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La CIA advierte a Trump de que sería un desastre renunciar al acuerdo nuclear con Irán

El director de la CIA John Brennan
El actual director de la CIA, John Brennan, advirtió a Trump, de que sería “desastroso” y una “locura” abandonar el acuerdo nuclear con Irán, como amenazó con hacer durante la campaña electoral. A partir de enero Brennan será sustituido por Mike Pompeo a la cabeza de la CIA.
En una entrevista con la BBC divulgada el miércoles, Brennan también señaló que Trump debe ser cauteloso con Rusia por considerar que Moscú está detrás de gran parte del sufrimiento en Siria.
Durante la campaña para las elecciones estadounidenses del pasado 8 de noviembre, Trump amenazó con suprimir el pacto nuclear al que llegaron las grandes potencias con Irán y sugirió que tendría una relación mucho más estrecha con el Gobierno ruso.
“Creo que sería desastroso. Lo primero, que una administración termine un acuerdo que hizo la anterior administración no tendría precedentes”, dijo Brennan a la emisora británica. En su opinión, una medida así, que calificó de “locura”, ayudaría a fortalecer a los políticos de línea dura en Irán.
El director de la CIA resaltó que hay muchas áreas en las que el nuevo Gobierno tiene que actuar con “prudencia y disciplina”, como el lenguaje utilizado en materia terrorista y las relaciones con Rusia. Brenan opina que el gobierno sirio de Bashar Al-Asad y Rusia han sido los responsables de la matanza de civiles en el conflicto sirio, que calificó de “indignante”.
En su opinión, Estados Unidos debería continuar con el respaldo que ha dado la Administración de Barack Obama a los rebeldes moderados que luchan contra el gobierno de Al-Assad.
Agregó que Rusia es la clave para el futuro de Siria, si bien se mostró escéptico sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo que ayude a poner fin a la sangrienta guerra civil. “No confío en que los rusos vayan a ceder hasta que puedan ser capaces de conseguir el mayor éxito táctico posible en el campo de batalla”, dijo.
Además, Brennan advirtió de la continua amenaza terrorista puesto que hay grupos “muy activos” dentro del Califato Islámico que planean atentados y quieren demostrar su capacidad para actuar en Occidente.
Añadió que hay que ser cuidadosos en el uso del lenguaje porque puede ser aprovechado por organizaciones terroristas para mostrar que Estados Unidos está en contra del islam, algo que -dijo- no es así.

Turquía ha invadido Siria para acabar con el gobierno de Bashar Al-Assad

Ayer el presidente turco Erdogan declaró que el ejército turco había entrado en Siria para poner fin al mandato del presidente sirio Bashar Al-Assad, al que acusó de terrorismo y de la muerte de miles de sirios.

Erdogan realizó sus declaraciones durante el Symposium de la Plataforma interparlamentaria de Jerusalén, que tuvo luigar en Estambul. “Hemos entrado [en Siria] para poner fin al reinado del tirano Assad”, manifestó públicamente.

Según el diario turco Hurriyet, Erdogan manifestó que Turquía no tenía reivindicaciones territoriales en Siria, pero que quería “poner en el poder al pueblo sirio”.

“¿Por qué hemos entrado [en Siria]? No tenemos intereses sobre el suelo sirio. La cuestión consiste en dar las tierras a los que son sus verdaderos propietarios. Estamos allá para restablecer la justicia”, explicó el dirigente turco.

Luego añadió que, según sus cálculos, cerca de un millón de personas habrían muerto en Siria desde el comienzo de la guerra, mientras que las últimas estimaciones de la ONU arrojan la crifra de 400.000 personas muertas a causa de la agresión imperialista.

En un tono melodramático, Erdogan aseguró que Turquía no podía “soportar” las muertes ininterrumpidas de civiles y acabó reconociendo que se habían visto “obligados a entrar en Siria al lado del Ejército Sirio Libre”.

Este reconocimiento pone de manifiesto que las negociaciones con el gobierno de Damasco han quedado rotas y que los “buenos oficios” de Rusia e Irán para mediar entre ambos países también ha fracasado, seguramente porque Erdogan quiere tener las manos libres en el norte Siria para frenar tanto al PKK como al Califato Islámico antes de que se vuelvan contra la proipia Turquía. El gobierno de Ankara no ha aceptado coordinar su actuación con el ejército sirio ni tampoco formar parte del equipo conjunto de intervención en Siria, junto con rusos e iraníes.

Turquía hace la guerra por su cuenta. Vuelve así a su aislamiento, ya que sus tropas tampoco son bien recibidas en Irak. No han podido participar en el asalto a Mosul, ni en en Alepo, ni entrarán tampoco en la batalla de Raqqa. Su único aliado sobre el terreno es el Gobierno Regional kurdo de Barzani.

Es muy probable que si Rusia quiere seguir contando con el PKK para el futuro de Siria, acabe también rompiendo sus lazos con Turquía, cuyo suelo puede convertirse en una prolongación de la Guerra de Siria, incluso con los mismos actores.

Rusia y China han llegado a Siria para quedarse

La Armada rusa en Tartus
La semana pasada el viceprimer ministro ruso Dimitri Rogozin y el viceministro de Defensa, Anatoli Antonov, se entrevistaron en Damasco con el Presidente sirio Bashar Al-Assad para reforzar el apoyo económico ruso a la guerra con la apertura de un fondo de 5.000 millones de dólares, de los que la mitad se consagrarán a la modernización del puerto de Tartus.

Desde 1977 Rusia tiene una base naval en aquel puerto del Mediterráneo oriental dedicada al mantenimiento técnico de los buques de su Armada. Hasta ahora era su único punto de apoyo logístico fuera de sus fronteras. El servicio naval lo mantiene personal que, casi en su integridad, es civil.

Al tiempo que los ministros rusos viajaban a Damasco, la Duma aprobó un acuerdo con Siria para el despliegue de las fuerzas aéreas rusas en la base aérea de Hmeimim, en la provincial de Lataquia. Además, Rusia ha desplegado sistemás antiaéreos de defensa SS-300 para garantizar la defensa de sus tropas en Tartus frente a posibles ataques en la toda la franja costera de Siria.

El acuerdo permitirá también la instalación de una zona portuaria militar para la Armada china. Los primeros trabajos comenzaron el octubre del año pasado. El gobierno de Pekín está empeñado en un ambicioso proyecto para salir al mar. En Grecia ya administra el puerto de El Pireo, uno de los más importantes del mundo, y tiene la vista puesta en crear grandes infraestructuras portuarias en Argelia.

En resumen: Rusia y China han llegado a Oriente Medio para quedarse y las potencias imperialistas se lo han servido en bandeja. Obama, Cameron y Hollande no lo podían haber hecho peor. El Mediterráneo vuelve a formar parte de la milenaria Ruta de la Seda, pero ya no necesitamos viajar a oriente en incómodas caravanas: ellos se acercan hasta nosotros.

Pero no todo es geoestrategia. Uno de sus objetivos son los 3.500 yihadistas uigures que combaten en Alepo, Idlib y Jir El-Chujur con falsos pasaportes… turcos, vía Tailandia y Malasia (*). Otras fuentes elevan la cifra de uigures chinos hasta los 50.000 porque cuentan también a los familiares de los combatientes. En efecto, a diferencia de otros mercenarios extranjeros, los uigures chinos se han desplazado hasta los frentes de Siria con todos sus familiares, incluidos niños y ancianos, por lo que no pueden vivir en campamentos.

