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El delirio militarista se apodera del Departamento de Estado

En el curso de las pasadas décadas, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha sufrido un deterioro, pasando de ser una sede profesional de diplomacia y realismo a ser una guarida de guerreros de sofá, poseídos de delirios imperiales, un fenómeno peligroso subrayado por el reciente “desacuerdo” masivo a favor de eliminar a más gente en Siria.

Cincuenta y un “diplomáticos” del Departamento de Estado firmaron un memorándum distribuido a través del canal oficial “discrepante”, pidiendo golpes militares contra el gobierno sirio de Bashar Al-Assad, cuyas fuerzas dirigen la contraofensiva contra los extremistas islamistas que persiguen el control de esta importante nación de Oriente Medio.

El hecho de que un contingente tan amplio de funcionarios del Departamento de Estado abogue abiertamente por una guerra expansiva, en línea con los planes de los neoconservadores (planes que colocan a Siria en una lista de objetivos desde hace dos décadas), es un símbolo revelador de la locura que afecta al Departamento de Estado.

Este Departamento parece ahora una combinación de convencidos neocons e intervencionistas liberales, junto a algunos “trepas” que comprueban que lo inteligente es comportarse con el resto del mundo como procónsules mundiales, dictando soluciones o buscando “cambios de régimen”, en vez de comportarse como diplomáticos que tratan a los extranjeros respetuosamente en busca de compromisos sinceros.

Incluso algunos funcionarios que conozco personalmente y que no son “per se” halcones neoliberales, actúan como si hubieran bebido algún brebaje. Hablan con dureza y se comportan de forma arrogante hacia los habitantes de países bajo su supervisión. Los extranjeros son tratados como objetos estúpidos que pueden ser coaccionados o sobornados.

Por ello, no es del todo sorprendente que bastantes docenas de “diplomáticos” de Estados Unidos ataquen la posición más templada del presidente Obama sobre Siria, mientras se colocan a sí mismos y toman posiciones proclives, anticipándose a un gobierno bajo Hillary Clinton, de la que se espera que autorice una invasión ilegal de Siria, bajo la tapadera de establecer “zonas de exclusión aérea” y “zonas de seguridad”, lo que significa la masacre de jóvenes soldados sirios. Los “diplomáticos” muestran su disposición al “uso de armas aéreas y de largo alcance”.

El deseo de estos halcones de nuevas guerras es tan intenso que no calculan el riesgo de un conflicto directo con Rusia, quitando levemente importancia a esta posibilidad de choque con una potencia nuclear diciendo que “no son partidarios de una pendiente resbaladiza que acabe en un enfrentamiento militar con Rusia”. Algo que reconforta de veras…

Abrir el camino a una victoria yihadista

Existe también el peligro de que una intervención directa norteamericana colapse al Ejército sirio, despejando el camino a una victoria del Frente Al-Nosra, de Al-Qaeda, o del Califato Islámico. El memorándum no clarifica el delicado equilibrio entre hacer a Siria el daño suficiente, evitar una victoria total de los yihadistas y evitar un choque con Rusia.

Presumiblemente, cualesquiera que sean los líos producidos, el ejército estadounidense se quedaría solo para arreglarlos, asumiendo que abatir algunos aviones de guerra rusos y matar a personal militar ruso no supondría una escalada hacia una conflagración termonuclear.

En resumen, parece que el Departamento de Estado se ha convertido en un manicomio colectivo dirigido por sus internos. Pero esta locura no es una aberración a corto plazo que pueda ser fácilmente revertida. Lleva en marcha largo tiempo, y podría requerir una limpieza desde los cimientos hasta el tejado del cuerpo “diplomático” para restaurar al Departamento de Estado a su papel tradicional de evitar guerras en vez de exigirlas.

Aunque siempre han existido locos en el Departamento de Estado, normalmente entre las filas de los más veteranos, el fenómeno de una locura institucional ha tenido lugar en las últimas décadas. Y yo he visto ese cambio.

He cubierto la política exterior estadounidense desde los últimos 70, cuando había mucha más cordura en el cuerpo diplomático. Había gente como Robert White y Patricia Derian (ambos ya fallecidos), que luchaban por la justicia y los derechos humanos, representando a lo mejor de Estados Unidos.

Pero el descenso del Departamento a ser un núcleo de poco más que bien vestidos y bien hablados matones, que apoyan la hegemonía USA, comenzó con el gobierno de Reagan. El presidente Ronald Reagan y su equipo tenían un odio patológico hacia los movimientos sociales de los países centroamericanos que buscaban la libertad de sus opresivas oligarquías y sus brutales fuerzas de seguridad.

Durante la década de los años 80, los diplomáticos norteamericanos con integridad fueron marginados de forma sistemática, acosados o destituidos. La coordinadora de Derechos Humanos Derian cesó al final del gobierno de Carter y fue sustituida por el neoconservador Elliot Abrams; White fue despedido del puesto de embajador norteamericano en El Salvador, explicando que “rechacé una petición del secretario de Estado Alexander M. Haig Jr. para que yo usara los canales oficiales para tapar la responsabilidad del ejército salvadoreño en los asesinatos de las cuatro monjas norteamericanas”.

El ascenso de los neoconservadores

A medida que los profesionales de la vieja guardia iban abandonando, una nueva camada de neoconservadores agresivos entró, como Paul Wolfowitz, Robert McFarlane, Robert Kagan y Abrams. Tras ocho años de Reagan y cuatro años de George H.W. Bush, el Departamento de Estado fue reformado en un hogar de neocons, pero algunos rasgos de profesionalidad aún aguantaban los ataques.

Aunque se pudiera haber esperado que los demócratas del gobierno Clinton hubieran revertido estas tendencias, no lo hicieron. Por el contrario, la “triangulación” de Bill Clinton se aplicó a la política exterior estadounidense tanto como a los programas interiores. Siempre se buscaba el “medio” políticamente seguro.

A medida que avanzaban los 90, la aniquilación de expertos en política exterior del tipo de White y Derian dejó a muy pocos en el bando demócrata que tuvieran la suficiente valentía y habilidades para desafiar a los neocons atrincherados. Muchos demócratas de la era de Clinton se acomodaron al dominio neocon reinventándose a sí mismos como “intervencionistas liberales”, compartiendo el amor de los neocons por la fuerza militar, pero justificando las matanzas en motivos “humanitarios”.

Este enfoque era la forma de los “liberales” de protegerse a sí mismos contra acusaciones de la derecha de “debilidad”, una acusación que ha marcado profundamente a los demócratas durante los años de Reagan y Bush, pero esta postura de “chicos duros” marginó a los diplomáticos serios que favorecían el tradicional toma y daca con los dirigentes extranjeros y sus pueblos.

Así teníamos a demócratas como la entonces embajadora en las Naciones Unidas (y más tarde secretaria de Estado) Madeleine Albright justificando las brutales sanciones de Bill Clinton contra Irak, a las que las Naciones Unidas culparon de la muerte de 500.000 niños iraquíes, y considerando que “fue una elección muy difícil, pero pensamos que el precio valió la pena”.

Los ocho años de “triangulación” de Clinton que incluyó la brutal guerra aérea contra Serbia, fue continuada por ocho años de George W. Bush que acomodaron aún más a los neocons en el entorno de la política exterior estadounidense. Por entonces, lo que quedaba de los viejos republicanos “realistas”, como Henry Kissinger y Brent Scowcroft, estaban envejecidos o estaban tan íntimamente comprometidos que los neocons no tuvieron una oposición significante dentro de los círculos republicanos. Los funcionarios demócratas en política exterior se han hecho indistinguibles de los neocons, excepto en su uso de argumentos “humanitarios” para justificar guerras de agresión.

