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57 años del asesinato de Lumumba por los imperialistas

Hace 57 años agentes de los servicios secretos belgas y de la CIA introdujeron el cuerpo de Patrice Lumumba en un barril de ácido y lo hicieron desaparecer. El Congo pudo haber ido hacia una democracia y, por el contrario, fue hacia una de las peores dictaduras africanas del siglo XX.

Patrice Lumumba fue el primer jefe de gobierno de la República Democrática del Congo. Buscó la descolonización de su país en manos de Bélgica y destruir totalmente el poder colonialista europeo presente en África, erradicar el ultraje y el expolio que durante siglos había sufrido el continente.

En 1958 se orientó decididamente hacia la lucha por la descolonización del Congo por las escasas posibilidades de acción social que le permitían las autoridades coloniales belgas y así fundó el Movimiento Nacional Congolés, partidario de crear un Estado independiente y laico, cuyas estructuras políticas unitarias ayudaran a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional.

Tras la independencia de Bélgica, el 30 de junio de 1960, el Congo celebró elecciones, y Patricio Lumumba, líder de la lucha independentista, llegó a la presidencia con un programa nacionalista y de izquierda.

Lumumba no pudo impedir que la retirada del ejército belga diera paso conflicto político con pronunciamientos militares, ataques a la población blanca y disturbios generalizados.

La rebelión fue especialmente grave en la región minera de Katanga, que se declaró independiente bajo el liderazgo de Tschombé; Lumumba denunció que esta secesión había sido promovida por el gobierno belga en defensa de los intereses de la compañía minera que explotaba los yacimientos de la región.

Lumumba pidió ayuda a la Organización de Naciones Unidas (ONU), que envió un pequeño contingente de cascos azules incapaces de restablecer el orden, y por eso pidió el apoyo de la Unión Soviética, con lo que amenazó directamente los intereses occidentales.

El presidente de Estados Unidos, Eisenhower, dio entonces orden de eliminarlo. Y envió al agente de la CIA, Frank Carlucci, quien luego sería secretario de Defensa de Ronald Reagan.

Un golpe de Estado derrocó a Lumumba en septiembre de 1960. Fue torturado brutalmente y fusilado por mercenarios belgas, que disolvieron su cuerpo en ácido y esparcieron sus restos para que no fuera reconocido.

En noviembre de 2001, el Parlamento de Bélgica reconocía la responsabilidad de su Estado en la muerte de Patricio Lumumba.

Lumumba fue asesinado de esa manera por la gran lucha política e ideológica que realizó para dar a conocer la unidad como instrumento y vía para el logro de la liberación por parte de los pueblos africanos, de los yugos coloniales que se mantenían en el momento en que libró su lucha y que aún se mantienen, incluyendo entre ellos al neocolonialismo naciente y al imperialismo norteamericano que ya comenzaba a meterse en los países africanos para sumarse a los saqueadores de las riquezas de ese continente.

El pensamiento de Patrice Lumumba constituyó un peligro para las potencias occidentales explotadoras de los pueblos africanos. Medio siglo después, las autoridades estadounidenses reconocieron su implicación en el derrocamiento y asesinato del dirigente congoleño.

http://www.telesurtv.net/news/Patrice-Lumumba-el-heroe-asesinado-de-Africa-20160116-0031.html

Dropshot: el siniestro plan de Estados Unidos para acabar con la URSS

Nada más terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, que eran los únicos poseedores de armamento atómico, estudiaron la posibilidad de lanzar un ataque “preventivo” contra la Unión Soviética que eliminase del tablero de juego a la superpotencia de las fichas rojas. Los Estados Unidos temían una posible invasión de la URSS en Europa occidental, Oriente Medio y Japón.

En septiembre de 1948 el presidente estadounidense Harry S. Truman aprobó un documento del Consejo de Seguridad Nacional sobre “La política de la Guerra Atómica”, que declaró que Estados Unidos debía estar preparado para “utilizar con prontitud y eficacia todos los medios apropiados disponibles, incluidas las armas atómicas, en interés de la seguridad nacional y que debía planificar en consecuencia”.

El general LeMay era famoso por haber dirigido la campaña de bombardeos estratégicos contra el Japón, que concluyó con el bombardeo nuclear de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Esto le valió recibir doctorados honoris causa en Derecho en las universidades John Carroll, Kenyon College, la Universidad del Sur de California la Universidad Creighton y la Universidad de Akron, entre otras distinciones.