El llamado “Partido Islámico de Turkestán” que agrupa a estos uigures es desde 2001 una filial de Al-Qaeda. En sus vídeos de propaganda muestran la destrucción de iglesias cristianas en Idlib, en las que han colocado las banderas de su partido como símbolo del triunfo de su lucha. La mayor parte de ellos se ha instalado en Az-Zanbaqi, en la provincia de Idlib, de la que algunos yihadistas burlan llamándola “Chinatown”. De donde han desplazado a la población local para ocupar sus viviendas y sus escuelas. Las únicas asignaturas que en ellas imparten a los niños son el Corán y el adiestramiento militar.

Cada mes llega puntualmente el dinero a cada una de esas familias uigures procedente de Arabia saudí y Qatar.

(*) http://chinamatters.blogspot.com/2015/07/turkey-plays-uyghur-card.html

El ejército sirio logra penetrar en los barrios del este de Alepo

En la noche del sábado al domingo el ejército sirio capturó el barrio de Massaken Hanano, al este de Alepo, hasta la fecha controlado por los salafistas, liberando a 1.500 civiles que aún se encontraban allá. La noticia la divulgó ayer la agencia Sana, portavoz oficial del gobierno de Damasco.

El avance el ejército regular está siendo muy lento, pero la captura de Massaken Hanano abre las puertas para posteriores incursiones hacia las zonas interiores en las que se refugian los últimos restos de las milicias del Frente Al-Nosra.

La televisión pública siria ha difundido imágenes que muestran una fuga de civiles, sobre todo mujeres y niños que se precipitan sobre los autobuses verdes del ejército de Damasco en busca de protección. Algunos de ellos realizaron declaraciones a la televisión.

El barrio de Massaken Hanano tiene una fuerte carga simbólica, ya que fue el primero en caer en poder de los salafistas en 2012, lo que dividió a la capital siria en dos mitades. En la que quedó bajo control de los yihadistas vivían unas 250.000 personas.

En la región de Damasco la guerra también va viento en popa para el ejército regular. El sábado los yihadistas se rendieron en dos localidades, Al-Tall y Jan esh Sheij, acogiéndose a la oferta de reconciliación del gobierno, según una información procedente de la web del periódico sirio Al-Watan.

El acuerdo consiste en que quienes no deseen regularizar su situación personal, pueden conservar sus armas ligeras, dejando las demás en manos del ejército, y largarse a sus países. Según la cadena Al-Mayadin, más de 1.000 salafistas armados han depuesto las armas en Al-Tall, una localidad a sólo 12 kilómetros de Damasco. La rendición se produjo cuando el ejército les rodeó, cortando cualquier posibilidad de retirada.

Según Al-Mayadin, la población de 700.000 habitantes de Al-Tall se lanzó en masa a la calle, exigiendo la salida de los grupos armados.

En Jan esh Sheij, a 26 kilómetros de Damasco, el jueves se alcanzó una tregua tras cuatro días de negociaciones. El sábado el diario Al-Watan aseguró que los salafistas ya habían empezado a deponer las armas. Se trata de un total de 2.000 milicianos que en dos días deben abandonar la ciudad en compañía de sus familiares para marchar hacia Idlib, al noroeste de Siria, de donde habían llegado.

El dinero, las amistades y los intereses de Trump en Oriente Medio

Durante la campaña electoral, Trump se vanaglorió de que, a diferencia de Hillary Clinton, él se constituiría en un baluarte de lucha contra el terrorismo en Oriente Medio cuando llegara a la presidencia, bombardearía implacablemente al Califato Islámico, volvería a desplegar entre 20.000 y 30.000 soldados en Irak y prohibiría la importaciçon de petróleo procedente de Arabia saudí si los jeques continuaban apoyando a los salafistas.

“¿Quién voló las Torres Gemelas? No fueron los irakíes sino los saudíes. Mire a Arabia saudí, abra los archivos”, declaró a Fox News. Pero detrás de las palabras están los hechos, que dicen algo muy distinto: a lo largo de su campaña electoral, Trump creó ocho nuevas empresas en Arabia saudí. Es propietario o director de THC Jeddah Hotel Advisor y DT Jeddah Technical Services Advisor, empresas relacionado con un proyecto hotelero en el Golfo Pérsico.

Al mismo tiempo que creaba sus empresas, en una reunión convocada en Alabama, Trump reconocía que se entendía con “todos los saudíes. Me compran apartamentos. Gastan 40 millones de dólares, 50 millones de dólares. ¿Debo detestarlos? Los quiero mucho”.

Los vínculos de negocios de Trump con los saudíes son antiguas. Tres meses antes del 11-S, Trump vendió el piso 45 del Trump World Tower a Arabia saudí por 4,5 millones de dólares. A pesar de ello, utilizó la intervención saudí en los atentados terroristas de 11-S para desacreditar a sus adversarios.

Rudy Giuliani, uno de quienes optan al cargo de Secretario de Estado, ha dicho que Hillary Clinton debía disculparse públicamente ante los estadounidenses por haber aceptado donaciones saudíes. “Me gustaría verla excusarse por el dinero que la Fundación Clinton ha aceptado, procedente de Arabia saudí, donde las mujeres no pueden conducir. Me han dicho que [Clinton] es feminista, ¿y acepta dinero de un país en el que las mujeres no pueden conducir?”, preguntó Giuliani.

Pero el antiguo alcalde de Nueva York es un capataz remunerado de la Organización de los muyaidines del pueblo iraní, organización para la que en 2012 hizo campaña con éxito a fin de que fuera borrada de la lista grupos terroristas extranjeros del Departamento de Estado.

A Giuliani los muyaidines le han pagado varias veces por pronunciar conferencias en nombre del grupo en 2011 y 2012, cuando aún estaba en la lista de grupos terroristas, lo que está prohibido por la legislación de Estados Unidos, ya que no se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos.

El futuro consejero de seguridad nacional, el general Michael Flynn, que fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, es decir, del Pentágono, firmó un contrato con una empresa holandesa que servía de testaferro de otra turca muy cercana de Erdogan. El año pasado, la empresa de Flynn, Flynn Intel Group, firmó un acuerdo de “lobbying” con Inovo BV, una empresa pantalla de Inovo Turkije. Ambas empresas fueron creadas por Ekim Alptekin, un testaferro de Erdogan que preside el Consejo de Negocios turco-americano, que a su vez es una sección de la Comisión de Relaciones Económicas Internacionales de Turquía, cuyos miembros designa el Ministerio de Economía y la Asamblea nacional de Turquía.

En ejecución de las obligaciones derivadas el contrato, Flynn escribió un artículo afirmando que el golpe de Estado del 15 de julio en Turquía estaba dirigido por el clérigo Fetullah Gülen y alabando la represión que Erdogan emprendió con posterioridad al mismo.

Tampoco Flynn se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos, por lo que su actuación es ilegal.

En agosto de 2012, cuando dirigía la DIA, Flynn recibió informes sobre el apoyo de Turquía y los Estados del Golfo a “la insurrección de Siria” y a Al-Qaeda en Irak. La DIA advirtió que la continuación de dicho apoyo conduciría a la creación de un “principado salafista” en el este de Siria y, eventualmente, la declaración de un “Estado islámico” en Irak y en Siria. En las entrevistas que mantuvo tras este informe, Flynn confirmó que sus términos eran exactos.

También Trump tiene intereses propios en Turquía. Ha cobrado más de 10 millones de dólares por ceder el uso del nombre a un rascacielos de 40 pisos, el Trump Towers de Sisli, en Estambul.

La empresa pública Qatar Airways ha alquilado un espascio en uno de los rascacielos de Trump en Nueva York, donde tiene su cuartel general. Además tiene un gran proyecto inmbiliario en los Emiratos Árabes Unidos. El año pasado su holding indicó a Hotelier Middle East que su cadena de hoteles de lujo, Trump Hotel Collection, tiene previsto construir más hoteles en Dubai, en Abu Dabi, en Qatar y en Arabia saudí.

El capital manda. Como tantos otros, Trump y su equipo detestan a los musulmanes, pero no a su dinero. Impedirían la llegada de las personas pero nunca la de los réditos.

