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Las víctimas de violaciones tienen que pagarse la atención médica en Estados Unidos

Los gastos médicos de urgencia de las víctimas de violaciones y agresiones sexuales son objeto de un estudio publicado en el New England Journal of Medicine (*). Desde unos pocos cientos de dólares, dependiendo de la póliza de seguro, hasta varios miles en el caso de los no asegurados, las cantidades pagadas son gigantescas.

Las mujeres que son víctimas de una violación en Estados Unidos tienen que pagar a veces facturas desorbitadas por un tratamiento de urgencia. Los autores del estudio analizaron los datos de 112.000 pacientes que llegaron a los servicios de urgencias tras una violación o una agresión sexual en 2019 (el último año del que se dispone de datos completos). Informan de que este grupo de referencia estaba formado por un 90 por cien de mujeres y un 38 por cien de menores de edad.

Una visita a urgencias tras una violación o agresión sexual implica dos tipos de tratamiento. En primer lugar, un examen forense durante el cual se toman las muestras necesarias para caracterizar la agresión y recoger pruebas de ADN. Salvo error administrativo, estos costes son cubiertos por el dinero público.

Pero los pacientes también reciben atención terapéutica, “es decir, toda la atención médica necesaria después de un ataque”. Los médicos suelen administrar a los pacientes antibióticos para la prevención de enfermedades de transmisión sexual y la anticoncepción de urgencia. Es posible que tengan que tratar las lesiones provocadas por la agresión, como fisuras vaginales y anales y fracturas.

Es esta segunda parte del tratamiento la que a veces no se reembolsa, y las cantidades que se manejan “son asombrosas”, dice el titular: “Las víctimas sin seguro médico, 17.000 personas en 2019, tuvieron que pagar, de media, 3.673 dólares”.

Los que tienen un seguro pagan cantidades menores, que depende en gran medida de su póliza de seguro. “Estas facturas son un trauma adicional para las víctimas”, denuncian los autores del estudio, “cuando no las disuaden de buscar ayuda profesional”. Se calcula que tras una agresión sexual, sólo una de cada cinco víctimas opta por el tratamiento médico.

(*) https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMc2207644

Para encarcelar a las mujeres que abortan es suficiente hurgar en su ordenador

Las cosas se han puesto muy feas en Estados Unidos después de que el mes pasado el Tribunal Supremo sacara al aborto de las garantías constitucionales, aunque ya iban mal con anterioridad.

En 2017 una madre con tres hijos entregó voluntariamente su móvil a la policía y le abrieron un sumario por “comprar en línea píldoras abortivas Misopristol” 10 días antes. No había pruebas de que tomara las píldoras, pero la fiscalía la acusó de “matar a su hijo pequeño”, identificado en la acusación como “Baby Fisher”.

Es uno de los casos en los que los que fiscalía ha utilizado los mensajes de texto y las búsquedas en internet como pruebas contra mujeres acusadas de abortar deliberadamente.

No hay peor enemigo que internet. Las aplicaciones informáticas registran las búsquedas, el historial de navegación y la presencia en “lugares sensibles”, como centros de fertilidad o clínicas de aborto. También ocurre con las visitas a centros de tratamiento de drogas que convierten al usuario en traficante o en toxicómano, lo mismo que la consulta de páginas web yihadistas le convierte en un terrorista.

Hoy día todo se hace a través del móvil y los registros digitales son una mina de oro para la policía, que puede pedir a las empresas tecnológicas los mensajes de texto intercambiados, el historial de búsqueda de los usuarios, su geolocalización y otras informaciones que revelen los planes de interrupción del embarazo.

Entre 2000 y 2021 más de 60 casos en Estados Unidos involucraron a alguien que fue investigado, detenido o acusado por interrumpir su propio embarazo o ayudar a otra persona. Varios de estos casos se basaron en mensajes de texto, historiales de búsqueda y otras pruebas digitales.

Una de ellas fue el caso de Purvi Patel que, en 2015, fue la primera mujer en ser acusada, condenada y sentenciada por “feticidio” al interrumpir su propio embarazo. Las pruebas del Estado incluían mensajes de texto que Patel intercambió con una amiga, en los que hablaba de su intención de tomar píldoras que podrían provocar un aborto.

La fiscalía también aportó como prueba su historial en internet, incluida su visita a una página web llamada “Federación Nacional del Aborto: Aborto después de 12 semanas”. En su móvil la policía encontró un correo electrónico de un sitio web que suministraba píldoras de mifepristona y misoprostol sin receta.

Patel fue condenada a 20 años de prisión, pero más tarde fue liberada tras la anulación de su condena. El Tribunal de Apelación de Indiana dictaminó que la ley estatal de “feticidio” no debía utilizarse para perseguir a las mujeres por sus propios abortos.

Polonia es una pesadilla para las mujeres

En Polonia los movimientos abortistas mantienen un cierto grado de cladestinidad, recurriendo a canales cifrados para pasar información. Los colectivos de mujeres borran sistemáticamente todas las conversaciones en línea después del aborto y advierten que no difunda su experiencia en las redes sociales.

Una organización que proporciona fondos a las mujeres polacas para que aborten en Alemania, paga directamente a las clínicas, en lugar de proporcionar fondos a las interesadas, para que no quede ningún registro digital.

En Polonia se ha introducido un “registro de embarazos”. Desde el mes pasado el gobierno polaco obliga a los médicos a registrar la información sobre las mujeres embarazadas en una base de datos central.

Una polaca que dirige una línea telefónica de información para embarazadas, Justyna Wydrzynska, ha sido detenida y la fiscalía le pide tres años de prisión por haber suministrado píldoras abortivas en 2020 a una mujer que dijo ser víctima de violencia doméstica.

Wydrzynska fue detenida después de que la pareja de la mujer la denunciara a la policía. La primera actuación fue confiscar el ordenador de Wydrzynska, así como los dispositivos de sus hijos.

Hoy la biografía más exhaustiva de una persona está en su propio móvil o en su propio ordenador.

Mujeres secuestradas y violadas por los nazis ucranianos

Este artículo de archivo fue escrito el 5 de abril de 2016, a raíz de un encuentro con Natasha, una prisionera política, que logró escapar del Donbass ocupado a Donetsk. Su detención arbitraria fue llevada a cabo por una unidad independiente de Pravy Sektor, que la llevó a un lugar infernal, donde se violaba a las mujeres y se torturaba y asesinaba a la gente. No estaba lejos de Novogrodivka, en la retaguardia del frente de Donetsk.

Los más de veinte días que pasó en un sucio callejón sin salida entre torturados y asesinados fueron el equivalente a toda una vida. Es sin duda uno de los peores testimonios recogidos por Laurent Brayard en su momento, y esta única entrevista demuestra la verdadera naturaleza del régimen ucraniano, desde el Maidan hasta hoy.

Pero lo peor es que esta mujer fue entrevistada en Donetsk por la Cruz Roja, la ONU y funcionarios de la OSCE. Hoy esta gente respira y vive con lo que ha escuchado. Cómo pueden vivir con esta carga en su conciencia es otra cuestión. Es peor que un descenso a los infiernos, una inmersión en una película de terror, aunque sea real.

Una sencilla mujer del Donbass sumergida en el horror

Natacha, de 55 años, llega una mañana a nuestras oficinas. Son otros presos torturados los que le han indicado el trabajo que hago. Modesta y casi tímida, no se atreve a sentarse. Me pasaría más de dos horas escuchando el espantoso testimonio que me da, la historia de una simple mujer atrapada en una vorágine de tortura y violencia de Pravy Sektor y la Ucrania del Maidan. Este testimonio es sin duda el más duro que he escuchado, y eso que he escuchado demasiados.

“Nací en el Donbass y he vivido allí toda mi vida, vivía en una aldea cerca de Pervomaiskoe, no muy lejos de Makeevka y Donetsk. Era controladora de la compañía local de gas y, aunque nunca me interesó la política, participé en la organización del referéndum para la federalización de Ucrania en la primavera de 2014. Hay que decir que también fui concejal de mi pueblo. A pesar de ello, cuando vimos venir a las tropas ucranianas, no huí, no era consciente de lo que me iba a pasar. Por supuesto que estaba a favor de la RPD [República Popular de Donesk], de la insurgencia, pero no tenía ninguna actividad subversiva. Seguí con mi trabajo. Con una pequeña moto recorría bajo el fuego y los disparos toda la zona asignada para cortar las tuberías de gas, a menudo durante los bombardeos y lo hice hasta el 27 de enero de 2015, el día que me detuvieron”.

“Cuatro o cinco tipos fuertes con pasamontañas vinieron a mi casa gritando. Lo registraron todo y no encontraron nada, pero en mi teléfono había muchas direcciones de los puntos de gas a cortar y números correspondientes a las lecturas. Dijeron que era una coordinadora de la artillería del Ejército Republicano. No pude defenderme. Llovieron los golpes y me llevaron en un vehículo. Me habían tapado la cabeza y los ojos con cinta adhesiva, además de una bolsa. Durante el viaje, mientras estaba tumbada en la parte de atrás, un hombre no dejaba de interrogarme y de golpearme en la cabeza. Me llevaron a una sede de Pravy Sektor entre Celidovo y Novogrodovka, donde comenzó la tortura”.

En la antesala de la muerte y el infierno

“Estuve detenida 19 días, siete de ellos sin comer, sólo vitaminas en un vaso de agua y 11 días con las manos atadas, y hasta hoy tengo secuelas. Me golpearon con palos y con las manos desnudas, me rompieron casi todos los dientes superiores. Me tiraron al suelo y me golpearon en sesiones terribles. No vi a un médico hasta el undécimo día, no se me permitía ir al baño, solía hacer mis necesidades encima. En 19 días perdí muchos kilos y no podía caminar. Me rompieron y giraron todas las uñas y tengo un quiste en la espalda de tanto patear. También me acuchillaron ligeramente con un cuchillo y lo presionaron contra mi frente para obtener respuestas. Por la noche me metieron en un sótano, estábamos en las instalaciones de una mina. Podía escuchar los gritos de los torturados, muchos hombres pero también algunas mujeres. Estos gritos resonarán en mi cabeza toda mi vida”.