La capitulación de los medios de comunicación

Antes de la invasión de Irak por parte de Bush, gran parte del “establishment” de los medios liberales (desde el New York Times al New Yorker) se puso de forma unánime del lado de la guerra, planteando pocas cuestiones difíciles y no presentando casi ningún obstáculo. “Favorecer” la guerra se convirtió en la postura cómoda.

Pero emergió un naciente movimiento antiguerra entre los demócratas de base, impulsando a Barack Obama, un demócrata contrario a la guerra de Irak, a la nominación presidencial en 2008, por encima de una Hillary Clinton que apoyaba la guerra. Pero estos sentimientos pacíficos sobre la “base” demócrata no alcanzaron de forma intensa a los expertos demócratas en política exterior.

Cuando Obama entra en la Casa Blanca, se encuentra con un difícil desafío. El Departamento de Estado necesita una profunda purga de neocons y halcones liberales, pero había pocos expertos demócratas que no se hubieran pasado a los neocons. Toda una generación de políticos demócratas se había educado en un mundo controlado por los neocons en seminarios, reuniones, cumbres y “think tanks”, en donde un estilo verbal duro sonaba bien, mientras que el que hablaba de la diplomacia tradicional sonaba blando.

Por el contrario, la mayoría del ejército e incluso la CIA favorecían enfoques mundiales menos beligerantes, en parte porque habían combatido una “guerra mundial contra el terror”, de Bush, sin ningún futuro. Pero unos altos mandos elegidos por Bush y proclives a los neocons, como el general David Petraeus, seguían en su sitio e impulsaban las guerras tanto en Irak como en Afganistán.

Obama hizo entonces una de las más funestas decisiones de su presidencia. En vez de limpiar la casa en el Pentágono y el Departamento de Estado, escuchó a algunos consejeros, y mantuvo en su sitio a los dirigentes militares de Bush, incluyendo a Robert Gates como Secretario de Defensa, y llegó a nombrar a la agresiva Hillary Clinton como Secretaria de Estado. En otras palabras, Obama no solo no tomó el control del aparato de política exterior, sino que reforzó el poder de los neocons y de los halcones liberales. Dejó a ese poderoso bloque de Clinton-Gates-Petraeus conducirle a un temerario brote de “contrainsurgencia” en Afganistán, que lo único que consiguió fue más de 1.000 muertos entre los soldados norteamericanos junto a muchos más afganos.

También permitió a Clinton sabotear su intento de compromiso con Irán en 2010, que buscaba limitaciones a su programa nuclear, y también sucumbió a su presión en 2011 para invadir Libia, bajo el falso pretexto de establecer una zona de exclusión aérea para proteger civiles, que se convirtió en un desastroso “cambio de régimen”, calificado por Obama como su mayor error de política exterior.

La guerra contra Siria

Obama resistió a los llamamientos de Clinton a favor de otra intervención militar en Siria, aunque autorizó algún apoyo militar limitado a los supuestamente “moderados” rebeldes, y permitió a Arabia saudí, Qatar y Turquía dar mucho más apoyo a los yihadistas relacionados con Al-Qaeda e incluso con el Califato Islámico.

Bajo la secretaria Clinton, el bloque neocon-liberal consolidó su control del cuerpo diplomático en el Departamento de Estado. Bajo la dominación neocon, el Departamento de Estado se movía desde un “grupo de pensamiento” a otro. Sin aprender nada de la guerra de Irak, la conformidad se siguió aplicando hacia Libia, Siria Afganistán, Ucrania, Rusia, China, Venezuela, etc., etc.

En todos los lugares la meta era la misma: imponer la hegemonía USA para obligar a los dirigentes locales a plegarse a los dictados estadounidenses, llevándoles hacia las soluciones propias del “libre mercado” neoliberal, que fueron asimiladas con “democracia” aunque la mayoría de la población de los países afectados estaba en desacuerdo.

La ambigüedad en el lenguaje y en el pensamiento reemplazó a las políticas realistas. “Las comunicaciones estratégicas”, es decir, el uso agresivo de la propaganda para impulsar los intereses norteamericanos, era la consigna. “El poder inteligente”, la aplicación de sanciones financieras, amenaza de detenciones, golpes militares de corto alcance y otras formas de intimidación, fue otra.

Cada episodio de propaganda, tales como el ataque con gas sarín en Siria en 2013, o el derribo del Vuelo 17 de Malaysia Airlines sobre el este de Ucrania, fueron manipulados a fondo para poner a los adversarios a la defensiva, aunque los análisis de la inteligencia norteamericana dudaron de que las pruebas apoyaran las acusaciones.

La mentira en los más altos niveles del gobierno, pero especialmente entre los funcionarios veteranos del Departamento de Estado, se hizo epidémico. Tal vez algo peor, los “diplomáticos” parecían creerse su propia propaganda. Mientras, el grueso de los medios informativos estadounidenses experimentaban una caída en la órbita de la dominación neocon y el “trepe” en lo profesional, eliminando importantes noticias que controvertían las falsedades oficiales.

Victoria Nulland: ha nacido una estrella

La nueva estrella del Departamento de Estado, a la que se supone un apoyo de alto nivel por parte del presidente Clinton, es la neocon asistente a la Secretaría de Estado para Asuntos Europeos, Victoria Nulland, quien organizó el golpe de 2014 en Ucrania, derribando a un presidente electo con simpatías en Rusia y reemplazándole con un nacionalista de la línea dura, que lanzó violentos ataques militares contra la etnia rusa en el este que se resistió al golpe.

Cuando Rusia vino en ayuda de estos ciudadanos ucranianos enfrentados, lo que incluía aceptar la petición de Crimea para volver a Rusia, el Departamento de Estado y los mass media norteamericanos hablaron con una sola voz, lamentando la “invasión rusa”, y apoyando las maniobras militares de la OTAN en las mismísimas fronteras rusas para detener la “agresión rusa”.

Cualquiera que ose cuestionar este enfoque, que hunde al mundo en una peligrosa nueva Guerra Fría, se ve calificado como “apologista del Kremlin” o como “secuaz de Moscú”, lo mismo que los escépticos sobre la guerra de Irak eran despreciados como “apologistas de Saddam”. Virtualmente todas las figuras importantes del Washington oficial marchan en formación cerrada hacia guerras y más guerras (Victoria Nulland está casada con Robert Kagan, lo que les hace una de las parejas del poder supremo en Washington).

Este es el contexto de la última rebelión del Departamento de Estado contra las políticas más templadas de Obama en Siria. Con vistas a una probable presidencia de Hillary Clinton, estos 51 “diplomáticos” han firmado una “disconformidad”, que aboga por bombardear al ejército sirio para proteger a los rebeldes “moderados” que, en la medida en que existen, luchan principalmente bajo el paraguas del Frente Al Nosra de Al Qaeda, y sus cercanos aliados, Ahrar Al Sham.

El embrollo de esta “discrepancia” es que bombardeando al ejército sirio, el gobierno de Estados Unidos puede aumentar el poder de los rebeldes, y supuestamente obligar a Assad a negociar su propia sustitución. Pero no hay motivos para pensar que este plan pudiera funcionar.

A principios de 2014, cuando los rebeldes ostentaban una posición relativamente fuerte, Estados Unidos organizó una conferencia de paz dominada por los rebeldes que hicieron de la marcha de Assad una precondición y excluía la presencia de los aliados iraníes de Siria. No sorprendentemente, los representantes de Assad se fueron a casa y las conversaciones fracasaron. Ahora, mientras Assad mantiene una postura relativamente fuerte, respaldada por la potencia aérea de Rusia y las fuerzas de tierra iraníes, los diplomáticos “discrepantes” dicen que la paz es imposible, porque los rebeldes no están en condiciones de producir la salida de Assad. De esta forma, los “discrepantes” recomiendan que Estados Unidos aumente su papel en la guerra para aupar de nuevo a los rebeldes, pero esto solo significaría más exigencias maximalistas de los rebeldes.

