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El ejército regular sirio da por terminado el alto el fuego

El Ejército regular sirio ha dado por terminados los siete días de alto el fuego acordado por Estados Unidos y Rusia el 9 de septiembre y que entró en vigor el día 12.

Los grupos yihadistas han violado más de 300 veces la tregua desde que ésta entró en vigor el 12 de septiembre y no han cumplido con lo estipulado en el acuerdo.

El pasado sábado 62 soldados murieron y otro centenar resultaron heridos a consecuencia de un bombardeo de aviones de Estados Unidos, Reino Unidos, Australia y Dinamarca. Algunas fuentes indican que en la acción también murieron siete miembros de las fuerzas especiales rusas.

El ejército sirio defiende que el alto el fuego debía ser una “oportunidad real para detener el derramamiento de sangre”, pero los grupos yihadistas no lo han respetado, mientras que los militares han hecho todo lo posible para mantenerlo.

Los yihadistas han aprovechado la calma para seguir con sus ataques, frente a lo cual el Ejército ha actuado con “moderación” y solo ha respondido cuando se ha visto obligado a ello. En particular, ha denunciado los ataques perpetrados en Alepo, Hama y Quneitra.

Así las cosas, ha anunciado que seguirá adelante con su lucha contra las organizaciones yihadistas, término empleado por el gobierno de Damasco para incluir tanto al Califato Islámico, como al Frente Fatá Al-Sham (antiguo Frente Al-Nosra), a Ahrar Al-Sham y demás milicias yihadistas.

Por su parte, esta tarde Al-Assad ha calificado el bombardeo de Estados Unidos contra las posiciones del ejército sirio en Deir-Ezzor como “una agresión que sirve a los intereses de los milicianos del Califato islámico”.

“Este incidente, en el que participó la coalición liderada por Estados Unidos, es una prueba de apoyo a los terroristas por parte de los países que se oponen a Siria”, afirmó el presidente sirio.

¿Fuego amigo?

Darío Herchhoren

Hace tres días, y como consecuencia de la tregua firmada por los USA y Rusia para silenciar las armas en Siria, comenzó  un alto el fuego que en principio fue más o menos respetado, salvo por el Estado Islámico y el Frente Al-Nusra.

Así las cosas, la fuerza aérea de los USA, bombardeó posiciones del ejército siro que causó la muerte de alrededor de 70 militares sirios y más de 100 heridos. Según el departamento de defensa de los USA, se trató de un error.

En el mismo acuerdo firmado por Rusia y USA se convino que los bombardeos iban a ser coordinados entre ambos países, para lo cual ambos debían comunicar a la otra parte sus posiciones. Inexplicablemente la fuerza militar USA no comunicó a Rusia esas posiciones y se produjo ese trágico error.

Siguiendo con ese argumento del error, se produjo en forma aparentemente coordinada con el bombardeo anterior un ataque del Frente Al-Nusra y del Estado Islámico contra las mismas posiciones del ejército sirio.

¿Casualidad o causalidad? En estos casos no hay casualidades ni errores. Lo que hay son horrores. Los horrores propios de una guerra de agresión imperialista y sus aliados que no cejarán en sus intentos de desangrar a Siria por el simple hecho de que Siria sigue una política que no gusta a los USA.

¿Alguien puede creer que con los medios de que disponen los USA, no sabían la ubicación del ejército siro? Lo sabían perfectamente y precisamente por eso se coordinaron con los terroristas takfiríes y atacaron con “fuego amigo” al ejército de la nación  siria, al que la prensa proimperialista llama el ejército del régimen.

En la reunión urgente  del Consejo de Seguridad de la ONU, solicitada por Rusia, el representante de ese país Churkin desenmascaró los lamentos hipócritas de la representante de los USA en la ONU, que dijo “que habían aprendido  la lección”. Se trata sin duda de otra añagaza del imperio para tapar sus crímenes.

Todo esto confirma lo que se sospechaba: El poder real en los USA esta en manos del criminal complejo militar industrial, y que Obama y su secretario de estado John Kerry, mandan poco en realidad. Con estos “amigos” y sobre todo con el “fuego amigo”; no hacen falta enemigos. Estos son seguramente “daños colaterales”.

¿Ha perdido la Casa Blanca el control sobre los militares del Pentágono?

Ayer dos F-16 y dos A-10 de la fuerza aérea de Estados Unidos bombardearon la ciudad siria de Deir-Ezzor, donde el ejército regular sirio combatía a las milicias del Califato Islámico, asesinado a unos 80 soldados e hiriendo a otros 120.

Estados Unidos ha dejado claro que su enemigo no es el Califato Islámico sino el ejército regular sirio. Se trata, además, de una advertencia muy clara a Rusia, que no sale de asombro por la desfachatez que demuestran en Washington. Delante de sus narices, desde el primer minuto, los yihadistas están aprovechando la tregua para agruparse y reamarse.

No es ningún error, como dice el Pentágono en su comunicado con falsas excusas. Las aeronaves no tenían ningún motivo para sobrevolar la zona, y menos en pleno alto del fuego. Pero los imperialistas firman todo y no cumplen nada. Para ellos el cese el fuego y los acuerdos firmados son papel mojado. Los rusos jamás van a conseguir ninguno sus objetivos llevando a Estados Unidos a sentarse en una mesa de reuniones.

Como ya nadie escucha la voz de los realmente afectados, los sirios, han tenido que ser sus valedores, los rusos, quienes exijan la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU que, justamente, el día anterior había desconvocado su reunión por la falta de acuerdo entre estadounidenses y rusos.

Vitali Churkin, cabeza de la delegación rusa en la ONU, exige que Estados Unidos difunda el acuerdo firmado entre Kerry y Lavrov para demostrar “urbi et orbi” quiénes son los que están incumpliendo de manera descarada el acuerdo. ¡Como si cupiera algún tipo de dudas al respecto!