“Cuando me llevaron, pasé por una habitación en la que yacía una mujer joven de unos 25 años, su nombre era Carla o Christina, o algo así. Estaba completamente desnuda y atada en una cama, los torturadores venían y la violaban según sus deseos, ella lloraba débilmente llamando a su madre Mamiulia, Mamiula, no me hagas más daño, por favor. Era aterrador, era como un sueño. Fue aterrador, los torturadores me dijeron que era una francotiradora y que no tenía que saber más. La violaron durante mucho tiempo. Al final gemía y cuando la violaron, pude oír los postes de la cama golpeando la pared. Yo estaba al otro lado. Luego me encerraron en un sótano. Un día la joven torturada desapareció. No sé qué hicieron con ella. En este nuevo agujero me quedé dos días. No había calefacción, no podía dormir por el frío. El lugar estaba cubierto de sangre seca. Los agujeros de bala acribillaban literalmente una de las paredes. Era sin duda un lugar de tortura y ejecución de prisioneros. Se podían ver decenas de condones usados por todo el suelo, arrojados allí después de las violaciones. Había otras chicas gritando pero no podía verlas”.

Violaciones por esbirros de Pravy Sektor a manos de la policía política del SBU

“Me sacaron del sótano en estado demacrado y me encadenaron en un gimnasio donde había otra mujer llamada Galina Stepenienka. Tenía la cabeza hinchada y me dijo que había sido violada y golpeada repetidamente por soldados borrachos. Se nos prohibió hablar entre nosotros, bajo pena de muerte, pero pudimos hacerlo. Me quedé allí, de vez en cuando entraba un soldado y nos daba patadas o nos insultaba. Me dieron comida, un médico militar ucraniano me desató las manos al undécimo día, ya no podía usarlas. Me llevaron a un baño, pero no pude lavarme durante 19 días. El decimoctavo día colocaron a un joven preso en nuestra habitación, no muy golpeado, rápidamente comprendimos que era un falso preso y un chivato, de todas formas qué tenía que decir, ¡no había hecho nada! Todas las noches podíamos seguir oyendo los gritos de niñas violadas y torturadas, o de hombres maltratados”.

“El decimonoveno día, me llevaron en un estado lamentable a Druzhovka, cerca de Kramatorsk, a una especie de cuartel general del SBU o algo así. Allí la gente no estaba encapuchada, prepararon una declaración en la que yo reconocía mis actividades separatistas y el hecho de ser coordinador de artillería, estaba dispuesto a todo después de ese trato y entonces no importaba. Firmé el papel. Pensé que me iban a llevar a la cárcel como a otra mujer de allí llamada Yulia Michiouka en Mariupol o en otro lugar, pero me soltaron en mitad de la noche. Me llevó a casa un joven soldado ucraniano que estaba asustado por mi aspecto y por lo que me habían hecho. Me dijo que Pravy Sektor seguía en la zona en la que yo vivía y que, aunque el tribunal me hubiera liberado, iba a desaparecer como mucha de la gente de mi pueblo; de hecho, habíamos visto desaparecer a gente como Sergei Vasilyevich Reznik, Vladimir Banderenka o Alexander Uzakov y docenas de otros”.

La Cruz Roja, la ONU y la OSCE lo sabían todo

“Era el 14 de febrero, me fui a casa con órdenes de no salir, pero entendí que tenía que huir. En aquella época, no había pases ni autorizaciones para los autobuses que cruzaban el frente, así que simplemente cogí mi bolso, el dinero que tenía y me subí a un autobús. Fue entre el 16 y el 18 de febrero de 2015. Como aún no estaba registrado en los cruces, crucé la línea del frente con el miedo en el estómago y me encontré en Donetsk el mismo día. Desde entonces vivo en un albergue del gobierno y con ayuda humanitaria de la Federación Rusa y de mi hija. Encontré un trabajo como cocinero, pero por un salario de 1.730 rublos a tiempo parcial, estoy sobreviviendo. Todas mis pertenencias se han quedado en la zona ocupada. Me escuchó Charline Frantz, una trabajadora de la Cruz Roja suiza, y también un comisario de la ONU, también había un francés, quizás de la Unión Europea, tengo su tarjeta de visita en alguna parte… Una cosa es cierta: escucharon mi testimonio, pero no lo vi venir”.

El testimonio de Natacha termina de nuevo tras los pasos de la Cruz Roja, con Charline Frantz. Pero también con la ONU y con funcionarios europeos, probablemente de la OSCE. En las altas esferas, las autoridades europeas y occidentales, por no hablar de la Cruz Roja, lo saben, por lo que conocen la verdad sobre las torturas, las violaciones, las ejecuciones. Mientras tanto, los periodistas siguen negando el horror de los terribles actos cometidos por Kiev, su ejército, sus servicios de seguridad y hasta ahora ninguno de los corresponsales de los grandes medios de comunicación ha salido con el más mínimo testimonio, aunque esté al alcance de la mano, sobre los crímenes contra la humanidad que son perpetrados por Ucrania en el Donbass y en Ucrania. ¿Continuará el silencio por mucho tiempo?

Seis años después, no sólo sigue el silencio… sino que los periodistas utilizan la desinformación y la edición proporcionada por Ucrania para intentar invertir los papeles.

Laurent Brayard https://www.donbass-insider.com/fr/2022/05/12/natacha-viols-et-tortures/

Una guerrillera vietnamita fusilada con 19 años: Vo Thi Sau

Un vuelo muy corto sobre el mar, desde el aeropuerto internacional de Tan Son Nhat, y ya está. El destino es la costa sur de Vietnam, pero bien podría ser otro mundo. En menos de una hora, se pasa del ajetreo de Ciudad Ho Chi Minh (Saigón) a la tranquila y melancólica belleza de la isla de Con Son, la mayor y más infame de las dieciséis islas del archipiélago de Con Dao.

Los vietnamitas llegan de lejos no sólo para disfrutar de las impresionantes vistas al mar, los mariscos frescos y los vigorizantes paseos por las playas vírgenes, sino también para participar en una solemne peregrinación a lugares oscuros heredados de la brutalidad francesa y estadounidense. La isla de Con Son sigue siendo un testimonio condenatorio de la suprema arrogancia de una potencia colonial en decadencia, que pasó el sangriento testigo a una potencia neocolonial ascendente, ambas creyendo que tenían derecho a determinar el destino de un país que no era el suyo. Muchos de los que vienen aquí son veteranos de guerra y antiguos prisioneros que rinden homenaje a sus compañeros caídos.

Este paraíso tropical fue una colonia penal durante la época colonial francesa y durante la guerra americana en Vietnam. Para 22.000 vietnamitas y varios camboyanos, la isla de Con Son fue literalmente la última parada de un viaje que comenzó con su detención y encarcelamiento en el continente. ¿Su delito? Resistir al invasor extranjero y luchar por la independencia y la unificación de su país. Además de las ejecuciones, las enfermedades y las torturas causaron muchas muertes.

Los franceses construyeron el complejo penitenciario de Con Dao en 1861 para retener a los presos políticos y lo entregaron al gobierno de Vietnam del Sur en 1954. Era un Alcatraz político de extrema violencia, con condiciones de vida inhumanas, métodos de tortura bárbaros, sin posibilidad de escapar y con muy pocos supervivientes. Estados Unidos y sus colaboradores en el Estado vietnamita llevaron este infierno en la tierra a la perfección distópica.

Jaulas de tigres

Al igual que los colonialistas franceses habían hecho antes, el gobierno de Vietnam del Sur siguió utilizando la isla como lugar seguro y aislado para detener, interrogar y torturar a sus prisioneros políticos, con la plena cooperación, colaboración y apoyo de su benefactor estadounidense.

Lo que la mayoría de la gente sabe sobre la isla de Con Son es el resultado de una misión de investigación del Congreso en julio de 1970, en la que participaron dos representantes del Congreso estadounidense, Augustus Hawkins y William Anderson, acompañados por Tom Harkin, traductor, entonces empleado del Congreso y más tarde senador estadounidense, Don Luce, y Frank Walton, director de la Oficina de Seguridad Pública de la Usaid y asesor de prisiones.

Don Luce, que vivía y trabajaba en Vietnam desde 1958 para los Servicios Voluntarios Internacionales, una ONG que fue el modelo de los Cuerpos de Paz de Estados Unidos, y el Consejo Mundial de Iglesias, escribió sobre la visita en un artículo titulado “Las jaulas de los tigres de Vietnam”:

“Al salir, Frank Walton, el consejero de la prisión estadounidense, describió Con Son como “un campamento de exploradores recreativos”. Era, dijo, “la mayor prisión del mundo libre”.

“Vimos algo muy diferente cuando llegamos a la prisión. Con la ayuda de los mapas dibujados por un antiguo preso de las jaulas de tigres, nos alejamos del recorrido previsto y nos adentramos en un callejón entre dos edificios de la prisión. Allí encontramos una pequeña puerta que conducía a las jaulas dentro de los muros de la prisión. Un guardia del interior oyó la conmoción del exterior y abrió la puerta. Entramos.

