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Sortu y el triple salto mortal

Lola Flowers
Bianchi

O cómo rizar el rizo o cómo me la maravillaría yo, que diría la folklórica «Lola Flowers». En una ponencia para el «proceso congresual», así le dicen, el nuevo Sortu -partido de la nueva izquierda abertzale en los nuevos tiempos que corren donde todo es nuevo menos mi calva- busca tener «forma de partido y cualidades de movimiento».

Podemos intuir qué se quiere decir con eso, pero no nos atrevemos a tratar de desentrañarlo pues no somos cabalistas ni alquimistas, sino materialistas dialécticos, o sea, que no somos dados a vestir muñecos con prosopopeyas pretenciosas pero vacuas y hueras.

Acabaremos rápido porque se acerca la hora del vermú y no queremos pasar por parecer el azote bíblico ni el pepito grillo de esta muchachada con líderes ya carrocillas expertos en blanquear sepulcros. Y lo haremos mencionando lo que ellos mismos dan en definir a Sortu (crear, nacer, brotar, en euskera) como un «partido-movimiento», y ello -se dice- «en la medida en que se tiene que desenvolver tanto en la lucha institucional como en la de masas». Lo segundo suponemos que será una inercia de viejos discursos de lucha reivindicativa, mientras que lo primero es lo que priva y se persigue, es decir, qué hay de lo mío, que esto es lo «nuevo».

Si el «podemismo rampante» decía ser «ni de derechas ni de izquierdas», máxima del falangismo joseantoniano y nacional-sindicalista (el nacional-socialista era el nazismo hitleriano), esto es, un partido desideologizado por encima de la lucha de clases y casi de las clases mismas, nos vemos sorprendidos ahora por algo tan novedosísimo como en «Partido-Movimiento», suponemos que «nacional» tal y como lo prescribía también Primo de Rivera (hijo) que abominaba de la palabra «partido» de resonancias demoliberales y acuñó el término «Movimiento» para evitar tener que llamarse «partido único», que es a lo que aspiraban.

No seremos tan burros de estar comparando a unos y a otros, pero, por favor, elijan mejor sus logos-tipos, o estudien un poco de historia para evitar resonancias enojosas que no son precisamente «nuevas» como presumen ustedes Y es que cuando se habla de «participación, activismo, asamblearismo, movimientos populares, etc.» me parece estar oyendo el eco de viejísimas consignas que se repiten cíclicamente cada equis tiempo y que se pretende que son «nuevas» arrinconando la vieja y muy molesta lucha de clases.

Buenos días.

Podemos de Euskadi rejodiendo que es gerundio

B.

Recibo un cable -como se decía antes-, un «guasap», donde se dice que el día 4 de este mes Podemos se abstuvo en las Juntas Generales de Gipuzkoa (grafía vasca) en contra de la dispersión de los presos políticos de ETA por iniciativa de EHBildu. El PNV y hasta el PsoE votaron a favor y el PP en contra. Pero esto «ninis» podemitas se abstienen y su pena es que no hay presos fascistas dispersados para poder ejercer de «ninistas», ni siquiera tienen esa excusa para poder ir de «equidistantes» y lavarse las manos ponciopilatescamente.

Me recuerdan estos pecosos con acné al movimiento que hubo en Euskadi en los años 80-90 fomentados por las cloacas del Estado español para contrarrestar el dominio de las calles vascas por parte de la Izquierda Abertzale (antes de su degeneración reformista) que se llamaba «Gesto por la Paz», «Basta Ya», etc. Era la imagen «cívica» dentro de la «guerra sucia» planificada por el Estado en las «indómitas provincias vascongadas». Esa guerra de baja intensidad la ganó el fascismo estatal español y los líderes de esos movimientos (?) antivascos hicieron carrera política, fueron premiados. Igual que lo serán estos oportunistas y arribistas de medio pelo, pero con una diferencia o, al menos, un matiz, y es que hay que reconocer, nobleza obliga, que aquellos se batieron, en cierto modo, el cobre exponiéndose a enfrentamientos con miembros abertzales, mientras que éstos parvenus lo han recibido todo hecho sin ni siquiera arriesgarse a que los llamen lo que son: quintacolumnistas en tierras vascas para disputar el caladero electoral de la izquierda abertzale. Si a aquellos primeros provocadores la prensa adicta les pintaba de «héroes», a estos no hace falta porque el País Vasco ya está «normalizado».