Siria es la clave del proyecto imperialista para dislocar Oriente Medio

Makram Khoury-Machool

El comportamiento del bloque anti-Siria, alineado con la OTAN, es ahora [2012] suficientemente evidente para entender mejor lo que está sucediendo. Por un lado tenemos operadores políticos tales como el grupo ad-hoc “Friends of Syria”, y, por el otro, dos personalidades árabes, ambos ministros de dos emiratos del Golfo.

El primer grupo incluye la los dirigentes de la OTAN, con un apenas disfrazado plan de Israel concebido por gente como Bernard Henry Lévy. Más que amigos de Siria, estos personajes están claramente trabajando para asegurar sus propios intereses financieros, dentro, fuera y a través de Siria. Los dos políticos árabes son los ministros de Exteriores de Arabia saudí y Qatar. Han declarado que las fuerzas que actúan violentamente contra el Estado sirio debieran ser armadas y financiadas. En pocas palabras, las reuniones de los denominados “Friends of Syria” son probablemente una “moderna” versión de aquellos encuentros dirigidos por el virrey Lord Curzon quien, en 1903, se dirigió a los “jefes de la Costa Árabe” a bordo del “HMS Argonaut” en Sarjah (Emiratos Árabes Unidos).

Los qataríes y los saudíes dan apoyo financiero a los “rebeldes” para armas, pagos a mercenarios y soldados y organización logística de los ataques en Siria. Todo ello añadido a su apoyo con telecomunicaciones, tácticas de combate y asesoramiento militar estratégico. Nada sorprendentemente, los consejeros militares occidentales, que operan para los grupos tras las bambalinas, no figuran en ningún medio. Los Estados vecinos también proporcionan ayuda geográfica a los grupos armados, con Jordania proporcionando el paso de mercenarios desde Libia, y Turquía actuando como la base militar del norte para las operaciones.

Turquía se ve comprometida por su deseo de alinearse con la línea saudita-suní, respaldada por la OTAN, y por su temor a que una Siria desmembrada llevaría a promover la autonomía kurda. En su visión, esto podría suponer la unión de los kurdos con los kurdos sirios e iraquíes y llevar a Turquía a una guerra civil y a la posible separación del Kurdistán de Turquía y a la creación de un Estado kurdo.

El sueño hegemónico de Israel

Por su parte, Israel ha planificado durante décadas, como parte de su estrategia para dominar el Oriente Medio y el Mediterráneo, debilitar Siria a fin de continuar su ocupación de los Altos del Golán, y controlar recursos hídricos. Esencialmente, Israel quiere ser la principal potencia económica y militar en la región y, efectivamente, del debilitamiento de Siria bien puede surgir como el principal ganador, aunque solo sea a corto plazo.

Mediante sus orquestadas campañas en medios durante décadas a su propio público, Israel ha construido un concepto de Siria como si fuera la mayor amenaza a su existencia en el mundo árabe. Razonablemente, el vacío gubernamental que pueda crearse en Siria puede ser llenado por grupos similares a Al-Qaeda, proporcionando suficiente justificación a las acciones de Israel (contra Siria, contra Irán) y apoyaría la idea de un conflicto entre un civilizado y democrático Israel y los salvajes islamistas.

Pese a las amplias diferencias entre Siria y Libia, el destino de la primera pudiera ser similar al libio en términos de intervenciones extranjeras directas, si Rusia y China no se opusieran firmemente a tales acciones en la Naciones Unidas, en donde se ha dado una cooperación consistente entre las dos. Pese a los orígenes de las relaciones chino-soviéticas se remontan a los días de la Revolución Socialista de 1917, parece que, incluso dos décadas después del desmantelamiento del bloque del Este, la Federación Rusa y la República de China están siguiendo, más que nunca, lo que Mao aconsejó en su discurso “Como ser un auténtico revolucionario”, el 23 de junio de 1950. En el mismo, Mao decía que en la esfera internacional “debemos unirnos firmemente con la Unión Soviética” (Obras Escogidas, Volumen V, página 39). La ideología compartida, la visión mundial, los intereses económicos y los intereses en el campo energético han unido a Rusia y China más aún respecto al conflicto sirio.

Qatar quiere desplazar a Rusia de los mercados petroleros

La producción mundial de petróleo está encabezada por Arabia saudí con Rusia en segundo lugar, Estados Unidos en tercero, seguidos de Irán y de China. En términos de reserva, encontramos que los primeros diez Estados son Venezuela, Arabia saudí, Canadá, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Rusia, Kazajstán y Libia. Rusia es el mayor productor de gas en el mundo, del que depende Europa. En producción mundial de gas, si excluimos Estados Unidos y Canadá debido a su distancia geográfica, Irán está en segundo lugar y Qatar el tercero. Por reservas Rusia es el número uno, con Irán y Qatar en cuarto lugar y Arabia saudí en sexto. Con la vecina Arabia como uno de los diez primeros productores de gas en el mundo, está clara la causa de que los intereses exportadores de Qatar y Arabia sean especialmente importantes, y estas listas debieran darnos una idea clara de las alianzas que han formado respecto al conflicto sirio.

Arabia saudí y Qatar (que, en diferentes circunstancias, hubieran sido un único Estado y aún pueden experimentar una reorganización geográfica) son sunnís, y ambos tienen intereses económicos. La codiciosa búsqueda de Qatar de contratos para el gas libio y suministros de petróleo explican su acuerdo con la OTAN para atacar Libia, su participación simbólica en los ataques aéreos y su apoyo a los rebeldes para establecer una presencia en los medios.

La meta de Qatar es exportar su gas a Europa, competir con los rusos y ganar importantes detalles políticos. Para que la exportación del gas qatarí a Europa sea factible y competitiva, debe existir un gaseoducto a través de Siria. Como veterano aliado de Rusia y con los precedentes de numerosos acuerdos que se remontan a la era de la URSS, es improbable que Siria que nada amenace la desestabilización de los intereses rusos en su último bastión estratégico en el mundo árabe. Esa es la principal razón por la que Qatar y Arabia saudí están apoyando la lucha de la oposición para derribar el gobierno sirio.

Siria se convierte rápidamente en una caja de Pandora, de la que regresan todas las crisis históricas de los últimos 120 años. Comienzan con la guerra ruso-turca de 1877-1888, la guerra ruso-japonesa de 1904, la Primera y la Segunda guerra mundial y la Guerra Fría. Normalmente, para que una superpotencia surja se tarda 2 ó 3 décadas. A Estados Unidos les llevó casi 25 años surgir como superpotencia, desde 1890 hasta el final de la Primera Guerra mundial. Tras la muerte de Lenin en 1924, la URSS era el enfermo de Europa. En 1945, tras la Segunda Guerra mundial y bajo Stalin, emergió como superpotencia. Tras Gorbachov, Rusia cesó de serlo y aparentemente la Guerra Fría terminó. En solo dos décadas, Putin ha puesto fin al sistema unipolar y un nuevo mundo bipolar está surgiendo, como si la Guerra Fría nunca hubiera terminado.

Un detenido examen del sistema político sirio revela que Bashar Al-Assad es, efectivamente, un reformista. Sin embargo en Siria, como en cualquier otro Estado, hay facciones inmersas en luchas de poder y estas y los necesarios procesos de socialización tardarán algún tiempo en mostrar sus resultados. Como Assad dijo, mientras firmar una nueva ley solo lleva un par de minutos, cuesta mucho más tiempo educar a la gente en la absorción y la participación en llevar a cabo los nuevos valores que las leyes albergan. Las descripciones de estas nuevas normas por parte de las élites dirigentes occidentales como si fueran algo que nace de los árboles es un acto definitivamente inmoral y falto de utilidad.