“Los rostros de los prisioneros en las jaulas de abajo todavía están grabados de forma indeleble en mi mente. El hombre con tres dedos cortados; el hombre (al borde de la muerte) de la provincia de Quang Tri, al que le habían abierto el cráneo; el monje budista de Hue que hablaba apasionadamente de la represión de los budistas. Recuerdo claramente el terrible olor a excremento y las heridas abiertas donde las cadenas cortaban los tobillos de los prisioneros. “Dadme agua”, suplicaron. Nos pidieron que corriéramos entre las celdas para comprobar el estado de salud de los demás presos y nos pidieron continuamente agua”.

Algunas de las fotos de Harkin y un artículo se publicaron en la edición del 17 de julio de 1970 de la revista Life. Las jaulas de los tigres, construidas por los franceses en 1940, consistían en 60 celdas sin techo que se utilizaban para torturar a los prisioneros “tomando el sol” bajo el ardiente sol tropical. Sus torturadores atravesaban regularmente los barrotes, golpeaban a los prisioneros, les echaban cal en las heridas abiertas y orinaban sobre ellos.

Luce fue recompensado por su papel central a la hora de llamar la atención del mundo sobre estas atrocidades: la embajada estadounidense en Saigón le prohibió recibir su correo en la embajada, fue objeto de vigilancia policial e incluso de un intento de asesinato (por mordedura de serpiente) y fue expulsado del país menos de un año después.

A principios de 1971, Morrison-Knudsen Corp. y la empresa Brown and Root construyeron nuevas jaulas para tigres como parte de un contrato de 40.000 dólares (2,7 millones de dólares en 2021) con Maccords (Military Assistance Command Civil Operations for Revolutionary Development Support), el programa de ayuda económica paramilitar estadounidense en Vietnam.

El Cementerio de Hang Duong

Cada noche, poco antes de la medianoche, cientos de peregrinos visitan el cementerio de Hang Duong para rezar y presentar sus respetos a algunas de las 2.000 tumbas que hay allí, la mayoría anónimas, cada una con una estrella roja y la palabra “liet si” (mártir). Setecientas tumbas están marcadas. El resplandor rojo de las barritas de incienso que arden sobre las tumbas del cementerio de 20 hectáreas atraviesa la oscuridad nocturna, con su penetrante olor en el espeso aire de la noche.

La tumba que más visitantes atrae es la de una guerrillera escolar de la actual provincia de Ba Ria-Vung Tau, que se unió a la resistencia antifrancesa a los 14 años. Vo Thi Sau (1933-1952) es uno de los mártires más famosos de la causa independentista vietnamita. Le Hong Phong (1902-1942), segundo líder del Partido Comunista de Vietnam, y Nguyen An Ninh (1900-1943), escritor, activista y revolucionario, también están enterrados en Con Son.

Otras personalidades famosas que sobrevivieron a las prisiones de la isla de Con Son son: Le Duan (1907-1986), uno de los artífices de la Ofensiva del Tet de 1968; Pham Van Dong (1906-2000), que fue primer ministro de la República Democrática de Vietnam (“Vietnam del Norte”) de 1955 a 1976 y de la República Socialista Unificada de Vietnam desde 1976 hasta su jubilación en 1987; Le Duc Tho (1911-1990), que dirigió la delegación vietnamita en la Conferencia de Paz de París (fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz junto con Henry Kissinger en 1973, pero lo rechazó); Ton Duc Thang (1888-1980), que se convirtió en presidente tras la muerte de Ho Chi Minh en 1969; y Truong My Hoa, superviviente de las jaulas de tigres de Estados Unidos, que fue vicepresidente de Vietnam entre 2002 y 2007.

A los 14 años, Vo Thi Sau lanzó una granada, matando a un capitán francés e hiriendo a 12 soldados. En 1949, lanzó una granada a un jefe de aldea vietnamita, responsable de la ejecución de muchos combatientes de la resistencia vietnamita, que no explotó. Fue capturada por los franceses y enviada a tres prisiones antes de ser encerrada en la prisión de Con Son, probablemente porque los franceses no tuvieron el valor de ejecutar su sentencia de muerte en el continente, en una época en la que era contrario a la ley colonial ejecutar a una mujer. Fue la única mujer prisionera ejecutada por los franceses en Con Son.

Como otros vietnamitas que murieron por la causa de la independencia, Sau, una heroína nacional celebrada en el teatro y la canción, ha sido elevada a espíritu ancestral. Todas las ciudades y pueblos vietnamitas tienen una calle con su nombre, al igual que muchas escuelas. Encarna el espíritu de millones de vietnamitas a lo largo de la historia, incluidos los soldados de la primera y la segunda guerra de Indochina, que lo sacrificaron todo -su juventud, su salud, su amor, su felicidad personal y su vida- para que Vietnam pudiera convertirse en una nación unificada y soberana.

El 23 de enero de 1952, dos años antes de la derrota francesa en Dien Bien Phu (durante la cual los soldados del Viet Minh evocaron el nombre de Sau) y del final de la Primera Guerra de Indochina, antes de que Estados Unidos se hiciera cargo de la guerra y la ocupación en la Segunda Guerra de Indochina, Vo Thi Sau fue ejecutada en un momento en que cerca del 80% del esfuerzo bélico francés era financiado por Estados Unidos, lo que significa que fueron cómplices de su asesinato.

La mañana de su ejecución, el capellán de la prisión visitó a Sau y le dijo: “Ahora voy a bautizarte y a absolverte de tus pecados”. “No tengo pecados”, respondió ella. “Bautiza a la gente que está a punto de matarme. Sólo lamento no haber podido exterminar a los colonialistas que robaron Vietnam y a sus compinches, que se lo vendieron. Sólo pido una cosa. Cuando vengas a dispararme, no me cubras la cara. Soy lo suficientemente valiente como para mirar a los tiradores”. Quería ver su patria por última vez y mirar al enemigo a los ojos antes de dar su último aliento.

Intrépida hasta el final, Sau siguió cantando Tien Quan Ca, actual himno nacional de Vietnam, hasta que se dio la orden de disparar, tras lo cual gritó: “¡Abajo la ocupación colonial!” y “¡Viva Ho Chi Minh!”. Se dice que siete soldados, que recibieron dos balas cada uno, dispararon, pero sólo dos disparos dieron en el blanco. (Algunos creen que tal vez bebieron para llevar a cabo esta tarea, o que simplemente no se atrevieron a ejecutar a una mujer. La creencia popular es que el pelotón de fusilamiento se molestó por su mirada). Una bala se alojó en su cadera, la otra le rozó la cara. En lugar de ordenar una segunda descarga, el oficial a cargo se acercó, sacó su revólver y disparó a quemarropa para acabar con su vida.

Los franceses -con la ayuda de sus “acólitos” locales- acabaron con la joven y prometedora vida de Vo Thi Sau aquella mañana de enero, pero su espíritu más grande que la vida sigue vivo, su lugar perpetuado en el panteón milenario de las heroínas y héroes eternos de Vietnam. Sólo tenía 19 años.

La gente acude a su tumba para rezar por ella y hablar con ella, quemar incienso y colocar ofrendas en su tumba. Algunos extienden la mano para tocar su lápida, buscando algún tipo de conexión, mientras que otros permanecen en las sombras, con las manos juntas y la cabeza inclinada, rezando.

He visitado y rezado en la tumba de Vo Thi Sau muchas veces y siempre me siento humilde e inspirado por el supremo sacrificio que ella y muchos otros hicieron en nombre de su país y de la justicia universal. Visitar el cementerio de Hang Duong me llena de un profundo sentimiento de admiración y gratitud por estos mártires, que alcanzaron el sacrificio y la inmortalidad con sus valientes actos.

La necesidad permanente de sacrificio

En un ensayo de 2015 sobre su visita a Con Son, James Rhodes describió la isla como un “hermoso lugar con una historia trágica”. También muestra que las personas buenas prevalecerán sobre las acciones malvadas y violentas de los demás. Este es el sentimiento irresistible que emana de toda esta zona y que conecta a un alma receptiva con otra, sin importar dónde se encuentre. “Sólo por eso, merece la pena visitar este lugar”.

Esta observación capta la esencia agridulce de lo que se siente al explorar la isla y recorrer los terrenos sagrados del cementerio de Hang Duong. Aunque es trágico, hay una comprensión profunda y tranquilizadora de que los miles de personas cuyos restos están enterrados aquí estaban en el lado correcto de la historia y dieron su vida en la lucha por la independencia de Vietnam. Este es uno de los regalos de Con Son a los que tienen ojos para ver y oídos para oír. Sus espíritus nos recuerdan el quinto recuerdo de Buda: “Mis acciones son mis únicas posesiones reales. No puedo escapar de las consecuencias de mis actos. Mis acciones son el terreno sobre el que me mantengo”.

  1. 69 años después de la ejecución de Vo Thi Sau, 46 años después del final de la guerra de los Estados Unidos. Aunque Vietnam está en paz y disfruta de una relativa prosperidad, se enfrenta a una serie de cuestiones candentes y causas nobles por las que merece la pena luchar en nombre de Vietnam y del mundo. Las guerras que se libran actualmente son contra el cambio climático, la corrupción, la deforestación y la contaminación ambiental, entre otras muchas cuestiones.

Aunque el martirio ya no es necesario, el trabajo duro, el valor y el sacrificio son necesarios para que la nación por la que Vo Thi Sau y otros lucharon tan valientemente pueda alcanzar su objetivo de desarrollo sostenible a largo plazo. El espíritu indomable de Sau debe seguir vivo, aunque de forma diferente y adaptada a una nueva época.

Mark A. Ashwill https://www.counterpunch.org/2021/10/21/of-spirits-martyrs-legends-the-magic-sorrow-of-vietnams-con-son-island/

Una feminista de primera hora en China: Qiu Jin

Conocida como la Caballero del Lago de los Espejos, Qiu Jin (1875-1907) fue una de las primeras revolucionarias, feministas y poetas de finales de la dinastía Qing (1644-1911). Luchadora contra el feudalismo chino y defensora del elevado papel que correspondía a las mujeres en la sociedad y en la historia, Qiu fue decapitada tras un levantamiento antifeudal fallido.

