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Diario GARA: kién te ha visto y kién te ve

Iñaki Soto, director de Gara
B.
Sobre todo en la sección “Internacional” claramente proimperialista en las “zonas calientes” como Siria, Donbass, Irán, y antes Libia o Egipto, y que se remonta a Kosovo y la “independencia” de una nación que no existe y que jamás existió. Pero, al parecer, todo vale si con ello se consigue la independencia de Euskadi sin reparar en la historia, los costos ideológicos y la lucha de clases a nivel internacional.

Algo así lo entienden quienes firman un manifiesto de denuncia de la línea obscenamente proimperialista llevada en GARA, otrora referente ideológico de la izquierda abertzale, sobre todo en los tiempos de EGIN hasta que lo cerró el juez, exjuez, Garzón en verano de 1998.

Sostenemos que, si no automáticamente sí sintomáticamente, la línea editorial de un periódico en el rubro “Internacional” responde y refleja la línea editorial de ese medio, cualquier medio, de su línea “nacional”, sea España, Catalunya o Euskal Herria. En este último caso, GARA refleja y reverbera y regurgita en “internacional” su deriva reformista hacia la nada que lleva a cabo la izquierda abertzale oficial (de alguna manera hay que denominarla). Lo raro sería ver una línea editorial en “Internacional” progresista y antiimperialista y una línea claudicante y liquidacionista en “Nacional”, o sea, en “Interior”, en “casa”. O al revés. No sucede esto, no puede suceder y no puede ser de otra forma.

Hay lo que hay y esto es lo que hay. Con el añadido muy peligroso, peligrosísimo, de que, cegados y despeñados en esa pendiente reformista sin retorno, empiecen a ver “enemigos” en quienes no les ríen las gracias y acaben por decir que “Rusia es culpable” (como decía el nazi-falangista Serrano Súñer en 1941), esto es, los “rojos” nativos, indígenas, vasquitos ellos, los comunistas, antifascistas y demás ralea y gente de mal vivir. Suele ocurrir cuando no se admite la lucha de clases en tribus idílicas y descomplicadas con futuros paradisíacos, mientras cuidan su riñón.

No hay peor cuña que la propia madera.

Buenas noches.

Nuevamente sobre las lacras del idealismo histórico en Euskadi

Juan Manuel Olarieta

Tras haber expuesto una crítica a lo que considero como una defensa del idealismo histórico por su parte, J.González redacta un segundo artículo al que voy a contestar ahora en primera persona a fin de dejar más claro mi propio alineamiento en los puntos que aborda.

La opresión nacional es un fenómeno especialmente complejo por muchas razones pero, sobre todo, porque difiere bastante en cada nación oprimida y, por lo tanto, involucra aspectos históricos, lingüísticos y culturales que, además, se padecen con una tremenda carga emocional, lo cual conduce a un verdadero campo minado.

No obstante, como cualquier fenómeno complejo se puede y se debe resumir, lo mismo que se debe tener cuenta la propia simplificación de algo sobre lo que se ha discutido y se puede discutir hasta la saciedad.

Si a ello le añadimos la complejidad de las palabras con las que se pretende describir esa opresión, es dífícil desactivar ese campo de minas, sobre todo cuando no se introducen para aclararse sino para sembrar aún más confusión de la que ya existe.

No me voy a pelear, pues, con las palabras más de lo necesario, pero tampoco voy a hacer seguidismo de nadie. Sólo quiero aclarar que yo persolamente procuro no hablar nunca de “Estado español” sino de “España” y tampoco utilizo “Euskal Herria” sino “Euskadi” que entiendo como un concepto político para designar a una nación oprimida repartida en dos Estados, el francés y el español.

Por lo tanto, no considero que España sea una “entelequia” ni un “invento”, como asegura González, sino un Estado multinacional. Creo que todas las naciones, dentro y fuera de España, tienen derecho a existir, es decir, a ser reconocidas como tales por los demás, empezando por los que las oprimen. Creo, además, que sólo ellas tienen derecho a decidir si quieren seguir unidas a otras voluntariamente o separarse. Finalmente, también creo que todas las naciones tienen los mismos derechos, o sea, que son iguales.

Ahí no hay ningún “factor subjetivo”, por lo que el hecho de que Euskadi sea una nación no depende de cómo se sienta nadie, ni los vascos ni los españoles, tanto si son muchos como si son pocos los que se sienten de una u otra manera, entre otras cosas porque me parece un planteamiento infame introducido por los fascistas.

Creo que es importante tener eso en cuenta por las continuas alusiones de González a lo que él llama “conciencia”, a la que vuelve a dar una interpretación subjetiva y, por lo tanto, idealista. Con este tipo de asuntos ocurre lo mismo que con esos colectivos empeñados en poner en primer plano esa “conciencia” vinculándola a cada uno de los trabajadores individualmente. Pues bien, para un marxista, dogmático o no, la adscripción de clase, el ser obrero o burgués, no depende de ningún tipo de conciencia sino que es una condición absolutamente objetiva. Del mismo modo, el ser vasco es otra condición, a la que en cada caso individual puede ir añadida la conciencia subjetiva de serlo o de ser otra cosa distinta.

El error que se comete aludiendo a Euskadi como un “marco autónomo de lucha de clases” no se salva en absoluto trasladando la pelota al otro tejado: ¿es España un marco autónomo de lucha de clases?, entre otras razones porque es una pregunta que está resuelta desde el origen del movimiento obrero mismo, entre otros por Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista”, que acaba con la consigna de que los proletarios de todo el mundo deben permanecer unidos y de que la lucha de clases “primeramente” es “por su forma” una lucha “nacional” de manera tal que “el proletariado de cada país debe acabar en primer lugar con su propia burguesía”.

