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La Ruta de la Seda: cuando ‘el corazón del mundo’ era un cruce de caminos

Ruta de la Seda es el nombre que en 1877 dio el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen a una red de corredores de 7.000 kilómetros que unían Xian, en China, con Antioquía, un puerto turco del Mediterráneo oriental. El Camino de Santiago era el último apéndice de un recorrido que, por la otra vertiente, llegaba hasta Filipinas.

La seda era la mercancía más valiosa que circulaba por dichos corredores y durante mucho tiempo los chinos la utilizaban como moneda de cambio. Hoy se llamaría la Ruta del Oro. Los chinos eran los únicos que conocían el secreto de su fabricación, que era monopolio del Imperio. Pero la gama de productos era muy variada: jade, ámbar, almizcle, piedras preciosas, coral, lino, lana, porcelana, armas, mármol, especias…

En las caravanas las mercancías se portaban a lomos de caballos, camellos, dromedarios o en carros tirados por yaks, cada uno de los cuales soportaba cargas de hasta 140 kilos, formaban largas hileras con miles de carros, personas y animales.

Los griegos y romanos hablaban del “País de Seres”, un antiguo pueblo de Asia central (los “sedosos”) que fabricaba seda. Plinio el Viejo los describe como personas altas, rubias y de ojos azules en lo que hoy son regiones de China, como el Turkestán oriental, habitado por uigures, donde se han descubierto enterramientos de noreuropeos con muchos miles de años de antigüedad.

Algunos arqueólogos remontan su origen al paleolítico. Las primeras crónicas chinas hablan de ella desde el siglo II antes de nuestra era, durante la dinastía Han. En occidente la conocemos gracias al relato de Marco Polo, un comerciante italiano, que en el siglo XIII la recorrió durante 25 años. Eso fue posible por su socio, Kublai Khan, hijo de Gengis Khan, es decir, gracias al Imperio Mongol, edificado sobre los distintos eslabones de la Ruta, que llegó a ser el imperio continental más grande de la historia. Durante algún tiempo dio unidad política a aquel sistema arterial, desde Corea hasta el Danubio, en plena Europa.

Los corredores decayeron en el siglo XIV tras la caída del Imperio Mongol y en el siglo siguiente con la colonización de América, que a su vez fue consecuencia de la dominación turca sobre el Mediterráneo oriental, que cerró las vías a los mercaderes occidentales. El auge de la técnica de navegación marítima y la época de las grandes expediciones, reduce la importancia de la Ruta de la Seda.

Hace un par de años el profesor de historia de la Universidad de Oxford, Peter Frankopan, publicó un libro sobre las Rutas de la Seda, en plural (1), que fue duramente criticado por el diario The Guardian (2). En su obra el historiador la define como el “corazón del mundo” para remarcar la subjetividad de los relatos occidentales, donde es normal que nos cueste entender las religiones, las migraciones, las Cruzadas, el comercio internacional o el dinero.

Algunos expertos en “geoestrategia” consideran a esta región del mundo, Eurasia, como el factor clave de la diplomacia rusa. Para ellos el Kremlin debería mirar a oriente más que a occidente. En definitiva, una buena parte de la región formó parte de la URSS hasta hace bien poco. Pero actualmente está bajo la influencia económica de China como en otras épocas del pasado. Hoy la seda es gas y petróleo.

Entre los siglos VII y X, cuando imperaba la dinastía Tang, Xian era una urbe gigantesca de unos dos millones de habitantes, diez veces más que Constantinopla o Córdoba. En comparación con otras, era mucho mayor que Nueva York hoy.

En los oasis el recorrido estaba jalonado de ciudades que, al mismo tiempo eran fortalezas militares. En su entrada había gigantescas “áreas de servicio” con restaurantes, moteles de carretera, mercadillos, bazares, baños… Se edificaban en torno a corralas o patios cerrados con cuadras en los bajos para alimentar, dar descanso y cambiar o relevar (“relay”) a los animales de tiro. Cuando estaban dentro de las ciudades se llamaban “khan” (casa en persa) y en turco “han”. En otro caso, si estaban en plena ruta, se llamaban “caravanserai” en persa, un término derivado de las palabras “karvan” (caravana) y “saray” (palacio). En castellano existió hasta hace muy poco la palabra “venta” que tuvo ese sentido múltiple de comercio, restaurante y hospedería.

También cumplían el papel de las aduanas, donde los sogdianos cobraban un peaje a los mercaderes, un tributo que les permitió levantar las imponentes ciudades de Samarcanda y Boujara. Los sogdianos eran un pueblo indoeuropeo, iraní, de origen escita, asentado en la fronteras de los actuales Uzbekistán y Tayikistán. Compraban, vendían, traducían y cambiaban monedas. Fueron ellos los que difundieron el conocimiento, la técnica y religiones como el nestorianismo, el maniqueísmo, el budismo, el judaísmo, el cristianismo y el islam. Lo mismo que el Camino de Santiago, la Ruta de la Seda era un lugar de peregrinaje para los budistas.

La Ruta de la Seda nunca tuvo un carácter exclusivamente comercial. Por ejemplo, siempre fue una universidad (“universitas”). Las enormes caravanas de mercadores iban fuertemente protegidas por ejércitos privados y los sabios de todas las épocas aprovechaban para acompañar en las expediciones. Unos comerciaban y otros aprendían, de donde viene la leyenda bíblica de los Reyes Magos de Oriente que seguían las estrellas (la Vía Láctea).

Pero el conocimiento no sólo circulaba por la Ruta como la sangre por las venas. Lo que la leyenda quiere decir es que -esencialmente- el conocimiento es un recorrido o, como decía Aristóteles, un camino. Por eso cuando se habla de un pensador, se hace referencia a su “trayectoria”. En términos antropológicos, es una romería, un remedo de las antiguas peregrinaciones. Los toxicómanos dirían que es un “viaje”.

La leyenda quiere decir también que el origen del conocimiento está en oriente y que los occidentales se apoderaron de él. Pero nuestra soberbia nos impide reconocerlo así. Grecia no es la cuna de eso que llaman “civilización occidental”, ni de la filosofía, ni de la ciencia, ni del arte modernos. Hasta el Renacimiento, que retorna al clasicismo grecorromano, es consecuencia del auge comercial de las ciudades del norte de Italia en los últimos eslabones de la Ruta de la Seda.

El sabio crea a partir de lo que toma de otros. A lo largo de la historia la humanidad progresó aceleradamente gracias a que hasta hace bien poco tiempo no existía “copyright”, patentes ni derechos de propiedad intelectual o industrial. Los artistas y los pensadores siempre han robado mucho más que los bandidos. Desde finales del siglo XIX los exploradores que se adentraron en la región, además de apoderarse de los conocimientos ancestrales, se llevaron también las esculturas, las joyas y las obras de arte que ahora contemplamos extasiados en los museos de Londres, o de París, o de Berlín, o de San Petersburgo.