Nacida en el seno de una familia moderadamente acomodada con raíces en Shanyin, provincia de Zhejiang, Qiu creció interesada en la lectura, la equitación y la esgrima. Al ver sus intereses, su familia le proporcionó una buena educación y esperaba que encajara en una sociedad aburguesada.

A los 21 años se casó con una familia rica por acuerdo de su padre. Unos cuatro años después del matrimonio, el marido de Qiu fue ascendido a funcionario de la corte imperial de Pekín. Sin embargo, al vivir con un hombre que tenía una visión más convencional que ella, Qiu pronto se cansó de su relación mundana y se fue a Japón en 1904 para estudiar.

Destacada por su oratoria apasionada, su estilo de vestir masculino y sus pensamientos revolucionarios, conoció a muchos revolucionarios y se unió a las sociedades secretas de la época, como la Guangfuhui, dirigida por Cai Yuanpei, y la Tongmenghui, dirigida por Sun Yat-sen. Regresó a China en 1905.

Tras recibir una suma de dinero de la familia de su marido, Qiu creó en 1907 una revista en la que abogaba por la liberación de la mujer, incluyendo la independencia financiera, la libertad en el matrimonio, la educación y las profesiones, así como la abolición del concubinato y la práctica de los pies atados, una aberrante tradición que lisaba los pies de las mujeres para crear una figura y dar forma a una manera de caminar que gustase a los hombres.

Influida por la democracia occidental, Qiu estaba decidida a derrocar el corrupto gobierno Qing dirigido por la familia real manchú. Aprendió artes marciales, el manejo de la espada y la fabricación de bombas. Trabajó con su prima Hsu Hsi-lin en la organización y unión de sociedades secretas, escondidas en una escuela de niñas. El 6 de julio de 1907 Hsu fue capturada por las tropas imperiales antes de un levantamiento planeado y confesó su participación tras el interrogatorio.

El 13 de julio Qiu fue detenida en la escuela de la que era directora. Aunque negó su participación, el gobierno encontró pruebas incriminatorias y la ejecutó en Shaoxing, provincia de Zhejiang. Le cortaron la cabeza en una ceremonia pública. Se dijo que su vida sólo se habría salvado si hubiera escrito una carta de confesión. Pero ella se negó y sólo escribió un poema: “El viento de otoño y la lluvia de otoño me angustian tanto”.

Fue enterrada por un amigo en el Lago del Oeste de Hangzhou y se convirtió en una mártir para los revolucionarios, comunistas y, naturalmente, las mujeres chinas. En 2011 una película recordó su trayectoria revolucionaria.

Segrega a las mujeres que algo queda (y no sólo en Afganistán)

Desde el 31 de agosto, la inmensa mayoría de noticiosos que se escriben o emiten sobre Afganistán están centrados en la discriminación de la mujer, centrándose la mayoría de ellos en que las niñas no podrán ir a la escuela y que éstas están “segregadas por sexos”. Aluden ciertos o ciertas periodistas a nombres como las “activistas” Zarlasht Mayar o Masouda Kohistani, a saber si son reales o ficticias afirmando que “la segregación de las clases es un comienzo para aislar a las mujeres de la sociedad” (1).

De lo poco o nada que hablan es de la concentración el día 11 de septiembre de centenares de mujeres en la Universidad Shahid Rabbani de Kabul y de sus manifestaciones. “Las mujeres estarán seguras ahora. Apoyamos con todas nuestras fuerzas al nuevo Gobierno”. “Estamos en contra de esas mujeres que protestan en las calles pretendiendo representar a las mujeres afganas”, “¿La libertad es igual a querer al antiguo Gobierno? No. Eso no es libertad”. “El Gobierno saliente abusaba de las mujeres, las contrataba solo por su belleza”. Después de la concentración las manifestantes salieron a la calle mostrando pancartas en las que se leía: “Las mujeres que se han marchado de Afganistán no pueden representarnos”, en una clara advertencia a la hipócrita progresía euronorteamericana (2).

Es de imaginar que hacían referencia a dos feministas occidentales: la cantante de pop Aryana Sayeed, evacuada en dirección a Estados Unidos. Según la página oficial de la OTAN, Aryana Sayeed es considerada la artista femenina más conocida y establecida y una defensora de las mujeres y los derechos humanos de la generación actual de Afganistán. Nacida en Kabul, Aryana abandonó el país de su nacimiento a una edad temprana debido a la larga guerra civil; inicialmente emigró a Pakistán con su familia y después de una breve reubicación en Suiza, finalmente se estableció en su ciudad natal actual de Londres. En los últimos años, Aryana ha pasado la mayor parte de su tiempo dentro de Afganistán mientras se desempeñaba como entrenadora en el programa de talentos internacionalmente conocido The Voice y como jueza en el programa de televisión más grande de Afganistán, The Afghan Star. En 2018 también se desempeñó como juez internacional en The World’s Best, de CBS (3).

Y la directora de cine Sahraa Karimi huída a Ucrania. Katayoon Shahabi, producirá la película “Flight from Kabul”, al igual que la presidenta de la Academia de Cine y Televisión de Eslovaquia, Wanda Adamik Hrycova. Esta última ayudó a Karimi a huir de Afganistán y asegurar el paso a Ucrania. Karimi estudió en Eslovaquia y tiene la ciudadanía eslovaca (4).

Curiosamente las dos “emblemáticas activistas afganas”, una tiene la nacionalidad inglesa y la otra la nacionalidad eslovaca.

RET International es miembro de la Red Interinstitucional para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE – www.ineesite.org). Es una red global de representantes de organizaciones no gubernamentales, la ONU, organismos donantes, gobiernos, instituciones académicas. Pues bien, desde 2001 RET forma parte del Comité Directivo de la INEE y en el 2010 detenta su presidencia junto con el Banco Mundial (5).

Uno de los grandes contribuyentes es el Departamento de Estado norteamericano, a través de la Oficina de Población, Refugiados y Migración, la cual en su página web ante la pregunta sobre las actividades que financia: “¿Las ONG que reciben dinero de la Oficina están obligadas a seguir alguna directriz? Sí. La Oficina financia proyectos que se ajustan a la misión de la Oficina” (6).

Dicha ONG publicaba un informe en octubre de 2015 que llevaba por título “Afganistán: Una reflexión sobre protección de mujeres jóvenes afganas” en el cual señalaba que: ”En Afganistán sólo maestras pueden enseñar a mujeres y niñas, lo cual agrava la situación dado que en general hay un mayor número de maestros acreditados; todavía hoy es así. Estos elementos generan una escasez crónica de clases de primaria para mujeres, y las pocas que existen deben otorgar prioridad a las niñas en edad para ese nivel de estudio… Además las clases no pueden ser mixtas, no solamente en términos de género sino en lo que respecta a grupos de edad y situaciones de vida (mujeres casadas no pueden estar en el salón de clases con niñas vírgenes). El espacio insuficiente en las escuelas produjo la exclusión definitiva de muchas jóvenes, quienes se vieron forzadas a perder años de escolaridad” (7).

Aunque curiosamente en aquel momento ningún o ninguna periodista escribía sobre ello, pues de lo que se trataba era de encubrir el régimen invasor euronorteamericano. ¿Es que los/las periodistas canallas se han enterado ahora del sistema de enseñanza diferenciado por sexos en Afganistán?

Pero ahondando más en el tema de la diferenciación por sexos, pocas o ninguna noticia aparece en los medios sobre la implantación en las escuelas públicas de Estados Unidos y Europa sobre esta cuestión. Al respecto es interesante el estudio investigativo realizado el año 2013 por María Calvo Charro, Profesora Titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III (Uned. Revista de Derecho Político N.º 86, enero-abril 2013, págs. 159-194) con el título “Los colegios diferenciados por sexo en Estados Unidos: Constitucionalidad y actualidad de una tendencia imparable”, en el cual afirma: “En los últimos años Estados Unidos ha experimentado el resurgir de la educación diferenciada por sexo con el apoyo de políticos de muy diferentes tendencias, educadores, padres, ciertos sectores feministas, así como asociaciones de defensa de los derechos de los afroamericanos y otras minorías”.

Las experiencias diferenciadas en centros públicos han crecido considerablemente al amparo de esta ley que además permite que este tipo de centros, a pesar de ser públicos, puedan recibir financiación adicional, aportaciones económicas y donaciones de entidades y sujetos privados deseosos de apoyar estos proyectos. Gracias a lo cual se han podido abrir varios centros femeninos y masculinos en Bronx, Queens y también en Chicago, Philadelphia, Dallas y Austin, en los que se están alcanzando tasas de éxito escolar antes impensables entre minorías desfavorecidas. La educación separada por sexo ha sido especialmente incentivada por grupos de defensa de los derechos civiles de minorías, que lo consideran un modelo óptimo para superar el déficit educativo histórico de afroamericanos y latinos. De hecho, las experiencias en este sentido, amplia y expresamente apoyadas por el Presidente Obama y el Secretario de Educación Duncan, están dando magníficos resultados que superan todas las expectativas.