La locura continuará y se hará aún más peligrosa

Esta proposición de una guerra más amplia acarrearía algunos graves riesgos, incluyendo la posibilidad de que el ejército sirio colapsara, abriendo las puertas de Damasco al Frente Al-Nosra de Al Qaeda y a sus aliados, o al Califato Islámico, un escenario que, como indica el New York Times, “el escrito no trata”.

Actualmente, el Califato Islámico, y en menor grado el Frente Al-Nosra, están en retirada, atacados por el ejército sirio y la fuerza aérea rusa, y por algunas fuerzas kurdas con apoyo norteamericano. Pero estas ganancias pueden ser fácilmente perdidas. También existe el riesgo de encender una guerra más amplia con Irán y/o Rusia.

Pero tales riesgos no son nuevos para los halcones neocons y liberales. Tienen esquemas ideados que pueden sonar bien en la conferencia de un think tank o en un artículo, pero fracasan ante la cruda verdad cuando normalmente los soldados norteamericanos se suponen que van a arreglar los problemas.

Hemos visto salir mal a las buenas intenciones en Irak, Afganistán, Libia, Ucrania e incluso en Siria, en donde la aquiescencia de Obama en proporcionar armas y entrenar a los denominados “unicornios”, los difíciles de detectar rebeldes “moderados”, contempló a esos combatientes y a sus armas absorbidos en las filas de Al Qaeda o del Califato Islámico.

Sin embargo, los halcones que controlan el Departamento de Estado, y que persiguen activamente la presidencia de Hillary Clinton nunca abandonarán estas locas ideas hasta que se haga un esfuerzo concertado que evalúe todos los fracasos que han causado a la política exterior de Estados Unidos.

Mientras esa evaluación no se haga, mientras el presidente de Estados Unidos no domine a estos belicistas, la locura continuará y se hará aún más peligrosa.

Robert Parry https://consortiumnews.com/2016/06/17/the-state-departments-collective-madness/

Los rusos destruyen las comunicaciones de los yihadistas con Turquía

Por primera vez desde el inicio de sus operaciones en Siria, caza bombarderos rusos han llevado a cabo ataques aéreos contra los sitios de comunicación situados en el norte de Siria a fin de cortar los intercambios a través de Internet y la telefonía móvil entre los terroristas que operan en la región y de éstos últimos con el servicio de inteligencia turco (MIT), que los dirige y aprovisiona.

Según el canal Al-Mayadin, dos torres de telecomunicaciones implantadas a lo largo de la frontera sirio-turca, fueron destruidas por ataques de aviones rusos y los intercambios a través de Internet y móviles entre los grupos terroristas entre sí y con el MIT han quedado interrumpidos.

Según la agencia Asia News, compañías turcas han construido decenas de torres a lo largo de la frontera y a veces dentro de Siria para proporcionar Internet de alta velocidad y comunicaciones seguras. Los grupos terroristas, como el Califato Islámico y el Frente Al-Nosra, se han beneficiado de estas instalaciones para sus propias comunicaciones.


Internet sirve también a la propaganda de estos grupos, ya que, a través de ellos, ponen vídeos en la red donde muestran ejecuciones de soldados y civiles sirios e iraquíes y tratan de reclutar a nuevos miembros usando las redes sociales.

Estas torres también sirven para enviar a los territorios sirios controlados por los terroristas señales de algunas cadenas que los apoyan como Al Yazira y Al Arabiya.

Fuente: http://spanish.almanar.com.lb/adetails.php?eid=130370&cid=23&fromval=1

La participación de los kurdos en el genocidio armenio

La caballería kurdo-otomana
Juan Manuel Olarieta

La historiografía kurda -y los que miran el pasado de Oriente Medio a través de sus ojos- padece un problema serio de memoria sobre el papel desempeñado por su pueblo en el genocidio armenio (y asirio), atribuido a los turcos en 1915-1916, durante la Primera Guerra Mundial.

Casi un millón de personas fueron asesinadas y una cantidad aún mayor expulsadas en masa de sus casas y sus tierras. El primer genocidio de la historia también formó parte del reparto de Oriente Medio por los imperialistas, en el que si los kurdos no tenían sitio, los armenios mucho menos.

Una historia escrita de manera muy sesgada ha dejado a los turcos como genocidas, algo que ha interesado mucho a los kurdos pues las promesas imperialistas de un Kurdistán independiente se hicieron sobre suelo armenio y a costa de los armenios.

Por motivos políticos, tampoco la historiografía armenia ha sido muy explícita al respecto. Lo mismo que para los kurdos, para los armenios el enemigo siempre ha sido Turquía.

A pesar de lo que digan los historiadores, que escriben papeles sobre papeles, cualquier vecino de cualquier pueblo kurdo de Turquía, sabe quién cometió el genocidio y cómo se produjo. Desde hace un siglo se sigue hablando con absoluta crudeza de las matanzas, los desalojos y los saqueos de sus vecinos armenios.

Al conmemorar el centenario, el año pasado el alcalde de Diyarbakir prometió la reconstrucción de las iglesias ortodoxas armenias, que eran más numerosas que las mezquitas.

En 1915 en la capital del Kurdistán turco, los armenios constituían la mayoría de la población. Aunque algunas fuentes hablan de 60.000 vecinos, es casi seguro que eran bastantes más.

En España sabemos mucho de silencio; toda la posguerra está llena por ese vacío amargo, que aún tardará años en ser llenado. Pero es el silencio del perdedor. Por el contrario, en capitales como Diyarbakir quienes quedaron fueron los genocidas, por lo que nunca han tenido empacho en hablar acerca de ello.

Sin embargo, las conversaciones nunca llegan a las bibliotecas, por lo que los historiadores han tardado cien años en llevar grabadoras para registrar los relatos de los ancianos.

El silencio siempre tiene evidentes motivaciones políticas. Casi desde el primer momento de la matanza, los militantes del Tachnak, el partido nacionalista armenio, sostuvieron el mismo relato olvidadizo del nacionalismo kurdo porque en 1927 se produjo un pacto entre las dos organizaciones políticas más importantes, el Tachnak y los kurdos de la Liga Joybun, el embrión del movimiento nacionalista kurdo en Turquía y Siria. Se puede decir que, en cierta forma, la Liga Joybun aprendió de los armenios a “ser uno mismo”, que es la traducción del término “joybun”.

Para el movimiento nacionalista kurdo fue una alianza muy provechosa aunque, desde el punto de vista historiográfico, ayudó oportunamente a pasar página. El plan era organizar un levantamiento militar para crear una federación kurdo-armenia dentro de Turquía, lo que obligó a los militantes de Tachnak a hacer propaganda en favor de la causa kurda.

Hoy los nacionalistas kurdos califican como genocidio las matanzas de los armenios, pero les queda por establecer todas las responsabilidades, no sólo las de los demás. Siguen expresando su simpatía por los armenios y hacen causa común con ellos para denunciar a Turquía. Es algo plenamente justo y siempre lo ha sido. Pero…

Armenios camino de la deportación
Los kurdos vivieron en un territorio fronterizo, una “tierra de nadie”, entre los imperios turco, ruso y persa. La expansión del Imperio Otomano y el crecimiento demográfico presionaron a una población que, en buena parte, era nómada, empujándoles hacia las zonas habitadas por armenios, entre otras etnias no kurdas, que eran sedentarias.