Siria era el último Estado árabe secular, socialmente cohesionado y basado en una total ideología secular. Pese a su entorno geopolítico volátil (Líbano, Turquía, Israel, Jordania e Irak), los ciudadanos sirios vivían de forma segura bajo su secularismo árabe. Siria incluye un especial tipo de pluralismo y multiculturalismo, combinado con una tolerancia religiosa y una existencia pluralista. Esto se demuestra por la coexistencia de una iglesia, una mezquita, un bar y la coexistencia igual de mujeres con o sin velo. De hecho, el proceso de reformas comenzado en Siria es más avanzado que cualquier otro proceso que haya tenido lugar en un país árabe. Incluye la eliminación de leyes de emergencia, implementación de leyes sobre partidos, elecciones, medios y la aprobación de una nueva Constitución que incluye la eliminación del artículo sobre el poder único del partido Baaz. Tales reformas son parte de de un auténtico proceso político que llevará tiempo. Sin embargo, este proceso de reformas ha sido total e intencionadamente saboteado por fuerzas que incluyen gobiernos occidentales actuando contra el Estado sirio. En las últimas décadas, y especialmente desde el 11-S, Occidente ha estado difundiendo la idea de que el terrorismo islamista amenaza su estilo de vida secular. Sin embargo, los sunníes, técnicamente la mayoría religiosa en Siria, contienen amplios segmentos que no son menos seculares que cualquier otra sociedad occidental.

De esta forma, pese al evidente derecho de los sirios a defender su forma de vida secular, el propósito del Oeste es desmantelar el Estado sirio, alterar la estructura de poder, y crear nuevas entidades demográficas tales como una confederación de los kurdos sirios e iraquíes, que en el momento actual es la pesadilla de Turquía. Otras áreas específicas podrían quedar despobladas, que serviría, como se ha hecho con los drusos, para repoblarlas con cristianos sirios y tal vez cristianos del Líbano. Otros cristianos podrían abandonar el Levante, igualmente. Los alauitas podrían disponer de otro Estado, ligado tal vez con Irán.

El plan consiste en destruir el moderno estado árabe de Siria, que surgió tras la Primera Guerra mundial y en la década de los 40, y, en donde sea posible, establecer nuevos Estados religiosos (similares al Estado judío de Israel). De esta forma, el poder árabe y, junto con él, la ideología panarabista de Michel Aflaq y Antun Sa’ade (ambos cristianos árabes) y de Nasser en Egipto, desaparecería. Este proceso comenzó cuando, en el Egipto bajo Sadat de 1978 y 1979, se firmó el tratado de paz con Israel, continuado por la destrucción del Líbano en 1982, la segunda intifada en 1987 y el asedio económico a Irak en 2003. Fue seguido de la toma del petróleo y gas de Libia en 2011. Por tanto, en orden a mantener la hegemonía de “US-Rael”, Occidente necesita alinear a los Estados a lo largo de líneas sectarias (sunníes contra chiítas) en vez de estar alineados sobre el panarabismo. Este proceso fue potenciado tras la ocupación de Irak y el derrumbamiento del partido Baaz.

En la práctica, lo que ahora está sucediendo en el mundo árabe es una “rectificación” del acuerdo Sykes-Picot de 1916, cuando las principales potencias coloniales, Gran Bretaña y Francia delimitaron las fronteras de los actuales estados árabes e instalaron sus propios agentes árabes. Estos planes neocoloniales en marcha incluyen medidas para constituir uno o más partidos árabes que luchen contra el régimen sirio y mantener esa lucha hasta la desmembración y fractura en dos o tres Estados, basados en criterios sectarios. Y de esa forma las élites coloniales pueden seguir apoderándose de riquezas porque, después de todo, la mentalidad imperial no ha cambiado en nada.

Los agentes del imperialismo sobre el terreno

Dado que las potencias occidentales no pueden conseguir esto por sí solas, necesitan agentes tales como Qatar en Libia y Arabia saudí, Qatar y otros en Siria. Estos agentes son las interesadas y antidemocráticas monarquías sunníes, que instrumentalizan el islam sunni para apoyar el fanatismo contra otros árabes, otros musulmanes y no musulmanes (cristianos, árabes, chiítas y drusos). Estos árabes con acceso a la élite económica global (por ejemplo, la familia real saudí y los qataríes con otras élites europeas y norteamericanas) son, con diferencia, las élites dirigentes en el Golfo de Arabia o bien sus protegidos. Ellos son los que introducen cuñas entre las diversas fracciones y magnifican y utilizan la jugada de la carta sunní con los sunníes turcos no árabes contra Siria. No es ninguna sorpresa que estuvieran confabulados con las potencias occidentales al servicio de Israel. De otra manera sería evidentemente difícil explicar que el régimen más autoritario del mundo Arabia saudí, esté actuando contra Siria intentando dar lecciones de democracia, algo en lo que Arabia saudí no está muy ducha.

Las campañas negativas y orientalistas contra Siria del pasado año [2011] con el respaldo financiero de algunos países del Golfo han oscurecido de forma consciente elementos definitorios, como su secularismo, algo con lo que las sociedades occidentales se sienten identificadas de forma natural. La importancia de la ideología ampliamente secular del Partido Baaz, que garantizaba como mínimo las libertades privadas, se ha mantenido oculta. A ello hay que añadir el hecho de que por ejemplo Daoud Rajhah, el ministro sirio de Defensa asesinado, era cristiano, como lo era el Dr. Nabil Zughaib, el recientemente asesinado, junto a su familia, director del programa sirio de misiles.

Los anteriores ejemplos de ocultación de hechos son razonablemente debidos a la alianza de Siria con Rusia, que es el lado “malo”. Esta relación entre Siria y Rusia lleva en curso cinco décadas. Además, Siria es la franja suave (alauíta/chiítas/seculares) entre los objetivos de la OTAN, el chiíta Irán y el chiíta Hezbollah en el Líbano. Mientras a los ojos cortoplacistas de Israel, el principal obstáculo para su dominación es Irán (así como Hezbollah, Siria, y anteriormente Hamas) Siria es ahora, por tanto, el objetivo. Por tanto, está siendo castigada, así que la totalidad de ese metafórico conjunto pudiera ser la disolución.

El papel de Hamas

¿Pero cuál es aquí lo relevante de Hamas? Hasta que ganaron democráticamente las elecciones de 2006 (casi dos años después del asesinato de Yaser Arafat), y un año más tarde organizara un golpe contra la Autoridad Palestina controlada por Fatah en la franja de Gaza, Hamas era un movimiento de resistencia apoyado por Irán, Damasco y Hezbollah. Si Irán es la “cabeza” metafórica y Hezbollah y Hamas las dos piernas, Siria ha sido el “vientre”, o el “corazón” y los “pulmones” de este cuerpo de resistencia. Pero desde que dirige la Franja de Gaza, ha cesado de ser un movimiento de resistencia y se ha institucionalizado. Aquí, Israel (y Sharon en particular) tuvieron una victoria táctica. Sin apenas coste, Israel se retiró de la Franja de Gaza, manteniéndola bajo asedio, atacándola a voluntad y dando las llaves a los prisioneros (Hamas) de la mayor prisión al aire libre de la tierra. Y todo esto sucedía sin que Hamas se diera cuenta de lo que estaba pasando. Tal vez algún pensamiento de que el nombre se endulzaría y, en vez de presión, pudiera ser “emirsón” (emirato/prisión).