Y ello gracias, en buena medida, a los Otegi y compañía que, encima, hace guiños a esta gente «de izquierdas» para hacer «otra política». Eso sí, entre «demócratas» y es que, quien no lo vea así, quien siga diciendo que el rey va desnudo, es un ultraizquierdista o un conspiranoico o, peor, un puto comunista. Vade retro.

Buenos días.

Los antiguos presos de ETA cargan contra una EH Bildu ‘vergonzosa’

El colectivo de expresos y exhuidos de ETA denominado Askatasunaren Bidean ha denunciado “los vergonzosos intereses politiqueros y electoralistas” que, a su juicio, mantiene EH Bildu en torno a la situación de los presos de la organización.

A través de un comunicado, este colectivo critica el encuentro que el secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, y a la cabeza de lista de EH Bildu por Gipuzkoa, Maddalen Iriarte, mantuvieron el pasado lunes con familiares de presos de ETA gravemente enfermos, lo que califican de “reunión mediática y oportunista”, ya que, en su opinión, han pretendido “dar un toque luchador a su partidista campaña electoral”.

“Mientras unos luchan con todo lo que pueden, otros, por unos vergonzosos intereses politiqueros y electoralistas, tras haber estado muchos tiempo sin hacer nada y, lo que es peor, escondiendo y obstaculizando lo que se está haciendo, han mantenido una reunión mediática y oportunista utilizando la situación de los presos gravemente enfermos con la intención de dar un toque luchador a su partidista campaña electoral. Y al frente de todos ellos, el señor Arnaldo Otegi y la señora Maddalen Iriarte”, reiteran.

Asimismo, denuncian la actitud que han mantenido “algunos expresos y exrefugiados de la izquierda abertzale reformista, que se identifican con Sortu”, con la manifestación convocada para el próximo domingo en Donostia por el Movimiento por la Amnistía y contra la represión, ya que, según señalan, “no contentos con convocar otra manifestación a la misma hora y en el mismo sitio, lo han hecho en nombre de todos los expresos y exrefugiados”, por lo que les niega “cualquier legitimidad para hablar en nombre de todos”.

“Hasta ahora hemos estado callados ante la postura cada vez más agresiva de la izquierda abertzale reformista. Las reyertas y los incidentes se están multiplicando pueblo a pueblo y barrio a barrio, porque los reformistas no quieren aceptar la pérdida del monopolio de la izquierda abertzale”, aseguran.

Por todo ello, el colectivo Askatasunaren Bidean destaca que “el tiempo de estar callado y quieto ha terminado” y que el próximo 17 de septiembre presentará en una rueda de prensa “a toda Euskal Herria” el análisis que ha realizado sobre la actual situación política general.

Fuente: http://www.deia.com/2016/09/10/politica/euskadi/expresos-de-eta-cargan-contra-la-izquierda-abertzale

Otegi dice que ‘inhabilitarle’ es una ‘cacicada judicial’

B.
También podría haber dicho que es un «atropello judicial» o una flagrante injusticia «a la española», que se saltan sus propias leyes, etc., pero nunca va a decir la verdad: que ha sido «inhabilitado» por el Régimen español de carácter fascista nacido tras la guerra civil y continuado bajo otros ropajes, formas y maquillajes cosméticos, en la «democracia» actual que los más progres dan en llamar «régimen del 78» (suponemos que en referencia al año en que se aprobó la Constitución española y no en todas las autonomías, como Euskadi, por ejemplo).

