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La OTAN traslada a los yihadistas chechenos de Siria a Ucrania

Hace unos años empezaron a aparecer mercenarios sirios en guerras, como las de Libia y Azerbaiyán. Pocos prestaron atención a los yihadistas extranjeros en Siria, como los chechenos. Sin embargo, su reciente salida de Siria para luchar contra Rusia en Ucrania ha sorprendido.

Los chechenos estuvieron entre los primeros mercenarios extranjeros en unirse a la agresión contra Siria. La primera unidad chechena en Siria la formó en 2012 Omar Al Shishani, un comandante que se convirtió en ministro de guerra del Califato Islámico al año siguiente.

Además de unirse a grupos como el Califato Islámico y Jabhat Al-Nusra, predecesor de Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), los mercenarios chechenos formaron sus propias unidades. Entre ellos destacafron Junud Al-Sham, dirigido por Murad Margoshvili (más conocido por su nombre de guerra, Muslim Al-Shishani), y Ajnad Al-Kavkaz, dirigido por Abdul Hakim Al-Shishani (cuyo verdadero nombre es Rustam Azhiev).

El número de mercenarios chechenos en Siria no se conoce con exactitud. Fuentes locales dicen que ahora sólo hay unos cientos, pero que en algún momento hubo varios miles.

Los chechenos ya no son bienvenidos en el noroeste de Siria. El alto el fuego negociado por Turquía y Rusia en marzo de 2020 hizo que los mercenarios extranjeros en las zonas controladas por los yihadistas pasaran a ser una amenaza, cuando no un lastre.

HTS, que gobierna de facto la región, está expulsando a los chechenos. Para consolidar su control sobre la última región bajo dominio yihadista, HTS lleva años cooptando sistemáticamente a las unidades armadas de su territorio y eliminando a las que se resisten. El grupo primero atacó a facciones rivales, como Ahrar Al-Sham, antes de ir a por cualquier grupo que no doblara la rodilla.

Algunas organizaciones, como Ajnad Al-Kavkaz, tomaron el camino más fácil y suspendieron sus operaciones desde el principio, mientras que otras, como Junud Al-Sham, se resistieron inicialmente y sólo se sometieron cuando la amenaza de un enfrentamiento directo con HTS se hizo inminente. En cualquier caso, a los mercenarios chechenos no se les permitió luchar contra Rusia, que fue la razón por la que se desplazaron a Siria.

Varias condiciones hicieron de la guerra en Ucrania una alternativa atractiva para los mercenarios chechenos.

En primer lugar, Ucrania permite a los chechenos enfrentarse directamente a Rusia. De hecho, el deseo de los chechenos de luchar contra Rusia es más apremiante que las diferencias religiosas e ideológicas que mantienen con el gobierno ucraniano.

En segundo lugar, la actitud acogedora de Ucrania hacia los mercenarios extranjeros ha facilitado la reubicación. A diferencia de 2014, tras el Golpe de Estado fascista, ahora el gobierno ucraniano está más dispuesto a cooperar con los mercenarios extranjeros, incluidos los chechenos, curtidos en la lucha contra las tropas rusas en frentes calientes.

Por último, según Abdul Hakim Shishani, el gobierno ucraniano considera a los yihadistas chechenos como aliados y les permite establecerse legalmente. Los mercenarios chechenos incluso han firmado un acuerdo con el gobierno ucraniano para crear una brigada exclusivamente chechena que depende directamente del Ministerio de Defensa.

La presencia de mercenarios chechenos en Ucrania ha facilitado la entrada de otros chechenos en el país. La experiencia de Abdul Hakim demuestra que pudo viajar desde Turquía con la ayuda de chechenos que ya estaban sobre el terreno. Para aumentar aún más su fuerza, las brigadas chechenas están intentando persuadir al gobierno ucraniano para que facilite la entrada de más yihadistas procedentes de Siria y Turquía, entre otros países.

La afluencia de mercenarios chechenos a Ucrania animará probablemente a otros grupos yihadistas de Siria a hacer lo mismo.

Como en Siria, la decisión de los mercenarios chechenos de ponerse del lado de Kiev demuestra su disposición a alinearse con cualquiera, siempre que Rusia sea el enemigo.

—https://asiatimes.com/2023/03/with-russia-in-their-sights-chechens-depart-syria-for-ukraine/

El terremoto baraja de nuevo las cartas en Oriente Medio

Indecencia… 44.000 muertos. Apenas unos días después del desastroso terremoto que ha sacudido Turquía y Siria, a su vez ya sumida en doce años de guerra, algunos periodistas, impulsados sin duda por sus finas almas occidentales de “derechos humanos”, se atreven a soplar sobre las brasas de una polémica chocante contra los regímenes turco y sirio.

Mientras Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Jordania, Rusia, Irán, Irak, Argelia, Omán, China y, más recientemente, Arabia Saudí, enviaban rápidamente suministros de socorro sin tener en cuenta la situación política de la región, la ONU no pudo convocar al Consejo de Seguridad con la suficiente antelación para enviar a Martin Griffith, el Representante Especial, al lugar de los hechos, mientras menguaba la esperanza de encontrar supervivientes bajo los escombros. Algunos países europeos dieron largas al asunto, presas del pánico ante la idea de verse obligados a negociar con Bashar Al Assad, el enemigo, tratado del mismo modo que el Califato Islámico.

Italia se atrevió a romper el bloqueo y enviar un carguero al puerto de Beirut para hacer llegar lo antes posible la ayuda necesaria para las urgencias de los socorristas sobre el terreno. Francia contribuiría más tarde enviando un hospital de campaña a Turquía.

¿Qué tiene de chocante la petición del presidente Assad de coordinar la ayuda internacional? Es fácil imaginar que no confía ciegamente en los “Cascos Blancos”, una organización humanitaria que trabaja en la provincia de Idleb, para ayudar a los “rebeldes”, es decir, a las milicias de Hayat Tarhir Al Sham, el Frente Al Nosra y otros grupos yihadistas, cercanos a Al Qaeda y al Califato Islámico, que fueron el arma de los occidentales para intentar acabar con el gobierno de Damasco, y que, además, actualmente intentan impedir que los camiones de la ONU lleven ayuda desde Damasco a la región.

Mientras, 65 civiles sirios y 7 soldados acaban de ser asesinados por estos miembros de Califato Islámico, sumando así desgracia a desgracia. Es cierto que 10 de ellos habían logrado milagrosamente escapar de su prisión. Según el periodista Simon Hersh, acusado de conspiración por todos aquellos a quienes molesta esta versión, los “Cascos Blancos” estaban sin duda detrás de la operación de falsa bandera sobre las armas químicas en Gutha, para acusar al gobierno sirio.

Y como si esta desgracia no fuera suficiente, Israel envió algunos misiles sobre Damasco, causando aún más víctimas.