Es algo que desde entonces ha sido explicado una y mil veces por los marxistas, por lo que doy al lector por familiarizado con ello y creo que de esa manera contesto a lo que González pregunta: el marco de la lucha de clases no es Euskadi, ni tampoco España porque la lucha del proletariado, por su contenido, es internacional.

Cuando hablan de “marco autónomo”, esos grupos y colectivos vascos, a los que González califica de “leninistas”, plantean mal dos asuntos diferentes, ambos capitales. El primero es un penoso y escolástico debate que se expone siempre colgado de una nube de ensoñaciones, al más puro estilo idealista. Se trata de los dos aspectos de la lucha de clases en Euskadi, la lucha por el socialismo y la lucha por la independencia, donde las combinaciones posibles se han repetido en muchas discusiones:

a) primero conquistamos la independencia y luego ya construiremos el socialismo
b) queremos ambas cosas a la vez y somos tan revolucionarios que si no hay socialismo tampoco queremos la independencia
c) primero hacemos la revolución socialista (en España) y luego concedemos la autodeterminación a Euskadi

A mi modo de ver los tres planteamientos me parecen otras tantas abstracciones, sobre todo el segundo de ellos. No expresan más que los buenos deseos de cada cual para que la historia tome un derrotero u otro. Ninguno de ellos tiene en cuenta suficientemente las condiciones políticas e históricas, nacionales e internacionales, en que esos acontecimientos se pueden producir.

El segundo aspecto al que se quieren referir los que hablan de “marco autónomo de lucha de clases” es la forma organizativa del movimiento revolucionario en Euskadi, donde también las combinaciones posibles se han repetido muchas veces:

a) los abertzales crean organizaciones que ellos creen de alcance nacional, cuando en realidad se circunscriben a una parte de Euskadi
b) los españolistas crean organizaciones de ámbito estatal que mantienen sucursales en Euskadi

En este punto digo lo mismo que en el anterior, pero, por concretar un poco más, dado que esos planteamientos se metamorfosean, en el caso de los “leninistas” vascos, en la necesidad de crear una vanguardia o un partido comunista sólo en Euskadi, quiero añadir que -sin ningún género de dudas- tal partido llegará, pero por vías que esos “leninistas” ni siquiera son capaces de sospechar; más bien llegará por las vías contrarias y por motivos que no tienen nada que ver con un “marco autónomo” que no existe por más partidos vascos que se fabriquen.

Como poco, me parece oportunista que los otros “leninistas”, los españoles y franceses, se declaren “solidarios” con la lucha de liberación nacional de Euskadi porque -en mi oponión- lo que deberían hacer es asumirla como cosa propia, que es algo bien distinto de lo anterior. Esto no lo digo sólo por aquella frase tan famosa y tan cierta de Engels de que “un pueblo que oprime a otros no puede ser libre”, sino por una cuestión de clase, a saber, porque la lucha de liberación nacional, como cualquier otra lucha contra la opresión, debe dirigirla la clase obrera, que es algo muy diferente de la solidaridad.

Al menos yo entiendo así el leninismo, lo que enlaza directamente con eso que González llama una y otra vez “conciencia” y “factor subjetivo” y que es tan viejo como el “Manifiesto Comunista”, donde Marx y Engels ya dijeron que la “organización del proletariado como clase” no es más que el partido comunista o, en otras palabras, la vanguardia dirigente, el verdadero componente decisivo de cualquier lucha, incluida la que se dirige contra la opresión nacional. Sin embargo, en su escrito González alude a cualquier cosa menos a ello. Repite una y otra vez la palabra “conciencia”, “sujeto revolucionario”, “pueblo concienciado” que, en efecto, no son otra cosa que idealismo y, lo que es peor, conducen al fracaso inevitablemente.

Es un tópico tratar de apañar ambos aspectos con frases, tales como “el íntimo vínculo de lo objetivo con lo subjetivo”, que es más de lo mismo: se repite en boca de todos, pero no va más allá. Siempe queda muy bien en cualquier artículo, cuando en la práctica está ocurriendo todo lo contrario.

En cualquier batalla, los errores son muy importantes, naturalmente, y es inevitable cometerlos. Sin embargo, lo peor es cuando no se corrijen y se convierten así en verdaderas lacras, que se van arrastrando durante décadas. El desastre llega cuando, además, alguien pretende hacer pasar tales errores como si fueran grandes aciertos. También es una forma de idealismo, esa concepción fantástica de la historia que se alimenta de sí misma, de sus mitos y sus leyendas. Sólo ve aciertos por todas partes, confunde los aciertos con los errores y se enfada cuando alguien le critica sus errores. El idealista cree que las críticas son ataques. No se da cuenta de que si le criticas es para que logre los objetivos que se ha propuesto.



Más información:
– En respuesta al articulo de Olarieta ‘En Euskadi el idealismo histórico es una lacra’
– En Euskadi el idealismo histórico es una lacra
– Euskal Herria marco autónomo de lucha de clases

El gobierno del PSOE sobornó a la policía uruguaya para perseguir a los refugiados vascos

El GAL: Barrionuevo, González y Vera
“Ya me enteré de su accidente. Espero que tanto usted como sus amigos estén bien. Hay que tener cuidado. Mucho cuidado”. Hace algunos años un informante de la Policía uruguaya se dirigía de esa forma a un periodista de ese país que había vivido una temporada en Donostia. Una noche, el coche en el que viajaba junto a personas del ámbito abertzale se dio de frente contra otro vehículo en una carretera del interior de Gipuzkoa. Pocos meses después, cuando el accidentado se encontraba de regreso en Uruguay, aquel tipo misterioso le hizo saber que conocía todos sus movimientos. Algunos no se sorprendieron: en la Casa Vasca de Montevideo ya habían visto a ese individuo en varias ocasiones.