En la primera mitad de 2012, los dirigentes de Hamas dejaron Damasco, en donde estaban sus cuarteles generales, y actualmente se mantienen discretos, evitando apoyar al gobierno sirio, un gobierno que los ha estado apoyando durante más de dos décadas. Con la victoria de los Hermanos Musulmanes en Túnez y Egipto, y su ascenso en Libia, Hamas parece ahora tener nuevos y poderosos patrones, en países en donde pueden actuar desde unas posiciones más poderosas. Los líderes de Hamas, tanto en la diáspora como en la Franja de Gaza, han sido invitados por el recientemente electo presidente de Egipto para unirse a los Hermanos Musulmanes (su organización nodriza) como iguales. Lo que hasta ayer parecía ser un movimiento de resistencia (aunque algunos aleguen que nunca fueron revolucionarios, al contrario que otras facciones palestinas izquierdistas, tales como el PFLP, el DFLP, etc.) forma ahora parte del tejido de una alianza musulmana sunní, que ha empezado a actuar bajo el ala de la OTAN.

A los orientalistas occidentales les gusta imaginar lo que necesita suceder para que sus intereses en Oriente se realicen. Comienzan etiquetando el mundo árabe como “Oriente Medio”, como si fuera sólo un marcador geográfico colocado solo con relación a donde ellos se encuentran. Para asegurar sus robos planeados, inventan términos para confundir y justificar sus acciones militares cubiertas y abiertas. Sin embargo, sus servicios de seguridad o inteligencia siempre fallan en las predicciones del mundo árabe, tales como la Intifada de 1987 y el golpe de Hamas en 2007. Pero sus élites superficial e ignorantes no dejan de fabricar nuevos nombres y procesos, el último de los cuales es bautizar a lo que empezó en Túnez como la “Primavera Árabe”.

Lo que sucede en algunos Estados y en el mundo árabe no es ninguna “primavera”: es un proceso reaccionario que rebotará, como Estados Unidos experimentaron en Afganistán, en donde crearon y apoyaron a los mismos yihadistas contra los que combatieron más tarde. Estados Unidos e Israel han estado intentando llegar a acuerdos con los islamistas en los gobiernos, de cara a controlar a las masas. No es la primera vez que los estrategas políticos han intentado usar la religión para evitar el caos y defender sus intereses económicos. Es similar a lo que Maquiavelo describió basándose en el relato del historiador romano Tito Livio Patavinus, del 59 AdC al 17 dC. (quien escribió libros sobre la fundación de Roma) cuando subtituló un capítulo así: “Como los Romanos emplearon la religión para reordenar la ciudad y ejecutar su proyecto para detener los tumultos”.

De la misma forma, las campañas contra Siria buscan convencer al público (la “plebe”) del temor a la religión en vez de la obediencia sus actuales líderes árabes. Es la causa de que, a pesar de las protestas censuradas en los tres reinos árabes (Arabia saudí, Marruecos y Jordania), el mundo difícilmente ha podido ver (a causa de la censura, el aislamiento y la falta de atención de los medios occidentales) ninguna protesta substancialmente comparada a las de las repúblicas árabes. Una de las causas era que no había nadie para promover campañas bien financiadas y pagar las amplias sumas requeridas. (Tal vez con la excepción de Bahrein, y la posible influencia de Irán). Sin embargo, nada garantiza que una campaña contrahegemónica no tuviera éxito en estas monarquías árabes).

La acumulación de capital en los Estados del Golfo

Tras derrotar al rival clan Al-Rashid en 1921, la familia Al-Saud tiene el poder en la mayoría de la península arábiga. Su importancia regional se debe también al control de los lugares sagrados de la Meca y Medina, y su uso y alianza con el wahabismo, así como sus recursos petrolíferos y minerales. Sin embargo, los factores religiosos y económicos son evidentemente complejos y entrelazados, y abarcan una amplia red social. Esta combinación puede expresarse en lo que yo llamo “La ética saudí, el billete espiritual”, algo parecido a las tesis de de la ética protestante de Weber, que estaba tras la cumulación de riqueza en la Europa del norte.

Mediante la acumulación de capital en los Estados del Golfo en los años 70 (controlados por los angloamericanos mediante tratados que llevaron a un amplio número de árabes a ser bien económicamente dependientes (mediante los empleos en el Golfo), bien espiritualmente dependientes mediante el control de medios árabes, el boom del petróleo creó una nueva estratificación social en el mundo árabe. Como resultado, algunas sociedades árabes han sido dependientes y han tenido que aceptar la autoridad de la familia saudí y sus clanes. Estas élites son parte de las élites económicas dueñas de mayoría de valiosos proyectos energéticos, activos y propiedad en Occidente, incluyendo Harrods, equipos de fútbol, propiedades en los Campos Elíseos y sociedades con Rupert Murdoch, por mencionar solamente unas pocas.

El reciente descubrimiento de que los árabes quieren libertad está principalmente favorecido por algunos medios informativos árabes y occidentales, que son en sí mismos extensiones de políticas que tienen sus propios objetivos económicos, estrategias y tácticas. Las campañas en los medios, dirigidas por neoconservadores capitalistas, sionistas tales como Bernard-Henri Levy, agresivamente al servicio de Israel y que tiene una fuerte afinidad con el judaísmo fundamentalista, tienen como único objetivo separar a los árabes de sus riquezas y recursos, mientras, al mismo tiempo, se les engaña.

Esto se consigue mediante la doble estrategia de fabricar narrativas separadas para dos segmentos separados de la población. Para el religioso, la corrupción está asociada con la ausencia de fe, mientras que para la nación islámica venden el sueño muy atractivo de libertad y justicia. Naturalmente, cada individuo interpretará esto de acuerdo con su propia educación, socialización, politización, normas y valores. Mientras todos pueden encontrarse en la calle, los islamistas creerán en las normas islámicas como solución, los liberales recordarán a Jean Jacques Rousseau, la “separación de poderes” de Montesquieu y la Revolución Francesa, los marxistas a la Revolución bolchevique de 1917 y la lucha de clases, y los maoístas la Revolución Cultural o el nasserismo (después de todo, cuando un grupo de oficiales egipcio armados dieron un golpe durante la revolución de 1952, Mao Tse-Tung declaró que “la lucha contra la corrupción y el derroche es un tema que atañe a todo el partido” (30 de noviembre de 1951), y por consiguiente encaja en la lucha contra la corrupción los regímenes árabes. Mientras, los que sueñan con Castro y Che Guevara montarán barricadas en las calles en un punto muerto de la lucha contra las fuerzas de seguridad estatales.

De hecho, todos estos valores son imposibles en el mundo árabe, y los liberal-sionistas lo saben. La realidad es que a causa del control social y de la manera en que las sociedades árabes han sido socializadas en el último siglo (incluyendo el impacto de la herencia colonial) y a causa de las riquezas el islam wahabí ha disfrutado de los ingresos petrolíferos, las otras ideologías, excepto la facción islámica, harán muy pocos progresos, excepto asegurar la victoria de los movimientos religiosos.

Ciertamente, el mundo árabe ha sido heterogéneo, si bien discretamente. La religión ha dominado incluso en estados como Jordania en donde durante décadas los islamistas controlaban la mayoría de las carreras académicas. Por ello en cada uno de los estados árabes que han tenido movilizaciones, y especialmente en Egipto, hay una fuerte lucha de poder en torno a la Constitución. Los Hermanos Musulmanes y los salafistas ganaron la mayoría de asientos en las elecciones parlamentarias, el primer presidente democráticamente elegido, Mursi (elegido solo por una cuarta parte de los ciudadanos), es miembro de los Hermanos Musulmanes. La mayoría de los poderes están trabajando en pro de la promulgación de una Constitución basada en una interpretación de la shariá. En su “Morfología del Estado”, Aristóteles sugiere que existe la necesidad de “considerar no solo que Constitución es la mejor, sino cuál es viable y más fácilmente accesible”. A los ojos de los fundamentalistas religiosos, estas leyes pueden ser las de la shariá, aunque ahora está funcionando una solución para las élites dirigentes occidentales.