Después de semejante catástrofe, un poco de humanidad, un poco de realismo político, habrían sugerido que París intentara reanudar los contactos con Damasco; según las palabras del periodista Georges Malbrunot, un acercamiento habría sido considerado por el presidente Macron, entonces desmentido, aunque había reconocido en 2017 “que aún no se le había presentado un sucesor de Bashar Al-Assad”.

¿Qué decir de la polémica en torno a las imágenes del presidente sirio y su esposa, Asma, en los hospitales de Alepo, acusados de recuperación política?

Aunque podría pensarse que el levantamiento de las sanciones impuestas a Siria en virtud de la “Ley César” parece evidente, algunos siguen prefiriendo explicar que no afectan a la labor humanitaria, sin dudar en hacer juegos de palabras. China ha aprovechado obviamente para pedir su levantamiento inmediato. En cuanto a la solidaridad de los países árabes, ha sido ejemplar y podría compensar los efectos devastadores de su implicación en la guerra.

Erdogan, cuyo país vive el apocalipsis, tampoco ha escapado a las críticas de los medios occidentales sobre la mala construcción de los edificios derrumbados.

Esta tragedia podría haber empujado a Occidente a un poco de humildad, de decencia; podría haber sido la ocasión para hacer un “mea culpa” sobre nuestra política en Oriente Próximo, donde sólo hemos sembrado desesperación, miseria y atizado conflictos étnicos.

Pero no. El campo del mal se ha convertido así en el campo del bien.

El acercamiento entre Erdogan y Assad, ya iniciado por los servicios de ambos países, se acelerará sin duda, para gran disgusto de Estados Unidos y de la OTAN, que tratarán de hacer todo lo posible por impedirlo.

El presidente turco, enfrentado al problema de los refugiados y de los kurdos del PKK, tras una década de derramamiento de sangre en Siria a cambio de nada, también podría tratar de hacer salir un “bien” de un “mal”.

En su deseo de seguir siendo el “pivote” entre Occidente y Oriente, y de mantener un pie en la OTAN, habrá conseguido mantenerse neutral en el conflicto ucraniano, manteniendo buenas relaciones con ambas partes, después de haber intentado mediar para ponerle fin.

Europa, y especialmente Francia, en su persistencia en negar sus errores, sumida ya en sus contradicciones en la Guerra de Ucrania, por miedo a correr el riesgo de enfadar a Washington, corre así el riesgo de quedar marginada y pagarlo caro.

Patricia Lalonde https://geopragma.fr/turquie-syrie-un-seisme-qui-rebat-les-cartes-au-moyen-orient/

De la diplomacia de las catástrofes naturales a la batalla de los terremotos

Desde Grecia ofreciendo ayuda al enemigo turco y Armenia abriendo sus fronteras con el mismo enemigo histórico, pasando por las llamadas telefónicas del presidente egipcio Al-Sissi y del rey Abdalá II de Jordania al presidente Bashar Al-Assad, hasta el aterrizaje del avión saudí en Alepo, etc., las líneas de demarcación se están rompiendo a un ritmo acelerado según el concepto que los especialistas denominan “diplomacia de las catástrofes”.

Se trata de una diplomacia basada en el principio de superar las rencillas y diferencias ante el horror de una catástrofe natural, y luego aprovechar esta superación para lograr una situación mejor y sostenible sin desenterrar los hechos del pasado. Sin embargo, el terremoto que sacudió Siria y Turquía en la madrugada del 6 de febrero pasará a la historia como el primer fenómeno de lo que podría denominarse las “batallas de las catástrofes naturales”.

Mientras un gran número de sirios recuperaban los cuerpos maltrechos de sus seres queridos de debajo de los escombros y todos los sirios se enjugaban las lágrimas para correr en ayuda de sus hermanos, una brillante idea se estaba gestando en las mentes de los expertos de la OTAN. La idea de explotar el terremoto para conseguir lo que no pudieron obtener durante los años de guerra y asedio. En otras palabras, han decidido librar la “batalla del terremoto” en lugar de practicar la diplomacia de las catástrofes naturales.

Una voluntad claramente manifestada en los últimos días en el marco de una vasta campaña mediática y diplomática dirigida por el Occidente colectivo con el único objetivo de obligar al “régimen” sirio a aceptar, bajo la presión de una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU, la apertura de pasos adicionales con Turquía, además del paso abierto en Bab Al-Hawa.

Es importante recordar que la cuestión de los pasos fronterizos se remonta a julio de 2014, cuando el Consejo de Seguridad adoptó por unanimidad la Resolución 2165 presentada por Jordania, Australia y Luxemburgo. En la práctica, permite a las organizaciones humanitarias de la ONU y a sus socios entregar ayuda a través de las fronteras de Siria sin el consentimiento del Estado sirio.

“La resolución 2165 ha abierto cuatro pasos sin que el régimen sirio tenga que aprobar el acceso humanitario”, declaró encantada Samantha Power, la representante estadounidense, mientras Bashar Al-Jaafari, el representante sirio, acusaba a algunos Estados miembros del Consejo de Seguridad de utilizar la ayuda humanitaria para poner en práctica sus agendas expansionistas en Siria y Oriente Próximo.

A lo largo de los últimos años de guerra despiadada, la campaña maliciosa del Occidente colectivo se ha centrado en el aspecto humanitario para justificar la violación de la soberanía siria. Sin embargo, entre 2014 y 2023 la situación ha cambiado tanto dentro de Siria como a escala internacional. Esto permitió a Damasco, con el apoyo del aliado ruso, lograr una serie de éxitos diplomáticos, empezando por la resolución de mantener abierto un único paso fronterizo en la frontera turca, el de Bab Al-Hawa, no lejos de Idleb, y luego reducir la validez de esta resolución de 12 a 6 meses.

Con la adopción de la Resolución 2165 en 2014, y sus sucesivas renovaciones, el Consejo de Seguridad estableció un mecanismo transfronterizo que permitía a las agencias de la ONU y a sus socios utilizar los pasos de Bab Al-Salam, Bab Al-Hawa (ambos de Turquía), Al-Ramtha (de Jordania) y Al Yarubiyah (de Irak), para entregar ayuda humanitaria, sin el consentimiento de Damasco. Sin embargo, el mecanismo se redujo considerablemente en 2020 y 2021, con un único paso abierto, Bab al-Hawa (resoluciones 2504, 2533 y 2585), tras los vetos de Rusia y China.

La última prórroga de esta resolución sobre el paso fronterizo de Bab Al-Hawa fue adoptada por el Consejo de Seguridad el 9 de enero de 2023 sin sobresaltos y en calma; algunos observadores atribuyeron este hecho al enfrentamiento ruso-occidental en Ucrania, que prohibiría la apertura de nuevos frentes.