Esta anécdota –confirmada a Público por su protagonista- es apenas un ejemplo de lo que ocurría en el entorno de las instituciones y colectivos vascos de Uruguay. Desde finales de los años ochenta, una larga lista de individuos “curiosos” desfilaron por sus instalaciones, se hicieron amigos de sus directivos… y obtuvieron datos que acababan en Madrid. Así funcionaba una nutrida red de “colaboradores” de la policía española que se dedicaba a “monitorear” las actividades de la diáspora vasca en el país del ex presidente José “Pepe” Mujica, quien también tiene raíces familiares en Euskadi.

Las anécdotas –y sospechas- de los últimos años acaban de ser confirmadas por el semanario Brecha, una veterana publicación de la izquierda uruguaya. Según relata el prestigioso periodista Samuel Blixen, el Gobierno de Felipe González pagó “generosos sobornos a los principales jerarcas de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) de la Policía” de ese país sudamericano. Su denuncia está amparada por documentos de la Inteligencia militar de Uruguay hasta ahora desconocidos. De acuerdo al artículo escrito por Blixen, el ex secretario de Estado de Seguridad en el Gobierno de González, Rafael Vera –quien posteriormente fue condenado por su pertenencia al GAL-, estuvo al frente de esa trama.

“En la cúspide de su arbitrariedad prepotente, hija de una actitud que después lo llevaría a la cárcel, Rafael Vera, niño mimado del Partido Socialista Obrero Español, desembarcó su arrogancia en Montevideo, un día de julio de 1989, en su calidad de secretario de Estado de seguridad del gobierno de España. Traía unos vídeos y muchas pesetas”, señala el periodista en su crónica. Por entonces, el objetivo de Felipe González era perseguir a un grupo de 15 refugiados vascos que vivían en Uruguay y que tenían diferentes grados de vinculación con el movimiento abertzale. Algunos habían pertenecido a ETA. Otros no. Lo que sí les unía era el miedo a ser atrapados por el GAL, que ya había mostrado sus virtudes asesinas.

De acuerdo a la documentación recogida por la publicación uruguaya, la Dirección General de Información de Defensa de ese país había llegado a un acuerdo con los exiliados: “Mientras no intervinieran en asuntos internos de Uruguay, y se dedicaran exclusivamente a trabajar para vivir, se haría la vista gorda sobre la documentación que habían obtenido mediante una ‘inscripción tardía’”. “De hecho, tenían documentos auténticos, pero sus nombres y apellidos eran falsos, inventados; la documentación falsa-real incluía a hombres, mujeres y niños –apunta Blixen-. El acuerdo entre la Inteligencia militar uruguaya y los refugiados vascos funcionó hasta mayo de 1992, pero éstos estuvieron sometidos a una estricta vigilancia”.


‘Hay bastante dinero’

Según esos documentos, “Vera hizo entrega a la Policía uruguaya de una donación de 4 mil revólveres, pero no solicitó la captura de los vascos”. “A Uruguay le llegaría el turno después que México expulsara a un etarra y Venezuela hiciera lo propio”, señala el semanario. Para conseguirlo, el gobierno de González tiró de cartera: “De acuerdo a lo expresado, hay bastante dinero para volcar en la operación de ETA”, señalaba un informante policial apodado “Diego” en un informe fechado el 21 de agosto de 1989. Allí consta que uno de los policías que trabajaban para los servicios secretos españoles llegó a recibir el ofrecimiento de un sueldo de 300 euros al mes a cambio de vigilar a un exiliado vasco.

“Se volcaron todos los medios a esta operación, porque hay un importante aliciente económico de parte de los españoles. Esto ha creado discusiones a nivel del personal ya que no hay acuerdo entre quienes se reparte las cantidades disponibles”, señalaba el agente identificado como “Fabián” en uno de los documentos divulgados por Blixen. “Fabián explicó que todo aquel dinero era ‘guita extra’ y que hubo un ‘gran puterío’ por el reparto, ‘son 13 sueldos y agrégale un viaje de tanto en tanto para un jefe de grupo’”, subrayaba.

Las redadas se pagaban con créditos millonarios

Además de pagar a policías, el Gobierno del PSOE también supo conquistar al por entonces presidente de Uruguay, el conservador Luis Alberto Lacalle. “El 8 de abril de 1992, el presidente Luis Alberto Lacalle llegó de visita a España donde firmó un acuerdo por el cual el Gobierno de Felipe González le concedía a Uruguay un crédito superior a los 30.000 millones de pesetas, unos 300 millones de dólares. Cinco semanas después, el 15 de mayo, la policía irrumpió en el local del restaurante La Trainera y en sucesivos allanamientos en siete viviendas detuvo a 30 personas, entre ellos cuatro menores de edad”. “Dos días después, 13 ciudadanos vascos eran procesados, y en los calabozos de la DNII eran interrogados por el comisario antiterrorista español Carlos Fuentes”, recuerda el artículo publicado por Brecha.

Según consta en otros documentos, el Gobierno español consiguió que policías de este país participasen en los interrogatorios realizados a los vascos capturados en Montevideo. En un acta de la DNII uruguaya del 15 de mayo de 1992, consta que al menos uno de los agentes que interrogó a Josu Lariz –uno de los detenidos en aquella operación- utilizaba un lenguaje propio del castellano que se habla en España. “No conozco policías [uruguayos] tan castizos que hablen en segunda persona del plural. Eso demuestra que había policías españoles”, denunció algunos años después el parlamentario del Frente Amplio –coalición de izquierdas que hoy está en el Gobierno- Guillermo Chifflet.

Dos años después, el presidente Lacalle volvió a mostrar su “compromiso” con el ejecutivo de Felipe González: a pesar de lo estipulado por la normativa uruguaya en materia de asilo, el mandatario de aquel país aceptó el pedido de extradición que Madrid había formulado contra ocho refugiados vascos. Tres de ellos se pusieron en huelga de hambre y tuvieron que ser hospitalizados, lo que despertó una amplia movilización popular. El 24 de agosto de 1994, la Policía al mando del entonces ministro de Interior, Ángel María Gianola, cargó contra la multitud que protestaba fuera del Hospital Filtro y mató a dos jóvenes de 18 y 24 años de edad. Ocho años más tarde, el Gobierno de José María Aznar condecoró a Gianola con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Era una cuestión de gratitud.