En otros países también se ha abierto un intenso debate público sobre la eficacia de la educación diferenciada, sus ventajas y desventajas están siendo analizadas en profundidad. Y en muchos de ellos la discusión y el análisis ha dejado ya paso a la adopción de medidas concretas, como la creación de colegios públicos “single sex” o la separación dentro de un mismo colegio de clases de niños y clases de niñas durante determinadas edades. Como ejemplo, podemos citar el caso de Nueva Gales del Sur, el estado con más población de Australia, donde las solicitudes de plaza en escuelas públicas mixtas se redujo, ya en el 2001, en un 50 por ciento. Otro ejemplo lo encontramos en los Lander alemanes de Berlín y Renania del Norte-Westfalia, donde, desde 1998, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, después de una seria investigación, se autorizaron las clases diferenciadas por sexo. En Francia, la educación mixta comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de adolescencia, juventud y familia) Michel Fize (2003), “Las trampas de la educación mixta”, donde expone cómo la educación mixta en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos. En Québec, el prestigioso Consejo Superior de la Educación, en un informe de 1998, estimó necesaria una radical reforma pedagógica encaminada a separar chicas y chicos en las escuelas. Medida que de hecho ya se está aplicando. En Suiza, el debate se reabrió en 1993 a raíz de una Conferencia de Directores Cantonales de Educación. En las conclusiones finales se proponía que, para eliminar los estereotipos y atender mejor a las necesidades de las chicas, era preciso adoptar las medias que fueran necesarias, incluyendo la separación de sexos, con el fin de lograr una enseñanza individualizada y diferenciada” (8).

En el “occidente civilizado”, la diferenciación educativa por sexos se defiende y ampara en base a estudios pedagógicos y para proteger a niñas y adolescentes de la prepotencia de los varones, principalmente en primaria y secundaria. En el “oriente fundamentalista” se anatematiza y se le da el nombre de segregación.

Y hablando de “segregación” en la escuela, un reciente informe de mayo de 2021 publicado por ESADE (EsadeEcPol) y Save the Children, muestra que España es uno de los países de la OCDE que más segrega al alumnado según su nivel socioeconómico, solo por detrás de Turquía y Lituania. Según José Montalbán, economista y profesor en el Institute for Social Research (SOFI) de la Universidad de Estocolmo, la segregación sería “la concentración de un grupo de la población determinada. Por ejemplo, inmigrantes versus no inmigrantes o ricos versus pobres en un sitio muy determinado que, en este caso, son los centros educativos”. Para que no hubiese segregación, un 32 por ciento del alumnado más desfavorecido tendría que cambiar de colegio. “Normalmente vas al cole que está más cerca de tu casa. Si ya de por sí hay segregación residencial alta. Eso implica que los chavales de un barrio, más pobres, no se mezclarán con los de otros barrios más ricos” (9).

España tiene un grave problema de segregación escolar, entendida como la concentración de niños de familias pobres en centros concretos de un municipio o una autonomía frente a colegios privilegiados, con una presencia escasa de rentas bajas, en los mismos barrios o territorios.

Estas escuelas e institutos, las más expuestas al fracaso escolar, se consideran centros segregados cuando el porcentaje de alumnos con familias desfavorecidas y con baja formación supera el 25 por ciento y se denominan colegios “gueto” cuando la concentración es superior a la mitad de los estudiantes (10).

No se trata en este escrito de profundizar en el debate sí o no escuela mixta, tan solo apuntar que la información o desinformación periodística que llega a nuestros ojos y oídos ya de por sí es segregadora, oculta distintas realidades en diversos países, para centrarse solamente en seguir las órdenes de quienes intentan desesperadamente justificar la injustificable invasión de un país durante veinte años y el asesinato de cientos de miles de hombres, mujeres y niños para imponer “manu militari” la civilización occidental.

Para esto cobran los/las periodistas canallas.

(1) https://www.dw.com/es/afganist%C3%A1n-las-mujeres-podr%C3%A1n-estudiar-pero-separadas-de-los-hombres/a-59159689
(2) https://www.dw.com/es/afganist%C3%A1n-mujeres-manifiestan-apoyo-a-talibanes-en-kabul/a-59156780)
(3) https://nato-engages.org/speakers/aryana-sayeed/
(4) https://womenandhollywood.com/sahraa-karimi-is-making-a-film-about-her-escape-from-afghanistan/
(5) https://es.theret.org/donors-partners/
(6) https://www.state.gov/population-refugees-and-migration-funding-opportunities/
(7) (https://es.theret.org/our-thoughts-on-protecting-young-afghan-women/)
(8) http://www.easse.org/es/content/236/LOS+COLEGIOS+DIFERENCIADOS+POR+SEXO+EN+ESTADOS+UNIDOS%3A+CONSTITUCIONALIDAD+Y+ACTUALIDAD/
(9) https://www.newtral.es/segregacion-escolar-informe-espana-ocd/20210502/
(10) https://www.hoy.es/sociedad/educacion/espana-tercer-pais-20210428132605-ntrc.html

Del ‘útero errante’ al ‘baile de las locas’: las mujeres que sirvieron como cobayas de los médicos

La directora de cine francesa Melanie Laurent ha llevado a la pantalla “El baile de las locas”, basada en la novela homónima de Victoria Mas (*), sobre las mujeres encerradas en el hospital Salpetriere de París, donde médicos como Jean Martin Charcot las utilizaban como cobayas para realizar sus experimentos.

Es un contrasentido mezclar algo tan divertido, como un baile, con algo tan terrorífico, como el hospital Salpetriere, que por sí mismo contaría la historia pavorosa de un internado que servía para que un “prestigioso científico” hiciera sus experimentos con mujeres que carecían de recursos para defenderse a sí mismas, una especie de “Mary La Tifoidea” a gran escala.

En el siglo XIX, el “baile de las locas” era una de las atracciones más populares de París, una reunión social que congregaba a la burguesía feliz en torno a mujeres solitarias (solteras), abandonadas o encerradas por sus maridos o padres con cualquier pretexto. Entonces había muchos de espectáculos de ese estilo en la capital francesa, donde la carne de cañón de la sociedad se había convertido en monos de feria propicia para divertirse, emborracharse y pasar una buena tarde de domingo.

El espectáculo se celebraba a finales de febrero, el martes de Carnaval, alentado por el doctor Charcot, uno de los más prestigiosos médicos de la época. El baile acercaba a la “alta sociedad” a las mujeres “enfermas”. Había otro para niños epilépticos, para travestidos… La humillación pública era la única ventana para unos seres que vivían en un encierro perpetuo, por “razones médicas”.

La película recorre el viaje de la joven Louise, una mujer “alienada” que sufre “ataques de histeria” tras ser violada. También presenta a Thérèse, una prostituta que lleva años internada por haber arrojado a su chulo al río Sena. Otro personaje es Eugenie, que tiene el poder de comunicarse con los muertos, así como a la enfermera jefe, Genevieve, interpretada por la propia directora.

Por sí mismo, el hospital Salpetriere, el más conocido de la capital francesa, merecería varias novelas trágicas. Construido en el siglo XVII, primero fue una especie de cárcel para desempleados, mendigos, campesinos expoliados, emigrantes… Marx relató la historia de este tipo de centros en uno de los fragmentos más brillantes de la literatura universal: la acumulación originaria de capital.

En aquella época no había ninguna diferencia entre un hotel, un hospicio o un hospital. Eran centros de reclusión del “ejército industrial de reserva”, la mano de obra barata que se reclutaba entre los los locos, los alcohólicos, los huérfanos y, naturalmente, las mujeres. En pleno centro de París unas 10.000 mujeres permanecían recluidas con diversos pretextos, algunos de los más peregrinos: libertinaje, histeria, prostitución o aborto.

Hasta la Revolución, la Salpetriere no tenía ninguna función médica. En 1792, bajo “el Terror”, cientos de hombres armados entraron en el hospital y liberaron a 186 mujeres, pero violaron y masacraron a una treintena de ellas.

Jane Avril

El internado tenía una reputación aterradora: “La fuerza, la violencia, la brutalidad, incluso la ferocidad, reinaban. Los baños helados, los azotes y la privación absoluta de alimentos eran los medios que se empleaban constantemente contra los ataques de locura furiosa, medios bárbaros y estúpidos que, lejos de detener el mal, lo avivaban y lo hacían incurable”, escribió un periodista de la época.

A finales del siglo XIX, el doctor Charcot reconvirtió una cárcel en un hospital. La mujeres dejaron de ser presas para ser enfermas, pero siguieron encerradas igual. La diferencia es que a un enfermo hay que curarle… aunque ellos no quieran y aunque los médicos no sepan cómo. Si no se conoce ningún tratamiento curativo, se trata de experimentar y quizá suene la flauta por casualidad y aquellas “locas” se vuelvan cuerdas mágicamente sometiéndolas a torturas, como sumergirlas en agua congelada.

Antes de Freud, el doctor Charcot estaba considerado como un pionero en la hipnosis y la histeria, que en la época era un trastorno -principalmente femenino- causado por un “útero errante”. Una vez a la semana, el médico abría al público el “salón de las histéricas” del hospital, en el que las mujeres cobaya se hicieron famosas. Fue uno de los más memorables espectáculos de circo de la época. Una de las cobayas, Jane Avril, llegó a ser luego bailarina principal del Moulin Rouge, inmortalizada en varios retratos del pintor Toulouse-Lautrec.

Al final de sus días Charcot reconoció que estaba equivocado, pero para entonces la medicina ya era un espectáculo mediático en el que los enfermos y los sanos (sobre todo los sanos) jugaban el papel de bufones. “No hay personas sanas, sólo mal diagnosticadas”, es el lamentable lema de los matasanos posmodernos.

(*) https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/38088-el-baile-de-las-locas-9788418107641

Las vacunas contra el coronavirus causan importantes alteraciones de la menstruación

Hasta el 2 de septiembre el Sistema británco de Vigilancia de Reacciones Adversas a los Medicamentos (MHRA) ha registrado más de 30.000 alteraciones de la menstruación y las hemorragias vaginales causadas por las vacunas contra el coronavirus aprobadas oficialmente.