Entonces la tierra tembló y el terremoto se les apareció a los dirigtentes del Occidente colectivo como una oportunidad para volver atrás en el tiempo. Sobre todo desde que la magia se volvió contra el mago, al quedar al descubierto su práctica del doble rasero debido a su tibia respuesta a la catástrofe siria en comparación con su afán por ayudar a Turquía, y también, tras el descubrimiento de los desastrosos efectos de las sanciones y, más concretamente, de las medidas coercitivas unilaterales e ilegítimas contra Siria, sobre las posibilidades de supervivencia de las víctimas atrapadas en un clima gélido bajo los escombros.

Ante este hecho, se han alzado voces para exigir el levantamiento efectivo de las llamadas sanciones contra Siria. Voces procedentes de actores internacionales como Rusia y China, de asociaciones humanitarias, eclesiásticas, populares y mediáticas. Voces que se hacían eco del sufrimiento de los sirios, tanto en el mundo árabe como en el campo occidental, para oponerse a las sanciones internacionales y luego al levantamiento parcial y temporal anunciado por el Departamento del Tesoro estadounidense.

El 9 de febrero la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que forma parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, anunció la emisión de la Licencia General 23 (GL23) para Siria con el fin de “ayudar en los esfuerzos de socorro tras el terremoto”.

La licencia afirma: “La GL23 autoriza durante 180 días todas las transacciones relacionadas con la ayuda tras el terremoto que de otro modo estarían prohibidas… para que quienes prestan asistencia puedan centrarse en lo más necesario: salvar vidas y reconstruir… Los programas de sanciones estadounidenses no se dirigen a la ayuda humanitaria legítima… Esta nueva autorización se suma a las amplias autorizaciones humanitarias ya existentes para las ONG, las organizaciones internacionales (OI) y el gobierno estadounidense… Si bien el alivio de las sanciones por sí solo no puede revertir los desafíos estructurales de larga data y las tácticas brutales del régimen de Assad, puede garantizar que las sanciones no impidan la asistencia vital tras este desastre”.

El levantamiento de la prohibición de transferir fondos a Siria, tal y como se presenta en el artículo y el texto de la GL23, no se aplica al Estado sirio ni a ninguna de sus instituciones o sucursales, incluido el Banco Central Sirio, tampoco se aplica a ninguna empresa o asociación controlada por el Estado sirio, directa o indirectamente, dentro o fuera de Siria, ni a ninguna persona que trabaje para cualquiera de estas entidades.

La siniestra ironía del apartado (b) de la GL23, que amplía la prohibición de importar petróleo sirio y sus derivados a Estados Unidos, cuando este país y sus afiliados controlan el 90 por cien de los pozos petrolíferos de Siria. Gran parte del crudo robado se envía al norte de Irak, donde se vende a bajo precio, a veces hasta 15 dólares el barril. Después se refina y se utiliza localmente o se mezcla con petróleo local para ser comprado por Turquía, donde se consume una parte y otra se exporta a diversos destinos, entre ellos Israel. En otras palabras, Estados Unidos de América es la fuente del petróleo sirio robado, no el importador. A través de la GL23, Estados Unidos simplemente intenta salvar su imagen de defensor de los derechos humanos y absorber la creciente presión popular para que se levanten las sanciones o, más exactamente, el hermético bloqueo impuesto a Siria.

Occidente trató entonces de retomar la iniciativa humanitaria, bien a la manera de la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, que afirmó que las excavadoras de socorro no podían ser entregados a los sirios porque el “régimen ha cerrado las fronteras”, ignorando las consecuencias de las sanciones estadounidenses adoptadas por su país, o mediante el uso de la fuerza militar planeando un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad, que se adoptaría en virtud del Capítulo VII y obligaría al Estado sirio a abrir todos los pasos transfronterizos, de lo contrario es la guerra y, como mínimo, la continuación de la propaganda asesina.

El propósito de esta última maniobra en el Consejo de Seguridad es un nuevo chantaje dirigido a la soberanía siria bajo el pretexto humanitario de proteger esta vez a los sirios del noroeste del país de la ira de la naturaleza. El noroeste sirio está ocupado por Turquía y los terroristas del Frente Al-Nosra y compañía.

De ahí la propaganda que difunden los medios de comunicación, las redes sociales y los llamados “revolucionarios sirios”, tanto en Occidente como en cierto mundo árabe. Una propaganda inicua que equivale a decir: “las víctimas del terremoto son víctimas de Al-Assad, el Estado sirio no está capacitado para hacer frente a la catástrofe, unas veces por falta de voluntad, otras por falta de competencia y otras por ausencia de sentido de la responsabilidad”.

Lo anterior permite comprender la decisión adoptada por el gobierno sirio “de acuerdo con la ONU” y los departamentos implicados: la apertura de dos pasos fronterizos adicionales en Bab Al-Salam y Bab Al-Rai por un periodo de tres meses. Como resultado, los planificadores occidentales, que no esperaban tal medida, salieron decepcionados de la reunión del Consejo de Seguridad celebrada a puerta cerrada el 13 de febrero, en la que la parte rusa se apoyó en la decisión siria para decir, en esencia: “No hay necesidad de una resolución internacional”. El acuerdo del gobierno sirio de abrir dos pasos adicionales es suficiente. Se trata de territorio sirio reconocido por todos los miembros del Consejo de Seguridad, territorio sobre el que el Estado sirio tiene derecho a ejercer su soberanía.

Por lo tanto, gracias a un acuerdo bilateral entre el gobierno sirio y la ONU, Damasco ha desbaratado la trampa tendida por sus enemigos y ha logrado un doble objetivo. En primer lugar, apoyar la ayuda urgente a las poblaciones del noroeste de Siria preservando al mismo tiempo la soberanía del país de una resolución restrictiva y extremadamente peligrosa. En segundo lugar, dejar claro que el terremoto es una circunstancia excepcional que no puede sufrir la continuación de las sanciones occidentales ni el cierre continuado de ciertos pasos transfronterizos. En otras palabras: circunstancias excepcionales requieren procedimientos excepcionales.

Sólo podemos esperar las réplicas de la batalla del terremoto porque, ahora que Occidente ha perdido su batalla política, son previsibles tensiones adicionales. Y aún no hay rastro de una excavadora alemana que venga a rescatar a las víctimas sirias de la terrible tragedia…

Aktham Suleiman https://www.mondialisation.ca/syrie-de-la-diplomatie-des-catastrophes-naturelles-a-la-bataille-du-seisme/5675226

Estados Unidos libera a un yihadista británico que asesinó a cinco personas

La decisión de juzgar en Estados Unidos a uno de los miembros del grupo de los “Beatles”, afiliado al mal llamado Califato Islámico, pretendía encubrir sus anteriores vínculos con la inteligencia británica y su papel en acciones clandestinas para derrocar al gobierno de Siria.