Unas horas antes de que se conociera el bombardeo de Deir Ezzor, DebkaFiles, es decir, el servicio de inteligencia israelí, publicaba una información que ofrece otro punto de vista diferente sobre este mismo asunto y que cabe calificar de premonitorio. Según los israelíes, el secretario de Defensa, Aston Carter, y el Pentágono ni aceptan ni reconocen los acuerdos firmados por Kerry, pasando por encima del mismísimo Obama.

Para justificar su rechazo, Carter se apoya en una ley votada en el Conreso que prohibe cualquier clase de cooperación militar con Rusia tras las anexión de Crimea en 2014 y la guerra en Ucrania.

Si eso es cierto, la Casa Blanca ha perdido el control, pero no ya de la Guerra de Siria, sino de su propia cocina. Se trataría de un verdadero amotinamiento de los militares estadounidenses, que habrían empezado a actuar por su cuenta y riesgo.

Que Obama es un verdadero pelele, ha sido evidente desde el primer día de su mandato, por lo que no es de extrañar que el Pentágono pase olímpicamente de él. Como ha dicho el embajador ruso Churkin, es preferible pensar eso y no que el bombardeo sobre Deir Ezzor sea una provocación militar indirecta contra Rusia. Es demasiado pronto para que empiecen los escalofríos.

El plan del imperialismo no consiste sólo en dividir Siria sino también Turquía

Los medios de comunicación son parte integrante del imperialismo, de manera que cuando fabrican un demonio, el típico déspota que vulnera los derechos humanos de un pueblo sufrido, algo está a punto de ocurrir.

En tales situaciones las noticias se adentran en el terreno de la sicopatología para describir a sátrapas enfermizos, alcoholizados, brutales… Una obra maestra de estas características es la que en muy poco tiempo han logrado los medios de comunicación de todo el mundo con Trump, un elemento tan odiado que a su lado Clinton parece una bendición.

Con el inestimable apoyo de las ONG, los noticiarios crean ogros aborrecibles, verdaderos muñecos de feria a los que todos retorceríamos el pescuezo: Noriega, Bokassa, Gadafi, Kim Jong-Un…

Erdogan también está entrando en los manuales de la sicopatología. El calificativo más suave con el que califican es el de Sultán, aunque nadie de los que utilizan este tipo de términos sabe lo que es un sultán, ni diferenciarlo de un califa, un emir o un visir. En cualquier caso es alguien que actúa por motivos egocéntricos y personales, busca su engrandecimiento propio, un poder personalista o un régimen presidencialista.

Dicen que entre sus disparatados planes está la reconstrucción del Imperio Otomano, aunque los que hablan así nunca se han preocupado de mirar un mapa del siglo XIX. No saben lo que es Turquía ni tampoco lo que fue el Imperio Otomano, pero debe quedar pinturero en un artículo de amplio consumo intelectual.

Este tipo de afirmaciones, avaladas por la reciente invasión del norte Siria, transmiten la impresión de que el actual gobierno del AKP es expansionista.

Es el típico fraude que determinados medios “progres” nos sirven en bandeja para ponernos a la cola del imperialismo porque desde hace 200 años está sucediendo todo lo contrario y, en el nuevo reparto del mundo que intenta ahora el imperialismo en Oriente Medio, Turquía no es sujeto sino objeto; es comida, no es comensal.

No hay más que mirar los mapas para apercibirse de que tanto el plan Yinon, elaborado por Israel en 1982, como el Yaalon, diseñado en 2014, persiguen la fragmentación de Turquía, lo que explica que Erdogan dijera en octubre de 2014 que “Lawrence de Arabia es un enemigo peor que el Califato Islámico” (1).

Erdogan se quedó corto: ni el Califato Islámico ni ningún otro grupo yihadista han sido nunca enemigos para Turquía, al menos hasta hace muy poco tiempo. Más bien han sido una remedio, un instrumento utilizado contra Siria. Su verdadero enemigo ha sido el PKK porque es el instrumento del imperialismo para la balkanización de Turquía.

El asunto se presenta justamente al revés al otro lado de la frontera, donde el Califato Islámico y los yihadistas han sido los enemigos, mientras que el PKK ha sido un remedio, un instrumento para devolver el golpe a Turquía.

El PKK, el Califato Islámico y los diferentes grupos yihadistas siempre han sido complementarios en lo sustancial. El PKK nunca ha luchado contra el Califato Islámico, hasta que en 2014 el Califato Islámico atacó al PKK en Kobane, marcando un viraje en la Guerra de Siria porque a partir de entonces es cuando el Califato Islámico se convierte en el objetivo militar del imperialismo.

Eso significa que la apuesta del imperialismo es el PKK o, en otras palabras, que su objetivo es la balkanización de Turquía y que, por su parte, el gobierno de Ankara está empeñado en impedirlo. Así se explica el golpe de Estado del 15 de julio. Al imperialismo ya no le interesa Turquía. Hace años que Ted Galen Carpenter, miembro del Instituto Cato y colaborador de la publicación “National Interest”, viene preconizando que Estados Unidos debe desprenderse de buena parte de los aliados que tiene repartidos por el mundo, entre los que menciona a Turquía. Tras el golpe de Estado ha repetido su propuesta: hay que deshacerse de Turquía, un país al que califica de “gamberro”(2), “el miembro más problemático de la OTAN”(3).

El respaldo del imperialismo al PYD en Siria es un respaldo al PKK contra Turquía, el intento de reproducir en Turquía lo que han intentado en Siria. Para lograrlo el imperialismo va a desestabilizar el país, no sólo a través del PKK, sino de lo que hasta ahora ha sido la oposición interna, e incluso de organizaciones revolucionarias turcas.

Lo que algunos califican de autoritarismo por parte de Erdogan, es todo lo contrario. Está en una situación de extraordinaria debilidad e intenta sostenerse en pie. Es una situación que abre unas posibilidades insospechadas para el movimiento revolucionario.