Fuente: http://www.publico.es/politica/gobierno-felipe-gonzalez-soborno-policias.html

En Euskadi el idealismo histórico es una lacra

Juan Manuel Olarieta
El artículo de Juanjo González sobre un tópico tan manoseado en Euskadi, como lo del “marco autónomo de lucha de clases”, que está en boca de casi todos, es un ejercicio de idealismo histórico que en muy pocas líneas compendia la mayor parte de las lacras que padecen algunos colectivos, cuya nota común es que confunden lo que hay con lo que les gustaría, con sus aspiraciones, sus deseos y sus anhelos.

Un pueblo que no conoce su pasado no puede construir ningún futuro y en pocos sitios como en Euskadi hay esa afición a buscar en la historia aquello que a algunos les gustaría encontrar, retorciendo los hechos más evidentes hasta convertirlos en una caricatura de sí mismos.

En el artículo que comento no queda claro si a la burguesía (calificada como vasca o vasco-española) no le interesaba el famoso “marco autónomo de lucha” o lo que no le interesaba era, simplemente, la lucha. Pero sobre todo, queda mucho menos claro si, independientemente de sus intereses, de lo que a la burguesía le gustara, había o no algo parecido a un “marco autónomo” de algo que tiene muchas definiciones y ninguna coincide porque nadie sabe lo que es.

La explicación de ello está en el propio relato, en donde se alude a la lucha de clases pero no a las clases mismas, lo que se evidencia en otro de esos tópicos que circulan por Euskadi, el de “pueblo trabajador vasco”, que suplanta al de “clase obrera”, que es el único científico, al menos para quienes consideran que la lucha de clases el el motor de la historia.

Por el contrario, el autor se desliza por otros derroteros muy distintos, en donde el denominado “pueblo trabajador vasco” es el único sujeto que puede llevar adelante la liberación (nacional y social, dice) de Euskal Herria. Son dos puntos de vista que corresponden a dos clases distintas. El de González es el propio del idealismo burgués, el del individualismo y el subjetivismo que se puede convertir en fuerza objetiva, la materialización de los anhelos y deseos más recónditos, los sueños de todo un pueblo hechos realidad.

Al otro lado está el punto de vista de esos “desconsiderados” que no tienen en cuenta ese “factor subjetivo” y hablan en el idioma de otra clase social, de fuerzas sociales y, en casos como el de Euskadi, de naciones y de movimientos de liberación nacional. Dado que esos “desconsiderados” son materialistas, le dan la vuelta al idealismo histórico de González al asegurar que el “factor subjetivo” es un reflejo del anterior.

La consecuencia de ello es que, como bien dice el artículo, “nuestra fuerza de hoy se nutre del ayer”, a lo cual hay que añadir que a nuestra falta de fuerza le pasa lo mismo. También se nutre del ayer. Si el movimiento de liberación nacional en Euskadi quiere ser fuerte, si quiere tener futuro, deberá conocer muy bien ese ayer, sus puntos fuertes y sus debilidades. Por lo demás, no se trata de algo privativo de ninguna nación oprimida, sino que es algo imprescindible para cualquier tipo de movimiento revolucionario.

Pues bien, el idealismo histórico no es otra cosa que una falsificación del pasado que condena a cualquier movimiento, incluido el de liberación nacional, a un callejón sin salida.

(*) http://odiodeclase.blogspot.com.es/2017/01/euskal-herria-marco-autonomo-de-lucha.html

Churras y merinas, lachas y carranzanas: todo mezclado

Bianchi
Como las ovejas de diferentes castas. Como un potaje que, culinariamente, puede estar rico y sabroso, pero, políticamente, va a ser que no. Hay cosas que son inmiscibles como el agua y el aceite, de distinta densidad, como un ánodo se repele con otro del mismo signo (positivo) o un cátodo con otro cátodo (negativo). Se atraerían si fueran de distinto signo y carga, pero esto en electrónica, no en política.

El próximo sábado día 14 se celebrará en Bilbao la ya tradicional manifestación de carácter anual -convocada por la red ciudadana Sare, próxima a círculos del nacionalismo vasco oficial- en favor de los derechos de los presos (ya no se añade el calificativo denotativo «políticos»). En el titular de la noticia de una web podemos leer que la manifestación está convocada por «familiares de víctimas de ETA y los GAL».  O sea, una mezcla entre elementos heterogéneos y cantidades inmiscibles (no mezclables), ya se dijo.

Quienes presentaron el acto -dos familiares de víctimas de ETA y los GAL, respectivamente- dijeron que «somos víctimas de las diferentes violencias» (negrita nuestra), esto es, se equiparan las violencias sin distinguirlas y, aún peor, sin atender a sus causas, es decir, deteniéndose única y exclusivamente en las consecuencias del llamado «conflicto vasco» olvidándose de sus causas que siguen ahí, pendientes y sin resolverse. Es un poco la vieja cantinela de condenar las violencias, todas las violencias, «vengan de donde vengan», meterlas en un mismo saco, insacularlas, mezclarlas, y tira millas con el gazpacho resultante aunque sea indigerible y maloliente.