En enero de 2023 los informes revelaron que Alexanda Kotey, conocido como “Jihadi George” y uno de los cuatro miembros británicos del Califato Islámico conocidos colectivamente como los “Beatles”, había desaparecido de la custodia de la Oficina de Prisiones de Estados Unidos (BOP).

El año pasado Kotey fue declarado culpable en un tribunal estadounidense y condenado a cadena perpetua por el secuestro de varios rehenes occidentales en Siria entre 2012 y 2015, entre ellos los periodistas James Foley, John Cantlie y Steven Sotloff, y los cooperantes Kayla Jean Mueller, Peter Kassig, David Haines y Alan Henning, la mayoría de los cuales fueron ejecutados posteriormente por el Califato Islámico.

Un portavoz de la Oficina de Prisiones se negó a proporcionar detalles sobre dónde se encontraba Kotey o por qué había sido trasladado, limitándose a decir que había “varias razones” por las que un detenido podía ser “retirado de la custodia de la Oficina de Prisiones”, entre ellas “audiencias judiciales, tratamiento médico u otras razones. No proporcionamos información específica sobre la situación de los detenidos que no están bajo custodia del BOP por razones de seguridad, protección o confidencialidad”.
Alexanda Kotey

Los vínculos del yihadista con la inteligencia británica

La negativa de los funcionarios del BOP a proporcionar detalles sobre el paradero de Kotey hace temer que pueda escapar a la justicia por sus delitos. Esto se debe a los vínculos previos de Kotey con la inteligencia británica, que trató de utilizar a extremistas islamistas radicados en Reino Unido como Kotey como delegados en la guerra de cambio de régimen encabezada por Estados Unidos en 2011 contra el gobierno sirio.

Los vínculos de Kotey con la inteligencia británica se ponen de relieve en los enrevesados esfuerzos para procesarlo tras su detención en 2018 por las FDS kurdas, respaldadas por Estados Unidos.

Aunque Kotey tiene nacionalidad británica, como tres de sus presuntas víctimas, Haines, Henning y Cantlie, las autoridades británicas insistieron en que Kotey y su compañero Elshafi Elsheij debían ser juzgados por tribunales estadounidenses y no británicos.

Una revisión de los acontecimientos que rodearon el caso de Kotey revela que procesar al londinense del oeste en Estados Unidos era necesario para evitar revelar sus vínculos y los de sus compañeros de los “Beatles” con la inteligencia británica.

Los británicos que crearon el Califato Islámico

Kotey viajó a Siria en agosto de 2012 con su compañero Muhammad Emzawi, conocido como “Jihadi John”, como parte de un “embudo terrorista” establecido por la inteligencia británica. A su llegada a Siria, Kotey y Emzawi se unieron inmediatamente a un grupo armado que luchaba contra el gobierno sirio, conocido como la Katiba Al-Muhajirin.

En noviembre de 2012 Emzawi participó en el secuestro del periodista estadounidense James Foley y del periodista británico John Cantlie cerca de la localidad de Binnish, en el noroeste de Siria.

Elshafi ElsheijKotey, Emzawi y Elsheij sirvieron posteriormente como carceleros de Foley, Cantlie y otros rehenes occidentales. Muchos miembros de la Katiba Al-Muhajirin -incluido el trío- contribuyeron después a sentar las bases del ascenso del Califato Islámico al unirse al grupo terrorista cuando se formó en abril de 2013.

Foley fue brutalmente asesinado por Emzawi en agosto de 2014. En una grabación de vídeo del asesinato, un Emzawi enmascarado y vestido de negro decapita a Foley, que estaba arrodillado en la arena del desierto con un mono naranja de prisión al estilo de Guantánamo. Sotloff, Haines, Hennig y Kassig fueron asesinados posteriormente, mientras que el destino de Cantlie sigue siendo desconocido.

Kotey y Elsheij fueron considerados durante mucho tiempo como preocupantes para los servicios de seguridad. Implicados en una red del oeste de Londres que desde hace tiempo abastecía los campos de batalla yihadistas con jóvenes británicos y creaba células terroristas en Reino Unido.

Según los documentos judiciales presentados en el caso de Kotey, éste intentó viajar por primera vez a Siria con otros tres británicos a través del túnel del Canal de la Mancha en febrero de 2012, pero le denegaron la entrada en la frontera turca y fue deportado.

Un mes después Kotey volvió a intentarlo, pero fracasó en su intento de llegar a Siria volando desde Barcelona. Regresó a Londres a través de la estación de St Pancras, donde la policía le detuvo por llevar una “navaja de muelle”.

En agosto de 2012 Kotey intentó por tercera vez viajar a Siria por tierra a través de Europa con Emwazi. La pareja fue detenida al menos dos veces durante el viaje de dos meses, aunque no estaba claro en qué países. Cada vez, al parecer, se les permitió continuar su camino.

Un portavoz de las FDS dijo que Kotey entró en Turquía en 2012 “a pesar de que la inteligencia turca conocía su historial yihadista”. Le concedieron una estancia de dos meses en Turquía, luego le permitieron viajar a Siria y entró en suelo sirio por el paso fronterizo de Bab Al-Hawa.

Tras años de lucha en la Katiba Al-Muhajirin y luego en el Califato Islámico, Kotey y Elsheij fueron detenidos por las FDS en 2018. Ese año el Califato Islámico había sufrido una derrota a manos del ejército regular sirio y sus aliados, por un lado, y de las fuerzas estadounidenses y kurdas de las FDS, por el otro. Los dos bandos (los leales y los kurdos apoyados por Estados Unidos) se disputaban entonces el control de las regiones productoras de petróleo y cereales del noreste de Siria. En cuanto a Emzawi, ya había muerto en un ataque aéreo estadounidense en 2015.

Cinco asesinatos, ocho secuestros y ninguna responsabilidad

En el momento de la detención de Kotey en 2018, la policía británica llevaba tiempo reuniendo pruebas de sus actividades terroristas. La Fiscalía le acusó a Kotey de cinco cargos de asesinato y ocho cargos de toma de rehenes en febrero de 2016, y emitió órdenes de busca y captura en su contra.

Sin embargo, una vez que Kotey fue detenido por las FDS, las autoridades británicas tomaron medidas legales extraordinarias para garantizar que no fuera devuelto a Reino Unido para ser juzgado, insistiendo en que fuera juzgado en un tribunal estadounidense.

Posteriormente, el Ministerio del Interior británico revocó la nacionalidad británica de Kotey, lo que dificultó su procesamiento en Reino Unido. Según Ken Macdonald, ex Director de la Fiscalía de Reino Unido, despojar a Kotey de su ciudadanía parecía un intento del gobierno de “eludir la responsabilidad de llevarlo ante la justicia”.

