La web más censurada en internet

Etiqueta: Racismo (página 11 de 18)

Denuncian ante la ONU a la Policía Nacional por un agresiones racistas

Un policía nacional de la comisaría de Leganitos, en el centro de Madrid, profirió insultos racistas a Isabelle Mamadou, responsable de la ONG Movimiento por la Paz en la Comunidad Valenciana y primera representante española en el Programa para Afrodescendientes de la ONU. En la denuncia también se recogen los comentarios racistas del policía a Ngoy Ngoma, presidente de Kwanzaa, asociación universitaria afrodescendiente y a la abogada Esther Mamadou.

Los sucesos tuvieron lugar el pasado sábado 16 de septiembre en el madrileño barrio de Lavapiés, donde Isabelle, acompañada de representantes de diferentes organizaciones salían de comer y se detuvieron ante lo que parecía una identificación por perfil étnico. “Salíamos de un restaurante e íbamos a un curso de derechos humanos, ahí fue cuando vimos un coche de la policía entrar en dirección contraria, del que bajaron para identificar a unos chicos negros que estaban parados”, explica Ngoy Ngoma, quien asegura que se quedaron observando si se cumplián las mínimas garantías durante el proceso de identificación policial. Lo que sucedió después fue que “uno de los agentes agredió sin motivo aparente con una porra a un afro que estaba siendo identificado, bajo la mirada de testigos que transitaban por el lugar”, el policía que bajó con brusquedad del vehículo “golpeó con la porra la bebida de uno de los identificados y le propinó un empujón”, afirma Ngoma.

En ese momento decidieron acercarse, sin embargo, la policía quería que se marcharan, “por mucho que nos apartáramos nos decían que debíamos alejarnos más y más, como se estaba agravando la situación lo que querían era que nos fuéramos”. Es ahí cuando el mismo policía que había propinado el empujón a uno de los jóvenes, le redujo de forma agresiva con ayuda de otros policías. “Entendimos que se estaba produciendo un abuso de la autoridad porque no se dió una reacción del joven identificado que de alguna forma explicara esa brutalidad”. Ante la violencia de la intervención policial, la responsable del Movimiento por la Paz, Isabelle Mamadou, se acercó para expresar su preocupación, motivo por el que el policía procedió a su identificación, acción que se repitió con Esther Mamadou y el miembro de Kwanzaa. El joven reducido fue introducido en una patrulla y llevado a comisaría.

“Los comentarios racistas comenzaron durante el proceso de identificación. Nos preguntó si íbamos a venir de nuestro país a decirle cómo tenía que trabajar. Le recordamos que éramos españoles pero a pesar de tener nuestros DNI en la mano nos repitió varias veces que no lo éramos mientras realizaba burlas sobre nuestros lugares de nacimiento”, afirma Mamadou.

Según la nota comunicativa, varios testigos confirman que los tres afrodescendientes sufrieron la agresión racista del policía que “llegó a calificar a la denunciante de ‘puta negra’ ante la pasividad de los demás agentes”. “Me dijo que si venía del Congo y de Tanzania a decirle cómo debía desarrollar su trabajo, yo le expliqué que era español pero continuó burlándose de mí”, comenta Ngoy, quien se lamenta del silencio de los demás policías antes las burlas e insultos racistas por parte del policía, “cuando los demás agentes se quedan callados es porque comparten lo que hace este agente o porque no pueden controlarle”. Ante la reiterada negativa del policía a identificarse, los tres detenidos rechazaron abandonar el lugar, al que finalmente se desplazó un superior de la comisaría.

Los policías justificaron su actuación alegando entorpecimiento de la labor policial e iniciaron un procedimiento administrativo sancionador en virtud de la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza, “cuya revisión ha sido solicitada en varias ocasiones por parte del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial por eliminar la libertad de expresión y excluir ciertas garantías judiciales entre otros motivos”.

Por primera vez en el Estado español se recurre al Grupo de Expertos sobre Afrodescendientes de las Naciones Unidas, creado en 2002 por la Comisión de Derechos Humanos, que serán quienes evalúen la denuncia interpuesta contra el Cuerpo Nacional de Policía y que tienen la capacidad para abordar el racismo institucional del que fueron víctimas los tres detenidos y ante el que el gobierno de España deberá responder.

Para Ngoy las identificaciones por perfil étnico son parte de la cotidianidad, la última vez sucedió en la estación de Chamartín, también en Madrid, desde donde se le llevó a comisaría por un supuesta falta de resistencia a la autoridad. “Había cámaras que podían demostrar que eso no había sido así”, explica el integrante de Kwanzaa, por lo que “la denuncia nunca llegó”. Recuerda que la justificación que le dió la policía era que las personas como él “tenían más probabilidades para delinquir”. Explica que lleva quince años sufriendo cada cierto tiempo este tipo de identificaciones racistas que le “criminalizan” y colocan ante las demás personas como un “delincuente”. Sin embargo, este joven de 29 años ha sabido confrontar el racismo estructural que sitúa a la población racializada como sujetos sobre los que se ejerce violencia institucional, y que le ha permitido forjar su personalidad y resistir, “pueden agredir nuestro físico, pero no nuestra conciencia”, concluye.

http://esracismo.com/2017/09/25/la-policia-nacional-denunciada-ante-la-onu-por-agresion-racista/

Redneck Revolt: un llamamiento a la lucha armada antifascista en Estados Unidos

Piquete armado ‘redneck’ tras una manifestación
Servando Rocha

Todos los que allí estaban lo vieron. El país entero también lo vio: grupos fuertemente armados con fusiles semiautomáticos AR-15, mayoritariamente formados por hombres, aunque también había varias mujeres, se presentaron en la protesta antirracista en Charlottesville. Encapuchados o con el rostro cubierto con pañuelos y fusil al hombro, se plantaron cara a cara frente a los fornidos grupos paramilitares fascistas, bandas del KKK y organizaciones neonazis que acudieron a la ciudad, en una protesta que terminó trágicamente.

Periódicos del Klan habían afirmado, días antes del fatídico 12 de agosto, que para ellos Charlottesville era la antesala de Auschwitz: “Next stop: Charlottesville. Final stop: Auschwitz”, afirmaron en un manifiesto. Captaron la atención de muchas cámaras de televisión y fueron fotografiados con carteles que rezaban “Defendiendo nuestras comunidades” o “Cuelga a tu miembro del Klan local”, entre otros. Los racistas, en un alarde de fuerza, no han dudado en pasearse y amenazar a negros y antirracistas con una potencia de fuego enorme y un gran conocimiento en tácticas militares. Ahora tienen un adversario importante. Fuego contra fuego. Son una fuerza armada que se suma a otras antifascistas y que se multiplican en distintos puntos de Estados Unidos, que está viviendo un crecimiento de grupos trotskistas, maoístas o de black power (autoproclamados “Nuevos Panteras Negras”) que defienden la autodefensa armada, la causa antifascista y el izquierdismo militante.

Redneck Revolt es un grupo muy organizado que tiene sus raíces en los años sesenta. En Chicago, a finales de los cincuenta y provenientes de los Apalaches, numerosas familias de clase trabajadora se asentaron en la ciudad. Los comienzos fueron durísimos. Explotados, convertidos en proletariados despreciados por patronos, policías y autoridades, decidieron organizarse, fundando grupos de autoayuda y denunciando un capitalismo salvaje que condenaba al hambre a la mayor parte de la clase trabajadora, blanca o negra. En sus barrios, en bares y fábricas, se mostraba la bandera sureña confederal. Para ellos no tenía un significado racista, ni mucho menos, sino un símbolo de pertenencia a un lugar y a unos orígenes de clase trabajadora en un país que amaban pero que ya no lo identificaban como suyo.

Fundaron organizaciones que abastecieron de comida a las familias más pobres y, con la llegada de los Panteras Negras, se aliaron con su activa organización de Illinois. Entonces se llamaban Young Patriots y lograron lo que a priori parecería imposible: unir la bandera sureña junto al puño negro, que los negros radicalizados aceptaron sin problema. Y no solo eso. Inspirados en el trabajo de los panteras en los guetos negros, los imitaron, reproduciendo sus grupos, centros comunitarios, guarderías, escuelas y hospitales autogestionados. Con el tiempo incluso trabajaron juntos en la Rainbow Coalition, que aglutinaba a rednecks, hillbillies, greasers y panteras, puertorriqueños e indios. Juntos formaron un frente común antifascista. Fascismo equivalía a decir AmeriKKKa.

En sus publicaciones y entrevistas reivindicaban el derecho a usar las armas tal y como lo estaban haciendo las comunidades negras. Para ellos era algo absolutamente normal. Desde pequeños, en sus lugares de origen, llevar y usar armas era algo natural. Se fotografiaron armados y publicaron llamamientos y manuales para el uso de armas cortas y largas, creando grupos de autodefensa en clubs de tiro autogestionados. Hablaban de lucha armada y de presos políticos, del movimiento indio que estaba siendo asediado y aniquilado y, por supuesto, de sus camaradas panteras. Además de todo eso, motos, rock and roll y amor libre.

Esto sucedió hace cuarenta años. En 2009, este legado resucitó en Kansas bajo el nombre de Redneck Revolt, que surgió alrededor del John Brown Gun Club, un club de tiro integrado por izquierdistas blancos de clase trabajadora.

Desde entonces no ha parado de crecer. Sus miembros son tanto hombres como mujeres y se han unido al movimiento Black Lives Matter, que denuncia la brutalidad policial y los crímenes racistas que se reproducen con gran frecuencia por todo el país. Charlottesville fue un punto más en una serie de protestas por todo el país donde sus miembros han acudido armados bajo el lema “Consigue que los racistas vuelvan a sentir miedo”, junto a grupos hermanos como el Socialist Rifle Club. Fueron vistos en Sacramento, Berkeley, Portland, Oregon, Pikesville o Kentucky.

La situación es explosiva. Varios signos apuntan a una criminalización y persecución policial contra los “rednecks” revolucionarios. Donald Trump, tras los choques en Charlottesville, puso el punto de mira en ellos, afirmando que condenaba “la violencia de ambos dos bandos”, y refiriéndose por vez primera a un movimiento que calificó de “antifascista” y que, según él, eran profesionales de la violencia.

Redneck Revolt, junto a grupos anarquistas, es uno de los grupos más activos y, quizás, más espectaculares. Antes de Charlottesville lanzaron un panfleto titulado “Un llamamiento a las armas”, que aquel trágico día no sonaron pero siguen preparadas, listas para defender a la “verdadera” clase trabajadora del país. Los “rednecks” aseguran no tener miedo y hacer frente al KKK por cualquier medio que sea necesario.

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/los-rednecks-revolucionarios-apuntan-sus-armas-contra-donald-trump-y-el-kkk

Fascistas, racistas y supremacistas en Estados Unidos

Cuesta creer que en Estados Unidos, en pleno siglo XXI, sigan siendo legales las esvásticas, los saludos nazis y realizar marchas por la supremacía blanca en las que el odio y la violencia son las atracciones principales. Un pasado manchado por el racismo y masacres en nombre de la raza blanca no han sido suficiente razón para poner límites a la libertad de expresión.

El supremacismo blanco y el terrorismo blanco siguen siendo un problema para Estados Unidos. Se hizo creer que las capuchas blancas y las antorchas, emblemas del Ku Klux Klan, quedaron enterradas en los años 60 tras la firma del Pacto International de Derechos Civiles y Políticos. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde que se pusiese fin a la segregación racial en Estados Unidos, los ataques y manifestaciones por la supremacía blanca han demostrado que una alarmante parte de la sociedad sigue siendo fiel a estos pensamientos.

Muestra de ello es que el ataque terrorista más sangriento de la historia estadounidense antes del 11S fue llevado a cabo por un extremista antiestatal en nombre de la raza blanca. En abril de 1995, Timothy McVeigh hacía detonar una bomba que derribaba un edificio en el centro de Oklahoma City. El atentado ponía fin a la vida de 168 personas, incluyendo niños, y hería a casi 700 personas.

Después de más de dos décadas del atentando, el panorama no parece haber mejorado. La crisis económica, la reciente llegada de inmigrantes y refugiados en busca de un futuro mejor, así como la amenaza yihadista, han servido de excusa para la reavivación de movimientos de supremacismo blanco. La victoria de Donald Trump, además, ha creado un ambiente en el que estos movimientos se sienten cómodos para luchar por su causa. Lejos de aparecer como una figura sólida en la lucha contra el racismo, Trump ha conseguido con sus discursos de odio crear el caldo de cultivo perfecto para avivar las polaridades.

El pasado 19 de agosto se hacía evidente esta realidad. Lo que comenzaba como una “marcha pacífica” por la supremacía blanca en Charlottesville acababa con la muerte de Heater D. Heyer tras ser atropellada por un simpatizante nazi que decidió dirigir su coche a toda velocidad hacia un grupo de personas que se manifestaban en contra de la marcha Unite the Right.

Saber quiénes componen actualmente el movimiento por la supremacía blanca en Estados Unidos y qué es lo que desean puede ayudar a procurar un futuro mejor en la lucha contra el racismo.

Los orígenes del supremacismo blanco

El supremacismo blanco está tan arraigado en la historia de Estados Unidos que parece complicado determinar la fecha exacta en la que comenzó, pero parece acertado empezar con la caída de los estados de la Confederación y la creación del Ku Klux Klan.

Son motivos puramente económicos los que dan pie al racismo en el país. Las colonias europeas en Estados Unidos comenzaron a traer esclavos para potenciar la economía del país, y del siglo XVI al XIX la supervivencia de la nación dependía totalmente de ellos. Así, los estados del país, especialmente los del sur, crearon un sistema económico basado en la mano de obra no remunerada esclava que les permitía obtener ganancias exorbitantes. Pero en 1865 la derrota de los estados de la Confederación en la guerra de Secesión, la implementación de Gobiernos liderados por republicanos y el Decreto de Reconstrucción, que por primera vez en la Historia de los Estados Unidos de América liberaba a esclavos y otorgaba ciertos derechos políticos a los ciudadanos afroamericanos en el sur, acababa con la bicoca de la que tanto se habían beneficiado los sureños. Este nuevo panorama no fue aceptado con júbilo por los estados de la antigua Confederación; no bastaba con presenciar la caída de sus ejércitos, ahora también serían testigos del derrumbe de su sistema socioeconómico.

Es así como una noche de diciembre de 1865 seis jóvenes veteranos de la Confederación con ganas de matar su aburrimiento se reunían en Pulaski, Tennessee, para crear un club social secreto. Su idea inicial era crear un grupo que fuese inusual y sonase misterioso para despertar la curiosidad de unos cuantos y gastar bromas a la población afroamericana. Para ello consideraron que el nombre Ku Klux Klan (KKK), procedente de la palabra griega kuklos —de donde derivan ‘círculo’ y ‘ciclo’—, hacía la función perfecta. Por las noches cubrían sus cuerpos con sábanas y capuchas blancas y, conscientes de la fama de supersticiosos de la población afroamericana, se dedicaban a ir de puerta en puerta haciéndose pasar por militares sedientos caídos en la guerra de Secesión. Pero lo que comenzó como un pasatiempo pronto pasaría a convertirse en una organización seria, con un gran número de simpatizantes, y dejarían las bromas a un lado para apabullar a la sociedad afroamericana y hacer de su historia una macabra.

Los miembros del KKK pronto se dieron cuenta de que sus atuendos eran un mecanismo eficaz para asustar no solo a afroamericanos, sino también a la población blanca.

Del KKK al intelectualismo ‘alt right’

La historia del KKK viene marcada por tres grandes etapas que han ido adaptándose a los acontecimientos de la Historia. La primera etapa fue tras su fundación en 1865. Su objetivo principal era aterrorizar a republicanos y la población afroamericana para evitar que participasen en las elecciones y, así, que los demócratas volviesen a hacerse con las riendas del sur. En 1867 los representantes de las diferentes facciones del Klan se reunían en Nashville, Tennessee, para acordar que la filosofía de la supremacía blanca sería el credo del KKK. Esta se basa en que la raza blanca, debido a su superioridad genética, debe estar por encima de las demás razas y que para ello se deben crear sociedades puramente blancas. Pero la violencia, el descontrol del grupo y la victoria de los demócratas en los estados sureños hicieron que a finales de 1869 el Klan dejase de existir.

En los años 20 la llegada masiva de inmigrantes de Europa, la recesión económica tras la Primera Guerra Mundial, la migración de afroamericanos del sur al norte del país y la llegada de libertades políticas y sexuales hicieron que el KKK volviese a emerger. En 1915 William J. Simmons, inspirado por la película “The Birth of a Nation”, reaviva el Klan y amplía la lista de enemigos a todas las personas que no fuesen blancas o que, aun siéndolo, fueran inmorales, es decir, que llevaran a cabo prácticas contra el cristianismo protestante o antipatrióticas. Así, el grupo, debido a su mezcla explosiva de xenofobia, prejuicio religioso, supremacismo blanco y conservadurismo moral, comenzó a tener una mayor aceptación social, pues no solo apelaba a racistas, sino también a cristianos que perseguían una reforma moral que frenase la modernización desbocada del país. Pero a partir de los años 30 este momento apoteósico se vio frustrado por la Gran Depresión, las portadas de periódicos plagadas con las inmoralidades cometidas por los líderes del Klan y la multa de casi 700.000 dólares al grupo por evasión de impuestos. Las antorchas del KKK se apagaban una vez más.

En los años 50 resurge de nuevo durante el movimiento por los derechos civiles. Esta nueva etapa supone una época de transformación para el grupo. En primer lugar, se vuelve más violento que nunca; se empieza a hablar del “terrorismo blanco”. En segundo lugar, su retórica racista durante un periodo de auge para la segregación motivó a personas ajenas al movimiento a participar en sus campañas de terror. Y, en tercer lugar, la llegada de ideas nazis al país debido a la Segunda Guerra Mundial hizo que el KKK no se llevase todo el mérito en la lucha por la supremacía blanca. Grupos neonazis, paramilitares y cristianos extremistas, tan fragmentados como el KKK de esta etapa, comenzaron a trabajar reclutando a personas que el Klan falló en atraer por ofrecer un abanico reducido de posibilidades en su odio. Debido a esto, el movimiento por la supremacía blanca ha tomado desde los años 70 diferentes aspectos y direcciones.

Además, la victimización que el movimiento adopta a partir de los años 80 es un factor esencial que tener en cuenta para poder entender su ideología actual. Inicialmente, su objetivo era luchar para mantener el dominio blanco, pero, a medida que la realidad política y social comenzó a evolucionar, el movimiento supremacista también lo hizo. Vieron que luchar para prevenir su extinción parecía una causa más noble para justificar sus actuaciones. Por eso, el eslogan que hoy impera entre ellos es el de “las 14 palabras”: “We must secure the existence of our people and a future for white children”, esto es, “Debemos asegurar la existencia de nuestra gente y un futuro para los niños blancos”. Este victimismo resulta en lo que califican de “genocidio blanco”.

La extrema derecha actualmente está compuesta principalmente por supremacistas blancos, que creen que la raza blanca es biológica y culturalmente superior al resto; nacionalistas blancos, que apoyan la idea de crear sociedades exclusivamente blancas; neonazis, admiradores de Hitler y que sienten un odio especial hacia los judíos, todas las personas no blancas, la comunidad LGTB y las personas con discapacidades; facciones que siguen los valores clásicos del KKK, y el movimiento “alt right”. Este último, presente también en la manifestación de Charlottesville, es una corriente que está ganando mucho peso por considerarse el movimiento intelectual del supremacismo blanco. El termino “alt right” —derecha alternativa— fue inventando por Richar Betrand Spencer en 2008, un nacionalista blanco que aboga por una “limpieza étnica pacífica” en Estados Unidos. El éxito del movimiento viene dado por su divulgación en las redes sociales, sus memes y su presencia en internet, que permite que seguidores con diferentes creencias puedan participar de manera anónima. Apela al victimismo típico del supremacismo —consideran que la identidad blanca está en peligro y que hay que preservar los valores tradicionales occidentales— e intentan incrementar la calidad del movimiento captando a jóvenes intelectuales conservadores.

Antifas y ‘Black lives matter’: ¿sus opuestos?

Tras la manifestación en Charlottesville, son muchos los que no han tardado en asegurar que “White lives matter” (WLM), movimiento que reivindica “los derechos de los blancos”, ha surgido como oposición al racismo y la violencia del movimiento “Black lives matter” (BLM) y que los antifascistas o antifas son el grupo de la extrema izquierda homólogo a “alt right”.

Primeramente, los movimientos de “White lives matter” y “Black lives matter” no se pueden comparar. El primero es un movimiento racista y violento; el segundo, no. BLM existe porque en la actualidad la población afroamericana sigue siendo víctima de la discriminación y recibe un trato diferente que la población blanca. Sus manifestaciones son pacíficas e incluyen gente de diferentes etnias y orientación sexual. Por el contrario, WLM está liderado por grupos supremacistas, como el KKK y el Partido Nazi Americano, que lo que pretenden es crear una sociedad en la que no haya cabida a la diversidad de razas, sexualidades y culturas, por lo que en sus manifestaciones solo se verán personas blancas, occidentales y, en principio, heterosexuales. De ser violento el BLM, resultaría contraproducente para sus objetivos: optar por la violencia para acabar con la violencia sería como echar piedras sobre su propio tejado. En cambio, los defensores de WLM no necesitan hacer mérito de los medios que utilizan para conseguir sus metas para ser conscientes de su brutalidad.

Por otro lado, el presidente Trump hacía responsables de la tragedia de Charlotessville a “ambas partes”, con lo que se refería tanto a “alt right” como a una supuesta izquierda alternativa —“alt left”—. Sin embargo, aún no existe un movimiento autodenominado “alt left”; a lo que el presidente probablemente se quería referir es al movimiento antifascista —comúnmente conocido como antifa—, ­presente desde hace décadas en Europa, pero nuevo para Estados Unidos Este movimiento está compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas que comparten una causa común: acabar con la extrema derecha y el supremacismo blanco. Es por esto que pueden dar la sensación de ser aliados en la lucha contra el supremacismo. No obstante, tampoco dudan en utilizar la violencia para conseguir sus fines y consideran que está moralmente justificado el uso de la fuerza contra la extrema derecha, por lo que al final del día, según sus detractores, no dejan de ser distintos a los defensores de los supremacistas. El Centro Legal para la Pobreza Sureña, conocido por su labor contra el racismo, afirmaba que el uso de la violencia no es la herramienta más eficaz para acabar con los racistas y antisemitas.

Pero la realidad es que, por mucho que se intente comparar BLM y los antifas con WLM, los niveles de violencia ejercidos los supremacistas impiden una comparativa objetiva.

Indudablemente, lo que más fuerza ha dado a estos movimientos fanáticos es que legalmente tienen el derecho a manifestar y hacer apología de sus creencias. La Primera Enmienda de la Constitución restringe la capacidad del Gobierno de limitar el ejercicio de la libertad de expresión; de ahí que la marcha en Charlottesville fuese totalmente legal. Las esvásticas, saludos nazis y cantos de violencia como “Fuera los judíos” o “Sangre y tierra” pueden resultar chocantes en la actualidad por los actos cometidos en nombre de la ideología que estos símbolos sustentan, pero se consideran amparados por la libertad de expresión.

Andrea Moreno http://elordenmundial.com/2017/09/25/racismo-y-fanatismo-el-supremacismo-blanco-en-ee-uu/

Marcus Garvey: los orígenes de la lucha de los negros en Estados Unidos

Norberto Barreto Velázquez

[…] Garvey nació en Jamaica en 1887 en el seno de una familia trabajadora y numerosa. Su padre era cantero y su madre empleada doméstica. El acceso a la biblioteca de su padre alimentó su curiosidad desde muy niño. A los catorce años ya era aprendiz de impresor. Para 1907, y con solo veinte años, era uno de líderes del sindicato de impresores en la ciudad de Kingston.

La formación política de Garvey estuvo marcada por sus viajes. Como muchos otros hijos negros del Caribe inglés, emigró a Centroamérica y se estableció en Costa Rica en 1910. Allí conoció la discriminación, la miseria, el hambre y la explotación en que vivían los negros que trabajaban para la United Fruit. Esta corporación estadounidense, también conocida como el Pulpo, se dedicaba a la producción y comercialización de frutas, especialmente plátanos o bananos, y ejercía un enorme poder e influencia en toda la en la región centroamericana.
El poder de la United Fruit no intimidó a Garvey, quien, aprovechando su experiencia gremial, buscó organizar a los trabajadores bananeros en un sindicato. Fundó, además, el periódico La Nación, para denunciar la crueldad y la explotación que sufrían los migrantes negros. Sus actividades no pasaron desapercibidas por las autoridades costarricenses, que le expulsaron en 1911.

Tras una breve estadía en Jamaica, viajó en 1912 a Inglaterra. En la metrópoli asistió al Birkbeck College de la University of London y trabajó en dos periódicos panafricanos, The African Times y el Orient Review. Regresó a Jamaica en 1914 y fundó la Universal Negro Improvement Association (Asociación Universal de Desarrollo Negro, UNIA) con el objetivo de unir a todos los negros del mundo para convertirles en un pueblo soberano con un estado-nación en el continente africano. Esta organización se convertirá en el grupo nacionalista negro con el mayor número de integrantes de la historia. Se calcula que en la década de 1920 la UNIA contaba con más de mil sucursales a nivel mundial. De éstas, 270 estaban ubicadas en África, el Caribe y América del Sur; el resto en Estados Unidos. Ningún área con una población negra significativa carecía de una sucursal de la UNIA.

En 1916 se radicó en Nueva York, donde desarrolló una intensa labor organizativa, que tuvo una gran acogida entre la población afroamericana. Es en Estados Unidos que la UNIA se convirtió en un movimiento de masas. Establecer el tamaño de su membresía no es tarea fácil. Garvey llegó a reclamar seis millones de miembros a nivel mundial, lo que podría ser un número exagerado. Lo que resulta indiscutible es que contaba con millones de miembros a nivel global. Podríamos tener un idea de su tamaño si tomamos en cuenta la celebración de la primera “UNIA International Convention of the Negro People” en 1920. Durante un mes, 25,000 delegados de todas partes del mundo se reunieron en el Madison Square Garden para discutir los problemas de la raza negra. Durante ese mes la UNIA celebró grandes marchas por las calles de Nueva York con la participación de la African Legions y las Black Cross Nurses. Ambos eran grupos auxiliares de la UNIA, el primero era un grupo paramilitar y la segunda era un cuerpo de enfermeras creado a semejanza de la Cruz Roja. La convención culminó con la aprobación de la Declaration of the Negro Peoples of the World.

El éxito de su discurso inflamatorio llamó poderosamente la atención de las autoridades estadounidenses, especialmente, del Bureau of Investigation, que más tarde será conocido como Federal Bureau of Investigation o FBI. Creado en 1909 por el Secretario de Justicia Charles Bonaparte, el Bureau of Investigation atendía temas estrictamente nacionales, como el fraude, el radicalismo y el robo de bancos. La división de inteligencia del Bureau, dirigida por Edgar J. Hoover, infiltró a la UNIA y fabricó un caso legal en contra Garvey con pruebas y testigos cuestionables. El objetivo del Estado era claro: acabar con un movimiento que consideraban radical descabezándole. Garvey fue encarcelado en la penitenciaria de Atlanta, donde estuvo preso casi tres años hasta ser liberado y deportado a Jamaica en noviembre de 1927.
De regreso a su patria, Garvey continuó con su campaña a favor de los negros, pero su encarcelamiento y deportación afectaron negativamente a la UNIA. En Jamaica enfrentó la animosidad de las autoridades coloniales británicas, que no veían con buenos ojos su presencia en la isla. En 1929 fundó el People´s Political Party, el primer partido moderno en la historia jamaiquina. Seis años más tarde se estableció en Londres, donde murió en 1940.

¿Cómo explicar el éxito de Garvey, especialmente, en los Estados Unidos? Para ello es necesario enfocar el contexto histórico en el que su mensaje se desarrolló.

En las primeras décadas del siglo XX, los pueblos negros enfrentaban serios problemas ante la supremacía global del occidente blanco. El imperialismo moderno se encontraba en su mayor momento de auge. África había sido sometida y era explotada por las fuerzas coloniales europeas. Sólo Liberia y Etiopía habían escapado de la labor civilizadora del hombre blanco.

En Estados Unidos, los afroamericanos enfrentaban condiciones muy difíciles desde finales del siglo XIX. Tras el fin de la guerra civil, éstos disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, conocido como la Reconstrucción, ciudadanos afroamericanos llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y legisladores, tanto estales como federales. Sin embargo, a finales de la década de 1870, los negros habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial conocido como “Jim Crow”. Fueron creados mecanismos legales para negar o limitar el derecho al voto de los afroamericanos y marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión. En 1896, la Corte Suprema sancionó la segregación racial en una de sus decisiones más controversiales. En “Plessy v. Ferguson” la corte determinó que era constitucional la separación de las razas si la forma de alojamiento, transporte, etc. no variaba. Nació así la doctrina del “separate but equal” que sobreviviría hasta la década de 1950.

Los afroamericanos no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de ellos fueron linchados por el mero hecho de ser negros. Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

Las oportunidades de mejora económica provocadas por la primera guerra mundial produjeron una gran migración de afroamericanos. La escasez de mano de obra en fábricas y otras empresas que produjo el estallido y entrada de Estados Unidos a la hecatombe europea, generó oportunidades de trabajo para miles de afroamericanos. Entre 1914 y 1920, entre 300,000 y 500,000 afroamericanos emigraron de las zonas rurales del sur a las ciudades del norte.   Varias ciudades industriales del norte vieron crecer su población afroamericana de forma impresionante. Por ejemplo, en Chicago la población afroamericana creció un 150%, es decir, unas 65,000 personas. Detroit es otro caso impresionante, ya que su población negra creció un 600% con la llegada de unos 35,000 afroamericanos. Para 1930, el 49% de la población de Manhattan era negra.

El parentesco y el sentido de comunidad jugaron un papel muy importante en el desarrollo de esta migración masiva. Afroamericanos residentes en el norte propagaron las noticias sobre las oportunidades de trabajo que llevaron a miles de negros a abandonar lo que había sido su hogar para aventurarse en un territorio nuevo y desconocido. Iglesias, clubes, logias y otras organizaciones afroamericanas patrocinaron la emigración de los negros sureños. La violencia racial de que eran objeto los negros en el sur −en especial, los linchamientos−, la pobreza en que vivían, la falta de oportunidades, los bajos sueldos y otros factores les empujaron a esta aventura.

El arribo de miles de negros provocó serias tensiones raciales en el norte. La violencia racial fue común, en especial, los motines. Por ejemplo, en julio de 1917, una turba de blancos enfurecidos atacó a ciudadanos afroamericanos, matando unas 200 personas en la ciudad de East St. Louis, en el estado de Illinois. Los recién llegados descubrieron que el hecho de haber salido del sur no les libraba del prejuicio racial y la segregación, como tampoco de la violencia. Las uniones obreras se negaron a aceptarles como miembros y se les negaba acceso a restaurantes, escuelas, etc. Esto llevó a algunos negros a plantearse el retorno a África como la única salida para los problemas que enfrentaban.

La guerra permitió que miles de afroamericanos se incorporaran a las fuerzas armadas, donde también fueron víctimas del racismo y la discriminación. Se les organizó en unidades racialmente segregadas al mando de oficiales blancos y se les prohibió ingresar a la Infantería de Marina y a la Guardia Costanera. El Ejército y la Marina relegaron a los afro-americanos a trabajos en las cocinas, las lavanderías, etc. Cientos de soldados negros sufrieron los abusos y maltratos de sus superiores, sobre todo, de los oficiales sureños. Además, sufrieron la hostilidad y el racismo de los soldados blancos.

Sólo uno de cada cinco de los 200.000 soldados negros que fueron enviados a Europa vio acción. Las unidades afroamericanas que sí pelearon lo hicieron con distinción y fueron condecoradas por el gobierno francés con la Croix de Guerre por su valor.

Haber participado en una guerra defensa de su país generó grandes expectativas entre los veteranos negros, quienes esperaban recibir un trato más justo de su sociedad. Desafortunadamente, sus expectativas no se cumplieron, pues a su regreso continuaron siendo víctima del racismo, la discriminación y la violencia. La presencia de los veteranos negros fue vista como una amenaza   a la supremacía blanca y más de uno fue linchado o quemado vivo con su uniforme. En 1919, durante el llamado “Red Summer”, la violencia fue generalizada con 89 linchamientos y 25 motines raciales en un periodo de siete meses. El peor de estos motines duró trece días en la ciudad de Chicago y causó 38 muertes y 537 heridos, y dejó a mil familias sin casa. Tal nivel de violencia inspiró al poeta afroamericano Claude McKay su famoso poema “If I must die”.

Garvey y la UNIA coincidieron con el llamado Renacimiento de Harlem. Este despertar artístico, y especialmente literario, que vivió ese barrio neoyorquino en los años 1920, le convirtió en la capital de la diáspora africana. Contrario a los escritores del Renacimiento de Harlem que se concentraron en temas artísticos, a Garvey le preocupaban temas sociales y la lucha política de los descendientes de africanos alrededor del mundo

La década de 1920 fue también testigo del renacer del Ku Klux Klan. El Klan surgió en el sur luego de finalizada la guerra civil como un grupo paramilitar y terrorista compuesto por veteranos blancos sureños que se dedicaron a perseguir e intimidar a los negros libertos. Víctima de la represión gubernamental, el Klan entró en crisis y casi desapareció del panorama. En los años 1920 el Klan resurgió de sus cenizas para convertirse en una organización nacional que contaba para 1924 con 2 millones de miembros. El renacer del Klan estuvo acompañado de una fuerte violencia racial. Los linchamientos de ciudadanos negros se hicieron muy comunes y no sólo en el sur, sino también en otras regiones del país. En esta nueva etapa, el Klan no se limitó a perseguir y aterrorizar a ciudadanos negros. Los inmigrantes también fueron objeto de la atención de los miembros del Klan, quienes les consideraban indeseables.

En este contexto de violencia racial y de gran frustración no debe sorprender que el discurso nacionalista de Garvey calara hondo. Éste mostró, además, grandes dotes como orador, organizador e impresor. A su llegada a la ciudad de Nueva York Garvey compró un auditorio al que llamó Liberty Hall donde realizaba reuniones nocturnas con miles de asistentes. También fundó un periódico, The Negro World, que sirvió como vocero principal de UNIA. Éste se publicó en Harlem entre 1918 y 1933, y se convirtió en un medio donde escritores negros no muy conocidos podían escribir desde la perspectiva de los afroamericanos. The New Negro World era un semanario con un precio accesible para las personas de bajos ingresos que llevó el mensaje de Garvey a lugares tan recónditos como África. Su circulación estuvo entre los 50,000 y 200,000 ejemplares.

Otro elemento clave del éxito de Garvey está en su mensaje de dignidad, esperanza y auto estima, ya que eso era, precisamente, lo que afroamericanos necesitaban oír en ese momento. Dos ideas interrelacionadas definen el pensamiento garveyano: empoderamiento y nacionalismo negro. Veamos cada una de ellas.

Garvey partía de la premisa de que los negros aceptaban la opresión y la deshumanización de la que eran objeto. Creía que éstos tenían el poder de determinar su propio destino a pesar de la abrumadora opresión política, social y económica de que eran víctimas. Sin embargo, no eran capaces de ejércelo porque no estaban cociente de su poder. Era, por ende, necesario empoderarles y concientizarles para que buscaran y dieran lo mejor de sí mismos y reentraran victoriosos a la Historia […]

Para empoderar a los negros eran preciso desarrollar su conciencia racial y nacionalista a través de una “positive African identity”. De ahí que su discurso promoviera el orgullo racial, rescatara el pasado histórico de los pueblos negros y subrayara la belleza de la raza negra. Como parte de este esfuerzo, fue creada la UNIA Historical Society para promover el estudio de la historia de la raza negra. Garvey estaba convencido de que “A people without the knowledge of their past history, origin and culture is like a tree without roots.”

Para desarrollar esta conciencia racial y nacionalista la UNIA llevó a cabo actividades culturales y fueron creados símbolos nacionales como la bandera y el himno africanos. En sus actividades, los miembros de UNIA hacían un uso intenso, por no decir exagerado, de uniformes militares e indumentaria académica como espadas, bicornios, plumas, togas y birretes. Esa ostentación de grandeza y pomposidad era parte del esfuerzo de la UNIA para promover la autoestima racial de los afroamericanos. Garvey consideraba imprescindible que éstos entendieran que “The Black skin is not a badge of shame, but rather a glorious symbol of national greatness.”

Para él no bastaba con empoderar a los negros a nivel ideológico y político, era también necesario hacerlo a nivel económico. No habría libertad ni seguridad si éstos seguían dependiendo de los recursos de los blancos. De ahí que los esfuerzos de UNIA estuvieran dirigidos a crear mecanismos que le permitieran a los negros desarrollar un mayor nivel de autosuficiencia. Con ese fin fueron creadas, en 1919, la Negro Factories Corporation y la Black Star Line. La primera buscaba construir fábricas para producir bienes manufacturados con capital y mano de obra negra, y la segunda era un compañía de vapores para facilitar la transportación de carga y, eventualmente, de pasajeros. La Black Star Line llegó a adquirir tres barcos, el Yarmouth, el Shadyside y el Kanawha. UNIA también inició y promovió otros negocios como un restaurante, una lavandería, un hotel, una universidad, etc. Estas empresas no fueron del todo exitosas por las limitaciones de la organización. Por ejemplo, los encargados de la Black Star Line carecían de experiencia en ese tipo de negocio y, por ende, no es de extrañar los problemas de mala administración que limitaron su éxito. La UNIA también creo programas que atendían las necesidades diarias de sus miembros como cooperativas industriales que proveyeran empleo, servicios médicos para atender a los enfermos y servicios financieros para ayudar a sus miembros en momentos difíciles.

El empoderamiento venía acompañado de un fuerte panafricanismo. La UNIA buscaba elevar a los negros a nivel global para que pudieran sobrevivir cultural, política, económica e independientemente. Para ello era indispensable que ejercieran su derecho a la autodeterminación y accedieran a un gobierno propio, construyeran un estado nación […]

Garvey estaba convencido de que dadas las limitaciones que imponía la segregación, los negros tenían que regresar a África. Sólo en África los afroamericanos escaparían de la dominación social, política y económica de los blancos. Sólo en África serían libres. Su defensa del llamado separatismo negro era, por ende, una consecuencia del segregacionismo legal. Contrario a lo que planteaban líderes negros como Booker T. Washington, para Garvey, la asimilación no era una alternativa real […]

El panafricanismo de Garvey promulgaba el retorno a África y el sueño de unir a todos los pueblos negros del mundo para reintegrarles a un África libre y unida.

Garvey no fue el primero en proponer el regreso a África como la solución a los problemas de los afroamericanos, ya que éste había sido un tema recurrente por más de cien años. Ya en el siglo XVIII grupos de negros libres lo plantearon como una posibilidad ante los peligros que enfrentaban en una sociedad esclavista. Garvey uso la estructura internacional de su organización y su notoriedad para popularizar y relanzar, la idea del regreso a África en un momento de gran frustración y dolor para los afroamericanos […]

En conclusión, Para Garvey, el empoderamiento –y, por ende, la liberación de los negros- estaba ligado al desarrollo de un orgullo cultural y racial, la posesión de recursos económicos, el regreso de los afroamericanos a África y la creación de una nación-estado africana unida.

Víctima de la persecución política y de sus propios errores y limitaciones, Garvey no pudo cumplir con los objetivos de su nacionalismo negro. A pesar de ello, ejerció una gran influencia en la lucha de los afroamericanos por la igualdad, la libertad y la dignidad. Garvey dio vida a un nuevo sueño para los afroamericanos, frustrados de vivir en una sociedad que no reconocía sus sacrificios y negaba su humanidad. Al devolverles la fe perdida y levantarle sus autoestima, Garvey enseñó a los afroamericanos a soñar en grande, a valorar su pasado histórico y la belleza del color de su piel. Garvey le recordó a los afroamericanos que los negros no siempre habían no habían sido esclavos, ni habían estado sometidos.

Garvey subrayó la importancia del poder –económico, político, cultural y social- como herramienta de liberación. Los afroamericanos debían entender que poseían ese poder y, por ende no tenían que esperar a que se les concediera para alcanzar la libertad individual y colectiva. Para ejercer tal poder era necesario autoconfianza, cooperación, unidad, educación y disciplina. Sólo así los afroamericanos serían capaces de enfrentar exitosamente a los enemigos de la raza negra: la segregación, el colonialismo, la explotación económica, la violencia racial, etc.

En última instancia, su máxima aportación es, sin lugar a dudas, haber tenido la osadía de cuestionar y retar el orden social, político y económico de los blancos en un contexto adverso y muy peligroso.

Conferencia dictada en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Miraflores, Lima, 23 de febrero de 2017 (https://norbertobarreto.wordpress.com/)

Malcolm X: El lento despertar de un dirigente único

El libro “Malcolm X. Una autobiografía contada por Alex Haley” vio la luz en 1964, un año antes del asesinato de Malcolm X, y fue resultado de más de cincuenta entrevistas que concedió al veterano escritor y periodista Alex Haley, famoso por el bestseller Raíces, quien se encargó luego de seleccionar el material y dar forma a la obra, aunque la revisión final de la mayor parte de ésta corrió a cargo del propio Malcolm. El libro muestra en detalle la biografía y la lenta maduración del pensamiento de un personaje esencial de las luchas negras de los 60’ en EEUU, un líder inteligente y carismático que no dejó apenas obra escrita.

Malcolm vino al mundo en 1925 en Omaha (Nebraska), séptimo de los ocho hijos de Earl Little, un ministro baptista, y cuarto de los que éste tuvo con Louise Norton, una mulata antillana nacida de una violación. Su padre militaba en la UNIA de Marcus Garvey, que predicaba el retorno a África como respuesta a la segregación. La familia vivió después en Milwaukee y en Lansing (Michigan), donde en 1929 su casa fue quemada por la Legión Negra, una variante del Ku Klux Klan. Los bomberos miraban mientras se consumía, y luego la policía se afanó sólo en buscar la pistola con que su padre había disparado a los incendiarios. Dos años más tarde Earl Little fue asesinado por blancos segregacionistas, final que también tuvieron cinco de sus hermanos.

Empieza entonces una época aún más difícil. Con demasiadas bocas que alimentar, la madre se derrumba y en 1937 ha de ser internada en un psiquiátrico. Malcolm, adoptado por una familia amiga, gana fama de gamberro y con trece años es enviado a un centro de rehabilitación en Mason (Michigan), donde estudia en un instituto y trabaja de lavaplatos. No hay muchos negros en su entorno y los blancos suelen ser amables con él, pero no deja de sentirse una especie de mascota a la que no se atribuyen plenas capacidades humanas. Es una época marcada por el orgullo de ser uno de los primeros de la clase, el empeño de mantener la relación con sus hermanos y dramáticas visitas a la madre internada.

En el verano de 1940 visita a su hermanastra Ella, bien situada en Boston. Allí descubre que los negros pueden llegar a realizarse como personas en América mucho más de lo que había visto hasta entonces, pero esto mismo hace que de regreso en Mason, la escasez de horizontes le deprima. Al terminar el curso, logra que Ella se lo lleve con ella a Boston. El libro nos ilustra sobre la compleja sociedad negra de Nueva Inglaterra, dividida entre la marginación y una aceptación a medias que Malcolm acabará percibiendo como una traición. Tras conseguir trabajo de limpiabotas en la sala de baile Roseland, lustra los zapatos de gente como Benny Goodman, Duke Ellington o Count Basie, al tiempo que hace sus pinitos como alcahuete y pequeño traficante. Como no podía ser menos, conoce los placeres del güisqui y la marihuana, compra a crédito y se estira y tiñe el cabello.

Buscando nuevos horizontes, “Red”, que es como nombraban al apuesto mulato pelirrojo en que se había convertido, deja los betunes por la bandeja de camarero. Baile y chicas son su pasión, y sus crueldades con ellas terminan distanciándolo de Ella. Tras el ataque a Pearl Harbor encuentra trabajo vendiendo bebidas y helados en los trenes que van hacia el sur, y pronto se establece en Harlem, que se convertirá en su hogar. Despedido del tren por su mal carácter, viaja a Lansing, donde sus trajes y modos causan furor y hasta firma autógrafos. Más tarde, de camarero en Harlem, conoce en la barra la historia del barrio y se gradúa magna cum laude en un curso teórico sobre las formas más variadas de delincuencia. La galería de tipos que describe no tiene desperdicio.

Cuando es despedido por ofrecer una prostituta a un soldado de permiso que resultó ser un espía del ejército, el que ya es apodado “Red de Detroit” comienza a proveer de marihuana a sus amigos músicos. Así vive unos meses hasta que, hostigado por la policía, decide utilizar su tarjeta de empleado del ferrocarril para viajar por el país suministrando hierba a las orquestas de gira. Sólo tres cosas le aterrorizan en esta época: la cárcel, el trabajo o el ejército, y cuando es convocado a la oficina de reclutamiento, monta un hilarante número de paranoico polidrogadicto con el que consigue ser declarado inútil para el servicio.

Corre 1943 y Red, expulsado de los ferrocarriles tras una trifulca, se convierte en ladrón y atracador, usando cocaína para ponerse en forma. Tras un susto, trabaja en la lotería clandestina y luego en las apuestas, haciendo de guía para blancos adinerados que buscan experiencias especiales en Harlem y traficando con güisqui de matute. Las drogas arrastran a Red en su irrealidad destellante, y tras un viaje al filo de la muerte, es rescatado por un amigo que lo lleva a Boston. Allí pronto organiza una banda de desvalijadores de casas, reclutando para ello a Sophia, una rubia que es su amante desde su primera época en la ciudad y otros conocidos viejos y nuevos. Dan unos cuantos golpes, pero pronto son detenidos.

La conciencia de la negritud

En febrero de 1946 Malcolm es condenado a diez años de cárcel. Comienza a cumplirlos en Charlestown, donde es “Satanás”, un inadaptado que blasfema y reniega de todo hasta que un compañero de reclusión respetado por sus conocimientos consigue animarlo a estudiar: inglés, latín. Pronto es capaz de escribir cartas legibles y más o menos correctas. En 1948 es trasladado a Concord, y a finales de ese mismo año, por influencia de Ella, a la colonia penitenciaria de Norfolk, de régimen mucho más laxo.

En Norfolk, a través de su hermano Reginald, llegan a oídos de Malcolm las doctrinas de Elijah Muhammad, el mensajero de Alá, líder de la Nación del Islam: El hombre negro fundó la civilización, pero fue sometido con toda clase de violencias por el hombre blanco, una raza diabólica creada por selección genética. Esta raza finalmente ha falsificado la historia y ha lavado el cerebro del hombre negro. El cristianismo es la religión impuesta a los negros, que les obliga a aceptar su postración y a adorar a un dios extranjero, de piel blanca. El islam es la religión que libera al hombre negro, destinado a derrotar en breve la maldad de sus opresores. El objetivo político de Elijah no es la integración en la sociedad blanca que defienden la mayor parte de los líderes negros, sino la creación de un estado propio para los negros americanos.

Estas ideas producen una conmoción en Malcolm, que ve en ellas la respuesta a todas sus preguntas. “Durante los años siguientes estuve en soledad casi total. Nunca había estado tan ocupado. Todavía me maravillo del modo en que cambié de mentalidad, mis viejas costumbres caían en el vacío como la nieve se desliza de los tejados. Era como si alguien -a quien yo no conocía muy bien- hubiera vivido del delito. Y me sorprendía cada vez que recordaba mi anterior personalidad”. Necesita expresar lo que siente y escribe cada día a Elijah, que a veces le contesta. Su afán de aprender no tiene límites, y devora los libros de la biblioteca. La historia universal le transmite como un leitmotiv la maldad esencial del blanco que ha esquilmado y oprimido a todos los pueblos del planeta. Decide dedicar su vida a propagar esta verdad.

Malcolm es liberado en 1952 y se establece en Detroit, donde vive con su hermano Wilfred y su familia, también conversos al islam. En septiembre viaja a Chicago y allí conoce personalmente a Elijah Muhammad. A partir de entonces se vuelca en el proselitismo y cambia su apellido paterno “Little” por la “X” que simboliza su auténtica y olvidada estirpe africana. Comienza a dirigirse a la comunidad en las reuniones semanales y en el verano de 1953 es nombrado ministro ayudante del templo. Sus desgarradas arengas expresan la revuelta contra siglos de opresión y mentira. Pronto decide dejar su trabajo y dedicarse por entero a predicar sus ideas. Su primer logro es reclutar tantos fieles en Boston como para abrir allí un templo. Su hermanastra Ella asiste conmovida a los sermones, pero tardará cinco años en convertirse.

Su siguiente destino es Filadelfia, donde consigue inaugurar otro templo, y después es nombrado ministro del de Nueva York. La ciudad es un reto difícil, pero trabaja las calles y sabe agudizar la contradicción de los negros cristianos, que practican la religión que los blancos les impusieron y consolida su opresión. Gracias en gran parte a los esfuerzos de Malcolm, la Nación del Islam progresa mucho en esta época, con nuevos templos en Springfield, Hartford y Atlanta. En 1956, Elijah pone a su disposición un Chevrolet para sus continuos desplazamientos. El libro nos instruye sobre los usos, dogmas y rituales de unos musulmanes atípicos, que por ejemplo no admitían una vida después de la muerte, en abierta contradicción con el Corán.

En enero de 1958 Malcolm se casa con Betty X, enfermera y seguidora también de la Nación del Islam; la primera de las seis hijas que tendrán nace ese mismo año. El siguiente, la firmeza de los musulmanes ante un caso de brutalidad policial en Harlem aumenta enormemente su popularidad y pronto programas de televisión y estudios académicos analizan el movimiento. La cólera del blanco contra los que “incitan al odio” no se hace esperar. A este respecto dice Malcolm: “Qué sentido tiene que el blanco pregunte al negro si le odia? Es como si el violador o el lobo preguntaran a sus víctimas: ‘¿Me odias?’ El blanco carece en absoluto de autoridad moral para acusar de odio a nadie”.

Ágil y correoso, debate con periodistas muchas horas y pronto su voz es conocida en todo el país, mientras las universidades más prestigiosas se disputan como orador al “demagogo de moda”. Contra los negros que defienden la integración, afirma que es insensato, además de imposible, integrarse en una sociedad en decadencia, abismada moralmente y condenada a la destrucción. Donde quiera que lo llamen, transmite fielmente las enseñanzas de Elijah Muhammad, que ahora viaja en su avión privado para presidir los actos multitudinarios de la Nación del Islam.

Madurez interrumpida

La relación de Malcolm X con la Nación del Islam se terminó rompiendo. Había sufrido una gran decepción cuando supo que Elijah Muhammad, apóstol de la honestidad, iba dejando un reguero de secretarias embarazadas y amedrentadas, pero siguió cumpliendo sus cometidos con plena dedicación. En esa época, su rol esencial en el movimiento despertaba la envidia de otros dirigentes, y al fin, tras el asesinato de J. F. Kennedy, el líder lo condenó a noventa días de silencio por un comentario bastante anodino sobre la responsabilidad última del clima de violencia que vivía el país. Le ayudó en este trance su amigo Cassius Clay, que invitó a toda su familia a Miami, donde preparaba el crucial combate contra Sonny Liston. Malcolm fue su guía espiritual esos días y en la hora crucial en el Convention Hall de la ciudad, donde conquistó el cetro de los pesos pesados.

Pronto llegan a Malcolm noticias de los primeros complots de sus viejos compañeros de lucha para asesinarlo, y sólo entonces toma la decisión de volcar toda su energía en forjar un movimiento, no exclusivamente musulmán, que pelee por los derechos humanos del negro americano con mucha más contundencia y proyección política que la Nación del Islam. Al mismo tiempo, comienza a plantear la liberación de la comunidad de color en términos de autodeterminación, y no de separación territorial, como había defendido hasta entonces. Realiza un primer acto en el centro de Harlem, en el hotel Theresa, donde planea fundar una mezquita, pero la complejidad de la situación creada lo anima a peregrinar a la Meca en busca de inspiración.

Tras visitar El Cairo, donde queda sorprendido de la pujanza industrial que observa, vive con entusiasmo los ritos seculares de la ciudad sagrada, rodeado siempre del afecto y admiración de todos hacia el famoso “musulmán norteamericano” amigo de Cassius Clay. El rey Faisal lo admite en audiencia y lo exhorta a predicar en Occidente una versión auténtica del islam, fiel a sus fuentes originarias. La solidaridad de razas existente en el mundo musulmán le hace ver con claridad que la fraternidad entre los seres humanos es posible. El odio al blanco deja paso entonces al odio a unas estructuras de explotación, y el islam se convierte para él en el instrumento más idóneo para alcanzar esa hermandad entre todos los hombres.

El viaje continúa luego con intensas visitas a Nigeria y Ghana, donde Malcolm toma conciencia de la importancia de mantener una comunicación sincera y afectiva con los líderes negros africanos, pues estos sin duda trabajarían por el fin de la segregación en los EEUU si fueran conscientes de su brutalidad. Ve allí también en acción la nueva esclavitud que imponen los que codician las riquezas de aquellas tierras, y comprende que las de las dos orillas del Atlántico son en realidad manifestaciones de una única y eterna lucha de liberación.

De regreso en EEUU, Malcolm X es usado como cabeza de turco durante las revueltas negras de 1964 y 1965 y acusado de instigar a las masas a la violencia. Él por su parte defiende el derecho de los oprimidos a combatir con todos los medios disponibles, al tiempo que condena el sustrato ideológico de los opresores, el cristianismo, que ha impuesto el racismo en todo el planeta. Se convierte de este modo dentro del movimiento por los derechos civiles de los negros, que alcanzaba su clímax en aquel momento, en el polo opuesto a la noviolencia que preconizaba el reverendo Martin Luther King.

Malcolm X, consciente de los riesgos de su lucha, nunca pensó que fuera a llegar a viejo, pero en sus últimos meses sentía la inminencia del final. Fue ésta una época marcada por una actividad frenética para difundir sus ideas y hacer progresar la organización política que había fundado, demasiado violenta para unos y moderada en exceso para otros, y por un acoso implacable por parte de la Nación del Islam, que incluyó un ataque a su casa con bombas incendiarias. Por fin, el 21 de febrero de 1965, cuando se disponía a hablar en el Audubon Ballroom de Manhattan, varios hombres se levantaron de la primera fila y le dispararon “en lo que parecía un pelotón de fusilamiento”. Murió casi instantáneamente.

El arsenal de la memoria

En un epílogo de la obra Alex Haley nos narra sus primeros contactos con Malcolm X cuando aún militaba en la Nación del Islam, la gestación de los artículos sobre él, de la famosa entrevista en Playboy de mayo de 1963 y finalmente de la propia autobiografía. Ésta arrancó con dificultad, pero la paciencia y el buen hacer de Haley consiguieron que los recuerdos de la niñez, del hampa y de la cárcel se convirtieran en una catarsis para el líder ajetreado y absorbido por las trifulcas cotidianas, al tiempo que dejaban para la posteridad un testimonio único de superación y lucha contra la alienación del ser humano.