Con sus intereses económicos asegurados mediante los medios controlados por las élites religiosas, se verán beneficiados a su vez por sus propios centros de poder social, económico y político, y un nuevo grupo de hombres de negocios surgirá de los círculos y las clases de las élites religiosas. Los grupos religiosos verán también aumentar su participación económica de forma paralela a su participación política. En la medida en que esto beneficia su lucha política, algunos lo verán como una práctica permitida, dentro o fuera del marco de la banca islámica. La división social, sin embargo, permanecerá o se ampliará, y la única diferencia será que los nombres han cambiado. En vez de un “Mubarak”, habrá otro (pero tal vez ahora con barba), y estos cambios aparentes simplemente mantendrán el control político.

Las poblaciones afectadas son aquellas que se conocen como “minorías”, principalmente árabes cristianos (alrededor de 30 millones en el mundo árabe), musulmanes seculares (sunníes y chiítas) y otros. En Egipto, Mohammad Zawahiri (hermano del dirigente de Al-Qaeda Ayman Zawahiri) ya ha declarado que los cristianos egipcios deberían pagar una tasa como “dhimmis” (infieles), o abandonar Egipto. Y si rehúsan, ha sugerido que sean obligados a ello.

Un ejemplo de movilización de la población a través de la religión en los medios ha sido el adoptado por el propio monarca saudí. Durante el Ramadán de 2012 Abdallah de Arabia saudí y su heredero lanzaron una campaña de financiación supuestamente en ayuda del pueblo sirio, como decía el slogan. Esta campaña estaba basada en las normas morales islámicas y en el sentido de comunidad, especialmente aquellos más destacados en el mes sagrado del Ramadán. Aunque vendía a su pueblo mensajes de comunidad y compasión, estas campañas tenían propósitos políticos locales y regionales. Una campaña similar que fuera lanzada por Siria en pro de la liberación de las mujeres saudíes, y la necesidad que tienen de conducir, es inimaginable.

Apropiadamente, los liberales goebbelsianos que se alinean con estos jeques han intentado hasta ahora engañar a parte de la opinión pública árabe, manufacturando un consenso contra el gobierno sirio, desviando a otros lugares el calor de sus propias “calles”. Aunque ellos mismos se adhieran a las creencias y normas más arcaicas respecto a la libertad y la democracia, instigan a las masas contra Siria que está, en términos de normas sociales como las libertades para la mujer, los derechos de las minorías religiosas, libertades personales e igualdad de oportunidades, mucho más cercana a los países occidentales liberales. De forma similar a como los regímenes árabes quisieran reunir su opinión pública en apoyo de los palestinos, los regímenes del Golfo están usando el falso argumento de que están en contra de la opresión de los sirios por parte de su propio gobierno para alinear a sus “calles” contra Siria. Y ello pese al hecho de que están a años luz de Siria en términos de libertad y democracia.

Los gobiernos occidentales no son partidarios de las democracias liberales en el Tercer Mundo. Tratan con aquellos gobiernos que ostentan los peores datos de derechos humanos, y solamente cuando esto supone un beneficio financiero para ellos. Como en julio de 2008, cuando Nicolas Sarkozy y el actual archienemigo de Siria, el Emir de Qatar, formaron con el liderazgo sirio la “Unión Mediterránea”, algunos gobiernos europeos pensaron que ellos también se beneficiarían económicamente de la crisis en el mundo árabe. Sucede especialmente cuando tienen el apoyo de los ricos países del Golfo, y creen que, de alguna manera, pueden disminuir la crisis económica a la que se enfrentan.

En algunas partes de Siria el personal de seguridad ha disminuido desde marzo de 2011, y el gobierno central no siempre se ha destacado por su conducta moral. Sin embargo, como parte de una estratégica campaña política, los medios están intencionadamente mintiendo sobre la situación en Siria. Instalan el miedo entre el público y simulan una exagerada preocupación por los daños y la pérdida de vidas. Así construyen una narrativa, que facilita y justifica el aumento de ayuda a los grupos armados, separatistas, terroristas y mercenarios. Los mismos medios describen al gobierno sirio como el único responsable de la violencia, cuando de hecho aquellos que reclutan, pagan y proporcionan armas a individuos fácilmente maleables, parados y necesitados son sus propios responsables.

La guerra sicológica contra Siria

Hay dos culpables principales del incremento en los daños: la mentira y el silenciamiento de cualquier voz opositora. Con sus aliados árabes, la OTAN desconectó la señal de la conexión por satélite del canal sirio Al-Dunia. Otras acciones de terror vía satélite probablemente incluyeron el pirateo por parte de la CIA de la cuenta en Twitter de Al-Dunia, para difundir desinformación sobre una falsa retirada del ejército sirio. El mismo satélite árabe que Siria ayudó a financiar tras la pérdida de la segunda parte de Palestina en 1967 está ahora siendo usado contra ella por los antiguos reinos del Golfo.

Este satélite se está empleando ahora en el conflicto sirio, pero contra Siria, extendiendo desinformación por parte de los canales propiedad de los países del Golfo, difundiendo miedo y pánico sobre la inestabilidad económica en Siria. Los medios se usan y manipulan como cobertura de la incitación al terrorismo de la oposición siria, y también para obtener ayuda económica. Son los mismos medios que presentan los blanqueados y “heroicos” logros de los rebeldes y, si es necesario, pintan las pérdidas que sufren como masacres.

De forma nítida, los medios occidentales y árabes solo disponen de una opción: tragarse desinformación de fuentes de escasa confianza, y que luego bombean al público. Las historias de masacres cometidas por el gobierno sirio son, a efectos de propaganda, justificaciones de intervenciones extranjeras, y la imagen dominante es la de un noble Occidente que viene a salvar una nación del Tercer Mundo incapaz, oprimida por la tiranía de un varón opresor y chauvinista. Eso exactamente lo que sucedió en Libia. Sin embargo, una minoría de los medios árabes se oponen al plan, y otra minoría están a medio camino. Los medios árabes están en su mayoría, directa o indirectamente, en las manos de los Estados del Golfo, en tanto que cualquier otro periodista o bien opera discretamente a sueldo de estas fuerzas o se ve totalmente vetado, y le resulta imposible captar las trágicas ramificaciones de lo que sucede en el mundo árabe. Los valores antibelicistas de la “Madre Coraje” de Bertolt Brecht no son precisamente los más preciados en los planes de algunos ricos Estados petrolíferos, porque esos valores pueden poner aún más al descubierto la dicotomía entre religión y guerra económica.

Fuente: https://www.deliberation.info/dismembering-the-arab-world/

Los Cascos Blancos publican otro vídeo falso en internet

De nuevo los Cascos Blancos vuelven a ser objeto de toda clase de críticas después de haber publicado en internet un falso vídeo de un rescate en Siria.

El vídeo de YouTube mostraba a dos miembros de los Cascos Blancos intentando ayudar a un hombre enterrado entre los escombros y que, de repente, vuelve a la vida. El hombre es sacado de los escombros y evacuado.

El vídeo de la falsa operación de rescate lo puso por vez primera en la red la Oficina Mediática de las Fuerzas Revolucionarias de Siria (RFS), un medio vinculado a la oposición anti-Assad.

Tras una serie de reacciones contrarias, la RFS tuvo que quitar el vídeo de YouTube, pero ya era demasiado tarde. Entre los internautas el vídeo ha creado la sospecha de que otros parecidos de la misma organización también sean falsos.

La denuncia ha recorrido las redes sociales. Los mensajes en Facebook y Twitter destacan la cooperación entre los Cascos Blancos y el Frente Al-Nosra, así como la financiación de los primeros por parte de Estados Unidos y otras potencias imperialistas.