El ministro de Seguridad británico, Ben Wallace, dijo al Parlamento en julio de 2018 que Reino Unido no tenía pruebas suficientes para juzgar a Kotey y que la única opción era un juicio en Estados Unidos. Sin embargo, una fuente jurídica familiarizada con el caso afirmó que “los familiares británicos de los asesinados por los ‘Beatles’ habían sido engañadas por funcionarios del gobierno británico” y dijo que “si estos hombres no son enviados a Estados Unidos, podrán procesarlos”.

En 2018 The Telegraph informó de que, según una carta filtrada del ministro del Interior de Reino Unido, Sajid Javid, la Policía Metropolitana y el FBI habían estado investigando las actividades de Kotey en Siria durante cuatro años, “tomando más de 600 declaraciones de testigos en una investigación criminal que involucraba a otros 14 países”, y que había “inteligencia” que implicaba a Kotey en el “secuestro y asesinato” de dos británicos y tres estadounidenses.

El apoyo británico a los terroristas en Siria

Sin embargo, los funcionarios británicos hicieron bien en decir a los familiares de las víctimas que si Kotey y Elsheij no eran enviados a Estados Unidos, no podrían ser procesados. De hecho, la inteligencia británica había apoyado directamente a la Katiba Al-Muhajirin, el grupo armado para el que lucharon inicialmente Kotey, Elsheij y Emzawi durante el periodo en el que participaron en el secuestro y cautiverio de numerosos rehenes occidentales.

Dos intentos anteriores de condenar a ciudadanos británicos por terrorismo por su implicación en la Katiba Al-Muhajirin fracasaron por este mismo motivo, lo que ilustra el apoyo de los servicios de inteligencia británicos a los grupos armados.

El primero fue el juicio por terrorismo de 2015 contra el ciudadano sueco Bherlin Gildo, quien luchó en la Katiba Al-Muhajirin y más tarde para la filial oficial de Al Qaeda en Siria, el Frente Al-Nosra.

Tras abandonar la lucha, Gildo fue detenido durante su tránsito por el aeropuerto de Heathrow. Las autoridades británicas le acusaron de asistir a un campo de entrenamiento terrorista y recibir adiestramiento con armas entre el 31 de agosto de 2012 y el 1 de marzo de 2013, así como de poseer información que podría ser útil para un terrorista.

Sin embargo, el juicio por terrorismo fracasó “tras temerse un profundo bochorno” para los servicios de seguridad británicos. De hecho, como explicó el abogado de Gildo, “las agencias de inteligencia británicas apoyaban a los mismos grupos de oposición sirios que él”.

Otro ejemplo es el ex detenido de Guantánamo, Moazzam Begg, que también fue juzgado por cargos de terrorismo por ayudar a la Katiba Al-Muhajirin. Begg viajó a Siria varias veces en 2012 e impartió entrenamiento físico a los combatientes extranjeros del grupo en Alepo. Begg realizó su último viaje a Siria en diciembre de 2012.

Begg fue detenido por las autoridades británicas en 2014 y acusado de participar en un campo de entrenamiento terrorista. Sin embargo, fue puesto en libertad después de que funcionarios de inteligencia británicos del MI5 “entregaran tardíamente a la policía y a los fiscales una serie de documentos que detallaban los amplios contactos de la agencia con él antes y después de sus viajes a Siria”, y que mostraban que el MI5 había dicho que “Begg podía continuar sin trabas su trabajo para la llamada oposición en Siria”.

Estaba claro que cualquier juicio por terrorismo contra Kotey y Elsheij en Reino Unido fracasaría por las mismas razones que los casos anteriores, lo que no dejaría a las autoridades británicas otra opción que juzgarlos en Estados Unidos.

En una carta filtrada al Telegraph, el ex ministro del Interior Sajid Javid explicaba que “Reino Unido no tiene actualmente ninguna intención de buscar, ni de alentar activamente, el traslado de Kotey y Elsheij a Reino Unido para que sean procesados en el futuro en Reino Unido”. Demostrando que se sentía presionado por esta decisión, Javid escribió al destinatario de la carta: “Comprendo su frustración por este asunto”.

“A pesar de las repetidas garantías ministeriales de que los yihadistas británicos que viajen a Siria responderán ante los tribunales británicos, la carta del ministro del Interior revela la preocupación de que las leyes de este país puedan no ser lo suficientemente fuertes como para garantizar el éxito de los enjuiciamientos”, concluía el Telegraph.

Las leyes antiterroristas estadounidenses eran más eficaces. La legislación británica no era lo suficientemente sólida como para condenar a alguien por terrorismo por luchar con un grupo al que apoyaban los propios servicios de inteligencia británicos.

Un testigo del apoyo imperialista al Califato Islámico

A pesar de las afirmaciones de que no había pruebas suficientes para procesar a Kotey en Reino Unido, cualquier condena que hubiera prosperado en Estados Unidos se habría basado en las pruebas reunidas por los fiscales británicos, que debían compartir con sus homólogos estadounidenses.

Sin embargo, los funcionarios estadounidenses no habían dado garantías de que Kotey no se enfrentaría a la pena de muerte en caso de ser declarado culpable. Dado que la pena de muerte está abolida en Reino Unido, era contrario a la política británica de larga data proporcionar pruebas a los jueces estadounidenses que pudieran contribuir a una condena a muerte.

No obstante, el ministro del Interior Javid aprobó la entrega de pruebas contra Kotey y Elsheij a los fiscales estadounidenses después de que los dos fueran trasladados de la custodia de las FDS a Estados Unidos.

El miembro de la Cámara de los Lores Alex Carlile, antiguo revisor de la legislación antiterrorista, describió la disposición de Javid a aprobar eso como “un cambio radical de política por parte de un ministro, en secreto, sin ningún debate en el Parlamento”, y que “Gran Bretaña siempre ha dicho que transmitirá información e inteligencia, en los casos apropiados, siempre que no haya pena de muerte. Se trata de una política de hace décadas y no corresponde al ministro del Interior cambiarla”.

El 19 de agosto de 2014 el mal llamado Califato Islámico difundió un vídeo de la decapitación del periodista estadounidense James Foley, secuestrado por la organización terrorista en 2012 mientras cubría el conflicto en Siria. La espeluznante ejecución de Foley se ha convertido en una de las historias más seguidas de la guerra en Siria. El asesino de Foley, Mohammed Emwazi, conocido popularmente como “Jihadi John” por los medios occidentales, era un británico nacido en Kuwait.

Esto llevó a la madre de Elsheij a demandar al gobierno británico, temiendo que si su hijo y Kotey eran condenados en un tribunal estadounidense serían ejecutados. El caso llegó finalmente al Tribunal Supremo británico, que, según el New York Times, “dictaminó por unanimidad que la decisión del ministro del Interior británico de transferir datos personales a autoridades policiales extranjeras para su uso en procesos penales capitales sin ninguna salvaguarda, violaba una ley de protección de datos aprobada en 2018”.