Notas:
(1) Jamie Dettmer, Turkish President Declares Lawrence of Arabia a Bigger Enemy than ISIS, The Daily Beast, 13 de octubre de 2014, http://www.thedailybeast.com/articles/2014/10/13/turkish-president-declares-lawrence-of-arabia-a-bigger-enemy-than-isis.htm
(2) http://www.cato.org/blog/enough-america-must-distance-itself-its-rogue-turkish-ally
(3) https://www.aspeninstitute.it/aspenia-online/article/nato%E2%80%99s-most-problematic-member-authoritarian-turkey

El PKK condecora a los imperialistas

Brett McGurk (imperialismo) y Polat Can (PKK)

A comienzos de este año, cuando se iniciaron las negociaciones de Ginebra sobre la Guerra de Siria, el imperialismo no logró su sueño: que el PKK formara parte integrante de ellas. Eso no impidió que, al margen de las reuniones oficiales, el secretario de Estado adjunto, Tony Blinken, se entrevistara con Salih Muslim, el presidente del PYD, en la misma Ginebra.

Pero eso no era todo. El imperialismo quería dejar bien claro cuál es su apuesta para Oriente Medio: al mismo tiempo los diplomáticos británicos y franceses, así como el representante oficial de la Casa Blanca, Brett McGurk, viajaban a Kobane, el santuario del PKK, por “sorpresa”, es decir, ante las cámaras de televisión de todo el mundo.

Muy pocas veces el imperialismo ha dedicado tal cantidad de atenciones a una organización incluida dentro de la lista negra del “terrorismo”.

McGurk se vio obligado a dar toda clase de explicaciones rocambolescas: la visita a Kobane estaba prevista para antes de las negociaciones de Ginebra, era una coincidencia…

No había manera de disimular aquel idilio con el PKK: desde la Primavera Árabe y el inicio de la Guerra de Siria en 2011 era la primera vez que Estados Unidos enviaba un representante oficial a Siria.

Las fotos no dejan lugar a dudas. Muestran a McGurk, el representante por antonomasia del imperialismo, junto a Polat Can, uno de los dirigentes del PKK vestido con uniforme de camuflaje con los distintivos de YPG, donde se puede leer la divisa “Ejército de Rojava” en inglés. No en kurdo; en inglés para que todo el mundo lo pueda entender claramente.

Se trata de un acto oficial y solemne: el representante del imperialismo sujeta entre sus manos una placa que le entrega el PKK como señal de agradecimiento por los servicios prestados.

Al pie de foto se le debe añadir que, además de miembro de PYG, Polat Can llevó a cabo acciones armadas en Turquía por cuenta del PKK, por lo que la cabeza se nos llena de preguntas: ¿qué tienen que agradecer los kurdos del PKK-YPG al imperialismo?, ¿qué favores ha prestado el Pentágono al PKK-YPG para que estos se sientan en deuda hacia sus socios?, ¿o más que socios deberíamos decir sus amos?

El doble juego -tan típico de los imperialistas- es tan sumamente eficaz que ha logrado encandilar a los más incautos. Se presta a la confusión: si el PKK es una organización “terrorista”, ¿cómo la Casa Blanca acepta galardones de sus militantes, es decir, de unos “terroristas”?

La propia utilización de siglas diferenciadas por parte del PKK en Turquía, Siria (PYD) e Irán (PJAK) es una exigencia de los imperialistas para poder llevar a cabo su doble juego.

El imperialismo dirige los pasos del PKK-PYD. Siempre ha manipulado y sigue manipulando a las organizaciones kurdas que se prestan a ello. Es posible que así siga siendo en el futuro, y cuando no le interese, las dejará a su suerte, como también ha ocurrido.

Por eso la consideración, tanto del PKK como del PYD, ha ido cambiando según las circunstancias. Por ejemplo, antiguamente los imperialistas consideraban a PYG como una organización “terrorista”, aunque no estuviera incluida dentro de la lista negra. Todo cambió cuando le dieron la vuelta al asunto, provocando la reacción simétrica de Turquía.

Para los imperialistas el “terrorismo” es así. Depende; todo depende. Según como se mire…

Sube de grado la tensión diplomática entre Turquía y Estados Unidos

La escalada entre ambos países procede de una declaración de la embajada estadounidense en Ankara que salía en defensa de 28 dirigentes de la administración local, destituidos por el gobierno del AKP por sus vínculos con el PKK.

La declaración de la embajada fue criticada por el Primer Ministro turco Binali Yildirim, quien declaró que era inaceptable la “pretensión de dar lecciones de democracia a Turquía”.

El Ministerio turco de Asuntos Exteriores ha lanzado una severa advertencia pública a Estados Unidos. “El embajador de Estados Unidos no es un gobernador turco y debería ejercer sus funciones correctamente, de conformidad con la Convención de Viena”, dijo el ministro Mevlut Cavusoglu.

La escalada entre ambos países, socios dentro de la OTAN, no es ninguna novedad. Su expresión más contundente fue el intento de golpe de Estado de 15 de julio.

Tampoco es novedoso que uno de los puntos de discordia sea el PKK, que se ha convertido en el caballo de Troya de los imperialistas en Oriente Medio desde que en julio de 2012 el gobierno de Damasco pusiera la frontera en las manos del PKK, junto con los arsenales de armas.

Bashar Al-Assad le pagaba a Erdogan con su propia medicina. Si éste dirigía a los yihadistas turcomanos contra Damasco, aquel le creó un conflicto no menos serio, poniendo al PKK delante de sus narices.

Desde entonces la frontera entre ambos países ha sido un hervidero y quien ha salido perdiendo ha sido Turquía, para quien el cierre de la frontera se ha convertido en una obsesión.

Pero la guerra de Siria no es un juego a dos bandas. Entre bastidores ha estado siempre Estados Unidos, que es quien ha conducido a Turquía al desastre.