Los médicos de atención primaria y los que trabajan en el ámbito de la salud reproductiva están siendo contactados cada vez más por personas que han experimentado estos efectos adversos poco después de la vacunación.

Las alteraciones han llamado la atención de la revista científica British Medical Journal, que acaba de publicar un artículo al respecto (1), en el que propone a los investigadores que profundicen porque las vacunas contra el llamado “virus del papiloma humano” también se han asociado a los cambios menstruales, lo cual no puede ser casualidad.

La doctora Victoria Male, profesora titular de inmunología reproductiva en el Imperial College de Londres, que dirigió el estudio, dijo que todas las principales vacunas, como las de Pfizer, Moderna o AstraZeneca, tienen esos mismos efectos (2).

A partir de ahí, los investigadores tiran balones fuera desde el primer minuto. El número de informes, comenta la revista, es pequeño en comparación con el número de personas vacunadas y la prevalencia de los trastornos menstruales en general. La forma en que se recogen los datos de farmacovigilancia dificulta la obtención de conclusiones firmes. Se necesitan enfoques mejor equipados para comparar las tasas de variación menstrual en poblaciones vacunadas y no vacunadas, y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos han creado un fondo de 1,67 millones de dólares para apoyar esta investigación.

El artículo especula que es probable que los cambios menstruales experimentados tras la administración de las vacunas sean consecuencia de la infección. Cerca de una cuarta parte de las mujeres infectadas por el coronavirus experimentaron alteraciones menstruales, añade.

Más especulaciones: también es posible que las alteraciones sean el resultado de la respuesta inmunitaria a la vacunación y no de un componente específico de la vacuna. Es posible. Puede ser. Quizá…

En cualquier las vacunas no tienen un efecto adverso sobre la fertilidad de las mujeres, asegura la doctora Male. La mayor parte de las personas que informan de un cambio en sus periodos menstruales después de la vacunación descubren que vuelven a la normalidad en el siguiente ciclo, asegura. En los ensayos clínicos, los embarazos no deseados se produjeron en tasas similares en los grupos vacunados y no vacunados. En las clínicas de reproducción asistida, las medidas de fertilidad y las tasas de embarazo son similares en las pacientes vacunadas y no vacunadas.

Entre los mecanismos biológicamente plausibles que relacionan la estimulación inmunitaria con los cambios menstruales se encuentran las influencias inmunológicas sobre las hormonas que regulan el ciclo menstrual o los efectos mediados por las células inmunitarias del revestimiento del útero, que intervienen en la acumulación y descomposición cíclica de este tejido. La investigación que explora una posible asociación entre las vacunas y los cambios menstruales también puede ayudar a entender el mecanismo.

Aunque los cambios en el ciclo menstrual registrados tras la vacunación son de corta duración, una investigación sólida sobre este posible efecto adverso sigue siendo fundamental para el éxito general del programa de vacunación, dice el British Medical Journal. La reticencia a la vacunación entre las mujeres jóvenes se debe en gran medida a las falsas afirmaciones de que las vacunas contra el coronavirus pueden perjudicar sus posibilidades de embarazo en el futuro. El hecho de no investigar a fondo los informes sobre cambios menstruales después de la vacunación puede alimentar estos temores. Si se confirma una relación entre la vacunación y los cambios menstruales, esta información permitirá a las personas planificar los ciclos potencialmente alterados. Una información clara y fiable es especialmente importante para las personas que dependen de la capacidad de predecir sus ciclos menstruales para conseguir o evitar un embarazo.

(1) https://www.bmj.com/content/374/bmj.n2211
(2) https://www.telegraph.co.uk/women/life/didnt-doctors-listen-women-link-covid-vaccines-periods/

La cosecha es un campo de concentración para las jornaleras de Huelva

Algunos nombres que aparecen en este reportaje han tenido que ser modificados para proteger la identidad de las personas que han tenido a bien prestar sus testimonios. “Aquí se mueve mucho dinero y por 100 euros pueden traer a alguien para darte un susto“, dice uno de ellos.

El negocio de los frutos rojos en Huelva es una mega industria que genera un volumen de facturación de en torno a los mil millones de euros, con una producción cercana a las 350.000 toneladas que han convertido a esta provincia andaluza en uno de los mayores exportadores mundiales del sector hortofrutícola. Las 11.630 hectáreas de terreno cultivable emplean cada año a unos 100.000 temporeros, de los cuales el 48 por ciento son extranjeros, en su mayoría procedentes de Europa del este y de los países del Magreb.

El crecimiento ha sido exponencial en los últimos años, pero no así las infraestructuras habitacionales, de transportes y de suministros necesarias para garantizar unas condiciones de vida dignas para los miles de trabajadores inmigrantes que se han visto condenados a sobrevivir en los 44 asentamientos chabolistas diseminados por toda la provincia. Las condiciones de extrema precariedad merecieron el rechazo de Philip Alston, Relator Especial de la ONU para la pobreza severa, durante una visita a Huelva en febrero del año 2020. “Aquí hay lugares mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente ni electricidad ni saneamiento”. Las palabras del diplomático fueron un exhorto dirigido a las administraciones y a la patronal, pero con el paso del tiempo se han diluido en una maraña burocrática donde los actores implicados se pasan la responsabilidad de unos a otros.

Ante el inmovilismo de quienes deberían tomar cartas el asunto han surgido organizaciones autogestionadas que intentan subsanar la escasez de recursos, como la Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad (ASNUCI) y su albergue construido con donaciones de particulares, donde 40 personas han encontrado cobijo en la ciudad de Lepe. “Si nosotros lo conseguimos, no entiendo cómo los políticos, con todas las herramientas que tienen, no hacen nada”. Seydou Diop dejó en Senegal a su familia y unos estudios universitarios en filología francesa para emigrar a Europa en 2016. “En Huelva lo he pasado muy mal durmiendo en las chabolas, debajo de los plásticos”. Ahora es portavoz de ASNUCI y compagina su trabajo en el campo con el activismo por los derechos de “mis compañeros y compañeras”. Denuncia la falta de implicación de las administraciones públicas y lamenta el nulo reconocimiento para unos trabajadores que estuvieron en primera línea durante los meses más duros de la pandemia. “No valoran lo que hacemos porque somos invisibles para ellos. Les da igual dónde vivimos, les da igual si tenemos COVID y les da igual si estamos vivos o muertos. Solo quieren que recojamos la fruta y que lo hagamos sin protestar”.

Seydou fantaseaba con una vida muy diferente cuando tuvo que dejar su país en busca de mejores oportunidades, pero lo que se encontró aquí fue una realidad muy alejada a la arcadia de derechos y libertades de la que tanto presume el viejo continente. “Me ha sorprendido tristemente. Jamás pensé que en España, en pleno siglo XXI, se tratase a la gente así. Hablan mucho de igualdad, pero yo he sido un esclavo al que han maltratado por mi origen y por mi color de piel”.

De Senegal también llegó Serigne Mamadou, hace 13 años, con unos estudios de biología con los que pretendía desarrollar una carrera profesional y buenas perspectivas laborales. “A Europa no le interesa que los jóvenes más formados se queden en África porque tarde o temprano descubrirán quiénes son realmente los ladrones. Si nos dejaran en paz no vendríamos, pero tenemos muchos recursos, somos la comida de Europa”. Serigne conoce bien los suelos pegajosos de la agricultura en España. Ha trabajado en Lleida, Murcia, Valencia, Burgos y Almería, pero ha sido en Huelva donde ha sufrido las condiciones más extremas de maltratos y vejaciones. “Trabajas 10 o 12 horas y te pagan 25 euros, si el jefe quiere. Te insultan y te amenazan: ‘¡Más rápido, más rápido!’, gritan los jefes. A veces vienen a las chabolas por las noches para tirarnos basura”.

La pandemia ha empeorado aún más si cabe la situación de los temporeros, sobre todo durante el confinamiento, donde repartían el tiempo entre trabajar sin medidas de seguridad sanitaria y esquivar el virus en las infraviviendas de los asentamientos. Serigne recuerda aquellos meses como los únicos de su ya dilatada trayectoria en España donde no fue molestado por la policía. “Nos veían montados en Huelva las furgonetas para ir a trabajar, pero hacían la vista gorda. Sabían que éramos los únicos que estábamos dispuestos a ir al campo y si nos paraban para pedirnos los papeles, ¿quién iba a recoger la fruta?”.

A sus 42 años se ha convertido en un personaje muy conocido en las redes sociales gracias a los videos que graba a pie de tajo en los que carga duramente contra la criminalización que sufren los inmigrantes. “La ultraderecha siembra el odio contra los extranjeros porque saben que en España hay mucho ignorante que se traga lo que dicen. Creen que nosotros somos la ruina del país, aunque la verdad la tienen ahí delante. La ruina es el caso Gürtel, el caso Nóos, el caso Malaya y tantos políticos corruptos”. Esta faceta más mediática tiene serias consecuencias que se traducen en insultos y amenazas de muerte casi a diario, aunque Serigne asegura que no tiene miedo. “Dicen que van a quemarme la casa y que saben dónde vivo, pero si vienen no me voy a quedar quieto”. Le pregunto si en alguna ocasión denunció lo sucedido ante la policía y Serigne tiene que contenerse para no alzar la voz. “¿Cómo vamos a denunciar, a quién? La mayoría de la gente no tiene papeles y sin papeles tampoco tienes derechos. Aquí hay que trabajar a fuego y si un día te mueres, a los 5 minutos tienen a otros 10 dispuestos a jugarse la vida”. 