El fiscal general de Estados Unidos, William Barr, aseguró tardíamente, en agosto de 2020, que Kotey y Elsheij no se enfrentarían a la pena de muerte, lo que permitió el intercambio de pruebas y la continuación de los procedimientos.

Escape del corredor de la muerte

El año pasado Kotey y Elsheij fueron finalmente declarados culpables y condenados a cadena perpetua. En aquel momento, el Washington Post explicó que era poco probable que Elsheij y Kotey fueran procesados, ya que en el momento de su captura “no estaba claro que pudiera celebrarse un juicio en Estados Unidos. Una acusación federal ha encontrado oposición en los más altos niveles de gobierno de ambos continentes”.

Aunque no está claro el motivo de la reciente desaparición de Kotey de la Oficina de Prisiones de Estados Unidos, la insistencia de las autoridades británicas en que él y su compatriota Elsheij fueran procesados por un tribunal estadounidense y no británico, y la reticencia de ambos gobiernos a juzgar a los dos terroristas del Califato Islámico, indican que los británicos deseaban ocultar su anterior apoyo a los extremistas que ayudaron a crear la organización terrorista.

Aunque se sabe que el Califato Islámico surgió en Irak, siguen apareciendo pruebas de que funcionarios de Londres y Washington desempeñaron un papel crucial en el ascenso del célebre grupo terrorista como parte de un esfuerzo más amplio para derrocar al gobierno sirio de Bashar Al Assad.

Guillaume Van Wagenen https://thecradle.co/article-view/20963/why-was-british-isis-member-jihadi-george-tried-in-a-us-court

El ejército canadiense participó en la matanza de decenas de inocentes en Irak y Siria

Al menos 7.000 civiles murieron en los ataques aéreos de la coalición que invadió Irak y Siria, y miembros del ejército canadiense formaron parte de un equipo estadounidense que está acusado de matar a decenas de inocentes en Irak y Siria.

Los detalles sobre el papel de las fuerzas especiales canadienses en el equipo, cuyo nombre en clave es Talon Anvil, siguen siendo secretos. Un soldado de las fuerzas especiales canadienses formó parte del equipo de 20 miembros en 2015, mientras que otros militares canadienses desempeñaron un papel de apoyo o fueron informados de sus actividades.

En 2021 el New York Times reveló que Talon Anvil fue responsable del lanzamiento de decenas de miles de bombas y misiles en Siria e Irak, pero mató a cientos de civiles en el proceso. Las temerarias acciones del equipo Talon Anvil, que operó entre 2014 y 2019, alarmaron a miembros del ejército estadounidense e incluso de la CIA.

Se eludieron las normas concebidas para proteger a los civiles. Según la investigación del New York Times, murieron personas que no tenían nada que ver con la guerra, como agricultores que intentaban cosechar, niños que jugaban en la calle, familias que huían de los combates y aldeanos que se refugiaban en los edificios.

Dos días después de que el periódico publicara el primero de varios artículos sobre Talon Anvil, el CANSOFCOM (Mando de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Canadá) expresó su preocupación por que se plantearan preguntas sobre su propia implicación en el equipo.

“¿Las acusaciones descritas en el artículo del NYT [New York Times] eran conocidas por la dirección de CANSOFCOM en aquel momento o han sido reveladas desde entonces?”, señaló un oficial en un correo electrónico al general Martin Gros-Jean.

Gros-Jean fue nombrado en 2020 para un nuevo cargo de comandante adjunto de apoyo, que supervisa la gestión diaria de las fuerzas de CANSOFCOM. El asesoramiento y la información facilitados a Gros-Jean se han suprimido completamente de los documentos. Las Fuerzas Armadas canadienses alegaron razones de seguridad nacional para ocultar la información.

Pero el ejército canadiense reconoció que un miembro de las Fuerzas Especiales canadienses formaba parte del Talon Anvil. El departamento no proporcionó detalles sobre el papel que desempeñaba el individuo en el equipo de 20 miembros, pero señaló que el soldado de las fuerzas especiales estaba integrado en el ejército estadounidense en ese momento.

Talon Anvil estaba dirigido por las fuerzas especiales estadounidenses conocidas como Delta. El CANSOFCOM mantiene una estrecha relación con Delta, así como con otras fuerzas especiales estadounidenses.

El soldado canadiense de las fuerzas especiales estuvo destinado en el Talon Anvil entre abril y octubre de 2015. “La dirección del mando de la CANSOF está al corriente de las acusaciones contra la unidad militar estadounidense, que fueron investigadas en su momento por las fuerzas estadounidenses”, añade el comunicado. “Como la investigación fue realizada por Estados Unidos, no tenemos información adicional que proporcionar”.

El New York Times informó de que sólo se está investigando un ataque aéreo del Talon Anvil que causó la muerte de civiles. Talon Anvil, que estaba ubicada en Erbil (Irak) y posteriormente se trasladó a Siria, fue responsable de alrededor del 80 por cien de las 112.000 bombas y misiles lanzados contra objetivos del Califato Islámico.

Investigadores independientes y grupos de derechos humanos han calculado que al menos 7.000 civiles han muerto por ataques aéreos de la coalición en Irak y Siria.

El ejército canadiense señaló que no se había asignado personal de la Real Fuerza Aérea Canadiense al equipo Talon Anvil. Pero se desconoce el papel que desempeñó Talon Anvil, si es que desempeñó alguno, en los ataques aéreos de Canadá contra las fuerzas del Califato Islámico.

Talon Anvil contaba con tres grupos que trabajaban las 24 horas del día para recopilar información de las tropas terrestres aliadas, incluidas las fuerzas especiales canadienses, así como datos de vigilancia recogidos por drones y otras aeronaves e interceptaciones de transmisiones de radio y electrónicas.

Cazas CF-18 canadienses realizaron 251 ataques aéreos entre el 30 de octubre de 2014 y el 15 de febrero de 2016. En total se lanzaron 606 bombas, principalmente sobre objetivos en Irak. El ejército canadiense dijo que no tenía información sobre víctimas civiles de estos bombardeos.

El Pentágono reconoció, sin embargo, que era difícil obtener un recuento fiable de las muertes de civiles o investigar las denuncias de que personas inocentes habían muerto en los bombardeos, ya que la mayoría se produjeron en territorio controlado por el Califato Islámico.

El gobierno canadiense envió fuerzas especiales canadienses al norte de Irak para entrenar a las tropas kurdas desde 2014. Este programa fue ampliado por el gobierno, y las fuerzas especiales canadienses utilizaron ataques aéreos y participaron en tiroteos con fuerzas enemigas. En aquel momento, el gobierno y los dirigentes militares canadienses insistieron en que estas actividades no se debían considerar como combates.