Ya ni siquiera se habla de «paz por presos»: es lo que tiene la «unilateralidad». Nunca han estado en peor situación los presos políticos vascos ni más dispersos como ahora (salvo con Aznar que trajo a la península desde Salto del Negro, Canarias, a algunos prisioneros cuando Aznar hablaba del MLNV vasco), no excarcelan ni a los que están muy enfermos. No ha cambiado nada este Estado criminal, y no tiene por qué hacerlo viendo que quienes cambian son los otros, la izquierda abertzale oficial que, con su deriva reformista y renegada, asume la problemática de los presos como quien asume una patata caliente de la que quiere deshacerse a toda costa por molesta e incordiante para sus «nuevos ciclos». ¿Y cómo? Pues acogiéndose a la legalidad penitenciaria española (esto se ha hecho siempre sin que nadie se escandalice porque sería de género bobo no hacerlo) pero buscándose la salida personal a todo trance y a como dé lugar, como dicen los mexicanos. Es la llamada «vía Rufi (Etxebarria)» -casi lo mismo que la «vía Nanclares», que no se atreven a nombrar- proclamada en enero pasado, justo hace un año, otrosí: búscate la vida, chaval, pero eso sí, sin que haya arrepentimiento ni delación. Pues sólo faltaría, que diría el otro, y, sin embargo, ya le han dado la pista, involuntariamente, al Gobierno español: que delaten y se arrepientan y entonces (igual) hablaremos. No se reconoce el carácter fascista del régimen español y se apela al PNV para que intente que el Gobierno español mueva alguna ficha, haga algún gesto, dé alguna migaja. Se olvidaron las movilizaciones -salvo esta que decimos convertida en una suerte de procesión, y las concentraciones semanales que se hacen en los pueblos- y se aparca la consigna y bandera de AMNISTÍA, que ha recogido una organización antirrepresiva de reciente formación -ATA (Amnistia ta Askatasuna, Amnistía y Libertad) que no hace más que reivindicar los que hasta ayer mismo, como quien dice, decía la izquierda abertzale oficial (ya hay que expresarse en estos términos).

Si se mezcla todo, si se confunden las cosas en un «melting pot», no se va a entender nada. Se habla constantemente de «sufrimiento», que nadie niega, cuando, en realidad, lo que se está haciendo es gestionar, como se dice ahora, las consecuencias de la lucha del pueblo vasco por su liberación nacional (la social es ya otro cantar de los cantares), obviando la realidad última: el cansancio y la rendición, ni siquiera un armisticio (paz por presos), nada. Se está engañando al pueblo vasco por enésima vez en la penúltima traición. Y esa es la «lógica» del régimen fascista español nacido en 1939 (y no en 1978), la de «vencedores y vencidos». Ellos bien saben que las víctimas del conflicto no son ni iguales ni equiparables. Salvo cuando les interesa nivelarlas pero ya en aras de la «reconciliación nacional» que predicara Carrillo en los años sesenta del siglo pasado. Y entonces sacan el Día de las Fuerzas Armadas, del Desfile militar, que se montan como en los tiempos de Franco, sacan, digo, a desfilar a un legionario y a un… viejo miliciano republicano juntos, aberración donde las haya. En Euskadi vendría a ser casi lo mismo, sólo que el Gobierno no está por esa labor, aunque observa, tolera, consiente, en vista de que son otros quienes le hacen el trabajo de «gestionar» los «desastres de la guerra» y aquí paz y después gloria y a otra cosa, mariposa, y borrón y cuenta nueva, que en este refranero se resumen los «nuevos tiempos y ciclos» del abertzalismo oficial rampante.

Buenos días.

‘Las guerras se ganan a tiros’

Iñaki Bilbao ‘Txikito’
Iñaki Bilbao Goikoetxea, un histórico etarra expulsado en 2014 de la banda, ha dirigido una carta a un colectivo de militantes de la organización terrorista en la que acusa de “traición” a los actuales dirigentes y reclama la vuelta a la lucha armada. El documento titulado “La guerra se gana a tiros” fue interceptado en la prisión Puerto III (Cádiz) donde cumple condena de 45 años por asesinato y remitido al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional que ha deducido testimonio ante los juzgados centrales penales por enaltecimiento de la violencia. Durante su interrogatorio, Bilbao amenazó de muerte al juez que instruye el caso, al igual que ha hecho con otros magistrados, durante los juicios por sus crímenes, entre ellos, el exmagistrado Baltasar Garzón.

“Kaixo Lagunak (Queridos amigos): se me ha pedido que os diga unas palabras y por una vez y sin que sirva de precedente lo haré, solo que comenzaré citando a algunos de los más grandes que nos ha ofrecido la historia”, arranca la misiva. Iñaki Bilbao, alias Txikito, firma su alegato de seis folios escrito a mano como “El vagabundo de las estrellas”,— título de una novela de Jack London cuyo protagonista es un presidiario— pero en realidad es uno de los pistoleros más sanguinarios de la organización terrorista, el autor de la muerte del concejal socialista de Orio (Guipúzcoa) Juan Priede, viudo y con tres hijos, acribillado a balazos cuando tomaba café sin sus escoltas. Bilbao es un duro entre los duros con un largo rosario de crímenes.

En la carta el etarra hace suyos los discursos en favor de la lucha armada de Argala, José Miguel Beñarán, etarra que participó en 1973 en el asesinato del presidente del Gobierno franquista Luis Carrero Blanco: “La derrota será para los que teniendo las armas las escondieron cobardemente a la hora de la lucha y pretenden entregarlas al fascismo; para los que pudiendo haber sido referentes en la lucha y que faltos de fe en la dignidad y en el ideal gastaron su tiempo y su prestigio en tratos vergonzosos con el enemigo y se convirtieron en patéticos”; también cita a Txabi Etxebarrieta, autor en 1968 del primer asesinato de la organización muerto en un enfrentamiento contra la Guardia Civil: “Hay dos tipos de nacionalismos, el de los poderosos y el de los oprimidos. Salta a la vista que el nuestro está con los segundos”; reproduce a Ernesto Che Guevara: “No hay ejército por poderoso que sea que pueda oponerse a un pueblo en armas”; o a Karl Marx: “Todo intento de desarme será rechazado, en caso de necesidad por la fuerza de las armas”; de Lenin: “la clase obrera que no se esfuerza en aprender a manejar las armas y poseerlas, no merece más que ser tratada como esclava”; cita a José Martí, político, escritor y fundador del Partido Revolucionario Cubano: “¿Cuándo expresa más firmemente un pueblo sus deseos que cuando se alza en armas?”; y reproduce frases similares de Julius Fucik, el periodista y escritor checoslovaco, miembro del Partido Comunista, detenido por la Gestapo y ejecutado.