Así se demostró el año pasado, cuando Turquía anunció un acuerdo con Estados Unidos para cerrar la frontera, que fue desmentido por Washington, que pretendía mantener abierta la frontera, tanto para el PKK como para los yihadistas.

No hubo acuerdo con Estados Unidos, pero sí lo ha habido con Damasco en el único punto posible: la frontera queda cerrada tanto para el PKK, lo que interesa a Turquía, como para los yihadistas, lo que interesa a Siria.

Turquía encuentra soluciones con su vecino que no encuentra con Estados Unidos.

Para la CNN los miembros de Al-Qaeda son unos héroes

Ward vestida para la ocasión
El sábado, durante una entrevista en la CNN, a Clarissa Ward, su corresponsal en Oriente Medio, se le escapó que los miembros del Frente Al-Nosra eran “los héroes de la guerra de Siria” que, por supuesto, era una guerra civil entre sirios de uno y otros bando.

“Comprenda Usted, le dijo al presentador Charlie Rose, que aunque algunos de esos grupos extremistas no sean muy populares entre los civiles que viven en las zonas controladas por los rebeldes, se han convertido, desgraciadamente, en los héroes de esta historia porque su intervención ha llenado un vacío. La realidad de la Siria controlada por los rebeldes es tal que en ellos los grupos islamistas han adquirido una influencia considerable. Si ahora Estados Unidos se decide a aliarse con Rusia para desembarazarse de los grupos más extremistas, esta decisión sería muy mal percibida por el pueblo sirio, que vería en ello, de hecho, lo contrario de una pretendida ayuda”.

Los yihadistas viven de los medios y al revés, los medios se nutren de los yihadistas. Sin este tipo de parrafadas la Guerra de Siria y sus yihadistas nunca hubieran sido nada. Pero no sólo son algo; no sólo son rebeldes, sino algo mucho más importante: héroes. En una guerra no hay nada más grande que ser el héroe de la misma… sobre todo cuando el héroe actúa al servicio de Estados Unidos.

La corresponsal ha estado en la parte de Alepo ocupada por los yihadistas, desde donde ha transmitido vestida para la ocasión, con un chador que oculta sus cabellos rubios. Como bien sabe, en cualquier lugar de Siria ocupado por el ejército regular no hubiera necesitado esa prenda.

Cuando el presentador le pregunta a Ward si realmente Jabat Fatah Al-Sham ha roto sus lazos con Al-Qaeda, la corresponsal responde que es improbable en la medida en que sus últimos vídeos elogian a Bin Laden y Ayam Al-Zawahiri.

Ward en compañía de los yihadistas
Pero ese pequeño detalle no le impide a Ward exigir el apoyo de Estados Unidos al grupo yihadista porque, según ella, Hezbollah, que apoya a Assad es un grupo terrorista, con lo cual Ward, que no muestra muchas luces, no hace otra cosa que poner a Estados Unidos a la misma altura que el movimiento libanés de resistencia.

Pero tanta ayuda exterior lo que prueba es que en la Guerra de Siria hay muy poco de autóctono, en contra de lo que Ward quiere aparentar. Nunca hubo niguna clase de levantamiento de la población contra el gobierno, ni mucho menos hubo nada que fuera espontáneo.

Como relata en su web Gearoid O’Colmain, un testigo presencial (*), durante la Primavera Árabe de 2001, las policía no reprimió ninguna manifestación popular, mientras que, lo mismo en Kiev, se produjeron disparos por parte de francotiradores que mataron a manifestantes y policías. Dichos francotiradores, sostiene O’Colmain, actuaban por encargo de los Hermanos Musulmanes. Las ONH “humanitarias” que contaron los sucesos del revés, como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Cascos Blancos, además de mentir, justificaron la agresión imperialista contra Siria y la actuación criminal de los yihadistas.

Como dice O’Colmain, la instrumentalización de grupos yihadistas, como Al-Qaeda, es absoluta. En Siria justifican una guerra devastadora y en Estados Unidos la represión de la población propia. Si actúan en un determinado lugar son héroes y si actúan en otro son terroristas.

Pero en España las cosas funcionan de otra manera. No nos andamos con tantos remilgos. Aquí la fiscalía de la Audiencia Nacional ya le habría abierto un sumario a Ward por enaltecimiento del terrorismo.

(*) http://www.gearoidocolmain.org/cnn-says-al-qaeda-heroes/
Aquí la tienen sin disfraces de ninguna clase

La continuación de la guerra de Siria por otros medios

Lord Palmerston en 1855
En Oriente Medio, en general, y en Siria, en particular, esperan momentos de encuentros y desencuentros, discusiones, debates, negociaciones, acuerdos y desacuerdos… diplomacia y política que, en definitiva, es la continuación de la guerra por otros medios. Mientras en el frente velan las armas, en los despachos afilan los cuchillos. Unos negocian delante de las cámaras, pero otros sólo si se apaga la luz.

No es posible asegurar ni quién negocia, ni qué es lo que negocia, pero nunca es lo que la mayoría creemos ingenuamente. Como dice una frase atribuida a Lord Palmerston, típica del cinismo colonialista británico, en este tipo de asuntos no hay amigos, ni tampoco principios, sino sólo intereses. A los que carecemos de intereses -y menos intereses de ese tipo- se nos hace difícil entender el comportamiento de los interlocutores.

La prueba más evidente de que Lord Palmerston tenía razón es que en la mayor parte de esas negociaciones no está quien debería, el gobierno legítimo de Siria, mientras que participan otros a los que les resultaría difícil justificar su presencia.

De ello no cabe deducir más que una única conclusión: Siria es el objeto y no el sujeto de las conversaciones, lo que resulta especialmente repugnante, al menos para nosotros, por lo que por medios de nuestras modestas líneas siempre defenderemos a la población masacrada de Siria, al gobierno de Siria y a quienes defienden a ambos de una agresión salvaje que, como está quedando claro, procede de fuera del país y, más exactamente, del imperialismo.

Las negociaciones en curso demuestran que el plan de destrucción de Siria ha fracasado, lo que está conduciendo a que algunos cómplices de la agresión, como Turquía, hayan cambiado sustancialmente su posición y buscan acomodo en la nueva correlación de fuerzas que se está creando porque es irreversible.

El cambio de Turquía es un desafío contra al imperialismo. El gobierno de Erdogan parece haber desistido de su intento de ser admitido dentro de la Unión Europea. Al mismo tiempo se ha enfrentado a Berlín el prohibir que una delegación parlamentaria alemana visite la base aérea de Incirlik, donde hay más de 200 soldados alemanes, varios aviones de reconocimiento Tronade y un avión de avituallamiento.

El Ministerio alemán de Defensa había aprobado un presupuesto especial para reforzar su presencia militar en la base que ahora ha tenido que cancelar. Es un golpe para la OTAN, pero mucho menos importante que el boicot al despliegue naval en el Mar Negro, una respuesta de los imperialistas a la anexión de Crimea por Rusia. Ahora ya no se llevará a cabo porque el gobierno de Erdogan ha anunciado que se retira. La OTAN queda fuera del Mar Negro y de las cosas de Rusia en la frontera sur.

La entrevista pendiente en Erdogan y Bashar Al-Assad, que parecía inminente, se ha retrasado porque los desacuerdos entre ambas partes aún son muy importantes. El periódico libanés As Safir que la anunció, dijo que su celebración estaba prevista en Moscú, lo que fue desmentido por el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores.

Ahora tenemos una nueva confirmación de la suspensión de dicho encuentro por las declaraciones de Bouthaina Chabaane, un consejero de Bashar Al-Assad, a la cadena de televisión Al-Mayadin.

Sin embargo, las conversaciones entre ambas partes, en las que participan diplomáticos rusos, continúan, lo que prueba que existe un interés mutuo en que prosperen. Recientemente el analista rumano Vasilescu ha proporcionado detalles del acuerdo entre Siria, Turquía y Rusia para la entrada del ejército turco en Jarablus, que comprende los siguientes puntos:

1. Ambas partes, Siria y Turquía, han encomendado a oficiales del ejército ruso desempeñar la función de árbitros para controlar la ejecución del operativo militar en el norte de Siria.

2. Se ha impuesto un límite al despliegue de tropas turcas en la región, 8.000 soldados que forman parte de dos brigadas mecanizadas, un regimiento de artillería, un batallón de fuerzas especiales, un escuadrón de F-16 y un equipo de helicópteros, vehículos de asalto anfibio y vehículos de transporte.

3. También se han impuesto límites al territorio sirio por el que el ejército turco se puede desplazar. Se trata de una franja entre las ciudades de Quarah Kubri y Jarablus que tiene 90 kilómetros de ancho para sellar la frontera y 30 kilómetros de profundidad.

4. El gobierno de Turquía se compromete a que los milicianos del “ejército libre de Siria” no actúen en dicha franja sin órdenes expresas de los oficiales del ejército turco.

5. El sistema de misiles rusos S400 no derribará a los aviones turcos que operen más allá de la franja fronteriza de 90 x 30 cuando ataquen a los objetivos del PKK.

6. Turquía debe retirar del frente a Alepo y de la provincia de Latakia a todos los milicianos yihadistas dirigen sus servicios de inteligencia.

Las consecuencias del 11-S para Estados Unidos y el mundo entero

Thierry Meyssan

Hace 15 años, el 11 de septiembre de 2001, hacia las 10 de la mañana, Richard Clarke, entonces coordinador nacional para la seguridad, la protección de la infraestructura y el contraterrorismo, activaba el “Plan de Continuidad del Gobierno” [1]. Según Richard Clarke, se trataba así de responder a la situación excepcional creada por 2 aviones que se habían estrellado contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y por un tercer avión que se había estrellado contra el Pentágono.

Pero el “Plan de Continuidad del Gobierno” había sido concebido como respuesta a la destrucción de las instituciones democráticas provocada, por ejemplo, por un ataque nuclear. Nunca estuvo previsto activarlo en una situación en la que el presidente y el vicepresidente de Estados Unidos así como los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado estuviesen vivos y en condiciones de seguir ejerciendo sus funciones.

La activación de ese plan puso las responsabilidades del presidente de los Estados Unidos en manos de una autoridad militar alternativa con base en Mount Weather [2]. Esa autoridad militar sólo devolvió las prerrogativas presidenciales al presidente George W. Bush Jr, al final de aquel día. La identidad de los miembros de esa autoridad y las decisiones que tomaron durante aquellas horas siguen en secreto.

El 11-S fue un golpe de Estado

Dado el hecho que, el 11 de septiembre de 2001, el presidente estadounidense se vio privado de las prerrogativas inherentes a su cargo durante unas 10 horas, en violación de la Constitución de los Estados Unidos, es técnicamente exacto hablar de “golpe de Estado”. Por supuesto, el uso de esa expresión puede resultar chocante, porque estamos hablando de Estados Unidos, porque el hecho se produjo en circunstancias excepcionales, porque la autoridad militar nunca reivindicó el hecho y porque finalmente devolvió el poder al presidente constitucional. A pesar de todo eso, el hecho es que se trató, stricto sensu, ni más ni menos que de un “golpe de Estado”.

En un libro célebre, publicado en 1968, reeditado y convertido en lectura obligada de los neoconservadores durante la campaña electoral del año 2000, el historiador Edward Luttwak explicaba que un golpe de Estado verdaderamente exitoso es aquel cuya existencia nadie percibe, ya que al no percibirlo nadie tratará de oponerse a él [3].

Seis meses después de aquellos hechos, publiqué un libro sobre las consecuencias políticas de aquel día [4]. Los medios de prensa solamente hablaron de los cuatro primeros capítulos, en los que demostraba que la versión oficial no podía ser cierta. Fui muy criticado por no proponer mi propia versión de aquel día, pero no tengo tal versión y hoy en día sigo abrigando al respecto más preguntas que respuestas.

En todo caso, los 15 años transcurridos nos aclaran lo sucedido aquel día.

Estados Unidos se halla al margen de la Constitución

En primer lugar, aunque la aplicación de algunas de sus disposiciones fueron brevemente suspendidas en 2015, Estados Unidos sigue viviendo actualmente bajo los términos de la USA Patriot Act. Adoptado apresuradamente, 45 días después del golpe de Estado, ese texto constituye una respuesta al terrorismo. Dado su volumen, sería más adecuado hablar de un código antiterrorista que de una simple ley. Se trata, en realidad, de un texto preparado por la Federalist Society durante los 2 años anteriores a los hechos del 11 de septiembre. Sólo 4 parlamentarios se opusieron a su adopción.

La USA Patriot Act, o Acta Patriótica, suspende las limitaciones que la Constitución de los Estados Unidos podría imponer a las iniciativas del Estado federal en materia de lucha contra el terrorismo. Esas limitaciones están formuladas en la “Carta de Derechos”, o sea en las 10 primeras enmiendas de la Constitución y su suspensión corresponde al principio del estado de emergencia permanente. El Estado federal puede entonces practicar la tortura fuera de su territorio y espiar masivamente a su población. Al cabo de 15 años de aplicación de tales prácticas ya no es técnicamente posible que Estados Unidos pretenda presentarse como un “Estado de derecho”.

Para aplicar el Acta Patriótica, el Estado federal comenzó por crear un nuevo ministerio: el Departamento de Seguridad de la Patria (United States Department of Homeland Security). El nombre real de este ministerio estadounidense resulta tan chocante que en el mundo entero lo traducen como “Seguridad Interna” o “Seguridad Nacional”, lo cual es falso.

Posteriormente, el Estado federal se dotó de un conjunto de cuerpos de policía política que, según un amplio estudio del Washington Post empleaban en 2010 al menos 850.000 nuevos funcionarios para espiar a 315 millones de habitantes [5].

La gran innovación institucional de ese periodo es la relectura de la separación de poderes. Hasta entonces se consideraba, según la concepción de Montesquieu, que la separación de poderes permitía mantener un equilibrio entre el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, equilibrio indispensable para el buen funcionamiento y la preservación de la democracia. Estados Unidos podía enorgullecerse de ser el único país del mundo que aplicaba estrictamente el principio de separación de poderes. Actualmente, por el contrario, la separación de poderes significa que el Poder Legislativo y el Poder Judicial ya no tienen posibilidad de control sobre los actos del Ejecutivo. Es incluso en virtud de esta nueva interpretación que el Congreso estadounidense no fue autorizado a debatir las condiciones del golpe de Estado del 11 de septiembre de 2001.

Contrariamente a lo que escribí en 2002, los Estados de Europa Occidental se resistieron a esa evolución. No fue hasta hace un año y medio que Francia cedió y adoptó el principio del Estado de emergencia permanente, a raíz de la masacre perpetrada en las oficinas del semanario satírico Charlie-Hebdo. Esa mutación interna viene acompañada de un cambio radical en materia de política exterior.

Estados Unidos ha saqueado el Oriente Medio Ampliado

En los días posteriores a los hechos del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush –quien ya había recuperado sus prerrogativas presidenciales en la noche del 11 de septiembre– declaró a la prensa: “Esta cruzada, esta cruzada contra el terrorismo, llevará tiempo” [6]. Aunque se excusó después por haberse expresado en esos términos, la selección de las palabras que utilizó en su declaración indicaba que el enemigo decía actuar en nombre del islam y que la guerra sería larga.

En efecto, por primera vez en su historia, Estados Unidos está en guerra ininterrumpidamente desde hace 15 años. Ese país definió su Estrategia Contra el Terrorismo [7], estrategia que la Unión Europea no tardó en copiar [8].

Si las sucesivas administraciones estadounidenses han presentado esa guerra como una persecución de Afganistán a Irak, de Irak hacia África, Pakistán y Filipinas y luego hacia Libia y Siria, el general estadounidense Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN, confirmó, por el contrario, la existencia de un plan a largo plazo. El 11 de septiembre de 2001, los autores del golpe de Estado decidieron cambiar todos los gobiernos amigos existentes en el “Medio Oriente ampliado”, o Gran Medio Oriente, y hacer la guerra a los 7 gobiernos que oponían resistencia en esa región. El presidente Bush Jr. tomó nota de esa orden, 4 días después, durante una reunión organizada en Camp David. Hoy es evidente que ese programa se puso en aplicación y que aún está en marcha.

Estos cambios de regímenes amigos mediante revoluciones de colores y las guerras desatadas contra los regímenes que resistían al dictado estadounidense no tenían como objetivo la conquista de esos países en el sentido imperial clásico –en definitiva, Washington ya tenía a esos aliados bajo control– sino saquearlos. En esta región del mundo, sobre todo en el Levante, la explotación de esos países no sólo encontraba la resistencia de las poblaciones sino que existía un obstáculo adicional: la presencia de una extraordinaria cantidad de ruinas de civilizaciones antiguas. O sea, no sería posible saquearla a fondo sin enfrentar la crítica de los defensores de ese patrimonio histórico de la humanidad.

Según el presidente Bush Jr., los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron perpetrados por al Qaeda, lo cual justificaba el ataque contra Afganistán mucho mejor que la ruptura –en julio de 2001– de las negociaciones petroleras con los talibanes. La teoría de Bush fue desarrollada por su secretario de Estado, el general Colin Powell, quien prometió presentar al Consejo de Seguridad de la ONU un informe sobre ese tema. Pero no sólo Estados Unidos nunca encontró tiempo –en 15 años– para redactar ese informe sino que el pasado 4 de junio el ministro ruso de Relaciones Exteriores reveló que su homólogo estadounidense John Kerry le pidió que Rusia no atacara a al Qaeda –aliado de Estados Unidos– en Siria, revelación extremadamente sorprendente que la parte estadounidense nunca desmintió.

Al principio, el Estado federal estadounidense al margen de la Constitución prosiguió adelante con su plan, mintiendo descaradamente al mundo entero. Después de prometer un informe sobre el papel de Afganistán en los hechos del 11 de septiembre, Colin Powell mintió una y otra vez ante el Consejo de Seguridad de la ONU en un largo discurso destinado a vincular el gobierno de Irak con aquellos atentados y a acusarlo de querer prolongar la masacre utilizando armas de destrucción masiva [9].

El Estado federal liquidó en días la mayor parte del ejército iraquí, saqueó los 7 principales museos de Irak y quemó la Biblioteca Nacional [10]. Puso en el poder una Autoridad Provisional de la Coalición, que no era un órgano de la coalición de países participantes en la invasión de Irak sino una empresa privada, al estilo de la siniestra Compañía de Indias y perteneciente fundamentalmente a Kissinger Associates [11]. Durante todo un año esa compañía saqueó todo lo que se podía saquear en Irak. Finalmente entregó el poder a un gobierno títere iraquí, pero antes le hizo firmar un documento comprometiéndose a que nunca exigiría reparaciones de guerra y que no modificaría –durante un siglo– las leyes comerciales draconianas redactadas por la Autoridad Provisional.

En 15 años, Estados Unidos sacrificó más de 10.000 estadounidenses, mientras que la guerra dejaba más de 2 millones de muertos en el “Medio Oriente ampliado” [12]. Para acabar con aquellos que designa como sus enemigos, Estados Unidos ha gastado más 3.500 millardos [13] de dólares [14]. Y hoy anuncia que la masacre y el derroche de fondos van a continuar.

Extrañamente, ese derroche de miles de millardos de dólares no ha debilitado económicamente a Estados Unidos. Se trataba de una inversión que permitió a ese país saquear toda una región geográfica del mundo, apoderándose de sumas muy superiores.

Contrariamente a la retórica del 11 de septiembre, la retórica de la guerra contra el terrorismo es lógica. Se basa en una gran cantidad de mentiras presentadas como hechos comprobados. Por ejemplo, la filiación entre el Emirato Islámico (Daesh) y al-Qaeda se explica recurriendo a la personalidad de Abu Mussab al-Zarkaui, personaje al que el general Colin Powell dedicó buena parte de su discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU. El problema es que el propio Powell reconoció posteriormente haber mentido descaradamente en el aquel discurso y es imposible verificar ni el menor elemento de la biografía de al-Zarkaui según la CIA.

Si se admite que al-Qaeda es la continuación de la Legión Árabe de Osama ben Laden, creada como tropa mercenaria de la OTAN durante las guerras contra Yugoslavia [15] y contra Libia, también hay que admitir que al-Qaeda en Irak, convertido en Emirato Islámico en Irak y posteriormente en Daesh, es la continuación de esa organización yihadista.

Dado el hecho que, a la luz del derecho internacional, el saqueo y la destrucción del patrimonio histórico son ilegales, el Estado federal estadounidense al margen de la Constitución de Estados Unidos comenzó poniendo el trabajo sucio en manos de ejércitos privados, como Blackwater [16]. Pero su responsabilidad seguía siendo demasiado visible [17]. Así que decidió confiar el trabajo sucio a su nuevo brazo armado: los yihadistas. A partir de ese momento, el saqueo del petróleo –que en definitiva se consume en Occidente– es imputable a esos extremistas y la destrucción del patrimonio histórico se atribuye al fanatismo religioso de estos.

Para entender la colaboración entre la OTAN y los yihadistas, tenemos que preguntarnos qué sería hoy de la influencia de Estados Unidos si no existieran estos yihadistas. El mundo sería multipolar y Washington habría cerrado la mayor parte de sus bases militares a través del mundo. Estados Unidos sería una potencia más.

Esta colaboración entre la OTAN y los yihadistas resulta chocante incluso a numerosos altos responsables estadounidenses, como el general Carter Ham, comandante del AfriCom, quien se negó en 2011 a trabajar con al-Qaeda y tuvo que renunciar al mando de la agresión contra Libia. Otro de esos responsables, el general Michael T. Flynn, director de la Defense Intelligence Agency, se negó a otorgar su aval a la creación del Emirato Islámico y fue obligado a dimitir [18]. Más recientemente, la colaboración CIA-yihadistas se convirtió en tema de la campaña electoral por la presidencia de Estados Unidos: de un lado, Hillary Clinton, miembro de The Family, la secta de los jefes de estado mayor [19]; del otro lado, Donald Trump, quien cuenta entre sus consejeros al ya mencionado general Michael T. Flynn y 88 oficiales superiores [20].

Al igual que en tiempos de la guerra fría, cuando Washington controlaba a sus aliados europeos a través del Gladio, o “los ejércitos secretos de la OTAN” [21], hoy en día Estados Unidos controla el Medio Oriente ampliado, el Cáucaso, el valle de Ferghana y hasta la región de Xinjiang a través del “Gladio B” [22].

Quince años más tarde, las consecuencias del golpe de Estado del 11 de septiembre no son obra de los musulmanes, ni del pueblo estadounidense sino de quienes lo perpetraron y de sus aliados. Son ellos quienes convirtieron la tortura en una simple herramienta, generalizaron las ejecuciones extrajudiciales perpetradas ahora en cualquier lugar del mundo, debilitaron la ONU, masacraron más de 2 millones de personas, saquearon y destruyeron Afganistán, Irak, Libia y gran parte de Siria.

Notas:
[1] Against All Enemies, Inside America’s War on Terror, Richard Clarke, Free Press, 2004, Ver el primer capítulo, titulado “Evacuate the White House”.