El ejército canadiense dio a conocer algunos detalles sobre los combates como parte de su estrategia de comunicación. Por ejemplo, coordinó la difusión de información a los medios de comunicación en 2017 sobre un francotirador de las Fuerzas Especiales canadienses que realizó un impacto mortal contra un tirador del Califato Islámico desde casi 3,5 kilómetros de distancia.

Esa información se hizo pública días antes de que el gobierno anunciara que renovaba la misión en Irak por dos años. Su objetivo era destacar lo que el gobierno y los militares consideran una misión exitosa.

—David Pugliese https://ottawacitizen.com/news/national/defence-watch/ canadian-special-forces-involved-in-u-s-military-team-accused-of-killing-scores-of-innocent-people-in-iraq-syria

Erdogan está dispuesto a reunirse con Bashar Al Assad al máximo nivel

Menos de una semana después de la reunión de los ministros de Defensa de Rusia, Turquía y Siria, celebrada el 28 de diciembre en Moscú, Erdogan, declaró el jueves que podría reunirse con Bashar Al Assad, confirmando la normalización de las relaciones entre ambos países.

“Nos reuniremos con nuestros ministros de Asuntos Exteriores y después, en función de la evolución de la situación, nos reuniremos como dirigentes”, dijo Erdogan en una reunión de su partido, el AKP. “Nuestro objetivo es garantizar la paz y la tranquilidad en la región”, dijo, en una referencia explícita a los recientes acontecimientos en la región fronteriza, donde las fuerzas turcas han bombardeado las posiciones de los kurdos de las FDS respaldadas por Estados Unidos.

A finales de diciembre, en Moscú, bajo la égida de Serguei Shoigu, Hulusi Akar, ministro turco de Defensa, y Hakan Fidan, director de la Organización Nacional de Inteligencia de Turquía, se reunieron con el ministro sirio de Defensa, Ali Mahmoud Abbas, y Ali Mamlouk, jefe de la Oficina de Seguridad Nacional (NSB) de Siria, sellando así el primer contacto de alto nivel entre Ankara y Damasco desde el inicio de la agresión militar contra Siria en 2011. La reunión tenía por objeto debatir “los esfuerzos conjuntos para combatir a los grupos extremistas”, según el comunicado del Ministerio de Defensa ruso.

La última visita de Erdogan a Siria fue en 2010, cuando fue recibido por Bashar Al Assad como primer ministro de la vecina Turquía. Fue muy poco antes de que, por encargo de la OTAN, Turquía comenzara a apoyar a las hordas yihadistas que asolaron Siria.

Los presagios de un acercamiento turco-sirio se remontan al pasado mes de septiembre, cuando los jefes de los servicios de inteligencia de ambos países mantuvieron conversaciones en Damasco, acontecimiento al que siguió el anuncio de Erdogan, el 17 de noviembre, de que estaba considerando seriamente un reencuentro con Bashar Al Assad, subrayando que “en política, no hay lugar para el resentimiento”.

Tras apoyar de 2011 a 2020 a los grupos yihadistas con la esperanza de derrocar al gobierno de Bashar Al Asad, reforzado en 2015 por la intervención rusa, Turquía ha dado un giro completo, necesario por su lucha contra las FDS, aliados de Estados Unidos. En respuesta al atentado de mediados de noviembre en Estambul, que Ankara imputa al PKK “con base en Irak pero apoyado por las FDS”, el ejército turco llevó a cabo una operación aérea contra posiciones kurdas en Siria e Irak, amenazando con una nueva invasión terrestre.

Pero Ankara también necesita asegurar la región fronteriza con Damasco para el regreso de los 3,5 millones de refugiados sirios que aún permanecen en Turquía. Como miembro del proceso de Astana, Erdogan se ha plegado así a las recomendaciones de sus aliados ruso e iraní, sobre todo porque necesita demostrar a su electorado, convocado a elecciones legislativas el próximo mes de junio, que no es un hombre que rechace otra vía que no sea la de las armas, como afirma constantemente la oposición.

Tanto para Bashar Al Assad como para Moscú y Teherán, esta victoria simbólica es tan importante como la de 2015.

—https://lexpressiondz.com/internationale/erdogan-pret-a-rencontrer-bachar-al-assad-364701

Turquía retira sus tropas del norte de Siria

Tras la primera reunión oficial a nivel ministerial entre Turquía y Siria en diez años, Ankara acordó retirar sus tropas del norte de Siria, según el periódico turco Al Watan. La reunión se celebró gracias a la mediación de Rusia.

Los ministros de Defensa turco, sirio y ruso acordaron retirar las tropas turcas del norte de Siria. Además, Ankara confirmó “el respeto a la soberanía y la integridad territorial de Siria”. Estas decisiones se tomaron en Moscú el 28 de diciembre.

Se crearán comisiones especializadas para garantizar la aplicación de los acuerdos alcanzados, y es posible que se celebren nuevas reuniones.

Según los medios de comunicación, los participantes calificaron al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de “milicia interpuesta de Estados Unidos e Israel” que representa “el mayor peligro para Siria y Turquía”.

“El acercamiento y la reconciliación con Damasco” interesan ahora a Ankara.

La reunión se celebró el 28 de diciembre en Moscú. Los ministros de Defensa turco, sirio y ruso discutieron “vías para resolver la crisis siria” y “esfuerzos conjuntos para combatir a los grupos extremistas en Siria”, según el Ministerio de Defensa ruso.

Se trata de la primera reunión oficial a nivel ministerial entre Turquía y Siria desde el inicio de la agresión militar contra Siria en 2011.

En noviembre Turquía intensificó sus bombardeos contra posiciones kurdas en el norte de Siria y amenazó con lanzar una ofensiva terrestre contra ellas.

El ejército de Estados Unidos construye una nueva base militar en Siria

Las tropas de Estados Unidos que operan en el noreste de Siria pretenden establecer una nueva base militar en sus zonas controladas en el campo de Raqqa.

Un largo convoy militar 100 camiones cruzó la frontera irakí. La caravana incluye varios vehículos militares blindados que han llegado a la ciudad de Raqqa como parte de los preparativos para establecer una nueva base en la zona.

Sobre el terreno, las tropas comenzaron a trasladar equipos y materiales logísticos al lugar designado, coincidiendo con una intensa actividad de los drones de vigilancia.

El ejército estadounidense y sus asociados ocupan al menos 28 emplazamientos militares declarados en Siria, repartidos en tres provincias, principalmente Hasakah (17 emplazamientos), Deir Ezzor (nueve emplazamientos) y Homs (dos zonas).

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Reino Unido, ha publicado fotografías que muestran la construcción de una nueva base cerca del puente de Al-Raqqa sobre el río Éufrates, al sur de la ciudad.

La distribución de las bases del Pentágono se asemeja al cordón que rodea las fuentes de petróleo y gas al este del Éufrates, que representan la mayor parte de la riqueza subterránea de Siria.

En el sureste, en la base de Al-Tanf, el Pentágono ha reorganizado a los grupos yihadistas leales, que han recibido apoyo militar y financiero adicional.

