de la “lucha” por sus derechos. ¿Para qué? Para que, como hace la iglesia católica por medio de la caridad, nos olvidemos del problema centrándonos en sus consecuencias, para que poniendo la atención en los derechos humanos despoliticemos el conflicto.

Ya es hora de que todos y todas hablemos claro, ya es momento de que expliquemos si hemos desistido de conseguir nuestros objetivos y por eso practicamos la teoría del “mal menor”, o si por el contrario queremos seguir luchando porque entendemos que recorrer ese difícil camino es el único modo de conseguir la libertad, porque en el momento que aclaremos esto el debate se situará en unos parámetros distintos, concretamente en los de si luchar merece la pena o no.

El mejor confidente de la policía: Facebook

Facebook es el mejor confidente de la policía. Cada año recibe decenas de miles de peticiones de datos procedentes de gobiernos de todo el mundo, órdenes de registro, citaciones judiciales y exigencias para que se censuren determinados contenidos.

Ese tipo de peticiones aumenta a un ritmo galopante. Según QZ (*) en Estados Unidos han crecido un 26 por ciento en relación al año pasado. A escala mundial las peticiones han aumentado un 21 por ciento.

Desde 2013, fecha en la que oficialmente el monopolio informático comenzó a entregar datos de sus usuarios a los gobiernos, el número de peticiones procedentes de Estados Unidos se ha triplicado.

Joe Joseph, del Daily Sheeple, asegura que Facebook se creó precisamente para eso: para que los Estados se mantengan al corriente de la vida privada de sus súbditos.

El capataz de Facebook, Mark Zuckerberg, no empezó de la nada, como suelen hacer creer las historietas fantásticas.

El dinero para crear la red social salió de los fondos de la CIA, a través de sus típicas sociedades fantasmales, una inversión rentable que -a la larga- ha convertido al espionaje en una actividad muy barata.

En los seis primeros meses de 2013 Facebook entregó el 79 por ciento de los datos que le solicitó el gobierno de Estados Unidos, algunos de los cuales pasaron a formar parte de litigios judiciales, confiesan los monopolistas.

Cuatro años después, Facebook admite el 85 por ciento de las peticiones que le cursan los gobiernos, o sea, casi todas.

Es un error creer que toda esa información tiene algún destino concreto. No. Se acumula porque ese es exactamente su destino: ser almacenada y luego procesada.

Para ello Estados Unidos tiene unas dependencias en Bluffdale, Utah, capaces de almacenar y procesar todas las comunicaciones que se produzcan en los próximos diez años en todos los países del mundo.

(*) https://qz.com/1160719/facebooks-transparency-report-the-company-is-giving-the-us-government-more-and-more-data/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies