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Los estudiantes boicotean a Felipe González al grito de ‘fascista’

Esta mañana una plataforma estudiantil ha interrumpido la reunión plenaria de la Fundación Círculo de Montevideo y la conferencia que estaba ofreciendo el dirigente de los GAL Felipe González en el Paraninfo de la Universidad de Alicante. Los jóvenes han irrumpido al grito de «fascistas» y «fuera empresarios de la universidad».

Durante la ponencia que impartía Felipe González, los manifestantes se han levantado de sus asientos mostrando pancartas y con gritos de «fuera empresarios de la universidad» y «la uni no se vende, la uni se defiende», entre otras consignas.

El rector de la Universidad de Alicante, Manuel Palomar, se ha dirigido a ellos para decirles que hay que ser «tolerantes» e instaba a que le dejaran continuar porque «eso es democracia». Debería referirse a que la democracia consiste en los asesinos tomen la palabra…

Los estudiantes han hecho caso omiso y se han levantado hacia el escenario, increpando a los ponentes, a quienes han acusado de «fascistas». Finalmente han sido desalojados.

A Felipe González también le llamaron fascista en Caracas y cada una de sus intervenciones públicas está siendo boicoteada, en España y en Latinoamérica.

Otro de los ponentes, el antiguo presidente de Colombia, Belisario Betancur, socio de Felipe González en negocios sucios, ha elogiado la figura de González durante los años del GAL, en los que fueron asesinadas 30 personas.

Antes de ser interrumpido por los manifestantes del frente estudiantil, el jefe de los GAL trató de divagar sobre lo que se espera de un gobierno, que sea «previsible, eficiente y transparente», pero no dijo nada de que impidió cualquier investigación sobre sus propios crímenes, con la consigna de que “no hay pruebas ni las habrá”.

A la salida de la sesión, los estudiantes que habían protestado esperaban a los ponentes para seguir increpándoles y les han seguido hasta el restaurante de la universidad.

El jefe de los GAL ha incidido en que los adjetivos de “fascista” que le habían dedicado los estudiantes eran «las mismas consignas de Cabello y Maduro».

Polonia en el origen de la Segunda Guerra Mundial

Michael Jabara Carley

El Ejército Rojo sufrió el 80 por ciento o más de todas las muertes causadas por el Wehrmacht durante la guerra. Pero no hay que agradecérselo. Un cementerio del Ejército Rojo en Polonia del este fue recientemente profanado por pandillas. Y los causantes tienen suerte de que los soldados muertos no se pudieran defender. Los monumentos del Ejército Rojo están siendo destruidos en Polonia, donde los símbolos soviéticos están prohibidos, mientras en los estados bálticos los residentes locales ofrecen flores y cerveza a veteranos de las SS nazis. ¿Y qué se puede decir de Ucrania, que ahora es un estado fascista donde el asesino colaborador nazi, Stepan Bandera ha sido elevado al status de padre de la nación?

El embajador [ruso] Andreyev lamentó la profanación del cementerio del Ejército Rojo, pero lo que realmente causó controversia dentro del ministerio exterior polaco fueron sus comentarios acerca de la responsabilidad de Polonia en tanto al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. “A lo largo de los años treinta”, comentó el embajador, “Polonia bloqueó repetidas veces la creación de una coalición en contra de la Alemania nazi. Por lo tanto se puede decir que Polonia es responsable en parte por la catástrofe que ocurrió en septiembre de 1939”.

El ministro del exterior de Polonia, Grzegorz Schetyna, reaccionó con indignación y mandó llamar al embajador al ministerio de asuntos exteriores para que se justificara. “Injustas y mentirosas” declaró Schetyna: “Estas son declaraciones deplorables, y surgen de la ignorancia e incomprensión de la historia”. Pero, ¿conoce el ministro de exteriores polaco la historia de su país? Fue este mismo Sr. Schetyna quien argumentó que fueron los ucranianos y no el Ejército Rojo quienes liberaron a Auschwitz, el campo de muerte nazi. Había ucranianos en Polonia durante 1944 y 1945, pero eran renegados, colaboradores nazis que asesinaban a los polacos.

Así que, ¿son certeros los comentarios del embajador Andreyev sobre la política polaca durante los años de entreguerras?

En enero de 1934 Polonia firmó un tratado de no agresión con la Alemania nazi, casi a la misma vez que la URSS comenzó arduos esfuerzos para organizar una alianza defensiva antinazi. Fue un golpe a la seguridad colectiva soviética, aunque Maxim M. Litvinov, el comisario [soviético] de Asuntos Exteriores, buscara reforzar las relaciones con Polonia. Litvinov le advirtió al ministro del exterior, Jozef Beck, sobre el peligro de cortejar a la Alemania nazi, pero Beck no le hizo caso.

Los franceses, que estaban aliados con Polonia, no estaban contentos con este cambio en la política polaca. “Contaremos con Rusia” dijo el ministro del exterior francés Louis Barthou en 1934, “y no nos tendremos que preocupar más por Polonia”.

Barthou fue asesinado al poco tiempo y los franceses nunca abandonaron a Polonia, aunque quizá Barthou hubiera tenido la valentía de hacerlo.

Los polacos se disculparon ante los franceses. “Rusia es el enemigo. Cada acercamiento que Francia tome hacia la URSS”, advirtió embajador francés en Varsovia, “provocará un paso polaco hacia Alemania nazi”. La élite polaca estaba infectada de rusofobia, una condición que le aqueja aún hoy.

Durante 1934-1935 mientras que el comisario Litvinov buscaba consolidar la seguridad colectiva europea, Polonia se resistía a cada paso. Los polacos no fueron, sin embargo, los únicos saboteadores. Pierre Laval, el sucesor de Barthou como ministro del exterior, era un sovietófobo recalcitrante y futuro colaborador nazi, quien prefería mejorar las relaciones con la Alemania nazi que conseguir una seguridad colectiva en colaboración con la URSS.

Litvinov continuó, sin embargo, buscando negociar un pacto de seguridad colectiva en Europa del este, que el ministro de exteriores Beck rechazó, así como un pacto de asistencia mutua con Francia. Laval logró un acuerdo pero solo después de haber reducido el pacto a una cáscara hueca. Polonia no era el único lugar donde la sovietofobia movía la política exterior.

Luego vino la crisis checoslovaca de 1938. Durante la primavera todo mundo vio llegar la crisis. Checolovaquia estaba en la mira de las armas de Hitler. Durante mayo, el ministerio francés de exteriores le preguntó al embajador en París qué haría Polonia en caso de una crisis. “No nos moveremos”, fue la respuesta. Polonia considera “a los rusos como enemigos”, dijo el embajador, “resistiremos por la fuerza” cualquier atentado de la URSS haga para acudir en ayuda de Checoslovaquia pasando por el territorio polaco, ya sea por tierra o aire. Rusia, no importa quien la gobierne es el “enemigo número 1”, dijo el mariscal de campo Edward Rydz-Smigly: “Si el alemán continúa como adversario no es menos europeo que un hombre común; para los polacos, el ruso es un bárbaro, y si es un bárbaro es un asiático, un corrupto, un elemento ponzoñozo con el cual cualquier contacto es peligroso y cualquier compromiso con él, letal”. No nos empujen, dijeron los polacos, o nos pondremos del lado de la Alemania nazi. Los diplomáticos lanzaron una campaña de prensa para advertirles a los polacos de su error, pero sin resultado. “No solo no podemos contar con el apoyo polaco”, confesó entonces el Primer Ministro francés Edouard Daladier, “sino que tampoco tenemos la certeza de que Polonia no [nos] atacará por la espalda”. “Tant pis pour la Pologne – Tanto peor para Polonia”, dijo un general francés, “si es que Varsovia se pone del lado de Hitler”.

Francia no podía presumir de ser aliada fiel en las buenas y en las malas –no hay más que preguntárselo a los checos– pero los polacos eran como el dibujo caricaturesco de la serpiente en el prado. El embajador francés en Berlín le dijo a su colega soviético que el gobierno polaco estaba “claramente ayudando a Alemania” en la desestabilización de Checoslovaquia. El asunto de Teschen, un distrito checoslovaco con una población polaca de importancia fue la gota que derramó el vaso de Varsovia. Si Hitler consigue los territorios de los sudetes, que están poblados de alemanes, dijeron los diplomáticos polacos, nosotros no estaremos contentos con quedarnos con las manos vacías. Queremos Teschen. Lo consiguieron también porque Inglaterra y Francia traicionaron a Checoslovaquia en Munich. Qué espectáculo tan sucio de porquería y traición. Polonia se convirtió en cómplice de Hitler en 1938 y se convirtió en su víctima un año más tarde.
 

Los diplomáticos soviéticos, y Stalin mucho menos, no se hacían ilusión alguna sobre Polonia. Francia e Inglaterra, sin embargo hicieron un esfuerzo más en 1939, para tratar de establecer una alianza para luchar contra los nazis. Hasta eso lo echó a perder Polonia. En enero el embajador francés en Varsovia informó que para muchos polacos, una decisión forzada entre Alemania y la URSS, recaería sobre Berlín. “Déjenles hacer: que metan las manos al fuego” hubiera sido la respuesta correcta. A fines de marzo, el gobierno polaco rehusó a firmar con la URSS una declaración de cuatro potencias en caso de que hubiera una amenaza contra de la independencia de otro estado europeo. Fue entonces, en un último esfuerzo, que en abril de 1939, Litvinov propuso a París y a Londres una alianza política en contra de la Alemania nazi. Los franceses arrastraron los pies. Funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés se burlaron y menospreciaron a Litvinov.

Con eso Stalin tuvo suficiente, y despidió a Litvinov a principios de mayo, nombrando a Vyacheslav M. Molotov como su sucesor. Uno de los primeros actos de Molotov fue el de ofrecerle ayuda a Varsovia. La puerta de la colaboración polaco-soviética aún se hallaba abierta. “Pueden insinuar que si Polonia lo desea”, comunicó Molotov a Varsovia, “la URSS puede brindarle ayuda”. En 24 horas los polacos habían cerrado la puerta de golpe, rechazando cualquier colaboración con Moscú.

El último acto de autodestrucción polaca sucedió en 1939, cuando las delegaciones francesas e inglesas fueron a Moscú a discutir una alianza antinazi. “¿Cooperarán los polacos?”, quería saber el lado soviético. “¿Lo harán los ingleses?”, hubiera sido una pregunta más pertinente. “Vayan muy despacio” era la directiva inglesa a su delegación. La rapidez o la lentitud no le importaba a los polacos, ellos dieron la misma respuesta negativa que siempre daban cuando se trataba de cooperar con la URSS en contra de la Alemania nazi. Recuerde cómo el mariscal de campo Rydz-Smigly lo dijo: los rusos son “bárbaros” y “asiáticos”. Los polacos no le concederían derecho de paso al Ejército Rojo a través del territorio polaco para combatir a un enemigo común. Esta era la posición polaca desde 1934, y no cambiaría a pesar del peligro de una invasión alemana inminente.

Cuando salió la noticia del pacto de no agresión nazi-soviético, tras el colapso de las negociaciones anglo-franco-soviéticas, a los polacos les dio igual. “Realmente no ha cambiado mucho”, opinó el ministro del exterior Beck. El “hombre polaco de la calle” en Varsovia, informó el embajador inglés, “tomó la noticia con un tonto encogimiento de brazos”. “Vasily es un cerdo, ¿no?”, era una afirmación común. La “insensatez” polaca, dijo el premier francés Daladier.

Ningún novelista podría haber inventado estas inverosímiles historias de la imprudencia polaca de los años treinta. Como historiador, le puedo asegurar que nada aquí ha sido inventado, por poco creíble que parezca. Lea mi “1939: The Alliance that Never Was” o mi ensayo más reciente “Only the USSR has Clean Hands” para hallar los detalles y las referencias de archivo. El embajador ruso Andreyev dijo que Polonia era responsable en parte de la “catastrofe que ocurrió en septiembre de 1939”. Dada la documentación que existe, uno tendría que decir que el embajador estaba siendo amable y discreto con su comentario. El ministro polaco Schetyna podrá tratar de reescribir la historia todo lo que quiera, pero puedo decirle que está perdiendo su tiempo. Las pruebas y el rastro de papel que existe en los archivos es demasiado profundo y difícil de esconder.

No es una bella imagen la de Polonia durante los años treinta. Más introspección y menos rusofobia le haría bien al gobierno polaco en estos tiempos peligrosos. El ministro Schetyna podría comenzar por leer la correspondencia de su predecesor lejano, Beck, como ejemplo de cómo no llevar a cabo las relaciones exteriores polacas. Sólo Inglaterra tuvo más responsabilidad que Polonia en cuanto a la fallida colaboración con la URSS en contra de la Alemania nazi durante los últimos años de la década de los treinta. Yo llamo a esta oportunidad perdida “La Gran Alianza Que Nunca Existió”.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article189019.html

De regímenes y dietas

N. Bianchi

De no mucho tiempo a esta parte y en medios, webs, organizaciones y grupos de izquierda y alternativos, se escucha la expresión «el régimen del 78» para referirse, supongo, al que va de la Constitución española de ese año a nuestros días, esto es, que se establece una especie de «corte histórico» (y no sabemos si «epistemológico» a lo Althusser) con respecto al «régimen de Franco», es decir, que habría que hablar, como si de dos momentos históricos diferentes se tratasen, de un año, 1978, que divide y separa casi tajantemente la época de Franco de la actual que, se supone, es «democrática» con sus «imperfecciones», «déficits», etc., porque, ya se sabe, la democracia es, parece ser que dijo Churchill, furibundo anticomunista, «el menos malo de los sistemas», de los existentes en, por supuesto, el «mundo libre» y, claro está, «occidental». El otro mundo es de los «bárbaros» (exónimo peyorativo que los griegos aplicaban a quienes no hablaban su lengua, o sea, el griego, y, por tanto, eran «extranjeros» que «balbuceaban» -bárbaramente- otras lenguas… «bárbaras», como los escitas) que no conocen las bondades de las democracias plurales y representativas occidentales, pueblos a los que, a veces, hay que «exportarles» las delicias de la democracia a bombazo y ostia limpia.

A lo que voy que me lío. Para mí no ha habido un corte o ruptura (democrática) entre la muerte de Franco, vale decir, y lo que vino después, a saber: elecciones, libertades, Constitución, etc., es decir, la «democracia», si se quiere adjetivar, burguesa. Parece que nada más morirse el dictador advino milagrosamente la llamada democracia con, eso sí, una «Transición» por medio. Se acuesta uno una cosa y se despierta otra. No hubo un «antes» y un «después» pues una persona no define -aunque la personifique-una forma de Estado, sino una clase social.

Soy de los que opinan que aquí, en el Estado español no ha habido «ruptura» y, por lo tanto, no  sabe hablar del «régimen del 78», sino del «régimen del 36» cuando empezó la guerra civil que ganaron los fascistas hoy reconvertidos en «demócratas». De aquellos barros estos lodos, que se dice. Que no es exactamente lo mismo es algo que ya sabemos, no somos tan burros.

Escribo estas breves líneas hoy, 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, Día del Pilar, de la Hispanidad, de las Fuerzas Armadas, antes de la Raza y de la madre que los parió. Pues bien, no hay forma de eludir y esquivar que el pueblo asocie esta «Fiesta» al régimen franquista, al fascismo vencedor, al patrioterismo de tres centavos (que diría Brecht) ¡¡después de 40 años de muerto Franco y ya con dos generaciones habidas!! Tan es así que el facherío tertuliano, que es la mayoría, y más en estos temas tan «patrióticos», se desgañita por convencer a la gente de que es un error «asociar el desfile militar a Franco», pero no lo consiguen y en su empeño por conseguirlo se delatan freudianamente hablando, pues ¿para qué convencer de algo año tras año que se supone que está claro y es papilla? ¿O es que no está tan claro y el hueso es difícil de roer por aquello de la memoria histórica y que si algo no hay es el olvido? Por no hablar de la impúdica exhibición militar insultante pensada siempre para ser usada contra el «enemigo interior», para acojonar al pueblo o a Catalunya… como en los mejores tiempos de Franco. Hablan de «Estados fallidos» por ahí fuera ¡¡y lo tienen delante de los morros!!

P. S. Todavía estoy esperando que algún «tertulisto» recuerde la anécdota de cuando le pillaron a Rajoy, hace unos años, no muchos, en «off-side» («orsay», que decían nuestros padres) y «off the record», diciendo (pensando que los micrófonos estaban cerrados) aquello de «joder, y mañana tengo que ir al COÑAZO (sic) del Desfile» (militar, por supuesto). Y es que lo que realmente se piensa sólo se puede decir en «off» y no en «on».

Buen día.

Un diputado ruso quiere impedir el retorno del ‘stalinismo’

En Rusia los sondeos de opinión muestran que, a pesar de décadas de propaganda negra, Stalin sigue siendo el dirigente histórico más apreciado por la población, y lo que es peor: la popularidad de Stalin en las encuestas crece con el transcurso del tiempo.

Para conjurar este “peligro” el diputado de la Cámara Alta (Consejo de la Federación), Konstantin Dobrinin, propuso en setiembre del pasado año un proyecto de ley contra la rehabilitación de Stalin y de su actividad política al frente de la URSS.

Es bastante frecuente en todos los países: los parlamentarios niegan lo que las personas más desean. La Rusia actual no sólo mantiene bastantes referencias de la desaparecida URSS, sino que ha creado incluso algunos nuevos. Por ejemplo, a un reciente rompehielos lo ha bautizado con el nombre de “Lenin”. Pero el límite al que no puede llegar es Stalin. El georgiano resulta realmente indigesto.

El proyecto de ley del diputado Dobrinin se dirige “contra la rehabilitación de los crímenes del régimen totalitario de Stalin (estalinismo)”. Pretende que las informaciones justifiquen la represión estalinista se consideren extremistas y se prohíba su difusión.

Si no se combate el “stalinismo” la sociedad rusa corre el riesgo de padecer serios reveses. Para ello hay que continuar con el lavado de cerebro de los rusos, que últimamente estaba un poco descuidado. Dobrinin quiere que las instituciones públicas desplieguen más actividades en el seno de la sociedad para borrar el recuerdo de Stalin y crear una imagen diferente de la que los rusos conservan.

Para que vean cómo funcionan las cosas en la Rusia actual: el diputado se ha negado a conceder entrevistas a la prensa de su país para explicar los motivos de su propuesta. Sin embargo, el proyecto de ley va acompañado de una breve explicación que conviene conocer.

Según Dobrinin en los últimos años viene proliferando una propaganda cada vez más amplia que niega o justifica la “represión masiva” de la época de Stalin, lo cual contribuye a popularizar a los movimientos radicales que, a su vez, pueden “desestabilizar” la situación del país y favorecer el acceso al poder de fuerzas proclives a la represión masiva.

Un proyecto de ley de estas características no puede resultar más contradictorio porque, por un lado, dice que los “crímenes stalinistas” tuvieron una amplitud sin precedentes y marcaron a la sociedad soviética en su conjunto. Pero si eso sucedió tal y como lo describe Dobrinin y la historiografía burguesa del mundo entero, la sociedad rusa actual tendría una opinión muy negativa sobre Stalin que no sería necesario cambiar sino, en todo caso, ratificar.

El proyecto de ley de Dobrinin sobra porque tras el desmantelamiento de la URSS en 1990, es decir, hace 25 años, ya se aprobaron las leyes según las cuales hay que escribir la historia en la Rusia actual. Por supuesto, aquellas leyes fueron canónicas, es decir, repitieron el conocido reparto de papeles entre el verdugo (Stalin) y las víctimas (todos los demás) y, además, rehabilitaron a éstas.

Pero si la ley y la historia están tan claras en Rusia, ¿por qué aprobar una nueva? Porque a pesar de ellas la población rusa sigue llevando flores a la tumba de Stalin todos los días, porque su casa natal es el destino turístico más frecuentado de Georgia, porque en las bodas los convidados siguen cantando alabanzas a Stalin entre trago y trago… en definitiva porque no hay manera de erradicar la memoria de Stalin en la conciencia de las masas, ni en Rusia ni en ningún país del mundo.

La burguesía no se puede resignar ante esta realidad, ni tampoco ante la historia; le desagrada profundamente; quiere que todo ocurra de otra manera y sólo puede cambiar el pasado y el presente con un simulacro: aprobando leyes en un parlamento. No puede hacer otra cosa más que esa: aprobar nuevas leyes y esperar que se produzca el milagro.

La CIA mató la primavera en Guatemala

Jacobo Arbenz
Desde 1931 Guatemala padecía la dictadura militar del general Jorge Ubico, que se apoyaba en el ejército y en los grandes terratenientes.

En 1944 la Revolución de Octubre dio inicio a un periodo de grandes conquistas sociales: la Reforma Agraria fue sin duda la más importante de todas ellas.

En las elecciones de 1945 los guatemaltecos eligieron como presidente a un profesor universitario, Juan Arévalo, partidario de las reformas sociales y económicas.

En las elecciones de 1950 el vencedor fue Jacobo Arbenz Guzmán, que inició una reforma agraria aún más avanzada.

El 1 por ciento de los terratenientes poseía el 70 por ciento de la tierra cultivable. Más sangrante era el hecho de que un tercio de ella, en manos de los terratenientes, no se cultivaba. El Gobierno de Arbenz se propuso expropiar ese tercio y distribuirlo entre el campesinado.

Uno de los terratenientes más poderosos era la United Fruit Company. Arbenz decidió expropiar a la compañía norteamericana 90.000 hectáreas de suelo que mantenía sin cultivar.

El gobierno de Arbenz era nacionalista y antimperialista. Fuera del bloque socialista, el parlamento guatemalteco fue el único que guardó un minuto de respetuoso silencio tras la muerte de Stalin en 1953.

En 1954 la CIA promovió un Golpe de Estado, a imitación del que había llevado a cabo en Irán un año antes. Se le llamó con el nombre en clave de Operación Pbfortune y fue aprobada por Truman en septiembre de 1952 aunque luego la retrasaron porque un agente de la CIA se dejó olvidados en un hotel guatemalteco los documentos del plan.

La operación descubierta por Arbenz contenía básicamente los elementos de la que año y medio después se llevaría a efecto, con la diferencia de que la invasión se había pensado hacer desde la Nicaragua de Somoza y finalmente se hizo desde Honduras. Arbenz trató de armarse en el mercado internacional para poder hacer frente a la invasión, pero le ocurrió lo mismo que a la República española en 1936. Dado que el Gobierno de los Estados Unidos había decretado un embargo de armas sobre el país centroamericano, nadie en Occidente quiso venderle las armas que necesitaba.

Sin embargo, los soviéticos sí acudieron a la llamada. Desde Polonia enviaron un carguero sueco atestado de armas capturadas por los checoslovacos a los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los imperialistas se enteraron de la llegada del carguero, decretaron el bloqueo de los puertos guatemaltecos para evitar nuevos envíos. Esto, en Derecho Internacional, es un acto de guerra. El secretario de Estado, John Foster Dulles, convocó una reunión urgente de la Organización de Estados Americanos, que habría de celebrarse en Caracas en 1954.

El objetivo era lograr la aprobación de una resolución que autorizara la intervención militar en Guatemala. Foster Dulles logró que la resolución fuera aprobada con la única oposición de la propia Guatemala.

El 18 de junio de 1954 el teniente coronel Castillo Armas cruzó la frontera guatemalteca al frente de un contingente de unos pocos centenares de hombres armados y entrenados por la CIA.

En paralelo, la capital fue bombardeada desde viejos aviones de la Segunda Guerra Mundial conducidos por pilotos de la CIA, que meses antes había atraído al campo golpista a varios militares guatemaltecos.

Arbenz dimitió el 27 de junio y huyó a México. Transportado hasta Ciudad de Guatemala por un avión de la CIA, Castillo Armas se hizo cargo del poder y revocó toda la política de su antecesor. Se implantó una criminal dictadura militar que detuvo y ejecutó a centenares de comunistas y sindicalistas. Las tierras expropiadas fueron devueltas a sus antiguos dueños.

El golpe terminó así con los llamados «10 años de Primavera». El año pasado el documental “Mataron la primavera” analizó, 60 años después, las consecuencias de la intervención imperialista en el país centroamericano. Fue filmado entre 2008 y 2014 y producido por TeleSur.

¡Hasta a Félix le censuraban!

N. Bianchi

Félix Rodríguez de la Fuente, por supuesto, ¿quién si no?, doctor en Medicina especializado en estomatología, nada sospechoso de ser antifranquista, y muy popular en los años 70 (murió en 1980 en un accidente de helicóptero en Canadá) por sus programas de divulgación científica en televisión como «Planeta azul» y «El hombre y la tierra». Precisamente de esta última serie se puede ver en la actualidad una reposición al mediodía en La 2 de TVE.

Pero fue en «Planeta azul» (1971) donde hubo problemas con la censura por injerencia (sí, es con jota) directa del asesor religioso del -entonces así llamado- Ministerio de Información y Turismo, Rvdo. Santos Beguiristain -damos el nombre para saciar la curiosidad de los tiquismiquis- quien la consideraba peligrosa. ¿Motivo? La Teoría de la Evolución. Hubo también, a la sazón, artículos de un supuesto -acá su nombre ya es irrelevante del todo y no queremos ofender a su descendencia- ingeniero geógrafo aparecidos en la revista de carácter religioso «Roca Viva» (nunca supimos de ella). A estos personajes se debe sumar al entonces Director adjunto de TVE Luis Ángel de la Viuda, este ya más conocido para los que frisan la cincuentena (siendo director general de TVE, desde 1969 hasta 1973, Adolfo Suárez), reconvertido en «demócrata» y metido en los chanchullos de las televisiones privadas desde su aparición. Un «listo».

Al grano. En marzo de 1971, el burgalés Rodríguez de la Fuente -personaje singular, con carisma, muy caricaturizado e imitado por cómicos- fue requerido por los jefes de TVE para comunicarle que no podía volver a pronunciar la palabra «evolución» ante las cámaras ni repetir cualquier programa que versara sobre antropología o evolucionismo. Según él mismo, la postura de Televisión era «tan rígida e insólita que, en su último programa, dedicado al mar, la censura -dice Félix, al que tuteamos- me cortó dos frases: ‘el mar, cuna de la vida’ y ‘los cetáceos, mamíferos marinos que regresaron al océano’». El programa «Planeta azul», que se emitía los lunes a una hora de máxima audiencia (las 9. 30 pm) -me niego a decir «prime time»-, pasaría a los domingos a las siete de la tarde.

Para quien se piense que estamos delante de un ateo de tomo y lomo, diremos que un estrecho colaborador suyo en el, diríamos, «espíritu» del programa, el paleontólogo partidario de la evolución, Miquel Crusafont, expone todo el sentido finalista con que interpreta la evolución al describirla como la preparación del «advenimiento del Hombre (con mayúsculas) como el ser más perfecto de la Creación (también con mayúsculas)… un proceso que es producto de que Dios (acá ponemos mayúscula para no incurrir en falta de ortografía. Nota mía. NB) dejara a las causas segundas la posibilidad de la formación de las especies en el Planeta (la única mayúscula que se la merece) mismo». Va de suyo que en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, en España (o el Estado español en otra latitudes y longitudes) apenas tenía cabida el pensamiento evolucionista (obsérvese que ni siquiera mencionamos ni de refilón a Darwin, y no por falta de ganas, sencillamente no hizo falta). Aún así, siempre hay rendijas por las que se cuela brisa divulgativa, sobre todo en Catalunya, para un movimiento evolucionista finalista-teilhardista (*) durante las décadas de 1950 y 1960. Por un lado, se aceptaba la explicación darwiniana de la selección natural, y por otro se rechazaba especialmente la influencia de la genética y el azar. Los teilhardistas españoles estaban encabezados por Crusafont.
Buenas tardes.

(*) Teilhard de Chardin (1881-1955), paleontólogo francés -incurso en un semiescándalo en el llamado caso de «El hombre de Piltdown», un supuesto descubrimiento -en los años diez del siglo pasado- del eslabón perdido entre el mono y el hombre que resultó ser un fraude, pero bastantes años después del timo, en los años cincuenta)-, filósofo y jesuita sinólogo (también se puede ser franciscano o dominico sinólogo, por supuesto, e incluso ser sinólogo sin hábito).

Según él, y muy sucintamente dicho, Dios está presente en cada partícula en forma de energía espiritual específica, que es motriz y orientadora de la evolución. Presenta el desarrollo del Universo como una serie de etapas de la evolución del espíritu que se realiza mediante la complicación de la materia. Interpretando la ciencia como variedad de la actitud religiosa hacia la realidad, Teilhard espera eliminar la contraposición entre la fe y el saber. ¿Entendieron?

50 años del golpe de Estado que masacró a un millón de comunistas en Indonesia

En la noche del 30 de setiembre de 1965 los imperialistas desencadenaron un golpe de Estado militar en Indonesia que derrocó al gobierno e impuso una dictadura militar que asesinó a un millón de militantes del Partido Comunista de Indonesia.

Indonesia, el país musulmán más poblado del planeta, era una colonia holandesa que conquistó su independencia tras la Segunda Guerra Mundial, después de cuatro años de guerra contra los imperialistas británicos y holandeses.

Bajo la presidencia de Ahmed Sukarno, el país pasó a formar parte del bloque de países no alineados, estableciendo estrechas relaciones con los países socialistas. Ante una situación muy comprometida, Estados Unidos inició planes de desestabilización, especialmente dirigidos contra el Partido Comunista que, con sus 3,5 millones de militantes, era uno de los mayores del mundo.

Así lo demuestra la directiva 171/1 del Consejo de Seguridad Nacional de 1953, que era relativamente novedosa en las técnicas de los golpes de Estado contrarrevolucionarios. Se trataba de mantener una presión sostenida contra el gobierno de Sukarno y, al mismo tiempo, estrechar relaciones con el ejército.

En el terreno político, Washington nombra como nuevo embajador en Yakarta a Hugh S. Cumming y comienza a entregar grandes cantidades de dinero a partidos políticos, como el socialista y el Masjumi. Se trataba de segar el inmenso terreno sembrado por los comunistas entre las masas: los sindicatos, los campesinos, las cooperativas, los jóvenes, los estudiantes, las mujeres, la cultura… Aproximadamente las organizaciones de masas dirigidas por los comunistas encuadraban a unos 15 millones de personas.

En noviembre de 1957 los esbirros de la CIA tratan de asesinar a Cikini, un conocido dirigente político progresista. Al tiempo que asesina a unos, el imperialismo apoya a otros y promueve los movimientos independentistas. John Foster Dulles le indica a su nuevo embajador que no se debe atener de manera irrevocable a una política de preservación de unidad de Indonesia y arma al movimiento guerrillero PRRI-Permesta que asola Sulawesi y el oeste de Sumatra. Para reprimir los levantamientos armados, el gobierno de Sukarno tiene que apoyarse cada vez más en el ejército, convertido en un coto de colaboradores de la CIA. El 14 de marzo de 1957 se declara la ley marcial.

A partir del año siguiente, Estados Unidos aprueba un programa extraordinario de financiación y rearme del ejército indonesio, a cambio de promocionar en el escalafón militar a gorilas como el general Nasution que había dirigido la represión en 1948 contra los comunistas en Madiun. Fue la primera vez que se ensayó la técnica del contragolpe de Estado fascista, ya conocida en la guerra civil española y que luego se pondría en práctica en Chile en 1973: los militares dan un golpe de Estado para evitar que el golpe lo den los comunistas, salvando así al país. Es la justificación perfecta. La represión de Madiun también se basó en una provocación previa de los militares, que luego justificación de ese modo el baño de sangre subsiguiente.

La técnica del contragolpe de Estado va acompañada de una amplia campaña de propaganda sobre el inminente “peligro comunista” para mantener alerta permanentemente a la población. En esta función los periodistas y los universitarios juegan un papel importante, ya que son quienes tienen que escribir en los periódicos o hablar en la radio. También el Partido Socialista desempeña a la perfección el papel socialfascista que ya había ensayado en Europa anteriormente. Los partidos reformistas engañan con sus etiquetas “de izquierda” y sus “reivindicaciones”. Con excepción de algún exaltado, nadie podría decir que, en realidad, son cómplices de la peor reacción, de los militares y de los fascistas. Nadie sabe tampoco que se trata de organizaciones creadas y financiadas por la CIA.

En Indonesia el papel de la intelectualidad reaccionaria la cumplen Joop Beek, un jesuita anticomunista holandés, que explota las contradicciones entre una minoría dirigente cristiana y una mayoría musulmana explotada, así como Guy Pauker, profesor de la Universidad de Berkeley y consultor de la Rand, que desempeña el papel de enlace entre los socialistas y los golpistas emboscados dentro del ejército.

Con el creciente protagonismo militar, los altos oficiales asociados a la CIA acaparan los cargos de los aparatos del Estado. Entre ellos destaca también el general Mohammed Suharto, cuya “formación” procede de las academias militares imperialistas, quien emprende una profunda reforma de los órganos de dirección del ejército indonesio, así como de la escuela, donde se impone una nueva doctrina estratégica llamada “guerra territorial” elaborada por Pauker que pone la lucha contrainsurgente en el centro de las tareas militares, especialmente la destrucción del Partido Comunista.

Además los imperialistas implementan un vasto programa de “ayuda cívica” del ejército para edificar una infraestructura política capaz de erosionar el terreno de los comunistas entre las masas, tanto en las ciudades como en el campo.

Para poner en marcha el programa, en 1962 se instala en Yakarta una unidad del Miltag (Military Training Advisory Group) para adiestrar a las milicias civiles que servirían de unidades de apoyo al ejército en los barrios y aldeas, e incluso entre los funcionarios. Se trataba de crear un Estado paralelo al estilo de lo que Gladio estaba haciendo en Europa.

El general Suharto era un viejo renegado. Es lo que le había permitido trepar en la burocracia militar, a pesar de su condición de musulmán. Durante la Segunda Guerra Mundial ya había colaborado con el imperialismo japonés. Sabía luchar contra los suyos. Aunque nunca siguió cursos de formación en Estados Unidos, implementó eficazmente el programa de “guerra territorial” entre los oficiales del ejército afiliados al Partido Socialista.

El Estado paralelo que estaba forjando Estados Unidos en torno al ejército era imprescindible para aislar a los comunistas y, por lo tanto, para exterminarlos. También era imprescindible para segar la hierba bajo los pies del presidente Sukarno y sus apoyos más seguros dentro de los cuarteles, en especial del general Yani, jefe del Estado Mayor.

La culminación de los años de paciente trabajo de zapa del imperialismo culmina en la noche del 30 de setiembre de hace 50 años con un falso golpe de Estado llamado “Gestapu” que tenía por objeto impedir un golpe de Estado contra Sukarno. Los golpistas secuestraron a Aidit, secretario general del Partido Comunista para “salvar su vida”.

El 3 de octubre, con la misma excusa de impedir el golpe de Estado, el ejército inicia una agresiva campaña anticomunista atribuyendo la responsabilidad del mismo al Partido Comunista. Dos días después los primeros militantes comunistas empiezan a caer asesinados en las calles de la capital.

Siempre con la misma excusa de impedir el golpe, son asesinados seis generales a quienes también se les imputa la intentona.

No hay nada más confuso que un contragolpe de Estado, un golpe dentro de otro o dar un golpe de Estado para impedir otro. Hay un golpe ficticio y otro real. Se da un golpe Estado para sostener al mismo Estado, todo ello dentro de una maraña de conspiraciones clandestinas, que en España ya conocimos el 23 de febrero de 1981.

El portavoz de “Gestapu” fue el teniente coronel Untung, quien al día siguiente del golpe declara que el presidente Sukarno está a salvo bajo su protección, que han logrado salvar su vida y la de los seis general que iban a ser asesinados. También dice que habían evitado que el 5 de octubre un grupo de generales diera un golpe de Estado. Aquel día estaba previsto un desfile militar por las calles de Yakarta y el golpe real se anticipa a un golpe ficticio.

El contragolpe de Estado es una típica técnica fascista dirigida contra las organizaciones de la clase obrera y, principalmente, contra los partidos comunistas. Al mismo tiempo, la excusa de impedir el asalto al poder de los comunistas facilita la represión contra las masas, como se demostró tras la guerra civil española. El comunismo no es más que la excusa para desmantelar a los sindicatos y las organizaciones de masas.

Una de las tareas de Cumming en la embajada de Yakarta fue la elaboración de listados de ejecuciones masivas, que comprendían millones de personas. A pesar de la amplitud, lo mismo que en España o en Chile, la represión no fue indiscriminada, sino extremadamente selectiva. No se puede frenar un movimiento popular sin liquidar a las organizaciones que lo dirigen. Había que descabezar al movimiento organizado.

Naturalmente, el golpe siempre quedó en medio de la neblina típica sembrada por la intoxicación, las mentiras de la prensa y el ocultamiento, especialmente de los responsables últimos del baño de sangre que, como cabía esperar, no eran otros que los imperialistas. En 1990 el Washington Post recogió unas declaraciones de Robert J. Martens, antiguo miembro de la sección política de la embajada de Estados Unidos en Yakarta, el equipo de funcionarios y agentes de la CIA que durante dos años se encargó de elaborar la minuciosa lista de la masacre. Nada se dejó a la improvisación.

Las cifras de asesinados no se conocen, ni siquiera de una manera aproximada. De madrugada los ríos aparecieron literalmente cubiertos de cadáveres que flotaban sobre las aguas. En 1983 la CIA reconoció 250.000 asesinatos, pero Ralph McGehee, antiguo responsable del espionaje imperialista en Yakarta, ha elevado las estimaciones a una franja entre los 500.000 y el millón de asesinatos. Dos generales indonesios, como Sodomo y Sarwo Edhie, cercanos al golpista Suharto, dan cifras comprendidas entre los 500.000 y los dos millones.

Tampoco se conoce el número de encarcelados, aunque las cifras son del orden de un millón de comunistas, encarcelados sin juicio previo y deportados a la isla de Buru durante periodos que oscilaron entre los 10 y los 15 años.

No hay palabras para describir la ola de horror. Las mujeres comunistas fueron vejadas y violadas, muchos revolucionarios y sindicalistas murieron en el potro de la tortura, descuartizados, decapitados, despellejados en vida.

Lo mismo que en la guerra civil española, los comunistas no fueron los únicos represaliados. También lo fueron sus familiares, despedidos de sus trabajos, de sus viviendas e incluso de su nacionalidad, sometidos a una vigilancia permanente y obligados a subsistir como verdaderos parias. Utilizar expresiones como “clase obrera” en un artículo estaba penado con 12 años de cárcel por incitación a la “propaganda comunista”.

En 2000 el general Latief, comandante de una brigada de infantería en Yakarta, que fue encarcelado en 1965 y liberado 34 años después, confesó que Suharto conocía la conspiración contra el Presidente Sukarno, que siete generales fueron secuestrados la noche del golpe y luego asesinados y que la provocación no era más que un medio de aislar al Presidente e iniciar la caza de los comunistas.

Neville Maxwell, miembro del Instituto de Estudios Commonwealth, dio a conocer una carta dirigida a Bhutto, que entonces era ministro de Asuntos Extranjeros de Pakistán, por uno de sus embajadores en Europa en el narraba una conversación entre un responsable de la inteligencia militar holandesa y un miembro de la OTAN en la que aquel indicaba que Indonesia iba a caer “en el saco de Occidente como una pera podrida” como consecuencia de un golpe de Estado organizado por “los servicios de información occidentales”. La carta estaba fechada en diciembre de 1964, antes del golpe, y era bastante detallada. Consignaba también la técnica de la provocación con la que los medios de comunicación justificarían el baño de sangre, para lo cual se inventaría un golpe previo organizado por los comunistas.

La matanza la ejecutaron de manera metódica las milicias entrenadas por la CIA, la mayor parte de cuyos integrantes eran musulmanes. Se pareció también a la guerra civil española en que los verdugos estaban fanatizados por una concepción religiosa de “Cruzada”. Más que una lucha política, se presentó como la eliminación de los ateos.

La intoxicación le dio la vuelta a los acontecimientos, en la prensa, en la radio y en los libros de texto. Todavía hoy en las escuelas de Indonesia a los niños se les proyecta un documental imputando a los comunistas la responsabilidad del golpe. El embajador estadounidenses acuñó la expresión “carnicería comunista”, que ahora todos repiten para referirse al golpe de 1965. Lo mismo dicen los “historiadores” de casi todas las universidades del mundo entero. Las masacres subsiguientes fueron consecuencia de la ira espontánea de la población contra los comunistas.

La represión nunca es un acto único, sino una campaña de exterminio planificada y llevada a término a lo largo del tiempo. En Indonesia se prolongó durante más de 30 años. Desde la clandestinidad, el Partido Comunista continuó la lucha revolucionaria, lo cual acarreó represalias contra los presos políticos, que el régimen utilizó como rehenes. Entre 1985 y 1990 el general Suharto mató a 22 dirigentes del Partido Comunista que estaban encarcelados desde el golpe de Estado.

Después de la guerra civil española, el exterminio de los comunistas en Indonesia es la mayor masacre política de la historia, en proporción a la población. Los imperialistas nunca ocultaron su alegría. El embajador británico Andrew Gilchrist escribió a su Ministerio en Londres: “Jamás he ocultado que opino que algunos pelotones de ejecución en Indonesia son un preliminar indispensable para cualquier cambio efectivo”. Un año después, el embajador estadounidense le declara su apoyo al general Suharto: “Estados Unidos ve con buenos ojos y admira lo que hace el ejército”.

Los imperialistas lo celebraron por todo lo alto. El primer ministro australiano Harold Holt calificó la matanza como “una reorientación política”, y lo mismo escribió el New York Times. La revista Time escribió: “Es la mejor noticia que ha habido en Asia desde hace años”. Para News & World Report, Indonesia traía esperanza de Asia, un continente en el que la habían perdido. Bajo las botas del general Suharto, Indonesia se convirtió en un puntal del imperialismo en Asia. Margaret Thatcher escribió sobre su peón: “Uno de nuestros mejores y más preciados amigos”.

Una vez exterminados los comunistas, en noviembre de 1967 los monopolios internacionales se reunieron en Ginebra para repartirse el bocado de Indonesia: General Motors, Imperial Chemical Industries, British Leyland, British-American Tobacco, American Express, Siemens, Goodyear, International Paper Corporation, US Steel…

¿Quién llevó a Hitler al poder en Alemania?

Hitler en 1919, cuando era cabo
Desde 1945 muchos se han preguntado los motivos por los cuales Hitler, un oscuro cabo del ejército, pudo hacerse con las riendas de un país como Alemania. Para la historiografía burguesa Hitler es un personaje desconectado de la situación política y social en Alemania, de la crisis del capitalismo y de la clase social de la fue un fiel servidor.

Hurgan en la biografía para eludir la historia, pero ni siquiera así llegan a las claves del fascismo y la transición de la República de Weimar al III Reich. En mayo de 1919, Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial y entre las filas de los derrotados estaba el capitán Karl Mayr, que dirigía la sección de inteligencia del ejército bávaro.

La derrota alemana coincidió con la Revolución de Octubre y el desarrollo incontenible del movimiento obrero, que obtuvo una victoria efímera en Munich emulando a los soviets durante algunas semanas. No es ninguna casualidad que Munich sea el centro del movimiento obrero y, al mismo tiempo, el lugar de nacimiento del partido nazi. En la lucha de clases, la revolución y la contrarrevolución ocupan el mismo lugar.

En medio de aquella refriega el capitán Mayr reclutaba agentes fiables para luchar contra el bolchevismo, es decir, tanto contra el poder soviético como contra la clase obrera local. Uno de sus primeros agentes fue Hitler, entonces un cabo del ejército de 30 años de edad.

Por lo tanto, desde el principio de la biografía de Hitler aparecen varias de las claves de lo que ocurriría después: Hitler formaba parte del aparato del Estado; era un militar reclutado para trabajar clandestinamente contra el movimiento revolucionario.

Había sido elegido representante adjunto de su Regimiento, por lo que era conocido dentro de los cuarteles y trabajaba en el contraespionaje. Investigaba la actuación de las tropas durante la etapa del gobierno revolucionario de 1919 a fin de proceder a una depuración de las tropas de elementos proclives al movimiento obrero. El Estado alemán trataba de impedir que se produjera una confluencia de los trabajadores con las tropas, como había ocurrido en Rusia en 1917.