Ese movimiento de la población fue alentado por el Imperio Otomano, un proceso paralelo al que Rusia llevó a cabo con los cosacos. También los otomanos crearon brigadas de caballería kurda, las “Hamidiye Alaylari” como refuerzo fronterizo contra los rusos y los persas.

Los campesinos armenios fueron sometidos al saqueo en forma de pago de cuantiosos impuestos y luego al expolio de tierras. Los armenios tenían que pagar el “hafir” a los kurdos, una especie de tributo a cambio de asegurarles sus vidas y haciendas.

En 2009 el presidente del Consejo Kurdo de Armenia, Knyaz Hasanov, reconoció la intervención de los kurdos en el genocidio, aunque matizó que fue obra de casos aislados, no de la nación kurda como tal. Otros, como el presidente del Parlamento kurdo en el exilio, hablan de que la responsabilidad fue de “algunas tribus kurdas”.

Tampoco les falta razón. Es cierto que la mayor parte de los kurdos que formaban parte de la caballería de la “Organización Especial” eran nómadas. Pero entonces se me suscitan dos preguntas. La primera es: ¿los kurdos son responsables del genocidio sólo en parte y los turcos lo son en bloque? Y la segunda: si no todos los kurdos son responsables del genocidio, ¿por qué ocultar su intervención?

Entre los muchos relatos orales que circulan por Diyarbakir hay uno que refiere el asesinato de un cura ortodoxo, que le dijo al kurdo que le iba a matar: “Nosotros somos el desayuno pero vosotros seréis la comida”.

No se puede explicar mejor la masacre porque, en efecto, ocurrió así exactamente: los turcos llevaron a cabo, por sus propias manos esta vez, una matanza masiva de kurdos seguida de una deportación, también masiva, de manera que quienes hasta entonces habían sido la fuerza de choque del ejército otomano se volvieron en su contra.

Todo ocurrió en muy poco espacio de tiempo: en 1915 la caballería kurda era parte del ejército turco y en 1927 se crea la Liga Joybun para luchar en su contra.

La participación de los kurdos en el genocidio no exime la responsabilidad de los turcos. Los unos eran la carne de cañón de los otros. Hacían el trabajo sucio para que los “padrinos” turcos quedaran con las manos limpias.

No sólo los nacionalistas kurdos no quieren recordar su historia; los turcos, que sí tienen un Estado propio, mucho menos. También ellos son nacionalistas, tanto por lo menos como los kurdos, con la ventaja adicional para la historia de que no se mancharon las manos porque ese tipo de tareas siniestras siempre quedan para los carniceros.

Entonces los kurdos no veían a los turcos como enemigos, sino todo lo contrario, y a la inversa, muchos de los matarifes kurdos que participaron en el genocidio salieron de las cárceles turcas con amnistías e indultos.

Todo por un plato de lentejas. Los kurdos asesinaron por un pedazo de tierra, por una casa, por unas cabezas de ganado…

Como cualquier otro acontecimiento, el genocidio armenio y asirio se puede desmenuzar tanto como sea necesario. Por ejemplo, la “Organización Especial” que dirigió las matanzas tampoco estaba dirigida por turcos sino por cherkeses, una población caucásica.

Como la cabeza de Jano, la historia tanto mira hacia atrás como hacia delante y por eso el refrán dice -con pleno acierto- que quien olvida la historia está condenado a repetirla. Pero la historia es una ciencia que, como se ha demostrado, los nacionalistas no pueden escribir porque ellos son la burguesía.

La historia sólo la puede escribir el proletariado, que es una clase internacionalista. A diferencia de un nacionalista cualquiera, un internacionalista lucha por los derechos de todas las naciones oprimidas, no sólo de una, y mucho menos lucha por los derechos de una contra la otra, o a costa de la otra.

Cómo y por qué el gobierno y la oposición manipulan a los votantes

En 2012 la película Argo ganó el Oscar de Hollywood. El argumento mistificaba el asalto a la embajada de Estados Unidos en Teherán, cuando tras la revolución de 1979 los estudiantes chiítas secuestraron y mantuvieron como rehenes a 52 diplomáticos de la sede durante 444 días.

Entonces se llamó “crisis de los rehenes” y coincidió con el final del primer mandato de Carter y la campaña electoral por un segundo en el que tenía como rival a Reagan.

A pesar de la postura oficial de no negociar con los “terroristas”, el gobierno de Carter lo hizo en secreto y las conversaciones marchaban tan bien que, para recaudar votos, Carter anunció que en octubre, un mes antes de las votaciones, los rehenes serían liberados.

Sin embargo, las negociaciones fracasaron y el secuestro se prolongó porque el equipo de Reagan, que tampoco negociaba con “terroristas”, emprendió en paralelo otras negociaciones para prolongar el secuestro hasta después de las elecciones.

De esa manera, Clinton no podría cumplir con una de sus promesas electorales, perdería las votaciones en favor de Reagan que, a su vez, aparecería como el verdadero liberador, como así ocurrió.

A los votantes se les engañó. Les presentaron el incidente a la inversa: quien apareció como liberador, Reagan, era quien había prolongado el secuestro durante más de un año innecesariamente.

En Estados Unidos la doble negociación de quienes no negociaban se llama “October Surprise” (La Sorpresa de Octubre) y el equipo de Reagan lo formaban Bush padre, que había sido director de la CIA, y William Casey, miembro de la CIA desde los tiempos de la OSS en la Segunda Guerra Mundial.

20 minutos después de que Reagan se dirigiera por primera vez a su país como nuevo presidente de Estados Unidos, Irán anunciaba públicamente la liberación de los rehenes.

El secuestro se puede analizar desde múltiples ángulos y todos ellos son apasionantes. Se puede ver como un evidente caso de manipulación de masas a gran escala con fines electorales, es decir, hasta qué punto se pueden dirigir y manipular unas votaciones.También se puede analizar desde el punto de vista de las reacciones posteriores que ha habido en estos 35 años, donde el caso “October Surprise” se toma como ejemplo de una de esas “teorías de las conspiración”, como la presenta la Wikipedia (*), cerrando los ojos ante las más claras evidencias.

Es obvio que el asunto destapa las profundas contradicciones y el cambio en la correlación de fuerzas dentro de las distintas camarillas que dirigen la política en Washington, pues es palmario que se trató de un complot interno dirigido contra el gobierno de Estados Unidos, por no utilizar otras expresiones más contundentes, como “traición” y “golpe de Estado” electoral.

El caso pone, pues, de manifiesto que quien puede manipular unas elecciones no es sólo un gobierno, lo cual es muy típico, sino que también se pueden manipular en su contra, como se pudo comprobar en España durante la matanza de Atocha, ya que en las disputas electorales no sólo manipulan unos sino que manipulan todos, unos contra otros. Se trata de comprobar quién manipula más y mejor.

El hecho mismo que se emprendieran dos negociaciones en paralelo y que ambas fueran secretas, es decir, que nadie reconociera que estaba negociando con “terroristas” demuestra que los Estados actuales no funcionan como los votantes creen sino justamente de manera opuesta a lo que creen y por eso lo ocultan, es decir, que una cosa es lo que parece y otra es lo que es realmente.

El caso “October Surprise” demuestra que Estados Unidos negociaba con Irán en secreto a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países no sólo en contra de las declaraciones oficiales sino de las leyes aprobadas solemnemente por las cámaras parlamentarias, e incluso contra las resoluciones de la ONU, por lo que dichas negociaciones no sólo eran secretas sino además ilegales.