[2] A Pretext for War, James Bamford, Anchor Books, 2004, ver el capítulo 4, titulado “Site R”.

[3] Coup d’État: A Practical Handbook, Edward Luttwak, Allen Lane, 1968. Junto a Richard Perle, Peter Wilson y Paul Wolfowitz, Edward Luttwak era uno de los “Cuatro mosqueteros” de Dean Acheson.

[4] La grand impostura, Thierry Meyssan, La Esfera, 2002.

[5] Top Secret America: The Rise of the New American Security State, Dana Priest y William M. Arkin, Little, Brown and Company, 2011.

[6] “A Fight vs. Evil, Bush and Cabinet Tell U.S.”, Kenneth R. Bazinet, Daily News, 17 de septiembre de 2001.

[7] National Strategy for Combating Terrorism, The White House, febrero de 2003.

[8] Una Europa segura en un mundo mejor – Estrategia Europea de Seguridad, Javier Solana, Consejo Europeo, 12 de diciembre de 2003.

[9] “Colin Powell Speech at the UN Security Council”, Colin L. Powell, Voltaire Network, 11 February 2003.

[10] “Discours du directeur général de l’Unesco”, Koichiro Matsuura, 6 de junio de 2003, Réseau Voltaire, 6 de junio de 2003.

[11] The Coalition Provisional Authority (CPA): Origin, Characteristics, and Institutional Authorities, Congressional Research Service, L. Elaine Halchin, April 29, 2004.

[12] Body Count, Casualty Figures after 10 Years of the “War on Terror”, Physicians for Social Responsibility (PSR), marzo de 2015.

[13] 1 millardo = 1 000 millones

[14] The Three Trillion Dollar War, Joseph Stiglitz y Linda Bilmes, W. W. Norton, 2008.

[15] Wie der Dschihad nach Europa Kam, Jürgen Elsässer, NP Verlag, 2005. Existe una edición francesa titulada Comment le Djihad est arrivé en Europe [En español, “Cómo llegó la yihad a Europa”], Xenia, 2006.

[16] Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army, Jeremy Scahill, Avalon Publishing Group/Nation Books, 2007.

[17] The Powers of War and Peace: The Constitution and Foreign Affairs after 9 11, War by Other Means: An Insider’s Account of the War on Terror, John Yoo, University Of Chicago Press, Atlantic Monthly Press, 2006.

[18] DIA Declassified Report on ISIS, August 12, 2012.

[19] The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, Harper, 2008.

[20] “Open Letter From Military Leaders Supporting Donald Trump”, Voltaire Network, 9 September 2016.

[21] Nato’s Secret Armies: Operation Gladio and Terrorism in Western Europe, Daniele Ganser, Frank Cass, 2004. Edición francesa, Les Armées Secrètes de l’OTAN: Réseaux Stay Behind, Opération Gladio et Terrorisme en Europe, Éditions Demi-Lune, 2007. El lector hispanohablante puede encontrar ese libro, traducido al español y publicado por capítulos en nuestro sitio web consultando este vínculo.

[22] Classified Woman, The Sibel Edmonds Story: A Memoir, Sibel D. Edmonds, SE 2012.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article193203.html

¿Ha puesto Estados Unidos la cabeza de Al-Qaeda en las manos de Rusia?

En la Casa Blanca sólo entienden el lenguaje de la fuerza y sólo responden a medidas de fuerza. Como bien dice la televisión iraní, “cada vez que Damasco progresa militarmente, Estados Unidos cede y consiente en firmar algún acuerdo con Rusia”. Es su permanente plan B. Así ocurrió también en febrero de este año y así parece volver a ocurrir, esta vez en un tiempo récord de sólo 14 horas de discusiones.

También tiene razón la televisión iraní cuando dice que la batalla de Alepo es “la clave de bóveda”. En efecto, el acuerdo se produce cuando el ejército regular vuelve a estrechar el cerco en el sur, ataca Jan Tuman y tiene neutralizada la ruta Castelo.

De ahí se desprende que en la Guerra de Siria, el enemigo principal no es el Califato Islámico y es posible que no lo haya sido nunca. El problema es el Frente Al-Nosra-Al-Qaeda-Fatah Al-Sham, cuyas posiciones Estados Unidos pidió a Rusia a comienzos de junio que no fueran bombardeadas porque “al lado” había una oposición “normal”.

Al mismo tiempo, si el acuerdo se ejecuta, lo cual está por comprobar, Washington ha traicionado a Al-Nosra, sirviendo su cabeza en una bandeja a Rusia, por lo que de nada habrá servido su cambio de nombre ni el intento de camuflarla como parte de los “moderados”.

El acuerdo tiene varios aspectos destacables, especialmente la insistencia de Lavrov en remarcar que, previamente a la firma, habían consultado con el gobierno de Damasco, que les había dado su consentimiento.

Otro aspecto interesante es el cúmulo de reuniones diplomáticas y declaraciones en las que aparece envuelto. Así, a su regreso de la China, donde participó en el G20, Erdogan había anunciado que sus tropas participarían en el asalto a Raqqa, la capital del Califato Islámico, en coordinación con Estados Unidos, lo que había levantado las orejas del Kremlin en los últimos días.

El miércoles una delegación del Alto Comité Negociador, la llamada “oposición moderada” que dirige la Casa Saúd, se entrevistó con Boris Johnson, ministro británico del Foreign Office, para proponerle un plan de transición para Siria, una fase de seis meses de negociaciones con el gobierno de Bashar Al-Assad.

Al mismo tiempo, dirigentes políticos kurdos y otros opositores sirios anunciaban la creación de la coalición “Resistencia Nacional Siria” en la ciudad de Tell Rafat, situada al norte de Alepo, con la pretensión tanto de “unir fuerzas”, como la de acabar con la actual guerra y, finalmente, poner fin a la agresión turca.

En Siria todos preparan la nueva etapa de paz… afilando los cuchillos.

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