Y no lo va a decir no porque crea que, efectivamente, en el Estado español hay una «democracia», que no lo cree, sino porque, una vez metido en el «maelstróm», en el remolino que succiona todo lo que se menea -y lo que no acaba en la cárcel-, como un agujero negro atrapa la luz, metido, decimos y acabáramos, en eso que llaman, muellemente, el «sistema», no admite disonancias dentro de las reglas de juego del susodicho «sistema». O paradigmas sin «decalage» ni «paralages», sin orisferas ni asíntotas. Un paradigma, un istema, completo. Ya lo dijo un inventor de este «sistema», el franquista, ergo: fascista Fraga Iribarne recién muerto Franco y empezada recién la «Reforma»: «o se está dentro de las reglas del juego (de la Reforma supervisada por los poderes fácticos), o se quiere otra cosa (la Ruptura democrática, que se decía entonces)». Y quien quiera «otra cosa», nos tendrá enfrente, venía a decir el falangista Fraga.

Tenemos, pues, que están los que se sitúan «enfrente» y los que no, o sea, los que creen que en España hay «democracia», deficiente, sí, pero democracia, oye, de baja calidad, sí, pero democracia, joder, que hay un «déficit democrático», pues sí, te lo acepto, pero democracia, cojones. ¿Dónde se sitúa Otegi y, por ende, la Izquierda Abertzale Oficial? Con estos últimos, indudablemente. Con los que no se atreven a llamar a las cosas por su nombre. Con los que acabarán enfrentándose a los que sí nos atrevemos a llamar al pan, pan, y al régimen español, fascista.

Ya Otegi se «comió» seis años y medio de «caldero» por, según la judicatura española tratar de reorganizar la ilegalizada izquierda abertzale, cuando en realidad lo que estaba haciendo es decirle a ETA que lo dejara, que ya vale, que soplan «nuevos tiempos y ciclos», así paga Roma, perdón Madrid, a los vendidos, y ahora, ante esa «cacicada», el hombre, sus abogados, «recurren» a otras instancias jurídicas, metajurídicas y extrajurídicas, confiando en que, tal vez, suene la flauta de la cordura en el fascismo español. No falta algo de razón a quienes dicen, desde la caverna o el PsoE vasco, que van de «víctimas» y ya tienen la «campaña» hecha jugando este rol.

Nosotros decimos: te mean encima, y dices que llueve. No otra cosa puede decir Otegi metido de hoz y coz en los entresijos de las reglas de juego, del sistema, del capitalismo, en definitiva. Lo único que le queda es comer el coco a su peña, que sigue siendo, inercialmente, emocionalmente, fiel, hasta el día menos pensado.

¿Después de Franco, qué?, se preguntaba la «intelligentsia» española. Y alguien respondió: «después de Franco… las instituciones». Y hasta hoy, sólo que con Otegi and Company de recién invitados a este tinglado de la antigua farsa. De momento, ya hay un montón de «liberados» que viven de este cuento y del cuento. No todos, por supuesto. Y ni mucho menos.

Buenas tardes.

Nota.- Quien esperara que habláramos de Mariano o del chulo Soria, se confundió de blog. Eso queda para los vividores y «contestatarios» del «sistema», que, como decía Th.Adorno, «se someten al sistema hablando de la revolución».

Una reflexión

Bianchi

Ahora que es moda en la Izquierda Abertzale hablar de «nuevos ciclos» y «nuevos tiempos» -no sabemos si para la lírica-, no estaría de más ni sería vano hacer una reflexión dialéctica y preguntarse adónde conducen esos pretendidos «nuevos ciclos» y/o, asimismo, qué «viejos» ciclos y tiempos se han dejado atrás y, supuestamente, se han «superado», es decir, saber en qué punto concreto se encuentra la llamada «izquierda abertzale».

La pregunta es: ¿se ha avanzado con las nuevas líneas o no, o incluso se ha retrocedido en el proceso de liberación nacional y social vasco y, todavía peor, se ha vuelto al punto de partida caminando hacia atrás como los cangrejos? A tenor de la historia de los últimos cincuenta años del movimiento abertzale, incluida la lucha armada de ETA y no sólo ETA, no parece sino que esté jalonada de múltiples escisiones con la pretensión de encontrar cada cual la «vía» que conducirá, esta vez sí, a la independencia de Euskadi.

Vemos hoy que el partido que lidera Arnaldo Otegi, Sortu, pregona las «vías pacíficas y democráticas» para la consecución de sus metas políticas, algo que no es nuevo pues ya en el lejano 1977 se presentó un partido, EIA, luego Euskadiko Ezkerra, que decía exactamente lo mismo que Sortu hoy, esto es, abandonar la práctica violenta y dedicarse a «hacer política». Cabe, pues, preguntarse, en términos dialécticos, si se ha avanzado respecto de entonces, o se ha vuelto al punto de partida y, de ser así, se ha perdido el tiempo, años y esfuerzos, sangre, sudor y lágrimas, de manera lamentable o, dicho de otra manera, se ha tirado por la borda años y años de lucha.

Estamos tentados de decir que, efectivamente, se ha dilapidado malamente todo un «capital» de pelea de carácter emancipatorio, sobre todo si nos preguntamos en qué punto se está realmente en la actualidad donde no se ven «avances» por ningún lado, más bien al contrario, retrocesos, dejaciones y derivas reformistas rayanas en el liquidacionismo puro y duro. Sin embargo, y acogiéndonos a la «espiral dialéctica» leninista, y a pesar de que parezca que la historia se repite, no estamos, no se está, en la misma situación anterior, lo que no equivale a decir que se esté en mejor situación. O, si se me apura, sería mejor decir que «SE ESTÁ Y NO SE ESTÁ» en la misma situación, es decir, la flecha del tiempo (político) mira hacia atrás, pero NO VUELVE hacia atrás, aunque lo parezca y se tenga esa sensación -casi un «dejà vu»– de que, no ya sólo no se avanza, sino que se camina hacia atrás. Y, en efecto, «ES Y NO ES ASÍ».

Entonces, ¿qué? Entonces queda el movimiento, los pasos atrás y adelante, las masas y las vanguardias y el impulso ascensional que impida por siempre volver al punto de partida que parecen añorar algunos.

Bunas noches.

Anda como un pato, grazna cuac-cuac, luego es un pato

Bianchi
Lo que tiene el hecho de abandonar lo básico de unos principios que has mantenido y se pretende pasar de matute y contrabando ante la propia parroquia que no lo has hecho, que se trata de «nuevos ciclos», que hay que mirar al futuro y no al pasado, que los tiempos cambian -algo que ya se sabía desde el trovador Dylan en sus mejores épocas-, es que nadie te lo va a agradecer, y siempre te exigirán más en la pendiente y deriva reformista, por no decir degenerada, porque quién le ha visto y quién le ve a la izquierda abertzale: irreconocible.

Del antiguamente llamado MLNV -Movimiento de Liberación Nacional Vasco, que hasta el presidente Aznar citó no sin dificultades fonéticas y léxicas-, del que apenas queda nada, se ha pasado a EHBildu, coalición de la que Sortu -cuyo principal dirigente es su secretario general Arnaldo Otegi-, Alternatiba compuesta por oportunistas procedentes de la Izquierda Unida vasca (Esker Batua) de Javier Madrazo parachutados en la antigua Batasuna, EA (Eusko Alkartasuna), grupo nacionalista procedente de una escisión del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y fundado por el exlendakari el navarro Carlos Garaikoetxea, y, por último, «at last but not least», Aralar, grupúsculo procedente de una escisión de Herri Batasuna muy crítico con la actividad armada de ETA siendo su líder el también navarro Patxi Zabaleta. Aralar fue la avanzadilla «ideológica» de lo que hoy es Sortu, aunque ni se diga ni menos se reconozca, esto es, el reformismo que llaman «socialdemócrata» o, en otras palabras, y usando el vocabulario abertzale, «liquidacionismo».

A Sortu le ha salido un grano en forma de «disidentes» que critican esta que entienden deriva reformista que hace dejación de los principios originales del movimiento abertzale («patriota», en lengua vasca, en euskera) y abandona, lo que consideran gravísimo, la bandera de la amnistía. No se cansan de repetir que ellos –«Askatasunaren Bidea« (En el camino de la libertad), compuesto por expresos, huidos y represaliados- no están por la labor de una vuelta a la lucha armada. Dicen sentir «vergüenza» de la línea actual de la izquierda abertzale y culpan a Otegi a quien llaman «líder supremo del reformismo» y, también, en tal vez un exceso verbal innecesario, «pijo neoabertzale». Hablan de «traicionar» esos principios y que dejar la lucha armada «no tiene por qué significar tirarnos (sic) en brazos de nuestros enemigos» (resic).

El lunes pasado, en Radio Euskadi -emisora oficial del País Vasco-, Otegi declaró (respondiendo a los «disidentes») que «no me considero ni pijo ni neoabertzale. Soy -continúa- un independentista vasco, socialista y me declaro marxista (sic), pese a que digan que soy socialdemócrata». Bueno, si lo dice él, lo será, aunque discrepemos fortísimamente de quien se reclama «marxista» y habla de aspirar a «Estados decentes» citando a Cicerón. No cabe mayor ambigüedad -y no lo decimos porque cite a Cicerón- en un presunto marxista.

Luego se extiende -Otegi- en algo que ya sabíamos, pero que en ámbitos abertzales no se podía decir imperando la «omertà» o ley del silencio. Otegi parece molestarse cuando la prensa española dice que ha sido gracias a la policía española y sus tribunales que se ha acabado con ETA, y reivindica su papel en este desmantelamiento de la organización armada vasca. Parece quejarse de que no le tengan en cuenta como si Roma (Madrid) no pagara traidores. Y más tratándose de un «hombre de paz», al decir de Rodríguez Zapatero y Pablo Iglesias.

Se explaya Otegi reconociendo que la izquierda abertzale «ha sido responsable del sufrimiento que se ha causado en este país», aunque matiza que (él) «ha contribuido a que desaparezca (la violencia), sin duda». Y remata la faena con aliño: «Por mucho que algunos quieren decir que eso se debe a la Policía y la Guardia Civil, la lucha armada de ETA seguiría si la izquierda abertzale NO HUBIERA TOMADO LA DECISIÓN DE APOSTAR POR LAS VÍAS PACÍFICAS Y DEMOCRÁTICAS» (mayúsculas nuestras). Es decir, reclama su papel fundamental en esta historia y que no se le ningunee. Podría decirse que casi lo tiene a gala.

Pero, como decíamos al principio, no bastará con estos «desdecires» y «reconocimientos» y «palinodias»: le exigirán más, que acepte la legalidad penitenciaria española, ya lo han hecho, la Ley de Partidos, ya lo han hecho, renunciar a la amnistía, ya lo han hecho, pactar con los fiscales para no entrar en la cárcel, ya lo han hecho, que reconozcan el daño causado, ya lo han hecho y, por supuesto, que «condenen la violencia», a lo que Otegi, muy ocurrente, asume que: «hice algo más eficaz que condenar la violencia de ETA, que es hacer desaparecer esa violencia». Pues vale, con su pan se lo coma, y ya veremos el juicio final de la Historia, la de los hombres, no la celestial.

Buenas tardes.

Razón de Estado

Bianchi

Parece ser que la formación política «Podemos» -ya usamos el lenguaje convencional y estereotipado de un locutor de Telediario-, no se sumará a la lista del cambio en Navarra/Nafarroa que propusieron Geroa Bai y EH Bildu.

Su secretario general, Pablo Iglesias, vino a decir que no se sumará a esa lista que sostiene en el gobierno navarro a Uxue Barkos (de Geroa Bai, una especie de PNV a la navarra) porque el problema está en la presencia de Bildu a quien vetó de manera explícita. Tiene gracia que la caverna mediática se la pasa exhibiendo vídeos donde puede verse a Iglesias hablando en una «herriko taberna» (locales de la izquierda abertzale) para asociarlo al «terrorismo filoetarra» y vean que pronto «El Koletas» les deja sin munición para atacarlo visto el veto podemita a los bildurris. Les quitó un pretexto a base de renegar de supuestos ideales, de pasos atrás que, por otra parte, no van a satisfacer al insaciable búnker cavernario, que vive de esto, de fabricar supuestas disidencias obedeciendo las consignas del CNI español.

Existen muchas diferencias políticas, dice Iglesias, con Bildu ya que «ellos son independentistas y nosotros no». Y es que desde Madrid se piensa que una coalición con los abertzales independentistas podría restarles votos en el resto del Estado. Lo que viene a confirmar, al menos, dos cosas: el afán electorero de un partido -si lo es, que no esta claro esto- que antepone arañar un puñado de votos a los principios ideológicos -caso de tenerlos, que tampoco esta esto claro- y, en segundo lugar, el carácter catch all-Party o partido «atrapalotodo» en no importa qué caladero electoral ya que, «nosotros» -ellos- «no somos ni de izquierdas ni de derechas». Y conste que Podemos contribuyó a desalojar del poder a UPN y su presidenta la señora Barcina.

Algo que no hizo el PsoE navarro cuando tuvo ocasión de hacer lo mismo contando con el apoyo, entonces, de la Herri Batasuna de la época. No se hizo porque desde Madrid se ordenó que no se hiciera, y ¿por que?, pues porque, aunque no se adujo, obviamente, Navarra es una «cuestión de Estado», la españolísima Navarra, el Reino de Navarra opusdeano.

Ahora ocurre tres cuartos de lo mismo, sólo que con otros protagonistas. ¿Qué diferencia hay entre la postura del PsoE de entonces y la de Podemos ahora? Básicamente, ninguna. ¿Y qué les une? Esencialmente, la razón de Estado. Porque Podemos se ha coaligado con mareas gallegas, grupos valencianos y catalanes que no ocultan sus aspiraciones independentistas, no todos, pero, ay amigo, Navarra no se toca, es una cuestión de Estado con el País Vasco al fondo. Y encima hablan de renovar una semifusión con vistas al Senado, que no al Congreso, o sea, que se burlan y chotean…

He aquí, pues, otra situación política, otra piedra de toque, para demostrar Podemos que, en efecto, están por el cambio progresista, «nuevas políticas» y esas cosas, y ¿qué hacen? Cagarla.

Buenas tardes.

Líneas rojas

Bianchi

Finalizada la gran manifestación por los presos políticos vascos en Bilbao en la mañana de hoy, día 17, una portavoz dice a los manifestantes que hay dos «líneas rojas» que no van (se supone que los presos) a traspasar, a saber: el arrepentimiento y la delación, o sea, la expiación de los pecados y el chivateo a lo Judas, en términos teológico-políticos.

Me pregunto cómo es posible que estas proclamas puedan pasar, de cara a la feligresía abertzale pues en eso quieren convertir a sus bases, en un rebaño acrítico cuasirreligioso, como el no va más y el «non plus ultra» de la potencia, fuerza y energía de un movimiento supuestamente imparable que ni habla de amnistía y, al mismo tiempo, apuesta por aceptar la «legalidad penitenciaria» española (Otegi dixit, que esta noche saldrá en La Sexta como «starring»), o sea, las vías de salir de los trullos y makos a como dé lugar, pues, dicen, se trata de «vaciar las cárceles» y no «llenarlas».

Vaciarlas sin mirar el cómo ni las maneras y formas, pues los «nuevos ciclos» así lo imponen. Y si para ello hay que pactar con los jueces de la Audiencia Nazional una renuncia a los principios para no ingresar en chirona, pues se hace, mejor fuera, en la calle, abjurando (como quien dice) de los ideales que dentro de la cárcel con la cabeza bien alta. Se dirá, posiblemente, que habría que estar en el pellejo de quienes se arriesgan a estar equis años en el chabolo – algunos ya sabemos algo de esto, por cierto, amén de torturas lindas y guapas- para entender su «postura»… Pues no, no la entendemos porque, primero, flojos principios son esos que, al primer chantaje del fascismo coronado, uno se raja, y, segundo, «at last but nos least», no haberse metido en causas populares, lo que es muy meritorio, para luego salir de malas maneras del mal trago con componendas con quien te acaba de torturar mientras el juez mira para otro lado.

Decir que no se van a traspasar las «líneas rojas» del arrepentimiento y la delación es decir algo tan obvio y elemental que no hace falta ni decirlo porque va de suyo, va en el ADN antirrepresivo, como se dice ahora. Pero se dice. Y se ha dicho como quien arenga a las huestes lanzando dos consignas ultrarrevolucionarias: reconocemos el daño causado, pero no nos chivaremos, abogamos por la «reconciliación» (como Carrillo en su día), pero si el Estado español no pone algo de su parte, pues la cosa se antoja difícil, aún así, seguiremos por la «vía unilateral» como el kamikaze del chiste que va por el carril de la autopista en sentido contrario pensando que los zumbados son los demás conductores. ¿Qué más nos queda por ver? No delataremos, dicen, como quien dice somos la ostia y lo tienen a gala apuntándose un tanto: ¡¡se dice lo evidente, lo mínimo que se espera y sacan pecho esperando aplausos!! ¡¡¡¡¡Manda güevos!!!!!!