Otro de los colectivos que han germinado en los últimos años en los sustratos del campo onubense son las Jornaleras de Huelva en Lucha, un grupo autoorganizado de mujeres fundado en el año 2008 para “luchar por nuestros derechos laborales y contra los abusos y la explotación”. Ana Pinto estuvo 16 años trabajando en las explotaciones agrarias, “en la recogida de frutos rojos, de cítricos, de aceitunas, de uvas, de cualquier cosa”, antes de que su actividad sindical le costase el puesto de trabajo.

El campo es un sector especialmente feminizado, “según la patronal porque las mujeres tenemos las manos más delicadas para recoger los frutos”, pero basta con echar un vistazo al perfil de las temporeras inmigrantes para detectar la preferencia de los empresarios por mujeres de contextos muy desfavorecidos, algunas de ellas venidas de zonas rurales de Marruecos y que apenas saben leer ni escribir. “Las compañeras marroquíes viven en las mismas fincas donde trabajan porque no tienen una red de transportes para poder ir a los pueblos. Imagínate la situación de vulnerabilidad a la que están expuestas en una situación así”, denuncia Ana.

Las Jornaleras plantean una lucha organizada desde el feminismo, el ecologismo y el antirracismo para avanzar hacia nuevos modelos de producción que sean respetuosos con los derechos de los trabajadores y los recursos naturales, además de garantizar un precio justo para los agricultores. “Hace falta mucha legislación porque se está arrasando con todo. Nosotras queremos trabajar, por eso rechazamos el boicot. Lo que pedimos es que nos respeten y que nos devuelvan la dignidad, porque detrás de la fruta hay una falta enorme de derechos, mientras los empresarios se enriquecen cada vez más”.

Uno de los principales problemas para organizar la resistencia obrera es el miedo que se esconde tras las verjas de las explotaciones agrarias. Las listas negras circulan entre los terratenientes y si alguien se atreve a alzar la voz tendrá muy difícil encontrar trabajo en una provincia donde la agricultura es el gran motor de la economía, y por ende, casi la única alternativa laboral. Además existe una naturalización de los abusos, como si las jornaleras hubieran asumido que la merma de su integridad es una condición implícita en el desarrollo de sus funciones. “Los trabajadores les han puesto a las fincas nombres de cárceles famosas, como Guantánamo o Alcatraz”. Ana entona una sonrisa al otro lado del teléfono: “Me río por no llorar”, advierte al instante, pero conoce en primera persona las consecuencias de romper con las dinámicas de los abusos. “Desde que empecé con la actividad sindical se me han cerrado las puertas de todos los tajos y algún empresario se nos ha cruzado con el coche en mitad de los caminos, pero no nos van a asustar”.

Al igual que Ana, Carmela Cruz tampoco tiene miedo y afirma con rotundidad. “Huelva, durante la campaña de recogida, es un campo de concentración”. Esta veinteañera trabajó durante 3 temporadas en los almacenes, el otro gran nicho del mercado agrícola junto al de la recolección, y a pesar de su juventud conoce bien las conductas vejatorias a las que están sometidos los jornaleros. “Yo pongo la mano en el fuego y digo que el 99 por ciento de los almacenes no hacen las cosas bien. Cuando yo era encargada mandaron a un chaval a hacer palés y le dije al jefe que la carga era demasiado para él, pero no me hizo caso. En mitad de la noche los palés se cayeron y menos mal que el chico estuvo rápido y se apartó, porque de lo contrario lo habrían matado”.

Carmela ejerce ahora como concejala en un pequeño ayuntamiento de la zona, pero no tiene reparos para denunciar la desidia de los organismos oficiales. “Las autoridades ven un fajo de billetes y se les hace la boca agua. Si fuera por la Junta de Andalucía, los jefes se pondrían en las fincas con un caballo y un látigo, como en la esclavitud”.

Aunque ya no tiene una vinculación laboral directa con el trabajo agrícola, su relación con lo que allí ocurre continúa siendo muy estrecha, porque la madre de Carmela se gana la vida en el campo, donde ha experimentado constantemente el desprecio de la patronal por la integridad física de sus empleados. Hace una semana denunció a través de las redes sociales que su madre llevaba 16 horas seguidas trabajando: “Salió a las 10 de la mañana, son las 2.53 de la madrugada y no sabe la hora de salida. Y sin contrato firmado”, escribió en Twitter. “Pasó lo mismo al día siguiente, llamé a la Guardia Civil de Almonte y me dijeron que no podían hacer nada”. Carmela habla con la rabia contenida en la garganta. “No me dijo que estaba sin contrato, porque sabe que no me caso con nadie. Si en mis manos estuviese ardía la fábrica”, y describe un escenario que se asemeja mucho a un régimen de servidumbre: “El salario estipulado por el convenio nunca se cumple y olvídate de las horas extras y los días libres. Ni siquiera pagan la media hora de descanso. Mi madre ha tenido que dejar de trabajar porque sus compañeras se estaban contagiando de Covid, pero decían que lo habían cogido en el supermercado para que no cerrasen el almacén”.

Le pregunto cuál fue la respuesta de los sindicatos cuando denunció públicamente el caso de su madre y Carmela, de nuevo, tiene que tragar saliva. “CC.OO. y UGT dijeron que iban a llamarme, pero todavía estoy esperando. Los únicos que me han ayudado fueron las Jornaleras de Huelva en Lucha y el SAT”. 

Todas las personas, sin excepción, con las que este medio ha contactado coinciden en señalar la ausencia total en el campo onubense de los dos grandes sindicatos. “Ni están ni se les espera. Si no eres uno de ellos les importas una mierda y están más preocupados por los empresarios que por los trabajadores”, asegura un hombre que prefiere mantenerse en el anonimato.

El Sindicato Andaluz de los Trabajadores (SAT) es de las pocas organizaciones sindicales que tienen los pies sobre el terreno, y por tanto, la que concentra en su gran mayoría el resentimiento de los empresarios. “Cuando vamos a los tajos tenemos que ir en grupo de 6 y 7 personas porque nos quieren agredir”. Óscar Reina es su portavoz nacional y mantiene un discurso beligerante contra los abusos de la patronal, a pesar de las amenazas que recibe por realizar su actividad sindical. “Tuvimos que salir corriendo cuando fuimos a los campos a denunciar las condiciones de los trabajadores. La Guardia Civil nos perseguía a nosotros, en lugar de a los explotadores. Entre ellos y los matones de las fincas casi nos dan una paliza”. Tampoco han resultado eficaces los intentos de coacción más sibilinos. “Un empresario me dijo que aquí en Huelva no me iba a faltar de nada. Si este corrupto lo intentó conmigo, lo habrá hecho con otros muchos más y algunos habrán accedido”.

El sindicato lleva años reclamando el cumplimiento de una reivindicación histórica en el campo andaluz, la tan ansiada reforma agraria, que de tanto soñarla parece haberse convertido en una utopía. “Habrá que conquistarla”, reclama Óscar. “El 50 por ciento de la tierra cultivable de Andalucía está en manos de menos de un 2 por ciento de propietarios. Hay que revertir este modelo, no solo en lo relativo al sueldo y a las condiciones de los trabajadores, sino también para generar un tejido productivo agro sostenible”.

Ninguna de las dos cosas será tarea fácil, a tenor de las reacciones de la patronal cuando las administraciones intentan echar un ojo debajo de las alfombras. Las organizaciones agrarias exigieron la dimisión de la Ministra de Trabajo tras anunciar, en mayo del año pasado, inspecciones laborales en el campo para detectar prácticas irregulares. “Como no retire las inspecciones le doy mi palabra de que esta vez no vamos a ser pacíficos”, amenazó Félix Bariáin, presidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra. Algo debería temerse y tenía motivos para ello, porque en las 1.647 explotaciones agrarias visitadas por los funcionarios se detectaron irregularidades en el 71,5 por ciento de ellas.

Varios testimonios de jornaleros recogidos por este medio aseguran que las inspecciones son insuficientes y que se avisan con días de antelación. “El año pasado tuvimos una inspección un miércoles. El lunes, los jefes nos advirtieron para que se cumplieran las medidas sanitarias”, declara una trabajadora del campo.

José Antonio Brazo es el delegado del SAT en Huelva y coincide en señalar las debilidades de un sistema que se muestra incapaz de ofrecer los recursos necesarios para combatir los altos niveles de explotación. “Aquí nunca hay suficientes inspecciones porque esto es la jungla. Los abusos están extendidos por toda la provincia”.

El convenio colectivo regula las condiciones de contratación de los trabajadores del campo de Huelva. En el caso de los frutos rojos, los salarios oscilan entre los 5 y los 7 euros la hora y una jornada laboral de 39 horas semanales, no pudiendo superar las 9 horas diarias de trabajo. “El convenio es papel mojado. Hay excepciones, por supuesto, pero en la mayoría de los casos no se cumple. Aquí hay gente que trabaja de 8 de la mañana a 10 de la noche por 20 euros”.

El teléfono de José Antonio “echa humo”, asegura. Cada día recibe llamadas de jornaleros que buscan auxilio para escapar de la dinámica de abusos que hay implantada en el sector. El sindicalista hace memoria y me habla del caso de un empresario que pagaba “4 o 5 euros a las mujeres y las tenía viviendo en una pocilga”, o aquella vez que se topó con 200 inmigrantes indocumentados recogiendo fruta en una finca. En la localidad de Moguer, recuerda, “una mujer abortó en el campo y estuvo 3 días con hemorragias”. Le pregunto si los empresarios son conscientes de estos episodios y José Antonio no titubea en la respuesta. “A esos les da igual todo mientras que les llegue el dinero. Me encontré con uno de ellos en un centro de salud y llevaba un montón de pasaportes. Le dije que quitárselos a los trabajadores era ilegal. ¿Sabés qué me contestó? Que si no lo hacían se escapaban”.