También demuestra que los imperialistas tratan de manejar todos los hilos de la situación, pues al mismo tiempo que negociaban con Irán negociaban también con Irak, a pesar de que ambos países estaban en guerra y que dicha guerra no fue instigada por las partes sino por Washington, que fue quien condujo a Saddam Hussein a aplastar la revolución iraní a cambio de apoyo político y militar.

En todo secuestro se paga un rescate y en el de la embajada de Teherán los imperialistas entregaron -entre otras cosas- armas a los iraníes a través de Israel, a pesar del bloqueo internacional, una transacción que no acabó nunca y que condujo pocos años después a otra operación secreta, Irán-Contra, donde el dinero procedente de la venta de armas a Irán se utilizaba para financiar a la contrarrevolución nicaragüense, una ilegalidad por partida doble.

Los modernos Estados burgueses, tanto el gobierno como su correspondiente oposición, se han habituado a manipular a los votantes, como se han habituado también a jurar que tal manipulación no existe, que todo son imaginaciones. “No hay pruebas”, decía Felipe González hablando de los GAL. No hay pruebas ni las habrá nunca mientras ellos sigan en sus poltronas.

(*) https://en.wikipedia.org/wiki/October_Surprise_conspiracy_theory

La siempre extraña luna de miel entre Rusia e Israel

Netanyahu ha viajado a Moscú, donde permanecerá dos días entrevistándose con Putin, Lavrov y otros altos dirigentes de Rusia. Este año es la cuarta vez que conversarán Netanyahu y Putin. El dirigente sionista sólo ha coincidido con Obama una única vez…

El motivo no puede ser más alegórico: es el 25 aniversario de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, interrumpidas en 1967 como consecuencia de la Guerra de los Seis Días. Entonces aún existía la URSS.

Siempre se alude a los estrechos vínculos entre Israel y Estados Unidos, pero con Rusia los vínculos lo son aún más. En Israel se habla casi tanto ruso como hebreo. La mayor parte de los israelíes son originarios de Rusia y los antiguos países de la URSS, de donde fueron emigrando en oleadas sucesivas desde el surgimiento del nuevo Estado en 1948.

La existencia del Estado de Israel resultaría impensable sin el reconocimiento diplomático de la URSS en 1948 y el posterior apoyo militar cuando estalló ola primera guerra contra los países árabes.

Lo más sorprendente es que, con excepción del lapsus de 1967 a 1991, la URSS y luego Rusia hayan podido mantener buenas relaciones con los países árabes sin merma de las relaciones con Israel, hasta hoy mismo.

El motivo real de la visita, aparte de las solemnidades oficiales, es la cooperación militar entre ambos países en Oriente Medio. Se trata de poner en marcha un mecanismo “no conflictivo” para asegurar que los aviones rusos puedan operar libremente encima de la frontera con Siria.

Hay otras cuestiones en la agenda, como la lucha común contra el terrorismo (¿a qué llaman “terrorismo” Israel y Rusia), las relaciones israelo-palestinas o el mantenimiento del alto el fuego en Siria. Un medio tan solvente como Sputnik llega a sugerir que “Rusia puede reemplazar a Estados Unidos como el primer aliado de Israel en Oriente Medio”.

En la misma información Sputnik se enorgullece al recordar que las relaciones de Rusia con Israel no se han visto entorpecidas por las relaciones con Irán y Hezbollah, ni siquiera cuando Moscú vendió SS-300 a Teherán.

En el otro costado, el Jerusalem Post destaca las palabras de Netanhayu en las que reconoce que Rusia es una potencia mundial y, sobre todo, que las buenas relaciones entre ambos países se mantienen a pesar del bloqueo impuesto por Estados Unidos. Los israelíes siempre son los únicos que pueden olvidarse de seguir las instrucciones que llegan al mundo entero procedentes de Washington. Ni siquiera la Unión Europea se puede librar de esa pesada carga.

Dicho bloqueo fue impuesto en 2014 con la excusa de la anexión de Crimea y entonces Israel se abstuvo en la votación de condena de la Asamblea General de la ONU. Este tipo de expresiones diplomáticas hubieran puesto a cualquier otro país dentro del Eje del Mal, pero con Israel siempre hay que hacer una excepción. Las reglas nunca van con ellos. Siempre tienen dos varas de medir.

La ‘desconcertante’ política exterior de Rusia en Siria y Ucrania

Ayer un artículo de “Reseau International” calificaba así la política exterior de Rusia: compleja, alambicada y desconcertante (*). El autor habla en nombre de “mucha gente” que espera deshacerse de la “dictadura belicista y terrorista del Imperio gracias a Rusia e igualmente a China”.

Es, pues, normal que se sientan decepcionados, y lo estarán mucho más en el futuro porque la derrota del imperialismo no es una tarea que incumba ni a Rusia ni a China, que tienen sus propios problemas.

La decepción por la actitud de Rusia depende, pues, de las expectativas que cada cual tenga, pero no tienen por qué coincidir con las expectativas de los propios rusos.

En todo el mundo es bastante característico en ciertos círculos creer que Rusia debe actuar no función de sus propias necesidades e intereses sino de las necesidades e intereses de terceros, incluso de terceros países. Y cuando piensan así, inconscientemente están pensando en Estados Unidos, es decir, en Rusia como contrapeso de la agobiante y despreciada hegemonía de Washington a lo largo de los cinco continentes.

Parece que Rusia está en deuda con el mundo y que nunca va a acabar de pagarla. Por ejemplo, dice el artículo que desde 2011 en Siria y desde 2014 en Ucrania, hay una “clara voluntad de agresión por parte del campo atlantista” y después pregunta: ¿qué hace Rusia?

Es como si Rusia estuviera obligada a hacer algo en defensa de Siria, Ucrania o cualquier otro país, como si tuviera que sacar las castañas del fuego a los demás. ¿Por qué motivo? Quizá para tratar de explicarlo el autor califica a Siria como un segundo Stalingrado, con evidente exageración: ni Alepo, ni Homs, ni Damasco, ni Deir Ezzor son parte de Rusia, ni la guerra de Siria es la Segunda Guerra Mundial, ni… nada de nada.

Siria y Ucrania no son los escenarios de una “guerra mundial”. En esas guerras Rusia no es parte. En contra de lo que el artículo afirma, Siria no es el centro del mundo, por más que la suerte de ese infortunado país tenga repercusiones internacionales, como las seguirá teniendo en el futuro.

Rusia no es Hezbollah, que ha demostrado ser el mejor aliado del gobierno de Damasco. Pero incluso Hezbollah defiende en Siria, además de los intereses sirios, defiende los propios: es su propia supervivencia lo que está en juego. La columna vertebral de la resistencia al imperialismo en Oriente Medio la forman Irán, Siria y Hezbollah que, a diferencia de los otros dos, no lleva las riendas de ningún Estado.

Es cierto, como expone el artículo, que la guerra en Siria todavía será larga. También es cierto que la victoria no esté en los campos de batalla actuales. También es acertado apuntar que el escenario sirio se relaciona con lo que ocurre en el sur de Asia central, en el Báltico, en Ucrania y en el Mar de China Meridional.

En efecto, esas son algunas de las claves. No todas las bazas se juegan en Siria donde, como se comprueba, Estados Unidos aún logra sumar fuerzas, aún mantiene una cierta “coalición internacional” que no son precisamente países de segunda fila en el concierto de la diplomacia internacional, de la guerra y de la economía.