A principios de mes, un periodista sirio, Abbas Yomeh, demostró que las imágenes de una niña siria que los Cascos Blancos afirmaron haber rescatado eran falsas. El periodista publicó tres imágenes de una misma niña pequeña que mostraban el supuesto rescate por parte de los miembros de los Cascos Blancos de esta menor en tres diferentes localizaciones, poniendo así de manifiesto las mentiras de la organización en lo que se refiere a sus supuestos rescates en Siria.

En su página de Twitter, el periodista sirio colocó tres imágenes distintas de la niña que fue supuestamente rescatada por los miembros de los Cascos Blancos en los tres diferentes sitios. “Los actores de los Cascos Blancos rescatan a una chica en tres lugares diferentes ¿No pueden desempeñar su papel de una forma mejor en este escenario?”, preguntó Abbas Yomeh.

El domingo la periodista Vanesa Beeley, que investiga de cerca el fraude de los Cascos Blancos, dijo que no son una organización independiente, a pesar de sus afirmaciones, y señaló que recibían apoyo de varios estados occidentales que respaldan a los grupos terroristas en Siria.

“Los Cascos Blancos no son una organización independiente. Trabajan para los intereses de los países occidentales que apoyan a los terroristas en Siria y reciben apoyo financiero de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania”, aseguró Beeley, señalando que este grupo recibe una amplia cobertura de los medios occidentales y algunos de sus miembros han sido incluso recibidos por el presidente de Francia, François Hollande, en el Palacio del Elíseo.

“Parece extraño que los Cascos Blancos actúen constantemente en las regiones controladas por el Califato Islámico, Fatah Al-Sham [Frente Al-Nosra] y sus grupos afines. Las imágenes tomadas en estas regiones muestran que los Cascos Blancos cooperan con los terroristas”, continuó Beeley. “No sólo ofrecen servicios médicos a terroristas sino que han sido filmados participando en la ejecución de un civil en Alepo y también trabajan para derrocar al gobierno sirio”, añadió la periodista. “Difunden vídeos en sus páginas de ejecuciones de soldados y civiles sirios”.

La ONG ha sido nominada para el Premio Nobel de la Paz. Algunos internautas han dicho que, de ahora en adelante, también podrá ser también nominada para los Óscar de Hollywood, por sus impecables puestas en escena.

El turbio complot contra las milicias chiítas de Hachd Al-Chaabi en Tal Afar

Arshad Al-Salihi, del Frente Turcomano Irakí
A comienzos de este mes de noviembre un diputado irakí anunció un complot contra las milicias de mayoría chiíta Hachd Al-Chaabi (Unidades de Movilización Popular) en Tal Afar, en la frontera entre Turquía e Irak, acusando al gobierno turco de estar detrás del mismo.

La denuncia era falsa, pero muestra muy claramente el avispero de Oriente Medio. Las milicias Hachd Al-Chaabi se formaron inmediatamente después de la caída de Mosul en poder del Califato Islámico y están presentes en Tal Afar no sólo para intervenir en la batalla de Mosul sino porque dicha localidad es confesionalmente chiíta pero étnicamente turca. Una de las unidades de Hachd Al-Chaabi se reclutó en dicha localidad, situada a 50 kilómetros de Mosul.

A pesar de sus raíces turcas, el ejército turco desplazó dos batallones a dicha localidad para atacar a Hachd Al-Chaabi, según el parlamentario irakí. El gobierno central de Bagdad considera dicha maniobra de Turquía como una forma de apoyo al Califato Islámico.

El asunto es bastante más complejo. La localidad tenía 350.000 habitantes cuando tras Mosul cayó también en manos del Califato Islámico en junio de 2014. La mayor parte de su poblacion tuvo que huir de sus casas. En aquel momento todos se desentendieron de la suerte de aquellos refugiados, incluidos el Gobierno Regional kurdo y el turco, ambos en muy buenas relaciones mutuas.

Es posible que hubiera otro motivo adicional: el “ministro de la guerra” del Califato Islámico era entonces Abu Muslim Al-Turkmeni, hoy fallecido. Había nacido en Tal Afar, había sido miembro del servicio secreto de Saddam Hussein y siempre estuvo en estrecho contacto con el MIT, el servicio secreto turco.

Los chiítas turcomanos lo intentaron todo. Viajaron a Erbil para pedir ayuda al Gobierno Regional kurdo. Incluso les ofrecieron integrarse dentro de Kurdistán, pero todo fue inútil. Erdogan les ofreció ayuda humanitaria, pero ellos necesitaban ayuda militar.

Recurrieron a los chiítas y a los iraníes, que fueron los únicos que se volcaron en su apoyo. Los turcomanos acabaron integrando una de las unidades de Hachd Al-Chaabi, que ahora vuelven a la localidad, no sólo para intervenir en el asalto a Mosul sino con la vista puesta en Raqqa, al otro lado de frontera con Siria.

La milicia chiíta trata de evitar que los yihadistas de Raqqa acudan en ayuda de sus colegas de Mosul y, al mismo tiempo, que de Irak se puedan replegar hacia Raqqa. Hasta ahora han logrado todos sus objetivos militares, por lo que ya sólo queda ver cómo quedan los políticos. ¿Cuál será el destino de Tal Afar?

En Irak los chiítas tienen una fama bien merecida de ferocidad. Han sido objeto de grandes matanzas y han respondido con la misma moneda. La agencia de presa kurda Bas News aprovecha esa fama para asegurar que Hachd Al-Chaabi ha ejecutado a civiles sospechosos de colaboracionismo con el Califato Islámico en Faluya y al sur de Mosul.

Lo mismo dice Erdogan en Turquía, que ha amenazado con intervenir si Hachd Al-Chaabi siembra el terror en Tal Afar. Lo que el presidente turco quiere dar a entender es que en dicha localidad los chiítas son un cuerpo extraño y no una parte de la misma población. Lo mismo ha repetido Shihli Shihli, el comandante de la Brigada Sultán Murad que participa en la Operación Escudo del Éufrates junto a las tropas turcas que ocupan el norte de Siria.

Muy oportunamente el portavoz de las unidades turcomanas de Hachd Al-Chaabi ha respondido a Erdogan con una pregunta: “¿En dónde estaba Turquía cuando en 2014 fuimos atacados?”

El rumor desatado sobre el supuesto ataque de Turquía a las milicias Hachd Al-Chaabi resume muy bien que tanto en Irak como en Siria no hay ningún litigio confesional, ni nacional, ni territorial. No hay más que una batalla política. Eso explica que en Irak los turcos y los kurdos sean uña y carne, mientras que en Turquía ocurre todo lo contrario.

Eso es también lo que explica que en Irak los turcos y los turcomanos estén enfrentados, mientras que en Siria ocurre todo lo contrario.

Por cierto, el viernes esta milicia chiíta capturó el aeropuerto de Tal Afar que estaba en poder del Califato Islámico.

Oriente Medio siempre pulveriza todas las ‘geoestrategias’

A medida que la guerra imperialista se propaga, la palabra “geoestrategia” está en boca de todos porque es uno de esos términos que viste cualquier artículo de manera muy elegante, sobre todo si encabeza un titular. Pero tal “geoestrategia” y toda su familia semántica (“geopolítica”) no existe, ni ha existido nunca, porque las clases, las lucha de clases, las batallas políticas y las guerras no dependen de la geografía, sino al revés.

Oriente Medio es el mejor ejemplo de eso. El mismo que inventó la geoestrategia, Alfred T. Mahan, es el inventor del término “Oriente Medio” con la acepción que hoy tiene. Por cierto, Mahan nació en West Point a mediados del siglo XIX y era almirante del ejército de Estados Unidos. Si tuviéramos la oportunidad de poner los mapas de Oriente Medio uno detrás de otro desde entonces, nos daríamos cuenta de que cada uno de esos mapas no se dibujó siguiendo las costas, las montañas o los ríos sino siguiendo rutas comerciales, intereses políticos y guerras sin cuartel.