Se toma unos segundos de respiro antes de seguir con la conversación. Es un hombre cercano, que soporta con una sonrisa una batería de preguntas de casi 2 horas, pero José Antonio también está hastiado ante la impunidad de los abusos y el hostigamiento al que ha sido sometido. “Me atraparon con unos periodistas en una carretera muy cortita. Eran unas 20 personas y el cacique se bajó de su Mercedes y me dijo que me iba a meter en la cárcel”. 

Los periodistas a los que se refiere José Antonio son Pascale Müller y Stefania Prandi, de la publicación alemana Correctiv. En abril de 2018 publicaron un extenso reportaje con los testimonios de mujeres marroquíes que denunciaban haber sido víctimas de abusos sexuales durante la campaña de recogida en Huelva. “El supervisor tiene los números de teléfono de todas las mujeres. Nos obliga a tener relaciones sexuales con él y si decimos que no, nos castiga en el trabajo”, asegura una de ellas.

El artículo se apoya en el relato de Josefa Mora, una trabajadora social de un centro de salud, quien declaró que “cuando llegan las temporeras hay un aumento de los abortos”. Según Josefa, en 2016, en las localidades de Palos de la Frontera y Moguer, se produjeron un total de 185 interrupciones de embarazos, “el 90 por ciento de los cuales fueron solicitados por trabajadoras inmigrantes. Ella sospecha que muchos podrían deberse a una violación”, señala la revista.

“Yo intenté localizar a Josefa, pero fue imposible. Está muy marcada, como abra la boca se va a la calle”. Perico Pan es director de La Mar de Onuba, un periódico digital de la provincia de Huelva y uno de los pocos de todo el país que ha dado cobertura periódica a los episodios de vejaciones, abusos y explotación que se suceden en las fincas agrarias. “Los medios suelen ser permeables a las posiciones de los grupos empresariales”. Perico es un periodista incómodo en una zona donde el dinero puede comprar silencios y voluntades. “El gerente de Interfresa, Pedro Marín, lo intentó conmigo ofreciéndome poner publicidad en mi medio. Posteriormente me hicieron una encerrona en un bar donde me invitaron a ser el salvador de la fresa. Me estaban grabando y lo que querían era que yo aceptase su propuesta y tenerme pillado con la grabación”.

Asegura que los abusos sexuales “no son generalizados, pero existen” y recuerda el caso Doñana 1998, la productora de fresas y frutos rojos de Almonte que en junio de 2018 fue denunciada por 10 temporeras marroquíes por impago, malas condiciones laborales, abusos y agresiones sexuales. El juzgado número 3 de La Palma del Condado (Huelva) dictó el sobreseimiento provisional, pero el caso está plagado de irregularidades desde el comienzo.

Belén Liján, de la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (Ausaj), se hizo cargo de la asistencia legal a las víctimas, a las que acogió en su casa de Albacete debido al grave estado de vulnerabilidad en el que se encontraban. En una entrevista con Catalunya Plural, la letrada manifiesta las “dificultades” a las que tuvieron que enfrentarse durante todo el proceso judicial. “El día 1 de junio, cuando finalmente conseguimos interponer una denuncia, la Guardia Civil accedió a acompañarnos al campo de trabajo dado que habíamos recibido amenazas por parte de la empresa en cuestión. El objetivo era recoger un listado de trabajadoras que querían sumarse a la denuncia. Cuando nos entregaron el listado, vimos que había más de 100 temporeras. Con todo, la única investigación realizada por la Guardia Civil fue la que nos hicieron a nosotros, los abogados y las abogadas denunciantes. No hicieron ni una sola gestión para identificar a las víctimas y permitir que estas también denunciaran. El atestado policial que abrieron el día 1 de junio lo cerraron la mañana siguiente dejando a las víctimas en poder de la empresa. Al día siguiente, expulsaron de España a la mayoría de estas temporeras en presencia de la propia Guardia Civil. Ese mismo 3 de junio, cuando cuatro de las mujeres que habían conseguido escaparse antes de ser devueltas se presentaron al cuartel de la Guardia Civil del Rocío para denunciar abusos y agresiones sexuales, el comandante, que había estado en la finca ese mismo día, mostró una actitud agresiva y negativa. De hecho, tuvieron que romper y volver a hacer declaraciones enteras porque lo transcrito por el agente no coincidía con lo que relataban las denunciantes. Ni siquiera quería que una de ellas denunciara y, ante mis quejas, me espetó: ‘¿A quién cree que creerá el juez, a usted o a mí?’ En veinte años, nunca había visto nada parecido”.

Otro caso que todavía está en los tribunales es el de un capataz de una finca de Moguer que se enfrenta a 4 años y medio de cárcel por presuntos delitos de acoso y abuso sexual cometidos contra cuatro temporeras. Según la fiscalía, accedía sin permiso a las viviendas donde residían las mujeres mientras se estaban duchando e intentaba coaccionarlas realizando gestos obscenos. En una ocasión se acercó a una de las víctimas con el pretexto de explicarle cómo debía recoger la fruta para a continuación “cogerla por la cintura y tocarle los pechos con ánimo libidinoso”, remarca el escrito del fiscal.

“Cuando una de estas mujeres quiso denunciar se puso en contacto con el PRELSI e intentaron disuadirla. Acudió a la Guardia Civil acompañada por el SAT, pero le dijeron que no podían atenderla y que volviese luego. Estoy convencido de que el agente que habló con ella se puso en contacto con la patronal para avisarles, porque cuando la mujer regresó cambió totalmente su relato y dijo que se había tratado de una agresión mutua”. El PRELSI del que habla Perico Pan es el Plan de Responsabilidad Ética, Laboral y Social creado por la patronal de Interfresa para “conseguir el mayor grado de satisfacción de todos los agentes productivos del sector (jornaleros, agricultores, empresas, asociaciones…) y contribuir a un escenario de cooperación con los máximos niveles de respeto y ética laboral”, según se lee en su página web.

“Es un equipo de mediadores contratados por la patronal que hablan árabe y que se pasean por las fincas. Si un trabajador denuncia algún tipo de abuso, se lo trasladan Interfresa para que ellos decidan si dan parte o no a las autoridades. Cada vez que hay un problema aparece el PRELSI y el trabajador ya no quiere hablar”, asegura Ana Pinto, de Jornaleras de Huelva en Lucha. “¿El PRELSI?”, se pregunta Seydou Diop, portavoz de ASNUCI: “Son traductores pagados por la empresa que defienden a los jefes. Necesitamos personas independientes que acompañen a nuestros compañeros”.

Por su parte, Interfresa esgrime que hasta la fecha solo existe una condena en firme relacionada con el sector, sucedida en 2009, contra una capataz por coacciones en el trabajo, y asegura que mantiene una posición de “tolerancia cero” contra cualquier tipo de abuso. No opina lo mismo el testimonio de una jornalera recogido por este medio, que asegura que hay “jefes que son unos babosos”. Y añade: “Un jefe les dijo a un grupo de chicas que se pusieran a trabajar, pero que la más joven tenía que irse con él, ya te puedes imaginar para qué”. 

El perfil de las personas que denuncian abusos, vejaciones o malos tratos tiene dos variables en común, son mujeres y en su mayoría de origen marroquí. “Todos las trabajadoras sufren la explotación, pero hay una escala. Las nacionales son las que menos se ven afectadas, luego están las que vienen de Europa del este y por último las de Marruecos y el África subsahariana”, cuenta Óscar Reina.

Resulta muy difícil acceder a estas mujeres, porque tienen miedo a las represalias y a perder un puesto de trabajo que es el sustento para toda la familia. Sin embargo, Noor A. Lamarty, activista legal en la zona MENA (Medio Oriente y norte de África) y fundadora de Women by Women, ha logrado entrevistarse con alguna de ellas para Kamchatka. “Trabajamos sin descanso, en condiciones horribles y a veces acabamos en el hospital con lesiones en la espalda”, denuncia S. Otra mujer, a la que hemos llamado con la inicial F. asegura que “tiramos de carretas con muchos más kilos de los estipulados y aumentan proporcionalmente con el paso de los días. De lunes a domingo, sin descanso, nos vamos consumiendo lentamente”. Para J. en los campos de Huelva se practica un régimen totalitario de esclavismo y control. “Nos llevan a los pueblos media hora a la semana, pero no nos dejan estar solas en ningún momento y así no podemos pedir ayuda. Si haces cualquier cosa te juegas la expulsión. Si te pasa algo no te atreves a contarlo, porque en mi finca todos los encargados son familia”.

Los testimonios inciden en otro rasgo común de las temporeras marroquíes, la escasez de formación académica, como le sucedió a H., que no tuvo oportunidad de cursar estudios. “Nosotras no sabemos nada, pero confiábamos en ellos, en los jefes. Firmé un contrato de 7 hojas, pero no sabía qué ponía. Tenía muchas dudas, porque a lo mejor me había comprometido a hacer algo que no quería”.

Como muchas otras mujeres en su misma situación, M. se endeudó para costear los trámites que le permitieran viajar a Huelva. “Pedí un préstamos que todavía hoy debo”, asegura. Y añade. “Nuestros hijos pequeños nos necesitan, necesitan a sus madres. ¿Quién se alejaría dos o tres meses de su familia si tuviera otra opción? Nosotras vamos porque no tenemos otra alternativa para subsistir. No hacemos nada malo, no merecemos que nos traten mal”.

La última pregunta de este reportaje resulta evidente: ¿Por qué estas mujeres continúan viniendo a España año tras año sabiendo las condiciones que tendrán que afrontar? La respuesta lo es aún más. “El hambre es el látigo que azota en los campos de Huelva y por eso las jornaleras están dispuestos a tragar con lo que sea”, concluye José Antonio Brazo. 

—https://www.kamchatka.es/es/huelva-frutos-rojos-campo-concentracion

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