El mundo marcha a pasos acelerados hacia una nueva guerra mundial, pero los bloques no han madurado lo suficiente y se producirán sorpresas. Lo más significativo es que Rusia ha dejado de hacer concesiones porque ha comprobado que no es así como va a subsistir como país. No puede retroceder más porque lleva décadas retrocediendo inútilmente. Es evidente que es el único país del mundo que puede hacer frente militarmente a Estados Unidos, pero no puede hacerlo sólo y no le basta el apoyo de China. Otros países deben decantarse más claramente.

(*) http://reseauinternational.net/la-politique-de-la-russie-en-syrie-complexe-alambiquee-et-deconcertante/

Israel quiere un Estado kurdo independiente de Irak

Massud Barzani, presidente kurdo
Fehim Tastekin

Para los buques cisterna que cargan el petróleo kurdo en la terminal turca de Ceyhan, como se acordó en el contrato a 50 años que Turquía ha firmado con Erbil [la capital del Gobierno Autónomo de Kurdistán irakí], no fue sorprendente anclar en el puerto israelí de Ashkelon. Ni tampoco fue una sorpresa la primera respuesta positiva al presidente del Gobierno Regional de Kurdistán, Massud Barzani, que declaró a la CNN que “Irak se está hundiendo claramente. Es la hora de decidir el futuro del Kurdistán”, llegase de Israel.

La impresión dominante es que un Kurdistán independiente, que se afianzaría más cuanto más se desintegre Irak, operaría bajo la protección de Turquía, de Israel y de Estados Unidos. Pese a que los “neocons” norteamericanos están encantados con la perspectiva de un Estado kurdo, que sería una “aliado natural” de Israel, el presidente Obama se muestra cauteloso respecto a una nueva aventura militar en el Medio Oriente.

Pese a que por el momento Kurdistán es una isla de estabilidad, una declaración de independencia en donde existen 16 puntos de conflictos potenciales con árabes y turcos pudiera fácilmente encender la violencia en la región. Cuando existe un serio peligro de presencia del Estado Islámico de Irak y Al-Sham, provocar un nuevo caos que arrastraría a árabes y turcos superaría la capacidad de Estados Unidos. Es la causa de que, para Obama, la prioridad es establecer un gobierno de coalición que mantenga a Irak unido.

Es cierto que Ankara, con sus inversiones en el Kurdistán iraquí y sus acuerdos petrolíferos, estrechó las manos de los kurdos, en contra de Bagdad. Pero esta relación, que asumió dimensiones estratégicas, obliga a los kurdos a consultar con Ankara antes de dar ningún paso. Ashti Hawrami, ministro de Recursos Naturales del Gobierno Regional del Kurdistán, declaró a Cansu Camlibel, del diario “Hurriyet” que Ankara está totalmente informada de los pasos que se dan.

En su discurso oficial, Ankara favorecerá la integridad territorial de Irak, pero la impresión que dió era que en el caso de que  Irak se partiera, Ankara dejaría una puerta abierta para la independencia kurda. Turquía no quiere enredarse en la confusión irakí sin resolver su cuestión kurda previamente. La legislación recientemente introducida, que legaliza las negociaciones con el PKK, refleja la ansiedad que Ankara siente ante el potencial impacto de un Estado kurdo en el proceso de paz en Turquía.

Las reacciones de Irán, otro país en la zona que tiene sus propias dificultades con los kurdos, pese a que no se han expresado abiertamente, son similares a los de Turquía, Irán, que ha construido buenas relaciones con el Gobierno Regional kurdo y especialmente con su ala Kurdistán Patriótico [el grupo de Talabani], da prioridad a preservar los avances que hizo en Kurdistán. Irán mantiene el tema kurdo separado de los demás temas de Irak.

Hay que destacar que los kurdos, que a  veces se quejan de la “actitud condescendiente” de Turquía, consideran que Irán desarrolla unas relaciones más igualitarias con ellos. Debe existir alguna razón por la que el primer ministro del Gobierno Regional, Mechirvan Barzani fuera directamente a Teherán después de que las fuerzas peshmergas tomasen el control de Kirkuk el 16 de junio [de 2014].

La alianza secreta que rompió el silencio

El apoyo de Israel a la larga y justificada lucha de los kurdos no es ningún secreto. Israel, dejando aparte a Egipto y Jordania, que han reconocido el Estado judío, siempre ha buscado aliados para reforzar su legitimidad en el mundo musulmán que contrarreste el asedio árabe. Por ejemplo, después de Turquía fue Azerbaián quién llenó el vacío, y de ahí la importancia de los kurdos.

Además, Israel siempre ha tenido estrechos lazos con los kurdos. Los Barzani, tío y sobrino, tienen estrechos vínculos con los judíos kurdos de Barzan y Acre. Según un estudio del año 2008 del investigador Selin Bolme para SETA (Fundación para la Investigación Política, Económica y Social de Turquía), los kurdos les prestaron ayuda durante la emigración de los judíos hacia Israel durante su establecimiento, y también tras la guerra de 1967. Estas relaciones, más la presencia de 150.000 judíos kurdos en Israel, contribuyen a profundizar sus lazos.

Cuando los kurdos se rebelaron contra la política de arabización del Baath, Molla Barzani, padre de Massud Barzani, tuvo su primer contacto con Israel, en 1963. Tras el encuentro, organizado por el servicio iraní de inteligencia, el SAVAK, los servicios israelíes del Mossad proporcionaron armas, dinero e apoyo de inteligencia a los kurdos. El representante kurdo para Europa, Kamuran Ali Bedirhan, fue la persona clave para estos contactos, tras un encuentro previo con el entonces ministro de Defensa Shimon Peres. Los medios israelíes han reproducido frecuentemente fotografías del año 1967 de Molla Barzani con el entonces Ministro de Defensa Moshe Dayan. Molla Mustafa Barzani realizó una segunda visita a Israel en 1973.

Ojos y oídos para Israel en  Irak, Irán y Siria

Las relaciones, que se mantuvieron ocultas para proteger a los kurdos, fueron reveladas en 1980 por el primer ministro Menahem Begin. La prensa israelí escribió que Massud Barzani y Jala Talabani se habían reunido con el antiguo primer ministro Ariel Sharon en 2004. Mientras el acuerdo de 1970 entre los kurdos y Bagdad respecto a la autonomía no pudo efectuarse a causa del bloqueo de Kirkuk, Israel estaba muy ocupado contribuyendo significativamente al desarrollo de elementos autónomos en el Kurdistán.

Según Eliezer Tsafrir, el antiguo jefe de estación del Mossad en el Kurdistán, los consejeros israelíes entrenaron a combatientes kurdos entre 1963 y 1975. Esto explica porqué se cree que el Mossad está tras el sabotaje contra la refinería de Kirkuk. En 1991, durante la operación Tormenta del Desierto, Israel proporcionó asistencia a los kurdos a través de Turquía, y el entonces primer ministro Yitzhak Shamir pidió a Estados Unidos protección para los kurdos. Según el periodista norteamericano Seymour Hersh, tras la ocupación estadounidense de 2003, centenares de agentes israelíes entrenaron a las fuerzas peshmergas. Según relató un funcionario israelí a Hersh, el Kurdistán irakí era los ojos y los oídos de Israel en Irak, en Irán y en Siria. En 2006, la BBC difundió que agentes de entrenamiento en armamento israelíes estaban con los kurdos. Ese mismo año, durante una visita a Kuwait, Massud Barzani dijo que “no es un crimen establecer lazos con Israel. Si Bagdad establece relaciones diplomáticas con Israel, podrán abrir un consulado en Erbil”.