Leyendo el libro descubrimos a un hombre que gustaba de averiguar la etimología de las palabras y cuya mayor emoción fue cuando los hermanos lograron sacar a su madre del manicomio y que viviera con la familia de uno de ellos; alguien capaz de meter la pata y reconocerlo luego, como cuando declaró alegrarse de la muerte de más de cien norteamericanos blancos de Georgia en un accidente de avión en París. El afán de perfeccionamiento y autocrítica de alguien siempre consciente de sus limitaciones fue la clave de su éxito como comunicador, sin olvidar su inteligencia, su indomeñable voluntad y su enérgica y hábil dialéctica.

Malcolm X supo trascender el instinto de supervivencia del delincuente del gueto y alcanzar una percepción lúcida de la explotación sufrida por la población negra. Y esta visión no hizo más que aquilatarse a lo largo de su corta vida, con el rechazo a cualquier forma de racismo y la búsqueda de tácticas políticas integradoras basadas en el activismo y la presión implacable desde la calle.

Jesús Aller http://www.jesusaller.com/malcolm-x-una-autobiografia-contada-por-alex-haley/

La policía británica consintió que un refugiado fuera asesinado y quemado por sus vecinos racistas

Bijan Ebrahimi, refugiado asesinado
El refugiado iraní Bijan Ebrahimi residía en Bristol, Gran Bretaña, en un bloque de viviendas de protección oficial y antes de ser asesinado en 2013 llamó a la policía en más de 85 ocasiones para advertir que sus vecinos racistas querían asesinarle. Pero los que tenían el deber de protegerlo (la policía) eran tan racistas como sus verdugos (los vecinos).

La Comisión de Quejas contra la Policía, un órgano gubernamental, publicó la semana pasada el informe sobre el asesinato de Ebrahimi.

La primera denuncia a la policía tuvo lugar en 2007. El apartamento se incendió cuando el refugiado estaba en su interior. Sobrevivió, pero se tuvo que mudar de casa. Antes de marchar, su hermana lo ayudó a vaciar la vivienda. “Vino la policía y, sin dar ningún tipo de explicación, los agentes esposaron a mi hermano”, explica Khayatian. “Indicaron que alguien los había llamado y había denunciado un allanamiento de morada. Les expliqué que estábamos limpiando, pero no me hicieron caso. Lo arrestaron y no le quitaron las esposas hasta que un miembro del ayuntamiento vino y les dio la misma versión que yo les había dado. No se disculparon. Simplemente, se fueron. Fue entonces cuando me percaté de que lo que estaba pasando no era normal”.

La segunda se produjo agosto de 2013; un mes después de que un vecino matara a Ebrahimi a golpes y luego quemara su cuerpo. Fue entonces cuando la familia se dio cuenta de que la policía seguía actuando igual después de su muerte. Khayatian y su hermana, Manizhah Moores, fueron a dejar flores en la puerta del apartamento de su hermano. Iban acompañadas por dos policías. Todavía no sabían qué le había pasado a su hermano y por qué los dos policías no les daban ningún tipo de explicación.

“Cuando vaciamos uno de sus armarios decidimos donar algunas pertenencias que no tenían ningún tipo de valor sentimental”, indica Khayatian. “Los policías sabían lo que había pasado, pero nos dejaron dar estas pertenencias a las personas que le habían causado la muerte. Cuando más tarde supimos lo que había pasado, nos sentimos mal con nosotras mismas. Tras descubrir qué había pasado, perdí la confianza en el sistema y supe que los problemas no terminarían allí”.

Las dos hermanas decidieron que no pararían hasta descubrir qué había pasado a su hermano pequeño y durante cuatro años impulsaron una campaña con este objetivo y con el fin de dar a conocer esta historia al mundo entero.

A principios de la semana pasada, la Comisión de Quejas contra la Policía publicó un informe en el que indica que la policía no protegió a Ebrahimi a pesar de que en numerosas ocasiones este había denunciado que era víctima de una campaña de odio violenta y racista orquestada por sus vecinos.

Ebrahimi era el hermano menor y durante muchos años cuidó de sus padres enfermos en Teherán. Tras la muerte de estos, solicitó la condición de refugiado en el Reino Unido y, tras una breve estancia en Leicester, se mudó a Bristol para estar más cerca de sus hermanas. Tuvo problemas en la columna y en las rodillas que lo dejaron incapacitado.

Ebrahimi fue víctima de abusos sistemáticos en la comunidad de viviendas de protección oficial donde vivía. Algunos de estos actos de acoso eran menores. Adoraba a su gato atigrado, así que sus acosadores lo patearon. Le gustaba tener flores y plantas, así que el vecino que lideró la campaña de acoso animó a los niños a arrancarlas. Algunos de estos actos fueron mucho más graves.

Difundieron el rumor de que Ebrahimi era un pederasta, le dijeron que lo iban a atropellar y lanzaron piedras contra sus ventanas. Unos días antes de asesinar a Ebrahimi, Lee James entró en su casa y lo golpeó con la excusa de que había tomado fotografías de sus hijas. En el transcurso de seis años, Ebrahimi llamó a la policía en 85 ocasiones.

La investigación dejó al descubierto que tanto la policía como las autoridades locales habían ignorado sistemáticamente sus llamadas o habían optado por creer la versión de sus vecinos. En 2009, la policía lo describió como alguien “que se quejaba sistemáticamente de sus vecinos a pesar de que las investigaciones siempre revelaban que era él el agresor”. Cuando James se metió en casa de Ebrahimi y lo golpeó en la cabeza, la policía arrestó a Ebrahimi por alterar el orden público.

La policía británica defendía a los asesinos, no a sus víctimas porque su tarea no tiene nada que ver con los delitos sino con el color de la piel.

http://www.eldiario.es/theguardian/britanica-protegio-Ebrahimi-refugiado-asesinado_0_662484057.html

Dos guardias civiles dieron una paliza a un inmigrante en el cuartel de Jumilla

Dos guardias civiles de Jumilla (Murcia) se sentarán la semana que viene en el banquillo de la Audiencia Provincial, acusados de golpear e introducir a la fuerza en el cuartel a un hombre, inmigrante, al que siguieron pegando una vez dentro. La fiscalía pide para cada uno de los agresores una pena de tres años de cárcel.

Los hechos ocurrieron en marzo de 2013, cuando ambos comenzaron una discusión con la víctima, sin que trascienda el motivo. En un momento dado, uno de los guardias pegó al hombre en la cara y luego lo metió contra su voluntad en el cuartel.

Una vez dentro, el guardia civil “le sujetó fuertemente el cuello, le propinó un puñetazo en la nariz y otro en la cabeza”, indica el Ministerio Público. El otro guardia, mientras, le dijo a la víctima: “Toda la culpa es vuestra por venir a España, mi padre murió por vuestra culpa, cómo te vea por ahí te voy a matar, mira lo que me he hecho en las manos por tu culpa”, recoge el fiscal. A consecuencia de esto, la víctima sufrió lesiones que tardaron catorce día en sanar.

La fiscalía pide para cada uno de los agentes una pena de tres años de cárcel, suspensión de empleo y orden de alejamiento de la víctima durante cinco años. Asimismo, solicita que indemnicen a la víctima con 450 euros.

http://www.lacronicadelpajarito.es/region/fiscal-pide-tres-anos-carcel-para-dos-guardias-civiles-por-dar-una-paliza-a-un-inmigrante

Las agresiones islamófobas se han convertido en una gangrena también en España

Los ataques a los musulmanes en España están en auge. El número de incidentes islamófobos recogidos en 2016 se ha multiplicado casi por doce en dos años, pasando de 49 en 2014 hasta 573 en 2016.

La islamofobia lleva al rechazo, irrespeto y desprecio hacia el islam, y hacia las personas musulmanas. “No deja de ser racismo de tipo culturalista”, explica el portavoz de la asociación Musulmanes contra la Islamofobia, Miguel Ángel Pérez. Los incidentes pueden ser insultos, agresiones, pintadas, amenazas físicas o por redes, ataques a mezquitas, sensacionalismo en medios de comunicación e, incluso, “el propio discurso político”, según Pérez.

“La islamofobia actúa más como un sistema sutil y casi invisible que es lo más peligroso y lo que nos preocupa”, explica Míriam Hatibi, portavoz de la Fundació Ibn Battuta. “La islamofobia no se reduce a un ataque violento, no se trata solamente de que una persona me arranque el velo o que otra me insulte por la calle”, añade Oumayma Bouamar, estudiante de traducción e interpretación. “También lo es que una empresa no me contrate por llevar el velo, a pesar de tener una carrera, hablar cinco idiomas y estar muy preparada para el trabajo que ofrecen, cosa que encuentro mucho más peligrosa que un hombre que me insulta por la calle”, afirma.

Las mujeres musulmanas se ven afectadas por una doble discriminación (islamofobia de género) por su doble condición. El uso del hiyab (pañuelo en la cabeza) es uno de los que más problemas causa a las que deciden llevarlo.

El aumento de los casos coincide con un creciente uso por parte de políticos de todo signo de discursos con tintes racistas y xenófobos. También se está produciendo en los últimos años un gran número de campañas y propaganda contra los musulmanes en redes. Y los expertos han detectado un auge de grupos fascistas que agreden a musulmanes en plena calle, pegan carteles con consignas racistas y boicotean manifestaciones en apoyo a los refugiados.