Malos tiempos para la lírica, ya lo dijo Coppini de «Golpes Bajos».

De víctimas

Bianchi

Me preguntan desde Euskadi si todas las víctimas del llamado, mal llamado, «conflicto vasco» son iguales. Me lo pregunta porque, por lo visto, en una tertulia de una emisora de radio vasca un contertulio abertzale dice que hay que pensar en las víctimas como todas iguales o, al menos, tenerlas a todas presentes en un mismo plano (que es lo primero que ha dicho Otegi nada más salir da la cárcel de Logroño), y, según mi interlocutor, le contesta una periodista afín a la derecha vascoespañolista que, por favor, que cómo van a ser iguales las víctimas del «terrorismo» (de ETA, por supuesto) que las provocadas por  un miembro de las FSE (antes FOP), que eso es equiparar a la víctima de una violación con su violador. En efecto, tiene razón (al margen de la demagoga comparación que hace esta lacaya del capital) esta turiferaria que se hace eco del discurso oficial en materia de «terrorismo»: Terroristas sólo los hay de un lado, ya sabemos cuál. Ya lo dijo Martín Villa cuando era ministro del Interior: «lo de ellos son asesinatos; lo nuestro, errores». Ergo: por lo tanto, las víctimas de una y otra parte no son, no pueden ser, iguales, aunque sólo sea por la distinta -y hasta opuesta- motivación política de las partes enfrentadas. Lo único objetivo, es cierto, es la víctima, pero se da el fenómeno que podría llamarse «la metamorfosis de la pistola», es decir, la pistola mata, pero depende quién la empuñe y su móvil. Y su causa. No es lo mismo, evidentemente, esa pistola en manos de un policía que de un «terrorista». Para el Estado -y para esta plumilla-, que tiene el monopolio de la violencia según los teóricos burgueses del siglo XIX (Max Weber, sobre todo), sólo hay una clase de «víctimas»: las del «terrorismo»; las otras, no. Si acaso un exceso o un caso aislado de un funcionario público. Punto.

Yo creía que estas cosas estaban ya meridianamente claras. Quien, desde luego, lo tiene clarísimo es todo el aparato ideológico -el represivo va de suyo- del Estado, incluidos TODOS los partidos del régimen nacido en abril de 1939 y sus distintas encaladuras y encarnaduras de fachada y personal. Estos distinguen perfectamente entre una víctimas y otras. Y quien no parece distinguirlas es la izquierda abertzale oficial en sus nuevos ciclos. Otra demostración de su deriva por la pendiente abajo del reformismo más degenerado. Y es que a ver qué calificativo merece el hecho de nivelar unas víctimas con otras cuando ni el «enemigo» lo hace. Acabarán condenando la violencia «venga de donde venga», aquella murga con que querían distanciarse los «equidistantes» y su «equidistancia», algo imposible en el terreno de la lucha de clases o en las luchas nacionalistas. No es el Estado quién ha cambiado su carácter, sino que es el mundo abertzale -expresión muy del gusto del «stablishment»– quien ha cambiado notoriamente.

Incluso en las mismas Asociaciones de Víctimas de Terrorismo, así llamadas, no es lo mismo una Ángeles Pedraza, que parece lamentar que ETA ya no mate porque la deja sin su sempiterno discurso y, probablemente, sin algo más material y prosaico (se le acaba el chollo, diría un castizo), que Pilar Manjón, hoy, por cierto, reunidas en Madrid con motivo del XII aniversario del 11-M que todavía no se sabe quién fue -algunos tenemos nuestra teoría- el autor material e intelectual. Y es que como dijo no sé quién: «el pueblo español todavía no está preparado para saber quién fue el autor de la masacre».

¡Tócate los perendengues !

Buenas tardes.