Mientras los kurdos guardan silencio sobre sus relaciones con Israel, éste mantiene también una política de ocultación, porque no quiere que interfiera en sus relaciones con Turquía. Cuando las relaciones entre Turquía e Israel se deterioraron y las relaciones entre Turquía y los kurdos fueron más allá de las expectativas, el motivo para el silencio de Israel también cambió. El funcionario de Defensa israelí Amos Gilad declaró la semana pasada que “nuestro silencio es la mejor forma. Comentarios innecesarios solo pueden molestar a los kurdos”. El antiguo miembro del Mossad Tsafrir declaró a Reuters que la parte kurda quería que las relaciones siguieran siendo secretas.

Israel está dispuesto. Estados Unidos prefieren esperar

Con unas relaciones tan estrechas, no debiera ser sorprendente que los buques cisterna que cargan petróleo kurdo en la terminar turca de Ceyhan descarguen sus depósitos en Ashkelon. Ni tampoco que Israel sea el primer país en apoyar un Kurdistán independiente, después de que Massud Barzani declarara a la CNN que “Irak se está hundiendo claramente. Es hora de decidir el futuro de Kurdistán”.

El presidente saliente Shimon Peres que estaba en Washington el 25 de junio [de 2014] antes de traspasar el cargo a Reuven Rivlin, dijo al presidente Obama que Irak no podía mantenerse unido con intervenciones extranjeras intensivas, y pidió apoyo a la independencia kurda, diciendo que “los kurdos han creado en la práctica su propio Estado democrático”. Al día siguiente, el ministro de Exteriores israelí Avigdor Liberman dijo al secretario de Estado John Kerry en París que “el establecimiento de un Estado independiente kurdo era probablemente inevitable”.

Netanyahu siguió sus declaraciones previas indicando que “tenemos que apoyar las aspiraciones de independencia de los kurdos”.

Un aspecto llamativo de los comentarios de Peres es que también Turquía daba la impresión de aceptar un nuevo status para los kurdos. Huseyin Celik, secretario del dirigente Partido para la Justicia y el Progreso, defendió las declaraciones de Peres cuando el 27 de junio [de 2014] declaró al “Financial Times”: “En el pasado, el tema de un Estado kurdo independiente se consideraba ser causa de guerra. Incluso la palabra ‘Kurdistán’ era suficiente para poner a la gente nerviosa. Pero su nombre es ese, Kurdistán. Si Irak se divide -y eso parece inevitable- ellos son nuestros hermanos”.

La conclusión de todo ello es que Israel está más que dispuesto para un Kurdistán independiente, mientras que Estados Unidos y Turquía quieren que esa independencia se retrase hasta que la opción de un Irak unido desaparezca.

Fuente: http://www.al-monitor.com/pulse/politics/2014/07/iraq-crisis-israel-welcome-kurdish-state-us-turkey.html

El Rey de Kurdistán quiso ser un aliado fiel del imperialismo (y 2)

Cheikh Mahmud
Tras el fracaso del levantamiento de 1931, a Mahmud le obligaron a vivir en una especie de exilio interior en una aldea de la región de Suleimanya, en unas condiciones materiales muy precarias. Los británicos creían que en cualquier momento podían volver a necesitar de sus servicios.

La correspondencia intercambiada entre 1920 y 1940 por el dirigente kurdo con los imperialistas expresa el “malentendido” entre unos (dominadores) y otros (dominados). La calculada ambigüedad de los británicos hacia los kurdos llevó a que Mahmud creyera que eso era lo que esperaban de él: que se enfrentara a Bagdad. Lo que está fuera de duda es que bajo ninguna circunstancia el enemigo eran los británicos. Los enemigos eran los árabes, que no vivían en Londres sino en Bagdad.

Para Mahmud resultaba irrelevante que el cargo de gobernador en Bagdad lo ocupara el rey Feisal, que estaba puesto por los propios británicos y era hachemita; ni siquiera era irakí. A Mahmud le daba lo mismo: era árabe. En la histórica -y sangrienta- manifestación celebrada en Suleimanya en 1930 las masas kurdas gritaban “Queremos autonomía, no queremos un gobierno árabe”.

Para entonces los imperialistas ya habían conseguido lo que se proponían. Fue un triunfo absoluto de la vieja política que el Imperio Otomano sólo había intentado: para someter a los árabes, primero utilizaron a los kurdos con falsas promesas de autonomía y, cuando a su rey, al verdadero rey árabe, a Feysal, le pusieron al frente del nuevo Estado irakí, utilizaron a estos contra aquellos.

Rafiq Hilmi, un colaborador cercano de Mahmud y representante de la “effendiyya” nacionalista kurda, escribió que los británicos nunca entendieron que Mahmud era un nacionalista y trataron de sobornarle y corromperle con privilegios. “No supieron hacer de él [de Mahmud] un aliado sumiso”, apunta Hilmi.

Uno de los pecados de los dominados es que se esfuerzan por “entender” a sus dominadores y cuando les “entienden” lo que lamentan es su falta de “comprensión” hacia ellos, provocada quizá porque no han nacido allá, en Kurdistán. La dominación sería más dulce si hubieran criado sobre el terreno, si hablaran la lengua o si conocieran la historia local.

Hoy los intelectuales nacionalistas kurdos no son capaces de ponerse de acuerdo sobre la figura de su primer rey, cabeza de la actual dinastía Barzani que ahora regenta el Gobierno Autónomo de Kurdistán en Irak. Deben agradecérselo al imperialismo y a una atroz guerra.

Mahmud es un héroe nacional para los kurdos irakíes. Pero otros -que también son kurdos- afirman que sus verdaderos objetivos no eran nacionales sino personales, que no tenía “ideales” sino que perseguía el enriquecimiento de su familia.

Ambas cosas no son incompatibles. Los personajes históricos del tipo Mahmud llevan pantalones con dos bolsillos; en uno llevan su patria y en el otro las monedas y nadie puede poner en duda que ambas les gustan, aunque en casos de apuro es posible que tengan más de una duda sobre si quieren más a su padre o a su madre, a un bolsillo que al otro.

En la historia sólo hay un tipo de personajes que jamás tienen dudas ni vacilaciones porque sólo tienen un bolsillo; el otro está vacío. Sólo ellos pueden llevar una batalla hasta el final. Son esos de los que Marx y Engels dijeron que sólo podían perder sus cadenas…

El Rey de Kurdistán quiso ser un aliado fiel del imperialismo (1)

El dirigente kurdo Cheik Mahmud
El ejército colonial británico empezó a llegar a Mesopotamia en 1917. Dos años después ocupaban Bagdad y al norte de lo que hoy es Irak organizaron un encuentro con los notables kurdos de Suleimanya, una ciudad fronteriza con Irán. Querían preparar un gobierno provisional en Kurdistán o, más exactamente, en una parte de Kurdistán.

Después de la Revolución de Octubre, los imperialistas levantaron la bandera de la liberación de los pueblos y de las naciones oprimidas. No sólo los bolcheviques y la III Internacional eran los que hablaban entonces de emancipación.

Si los imperialistas no “liberaban” a los pueblos lo más probable es que se liberaran a sí mismos, y no podían correr ese riesgo. Por eso al final de la Primera Guerra Mundial, una guerra imperialista, en Londres, en París y en Washington sólo se hablaba del derecho de autodeterminación.

Los británicos eligieron a Cheikh Mahmud como futuro rey de Kurdistán. Terrateniente y jefe de la cofradía sufí Qadiriya, Mahmud era una de las personalidades más influyentes del norte de Irak.

El diseño del futuro reino de Kurdistán era consecuencia de factores internos al Imperio Británico: por razones estratégicas necesitaban tener la región bajo su control, pero no podían ocuparla militarmente, tanto por motivos logísticos como presupuestarios.