En 1895 el sueco Sven Hedin fue el primer explorador de las ruinas del desierto de Taklamakan, de donde se llevó todo lo que pudo cargar en su caravana. Entonces Europa creía que no quedaba nada de aquello, más que recuerdos transmitidos por vía oral. Los descubrimientos convirtieron a Hedin en un personaje de leyenda, uno de los aventureros europeos más conocidos de Europa, hasta que su apoyo al III Reich le arruinó la fama que tenía.

El británico Aurel Stein organizó cuatro expediciones entre 1900 y 1930. Fue de vacío y volvió cargado con 7.000 manuscritos y las telas que decoraban los templos y que hoy el turista puede contemplar en la British Library de Londres.

El francés Paul Pelliot exploró el Turkestán en 1908. En Kucha descubrió un gran número de textos búdicos, algunos de ellos en lenguas que entonces eran desconocidas. También compró numerosos manuscritos descubiertos en las grutas de Mogao.

El Museo Etnológico de Berlín se inauguró con los saqueos del explorador alemán Albert von Le Coq, que viajó por el Turkestán chino. Se llevó frescos y paneles enteros de las grutas de Kizil. Vació por completo todos los templos que se encontró en su camino.

Ahora la Unesco ha declarado tramos enteros de la Ruta de la Seda como “patrimonio de la humanidad” que es tanto como decir que los dueños somos todos los seres humanos. Pero no ha hecho lo mismo con el Louvre, el Museo Británico o el Etnológico de Berlín, cuyos dueños son otros: los ladrones.

Parafraseando a Proudhon hay que admitir que la cultura es un robo. Me refiero a “nuestra” cultura, que no es nuestra, no es de nadie, no puede someterse al imperio de la propiedad privada y el “copyright”.

(1) The Silk Roads: A New History of the World, Bloomsbury, 2015.
(2) https://www.theguardian.com/books/2015/sep/29/silk-roads-peter-frankopan-review

Caravanserai de Qalat El-Mudiq, en Siria

Caravanserai de Qalat El-Mudiq, en Siria

De la guerrilla antifranquista a la comedia con Cantinflas

A pesar que por años interpretó a una mujer poco agraciada, mañosa, enojona y que le valió una gran fama mundial, Angelines Fernández, la actriz tras la Bruja del 71, era una persona realmente hermosa y mucho más valiente de lo que cualquiera hubiese podido pensar.

Pero no sólo su belleza llamaba la atención, sino que también su peculiar pasado que comenzó en las calles de Madrid en España, donde nació en 1922. Allí vivió con sus padres hasta que en 1937, cuando apenas tenía 15 años, Francisco Franco llegó al poder en su país.

La lucha interna en España marcó un antes y un después para la adolescente quien decidió unirse a las fuerzas opositoras al régimen franquista. De esta forma, y por casi 10 años, Angelines se hizo parte de las guerrillas que combatían al dictador hasta que fue descubierta por los militares y tuvo que desaparecer de su patria.

“Al trabajar en las guerrillas de España, mi mamá fue catalogada como antifranquista, entonces ella necesitaba salir de su paí­s natal, considerando que su vida era difí­cil”, contó Paloma Fernández, hija de Angelines, en una entrevista con la revista TV Notas en 1999.

Gracias a la ayuda de un amigo, “La Bruja” decidió partir a México donde encontró su segundo hogar. “Llegó a México en 1947, pero nunca fue refugiada. Después vivió en la Habana, arregló sus papeles y regresó para trabajar en las pelí­culas de Mario Moreno Cantinflas y Arturo de Córdova”, agregó Paloma.

Pero sus primeros años en el país no fueron fáciles, ya que no lograba encontrar trabajo hasta que su compatriota Ángel Garasa le tendió una mano y la invitó a trabajar como actriz radiofónica de una importante emisora del país azteca.

Poco a poco comenzó a crear contactos que la llevaron a trabajar en la Época de Oro del Cine Mexicano, compartiendo con grandes estrellas de la talla de Pedro Infante o Cantinflas, tal como mencionó su hija.

Fernández nunca perdió su encanto y siempre se hizo respetar, mostrándose como una mujer fuerte y segura de sí misma, lo que le permitió hacerse de un lugar dentro del espectáculo mexicano como una importante actriz dramática. “Era de carácter fuerte. Para ella no habí­a medias tintas; era blanco o negro; no podí­a ser gris. Era una mujer que tenía altos valores y a veces la gente no se los tomaba muy bien; entonces decí­an que tenia un genio de la fregada”, reveló su hija.

Cuatro años después de debutar en el cine fue llamada para trabajar en la televisión y ser parte de la versión original de la teleserie Teresa (1959). A partir de ese momento, nunca más se alejó de la pantalla chica.

Luego de esto, su carrera tuvo un cambio radical cuando Ramón Valdés convenció a Roberto Gómez Bolaño de invitarla a participar en un nuevo programa infantil que estaba preparando: “El Chavo del 8”.

“Recuerdo que en una ocasión, mi madre se encontró a Ramón Valdés. Ella le dijo que le preguntara a Chespirito si no tenia algo para ella, y Ramón le empezó a hablar muy bien de ella. Luego se crearon los personajes de la vecindad y Chespirito le fue dando forma a ‘La Bruja del 71’ ya que al personaje de don Ramón le faltaba la contraparte; pues doña Florinda se lo cacheteaba, y le caí­a mal. Pero doña Cleotilde lo amaba y le hacia sus pasteles”, agregó Paloma.

Valdés y Fernández se conocieron mientras ambos trabajaban en la época dorada del cine mexicano, allí entablaron una sincera amistad que continuó en los sets de El Chavo.

De la mano de Don Ramón nació La Bruja del 71, un personaje del que jamás se cansó y al que respetó hasta su último día. “Los niños en la vida real siempre la imaginaron como una bruja de verdad, y cuando salí­amos al supermercado o a pasear al perrito, los chiquitines gritaban: ‘Ahí­ viene la Bruja’; y mi madre se empezaba a mortificar. Me comentaba que se sentí­a triste porque nadie se le querí­a acercar; ¡Le tení­an miedo! Me daba risa cuando en la vida real se enojaba con los niños igual que con el Chavo” y “la Chilindrina”. Después se acostumbró y no le molestaba que le dijeran “Bruja”.

Angelines mantuvo su personaje durante 23 años, periodo en el que fue parte de otras producciones de Chespirito. “Ella siempre le tuvo muchísimo respeto a don Roberto Gómez Bolaños, a quien nunca defraudó e incluso se poní­a tensa para no quedarle mal a él. Y así­ era feliz. Al principio le costaba hacer reí­r a los demás, porque era actriz dramática que nada tenía que ver con la comedia, pero lo superó”, dijo.

En 1991, cuando su salud comenzó a jugarle malas pasadas, decidió no sólo dejar el programa sino que también dejar la actuación por un tiempo. Más tarde, un cáncer al pulmón impidió sus planes de volver y al poco tiempo le arrebató la vida el 25 de marzo de 1994 a los 71 años.

“Ella fumaba como chacuaco y sufrí­a de hipertensión arterial. No se cuidaba y anteponí­a el trabajo a la salud. Cuando murió, la gente nos apoyó. Me refiero a Edgar Vivar, Horacio Gómez, Maria Antonieta de las Nieves, Alicia Montoya y Alicia Guzmán”.

La actriz hoy es recordada con cariño y no sólo en México, sino que en todos los países en los que El Chavo del 8 fue emitido. “Una vez nos pasó algo muy curioso. Mi madre está enterrada en Mausoleos del Ángel, y llegando al lugar nos encontramos que le estaban poniendo flores. Me dijeron que la querí­an mucho. De repente hay personas que van y le ponen arreglos, y lo siento muy bonito”, reconoció Paloma, quien agradece a diario el recuerdo cariñoso de miles de fanáticos de su madre.

http://www.biobiochile.cl/noticias/espectaculos-y-tv/notas-espectaculos-tv/2017/07/22/el-desconocido-pasado-de-la-bruja-del-71-de-guerrillera-a-comediante.shtml

Crimenes del franquismo: el asesinato de las 9 aceituneras sevillanas

María Arriaza, sindicalista aceitunera
Iban nueve mujeres. Todas ellas de profesión humilde, aceituneras, afiliadas al sindicato de la UGT y detenidas por falangistas en la mañana del 10 agosto de 1936. Las mandaron en pocas horas al Puerto de Sevilla, dirección al buque prisión Cabo Carvoeiro. La fecha sería muy recordada en la ciudad. Cada día se mataba a sangre fría y en aplicación del bando de guerra a gran parte de la élite izquierdista. Precisamente, ese diez de agosto fue el día que aniquilaron a un importante grupo de la corporación municipal republicana. Blas Infante, padre de la patria andaluza, era una de aquellas víctimas.

Las jornaleras asesinadas eran María, Rosario, Leonisa, Josefa, Francisca, Gabina, Victoria, Josefa y Guadalupe. Eran mujeres del mundo agrícola de entre 19 y 43 años de edad. Todas vivían en el municipio de San Juan de Aznalfarache y fueron fusiladas en la saca del 24 de octubre de 1936. A Josefa la violaron antes de su muerte. Eso cuenta la bisnieta de su hermana Caridad, Esmeralda. También le cortaron los pechos. De María Díaz Arriaza se ha logrado rescatar parte de su biografía. El asesinato de sus hermanos menores. De Guadalupe solo se conoce el testimonio de su hijo huérfano a los 10 años, Manuel Anillo.

La Corporación de San Juan decidió el pasado 24 de octubre inaugurar un paseo en el pueblo donde darles homenaje público a estas mujeres aceituneras aunque “eso le costará quitarle la calle al cardenal Segura” afirma Raúl. La dura incomprensión de algunos vecinos hizo que escasos días después de su inauguración el paseo amaneciera con los azulejos y nombres arrancados. “¿Cómo se puede cometer esta barbarie?”, aclara Raúl. A la espera de su reposición, el grupo memorialista de San Juan espera el apoyo del municipio para que esta historia sea parte de la memoria pública de San Juan.

El temido capitán Manuel Díaz Criado, mano derecha de Queipo de Llano sería el firmante de la saca de las nueve aceituneras la mañana del 24 de octubre. Sánchez señala cómo aquella mañana “ordena que le entreguen a cuarenta y seis personas presas en el barco prisión Carvoeiro, proporcionado a los golpistas por la compañía naviera Ibarra”. Tres de aquellos hombres y tres mujeres no llegaron a perder la vida. No ocurrió lo mismo con las cuarenta personas restantes que son vilmente asesinados. Veintiún hombres y trece mujeres, una de El Garrobo, Sevilla, y las doce restantes vecinas de San Juan de Aznalfarache, entre las que se encuentran a las nueve aceituneras.

El perfil de estas nueve mujeres es bastante común en la Andalucía rural de los años 30 con fuertes cambios sociales en pleno auge de la II República. “Eran trabajadoras humildes y pobres, algunas vivían en el Barrio del Manchón, un barrio de chabolas en zona inundable, sin agua corriente ni alcantarillado. La última inundación del Guadalquivir de enero de 1936, hizo estragos en San Juan Bajo y especialmente en el Barrio del Manchón, uno de los más humildes de San Juan, barrio que visitaron muchas veces los falangistas para llevarse y asesinar a sus vecinos y vecinas”.

El arresto por parte de un grupo de falangistas en la mañana del diez de agosto de 1936 acabó para siempre con la vida de estas mujeres. Setenta y seis días después de su reclusión en la prisión flotante del barco Carvoeiro pasaron a la peor “muerte” posible por el mero hecho de ser militantes del sindicato de la UGT en su pueblo.

Pero ¿dónde se encuentran los restos? El historiador José Díaz Arriaza, profundo investigador de las fosas de Sevilla declara en su libro “Ni localizados, ni olvidados”, cómo sus cuerpos deben encontrarse en la fosa común del Monumento, una de las siete fosas comunes del cementerio de San Fernando de Sevilla donde podrían albergarse hasta 4.500 personas asesinadas por el régimen franquista. “Es la segunda fosa que se abre tras colmatar la primera gran fosa en el verano del 36 conocida como Pico Reja. Las nueve aceituneras estarían dentro de este cómputo de víctimas que se ubica en las desconocidas fosas de San Fernando”.

Josefa Romero, sindicalista aceitunera
La familia de María Arriaza Calero es una de las pocas que conoce parte de su biografía. Sánchez recuerda cómo sus hermanos fueron duramente reprimidos por los franquistas de San Juan. “Los que los señalaron no eran de fuera, eran fascistas rabiosos del pueblo”, aclara Raúl. Los militares señalaron con nombre y apellidos a María Arriaza Calero con 21 años, y a dos de sus hermanos, a Diego con 18 años lo asesinaron el 4 de enero de 1937, y a José con 25 años el 26 de octubre de 1936. El otro de los hermanos también murió asesinado. María Díaz, sobrina de esta aceitunera narra como a “sus padres les faltó poco para volverse locos”.

El caso de Guadalupe Sánchez resulta verdaderamente triste. Su nieta Guadalupe Anillo narra a Público la infancia de su padre Manuel. Con tan solo diez años quedó traumatizado con la trágica noticia de la muerte de sus padres. Guadalupe Sánchez López tenía solo 32 años y Antonio Anillo Marín, 35. “Mi padre iba a llevarles comida cada mañana al buque cárcel del Puerto y aquella mañana le dijeron a un niño de diez años que a sus padres se los habían llevado para fusilarlos al cementerio”. Guadalupe no contiene la tristeza al pensar la rabia con la que vivió su padre Manuel. “Cuando era pequeña y volvimos a Morón de la Frontera para que mi padre trabajara como chófer en la base estadounidense, uno de los americanos supo de su pasado familiar y nos tuvimos que ir corriendo. Lo hemos pasado realmente mal”. Guadalupe conoce poco de su abuela. “Era aceitunera y tenía las ideas muy claras pero mi padre no quería que supiéramos todo este drama”, añade.

A pesar de los pocos testimonios orales recopilados de las aceituneras, uno de los últimos resulta tremendamente sobrecogedor. Lo cuenta Esmeralda Delgado, bisnieta de Caridad, hermana de Josefa Romero Barberán, una de las aceituneras. Lo que ha oído repetidamente en su casa desde pequeña: “Yo se que dicen que la violaron y le cortaron los pechos antes de fusilarla, siempre llevaba un pañuelo rojo al cuello y le llamaban la rojilla”.

Raúl Sánchez nunca se quedaría ajeno a la triste historia de las aceituneras. Y es que tal y como afirma, “la incitación a la humillación y violación de las mujeres partía de los rebuznos de Queipo de Llano desde los micrófonos de Radio Sevilla, dándoles carta blanca a los bandidos que estaban a sus órdenes”. Las prácticas sexuales a mujeres se mantuvieron de forma habitual al inicio de la guerra en Andalucía con 11.200 asesinatos en la provincia.

El pasado 24 de octubre, en San Juan de Aznalfarache quedaría inaugurada el “Paseo de las Nueve Aceituneras”. La misma avenida llevaba incorporada un monolito con los nombres de los vecinos y vecinas que fueron asesinados el 24 de octubre de 1936. En pocas horas, las inscripciones de las nueve aceituneras y el resto de los fusilados fueron destruidos.

Mientras tanto, el trabajo de Raúl Sánchez y la asociación memorialista de San Juan va sumando frutos. En su mismo pueblo vivió el conocido cónsul alemán Otto Engelhardt y su legado, la vieja casa en la que vivió hasta su muerte se encuentra en uno de los cerros de San Juan. “Buscamos perpetuar la historia y hacer memoria, de nuestros vecinos, del cónsul alemán y de todas las víctimas que tuvo San Juan de aquel régimen sanguinario”, concluye.

http://www.publico.es/politica/nueve-aceituneras-asesinadas-sevilla-queipo-llano.html

Guadalupe Sánchez López y Antonio Anillo Marín

Una transición fraguada por las detenciones, las torturas y la cárcel

Dejarlo apartado en un rincón de la memoria ha servido a Rosa María García de artimaña contra los vaivenes del pasado. Recuerda con absoluta claridad lo que ocurrió la noche del 24 de agosto de 1975, cuando, con 19 años y un futuro como médica por delante, le empezó a cambiar la vida. “Creo que es lo que solemos hacer todos, dejarlo aparcado. Contarlo es duro, pero también es como un peso que te quitas de encima y alguien tiene que hacerlo. Supongo que pasará el tiempo y volverá al lugar de la memoria en el que tiene que estar”, cuenta su voz serena al otro lado del teléfono.

Rosa María García es una de las tantas víctimas del franquismo que todavía esperan justicia. Fue detenida y torturada por militar en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y pasó una semana en la Dirección General de Seguridad (DGS), el principal centro de detención de la policía franquista situado en la Puerta del Sol de Madrid. Nada más entrar a las dependencias de la DGS, Rosa María se dio de bruces con uno de los torturadores más conocidos, Antonio González Pacheco, apodado Billy el Niño.

Su historia forma parte de la campaña puesta en marcha por Amnistía Internacional #EstaNavidadToca, con la que la organización pide al Estado español que investigue y reconozca “las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y el franquismo”. Rosa María no solo fue objeto de palizas, también tiene clavados en la memoria los insultos y las amenazas machistas que recibió durante los siete días de detención y que demuestran la doble represión de Franco sobre las mujeres: ideológica y de género.

“Los insultos sexistas, como guarra y otros de ese estilo, eran constantes. La amenaza común entre golpe y golpe era que me iban a violar y a matar, que me iban a llevar a la Casa de Campo y nadie iba a saber dónde estaba… Ese día llevaba un vestido y, cuando me tiraban al suelo, gritaban burlándose ‘mira qué guarra, que se le ven las bragas’”, relata.

“Era muy común entre las mujeres. Todas las que nos juntamos después en la cárcel de Yeserías lo hablábamos y a todas nos había pasado. A mi me invalidaron más estas cosas que los golpes porque los insultos me afectaron de una forma especial. Sentías la humillación, la humillación como mujer”, prosigue.

Para buscar justicia sobre la represión específica de las mujeres durante la dictadura la organización Women’s Link ha pedido a la jueza Servini que amplíe la querella argentina, la única causa que investiga los crímenes franquistas en el mundo, para que incluya estos delitos. “Se persiguió y castigó a las mujeres que se hubieran atrevido a salir del ámbito doméstico y especialmente a las que participaron en actividades políticas contrarias al régimen. Al no encajar en los valores e imagen de la mujer construida por el franquismo no había problema en detenerlas, encarcelarlas y violarlas”, explica Teresa Fernández, abogada de la organización.

Eran aproximadamente las once de la noche y Rosa María volvía de estar con el que después se convertiría en su marido. En medio de la calle, varios agentes de la policía franquista vestidos de paisano le pidieron la identificación y la detuvieron. Poco después supo que casi al mismo tiempo detenían también a su novio y a otros tantos militantes del Frente. “A nuestros compañeros también les amenazaban con que nos iban a violar a nosotras”, relata.

Recuerda que Billy el Niño la recibió con golpes e insultos y que en aquella época era muy conocido “por su sadismo” porque “disfrutaba torturando y eso te lo puede decir cualquiera que haya pasado por sus manos”. Rosa María estuvo una semana en la DGS, un tiempo en el que la pasearon por Madrid en busca de lo que ellos llamaban pisos francos: “Nada más llegar me hicieron poner de rodillas y empezaron a darme golpes en las plantas de los pies con la porra. Luego me pasaban a otro y me pegaba, era muy caótico, pasando de agente en agente. Me amenazaban con matarme… y yo pensaba que casi lo de morir era un alivio”.

Tras su estancia en el centro de detención la encarcelaron en la prisión madrileña de mujeres de Yeserías, donde después de estar cuatro días incomunicada en los calabozos, la pasaron a las celdas. “Allí era diferente, había una cama, un vaso de agua.. Además eramos muchas y nos apoyábamos unas otras. Los días que había comunicación nuestras madres –¡Qué hubiera sido de nosotras sin las madres!, exclama– nos traían comida y la compartíamos”, esgrime.

Rosa María estuvo encerrada en el módulo de presas políticas, mujeres que para el régimen eran traidoras de su género. Una visión sostenida en las “investigaciones científicas” del psiquiatra y militar Antonio Vallejo-Nájera, que dirigió los Servicios Psiquiátricos del bando nacional y que ha pasado a la historia por sus “estudios” misóginos sobre la mujer republicana. Dijo cosas como que “el psiquismo femenino tiene muchos puntos con el infantil y el animal” y fue un no de los impulsores de la segregación entre hijos y madres “rojas”.

Tres meses después Rosa María salió de la cárcel tras morir Franco y pagar sus padres una fianza de 30.000 pesetas que consiguieron gracias a la ayuda de familiares, amigos y vecinos. Pero tanto ella como su marido seguían teniendo juicio pendiente por asociación ilícita y propaganda ilegal. Por eso, se fueron a vivir a Valencia, donde estuvieron dos años antes de regresar a Madrid de nuevo. “Tuve que irme de casa de mis padres porque no podía dormir por miedo a que volvieran”, explica.

Más de 40 años después ha decidido denunciar y ser rostro público de la campaña de Amnistía Internacional, que ha enviado al Congreso diez recomendaciones en aplicación de las indicaciones que varios organismos internacionales, como la ONU, han dado a España para lograr los derechos de verdad, justicia y reparación en relación con el franquismo y la Guerra Civil. Pero además, Rosa María está preparando una denuncia conjunta con otras víctimas contra “Billy el Niño”.

Su objetivo es “que se abra camino” y se reconozca a las personas que se vieron obligadas a enfrentarse a la represión. Habla de su origen, de su familia de republicanos y “rojos”“como nos llamaban en aquella época”–, de su barrio, Vallecas, y del miedo y la represión, pero también de la ilusión por el cambio. Recuerda a Concepción Tristán y María Jesús Dasca Penelas, dos mujeres con las que compartió cárcel y que fueron condenadas a muerte, aunque finalmente no fueron ejecutadas.

Ellas formaron parte del juicio en el que fueron condenados los últimos fusilados del franquismo, tres de ellos militantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Rosa María asistió al homenaje por el 40 aniversario de las ejecuciones y se enteró de que las dos mujeres estaban ya fallecidas. “Me impresionó saber que las había conocido. Eran de mi edad, habían sufrido muchas torturas y pensé que ellas ya no podían hacer nada, así que casi por ellas decidí denunciar”, cuenta.

Sobre si cree que ganarán con la denuncia, responde con un rotundo “no”. Pero añade que eso no le echa para atrás: “A veces luchar no consiste en saber qué vas a conseguir. A veces consiste simplemente en plantar cara, aunque no vayas a ganar. En poner un granito de arena, en dar un pequeño paso. Aunque no vayas a conseguir nada, te queda la dignidad de no haberte agachado”.

http://www.eldiario.es/sociedad/Torturada-franquismo-amenaza-golpes-violar_0_706229877.html

Catalunya: una crisis del Estado y del estado de las autonomías

Catalunya, aparta de mí este cáliz (2)

La crisis de Catalunya es la crisis del Estado centralista remozado en 1978, la del Estado de las Autonomías, que fue la reforma más importante realizada durante la transición del viejo Estado que los fascistas habían levantado en 1938 sobre miles de cadáveres, presos y exiliados.

Hace tiempo que dicho Estado ha entrado en una crisis irreversible, que no puede contar ya con los apoyos que tuvo en 1978, entre ellos los de “la izquierda” domesticada, que se prestó a colaborar en el cambio de fachada para echarle un capote a los fascistas.

La crisis es total por varias razones que es necesario poner de manifiesto. No es sólo una crisis económica, ni sectorial, ni del bipartidismo, ni de gobierno. Es todo eso y mucho más. Es una crisis del cambio y del recambio que no deja alternativa ni margen de maniobra a la clase dominante. Ya pueden convocar elecciones todos los meses que no van a encontrar ninguna solución, ni en las papeletas ni en las urnas.

En su caída, los fascistas no tienen asidero alguno al que aferrarse. La crisis es internacional, empezando por la Unión Europea. Los medios de intoxicación, que en 1978 también echaron un capote, ahora ya no pueden hacerlo porque, a su vez, también están en crisis. La crisis alcanza a los reformistas, incapaces de embaucar ni siquiera a sus votantes. La crisis es constitucional, de las viejas y nuevas instituciones públicas, empezado por la monarquía y acabando por los ayuntamientos…

En cualquier lugar que uno mire, lo que aparece es un estado de ruina inminente, una situación ya conocida en 1978 que entonces pudieron superar porque -entre otras- contaban con dos buenas cartas para jugar, la de los reformistas y la de los “nacionalistas”. Normalmente se habla mucho de los primeros, de su “traición”, pero nada de los segundos, de sujetos como Josep Tarradellas, Jordi Pujol y otros (catalanes, gallegos y vascos) de la misma catadura que entonces se embarcaron a sostener el Estado fascista en crisis.

Ahora ya nadie habla de ellos, de los “nacionalistas”, como solución sino como problema, e incluso más: como causa del problema. Entonces los centralistas tuvieron que hacer concesiones, muy importantes para ellos y su querida “unidad de la patria”. Es importante recordar un dato capital del que nadie se acuerda: de los viejos partidos institucionales que han sometido a España desde la transición, sólo el PP se negó a votar a favor de la Constitución, mientras que ahora la tienen cada día en la punta de la lengua y se envuelven con ella tanto como con su asquerosa bandera.

A ese dato interesante hay que añadirle su complemento, que es aún más revelador: el PP (entonces AP) se negó a votar a favor de la Constitución porque estaba en contra del Estado de las Autonomías. Por el contrario, ahora el PP se ha convertido en el mayor defensor del sistema autonómico, por no decir el único, justo cuando los demás quieren reformarlo o, simplemente, ya no lo quieren.

Uno de los mayores ineptos que ha pasado por el gobierno, el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, expresó un punto de vista muy extendido en Madrid: España es uno de los países que más concesiones otorga a las autonomías, más que Alemania, por ejemplo, que es un Estado federal. ¿Qué más quieren esos catalanes? Son voraces, su apetito es insaciable…

No les faltan razones a quienes quieren congelar el reloj en la radiografía de la Constitución y de la correlación de fuerzas que entonces prevalecía y que ahora ha cambiado. Son como el padre amoroso que autoriza a sus hijos adolescentes que salgan de noche, siempre que lleguen antes de las 10 y luego -cuando no queda otro remedio- les amplía el horario a las 11, las 12… ¡Qué más quieren estos jóvenes! El problema inevitable es que, con el transcurso del tiempo, los adolescentes se hacen mayores de edad y, en efecto, lo quieren todo, quieren sacudirse de encima la tutela vigilante de papá.

Ni en 1978 ni después, los fascistas han considerado que las nacionalidades (Catalunya, Galiza, Euskadi) tengan derechos que les corresponden como tales. Por eso metieron en el Estado de las Autonomías el “café para todos”, donde Murcia es otra región igual a Catalunya. Los fascistas no reconocen derechos a nadie; hacen concesiones, que no es lo mismo, y lo hacen, además, forzados por las circunstancias políticas, por la crisis y por el empuje de las movilizaciones. Con ellos las cosas no funcionan de otra manera.

Si en 1978 cedieron a regañadientes, ahora no lo van a hacer. Los “nacionalistas” ya no son una tabla de salvación como entonces. Lo poco más que les podrían dar, éstos ya no lo quieren. Como pronosticó Lenin, bajo el imperialismo se agudiza “el yugo nacional”. Las contradicciones nacionales no se pueden solventar ni con represión, ni con migajas, ni metiendo la cabeza debajo del ala. Para ello es necesario cambiar de Estado y reconocer que las naciones tiene derecho a decidir su futuro por sí mismas.

La masacre de la Plaza de Toros de Badajoz por el coronel falangista Yagüe

Yagüe: “Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” (New York Herald Tribune)

Los nostálgicos del franquismo, especialmente los que trabajan para la caverna mediática formada por ciertos periódicos de derechas y determinados TDT ultras, repiten de manera recurrente que Paracuellos fue la peor y más grande de las matanzas de la Guerra Civil. Exageran cifras, mienten y ocultan datos como que fueron 2.500 personas, incluyendo militares franquistas sublevados, falangistas y gente de derechas enemigas de la República y abultan los casos de religiosos como si los religiosos no pudieran ser fascistas, empuñar un arma y matar.

Un “famoso” decía que a él le habían matado no sé cuántos familiares en Paracuellos, y que si él había podido olvidarlo, los demás, también. Lo dijo con un tono que me desagradó, como mandando que se callen ya los de la Memoria Histórica y se conformen con tener a sus familiares en las cunetas; y me molestó porque yo los tengo y no me resigno porque no me da la gana, señorito. Omitió que sus familiares eran aristócratas, señoritos -supongo que andaluces por el acento- que probablemente si estaban encarcelados era por tener algún tipo de relación franquista. El puede olvidar porque sabe dónde están sus familiares, enterrados como los suyos quisieron y además el franquismo y la Iglesia les rindió homenaje durante años. No piensa en las cunetas donde fueron a parar los republicanos defesores de la libertad.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica estima entre 5.000 y 9.000 las víctimas del genocidio de Badajoz, aunque no hay unanimidad en cuanto a las cifras como suele suceder en estos casos.

Un hecho relevante por su inhumanidad fue “La columna de la muerte” de Yagüe entre Sevilla y Badajoz, de donde le viene el deshonroso apodo de “carnicero de Badajoz”. Las matanzas sanguinarias recorrieron esta zona de Andalucía y Extremadura. Se mató a la población de tal guisa que hay quien compara estos hechos como un ensayo para las exterminios nazis antes y durante la II Guerra Mundial.

Basado en un exhaustivo trabajo de campo, “La columna de la muerte” parte de la fase inicial de la Guerra Civil Española y concluye con la toma de Badajoz y la brutal represión llevada a cabo en la ciudad y poblaciones aledañas. Espinosa lleva a cabo un minucioso estudio pueblo a pueblo de los sucesos allí desarrollados, intentando demostrar que la represión “no fue una consecuencia de la guerra, sino una de sus razones explicativas fundamentales”. Según él: “la violencia formaba parte del proyecto inicial de los insurgentes, dispuestos a exterminar a todos aquellos elementos de la sociedad española –políticos, sindicalistas, profesionales, maestros…- que habían contribuido a articular la alternativa reformista iniciada en 1931”, concluyendo que la masacre de Badajoz es un anticipo de Auschwitz.

Los fascistas asesinaron a un padre cuando su hija tenía 13 años. Toda la vida tratando de recuperar el cadáver, que estaba en la fosa común del cementerio. Hoy mismo la he visto por Internet. Una viejecita de 90 años de Guadalajara que acaba de recuperar los restos de su padre no de la justicia española sino argentina, una jueza argentina, que en España no hay jueces ni fiscales que se dediquen a estas cosas. No hay justicia, en definitiva. La mayoría morirán como mi madre sin haber recuperado a sus tíos, ni mi padre, de 88, recuperará jamás los restos de su hermano mayor. La abuela de Guadalajara sabía exactamente en qué fosa común estaba su padre. Nosotros, no.

Pues bien, la mayor y peor masacre que se realizó en España fue en Badajoz, donde se exterminó a una de cada cinco personas. A las niñas las violaban los moros -así les llamaban- y a los hombres los toreaban en la plaza de toros torturándolos con las banderillas o la bayoneta en la cara. 8.000 pacenses asesinaron. El responsable fue un coronel falangista, el genocida Yagüe, que aún tiene calles a su nombre por la cobardía de los socialistas y por connivencia ideológica de la derecha heredera del franquismo.

Para hacernos cargo de la baja calidad de esta democracia y de que la derecha es heredera genética del franquismo, hay que saber que la hija de este genocida ha militado en el PP durante casi 30 años. Se dio de baja en 2.009 por “la postura del PP en materia, por ejemplo, de aborto, uniones de homosexuales, memoria histórica y defensa de la unidad de España es totalmente inadmisible”. Afirma que su padre “no era un sanguinario” cuando lo cierto es que es el responsable de milies de asesinatos con una cruedad que supera la imaginación más perturbada.


https://rexvalrexblog.wordpress.com/2016/01/22/la-masacre-de-badajoz-por-el-coronel-falangista-yague-el-episodio-mas-brutal-de-la-guerra/

 

Más se perdió en Cuba

Catalunya, aparta de mí este cáliz (1)
No es lo mismo ver las cosas desde arriba que desde abajo. Las clases dominantes no ven los problemas de la misma manera que quienes los padecen. La mayor parte de las veces ni siquiera ven un problema. Cuando un opresor pisa el pie descalzo de un oprimido con sus botas, ni siquiera se da cuenta de ello.

Sin embargo, el opresor impone su criterio; es quien define los problemas y la manera de resolverlos. En el caso de Catalunya, el Estado central siempre ha tirado “balones fuera” hablando de un “desafío” que no procede de Catalunya sino de los independentistas, que sólo son una parte de los catalanes.

Es el fraude típico de sacar los micrófonos a la calle y preguntar al primero que pasa, a la vista de todos, si se “siente” catalán, o no, o ambas cosas, si se “siente” independentista o no.

Antes esos mismos reporteros preguntaban en la calle por “la violencia”, y en frío nadie admite ni ha admitido nunca ni ser violento ni resolver los problemas por la violencia… hasta que “la violencia” les ataca personalmente y entonces se dan cuenta de que no hay nadie en el mundo que ponga la otra mejilla.

Por eso ya no hay Ministerios de la Guerra, como antes; han cambiado los nombres por los de “Ministerio de Defensa” y dentro de poco se llamarán “Ministerios de Mantenimiento de la Paz”.

Hay catalanes que no saben que lo son, como hay obreros que se creen “clase media”. Incluso también los hay que se ponen siempre del lado del opresor. Pero la identidad, nacional o de cualquier otro tipo, no es como una insignia que uno se pone en la solapa a sí mismo.

Con la democracia ocurre lo mismo que con la violencia. Nadie está en contra. Hasta los franquistas eran partidarios de la “democracia orgánica”. No se les escapaba nada. También defendían el “Estado de Derecho”, lo mismo que ahora. Cuando Fraga era ministro “de Información”, inmediatamente después de las protestas mundiales por el fusilamiento de Julián Grimau, publicó un libro oficial titulado “España, un Estado de Derecho”.

El Estado burgués no puede entender que los explotados y oprimidos se quejen, reclamen y reivindiquen porque no hay ningún motivo para ello. Por eso no reacciona nunca a tiempo. Cuando reacciona no es porque haya problemas sino porque los oprimidos se han levantado para denunciarlos. Lo que le preocupa no es el problema sino la protesta. Entonces echa la culpa a los oprimidos por protestar ruidosamente en la calle.

En 1998 Cuba no tenía ningún problema colonial del que lamentarse. Muchos cubanos tampoco se consideraban cubanos, sino españoles. Pero hubo otros independentistas que buscaron problemas donde no los había y su fanatismo llegó al punto de que cuando no pudieron “desconectar” por las buenas, desataron una guerra, la famosa Guerra de Cuba, para liberarse del Estado central.

En España nunca han permitido otra forma de liberarse que ésa.

Aquella guerra de liberación de 1898 no sólo cambió a Cuba para siempre, sino que también cambió a España siempre. Aceleró la crisis de un Estado semifeudal podrido y carcomido hasta la médula que se hundió en 1931 con el más leve soplo de aire fresco: unas elecciones municipales.

Exactamente lo mismo va a ocurrir ahora, por más que haya quien salga en auxilio de un Estado fascista que ha vuelto a naufragar. Naturalmente que hablamos de esos “falangistas de izquierda” que se lavan las manos como Pilatos invocando el ya famoso “ni unos ni otros”.

‘Soy una guerrillera y he disparado contra los soldados alemanes’

Cuando en 1941 la Wehrmacht llegó a Minsk, la capital de Bielorrusia, encerraron a los judíos en un ghetto. Entre los recluidos había una joven militante comunista, María “Masha” Borisovna Bruskina, que vivía con su madre.

Sólo tenía 17 años y se fugó del ghetto para unirse a la resistencia. Estuvo en las primeras células clandestinas. Se tiñó el pelo de rubio y adoptó el nombre de su madre, que no era judía.

Primero empezó a trabajar como enfermera en un hospital para presos del Ejército Rojo convalecientes de sus heridas. Expropiaba vestidos y medicinas para la resistencia guerrillera. También falsificaban documentos de identidad para organizar fugas.

La detuvieron el 14 de octubre a causa de la delación de Boris Rudenko, un oficial que estaba preso. Fue salvajemente torturada durante su detención.

Junto a ella condenaron a otros 11 resistentes antifascistas a la pena de muerte por ahorcamiento y les hicieron desfilar por las calles de Minsk. A Masha le colgaron un cartel del cuello: “Soy una guerrillera y he disparado contra los soldados alemanes”.

Los encargados de su ahorcamiento eran unos vecinos muy especiales, lituanos que colaboraban con los nazis en la retaguardia en tareas de “limpieza”, es decir, redadas, interrogatorios, torturas y ejecuciones sumarias.

El ahorcamiento se llevó a cabo a la entrada de la fábrica de levadura de Minsk. Los verdugos quisieron dar un escarmiento, aterrorizar a la clase obrera. Varias veces intentaron que la joven girara su rostro hacia la muchedumbre con la soga en el cuello. Una y otra vez Masha volvía la cabeza. “Otros vendrán detrás y me vengarán”, fueron sus últimas palabras, dirigidas a sus verdugos.

Tras el ahorcamiento los cadáveres fueron expuestos durante 10 días en grupos de tres por varias plazas de Minsk. Cuando los descolgaron, los cuerpos estaban ya en un avanzado estado de descomposición.

Los actos fueron fotografiados por otro lituano que colaboraba con los nazis. Quiso inmortalizar una humillación y legó al mundo el ejemplo de coraje de una adolescente revolucionaria que con sólo 17 años de edad se había atrevido a plantar cara al fascismo y a la muerte con absoluta entereza.

Unos días antes de su muerte, Masha escribió a su madre: “Vivo atormentada por las enormes desgracias que te he causado. Perdóname. No tengo nada malo. Te juro que nunca más volverás a padecer más desgracias por mi culpa. Si puedes, envíame mi vestido, mi blusa verde y mis zapatos blancos. Quiero salir de aquí vestida con el uniforme escolar”.

A su lado fueron ahorcados otros dos camaradas de Masha. Uno era un joven comunista, Volodia Sherbatsevitch, de 16 años de edad que había participado en una acción guerrillera contra el ejército de ocupación.