Iñaki Bilbao termina, también, con otra cita ajena, de nuevo atribuida al Che Guevara: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria. Hasta la victoria siempre”.

Antes de estampar su firma, el etarra apostilla en euskera las frases: ¡Revolución o muerte!; ¡Destruye la calle y lucha contra el fascismo!, y ¡Viva la lucha armada!, entre otras proclamas clásicas de la propaganda de ETA.

Txikito lleva varios años enfrentado a la dirección de la organización terrorista, en especial desde que en octubre de 2011 la banda anunció el cese definitivo” de la violencia terrorista y emplazó al Gobierno de España y Francia a “abrir un proceso de diálogo directo” que no ha tenido lugar. Recientemente las fuerzas de seguridad descubrieron un zulo (escondite) con armas en Francia que los terroristas habían dispuesto para escenificar la entrega de su armamento y explosivos.

Bilbao no es el único disidente que no acepta el cese de la violencia. El grupo Iraultzaileen Bilguneak (Ibil) o Foros Revolucionarios han conseguido el apoyo de algunos presos y simpatizantes de ETA descontentos que comprueban que el Gobierno no negocia. Iñaki Bilbao fue expulsado por el denominado Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK), que todavía controla la dirección de ETA y está considerado como uno de los impulsores de Ibil. EPPK acaba de pedir a los presos etarras que acepten permisos penitenciarios.

Fuentes de la lucha antiterrorista afirman que la disidencia dentro de ETA representa a una minoría con escaso peso en la organización. Y no contemplan un posible retorno a la violencia. No obstante, reconocen que declaraciones como la de este preso expulsado de la banda suponen «un riesgo» y dan aliento a aquellos que desean volver a matar.

Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2016/12/27/actualidad/1482859453_356849.html

¿Están locos estos romanos?

Bianchi
Como se preguntaba Obélix en la irreductible aldea gala sobre los soldados de Julio César. En los tiempos en que ETA estaba operativa, un alijo de armas de la organización vasca por parte de la policía española se presentaba mediáticamente con timbales y fanfarrias acerca del «durísimo golpe a los arsenales de la banda terrorista…», etc. Normal, dentro de la «lógica» de un Estado opresor. Lo que ya no tiene ninguna lógica es que estando la organización clandestina vasca inactiva e inoperante desde hace cinco años y proclamando a los cuatro vientos su voluntad UNILATERAL de entregar, sellar y/o destruir sus arsenales armamentísticos, vaya el Gobierno español -da igual su pelaje- (con la colaboración del francés) y obstaculice la disposición sincera de una parte a entregar las armas. ¿El mundo al revés? ¿Se han vuelto locos? Eso podría parecer a juzgar por la operación policial galo-española habida en Luhuso (en Iparralde o País Vasco-Francés) con la detención de cinco personas muy conocidas en Euskadi Norte por sus actividades sociales absolutamente públicas y desinteresadas que venían a ser una especie de «facilitadores» o «conseguidores» de la entrega efectiva de armas de ETA presentándolos poco menos que como, militantes de ETA y el operativo como una operación anti-ETA. Unos entregan un lote de armas, otros lo verifican y facilitan y el ministro español del Interior dice que se trata de «una acción PROPAGANDÍSTICA (mayúsculas mías) de entrega de armas». Con ETA actuando era un éxito descubrirles zulos con armas y explosivos; ahora, con una ETA inoperante que entrega las armas, el Gobierno lo obstaculiza porque resulta que es «propaganda». ¿Qué está pasando? No lo sabemos a ciencia cierta, pero desde luego, zumbados no están. Otra cosa es la proverbial torpeza política española.

Se nos ocurre que el Gobierno español no quiere intermediarios entre ETA y él. Ya pasó con la llamada Comisión Internacional de Verificación de entrega de armas (que por poco no acaban en la Audiencia Nazional), y ahora con estas últimas detenciones. Cualquiera que lo intente desde eso que se llama «sociedad civil» se lo pensará dos veces antes de dar un paso. Pero creemos que lo fundamental es transmitir un mensaje muy claro: nos importa un güevo y la yema del otro la entrega de las armas, algo meramente simbólico con una ETA inactiva (las armas se oxidan si no se usan), porque lo que queremos realmente es la victoria que pasa, naturalmente, por su derrota militar, pero no sólo esto, sino que también queremos que la «banda terrorista» pida perdón por el mal causado, arrepentimiento, propósito de la enmienda y que se arrodillen, como pide el catecismo del Padre Astete: «arrepentidos los quiere el Señor».

En otras palabras, y en lenguaje militar, implantar la lógica de «vencedores y vencidos», único idioma que entiende el fascismo español. Y encima si se lo ponen a güevo con eso de la UNILATERALIDAD, los nuevos tiempos, ciclos y el Adviento del Séptimo Día, pues…

Por otra parte, ¿cómo se puede pedir el desarme total a alguien sin tocar el tema de los presos? Pues se puede, ya lo vemos. Con una ETA activa Aznar llegó a hablar del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco); con una ETA inoperante, ¿de qué van a hablar? ¿de la entrega de armas? No, mejor de entonar la palinodia, de la rendición sin paliativos. Vercingetórix, el galo, entregó sus armas delante de un victorioso César, pero no lo humillaron, señal de un gran político como César. ETA (p-m) abandonó las armas sin que el Gobierno le pidiera nada a cambio, sin obligarles a nada. Ahora no, ahora el fascismo aprende, sobre todo, repetimos, si le ponen las carambolas como a Fernando VII…

Buenos días.

Bildu felicita a Trump y desea ‘seguir cooperando’ con los imperialistas

La portavoz de Bildu Marian Beitialarrangoitia
Tras su victoria electoral en Estados Unidos, EH Bildu remitió una carta a Trump en la que puso de manifiesto el carácter rastrero y servil de dicha organización hacia el imperialismo que, por cierto, recientemente prohibió a Otegi viajar a Cuba, al impedir que el avión sobrevolara su espacio aéreo.

La carta está firmada por la portavoz de la coalición en el Congreso de los Diputados, Marian Beitialarrangoitia, y se dirige a la embajada de Estados Unidos en España, encabezada por James Costos.

En la carta EH Bildu expresa la alegría que para ellos ha supuesto la victoria de Trump en lo que califican como unas “vibrantes elecciones”. Además, manifiesta su “más sincera enhorabuena” y muestra su “absoluta disposición” a “seguir cooperando” para “estrechar relaciones”, por lo que da a entender que ya mantienen relaciones con los imperialistas, aunque quieren hacerlas aún más íntimas.

“En nombre de la coalición vasca EH Bildu, le queremos trasladar a usted, al Gobierno de los Estados Unidos de América, así como al pueblo americano, nuestra más sincera enhorabuena por las democráticas y vibrantes elecciones celebradas”, dice la misiva para mostrar hasta qué punto la coalición ha degenerado en un conglomerado de lameculos.

Para caer en gracia a sus amos, EH Bildu se inventa unos “lazos históricos que a través de la numerosa diáspora vasca unen a nuestros respectivos países”, para acabar asegurando que “los vascos”, en referencia ellos mismos, comparten valores con el imperialismo, aunque afortunadamente no dice de qué valores se trata.

Por último, la misiva finaliza rogando al embajador que “traslade al nuevo presidente electo de los Estados Unidos, al señor Donald Trump, nuestras más sinceras felicitaciones”.

Desde hace décadas, en Euskadi son varias las organizaciones que han degenerado, pero ninguna tanto y tan rápidamente como EH Bildu, que ni siquiera se preocupa de guardar las más elementales apariencias.

La Guardia Civil en Euskadi

Josemari Esparza Zabalegi

Lo más inaudito del auto judicial que ha llevado a la cárcel a ocho jóvenes alsasuarras es acusarles de crear un “clima” entre los ciudadanos para evitar que entablen vínculos afectivos con la Guardia Civil. Viene a decir que, si no fuera por los abertzales, los guardias serían miembros de las peñas y sociedades gastronómicas, potearían con cualquier cuadrilla, ligarían con las neskas vestidos de uniforme y vivirían en casas como los demás vecinos y no en ghettos. La cosa sin embargo, no es tan simple.

La llegada de la Guardia Civil al País de los Fueros no pudo ser más desdichada: vino de la mano del centralismo como instrumento de cohesión y control del Estado liberal. Eso le puso desde el primer momento en guerra abierta contra las cuatro provincias y en permanente hostilidad. Ya en 1844, año de su fundación, el Cuerpo reconocía “lo difícil que es llenar el Tercio del 10º distrito con licenciados del País”. El distrito y el país al que se refería no era otro que las cuatro provincias vasconavarras. Mark Kurlansky escribió que desde su fundación, “la Guardia Civil se convirtió, y lo ha continuado siendo, en el factor más irritante en las relaciones entre vascos y españoles”. Hoy día sigue siendo algo extraordinario la presencia de vascos en el Cuerpo: hasta la derecha navarra más españolista, prefiere a sus hijos en la lista del paro que en la Benemérita. En el fondo, los políticos del PSOE o UPN son quienes peor les tratan: los aplauden y jalean por interés, pero luego no van con ellos ni a jugar al mus; jamás les brindan su amistad, ni su txoko, ni su casa. Ajenos al país, encerrados en sus cuarteles y sin integración social, son el paradigma del ocupante.

Resulta peculiar que su fundador, Francisco de Girón y Ezpeleta, naciera en Pamplona, del cruce de un militar acantonado y una indígena euskaldun. “Cuando llegué a Madrid –escribió- no entendía una sola palabra de castellano, y no perdono a mi madre que me dejase olvidar el vascuence, mi lengua nativa, que muy poco me hubiera costado el conservar sabiéndolo muy bien mi madre y toda mi familia materna, pero el deseo de que yo hablase pronto y bien el castellano la llevó a este descuido, si así puede llamarse, que toda mi vida he sentido”. El gorro de charol no llegó a casar con el vascuence.

Su repaso histórico es estremecedor. La defensa del orden central exigió primero la represión de las rebeliones carlistas, multas, destierros, deportaciones. Con la abolición foral, se dedicó a la persecución de los prófugos y del contrabando, consecuencias de la imposición de las quintas y de las nuevas fronteras. No es casualidad que el primer guardia muerto en Navarra fuese en un levantamiento de mozos que no querían sortearse. Fue en Tafalla, en 1846. Su tarea más importante fue la defensa de la nueva propiedad privada, en manos de los ricos liberales tras las forzadas enajenaciones de los bienes comunales. En muchos casos, la Casa Cuartel se construía paredaña a la del propietario, incluso, como en Sartaguda en la Casa del Infantado, con garitas de vigilancia comunes. Los paisanos que pedían tierra fueron cruelmente tratados. Los enfrentamientos del siglo XIX continuaron el siguiente: en 1914 mataron a tres jornaleros en Olite; en 1918 otros cuatro en Miranda. Los ricos, asustados, exigían más y más cuarteles. Una característica se adhiere a la historia del Cuerpo como el gorro de charol: la impunidad.

Con la llegada de la II República arreciaron las voces exigiendo su disolución. Los guardias siguieron disparando y matando paisanos indefensos: Alsasua, Villafranca, Cadreita o Roncal, por citar solamente el caso navarro. No eran abertzales de Alsasua sino ugetistas de la Ribera los que cantaban la jota:

Ya no se llaman civiles
los del gorro atravesado
que se llaman asesinos
del trabajador honrado.

Cuando llega el golpe militar de 1936 la Guardia Civil adquiere en Navarra un protagonismo estremecedor. Tres mil fusilados salpican mucha sangre. Pasaron a la leyenda el sargento “Terror” en Lodosa; el brigada “Serafín” en Villafranca; el cabo Escalera en Peralta; el “Sargento” en Mendavia; el comandante de puesto “Rufino” en Buñuel; el “Teniente” en Baztán… Impunidad absoluta.

Donde pudieron, los vascos se quitaron de encima este lastre histórico: nada más ser elegido lehendakari del nuevo Gobierno Vasco, Jose Antonio Aguirre disolvió la Guardia Civil. En un país liberado, no cabía la Benemérita.

Luego, hablar del franquismo fue hablar de la Guardia Civil. Entre los opositores al régimen, el regreso de la democracia no se entendía sin la abolición de ambos. García Lorca nos lo recordaba continuamente. Pero la Transición, como en tantas cosas, no tuvo bemoles. Sólo en tres provincias se consiguió un discreto repliegue a favor de la Ertzantza.

La historia posterior es conocida. Apenas aprobada la nueva Constitución, unos guardias ebrios mataron a dos jóvenes en la sala de fiestas Bordatxo en Doneztebe. Fueron absueltos. La impunidad iniciaba una nueva etapa. El “Terror” de Lodosa se iba a llamar ahora Galindo, Intxaurrondo… En Navarra, tras el asesinato en Tudela de Gladys del Estal, casi un centenar de ayuntamientos democráticos solicitaron su retirada y su sustitución por la Policía Foral. Hasta Víctor Manuel Arbeloa se lo decía: “Señores guardias civiles / dejen en paz sus fusiles”. Luego vino la Foz de Lumbier, Lasa y Zabala, Mikel Zabalza… Todo impune.

Si los vasconavarros fueran consultados directamente en las urnas sobre mantener las Casas Cuartel o sustituirlas por una policía foral, no habría una sola aldea que lo dudase. La permanencia de la Guardia Civil está totalmente ligada a esa ausencia del derecho a decidir. A la falta de respeto democrático. A la falta de soberanía. Fueros, autonomía o nacionalidades fueron, y son, sus principales enemigos. Y especialmente los gobiernos, como el de Navarra, que reclaman esos derechos. La provocación de Alsasua tiene una carga desestabilizadora evidente.

Las alegorías del siglo XIX pintaban a la Guardia Civil como un pulpo, con la cabeza en Madrid y los tentáculos hacia la periferia. El pulpo ha conseguido mantenernos atrapados a España, pero es evidente que no ha logrado ni hacernos españoles ni amar el cefalópodo. Este sábado en Alsasua volverá a demostrarse.

Manifestación por la amnistía en Bilbao, 26 de noviembre

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

La existencia de presos, refugiadas y deportados políticos es la consecuencia de más de 50 años de lucha, concretamente de la lucha de un pueblo para hacer frente a la opresión nacional y social de los Estados español y francés.

ETA surgió en la época del franquismo como expresión política para enfrentarse a las salvajadas de la dictadura y, con su nacimiento, los distintos sectores populares comenzaron a construir las bases de lo que sería un amplio movimiento popular que trabajaría a favor de la independencia de Euskal Herria y el socialismo.

Desde entonces han sido muchos los pasos dados en el camino de la liberación nacional, tanto en el apartado cultural como en el frente obrero, siendo un logro general la propia supervivencia por medio de la lucha de una conciencia nacional vasca que estaba a punto de desaparecer como consecuencia de las violencias imperialistas española y francesa.

Sin embargo, a medida que la lucha y las ansias de libertad del Pueblo Trabajador Vasco iban creciendo, la represión derivada de los estados ha sido aún más severa. Las fuerzas de ocupación de los estados han golpeado con especial dureza a quienes han participado en la lucha armada y también en la kale borroka, pero también al resto de expresiones políticas, sociales y culturales que han trabajado a favor de la libertad de Euskal Herria en cualquiera de los ámbitos de la vida. Han extendido las detenciones, torturas, secuestros y asesinatos desde las militantes clandestinas hasta los trabajadores de los periódicos, pasando por las Gazte Asanbladas o por quienes trabajaban el internacionalismo, entre otros.

Al cumplirse 5 años del final de la lucha armada, seguimos siendo un pueblo oprimido y seguimos teniendo casi 400 presos y presas y decenas de refugiadas y deportados. El estado de salud de muchos presos es de enorme gravedad, las condiciones de vida de muchos refugiados son penosas y los deportados viven en un limbo legal que les condena al exilio hasta el día de su muerte, sin olvidar a quienes aún les quedan 35 años de cárcel por cumplir.

Nos corresponde a todas y todos dar una salida definitiva a estas situaciones y, la amnistía, entendida como la resolución de las razones que son raíz del conflicto, será la única alternativa que garantizará que ni hoy ni tampoco en el futuro vuelva a haber represaliados y represaliadas políticas.

Por eso, hacemos un llamamiento a Euskal Herria a participar en la manifestación nacional a favor de la amnistía que el 26 de noviembre partirá a las 6 de la tarde desde el Sagrado Corazón de Bilbo, y muy especialmente a todos los hombres y mujeres que de una u otra manera han participado en esta lucha desde el seno del Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

¡No es tiempo de quedarse en casa, sino de salir a la calle, organizarse y luchar!
Jo ta ke amnistia eta askatasuna lortu arte!

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