Como decía Mayr, era un perro fiel, donde tan importante como lo de perro era lo de fiel. Sabía servir a sus jefes en el cuartel, que le enviaron durante una semana a la Universidad de Munich para hacer un cursillo de “instrucción antibolchevique”. Allí le dio clases un oscuro economista, Gottfried Feder, cuyos conocimientos no iban más allá de criticar al capital improductivo de los negocios judíos. Luego Feder siguió los pasos de su antiguo alumno y se convirtió en uno de los economistas del partido nazi.

Tras el cursillo, el capitán Mayr le envía al cabo Hitler para que espiara a los antiguos prisioneros de guerra, considerados como poco fiables. La operación se lleva a cabo en forma de un curso de instrucción política del ejército. Hitler convierte las lecciones en otras tantas arengas patrioteras y demagógicas que luego le hicieron famoso.

El cabo se convierte en un perrito faldero del capitán Mayr, que en setiembre de 1919 le envía a vigilar a uno de tantos partidos ultrapatrioteros que tanto abundaban entonces en Alemania: el Partido Obrero Alemán. Pero, como siempre en el mundillo del espionaje, tras el encargo había una segunda intención bajo cuerda. Se trataba de financiar secretamente con fondos del gobierno a dicho partido para desconcertar al movimiento obrero con una organización que se presentaba como “proletaria”, convirtiéndola en una fuerza de choque dirigida en contra de los propios trabajadores.

Hitler llevó a cabo tan puntualmente su tarea que, posteriormente, pasó a dirigir dicho Partido, convirtiéndolo en el embrión del NSDAP, el partido nazi. Por lo tanto, las organizaciones nazis no son nada diferentes de los aparatos del estado y, en particular, de sus más sucias cloacas, como el espionaje militar. Luego no se puede luchar contra un perro, los grupos fascistas, sin lugar al mismo tiempo contra el amo que sujeta las riendas, el Estado burgués.

Dentro de un partido “obrero” Hitler comienza como infiltrado del servicio de inteligencia del ejército, permaneciendo durante seis meses, hasta marzo de 1920. Entonces comienza a ser conocido en las tabernas de Munich, donde lanza sus fantasmales discursos antibolcheviques.

Pero a Hitler le faltaban más apoyos para llegar a la cumbre. Sin ellos se hubiera quedado relegado a la condición de espía cuartelero. El primero de ellos es el de la burguesía monopolista, que es muy selectiva y nunca hubiera admitido la presencia de un cabo mediocre sin la intervención de influyentes padrinos. Uno de los primeros padrinos fue el poeta reaccionario y antisemita Dietrich Eckart que, además de escribir, era un monopolista con un periódico a su disposición. No fue el único.

En aquellos primeros años de la carrera de Hitler desempeñó un papel fundamental Ernst Röhm, el jefe de los escuadrones SA del partido nazi. Röhm era un antiguo oficial del ejército que hacía de matón para la patronal en las manifestaciones obreras de Munich. Dirigía y pagaba a la escoria de mamporreros que boicoteaba las movilizaciones revolucionarias.

Lo mismo que Hitler y todas las bandas fascistas, Röhm no trabajaba por su cuenta. También tenía una doble condición: era un agente del ejército alemán que es quien pone el dinero para que Hitler compre su primer periódico. Con tan sólidos apoyos en la burguesía y el ejército, en 1923 el partido nazi llega a los 50.000 militantes, la mayor parte de ellos en Baviera.

Toda va viento en popa para aquellos primeros nazis y la euforia les hace cometer un error de cálculo: el intento de golpe de Estado de 9 de noviembre de 1923, del que aún no se ha relatado la parte fundamental, a saber, que dicho golpe no era responsabilidad de los nazis sino del ejército. Los primeros no eran otra cosa que la tapadera de los segundos. Los hilos fascistas se mueven siempre entre bastidores.

En el intento de golpe murieron 20 personas, entre ellos 4 policías. En cualesquiera otras circunstancias, un delito de esa naturaleza les hubiera costado a los autores una condena de por vida, pero lo mismo que el espionaje, la justicia burguesa tiene una doble vara de medir y el juicio se convirtió en una farsa. Hitler tenía el apoyo de una parte del Tribunal Supremo de Bavaria, que estaban de acuerdo con el golpe de Estado y trataron de ocultar a los verdaderos responsables en el ejército.

En tales circunstancias, la sentencia fue la que cabía esperar: sólo cinco años de cárcel para 20 muertos más un intento de golpe de Estado. Más allá de los papeles judiciales, la realidad fue aún más cruda: Hitler sólo estuvo 13 meses en la cárcel.

En tiempos de crisis el tiempo pasa tan rápido que el salir a la calle, nadie se acordaba ya de Hitler y nadie le necesitaba. En 1928 del partido nazi era marginal; sólo obtuvo el 2,6 por ciento de los votos.

La crisis del año siguiente les puso otra vez en la primera línea. La burguesía volvía a necesitar a su punta de lanza: los nazis. En 1930 los votos suben al 18,3 por ciento y dos años más tarde es el primer partido parlamentario con el 37,4 por ciento de los sufragios. Pero Hindenburg no quiere nombrar a Hitler al frente de la cancillería y a partir de ahí el partido nazi empieza a declinar. En 1932 pierde dos millones de votos.

El Führer todavía necesita de un último empujón por parte de la gran burguesía. En aquel delicado momento su padrino será el aristócrata Franz von Papen, que convence a Hindenburg para que entregue a Hitler las riendas del gobierno. No hay que tenerle miedo, le dice Von Papen a Hindenburg: “Lo tenemos bajo nuestro control”.

También para la gran burguesía, Hitler no era más que eso: otro perro fiel.

Entre el 27 de setiembre y el 1 de octubre

Hace 40 años, el 27 de setiembre de 1975, el fascismo llevó a cabo los fusilamientos de cinco militantes de ETA y el FRAP: Humberto Baena, Sánchez Bravo, Otaegi, Txiki y Ramón García Sanz. Fue la culminación de un verano de terror, de represión abierta que supuso una verdadera prueba de fuerza entre el régimen y las masas populares, especialmente, la clase obrera.

La calle estaba en plena ebullición. En junio la clase obrera había asestado el primer golpe serio a la política “democratizadora” del franquismo con el boicot a las elecciones del sindicato oficial. El régimen se sentía completamente acorralado y abocado a un colapso total, de ahí que intentara tomar la iniciativa antes de verse desbordado; y a tal fin lanza la cruzada terrorista del verano para intimidar a las masas y sacar a delante sus planes “democratizadores” a costa de la sangre y la muerte de los antifascistas.

Durante los meses de julio y agosto se produjeron detenciones masivas en las principales ciudades del país. La policía salió a la calle haciendo grandes alardes de fuerza, se produjeron tiroteos en Madrid y Barcelona donde fueron detenidos varios militantes de ETA y, en Ferrol, Moncho Reboiras cayó asesinado por los disparos la policía.

Complementando esta ofensiva terrorista del Gobierno, la prensa y la radio, puestas enteramente a su servicio, desataron una frenética campaña propagandística, del más puro estilo nazi, jaleando esta oleada de detenciones y de terror, al objeto de sembrar el pánico entre las masas trabajadoras para paralizarlas.

Pero también el régimen sufre las consecuencias de estos actos represivos siendo tiroteados varios policías y guardias civiles por los grupos armados revolucionarios y patriotas. Sin embargo, el gobierno no abandona por eso su política de terror.

El 22 de agosto de aquel año en el Consejo de Ministros celebrado en La Coruña presidido por Franco, el gobierno promulga un decreto antiterrorista que supone un estado de excepción en toda España y la sentencia de muerte de numerosos antifascistas. Así el régimen espera asegurar su continuidad por medio del terror sistemático, ejercido contra las masas y lanza a todas sus fuerzas represivas a la calle.

Aunque los medios de comunicación y los oportunistas a su servicio se afanan en decir que el 27 de setiembre de 1975 se produjeron los “últimos” fusilamientos del franquismo, en realidad, luego han seguido fusilando a los antifascistas de diversas maneras, una legales y otras ilegales. Entre 1975 y 1985 murieron unos 600 antifascistas de diversas organizaciones por disparos de la policía y otras acciones represivas.

En parte los franquistas lograron intimidar a los revisionistas y demás grupos oportunistas de izquierda. Hasta aquel verano habían convocado huelgas cada dos por tres para la reconciliación con los explotadores y criminales, pero entonces desaparecieron de la escena asustados.

Con la concentración fascista del 1 de octubre en la Plaza de Oriente, en Madrid, el régimen quería salir al paso de la oleada de protestas populares que a raíz de los fusilamientos, sacudió a toda Europa en solidaridad con la lucha antifascista y proseguir luego tranquilamente con su política. Pero ese mismo día, en las mismas calles de Madrid en las que querían celebrar los asesinatos, los GRAPO abatieron a tiros a cuatro policías.

El régimen quería golpear y resultó golpeado. Cuando le dieron la noticia de la acción, Franco no pudo terminar su discurso –que sería el último- y rompió a llorar en balcón del Palacio Real. Fue uno de los golpes más duro de su sanguinaria historia, declarándose desde ese momento en completa bancarrota, pues uno de sus principales objetivos, mantenerse mediante la política de terror, quedó claro que no se iba a conseguir y que, en lugar de aplastar al movimiento de resistencia con dicha política, éste se incrementaba y tomaba más fuerza.

Donde hay opresión siempre hay resistencia. Aquel verano de 1975 los GRAPO realizaron su primera acción armada, directamente dirigida contra la represión policial. Fue una de las acciones de mayor envergadura desde la desaparición de la guerrilla antifascista. Los GRAPO no reivindicaron entonces aquellas primeras actuaciones. No difunden su primer comunicado hasta el 18 de julio de 1976, casi un año más tarde, tras la explosión en todo el país de unas cuarenta bombas contra monumentos e instituciones fascistas.

La campaña desatada por el fascismo no fue una prueba de su fortaleza, sino un claro síntoma de su extrema debilidad. Bastaba con enfrentarla resueltamente para que se viniera abajo. Había, pues, que enfrentarla y fue enfrentada de la forma más valerosa. Nada más comenzar esta campaña terrorista del Gobierno, el 21 de agosto habían caído acribillados a balazos dos guardias civiles en las cercanías del Canódromo madrileño, en el barrio de Carabanchel. Ninguna organización reivindicó entonces este hecho.

La ofensiva terrorista del régimen alcanza su techo con los fusilamientos del 27 de septiembre, y es entonces, después de la tempestad desatada en toda Europa y en el momento mismo en que las huestes fascistas celebran la matanza del 27 de septiembre ante su Caudillo, cuando cuatro comandos actúan simultáneamente en distintos puntos de Madrid y abaten a tiros a otros tantos policías.

La sorpresa en las esferas oficiales ante esta cadena de acciones armadas es total, y no pueden disimular el pánico que les infunde. Evidentemente, el gobierno había fracasado en su intento de frenar mediante el terror y los fusilamientos la oleada de lucha popular que empieza a desbordarlo. Se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por todo tipo de acciones armadas, la política “aperturista” preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes.

El régimen se vio obligado a parar en seco su política represiva. Se anulan los procesos militares pendientes y se aceleran las negociaciones con la oposición domesticada para perfilar un nuevo marco político, con el objeto de romper su aislamiento y, sobre todo, hacer frente al movimiento antifascista.

La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la entronización inmediata de la monarquía borbónica arrastró consigo al gobierno Arias y su política aperturista, meses antes incluso de su dimisión formal en julio de 1976. Se derrumban los proyectos continuistas del franquismo, por lo que la oligarquía se ve obligada a retroceder, y ello en medio de la más aguda crisis de su régimen, de agravación de todas sus contradicciones internas y de una gran ofensiva de la lucha de masas acompañadas de acciones armadas guerrilleras.

Antes de desmoronarse definitivamente, el policía Arias formó un nuevo gobierno en el que incluía a personajes tan destacados en la represión y la demagogia del período anterior como Fraga, Areilza y Adolfo Suárez. Este nuevo gobierno hará algunas promesas de cambio y abundante demagogia. Trataron de continuar aplicando una nueva política. En el verano de 1975 los fascistas entendieron que no se podían mantener en el poder sólo con la represión y los fusilamientos; necesitaban algo más: la complicidad de los revisionistas, de los reformistas y los oportunistas de todos los pelajes.

Franco llorando el 1 de octubre de 1975

‘Machacar a Barcelona poco a poco’

Hoy se estrena el documental “Barcellona ferita aperta” dirigido por la periodista Mónica Uriel que relata los bombardeos de Barcelona por parte de la aviación fascista italiana durante la Guerra Civil. Fue una de las grandes vergüenzas de la “no intervención” de los países extranjeros en la Guerra, que aisló a la República, mientras permitió que los fascistas contaran con el apoyo de Alemania e Italia.

Los bombardeos los ordenó Mussolini personalmente con la expresión “martellamento diluito nel tempo”, o sea, “machacar poco a poco” a los habitantes la ciudad. El general fascista Francesco Pricolo escribió lo siguiente sobre los bombardeos de la aviación italiana en la guerra, y en Barcelona en particular:

Con los bombardeos aéreos “hay que crear una sensación de terror inmediato entre la población enemiga, destruyendo continuamente la ciudad, los centros urbanos, todas las fuentes de vida y someterlos a una pesadilla de la que no puedan despertar y que les obligará a rendirse […] Los periodistas extranjeros han reconocido que, si el bombardeo constante de Barcelona hubiera continuado a ese ritmo durante dos semanas más, ningún gobierno habría podido evitar la rendición total de la ciudad”.

La aviación fascista italiana ya había efectuado bombardeos a lo largo de la costa mediterránea española en varias ocasiones. A pesar de que los fascistas se llaman a si mismos “nacionales” permitían que alemanes (Gernika) e italianos (Barcelona) actuaran por su cuenta para matar a los que consideran como su mismo país.

En total murieron 2.500 personas en Barcelona, un millar de ellas en tres días, del 16 al 18 de marzo de 1938.

En el documental salen a la luz hechos poco conocidos como que la Italia democrática siguió recibiendo de España dinero por su participación en la guerra, una deuda de la que constan documentos oficiales que se muestran.

Fueron uno de los primeros bombardeos de saturación de la historia y el segundo que más muertos causó en la guerra española en una sola de las incursiones, tras el de Gernika.

En 2013 la Audiencia de Barcelona admitió a trámite una querella contra los pilotos italianos que participaron en los bombardeos. Las víctimas de los bombardeos de Barcelona efectuados por la Aviazione Legionaria italiana todavía esperan que Italia les pida perdón.

En 2008 Jesús Garay dirigió un documental con el título de “Mirando al cielo”, que se centra en los bombardeos del 17 de marzo, e incorpora material de la época, imágenes de los hechos y entrevistas con militares, historiadores y supervivientes.

http://vimeo.com/136814029
http://www.youtube.com/watch?v=q5mzijKEaGk

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