Otegi solicita una sonrisa

Bianchi

Como nueva arma letal en el proceso de liberación nacional -la social puede esperar a otro tren- de Euskal Herria.

También promete que van a luchar por la paz «hasta el final». No sabemos qué tipo de paz, si la angelical a través de una sonrisa o la de los cementerios. O una «pax romana».

Vaya por delante, es ocioso decirlo, que nos alegramos de la puesta en libertad de un demócrata, pero hay que afinar algunas cosas. Lo primero dejar de lado todas las estupideces que vomitan como papagayos desde la caverna mediática recordando el pasado «terrorista» de Otegi y pidiendo que «condene la violencia» y demás mantras que regurgitan y ni ellos se los creen, pero va en el sueldo escupirlos. O a clowns como el ministro de Casinos, Catalá, negando su condición de «preso político». Por aquí no van los tiros e incluso le viene bien a la deriva reformista y liquidacionista abertzale este tipo de ataques provenientes del búnker a modo de retroalimentación.

Hay que fijarse -y detenerse- en otro tipo de análisis más sesudos por parte de quienes sí saben de qué va esta milonga. Dejando aparte la alegría de Joan Tardá o Pablo Iglesias por la  libertad de un «hombre de paz» (como le llamara Zapatero) que quiere la «reconciliación» y el «amor» y demás poemas que derriten el magín, tenemos hoy mismo, día 2, una nota en El País firmada por un experto en estas lides, Luis R.Aizpeolea, que sitúa bien las cosas y a las personas.

Recuerda este periodista -en su día cercano a las posiciones polimilis- que Otegi, y no sólo él, fue encarcelado por tratar de reorganizar una formación política ilegalizada, Batasuna, al servicio, por supuesto, de ETA, algo que no se lo cree ni el Estado, pero conviene dar pábulo y carrete para dar una vuelta de tuerca más a la izquierda abertzale, objetivo conseguido a la vista de la degeneración de esta sigla. Aizpeolea, que entonces comulgaba con la versión estatal a sabiendas de su mentira por «razones de estado», que se dice, hoy escribe que «esa reorganización tenía por objeto el cese definitivo de ETA como los hechos han confirmado». O sea, no compaginar la lucha armada y la lucha de masas, como en la «ponencia otsagabia» elaborada por «Pertur» a principios de los años setenta del siglo pasado, sino acabar con ETA. O sea, que Otegi se come un marrón por hacer el trabajo sucio a un Estado que no puede acabar militarmente, y menos políticamente, con la organización armada. En vez de premiarlo, lo encarcela. Los amigos de Otegi no lo entienden, aunque nunca calificarán de «fascista», tampoco Otegi lo hace, a ese Estado que no paga traidores, como Roma no pagó a los que asesinaron a Viriato; resulta que Otegi «convence» a ETA de dejarlo y se lo pagan así. No hay derecho. Igual es que esto no es Inglaterra ni Euskadi Irlanda, aunque es muy posible que Gerry Adams y Otegi sean concomitantes.

Dejando o, mejor dicho, dando por hecho que cada formación política es muy libre de establecer la línea política que estime oportuna y más conveniente, porque aquí no defendemos volver a echarse al monte, Señor Juez, no me joda, Aizpeolea alaba y pone en el «haber» de Otegi esa trayectoria como mérito suyo, es decir, lo que no consiguió el Estado, lo ha conseguido él y sin contraprestaciones, los presos tirados y tira millas por la «vía unilateral» que nadie sabe adónde conduce, si a la nada o al abismo o a la enésima traición al pueblo vasco, o lo mejor de él. Y nosotros, a diferencia de Aizpeolea, ponemos esos «méritos» en el «debe» de Otegi, hablando en términos de balances comerciales. Esta es la diferencia entre un punto de vista reformista que apuntala el «stablishment» y otro revolucionario.

No pasará mucho tiempo hasta que cunda la desmoralización en las filas populares. Y a los «contestatarios» que ya están criticando el reformismo batasuno y su línea «oficial» el propio Otegi los defenestrará. Al tiempo. Ojalá nos equivoquemos.

Ha llegado la hora de «hacer política». Pisar moqueta le llaman otros. La hora de los hornos.

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