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Los manifestantes han destruido más de 300 vehículos de la policía en Nueva York

La policía de Nueva York asegura que 303 coches fueron destrozados en las protestas que siguieron a la muerte de George Floyd el 25 de mayo, informó ayer la cadena ABC.

La policía estima que los daños ascienden a casi un millón de dólares y añade que 14 vehículos se perdieron definitivamente tras ser quemados.

Siguen intentando reparar siete de los vehículos y el resto han sido devueltos al servicio, dijeron.

Todas las noches hay enfrentamientos entre la policía y los manifestantes.

La muerte de George Floyd, un hombre afroamericano que fue asfixiado por un oficial de policía el 15 de mayo en Minneapolis, desencadenó protestas antirracistas en todo el país.

Dos meses después las protestas persisten, especialmente en Portland, una ciudad del noroeste, que tiene un fuerte sesgo antifascista.

El despliegue en julio de agentes federales con uniformes paramilitares sin placas de identificación visibles, que han realizado docenas de detenciones, endureció aún más el movimiento contra el terrorismo policial.

‘El levantamiento de Seattle está cercano a la guerra de guerrillas’, según la policía

A través de Twitter la policía ha reconocido que las manifestaciones en Seattle han adquirido características de guerra de guerrillas. En las protestas han incendiado un remolque y estructuras en el territorio de un centro de detención de menores en construcción y también han intentado volar una comisaría de policía.

Los manifestantes han lanzado piedras, botellas y explosivos a la policía y han roto las ventanas de los edificios. Al menos tres policías han resultado heridos. Según los últimos datos, 25 personas han sido detenidas durante los disturbios.

“Debido a los daños y amenazas a la seguridad pública asociadas a estos incidentes, la policía de Seattle ha declarándola situación como motín […] Han llevado a cabo detenciones masivas. La policía sigue trabajando para dispersar a la multitud”, ha dicho una portavoz la policía, señalando que estaban usando armas no letales contra los manifestantes.

Una ola de protestas y disturbios se ha extendido por Estados Unidos tras la muerte en mayo del afroamericano George Floyd en Minneapolis. Las imágenes muestran que la policía lo arrojó al suelo y tres de ellos lo sujetaron. Uno le estranguló al detenido, a pesar de que se quejaba porque no podía respirar. Luego perdió el conocimiento.

Los policías han sudo despedidos. Uno de ellos está acusado de asesinato y os otros tres de cómplices del anterior.

https://ria.ru/20200726/1574925625.html

Los genocidios y las prácticas eugenésicas forman parte de las políticas burguesas de dominación

Entre 1929 y 1974 el estado de Carolina del norte llevó a cabo un programa de esterilización dirigió específicamente contra la población negra que la Universidad de Duke define como “genocidio”, según un estudio recién publicado por la American Review of Political Economy (*).

Cerca de 7.600 hombres, mujeres y niños, algunos de tan sólo 10 años de edad, fueron sometidos a esterilización quirúrgica como parte de un programa creado para servir al “interés público” evitando que los “débiles mentales” se reprodujeran. La mayoría de las operaciones se realizaron por la fuerza, aunque algunas mujeres que de otra manera no tenían acceso a la anticoncepción la utilizaron, declarándose como madres no aptas.

El estudio comienza con una referencia las tesis de Marx sobre el ejército industrial de reserva y analiza los años que van de 1958 a 1968, período durante el cual se realizaron más de 2.100 esterilizaciones en Carolina del norte. Según los autores, las esterilizaciones aumentaron a medida que aumentaba el tamaño de la población negra desempleada, sin dirigirse a los blancos o a las personas de otros orígenes que estaban desempleadas en las mismas proporciones.

“El uso desproporcionado de la esterilización eugenésica en Carolina del Norte en ciudadanos negros fue un acto de genocidio”, según William Darity Jr., profesor de la Universidad de Duke y coautor del estudio. La definición de genocidio de la ONU implica la voluntad de “destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico, racial o religioso”, incluso adoptando “medidas para prevenir los nacimientos dentro del grupo”, dice el autor.

Trabajos anteriores demostraron que el programa se dirigía desproporcionadamente a los negros, pero este nuevo estudio arroja luz sobre la mecánica utilizada y sus motivaciones. “Controlar los cuerpos negros y sus opciones reproductivas no es nada nuevo”, dice la coautora Rhonda Sharpe del Instituto de la Mujer para la Ciencia, la Equidad y la Raza. “Nuestro estudio muestra que Carolina del norte ha restringido la libertad reproductiva, usando la eugenesia para privar del derecho de voto a los residentes negros”, añadió.

En 2010 el Estado creó una fundación y un fondo de compensación para las víctimas del programa que aún están vivas. En 2014 enviaron los primeros cheques, de 20.000 dólares cada uno, a 220 de los afectados, según el diario local The News & Observer.

Los crímenes de genocidio y las prácticas eugenésicas no fueron exclusivas de los países fascistas sino parte de las políticas burguesas de dominación que se implementaron en los países capitalistas más avanzados a lo largo del siglo XX. Tampoco se practicaron sólo en el Tercer Mundo, ya que la propia población fue diezmada en las grandes metrópolis.

El racismo no es sólo discriminación; no es una cuestión jurídica sino toda una política económica propia del capitalismo.

(*) https://www.arpejournal.com/volume-15-number-one/did-north-carolina-economically-breed-out-blacks-during-its-historical-eugenic-sterilization-campaign/

Una muralla de mujeres hace frente a la represión policial en Portland

Las mujeres de Portland se han unido para formar una muralla humana entre los manifestantes y la policía, cuya violencia denuncian.

En Estados Unidos son muchas las que se han sentido interpeladas por las últimas palabras de George Floyd, quien pidió ayuda a su madre cuando la policía le asfixiaba durante su detención el 25 de mayo en Minneapolis.

Ahora las madres de Floyd están por todas partes, en la primera línea para que el terror policial no se reproduzca. “Tu madre está aquí”, dice una pancarta. “Las madres contra la violencia fascista”, dice otra.

Desde el viernes las madres se reúnen en Portland para formar una muralla humana entre las protestas contra el racismo y la policía.

“Cuando eres madre, tienes una necesidad vital de proteger a los niños, no sólo a los tuyos, sino a todos los niños”, dice la organizadora, Jennie Vinson. “Ver a un hombre adulto llamar a su madre, fue un momento transformador para muchas de nosotras”.

En Portland, como en muchas otras ciudades de Estados Unidos, la muerte de George Floyd ha desencadenado un movimiento de protesta contra el racismo y el terror policial. A principios de julio la ira callejera se estaba calmando, pero todo cambió cuando llegaron los matones federales, apodados los “Soldados de Trump” por la gobernadora de Oregón, Kate Brown, del partido demócrata.

Fue entonces cuando se formó la “Muralla de las Madres”, atrayendo a más gente a sus filas cada noche. En otras grandes ciudades demócratas, como Nueva York, Chicago y Filadelfia, que también se han visto amenazadas por la llegada de matones federales.

Pero los manifestantes se reorganizan y atraen a sus filas a nuevos sectores sociales. El movimiento es ya imparable.

Racismo y confinamiento empujan a los jóvenes afroamericanos al suicidio en Estados Unidos

Jasmin Pierre
Jasmin Pierre tenía 18 años cuando trató de acabar con su vida, tomándose todas las pastillas que encontró. Se le diagnosticó depresión y ansiedad y sobrevivió a otros dos intentos de suicidio, algo que veía como la única forma de acabar con su sufrimiento.

Años de terapia la ayudaron a capear el temporal, pero a los 31 años esta mujer de raza afroamericana enfrenta una combinación de peligrosos desencadenantes de estrés que golpean simultáneamente: el aislamiento durante el confinamiento, la escasez de ayuda psicológica y los traumas raciales asociados con las reiteradas matanzas de personas negras por parte de la policía.

“Creo que mis trastornos mentales nunca estuvieron tan mal como ahora”, se lamentó Pierre.

Personal médico advierte que se podría avecinar una severa crisis por el brote confinamiento y el gobierno lanzó una campaña para prevenir suicidios. Pero los médicos y los investigadores dicen que estos problemas golpean con mayor severidad a las comunidades afro, que han sido afectadas en forma desproporcionada por el virus y han registrado un aumento en los intentos de suicido de los jóvenes.

Los movimientos sociales piden al gobierno que preste más atención a los suicidios de estas personas y las iglesias buscan nuevas formas de lidiar con el tema de los suicidios en momentos en que las normas de distanciamiento social entorpecen el contacto entre la gente.

“Hay muchas muertes y gente que se queda sin trabajo. La gente está sufriendo mucho”, dijo Sean Joe, experto en el tema de los suicidios de esta comunidad de la Universidad de Washington de San Luis.

Los suicidios en general han aumentado. Unas 48.000 personas se suicidaron en Estados Unidos en 2018, un 35 por ciento más que en 1999, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El suicidio es la décima causa de muertes entre todas las edades. Y la segunda entre las personas de 10 a 19 años, superada solo por los accidentes.

Las últimas investigaciones muestran un alarmante aumento en las tasas de intento de suicidio de los jóvenes negros.

Los suicidios aumentaron un 73 por ciento de 1991 al 2017 entre los estudiantes negros de secundaria, mientras que los pensamientos suicidas y los planes de suicidio disminuyeron entre los adolescentes en general, de acuerdo con la revista “Pediatrics” de noviembre.

Estos datos, combinados con preocupantes tendencias suicidas entre los menores afroestadounidenses, hicieron que el bloque negro de la Cámara de Representantes emitiese un informe en diciembre diciendo que se enfrentaba una crisis.

Los expertos dicen que las razones de esto son complejas y requieren más estudios.

Los factores que impulsan suicidios incluyen depresiones, traumas o el que un padre se haya suicidado. En las comunidades negras, estos factores adquieren dimensiones especiales, ya que generalmente tienen índices de pobreza más altos, están mucho más expuestas a la violencia y su acceso a cuidados médicos es limitado.

El confinamiento ha sacado a la luz estas disparidades. Les impide hacer funerales y congregarse con seres queridos. A esto se le suma el impacto de la muerte de George Floyd a manos de un policía, que provocó una campaña mundial contra el racismo.

“Tenemos que lidiar con el racismo, los estereotipos y la desigualdad; estamos llenos de vendas”, dijo Arielle Sheftall, autora de estudio Pediatrics. “Se siente como si nos hubiesen sacado el vendaje y todo el mundo te mira las heridas, mientras sangramos profusamente”.

Parte del problema es que se difundió la impresión de que el suicidio es un “problema de las personas blancas”.

El psicólogo de Michigan Alton Kirk, autor del libro “Black Suicide: The Tragic Reality of America’s Deadliest Secret” (El suicidio de los negros: La trágica realidad del secreto más letal de Estados Unidos), dice que las comunidades negras tendían a “negar el suicidio”.

“Habíamos sufrido demasiado. Sobrevivimos a la esclavitud, a la segregación y a tantas otras cosas”, manifestó. “Lo veían como una señal de debilidad”.

Si bien muchas actitudes han cambiado, persisten los obstáculos en el campo de la salud.

Por un lado, no hay suficientes terapeutas. Por el otro, los tratamientos generalmente responden a las experiencias de las personas blancas y a veces los terapeutas no están preparados para resolver los problemas específicos de la población negra.

“Cada vez que hay un episodio de brutalidad policial contra la población negra publicitado, aumentan las llamadas al Proyecto Trevor de prevención de suicidios.

“De entrada tenemos un punto de partida distinto porque te has pasado la vida combatiendo el racismo”, dijo Tia Dole, directora del servicio clínico del proyecto. “La gente tiene el tanque de recursos emocionales a mitad llenar por su identidad”.

El confinamiento aumenta la incertidumbre de los sobrevivientes a intentos de suicidio. “No sabes qué está pasando ni qué va a pasar”, dice Kiauna Patterson, quien se graduó en la Universidad Edinboro de Pensilvania este año tras sobrevivir a un intento de suicidio en el 2018, causado por el estrés que sentía al estudiar mientras tenía tres trabajos para mantener a su familia.

Desde que perdió el seguro médico como estudiante, medita todos los días y se enfoca en su objetivo de ser una comadrona. “Tomas un día a la vez, tratando de controlar de algún modo lo que sucede a tu alrededor y de mantener la calma”.

Pierre usa sus experiencias para aconsejar a otros, de modo tal que no se sientan solos. Creó The Safe Place, una aplicación gratis que ofrece apoyo psicológico enfocado en las personas de raza negra al que se suscribió mucha gente durante la pandemia.

Donna Barnes, quien dirige la Organización Nacional para la Gente de Color Contra el Suicidio, dice que cuando su hijo se suicidó en 1990 se dio cuenta de que no había muchos recursos para las familias negras que sufrían ese trauma. “Me tomó cuatro años volver a sonreír”, manifestó. “No fue fácil. Mi familia y mis amigos no sabían qué hace conmigo”.

La Trinity United Church of Christ, una influyente iglesia negra que alguna vez frecuentó Barack Obama, ofrece consejos vía chats y llamadas con Zoom.

El reverendo Otis Moss III habló del suicidio de su hermana, ocurrido en la década de 1990, durante un reciente podcast. Dijo que la tecnología ofrece medios efectivos para comunicarse ahora que se cancelaron los servicios religiosos por el confinamiento.

“Este es un buen momento para hacerle saber a la gente que muchos otros pasan por lo mismo que ellos”, manifestó el religioso, quien dijo que durante un tiempo se sintió culpable por el suicidio de su hermana, que padecía de esquizofrenia. “Aprendí a abrir agujeros en la oscuridad y a dejar entrar la luz”.

https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/pandemia-y-racismo-el-detonante-que-empuja-a-jovenes-afroamericanos-a-optar-por-el-suicidio-en-eu

Durante el desalojo del barrio ocupado por los antifascistas en Seattle la policía detuvo a 23 manifestantes

Al menos 23 antifascistas fueron detenidos en la madrugada del miércoles en Seattle al desalojar la policía a los manifestantes que ocupaban desde hace tres semanas el barrio de Capitol Hill, transformado en un campamento contra la brutalidad policial, en el marco de las protestas por el brutal asesinato de George Floyd.

El desalojo del barrio se inició tras la orden emitida por la alcaldesa de la ciudad, Jenny Durkan, de limpiar el barrio ante “problemas de seguridad, salud pública y propiedad” ocurridos en las últimas semanas.

Para justificar el desalojo, provocadores al servicio de la policía organizaron cuatro tiroteos -dos de ellos fatales-, robos, agresiones, violencia y delitos contra la propiedad en el barrio.

En una intervención sin choques aparentes con los ocupantes, los policías -muchos de ellos antidisturbios- entraron en el barrio de madrugada y derribaron las carpas y barricadas levantadas en el lugar, a la vez que rodearon a los antifascistas, según la cadena CNN.

En total, 23 personas fueron detenidas durante el operativo, dijo la jefa de la policía de Seattle, Carmen Best.

“Nuestro trabajo es apoyar manifestaciones pacíficas, pero lo que ha sucedido en estas calles durante las últimas dos semanas es ilegal y es brutal y, en definitiva, simplemente inaceptable”, declaró Best a los periodistas.

Horas después del desalojo, la mayoría de los manifestantes habían abandonado el barrio, mientras la policía vigilaba desde los tejados y equipos de limpieza removían las instalaciones erigidas por los manifestantes.

Un policía retiró un cartel en el que se leía “No nos iremos hasta que se cumplan nuestras demandas: reducir a la mitad el presupuesto de la policía de Seattle, financiar a las comunidades negras y liberar a los manifestantes detenidos”.

El barrio Capitol Hill fue tomado por los antifascistas el pasado 8 de junio, después de que la policía levantara el vallado instalado en una comisaría del este de la ciudad y abandonara el edificio, tras días de choques con los participantes en las protestas originadas por el asesinato de Floyd a manos de un policía blanco de Minneapolis.

El barrio se convirtió entonces en un campamento improvisado de intercambio cultural, artístico y social, que contó con el apoyo inicial del ayuntamiento, lo que desató la furia de Trump, quien las acusó de perder el manejo de la ciudad y amenazó con enviar a la Guardia Nacional.

No es la primera vez que Seattle es el escenario de protestas masivas, muestras de resistencia a la autoridad y una feroz represión policial.

En 1999, durante una cumbre de la Organización Mundial del Trabajo, la policía reprimió con dureza a las protestas, lo que desató varios días de descontrol y violencia, que terminaron con manifestaciones aún mayores en repudio de la brutalidad de la policía y por la liberación de los detenidos.

Tulsa 1921: la masacre racista en la que 300 negros fueron asesinados por los racistas

El 1 de junio de 1921 en la masacre de Tulsa 300 afroamericanos fueron asesinados por los racistas que, además, quemaron sus casas. Durante años Estados Unidos ocultó los hechos.

Los recientes disturbios recuerdan a los que se produjeron en el barrio de Watts. Los Ángeles, en 1965 o a los sucedidos también en Los Ángeles, pero en 1992, después de que un jurado compuesto únicamente por blancos absolviera de los cargos que pesaban sobre ellos, a los policías responsables de la brutal agresión del taxista negro Rodney King.

En el caso de Mineápolis, los disturbios se producen, además, cerca del 1 de junio, fecha de la conocida como Masacre de Tulsa, unos disturbios raciales acaecidos en 1921 que, a pesar de los intentos del Gobierno de Estados Unidos por ocultarlos durante décadas, vieron finalmente la luz en 1996. Tras una comisión de investigación concluida en 2001, los supervivientes y herederos de las víctimas comenzaron a ser reparados.

Situada en el estado de Oklahoma, a orillas del río Arkansas, Tulsa era, a principios del siglo XX, una próspera ciudad gracias a los beneficios que generaba el petróleo que se extraía en la zona y que permitía el florecimiento de empresas vinculadas a esa industria, como refinerías o fábricas de tuberías para oleoductos. Una bonanza que se materializaría en la construcción de suntuosos edificios, la venta de automóviles, la apertura de comercios de lujo y la modernización de los servicios públicos, como la puesta en marcha de una vasta red de tranvías eléctricos y la construcción de auditorios, teatros, estadios deportivos, escuelas o su propio aeropuerto en 1919.

No obstante, el centro de la ciudad y los barrios residenciales estaban destinados únicamente a la población blanca. Los pocos negros que vivían en esas zonas eran los empleados de servicio de los millonarios blancos. El resto, alrededor de diez mil afroamericanos, lo hacían en Greenwood, un barrio a las afueras de Tulsa que los blancos supremacistas denominaban Little Africa, pero que los negros del lugar preferían llamar Black Wall Street por su gran actividad empresarial. Greenwood funcionaba como una pequeña ciudad dentro de la gran urbe, aunque solo para la población negra. Tenía periódicos propios, comercios, locales de ocio, profesionales cualificados con educación universitaria, iglesias, escuelas, hoteles y restaurantes.

Además de por esa separación geográfica, existían bastantes diferencias entre la población blanca y negra de Tulsa. Por ejemplo, los negros no tenían derecho a votar, no podían entrar en determinados lugares y si se les permitía, debían hacerlo por accesos reservados solo para ellos. Además, Tulsa tenía cabinas de teléfono segregadas y, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, los reclutados para combatir en Europa fueron principalmente negros.

En lo que sí que coincidían blancos y negros era en que, habitantes ambos de una zona económicamente potente, disfrutaban de una amplia oferta de ocio nocturno, que incluía tanto las actividades legales como las ilegales, sobre las que la policía local solía hacer la vista gorda. Para ser una localidad de tamaño medio, no era difícil encontrar en Tulsa alcohol, todo tipo de drogas, sexo y otras formas de diversión en las que, ahí sí, los negros y blancos se mezclaban sin demasiado problema. De hecho, más que la droga, el juego o la prostitución, lo que más escandalizaba a la sociedad tulsana de la época era que negros y blancos pudieran relacionarse y, llegado el caso, mantener relaciones sexuales. Y algo de eso hubo para que, el 31 de mayo de 1921, comenzaran los disturbios de Tulsa.

Ese día, un joven limpiabotas de 19 años llamado Dick Rowland fue detenido y trasladado a los juzgados de la ciudad. La acusación que pesaba sobre él era haber intentado propasarse con una mujer blanca de 17 años en el interior de un ascensor, en el que la chica trabajaba como ascensorista. A pesar de que no había testigos –más allá del empleado de una tienda que escuchó a la chica gritar pero no vio nada–, de que la supuesta víctima no presentó denuncia y de que no era improbable que la pareja fueran realmente amantes, la noticia del supuesto asalto sexual no tardó en extenderse por la ciudad. Pronto comenzaron a recibirse llamadas anónimas en el juzgado advirtiendo de que el chico sería linchado y, en lugar de tranquilizar los ánimos, el Tulsa Tribune, un diario vespertino, publicó en primera página “Negro detenido por agredir a una niña en un ascensor” e invitaba a sus lectores en el editorial “A linchar al negro esta noche”.

Cuando los ciudadanos blancos de Tulsa se organizaban para linchar a alguien, no bromeaban. Unos meses antes ya habían acudido al edificio de los tribunales para llevarse consigo a Roy Benton, un joven blanco acusado del asesinato de un taxista, al que posteriormente torturaron y asesinaron. Para evitar que volviera a ocurrir, cuando los ciudadanos blancos comenzaron a rodear los juzgados, el shérif decidió apostar policías en la puerta del edificio, levantar barricadas en el interior y trasladar a Dick Rowland a uno de los pisos superiores.

La agitación del centro de la ciudad llegó a oídos de los habitantes negros de Greenwood, que decidieron impedir por todos los medios que el preso fuera linchado, para lo cual se desplazaron al lugar y se quedaron también a las puertas del edificio. La mera presencia de los negros ya fue interpretada como una provocación por los blancos, pero el hecho de que fueran armados hizo que gran parte de los allí presentes se marcharan a sus casas a por sus armas. Otros, directamente, se acercaron a la armería de la Guardia Nacional donde intentaron aprovisionarse de armas robándolas de las instalaciones.

En un momento dado, una delegación de los ciudadanos negros decidió entrar en el edificio del juzgado, en cuyo interior ya había un grupo de blancos que presionaban a las autoridades para que les fuera entregado Rowland. Cuando vieron la situación, los afroamericanos se ofrecieron voluntarios al shérif para ayudarle a controlar a la turba, pero el ofrecimiento fue rechazado. No obstante, los blancos comenzaron a insultar a los negros, la discusión subió de tono y, de repente, sonó un disparo.

Nadie fue herido, por lo que no se sabe si fue un accidente fortuito o un tiro al aire para calmar los ánimos. El hecho es que la detonación provocó que los diferentes grupos, policía incluida, comenzasen a dispararse entre sí provocando, no solo heridos de bala, sino por pisotones y aplastamiento debido a las avalanchas y las carreras para huir del lugar. Eran las 11 de la noche  y la revuelta no había hecho más que empezar.

Tras ese primer tiroteo, los afroamericanos decidieron refugiare en Greenwood hasta donde fueron perseguidos por los blancos. Enterados de lo que sucedían, muchos de los vecinos del barrio, cerraron sus casas y se marcharon del lugar con la esperanza de que, al amanecer, los disturbios hubieran cesado. Aquellos que en su huida se cruzaron con grupos de supremacistas blancos, fueron asesinados.

Hacia las 2 de la madrugada ya del 1 de junio, los tiroteos cesaron. Los grupos de afroamericanos se sintieron seguros en su barrio y se relajaron. Sin embargo, entre los blancos, que además de airados estaban borrachos, comenzaron a correr rumores de que los negros habían quemado residencias de blancos o que una mujer blanca había sido asesinada por los negros y decidieron vengarse prendiendo fuego a los comercios y negocios Greenwood. Cuando los bomberos acudían a apagarlos, eran repelidos a tiros por los racistas.

A las 5 de la madrugada, el silbato de un tren que llegaba a Tulsa, cuya estación estaba muy cerca de Greenwood, hizo pensar a los asaltantes blancos que se trataba de una señal de ataque y entraron al asalto en el barrio, asesinando a los que encontraban a su paso e irrumpiendo en las casas, de donde sacaron a sus habitantes, a los que detuvieron o, directamente, mataron. A esos atacantes de tierra se sumaron avionetas privadas que desde el aire lanzaron bolas de brea en llamas que extendieron aún más los incendios. Por último, también fueron asaltadas las casas de aquellos blancos que tenían empleados de servicio negros, a los que se detuvo ilegalmente y se recluyó en centros clandestinos improvisados, como el estadio de béisbol o un salón de convenciones. Si sus empleadores intentaban oponerse a esos arrestos, eran amenazados de muerte y golpeados.

La gravedad de los hechos hizo que se desplazasen al lugar tropas de la Guardia Nacional que, por una serie de trámites burocráticos, no pudieron intervenir hasta el mediodía del 1 de junio, cuando decretaron la ley marcial. Para entonces, las cifras eran escalofriantes: más de 6.000 detenidos, 4.000 personas huidas de sus casas para salvar su vida, casi 1.300 edificios calcinados, alrededor de 8.000 personas sin lugar donde vivir, más de 50 blancos muertos y alrededor de 300 negros asesinados. Unas cifras que, en el caso de los muertos, aumentarían levemente durante los días siguientes por venganzas y ajustes de cuentas.

Aunque en las semanas posteriores el Gobierno de Estados Unidos envió una comisión para investigar los hechos, nadie fue procesado ni condenado por ellos. De hecho, en su afán por ocultar lo sucedido, los libros de texto estadounidenses no recogían los disturbios de Tulsa y los habitantes del lugar, tanto blancos como negros, evitaban hablar del tema. Una de las razones era que, tras los disturbios, el Ku Klux Klan experimentó un gran ascenso en la zona. A finales de 1921, más de tres mil blancos eran miembros del Klan en Tulsa, ciudad en la que la organización supremacista contaba además con una sección femenina y una junior.

Solo en 1971, cuando se cumplieron los 50 años del suceso, un grupo de ciudadanos afroamericanos organizó un acto público en una iglesia en memoria de los muertos. En todo caso, hubo que esperar a otro aniversario, el número 75, para que se constituyese una Comisión Oficial para investigar lo sucedido en 1921. Para entonces, muchos de los testigos habían fallecido o estaban demasiado mayores, lo que dificultó la investigación, que se alargaría hasta 2001. Ese año se publicaron las conclusiones y se fijaron una serie de objetivos entre los que se encontraban reparaciones económicas a las víctimas o sus herederos, becas escolares para los descendientes, inversiones económicas en la zona de Greenwood, la creación de un monumento conmemorativo y la búsqueda de las fosas comunes ilegales cavadas en los días siguientes a la masacre para ocultar los cadáveres de los negros y que, aún hoy, no han sido halladas.

La última referencia relacionada con la matanza de Tulsa llegó en 2019 y a través de un medio poco convencional para estos temas: Watchmen. Cuando Damon Lindelof recibió el encargo de HBO de hacer una serie de televisión del cómic, se planteó cuáles eran esos problemas reales que provocaban la angustia de los superhéroes. Si en el pasado era la amenaza atómica, ¿cuál era el problema de los estadounidenses en el siglo XXI independientemente de dónde vivan, de su género o de su situación económica?

“Para mí, la respuesta fue el conflicto racial. Siento que a medida que comenzamos a comprender nuestra historia real versus la historia que todos nos enseñaron, estamos en medio de un gran ajuste de cuentas como país. Pero este tema va mucho más allá de lo que se cuenta en los libros de historia. Si eres una persona afroamericana conoces lo sucedido porque te tocó más íntimamente pero si eres un hombre blanco como yo, esa historia está oculta. En todo caso, lo que sí sabes es que está ahí y ya es cosa mía elegir sentir vergüenza y culpa por ignorar esa historia o comenzar a enfrentarla y escucharla. Además, si tengo esta plataforma como narrador, incluso puedo comenzar a contarla”, explicaba Lindelof.

Hace unos días, el asesinato de George Floyd y los disturbios posteriores parece que le dan la razón a Lindelof. Ahora solo falta que haya más gente dispuesta a dar a conocer casos como los de Tulsa.

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/tulsa-1921-la-masacre-racista-de-la-que-nos-enteramos-por-watchmen

80 años de cárcel por quemar dos coches patrulla de la policía en Estados Unidos

A una manifestante, Lore-Elizabeth Blumenthal, que participó en las protestas por la muerte de George Floyd le pueden caer 80 años de cárcel por quemar dos coches patrulla de la policía en Filadelfia.

La policía está buscando y deteniendo a quienes se manifestaron contra el racismo. Uno de esos casos ha surgido. Su camiseta personalizada revela su identidad como manifestante antirracista en una imagen que ha circulado ampliamente por las redes sociales.

Blumenthal es una masajista de Filadelfia de 33 años de edad y ha sido acusada de incendiar dos autos de la policía. Los investigadores rastrean a Blumenthal por la la camiseta que portaba, en la que se podía leer: “Dejemos que los inmigrantes se queden en el país, expulsemos a los racistas”.

El fiscal federal William McSwine la acusa del incendio de los vehículos del Departamento de Policía de Filadelfia. En una rueda de prensa declaró que tras el asesinato de Floyd, en Filadelfia los disturbios provocaron saqueos a gran escala, robos, incendios, destrucción de bienes y otros incidentes violentos.

Además de los vehículos de la policía, Blumenthal quemó los coches deportivos estacionados en el lado norte del Ayuntamiento. Los agentes del FBI han solicitado la ayuda de varios medios para identificar a la acusada.

Hasta ahora la fiscalía sólo dispone de las imágenes aéreas del día de las protestas, junto con algunas fotografías tomadas por un fotógrafo y una foto de Instagram.

La policía también verifica su identidad fotográfica por un tatuaje hecho en sus brazos y una camiseta. El fiscal afirma que la mujer fue vista usando gafas y guantes en varios vídeos tomados en el lugar del incendio.

En varios vídeos que han circulado por las redes sociales, Blumenthal aparece corriendo con un palo en la mano.

Otra pista provino de una página que vende camisetas a medida y la policía extrajo su dirección del sitio web.

Finalmente la detención se produjo el martes de esta semana.

https://revistayumecr.com/una-mujer-sera-sentenciada-a-80-anos-por-quemar-el-auto-de-la-policia-durante-la-protesta/

Racismo y terror policial en las favelas de Río de Janeiro

Cuando Rafaela Matos vio los helicópteros de la policía sobre su favela y escuchó disparos, cayó de rodillas y pidió a Dios que protegiera a su hijo, João Pedro. Luego llamó al chico para asegurarse de que estaba bien.

«Tranquilo», respondió João Pedro, explicando que estaba en casa de su tía y que todo estaba bien. Unos minutos después de que enviara el mensaje, la policía irrumpió y disparó al chico de 14 años en el estómago con un rifle de alto calibre a corta distancia.

João Pedro Matos Pinto es una de las más de 600 personas asesinadas por la policía en el estado de Río de Janeiro en los primeros meses de este año. Esto es casi el doble de la cantidad de personas asesinadas por la policía durante el mismo período en el conjunto de los Estados Unidos, que tiene 20 veces la población de Río. Al igual que João Pedro, la mayoría de los muertos en Río eran negros o mestizos y vivían en los barrios más pobres de la ciudad o en las favelas.

Mientras que en Estados Unidos el movimiento antirracista saca a cientos de miles a las calles de todo el mundo, los manifestantes indignados por la muerte de João Pedro hace un mes han estado organizando las mayores manifestaciones contra la brutalidad policial en años en las calles de Río.

Sin embargo, las protestas no se acercan al impacto público de otros países. Los brasileños quieren que su lucha cobre impulso porque en su país más de la mitad de la población es negra o mulata, con un problema de terrorismo policial que eclipsa con creces al de otros países.

El año pasado la policía de Río asesinó a 1.814 personas, según datos oficiales. Es el triple que cinco años antes. Este año el número de muertes está en camino de repetirse.

“Matan a adolescentes tras adolescentes en sus casas todos los días. Estamos aquí porque tenemos que estar”, dijo João Gabriel Moreira, estudiante de ingeniería civil de 19 años, en una protesta el 10 de junio en Duque de Caxias, una ciudad pobre de la zona metropolitana de Río. Dijo que hasta este año nunca había protestado en la calle.

“Matar a un joven negro en una favela, se ve como algo normal; debe ser un traficante de drogas”, dice Moreira. “El racismo siempre ha sido velado en Brasil. Es por eso que tan pocos de nosotros estamos aquí. Si Brasil tuviera conciencia racial, esta calle estaría llena”.

La policía de Río de Janeiro dijo inicialmente que estaban persiguiendo a un criminal en una operación conjunta de las policíaes civil, militar y federal cuando dispararon a João Pedro el 18 de mayo. No había signos de actividad ilegal en la casa del complejo de favelas Salgueiro, según Eduardo Benones, un fiscal federal que investiga la operación.

El padre de João Pedro, Neilton Pinto, estaba sirviendo pescado en un quiosco de la bahía cuando oyó los helicópteros. Cuando llegó al lugar, la policía ya se había llevado el cadáver de su hijo adolescente.

La policía no llevó a João Pedro al hospital y su familia tuvo que comenzar una búsqueda frenética. Rafaela, de 36 años, recibió un rayo de esperanza cuando leyó un mensaje de WhatsApp en el teléfono de su hijo.

No hubo respuesta de quien estuviera usando el teléfono de João Pedro. Pero se extendió una campaña por los medios sociales y su cuerpo fue localizado al día siguiente, dentro de un instituto forense de la policía.

La investigación del fiscal Benones busca responsabilizar al Estado brasileño por la muerte de João Pedro, alegando que ocurrió en un contexto de racismo institucional. Todas las declaraciones y los relatos de los testigos indican que João Pedro y los demás presentes no representaban ninguna amenaza para la policía.

“No puedes decir que es racismo de ese oficial de policía, sino una práctica de las fuerzas policiales de no tener cuidado al tratar con la población negra. Y si algo sucede, es visto como un daño colateral”, dice el fiscal.

En respuesta a la indignación por la muerte de João Pedro, el 5 de junio el Tribunal Supremo de Brasil prohibió las redadas policiales en las favelas hasta que termine el toque de queda.

https://apnews.com/8bfe3a86aa1db5b9671d9d41be8617b7

Tecnología, clases sociales y lucha de clases

La campaña a la elecciones presidenciales de Estados Unidos de 1960 supuso un viraje en el recurso a las nuevas técnicas para el control de masas. No sólo se trataba de recaudar votos, para lo cual la televisión empezó a desempeñar un papel fundamental, sino de manipular a los votantes, algo que forma parte de la dominación de clase porque es una parte de la sociedad la que trata de imponerse sobre la otra. En un país esclavista, como Estados Unidos, esas clases sociales se diferencian, entre otras cosas, por el color de su piel y en 1960 el Partido Demócrata quería ganar las elecciones consiguiendo que los negros y otras minorías raciales acudieran a votar y votaran a su candidato: Kennedy.

Robert Kennedy, director de campaña de su hermano, recurrió a un miembro del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussetts), Ithiel de Sola Pool, que puso en marcha una técnica novedosa: las bases de datos (“big data”), la recopilación y procesamiento de la información personal.

En una época en la que había muy pocos ordenadores, De Sola Pool diseñó un programa informático que, lo mismo que los informáticos que lo implementaron, permaneció en secreto durante muchos años.

Tenía una empresa llamada Simulmatics Corporation que realizó más de 100.000 entrevistas y, además, procesó más de sesenta encuestas sobre las elecciones de los años cincuenta.

Clasificó a los votantes, generando hasta 480 perfiles diferentes (afroamericanos, metropolitanos, católicos, nivel de ingresos, ideología) sobre 52 grupos temáticos diferentes.

Justo antes de la Convención Demócrata, Simulmatics estudió el voto de los negros del norte de Estados Unidos, que iba a ser clave en la votación.

Así ocurrió; se había inventado el futuro (1) y Kennedy ganó las elecciones, De Sola Pool pasó a trabajar para el Pentágono y se convirtió en uno de los fundadores de Darpa y de Arpanet, el antecedente de internet.

Aquellos años no sólo se caracterizaron por las nuevas tecnologías sino por la Guerra de Vietnam. Simulmatics realizó para Darpa la campaña masiva de intoxicación sicológica contra el Vietcong.

Aquellos también fueron años de lucha contra el racismo, que alcanzó su cumbre en 1967 cuando las ciudades estallaron en llamas en todo el país.

El Presidente Johnson creó la Comisión Kerner para atajar la agitación social (2). A su vez la Comisión se dirigió a Simulmatics para analizar los “puntos calientes” (hotspots) de la lucha y para identificar a los negros que dirigían las movilizaciones. Luego identificaron y entrevistaron a otros negros en otros lugares, desde peluquerías hasta iglesias.

En los sondeos les preguntaron su opinión sobre la cobertura mediática de las luchas y reunieron información sobre los movimientos de los vecinos de cada una de las ciudades y los barrios más combativos, quién convocaba las manifestaciones y con quién hablaban los manifestantes antes y después de las movilizaciones.

Los cuestionarios preguntaban incluso por la circulación de vehículos en los peajes, las ventas en las gasolineras y las rutas de los autobuses.

Johnson y la Casa Blanca querían utilizar la información reunida por Simulmatics para rastrear el flujo de información durante las protestas, identificar a los dirigentes y decapitar el movimiento.

La nuevas técnicas formaban parte de la represión política, tanto en su sentido formal o judicial, como parapolicial, es decir, para frenar al movimiento exterminando físicamente a sus dirigentes.

Crearon perfiles racistas que, además de aplastar un movimiento ya existente, tenía como objetivo impedir que se pudiera reproducir en el futuro. Era, pues, típicamente fascista, como ya hemos expuesto en otras entradas. Era predictiva, era discriminatoria y era selectiva, un antecedente de lo que hoy tenemos delante de nuestros ojos.

Los modelos informáticos de los sesenta son el fundamento de los asesinatos posteriores de miles de negros y latinos, así como de su encarcelamiento y persecución constantes.

Aquellos modelos han vuelto a la actualidad no sólo por motivos electorales, ni tampoco racistas exclusivamente, sino por la pandemia: los médicos acaban de descubrir que los negros, los latinos y los indígenas se han contagiado de manera desproporcionada y deben proceder a hacer seguimientos y rastreos, buscar, perseguir… por motivos de salud pública, para evitar la propagación del virus.

En Estados Unidos los negros y las minorías raciales nunca dejarán de ser una amenaza, de un tipo o de otro, política o sanitaria.

(1) https://www.newyorker.com/magazine/2020/03/09/the-problems-inherent-in-political-polling
(2) https://www.history.com/this-day-in-history/kerner-commission-report-released

Más información:
— Holanda dispone de un sistema de vigilancia permanente sobre los pobres e inmigrantes
— ‘Minority Report’: delincuentes en potencia y policías del futuro
— ‘Minority Report’(3): la policía predictiva de Los Ángeles ya está en marcha
— Minority Report(4): La represion fascista con algoritmos matemáticos (PredPol)
— Minority Report(5): la policía predictiva se concentra en los ‘puntos calientes’ de la ciudad
— Minority Report(6): cómo detener a los futuros manifestantes antes de que cometan actos violentos
— Minority Report(7): el funcionamiento de la policía en una sociedad dividida en clases sociales
— Minority Report(8): el panóptico ya es una realidad, el ojo que todo lo ve
— Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir

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