Luego organizó el Mando Aéreo Estratégico (SAC o Strategic Air Command, instancia suprema de mando de las fuerzas aéreas estratégicas de Estados Unidos) como organismo para gestionar una posible guerra nuclear durante la guerra fría, evidentemente contra la URSS.

Antes de que este organismo estuviese totalmente operativo, en 1949, LeMay propuso lanzar el inventario atómico completo en manos de Estados Unidos (133 bombas) contra 70 ciudades soviéticas y capitales de Europa del este en un período de 30 días. Basaba su estrategia en que los soviéticos no tenían una fuerza capaz de equiparar al SAC en esos momentos y el tiempo jugaba en favor de los rusos.

El 1949 se elaboró el plan Dropshot, que preveía que Estados Unidos atacaran la URSS y arrojaran más de 300 bombas nucleares y 20.000 toneladas de bombas convencionales en 200 objetivos situados en 100 áreas urbanas, incluyendo Moscú y Leningrado (el actual San Petersburgo).

Además, se confeccionó una lista de blancos para ataques nucleares en los territorios de la Unión Soviética y sus aliados que contenía la friolera de 1.200 ciudades desde la República Democrática Alemana en occidente hasta China en oriente. Moscú encabezaba la lista con 179 blancos asignados (entre ellos, la mismísima Plaza Roja) mientras que en Leningrado se habían fijado 145. La potencia del armamento atómico empleado fluctuaría entre 1,7 y 9 megatones (la bomba atómica Little Boy, arrojada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 era de aproximadamente 0,013-0,018 megatones).

Berlín oriental, como Varsovia (Polonia) o Budapest (Hungría), estaba en la lista junto a otras ciudades ubicadas más allá de las fronteras soviéticas e incluía a 91 blancos asignados.

Entre 75 y 100 de los 300 artefactos nucleares tendrían la misión de destruir en tierra la aviación soviética de combate. Sin embargo, lo más perturbador de los listados de objetivos que pueden revisarse en The National Security Archive desde su desclasificación en el año 2015, era una serie de objetivos que aparecían bajo el epígrafe “Categoría 275” u “objetivos de población”. Se estimaba que, con el ataque norteamericano, morirían unas 60 millones de personas.

En caso de que la URSS se negara a rendirse tras el devastador ataque, Estados Unidos continuaría bombardeando regularmente las áreas urbanas e industriales hasta conseguir su destrucción total.

Además, los planificadores proponían dar inicio a una campaña terrestre contra la URSS para obtener una “victoria completa” con los aliados europeos.

Los planes norteamericanos iban más allá de la URSS. Beijing aparecía en el top 20 (era la número 13) de las ciudades objetivo de los bombarderos de Estados Unidos, con 23 zonas identificadas para ser devastadas.

Según los documentos desclasificados en 2015, las cabezas nucleares serían lanzadas desde aviones emplazados en bases de Reino Unido, Marruecos y España. Además, se emplearían bombarderos intercontinentales B-52, que en los momentos de la confección del plan agresor estaban empezando a ser distribuidos a la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Durante un largo periodo de tiempo, el único obstáculo en el camino para iniciar ese ataque nuclear masivo fue que el Pentágono no poseía suficientes bombas atómicas (en 1948 Washington se regodeaba de tener un arsenal de 50 bombas de este tipo), ni de disponer de aviones para llevar a cabo el ataque. Por ejemplo, ese mismo año la Fuerza Aérea de Estados Unidos tenía sólo treinta y dos bombarderos B-29 modificados para arrojar los mortales ingenios radioactivos.

En 1949 el arsenal nuclear de Estados Unidos había alcanzado ya las 250 bombas atómicas y el Pentágono llegó a la conclusión de que una victoria sobre la Unión Soviética era ya “posible”. Por suerte para el género humano, la prueba de la bomba atómica soviética ese mismo verano asestó un duro golpe a los planes militaristas estadounidenses. Así lo describe profesor Donald Angus MacKenzie, de la Universidad de Edimburgo, en su ensayo “Planificación de la Guerra Nuclear y Estrategias de coacción Nuclear”.

“La prueba de la bomba atómica soviética el 29 de agosto de 1949, sacudió profundamente a los estadounidenses, que habían creído que su monopolio atómico podría durar mucho más tiempo. Sin embargo, no alteró de forma inmediata el modelo de planificación de la guerra. La cuestión clave a considerar era qué nivel de daño forzaría una rendición soviética”.

En enero de 1950 el científico Klaus Fuchs, físico teórico nacido en Alemania y miembro del equipo del Proyecto Manhattan, que construyó la primera bomba atómica de Estados Unidos, fue detenido, juzgado y (tras reconocer su culpabilidad) sentenciado a catorce años de prisión por pasar secretos militares a una nación aliada (sí, la Unión Soviética todavía, de cara a la galería, estaba catalogada como estado aliado).

Fuchs había suministrado información vital a la Unión Soviética sobre el Proyecto Manhattan de forma absolutamente desinteresada, partiendo de sus convicciones políticas y la certeza del profundo peligro que suponía el monopolio nuclear que pretendió lograr Estados Unidos. Esto sirvió de forma decisiva para que los soviéticos creasen su propia arma nuclear.

El gobierno soviético agradeció a Fuchs sus actos condecorándolo con la Orden de la Amistad de los Pueblos, uno de los más altos galardones de la URSS. Fue liberado el 23 de junio de 1959, tras lo que emigró a la República Democrática Alemana, donde continuó con su carrera científica, logrando una considerable prominencia. Murió en 1988.

https://es.rbth.com/cultura/historia/2017/07/11/operacion-dropshot-el-plan-de-eeuu-para-destruir-la-urss-en-1959_800270

Más información:

Estados Unidos masacró al 20 por ciento de la población coreana durante la guerra de 1950 a 1953

Durante la Guerra de Corea (1950-1953) la aviación estadounidense lanzó más bombas contra la península que a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. El 75 por ciento de Pyongyang, la capital, resultó destruida; la reconstrucción no se pudo terminar hasta 1964, once años después.

Tras de uno de aquellos brutales bombardeos, el Ministro coreano de Asuntos Exteriores envió un dramático cable a la ONU, que había avalado la agresión. También iba dirigido “a todos los ciudadanos del mundo” y se ha publicado muy recientemente (*).

Está fechado el 3 de enero de 1951 a las 10:30 y anuncia que 82 bombarderos cargados de explosivos incendiarios habían sobrevolado Pyongyang con una “carga mortifera” de centenares de bombas, que los “bárbaros transatlánticos” han dispersado por toda la ciudad.

Las bombas han provocado incendios permanentes que no se pueden apagar porque algunas de ellas son de efecto retardado y explotan a intervalos regulares a lo largo de todo el día.

A causa de ello, las personas no pueden escapar por las calles. “Toda la ciudad ha quedado incendiada, envuelta en llamas durante dos días”, dice el cable.

El segundo día 7.812 viviendas civiles habían sido quemadas. “Los americanos eran conscientes de que no había objetivos militares en Pyongyang”, añade el ministro coreano.

El número de civiles muertos, quemados vivos o asfixiados por el humo es “incalculable”, aunque el ministro estima que sólo una quinta parte de la ciudad ha sobrevivido al atroz bombardeo.

La Guerra de Corea es la gran desconocida porque Estados Unidos no quiere destapar uno de sus mayores crímenes. Los historiadores hablan del lanzamiento de 32.000 toneladas de napalm, siempre sobre la población civil, destruyendo ciudades enteras y con ellas exterminando a toda su población.

Aproximadamente el 20 por ciento de la población fue asesinada, confesó en 1984 el general Curtis LeMay, jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. En Corea no hay nadie que no tenga un allegado muerto en aquella gran carnicería.

Dean Rusk, que fue secretario de Estado, dijo que en Corea del norte bombardearon “a todo lo que se movía”, pero también a lo que no se movía: edificios, presas, cultivos, fábricas… No dejamos “piedra sobre piedra”, fueron sus palabras.

(*) http://repository.un.org/bitstream/handle/11176/85491/S_1980-EN.pdf
Un bombardero estadounidense B-26 lanza un ataque contra la población civil de Wonsan en 1951

El oscuro espía del KGB que infligió a la CIA el mayor golpe de su historia

En 1955 la CIA y el MI6 excavaron un túnel para espiar a las tropas del ejército soviético estacionadas en la República Democrática de Alemania. Los espías alemanes y estadounidenses lo llamaron “Operation Gold” (Operación Oro), mientras que para los británicos fue la “Operation Stopwatch” (Operación Cronómetro).

Fue el intento de escucha telefónica más grande de la historia del espionaje y el más estrepitoso fracaso de la CIA a lo largo de su historia.

Se trataba de una variante mucho más compleja que un proyecto anterior conocido como “Operation Silver” (Operación Plata) que la CIA intentó en Viena en 1949. Se sabe que fue Reinhard Gehlen, el director del recién creado BND, el servicio secreto alemán, quien alertó a Dulles de la existencia de un nudo de redes telefónicas que utilizaba el Ejército Rojo en Berlín a dos metros de profundidad, muy cerca del sector ocupado por los estadounidenses en la capital alemana.

En diciembre de 1953 la operación se puso bajo la dirección de William King Harvey, antiguo policía del FBI transferido a la CIA y el 2 de septiembre de 1954 comenzó la excavación del conducto, que se completó el 25 de febrero del año siguiente. Removieron 3.000 toneladas de tierra y 125 toneladas de metal. A seis metros de profundidad y con una extensión de 450 metros, el túnel comenzaba en el sector americano de Berlín, en el barrio fronterizo de Rudow, y alcanzaba hasta Altglienicke, justo por debajo de un nudo de comunicaciones soviético en la zona oriental.

Antes de iniciar la construcción del túnel, asistió a casi todas las reuniones entre la CIA y el MI6 George Blake, un agente del KGB infiltrado en el servicio de inteligencia británico. Blake conoció de primera mano los detalles de la operación y alertó al KGB, pero el Kremlin decidió dejar abierto el canal para transmitir informaciones falsas.

Si, a causa de su fracaso, de la operación sabemos poco, de Blake no sabemos mucho más. No conocemos su identidad real. Parece que su nombre original era George Behar y luego fue cambiándolo por Max de Vries, George Blake, Georgi Ivanovich. Parece ser que nació en Rotterdam en 1922, y que era hijo de una holandesa y un judío de origen turco, Albert Behar.

Vivió en Alejandría y se educó en un colegio inglés bajo la tutela de su tío, el dirigente comunista egipcio Henri Curiel, que se ocupó de él cuando George se quedó huérfano a los 13 años.

Regresó a Holanda, donde le sorprendió la invasión alemana en 1940. Se incorporó a la resistencia con el alias de Max de Vries, pero le capturaron. Sin embargo, como no tenía 18 años, lo soltaron. Iban a volver a detenerlo al cumplir los 18 años, pero entonces él se escapó a Inglaterra.

En Londres fue reclutado por el Special Operations Executive, el servicio que organizaba sabotajes en la Europa ocupada. Lo emplearon en traducir del alemán y tomó el nombre de George Blake. En 1944 volvió al continente para interrogar a los nazis prisioneros y en Hamburgo, con 22 años, dejaron en sus manos a los comandantes de submarinos. Tras la guerra pasó al MI6, el espionaje exterior, que lo envío a Corea en 1950, destinado en la embajada británica en Seúl, donde trabajaba cuando el imperialismo atacó la península.

Fue “capturado” por los norcoreanos y al ser liberado, le consideraron como un “héroe de guerra” y le enviaron a Berlín, la capital mundial del espionaje durante la Guerra Fría, el frente candente para los agentes de uno y otro lado, una ciudad dividida pero aún sin barreras, donde todos podían ir a todos los sectores y casi toda la población trabajaba para algún servicio de espionaje.

La misión de Blake en Berlín era la de convertir a los soviéticos en agentes dobles, pero hacía como Penélope, que deshacía de noche lo que había tejido de día. Le pasaba los nombres de sus agentes al KGB, 400 delatados en total, de los que al menos 42 fueron fusilados.

Pero su gran golpe fue su infiltración en la operación de la CIA en Berlín. Aunque estaba reciente la deserción de Burgess y McLean, el espionaje imperialista todavía no había cobrado conciencia de lo profunda que era la infiltración soviética en el servicio secreto británico, y los americanos seguían fiándose del MI6.

Para evaluar el flujo de desinformación entrante, en Washington se creó un equipo de traductores y analistas de la CIA que continuó funcionando hasta septiembre de 1958. Fue un trabajo ingente y totalmente inútil. La CIA se quedó con un botín de 50.000 cintas grabadas que documentaban un millón de conversaciones telefónicas ficticias que durante años tomaron por informaciones solventes.

El KGB esperó hasta que, al cabo de los años, unas lluvias torrenciales afectaron a las líneas telefónicas de Berlín y comenzaron labores de reparación. De esa manera los soviéticos “redescubrieron” el túnel para denunciar que los imperialistas habían violado los tratados internacionales firmados al acabar la Segunda Guerra Mundial.

El topo aún no había sido descubierto. El KGB aprovechó tan bien el “redescubrimiento casual” del túnel que la CIA se lo tragó. Blake no fue destapado hasta 1961.

La CIA padeció tres duros golpes en uno.

El terrorismo de Estado ya tiene un precio

El 26 de junio la Comisión de Valoración del Gobierno vasco analizó las 239 peticiones de víctimas del terrorismo de Estado en el periodo 1960-1978 y presentó el documento, titulado “Saliendo del olvido” en el que se detallan los testimonios de las víctimas y la labor de documentación llevada a cabo por la comisión en los últimos años. De todas las peticiones tramitadas, 52 no han sido reconocidas. En 34 casos el gatillo fácil se saldó, según el informe, con la muerte de la víctima, entre ellas cuatro menores de edad.

La comisión de valoración ha puesto nombre a algunas de las víctimas, ha identificado a los supuestos autores de los abusos policiales y ha cuantificado la reparación económica que merecen:

– la violación a manos de la guardia civil se paga a 35.000 euros
– un trastorno de neurosis-obsesiva compulsiva a 95.000 euros
– la pérdida auditiva provocada por “torturas y vejaciones policiales” cuesta 45.000 euros
– el daño crónico provocado en una pierna por un disparo a manos de la policía devenga una factura de 10.000 euros
– la muerte también tiene precio máximo: 135.000 euros
– la tortura cuesta sólo 5.000 euros

El informe contempla una reparación de hasta 390.000 euros para víctimas que sufrieron una gran invalidez por culpa de las torturas o abusos y fija una horquilla de entre 35.000 y 95.000 euros para quienes padecieron algún tipo de incapacidad permanente -absoluta, total o parcial-.

Tras abandonar el seminario de Aranzazu, donde se formó para fraile, un joven de Bergara (Guipúzcoa), pasó a formar parte de ETA, en 1973 y fue detenido. La víctima reclamó al gobierno vasco que le reconociera la condición de ‘víctima policial’ tras haber padecido torturas. La policía le golpeó y le prácticó torturas de asfixia como “la bañera” o “la bolsa”. Ahora se le reconoce una reparación de 5.000 euros.

Una mujer, asistenta de un teniente coronel, fue violada por un guardia civil, según concluye la Comisión de Valoración, que le reconoce el derecho a percibir una indemnización de 35.000 euros al dar por válida su denuncia. Su relato detalla cómo los dos agentes se presentaron en su casa, cuando estaba sola, en busca de un arma desaparecida de la casa del general en la que trabajaba. Tras amenazarla, habría sido violada por uno de ellos, tras lo cual se quedó embarazada y decidió abortar. Aquellos hechos, los ha mantenido en secreto 45 años –continúa el relato de la Comisión- sin contárselo ni siquiera a su marido.

Una de las indemnizaciones más elevadas, 95.000 euros, se concede a una víctima que denunció durante varios días en 1971. Nacido en Ciudad Real, siendo aún joven se trasladó a San Sebastián, donde se implicó en movimientos obreros y laborales. Detenido por la policía, fue acusado de asociación ilícita y difusión de propaganda, cargos de los que fue absuelto. Sin embargo, las torturas que padeció y que ahora son reconocidas por el Gobierno vasco le hacen merecedor de la citada reparación económica.

A otra mujer, que en el momento de los hechos apenas era una niña de 14 años, el Gobierno vasco le reconoce el derecho a una indemnización de 35.000 euros por el tiro que recibió por la espalda y que le dejó malherida. La joven regresaba del cine con una amiga y tras ser recogida por unos amigos en un coche, que detuvo la Guardia Civil, se vio envuelta en un altercado. Los hechos le provocaron un profunda depresión y temor a retomar una vida social normalizada durante casi una década.

El cine ruso se convierte en la estrella de Argelia durante una semana

La legendaria francotiradora Pavlichenko
A partir del martes, el cine ruso será la estrella en la filmoteca de Orán, Argelia, donde celebran la semana cinematográfica, un evento que la ciudad desarrolla conjuntamente con Argel.

Los cinéfilos argelinos podrán disfrutar de la proyección de siete películas, una cada día: La batalla de Sebastopol, El Batallón, La carroza verde, Los muchachos de nuestro cementerio, Viernes, Fantasma y Noruega.

El martes el acto de apertura de la semana estará presidido por el director de “La batalla de Sebastopol”, Serguei Mokritski, y el actor Serguei Puskepalis.

La película de Mokritski relata la extraordinaria biografía de Ludmila Pavlichenko, una de las grandes heroínas de la Segunda Guerra Mundial. Fue una joven estudiante ucraniana que, durante la ocupación nazi, se alistó en el Ejército Rojo como francotiradora. Además de diestra con el fusil, era intrépida y veloz.

Se destacó, sobre todo, cuando en 1941 la Wehrmacht lanzó el grueso de sus fuerzas contra Sebastopol, el puerto de Crimea, de enorme importancia estratégica.

El asedio de la fortaleza de Sebastopol fue salvaje, con bombardeos continuos de la aviación y la artillería pesada. En medio de aquella lluvia de fuego, la francotiradora logró ejecutar a 309 invasores nazis. El alto mando alemán da orden de eliminarla a cualquier precio y resulta herida en combate.

La francotiradora no sólo fue un icono reconocido en la URSS, sino en Estados Unidos, donde en septiembre 1942 fue recibida en la Casa Blanca por el presidente Franklin Roosevelt. Fue el primer ciudadano soviético que entró en el edificio presidencial.

Eleanor Roosevelt la invitó a realizar una gira para contar su experiencia a lo largo de Estados Unidos. ¡Ah! ¡Qué tiempos aquellos!

La batalla de Sebastopol:

Una placa conmemorativa dedicada a Stalin preside el paraninfo de la Universidad más importante de Rusia

La Universidad de Derecho Kutafin de Moscú, la más importante de Rusia, ha restaurado una placa conmemorativa dedicada a Stalin (1) que recuerda que en 1924 leyó allí, en el paraninfo, una declaración sobre las conclusiones del XIII Congreso del Partido bolchevique.

Desde 1949 la placa siempre había estado en aquella Universidad, aunque la trasladaron a un lugar más discreto, donde no provocara polémicas. Ahora preside todos los actos solemnes que se celebran. Ocupa un lugar de honor.

Merece la pena prestar atención a los pormenores del asunto desde el principio porque pone al descubierto toda la complejidad histórica de la Rusia actual y de la desaparecida URSS, que algunos quieren reducir a mera caricatura ridícula.

La Universidad quiso recuperar la placa de una manera vergonzante, sin que nadie se enterara, sin ceremonias oficiales y sin anunciarlo en el sitio web. Quien lo publica primero es un abogado británico y a partir de entonces se desata la caja de los truenos (2). Tomen nota: un tipo que vive en Nueva York inicia una campaña de recogida de firmas en change.org dirigida al rector para que retire la placa.

A medida que la bola de nieve baja por la pendiente, cuando al rector le piden explicaciones, saca a relucir un decreto de… 1960, nada menos, en plena desestalinización, que declaraba que el paraninfo era un monumento histórico o, como diríamos aquí, “patrimonio nacional” de obligada conservación (3).

Entonces los truenos se convirtieron en tormenta que, como procede de ciertos sectores poderosos de la sociedad, parece aún mayor. Una parte del equipo directivo de la Universidad dimite, algunos profesores se niegan a impartir clases y el Centro de Derecho Constitucional de la Escuela Superior de Economía, un feudo de los “neoliberales rusos” (digámoslo así, para entendernos), cesa cualquier clase de colaboración con la Universidad Kutafin mientras la placa siga ocupando ese lugar honorífico.

Uno de los aspectos más curiosos de este asunto es que los mequetrefes que presionan al rector mienten descaradamente (como no podía ser de otra forma tratándose de Stalin). Dicen que el dirigente bolchevique arrasó con el sistema jurídico, cuando fue justamente al revés: tras la Revolución de Octubre las facultades de derecho se integraron en las de ciencias sociales y no volvieron a adquirir autonomía hasta después de la Segunda Guerra Mundial (incluido el estudio del Derecho Romano).

El asunto adquiere verdadero interés cuando se traslada a las redes sociales, donde los que no son tan poderosos como los que presionan también tienen la posibilidad de expresarse. La polémica cambia de tono. Los internautas se burlan de quienes tratan de seguir la campaña de desestalinización iniciada en 1956 y, por pura reacción, sus simpatías por Stalin se multiplican: si determinados personajes —a los que los internautas rusos detestan— odian tanto a Stalin, es porque debía ser un gran tipo.

“Stalin el nuevo héroe de Rusia”, titulaba el año pasado el New York Times (4). No es algo reciente. El aprecio por el dirigente bolchevique siempre ha estado en la conciencia de los rusos, como de todos los pueblos de la antigua URSS, pero es especialmente significativa en Rusia porque Stalin no era ruso. Las sucesivas campañas difamatorias que se han vertido desde 1956 han tenido el efecto opuesto de acrecentar cada año la admiración por su figura.

El comunista georgiano acabará convirtiéndose en un mito, para unos tanto como para otros. Es una parte indigesta de la historia del siglo XX, detestada por una minoría insignificante (pero muy poderosa) y apreciada por las grandes masas que le recuerdan por lo que fue tanto como por la esperanza que para ellos representa. Como siempre, las masas tienen razón: en Stalin no sólo hay un problema con el pasado sino, sobre todo, con el futuro.

Ponga un/a eurocomunista en su plató (de tv)

B.

Seguimiento y despliegue del Mundial Gay en Madrid el que ha hecho La Sexta, canal «progre». Todas las causas guay tienen cabida en este canal (La Cuatro es más «dura» y más cañera, pensamos) con tal de no sacar a un comunista si no es para pintarlo de «dogmático» y «antediluviano». Esta vez han paseado -por enésima vez y previa cura fotogénica de adelgazamiento- a la carrillista y eurocomunista Cristina Almeida, la «Agustina de Aragón» (que nació en Barcelona, por cierto) de las causas perdidas y encontradas dentro de un orden, por supuesto. La causa gay la pintaban calva para esta esforzada de la ruta y luchadora indesmayable de aspecto bonachón y que va de graciosilla (todo vale en este tinglado de la antigua farsa).

Pero a lo que voy (antes de que me tilden de «homófobo», como si fuera un cura trabucaire y ultramontano). Dan noticias de pueblos cuyos alcaldes han retirado la bandera del «arco iris», símbolo gay, como muestra de la España «negra» y antimoderna que no bebe los tiempos modernos que corren y sin ver en Madrid el non plus ultra de la modernez «rrrrrevolucionaria», con muchas erres, como decía el liberal pequeñoburgués Manuel Azaña. Esta es la mía, aquí me luzco y me rejuvenezco enarbolando la bandera de la emancipación de la clase obrera, que para algo soy -fuí, pues ahora está en el PsoE- comunista, debió pensar esta abogada otrora laboralista.

Y si me ponen asotanados preconciliares con soflamas cavernícolas, pues miel sobre hojuelas, fácil me lo ponen. Y, en efecto, se despacha a gusto. Lo que no dice, y nunca dirá, o bien porque no le da el coco, o por mala conciencia, o, sencillamente, porque se espera de ella que diga algo que regale los oídos del espectáculotariado, es que fue precisamente «gracias» a la venta de unos principios ideológicos (abandonados hacía mucho, por otra parte) a la oligarquía fascista por un plato de lentejas (la legalización del PCE), esto es, olvidar la Ruptura democrática y abrazar la Reforma, que testimonios como esos, de los que fingen escandalizarse, que se dan esas manifestaciones troglodíticas y cavernarias, con y sin sotana. En otras palabras, gracias a su colaboración en embellecer el rostro podrido del fascismo.

«¿Cómo es posible que se puedan oír estas cosas en ‘democracia’?», se pregunta ante la cara embelesada de Ferreras. Pues gracias a usted, señora, entre otros vendidos y traidores al proletariado (aquí ahora toca decir que el proletariado no existe, que lo que hay son «clases medias», como decían los tecnócratas en el tardofranquismo, usaremos este término sociológico burgués).

Buenas tardes.

40 años de las primeras elecciones o pelillos a la mar

B.

Todos, sin excepción, salvo alguna, seguramente, tímidamente, periodistas, tertulistos, politiquillos y demás fauna, y para no tener que decir que la «Transición», así llamada, fue un timo con un montón de muertos en comisarías y en la calle, han tenido que echar mano, por aquello de pelillos a la mar, olvidemos las viejas heridas y brindemos, viva el ron, de la, decimos, «reconciliación nacional» que impusiera como línea política (?) Santiago Carrillo, Secretario General del Partido Comunista de España en 1956, no hay errata: 1956.

Olvidemos rencores, malas caras, muertos, torturados y asesinados y sacrifiquémonos en el ara del dios Moloch de la democracia que ya vemos lo que da de sí: pobreza, corrupción, muertos, represión y partidos y sindicatos como aparatos del Estado y sostenedores de una «democracia» hecha a su medida que niega hasta un referéndum en Catalunya.

Nada de Memoria Histórica ni cuentos góticos de terror: ¡¡ reconciliación nacional !! (hasta Ana Pastor lo ha dicho en su discurso, una fraguista —de Fraga Iribarne— que en su día denostaba a Carrillo porque tocaba así hacerlo, no por su alicorta visión de futuro y de la jugada, cosa que Fraga sí tenía) entre vencedores y vencidos, fachas y antifascistas, como pasó en un Desfile Militar juntando a un anciano republicano con un legionario con la cabra, todo en aras del advenimiento de la «democracia», la paz y la libertad de los españoles todos (y todas, no se me mosqueen, pero usamos pangenérico).

Nunca se ha visto tanto despropósito y tamaña vileza. Tener que echar mano de un slogan de quien se encargó de destruir, desbaratar y desarzonar el PCE: Carrillo y su reconciliación nacional y Pacto por la Libertad tragando la bandera fascista, la Monarquía, etc.

Los más avispados, o sea, los más desalmados y amorales, dicen que no hay democracia perfecta —por los pelos dejados en la gatera en forma de muertos y asesinados bajo, por ejemplo, un Martin Villa, ministro a la sazón, a quien colocan una medalla en las Cortes sin que se les mueva un músculo de la cara—, pero, oye, pelillos a la mar, mereció la pena, mira qué bien nos va.

Lo más perfecto son las dictaduras, dice el cínico profesional José María Calleja, sobre todo la «dictadura comunista» (ahora la venezolana, como si Maduro fuera un peligroso bolchevique, lo que ya me gustaría, ya) y ya lo dijo el maestro de todos estos payasos, paniaguados y estómagos agradecidos, el maestro Carrillo (a quien Pablo Iglesias entrevistara en su día cayéndosele la baba viendo al gurú mientras monta un paripé con claveles rojos). «¡Dictadura, ni la del proletariado!»

Lo dicho: pelillos a la mar y a vivir que son dos días, qué cojones, carpe diem, el resto, o sea, el pueblo, que se joda. O mejor, ¡a votar!, jajajajajaaaaaaaaa…

El rey condecora a un ministro franquista perseguido por crímenes contra la humanidad

El antiguo ministro franquista Rodolfo Martín Villa recibió el miércoles de manos del rey la condecoración otorgada a los miembros de las Cortes que aprobaron la Constitución de 1978, a pesar de su negro pasado como Ministro del Interior, responsable del asesinato de cinco obreros en Vitoria en 1976 (entre otraas hazañas).

El criminal estaba invitado al acto de homenaje organizado por el Congreso como miembro de las Cortes apañadas durante las “elecciones” del 15 de junio de 1977, que algún atrevido ha calificado como “constituyentes”.

El viejo ministro de la represión tiene una orden internacional de busca y captura para ser entregado a los tribunales argentinos, que están reclamando a España su extradición para juzgarle por crímenes de lesa humanidad, lo que el gobierno ha denegado.

En marzo el Ayuntamiento de Barcelona retiró, por una decisión de la
mayoría de su Pleno, la Medalla de Oro de la Ciudad a Martín Villa, una
distinción que se le había concedido apenas un mes después de los
sucesos de Vitoria.

Martín Villa hizo toda su carrera política en el franquismo. Fue ministro de Relaciones Sindicales (1975-1976) y de Interior (1976-1979), responsable de la represión ejercida durante la transición contra las luchas populares.

Durante los sucesos de Vitoria del 3 de marzo de 1976 ordenó la muerte de cinco obreros y ocasionó heridas a otros 150 durante una movilización sindical. Por este motivo la jueza argentina María Servini emitió en 2014 una orden de detención en su contra.

Además, los franquistas no sólo no se juzgan sino que se condecoran entre ellos y en 1977 el viejo ministro franquista le concedió la medalla al “mérito policial” al torturador Roberto Conesa y al sanguinario González Pacheco, alias Billy el Niño.

Los hombres que hicieron la transición eran todos como Martín Villa: fascistas y criminales que se impusieron gracias al terrorismo de Estado.

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