El mismo día los nazis ahorcaron también a su madre, Olga, que formaba parte de la misma célula clandestina.

El tercer ahorcado junto a Masha era Kiril Trus, un veterano de la Primera Guerra Mundial.

La historia heroica de los comunistas de Minsk que plantaron cara al fascismo no se conoció hasta 1968, cuando lo publicó el diario soviético “La Tarde de Minsk”.

El director de cine Lev Arkadiev inició una investigación para que Masha fuera identificada por una veintena de testigos, entre ellos si tío, el escultor Zair Azgur.

Su madre murió un mes después de Masha en el ghetto. Hasta 1960 no se descubrió el rastro de su padre en Moscú. Su salud mental se había quebrado definitivamente al presenciar el ahorcamiento de su hija y su exposición en la calle durante varios días. Murió mientras permanecía ingresado en un hospital siquiátrico en los años setenta. Nunca dejó de hablar de su hija Misha, brutalmente asesinada por el fascismo.

La United States Holocaust Memorial Museum la condecoró con la medalla de la resistencia por su coraje durante la guerra contra el fascismo.

En 2006 se inauguró una placa en Israel con el siguiente mensaje: “A la memoria de Masha Bruskina y de todas las mujeres judías que murieron combatiendo al nazismo”.

En el barrio Pisgat Zeev de Jerusalén, una calle lleva su nombre desde 2007, aunque en Israel nunca mencionan que Masha era comunista para mantener la ficción de que sólo los judíos fueron víctimas de los nazis.

En 2008 su nombre se unió a la esquela conmemorativa con los demás ahorcados y en 2011 L. Egaire Humphrey escribió un libro relatando su biografía.

La propaganda imperialista califica al chivato Rudenko como el típico “represaliado político del stalinismo”. Fue juzgado por traición y ejecutado el 16 de mayo de 1951.

No todos los nombres de los héroes comunistas ahorcados en Minsk han podido ser identificados hasta la fecha. Además de los mencionados de Masha, Kiril, Volodia y Olga, también se conocen los de Elena Ostrovskaia y Nadejda Ianushkevitch.

Estados Unidos participó en la matanza de los 500.000 comunistas indonesios en 1965

Estados Unidos prestó apoyo al Gobierno indonesio durante los asesinatos en masa que los militares y paramilitares anticomunistas de este país realizaron entre 1965 y 1966. Es lo que afirman nuevos archivos desclasificados recientemente por la embajada estadounidense en Yakarta, según los cuales los funcionarios de esta apoyaron la narrativa del Gobierno indonesio, lo que envalentonó al Ejército para perpetrar los asesinatos.

En los dos años mencionados, entre 500.000 y un millón de personas murieron en el país asiático como parte de una campaña de exterminio dirigida por el jefe del Ejército, el general Suharto.

Según los documentos, Estados Unidos, metido entonces de lleno en la Guerra Fría contra el bloque soviético, respaldó las atrocidades de los militares, que culparon a los comunistas de un golpe de Estado fallido de 1965 contra el presidente Sukarno y asesinaron a toda persona sospechosa de ser comunista, así como a estudiantes e integrantes de sindicatos.

“Estados Unidos seguía lo que estaba sucediendo muy de cerca, y si no fuera por su apoyo, podría argumentar que el Ejército nunca habría sentido la confianza para tomar el poder”, ha explicado John Roosa, autor de “Pretexto para un asesinato en masa”, en una entrevista realizada por el New York Times.

En un cable secreto enviado desde la embajada a Washington DC en noviembre de 1965, un funcionario detalló los esfuerzos en las provincias para reprimir a los militantes del Partido Comunista de Indonesia y las ejecuciones de prisioneros como medio para controlar la población de las prisiones.

“Tanto en las provincias como en Yakarta continuó la represión del Partido Comunista, con el principal problema de cómo alimentar y dónde alojar a los prisioneros”, escribió un consejero de asuntos políticos entonces. “Muchas provincias parecen enfrentar con éxito este problema ejecutando a sus prisioneros del Partido Comunista, o matándolos antes de ser capturados”, continuaba.

De acuerdo con algunos de los 39 cables publicados por el Archivo de Seguridad Nacional el pasado martes, Washington también retuvo la ayuda de Indonesia hasta que Sukarno fuera retirado del poder, y fomentó la subida de su sucesor, el dictador militar Suharto, quien había ordenado los asesinatos en masa. “Un cambio fantástico”, ironiza Roosa.

https://elsaltodiario.com/indonesia/suharto-documentos-revelan-implicacion-eeuu-matanzas-indonesia

La gran masacre que Estados Unidos mantuvo siempre en silencio

El gobierno de Estados Unidos estuvo al corriente de la gran masacre del ejército indonesio en 1965 dirigida contra los comunistas y las organizaciones obreras y campesinas, según revelan los archivos de la embajada en Yakarta que se abrieron el martes.

Aproximadamente medio millón de comunistas, sindicalistas y militantes revolucionarios fueron asesinados impunemente en medio del silencio internacional de las grandes cadenas de “información”.

Los archivos desclasificados se componen de 39 documentos relativos a una de las peores matanzas del siglo pasado, que comenzaron cuando el general Suharto dio un golpe de Estado haciendo creer que eran los comunistas quienes lo habían hecho.

Ni el más siniestro gobierno militar latinoamericano organizó al semejante a lo que ocurrió en Indonesia, que fue el inicio de una feroz dictadura que se prolongó durante 32 años, hasta que en 1998 un levantamiento popular le destituyó.

La embajada de Estados Unidos estuvo al corriente de los acontecimientos según se fueron sucediendo. En las matanzas tuvieron un papel destacado las organizaciones musulmanas.

Según un cable diplomático, miembros de una de las más grandes organizaciones musulmanas de Indonesia, Muhammadiyah, afirmaban que los comunistas eran “infieles del más bajo nivel de la escala” por lo que “derramar su sangre es como matar gallinas”.

La persecución musulmana estuvo desencadenada, entre otros motivos, porque el poderoso Partido Comunista local procedía de un movimiento budista y era muy influyente en esa corriente religiosa.

En un telegrama enviado el 26 de noviembre de 1965 desde la ciudad de Surabaya, el cónsul local utilizaba la expresión “masacre” para describir la matanza de los 15.000 comunistas que vivían en el este de la isla de Java.

Un mes más tarde el mismo cónsul indicaba que los prisioneros comunistas detenidos en campos de concentración por el ejército indonesio habían sido entregados a una muchedumbre enfurecida para ser linchados.

Ningún país ni tribunal, nacional o internacional, ha abierto nunca una investigación para depurar las responsabilidades derivadas del medio millón de asesinatos cometidos.

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