Como en India, necesitaban cipayos y eligieron a Mahmud como “hukumdar” (gobernador), un término cercano al de “emir”, es decir, una autoridad política y religiosa a la vez. Los británicos pusieron una vasta región en sus manos, aunque en cada provincia los delegados kurdos tenían a su lado a los “political officers” enviados por Londres vía Bagdad.

Pero esos “political officers” no tenían la misma opinión sobre la manera de regir Suleimanya. Mientras unos proponían imponer una administración indirecta, otros eran partidarios del modelo indio, es decir, el dominio directo de los funcionarios imperiales británicos.

La administración británica en aquel pedazo de Kurdistán nunca fue uniforme. Entre 1918 y 1923 impusieron el “Southern Kurdistan” (Sur de Kurdistán), administrado por los kurdos por sí mismos bajo la supervisión de los consejeros británicos. Luego cambiaron al control directo sobre el resto de las regiones kurdas, desde el Jebel Sinjar, al oeste, al Gran Zab, en el este.

La dominación británica levantó a la población kurda, encabezada por Mahmud, que nunca fue el patriarca dócil que esperaban en Londres. Hubo dos sublevaciones en 1919 y 1923-1924 que condujeron a los británicos a olvidarse de la independencia de Kuridistán para integrarlo finalmente en el nuevo Estado de Irak en 1926.

El primer gobierno de Mahmud duró poco, apenas los dos años de 1918 y 1919 porque el “emir” quiso extender su control a otras regiones de Kurdistán, como Kifri o Kirkuk, mientras que la divisa del Imperio Británico siempre fue la de “divide y vencerás”. En Londres siempre pensaron fragmentar su parte de Kurdistán en varios pedazos para mantener a todos ellos bajo su influencia.

A Mahmud le condenaron a muerte, pero luego lo acabaron desterrando a India y los colonialistas tuvieron que tomar el control de Suleimanya (“Southern Kurdistan”) en sus propias manos. Pero para entonces hablar de “control” era excesivo; los kurdos ya estaban en pie de guerra y volvieron a recurrir a Mahmud para que calmara los ánimos. El 10 octubre 1922 volvía a ser “hukumdar”, aunque él prefirió proclamarse a sí mismo “Rey de Kurdistán”.

Como los amantes que pasan de los brazos de uno a los del otro, los vasallos también cambian de protector y, finalmente, se arrojan a los pies de cualquiera. Al rey se le ocurrió la infeliz idea de pedir socorro a la Turquía kemalista surgida del desplome del Imperio Otomano, que era precisamente lo que los británicos pretendían impedir. Kurdistán estaba destinado a cumplir el papel de tapón entre Turquía y el Imperio Británico en Irak.

Como aquello no era lo pactado, el 16 de mayo de 1923 los británicos volvieron a ocupar Suleimanya, imponiendo un gobierno “autónomo” kurdo con el apoyo de notables dóciles, tras lo cual volvieron a abandonar Suleimanya, creyendo haber solucionado el asunto.

Pero Mahmud regresó el 11 de julio de 1923, esta vez por propia iniciativa. Ya no era el mismo; no podía pensar en ampliar los dominios de su “Kurdistán” ya que apenas controlaba una porción aún más reducida de la antigua Suleimanya.

La relación de Mahmud con los imperialistas fue un continuo tira y afloja. En diciembre de 1923 la RAF, la aviación británica bombardeó su cuartel general en Suleimanya. Los pilotos recibieron la orden de asesinarle, pero en ese momento el dirigente kurdo había acudido a rezar a la mezquita…

Su fracaso no impidió que en 1924 los británicos volvieran a imponer la administración directa. La región de Mosul, donde estaban los pozos de petróleo, ya la habían incorporado al nuevo Estado irakí. Su diseño respondió a la necesidad de asegurar el control de los monopolios británicos sobre el petróleo.

El resto de Kurdistán era menos interesante para el Imperio Británico, lo cual significaba que no merecía la pena gastar mucho dinero en ella.

A pesar de las promesas británicas de autonomía, en 1929 se firmó el Tratado anglo-irakí donde no se establecía ningún régimen especial para Kurdistán. Se produjeron levantamientos, el más importante de los cuales fue el del 6 de setiembre de 1930, cuando el ejército irakí disparó sobre una muchedumbre que se manifestaba en las calles contra el Tratado, matando a 15 personas. Los responsables del levantamiento fueron detenidos y juzgados luego en Bagdad.

Al año siguiente otra revuelta encabezada por Mahmud fue aplastada y toda Suleimanya fue incorporada a Irak.

Estados Unidos ocultó su deuda con Arabia saudí durante 40 años

Durante más de cuatro décadas Estados Unidos ocultó la identidad de sus acreedores, algunos de los cuales estaban ocultos desde la crisis del petróleo de 1974.

Hasta ahora el Tesoro de Estados Unidos no desglosaba los datos de su deuda en poder de 14 países exportadores de petróleo, que incluía a Ecuador, Venezuela, Indonesia, Bahrein, Irán, Irak, Kuwait, Omán, Catar, Emiratos Árabes Unidos (UAE), Argelia, Gabón, Libia y Nigeria.

Ahora la agencia de noticias Bloomberg ha obligado judicialmente al Departamento del Tesoro a detallarla.

En julio de 1974 la crisis del petróleo agravó la situación económica de Estados Unidos, que ya se había visto afectada por un embargo que los países miembros de la OPEP impusieron contra Washington por su apoyo a Israel durante la guerra del Yom Kipur.

A raíz de aquellos acontecimientos, el ministro de Finanzas de la época, William Simon, decidió hacer una gira especial por los países de Oriente Medio y Europa.

Oficialmente esta ronda de visitas fue presentada al mundo como una visita más. Sin embargo, Simon tenía realmente un único objetivo: llegar a Arabia saudí para hablar sobre el problema de la utilización del petróleo como arma económica.

Además, Nixon quería persuadir a los saudíes de la necesidad de invertir en la deuda pública de Estados Unidos. Entonces Nixon dejó muy claro a Simon que su fracaso en las negociaciones con Arabia Saudí podría afectar negativamente la salud económica del país.

Las principales condiciones del futuro acuerdo eran las siguientes: Estados Unidos se comprometía a comprar petróleo y facilitaban apoyo militar a Riad, a cambio, Arabia Saudí inviertía miles de millones de dólares en las arcas públicas de Washington.

Para ajustar todos los detalles del acuerdo, ambas partes sostuvieron una ronda de negociaciones a puerta cerrada. Tras varios meses de negociaciones solo faltaba fijar la única cláusula del futuro acuerdo: la compra de bonos de deuda pública estadounidense por parte de Riad debería quedar en secreto.

Los funcionarios del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos lograron encontrar una solución al problema de la confidencialidad al permitir a Riad no participar de una licitación especial, obligatoria en este tipo de casos, para poder comprar los bonos estadounidenses.

Con esta enmienda especial era casi imposible determinar la presencia de capitales saudíes en el mercado de deuda pública de los Estados Unidos.

Desde el punto de vista político, el acuerdo sellado por Arabia Saudí y Estados Unidos fue bastante complicado y ambiguo. Varios países luchaban en aquellas décadas por el dinero de Riad, como Japón, Francia y el Reino Unido pero Washington se había logrado adelantar a sus socios.

Por su parte, el tercer rey de Arabia Saudí, Faisal bin Abdelaziz, temía que el dinero saudí pudiera quedarse en manos de Israel. Este dinero habría podido llegar a Israel en forma de ayuda militar que los Estados Unidos prestaron a la entidad sionista después de la guerra del Yom Kipur.

De acuerdo con la información facilitada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, actualmente Arabia saudí posee bonos de Estados Unidos por valor de 116.800 millones de dólares.

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