La geografía, pues, tiene más relación con la historia (con el materialismo histórico) que con la geología (que también es histórica, por cierto) y es tan parcial como cualquier otra historia. Lo que hoy llamamos Oriente Medio no es más que la manera en que el imperialismo ha mirado una región muy amplia del mundo que acaba en el Extremo Oriente, o sea, en el Pacífico, a diferencia del Cercano Oriente (al que han hecho desaparecer del mapa) y de Oriente Medio.

El almirante Mahan recurre a la expresión “Oriente Medio” en 1902 como consecuencia de la entrada del capitalismo en su fase imperialista, propiciado por la que entonces era la potencia hegemónica, el Imperio Británico. Se llamó así porque era una región que estaba a medio camino entre Londres y la “joya de la Corona”, la India, a su vez la plaza fuerte desde la que se podía controlar el continente asiático.

Cuando Mahan utiliza dicha expresión (“Middle East”) es para explicar el papel del Golfo Pérsico a la espalda del otro gran imperio de la época, el Otomano, y en la ruta hacia la India. Toda división es un instrumento de control y dominación, en este caso sobre Asia y sobre las rutas que conducían a ella. El dominador separa al Extremo Oriente, del Cercano y deja al tercero en el Medio.

Dado que la dominación es un fenómeno político, cambia en función de los cambios en la situación política internacional, lo que supone una redistribución de los mapas. Por ejemplo, hoy ya no se utiliza la expresión Cercano Oriente porque la misma se refería a las antiguas posesiones europeas del Imperio Otomano, es decir, que era una región que empezaba en Austria y alcanzaba los Balcanes, una región que hoy consideramos como parte de Europa, la del este, cuyo objetivo principal era el control del Mediterráneo, aunque siempre como una parada intermedia en la ruta hacia la India.

En dicha ruta, el Imperio Otomano era un tapón que desplazaba Oriente Medio hacia otro Imperio, el Persa, que controlaba el Golfo de su mismo nombre. Tanto en aquella época como en la actual, el comercio internacional viajaba en barco y los mapas comenzaron a cambiar con la construcción del Canal de Suez en 1869, creando eslabones que empezaban en Gibraltar y acababan en ese rosario de taifas del Golfo Pérsico (Kuwait, Bahrein, Qatar, Omán…) que corren en paralelo con el tendido del transiberiano, la red ferroviaria que otro imperio, el zarista, concluye en 1904.

Los mapas se volvieron a dibujar con la entrada del capitalismo en su fase actual, la Primera Guerra Mundial y la importancia creciente del petróleo. Cuando los países balcánicos se liberaron del Imperio Otomano, empezaron a ser Europa por vez primera, al tiempo que Turquía dejaba de serlo para formar parte de Oriente Medio. El Cercano Oriente desaparecía y los países árabes empezaron a figurar en los mapas porque los imperialistas los pusieron ahí para verlos con la nitidez que exigía la nueva situación.

Tras la Revolución de Octubre y el fin del Imperio Otomano ya no había otro imperialismo que el -a sí mismo- considerado como “occidental”. En 1917 los británicos toman Bagdad; a partir de entonces quien lleva las riendas del nuevo Oriente Medio eran esos “occidentales” que se lo reparten dibujando fronteras, creando unos países y borrando a otros del mapa. Tras la Gran Guerra el Foreign Office crea un departamento de Oriente Medio. A la conferencia de El Cairo, en 1921, la prensa la llamó “Conferencia de Oriente Medio”.

Con el desarrollo de las fuerzas productivas, el capitalismo, las clases y la lucha de clases siguieron redibujando mapas una y otra vez o, lo que es lo mismo, desatando guerras. Ocurrió con la llegada de los barcos de vapor, luego con los cables submarinos y después con los primeros oleoductos.

En 1850 un barco de vela tardaba cinco meses en llegar de Londres a Calcuta y cincienta años después el mismo recorrido tardaba 24 horas por un cable telegráfico. En medio de la arena, donde no había nada, se podían ver postes y tendidos de telegráficos que llegaban de Suez a Karachi atravesando el Mar Rojo, tanto por el aire como por el fondo de las aguas. El telégrafo no entendía de fronteras. En 1900 sólo el Imperio Otomano estaba surcado por 30.000 kilómetros de cables.

Egipto podía presumir de ser un país independiente, pero el Canal no le pertenecía, como tampoco le perteneció a Panamá el suyo. En el mundo hay países microscópicos, como los del Golfo Pérsico, bien porque hay feudalismo, o bien porque hay imperialismo, y finalmente por ambas cosas a la vez. Los valles, los lagos y los oasis cada vez dependen menos de la geografía y más de las fuerzas productivas, de los mercados y de las sociedades anónimas, que son los que dibujan las verdaderas fronteras y desencadenan las guerras.

Ahora la burguesía escribe tanto sobre “geopolítica” para ocultar la verdadera raíz de los problemas internacionales, que están en el imperialismo, que no figura en ningún mapa porque no es un país, sino una categoría científica que hay que aprender en los manuales de materialismo histórico.

¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?

John Bolton, un ladrón que ladra fuerte
Entre los rumores que corren por Washington está el que sitúa a John Bolton, uno de los doberman del imperialismo estadounidense, como nuevo secretario de Estado de Trump. Si eso se cumple, será una buena señal para entender el alcance que el nuevo gobierno quiere darle a su política en Oriente Medio.

La designación de Bolton hay que ponerla en relación con las declaraciones de Trump sobre Irán al Wall Street Journal el jueves de la semana pasada y, más en concreto, sobre su intención de revisar el tratado nuclear firmado en 2015 con el gobierno de los ayatollahs.

Es verdad que esas declaraciones -y otras- hay que leerlas despacio porque uno de los expertos en Oriente Medio  que subirán en el escalafón de la política exterior de Estados Unidos, Walid Phares, ha dicho a la BBC que se trata sólo de modificar algunos puntos de dicho acuerdo porque tal y como está ahora el nuevo gobierno no está dispuesto a aceptarlo. Otras declaraciones del propio Trump han matizado aún mucho más el rechazo.

Aunque a Bolton se le conoce como embajador de Estados Unidos en la ONU, de 2001 a 2004 fue subsecretario de Estado encargado del control de armamentos. Era el mamporrero de Dick Cheney, verdadero artífice del gobierno de la Casa Blanca en la etapa de Bush hijo, opuesto al acuerdo nuclear con Irán y, posiblemente, a cualquier clase de acuerdo con Teherán.

En Washington determinados círculos influyentes consideran -con razón- que la Guerra de Siria ha resultado un verdadero desastre en comparación con los objetivos que perseguían, habiendo salido Rusia e Irán como ganadores de ella… y de la de Irak. La elección de Bolton como secretario de Estado inclina a pensar que Irán sigue siendo la preocupación primordial del imperialismo en Oriente Medio.

Junto con Cheney, el perro de Bolton fue de los que propuso bombardear Irán junto con Israel y, al fracasar el plan de ambos, le enviaron a la ONU. Aunque este capítulo está bastante lejos de haberse esclarecido, da la impresión de que el plan era hacer en Irán lo que Bush hizo en Irak con una excusa parecida: armas de destrucción masiva y armamento nuclear, o dicho de otra manera: Irak se convirtió en la víctima propiciatoria de un plan que los imperialistas habían urdido para Irán.

La oposición a un ataque contra Irán procede del Pentágono que, paradógicamente, hace tiempo que se viene oponiendo a los planes de la diplomacia, como ya explicamos en otra entrada. Sin embargo, hay un plan intermedio: provocar una crisis con Irán -otra más- para sabotear la aplicación del acuerdo. No el acuerdo mismo sino “sólo” su aplicación.

¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?

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