Según el periódico libanés Al Ajbar, Estados Unidos pretende aumentar sus efectivos en la base de Al-Tanf  hasta 2.000 hombres al menos. En esta región se organizan a menudo ejercicios con la participación de las fuerzas de la coalición imperiialista. De este modo, Estados Unidos pretende reforzar la seguridad del lugar, que ha sido objeto de múltiples ataques con cohetes por parte de grupos militares chiíes leales a Irán durante el último año.

La intensificación también se observa en el sector diplomático. Una delegación del gobierno de Biden se reunió recientemente con sus sicarios de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza militar dominada por los kurdos.

El campamento de Al-Hol se encuentra en la zona de responsabilidad de las FDS, bajo la supervisión del ejército estadounidense. Es el objetivo más codiciado de los reclutadores yihadistas.

Estados Unidos ha modernizado la mayoría de los emplazamientos militares en las provincias de Hassakah y Deir Ezzor. Ha aumentado su tamaño, ha mejorado su equipo de fortificación, ha reforzado la cobertura aérea y ha construido pistas de aterrizaje para albergar aviones de transporte.

En mayo de este año, Estados Unidos restableció su presencia en la base de Jarab Ashak, al sur de Kobane, de la que se retiraron las fuerzas en noviembre de 2019, y en septiembre se desplegó un tercer emplazamiento en Kamichli.

La reestructuración de las milicias de Al-Tanf es lógica. Irán las estaba atacando, lo que ha contribuido a un aumento del contingente.

Tampoco Qatar enviará gas a la Unión Europa este invierno

Qatar no enviará a Europa este invierno el gas ya contratado con compradores asiáticos, declaró ayer Saad Al-Kaabi, director general de la empresa pública QatarEnergy.

Al-Kaabi, que también es ministro de Estado para la Energía, dice que no enviarán gas a Europa este invierno porque todos los suministros han sido contratados con clientes asiáticos.

Europa se enfrenta a la subida de los precios de la energía y a una crisis de suministro de combustible después de que Rusia cortara los flujos de gas desde la Guerra de Ucrania.

“Qatar está absolutamente comprometido con los contratos que ya ha firmado. Cuando el país firma contratos con un comprador asiático o europeo, se atiene a ellos”, dijo.

Qatar es uno de los mayores exportadores de gas licuado del mundo y tiene previsto ampliar sus yacimientos de gas.

En los últimos meses, a medida que las tensiones entre Occidente y Moscú se han intensificado por la Guerra de Ucrania, los países europeos y Estados Unidos han tratado de aumentar la producción en los países exportadores de petróleo y gas para hacer frente a la caída de las exportaciones energéticas rusas.

La escasez de energía en Europa es de tal magnitud que Karl Lauterbach, el Ministro de Sanidad alemán, ha advertido que el estado de los hospitales se deteriorará debido a los cortes de suministro.

La falta de recursos energéticos será una de las crisis sociales a las que se enfrenten los países europeos, especialmente en invierno. En las principales capitales europeas las manifestaciones se suceden para protestar contra el aumento de los precios de la energía.

Los saudíes amenazan a Occidente con la yihad

La escalada ya está aquí y las represalias también. Un primo del príncipe heredero saudí Mohammed Bin Salmane ha lanzado violentas amenazas contra Occidente en medio de las tensiones diplomáticas tras la decisión de la OPEP de recortar la producción de petróleo.

Saud Al-Shaalan es un dirigente tribal y nieto del rey Abdelaziz Bin Abderrahmane Al-Saud, fundador de Arabia Saudí. En un vídeo que circula por las redes sociales se le ve advirtiendo a Occidente con la yihad: “Quien desafíe a Arabia Saudí, sea el reino o el pueblo, somos un proyecto de martirio para la patria y para Dios”.

Las relaciones entre Estados Unidos y Arabia saudí se encuentran en su punto más bajo. Con la subida de los precios de la energía tras la invasión rusa de Ucrania en febrero, Washington ha estado presionando a los miembros de la OPEP, especialmente a Riad, para que aumente la producción y ha acusado a los saudíes de ayudar a Rusia a aliviar la presión de las sanciones que le fueron impuestas por la Guerra de Ucrania.

La Estrategia de Seguridad Nacional muestra que Estados Unidos ha perdido el control de sus aliados, especialmente en Oriente Medio y sobre todo en el Golfo Pérsico. La Casa Blanca dijo el miércoles que estaba tratando de trabajar con el Congreso para evaluar los vínculos de Washington con Riad. Los diputados han propuesto varias medidas, como detener la venta de armas a Arabia saudí y llevar a la OPEP ante los tribunales estadounidenses (*).

El asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, ha confirmado que la Casa Blanca está estudiando la posibilidad de detener la venta de armas. Dado que el 73 por cien de las importaciones de armas del reino proceden de Estados Unidos, no se trata de una amenaza retórica. “Sin nuestros técnicos, sus aviones estarían en tierra. Somos absolutamente responsables de toda su fuerza aérea”, dijo Ro Khanna, un congresista. “Lo que enfurece a muchos de nosotros en el Congreso es la ingratitud”.

Lo mismo ocurre con la empresa británica BAE Systems, que suministra y mantiene aviones para Arabia Saudí, aunque el gobierno británico guarda silencio.

Biden visitó el reino en julio, aunque previamente prometió convertir a Arabia saudí en un paria tras el asesinato de Jamal Khashoggi en 2018. Sin embargo, cuando se publicó el informe de la CIA sobre el asesinato, que concluía que Mohamed bin Salman lo había ordenado, Biden tuvo la oportunidad de poner el peso de Estados Unidos detrás de una investigación de la ONU. Se negó a hacerlo.

Estados Unidos anunció restricciones de visado para 76 saudíes implicados en la trama, pero no hizo nada contra el hombre que sus servicios de inteligencia creen que está detrás de ella. “La relación con Arabia Saudí es más grande que cualquier individuo”, dijo el Secretario de Estado Antony Blinken en aquel momento. “Lo que hemos hecho con las acciones que hemos tomado no es en absoluto romper la relación, sino recalibrarla para que esté más en línea con nuestros intereses y valores”.

Mohammed Bin Salmane dedujo que estaba libre de culpa y ahora Biden paga el precio.

Una de las primeras cosas que hizo Biden al asumir el cargo fue nombrar a Brett McGurk, un diplomático que había servido en gobiernos anteriores, como Coordinador del Consejo de Seguridad Nacional para Oriente Medio. Entre los círculos políticos suníes de Irak -por no hablar de los círculos chiíes proiraníes- McGurk es famoso, o más bien infame, por su cercanía a Mohamed Bin Salmane.

(*) https://www.arkansasonline.com/news/2022/oct/12/white-house-says-saudi-ties-due-2nd-look/

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