El sentimiento de rechazo a los refugiados está aumentando en Europa, según el informe de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia. En España esa xenofobia todavía no está tan arraigada, aunque colectivos sociales alertan de que este sentimiento está emergiendo.

Las redes sociales son un foco de propagación de estereotipos contra el islam y también de noticias falsas. Por ejemplo, los españoles creen que la población musulmana es del 14 por ciento, pero en realidad son un 2,1 por ciento, según la encuesta Ipsos Mori 2016.

La situación que más “marcó” a Maryam, de 19 años, sucedió en una excusión de fin de curso: “Había cerdo en el menú y le dije a las profesoras que no iba a comérmelo, pero ellas intentaron obligarme”, explica la madrileña. Ha recibido gritos como “mora de mierda” o “vete a tu país”: “Pero yo nací aquí”. También unas compañeras “cuatro o cinco años mayores” que ella intentaron hacerle bullying: “Por suerte me llevaba muy bien con la gente de mi clase y la cosa no fue a más allá de los típicos insultos como ‘mora de mierda’ o ‘vete a tu país’, aunque sí intentaron pegarme”. Después añade que alguna vez hicieron las típicas bromas de ponerse un pañuelo y “hacer el tonto”.

“Temí por mi vida. Su apariencia me llevó a pensar que era un nazi y venía a por mí”, denunció a la plataforma un joven de 21 años después de que una persona intentara atacarlo por la espalda en la parada del bus. “En cinco años es la cuarta o quinta vez que intentan agredirme”.

“Me han llamado ‘moro de mierda’ en clase y en la calle, sobre todo las personas más mayores”, cuenta Babana, un joven de 22 años que ha crecido en España puesto que lleva residiendo aquí desde el año 2000. “No me lo tomo a pecho ni me he planteado nunca denunciar. Creo que la gente, sobre todo los compañeros del colegio, cuando son pequeños, no se dan cuenta del daño que pueden hacer a la otra persona”, explica. “Pero la verdad es que me parecen tonterías, nunca me ha pasado nada más grave por ser musulmán”, comenta.

“Llevo más de cinco años residiendo en España, nunca he tenido problemas y estoy totalmente integrado”, afirma Ahmad, un sirio de 36 años que con la guerra se vino a España. Aquí es pastelero, pero en Siria era arquitecto: “Los primeros años trabajaba en una tienda de dulces, después los dueños la traspasaron a mi nombre y hace ya cuatro años que la llevo yo”, afirma. Ahmad está casado con una mujer sirio-española y tienen dos hijos de menos de cinco años. “Nunca he tenido ningún problema desde que estoy aquí”.

Las redes sociales no están a salvo. Y las activistas feministas y musulmanas reciben amenazas por su doble condición de mujeres y musulmanas. Uno de estos casos es el de Laure Rodríguez, que después de que publicara su libro “Falsos mitos de la mujer en el Islam”, en el que desmiente los tópicos que la sociedad tiene sobre las mujeres musulmanas, comenzó a recibir mensajes amenazantes en su Twitter. “Métete tu islamismo por el culo”, fue lo más suave que le dijeron. Incluso le enviaron amenazas de muerte junto a la imagen de una escopeta y en varios tuits se habló, incluso, de violación. Eso sin olvidar insultos como “puta”. La situación se puso tan tensa, que tuvo que denunciar a la Ertzaintza. “Tuvieron que ponerme policías para preservar mi seguridad en una conferencia”, cuenta Laure. “Fue la Ertzaintza quien me ofreció seguridad”, explica.

http://www.20minutos.es/noticia/3020515/0/denuncias-islamofobia-se-multiplican-por-doce-en-solo-dos-anos/

Hitler copió el modelo racista de Estados Unidos

La legislación racista de Estados Unidos inspiró al III Reich. En su obra “El modelo americano de Hitler” el profesor de la Universidad de Yale, James Whitman, ha estudiado el impacto americano sobre las Leyes de Nuremberg, la pieza central de la legislación racista aprobada por los nazis.

En los primeros años de la década de 1930, las Leyes de Nuremberg fueron aprobadas por los nazis inspirados por la legislación racial estadounidense. El propio Hitler, en su Mein Kampf, escrito en 1925, describe a Estados Unidos como el único estado que había avanzado hacia la creación de “una sociedad racista sana”.

Los nazis estaban fascinados por la conquista del oeste y el exterminio sistemático de millones de indígenas. Después de tomar el poder en 1933 copiaron el modelo estadounidense porque admiraban la supremacía blanca que se había impuesto al otro lado del Atlántico.

En Estados Unidos el racismo no era cosa de unos exaltados con sábanas y cruces ardiendo, sino un elemento institucionalizado y regulado. A principios del siglo XX, era el país más “avanzado” (atrasado) en cuanto a legislación racista, y no solo en los estados del sur, sino también a escala federal. Su ley de inmigración se basaba en la raza y era aplaudida por los racistas de todo el mundo.

Los nazis, los de entonces y los de ahora, están obsesionados con los peligros de la inmigración y Estados Unidos era un país único por la dureza de sus leyes de segregación racial, que no sólo prohibían matrimonios entre razas, sio que amenazaban a las parejas de raza mixta con castigos criminales severos. Los juristas nazis estudiaron los estatutos de estados desde Virginia a Montana, que tenían formas de ciudadanía de segunda clase para grupos minoritarios -como chinos, japoneses, filipinos, puertorriqueños y nativos americanos- de gran interés para los nazis cuando se propusieron crear sus propias formas de ciudadanía de segunda para algunos alemanes.

El 5 de junio de 1934, un año y medio después de que Hitler se convirtiera en canciller, los principales juristas de la Alemania nazi se reunieron para redactar las Leyes de Nuremberg. Se hizo una transcripción literal por taquígrafo, como un registro del momento crucial en la creación de su nuevo régimen racial. Esa transcripción revela que hubo discusiones sobre las leyes racistas vigentes en Estados Unidos.

El ministro de Justicia presentó un memorándum sobre ellas que fue un documento recurrente en las discusiones de la sesión. Entre otras cosas, se debatió si debían importar la segregación de las leyes Jim Crow al III Reich.

Se repasaron los estatutos de los 30 estados que criminalizaban los matrimonios mixtos. Revisaron cómo determinaban quién entraba en la definición de “negro” o “mongol” para considerar esas técnicas, darle su propio enfoque y establecer a quién podía considerarse como inferior.

https://www.gonzoo.com/actualidad/story/como-hitler-modelo-la-alemania-nazi-segun-las-leyes-raciales-americanas-5498/

África descabalga a Neson Mandela de su pedestal de leyenda

Cuando un personaje, como Mandela, ha acaparado durante los últimos años de su vida, los titulares de los medios de comunicación del mundo entero, hasta acabar siendo una leyenda, es porque hay gato encerrado. Nadie pasa tan rápidamente de un anonimato de décadas de cárcel al pedestal de la Jefatura del mismo Estado que lo mantuvo preso.

Incluso aquellos a los que engañó se les empieza a caer la venda de los ojos en la misma Sudáfrica. “¿Qué concesiones realizó a los que habían sostenido el criminal régimen de apartheid, uno de los más sanguinarios del siglo pasado?” La tentación de hacer un paralelismo con la transición española es irresistible…

El 6 de mayo nuestro admirado Jean Paul Pougala, el vendedor de mangos silvestres en el mercadillo de Dakar, lanzaba la primera salva de artillería: “No, Mandela no es mi héroe”, escribió Pugala. La situación es peor que en la época del apartheid. Ahora la minoría blanca vive su mayor época de esplendor económico, mientras la población negra se sumerge en la miseria.

En 1994 Mandela homologó la República Sudafricana al resto de países africanos. Los billetes sudafricanos llevan la efigie de Mandela pero quienes dirigen el Banco Central son los mismos blancos racistas de siempre, a los que el antiguo preso abrió las puertas del Continente Negro.

El capital financiero sudafricano exporta ahora más capitales que nunca al resto de África. En 2012 el fondo PIC (Public Investment Corporation) y el Nedbank se aduañaron del Ecobank. El primero se creó en 1911 para gestionar los fondos de pensiones de los funcionarios sudafricanos. La minoría blanca controla el 95 de su capital, estimado en 100.000 millones de dólares.

El Nedbank es la filial de la empresa de seguros británica Old Mutual, que con un 20 por ciento del capital controla la dirección y compite con otros capitales africanos en condiciones muy ventajosas gracias a un gobierno africano “negro”. Lo mismo se puede decir de otros grandes capitales que circulan con un falso marchamo “africano”, a pesar de estar dirigidos por empresarios blancos, cuando no sucursales británicas.

El imperialismo quiso que Mandela fuese un ejemplo no sólo para los dirigentes africanos sino para la misma población, pero en Sudáfrica la población negra empieza a apercibirse de que el ANC, la organización que pactó el fin del apartheid, les ha traicionado. Muchos barrios están al borde de la revuelta. Los grupos más activos empiezan a mirar a Robert Mugabe, el ogro de los imperialistas, que siguió el camino opuesto al de Mandela en Zimbawe.

El apartheid no se ha acabado: es otra falsedad. Un europeo no tiene ningún problema para entrar en Sudáfrica. Ni siquiera necesita visado, algo imposible para cualquier africano. Las mejores tierras para los cultivos siguen siendo propiedad de los blancos…

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies