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Libia libera a cuatro miembros de Hamas encarcelados en Trípoli

El viernes el gobierno libio “de unidad nacional” liberó a cuatro palestinos, miembros de Hamas, encarcelados desde 2016, que cumplían largas penas de prisión por “contrabando de armas“, es decir, por desviar material de guerra a Gaza.

Los cuatro hombres, Marwan Al Ashqar y su hijo Baraa, Muayad Abed y Nasib Chubeir, fueron detenidos en Trípoli en octubre de 2016 y la Fiscalía libia anunció su detención unos meses más tarde.

Fueron condenados en febrero de 2019 por un tribunal de Trípoli a penas que oscilaban entre 17 y 22 años de prisión por “contrabando de armas” en beneficio de Hamas y actividades de inteligencia.

Como consecuencia de las presiones de Turquía, el viernes se produjo su liberación por orden de la Fiscalía libia. Sin embargo, ninguna fuente oficial del gobierno “de unidad nacional” de Abdelhamid Dbeibah en Trípoli confirmó la liberación.

Los cuatro miembros de Hamas, que estaban encarcelados en la prisión de Mitiga, en Trípoli, partieron hacia Estambul después de su liberación a bordo de un avión privado y más tarde debían volar a su destino en Qatar, sede de la oficina política de Hamas.

Los medios de comunicación libios publicaron una fotografía que muestra a los cuatro palestinos a bordo del avión.

Su liberación es consecuencia de las negociaciones de Israel con Hamas que condujeron a una breve tregua en la guerra de Gaza.

Desde la agresión militar de la OTAN de 2011, Libia está sumida en una guerra civil, con dos bandos rivales, uno en Trípoli (oeste), dirigido por Abdelhamid Dbeibah y reconocido por la ONU, y otro en el este, encabezado por el general Jalifa Haftar.

La crisis de Níger comenzó en Libia

Los acontecimientos ocurridos en Níger en los últimos meses son alarmantes. Lo que comenzó como un golpe militar ahora corre el riesgo de convertirse en una guerra más amplia en África occidental, con un grupo de juntas alineándose para luchar contra una fuerza regional que amenaza con invadir y ocupar militarmente el país.

La junta miltar justificó su golpe como una respuesta al “continuo deterioro de la situación de seguridad” en Níger y se quejó de que el país y otros países del Sahel “han estado enfrentando durante más de una década las consecuencias socioeconómicas, de seguridad, políticas y humanitarias, consecuencias de la peligrosa aventura de la OTAN en Libia”.

En la agresión de 2011 contra Libia, los gobiernos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña iniciaron una intervención militar con el cínico pretexto de “proteger a los civiles”. Las potencias occidentales desataron un torrente de terror y yihadismo en toda la región, que rápidamente se convirtió en una operación de cambio de régimen.

Los altavoces de la OTAN pintaron un cuadro de “revuelta popular”, manifestantes desarmados y civiles que se enfrentaban a un genocidio inminente. Años más tarde un informe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes de Reino Unido estableció públicamente, repitiendo las conclusiones de otros análisis, que las acusaciones de una inminente masacre de civiles no estaban “respaldadas por las pruebas disponibles”, que “la amenaza a los civiles había sido exagerada y que entre los rebeldes había un importante elemento islamista” que había cometido numerosas atrocidades.

Era un nuevo modelo para derrocar a los dictadores de Oriente Medio. Mientras el gobierno de Gadafi luchaba contra los yihadistas y otras milicias, Estados Unidos pidió la creación de una zona de exclusión aérea. La ONU lo autorizó a la OTAN, gracias a la abstención de Rusia y China en el Cosejo de Seguridad.

Después de un mes, la OTAN y Obama declararon públicamente que mantendrían la agresión hasta desalojar a Gadafi, rechazando la salida negociada propuesta por la Unión Africana. Cuatro meses después, Gadafi estaba muerto. Fue capturado, torturado y asesinado en un ataque aéreo de la OTAN contra el convoy en el que viajaba.

“Vinimos, vimos y murió”, dijo Clinton en tono chulesco y triunfalista. Ese mismo mes, la secretaria de Estado visitó Trípoli y declaró la “victoria de Libia” haciendo el signo de la paz.

La discusión rápidamente giró hacia la exportación de este modelo a otros lugares, como Siria. Elogiando a la ONU por haber “finalmente cumplido con su deber de prevenir atrocidades masivas”, Kenneth Roth, entonces cabecilla de Human Rights Watch, pidió “ampliar los principios de derechos humanos adoptados para Libia a otras poblaciones necesitadas”, citando otras partes de Oriente Medio, Costa de Marfil, Myanmar y Sri Lanka.

El derrocamiento de Gadafi llevó a cientos de mercenarios tuaregs a su servicio a regresar a Mali y provocó un éxodo de armas, lo que llevó a los tuaregs a unir sus fuerzas con los yihadistas y lanzar una campaña de atentados en el Sahel.

Fue el pretexto para la intervención militar francesa en Mali, que rápidamente se transformó en una misión en expansión en todo el Sahel que no se completó hasta nueve años después. La situación era mucho peor que al principio. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la mayoría de los más de 400.000 refugiados en el Sahel central se encuentran allí debido a la acciones yihadistas en Mali.

Gracias a sus depósitos de armas, Libia se ha convertido en un gran arsenal, incuidos cañones antiaéreos y misiles tierra-aire. El derrocamiento de Gadafi abrió las puertas a los yihadistas en la región del Sahel. Las armas libias fueron canalizadas a terroristas, criminales, bandidos y contrabandistas en Níger, Túnez, Siria, Argelia y Gaza. La región está arrasada, con miles de civiles asesinados y 2,5 millones de desplazados.

Libia es una Somalia gigante. La guerra civil no ha terminado desde 2011 y en ella participan, además de decenas de milicias rivales, los Estados vecinos que las utilizan como delegados. Entre ellos está el Califato Islámico. En el momento del alto el fuego de 2020, cientos de civiles habían sido asesinados en Libia, casi 900.000 personas necesitaban asistencia humanitaria, la mitad de ellas mujeres y niños, y el país se había convertido en una zona lucrativa para el comercio de esclavos.

La esclavitud regresó, literalmente, de la mano del primer presidente negro de Estados Unidos

Barack Obama fue elegido presidente unos 143 años después de la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. Mientras los afroamericanos miraban con lágrimas en los ojos el discurso de Obama en la noche de las elecciones de 2008 en el Grant Park de Chicago, nadie podría haber imaginado que el primer presidente negro de Estados Unidos dejaría su propio legado de esclavitud en África. Leer más

La Unión Europea financia la esclavitud de los inmigrantes africanos en Libia

Una investigación de la ONU ha concluido que el dinero proporcionado por la Unión Europea a las instituciones públicas de Libia ha facilitado crímenes contra la humanidad que van desde el trabajo forzado y la esclavitud sexual hasta la tortura.

Al apoyar económicamente a la Guardia Costera libia y a la Dirección libia de Lucha contra la Migración Ilegal (DCIM), la Unión Europea ha sido cómplice de crímenes contra la humanidad.

El 27 de marzo la ONU publicó las conclusiones de una investigación de tres años, confirmando que “la detención arbitraria, el asesinato, la violación, la esclavitud, la esclavitud sexual, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas” se han convertido en una “práctica generalizada” en Libia, sumida por la OTAN en una guerra civil desde hace más de una década.

Aunque los crímenes contra la humanidad están extendidos por todo el país, el informe se centra en la situación de los migrantes y culpa a la Unión Europea de permitir que el gobierno de unidad nacional con sede en Trípoli cometa abusos contra los africanos que buscan asilo en Europa.

“La misión descubrió que se habían cometido crímenes de lesa humanidad contra migrantes en centros de detención bajo el control efectivo o nominal de la Dirección de Lucha contra la Migración Ilegal, la Guardia Costera libia y el Aparato de Apoyo a la Estabilidad de Libia. Estas entidades han recibido apoyo técnico, logístico y financiero de la Unión Europea y sus Estados miembros, incluso para la interceptación y devolución de migrantes”.

En lugar de interceptar directamente a los migrantes que viajan en barco hacia Europa, la Unión Europea confió el trabajo sucio a los guardacostas libios. Una vez detenidos por los guardacostas, los migrantes son devueltos a Libia y trasladados a cárceles oficiales y “cárceles secretas”, donde a menudo son explotados con fines lucrativos mediante trabajos forzados, rescates o esclavitud sexual.

“Hay motivos razonables para creer que los migrantes han sido esclavizados en los centros de detención del DCIM”, afirma el informe, que añade que personal y funcionarios del DCIM y de los guardacostas están implicados “a todos los niveles”, mientras que altos cargos “actúan en connivencia” con traficantes y contrabandistas, tanto en el contexto de la detención como de la interceptación.

Los guardias exigen y reciben pagos por la liberación de los migrantes. “La trata, la esclavitud, los trabajos forzados, el encarcelamiento, la extorsión y el contrabando han generado importantes ingresos para individuos, grupos e instituciones públicas”, afirma el informe.

En 2017 los medios de comunicación internacionales informaron del resurgimiento de la trata de esclavos en África debido a las continuas secuelas de la operación de la OTAN para deponer al dirigente libio Moammar Gadafi. La ONU ha confirmado ahora que no solo persiste la práctica, sino que ha sido propiciada por la Unión Europea.

“El apoyo de la Unión Europea a la guardia costera libia ha dado lugar a violaciones de ciertos derechos humanos”, declaró a la prensa Chaloka Beyani, investigador de la ONU. “También está claro que la DCIM es responsable de muchos crímenes contra la humanidad en los centros de detención que dirige. Así que el apoyo que han recibido de la Unión Europea lo ha facilitado. Aunque no estamos diciendo que la Unión Europea y sus Estados miembros hayan cometido estos crímenes, lo cierto es que el apoyo prestado ha ayudado e instigado a cometerlos”.

Según un informe de 2021 de la Brookings Institution, la Unión Europea ha pagado 455 millones de dólares a la guardia costera libia y a otras instituciones públicas desde 2015.

Mientras tanto, una investigación de el Outlaw Ocean Project y el New Yorker descubrió que el dinero de la Unión Europea “financia todo, desde los autobuses que transportan a los migrantes capturados en el mar desde el puerto hasta las prisiones, hasta las bolsas para cadáveres utilizadas para los migrantes que perecen en el mar o mientras están detenidos”.

La Dirección de Lucha contra la Inmigración Ilegal de Libia recibió 30 Toyota Land Cruiser especialmente modificados para interceptar a los migrantes en el desierto del sur de Libia, mientras que el dinero de la Unión Europea también ayudó a la DCIM a comprar 10 autobuses para transportar a los migrantes cautivos en las cárceles después de ser capturados.

El violento derrocamiento del gobierno de Gadafi por la OTAN y sus bandas patrocinadas de insurgentes salafistas en 2011 sumió a Libia en un estado de guerra civil, con franjas del país tomadas por bandidos alineados con Al Qaeda y el Califato Islámico. Mientras la OTAN y sus aliados yihadistas se abalanzaban sobre él, Gadafi advirtió de que su derrocamiento provocaría la desestabilización de regiones enteras del continente y una nueva crisis migratoria para Europa, con el Mediterráneo convertido en un “mar de caos”.

El hijo de Gadafi también advirtió entonces: “Libia podría convertirse en la Somalia del norte de África, del Mediterráneo. Veremos piratas en Sicilia, en Creta, en Lampedusa. Habrá millones de inmigrantes ilegales. El terror estará al lado”.

El investigador de la ONU, Beyani, atribuyó la actual crisis de Libia a una “lucha de poder”, refiriéndose al vacío de poder que Occidente ha creado en Libia, aunque evitando referirse directamente a él. Human Rights Watch también evitó mencionar la intervención de la OTAN de 2011 en su cobertura del informe de la ONU, que calificó de “brutal y condenatoria”. Esto puede deberse a que su entonces director, Ken Roth, fue un prolífico partidario del asalto.

La transformación de Libia en un infierno sin ley ha reducido enormemente el riesgo de que los posibles emigrantes sean detectados por la Unión Europea. El informe de la ONU calcula que más de 670.000 migrantes estuvieron presentes en Libia durante partes de su investigación.

La ausencia de un gobierno central fuerte y estable en Trípoli ha permitido que se desarrolle toda una industria con la explotación de los emigrantes como modelo de negocio. “La detención y el tráfico de inmigrantes es un gran negocio en Libia. Es un proyecto empresarial”, declaró Beyani tras la publicación del informe.

Alexander Rubinstein https://thegrayzone.com/2023/04/17/enslavement-african-migrants-libya-eu-funding/

La OTAN destruyó Libia y ahora quiere dividir al país en tres pedazos

Una delegación de 11 representantes del Fezzan se encuentra actualmente en Francia para celebrar una conferencia sobre el reparto de Libia en tres pedazos: Tripolitana, Cirenaica y Fezzan.

El coordinador de la conferencia es Alí Zidane, representante de los intereses coloniales franceses en Libia. Cuenta con el apoyo de Mansur Seif Al Nasr, antiguo embajador libio en Francia.

Rusia no se ha asociado al proyecto francés y Turquía tampoco. La posición de los socios regionales (Egipto, Argelia) no se conoce.

En 2011 Francia tuvo un papel protagonista en la agresión de la OTAN contra Libia, que destruyó el país y lo devolvió a la Edad Media. Ahora París reconoce oficialmente al Gobierno de Unidad Nacional (GUN), con sede en Trípoli, aunque practica un doble juego diplomático. Mantiene buenas relaciones con el GUN, reconocido por la ONU, al tiempo que presta un apoyo ilimitado al señor de la guerra de Cirenaica, el mariscal Haftar.

En abril de 2019 Haftar intentó capturar Trípoli con una operación militar masiva que fracasó a pesar del apoyo de Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Rusia, Francia y Arabia Saudí. De esa manera, Haftar se convirtió en un personaje cada vez más incómodo, sobre todo para sus aliados.

Está claro que el mariscal no es la solución sino el problema, o por lo menos, uno de los problemas de Libia. Ha cambiado su uniforme militar por un traje civil y una corbata, pero no engaña a nadie.

Después de sembrar la muerte y la destrucción en el país, los imperialistas han tratado de arreglarlo a su manera por un motivo bien fácil de entender: ahora más que nunca necesitan del petróleo libio.

Sin embargo, las iniciativas se han estancado ante la intransigencia de los beligerantes. El proceso político iniciado por la diplomática estadounidense Stephanie Williams no ha sido respetado por los protagonistas de la crisis libia. Las elecciones presidenciales y legislativas no se celebraron en diciembre del año pasado, como estaba previsto en los acuerdos de Berlín.

Francia siempre ha tenido sus ojos puestos en el Fezzan y quiso que formara parte de sus colonias africanas. El sueño de Francia de incorporar este inmenso territorio sahariano, ocupado por las tropas del general Leclerc en 1942, al tratado de paz con Italia del 10 de febrero de 1947 (Francia, Reino Unido, URSS, Estados Unidos) le obligó a reconocer la integración del Fezzan en el nuevo Estado independiente de Libia en 1951.

Los tres territorios de Tripolitania, Cirenaica y Fezzan, fueron administrados desde Londres y París, que transfirieron sus poderes al nuevo gobierno independiente. Sin embargo, Francia conservó cierta influencia a través de los acuerdos franco-libios de 1955.

La llegada de Gadafi al gobierno en 1969 puso fin a las pretensiones de Francia sobre el Fezzan y sobre Libia hasta 2011.

Ajuste de cuentas en Libia por todo lo alto

La recuperación de los fondos públicos depositados por Gaddafi y sus familiares en bancos internacionales se está convirtiendo en un ajuste de cuentas. Su primera víctima es Anwar Arif, antiguo director de la Oficina de Recuperación y Gestión de Activos de Libia (Larmo).

La fiscalía de Trípoli ha dictado orden de detención contra Arif en lo que parece ser una guerra político-financiera por apoderarse del botín. El gobierno de Libia ha iniciado una demanda judicial para recuperar 100.000 millones de dólares colocados por Gaddafi en el exterior.

Arif fue citado el miércoles pasado por el fiscal de Trípoli, una querella judicial desencadenada por el Primer Ministro libio, Abdelhamid Dbeibah, que está en guerra con Arif por negarse al traspaso al nuevo director del Larmo, Mohammed Ramadan, nombrado en junio de este año. Tanto Ramadan como Arif, que dirige el organismo desde su creación en 2017, reclaman el control de la recuperación de los fondos libios.

Los intereses personales siguen prevaleciendo en la gestión de este asunto. El Larmo se creó con el apoyo de la ONU y la Unión Europea, pero está resultando ineficaz. Pero el proceso de recuperación está bloqueado por los propios miembros de Larmo por intereses personales. A Arif le acusan de haber rastreado los fondos durante años y de haber malversado parte de ese dinero.

La crisis estalla en la cúpula en un contexto electoral muy tenso, marcado por el aplazamiento de las elecciones previstas para el viernes de esta seamana. Coincide con el descubrimiento de un fondo de 100.000 millones de dólares colocado por Gadafi en ocho bancos estadounidenses e internacionales.

Hace dos semanas una delegación de Larmo encabezada por Ramadan se desplazó a Nueva York para iniciar un procedimiento de recuperación en el tribunal federal de Manhattan. Los bancos son UBS Group AG, Bank of America Corp, HSBC Holdings PLC, Credit Suisse Group AG, Bank of New York Mellon Corp, Deutsche Bank AG, Citibank y JPMorgan Chase. Durante esta visita, Estados Unidos se comprometió a Larmo.

Nadie sabe el importe exacto de los fondos, ni siquiera los países donde están colocados. El antiguo fiscal del tribunal de Trípoli, Abdelkader Redouane, anunció la suma de 350.000 millones de dólares, aunque precisó que no sabía dónde estaban.

Por su parte, el anterior jefe de gobierno, Mustapha Abou Chakour, adelantó otra cifra: 120.000 millones de dólares. La identificación del dinero y su recuperación están vinculados a la estabilidad política de un país devastado por diez años de guerra. Los bancos que poseen los fondos no los entregarán fácilmente y menos a los representantes de un país fragmentado.

Libia busca los miles de millones de Gadafi que han robado los bancos occidentales

El gobierno libio ha presentado una demanda ante el Tribunal Federal de Manhattan, solicitando a los bancos en los que Gadafi había depositado fondos, para que informen sobre el movimiento de ese dinero, que está desaparecido.

El gobierno libio presenta el asunto ante el Tribunal de una manera bastante distinta: quien saqueó el dinero no fueron los bancos sino Gadafi.

“Varios bancos de todo el mundo pueden tener información sobre miles de millones de dólares saqueados por Muammar Gaddafi”, dice el gobierno en la demanda.

Según la agencia Bloomberg, la Oficina de Recuperación de Fondos y Gestión de Activos de Libia explica en su demanda que “el dinero robado por Gadafi, su familia y sus cómplices, estimado en 100.000 millones de dólares, fue transferido a través de seis grandes bancos”, a saber (Of America Corp.), (UPS Group AG), (HSBC Holdings plc), (Credit Suisse Group AG) y (Bank of New York Mellon Corp. (Deutsche Bank EG), (JP Morgan Chase & Co.) y (Citigroup).

Dicha Oficina asegura que al menos decenas de miles de millones de dólares de activos pertenecientes al pueblo libio que fueron adquiridos por Gadafi y sus agentes siguen sin ser contabilizados hasta la fecha.

“Este esfuerzo podría convertirse en la mayor recuperación internacional de activos de la historia”, dijeron el jueves en un comunicado los abogados de la Oficina, creada en 2017 con el apoyo de la ONU y la Unión Europea, para recuperar los activos robados al Libia.

Una investigación ha descubierto a “una misteriosa figura tunecina que investiga la supuesta enorme fortuna del coronel Muammar Gaddafi, estimada en unos 400.000 millones de dólares, que desapareció en extrañas circunstancias tras su derrocamiento”.

El mariscal Haftar viaja a Israel para preparar las elecciones presidenciales en Libia

Hace 10 años la OTAN asesinó a Gadafi y arrasó Libia, comenzando entonces una carnicería que ahora parece acercarse a su final. El país se prepara para celebrar sus primeras elecciones presidenciales el 24 de diciembre.

Libia ha estado dividida por una guerra entre un gobierno fantasma, tutelado por la ONU, Turquía y Qatar, y el mariscal Jalifa Haftar, apoyado por los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Jordania, entre otros.

Las tropas de Haftar intentaron conquistar la capital, Trípoli, para establecer su dominio sobre toda Libia, pero fue detenido por la intervención militar turca, a petición del Gobierno de Unidad Nacional (GNA).

En octubre del año pasado se acordó un alto el fuego entre ambas partes. Desde entonces, Libia se prepara para las elecciones presidenciales y legislativas, que deben poner fin a años de guerra brutal.

Para preparar las elecciones un avión del séquito de Haftar aterrizó en la pista del aeropuerto David Ben Gurion de Tel Aviv, informa Al Jazeera, citando a un periodista israelí.

“Un avión de negocios (P4-RMA) utilizado por los hombres del mariscal libio Khalifa Haftar, que controla el este de Libia, está de camino al aeropuerto Ben Gurion desde Dubai, y posteriormente despegará hacia Egipto”, escribió el periodista israelí, añadiendo que ha habido filtraciones del apoyo israelí a Haftar.

Al Jazeera añadió que los datos de navegación obtenidos por la agencia palestina Sand confirmaron el aterrizaje del avión de Haftar en Tel Aviv.

Los funcionarios israelíes y el entorno de Haftar no han hecho ningún comentario sobre el vuelo, y no se ha revelado nada sobre la identidad de quienes viajaban en el avión. Hace una semana, un periódico israelí informó de que Seif el Islam Gadafi y Jalifa Haftar habían contratado a una empresa israelí para que dirigiera su campaña electoral para las elecciones presidenciales libias, según los medios de comunicación qataríes.

El hijo de Gadafi y el señor de la guerra del este de Libia podrían enfrentarse en las elecciones presidenciales del 24 de diciembre.

El pasado mes de junio, el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune reveló en una entrevista con Al Jazeera que Argelia estaba dispuesta a intervenir en Libia para impedir que Haftar tomara militarmente Trípoli.

“No podíamos aceptar que una primera capital magrebí y africana fuera ocupada por mercenarios”, dijo el jefe de Estado. “Íbamos a intervenir”, reveló. “¿Militarmente?”, le preguntó el periodista.

Drones de combate turcos han atacado a la población libia sin seguir instrucciones de seres humanos

La guerra de las máquinas contra los seres humanos ya no es ninguna película, según afirma la ONU en un informe de 500 páginas sobre la situación en Libia que publicó en marzo.

Los drones de combate Kargu-2, fabricados por la empresa turca STM, persiguieron a la población sin seguir instrucciones procedentes de seres humanos.

“Los convoyes logísticos en retirada y las unidades de las fuerzas afiliadas a Haftar fueron perseguidos y tiroteados a distancia por drones de combate o sistemas de armas letales autónomas”, dice el informe.

Los sistemas automáticos de armas “habían sido programados para atacar objetivos, sin necesidad de una conexión de datos entre el operador y la munición y, por lo tanto, estaban realmente en modo de búsqueda automática», añade la ONU.

El documento no dice si hubo víctimas o heridos como resultado de los ataques, pero los expertos de la ONU dicen que “el acoso constante de drones de combate, combinados con sistemas de armas letales autónomas” ha ocasionado la “derrota de las fuerzas afiliadas a Haftar en el oeste de Libia”.

“Kargu puede utilizarse eficazmente contra objetivos tanto estáticos como móviles gracias a su capacidad de procesamiento de imágenes en tiempo real y a sus algoritmos de aprendizaje automático integrados en la plataforma”, asegura la empresa fabricante de drones.

Las armas de guerra autónomas llevan años preocupando a la ONU. En 2017 se inició un debate sobre su prohibición y en 2013 Human Rights Watch lanzó una campaña “Stop Killer Robots” para expresar su preocupación por estos avances tecnológicos del material bélico.

En 2018 el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó estas armas como “políticamente inaceptables y moralmente repugnantes” y pidió a los Estados miembros que las prohibieran.

En agosto del año pasado Human Rights Watch publicó un informe en el que afirmaba que la mayoría de los países del mundo reconoce la necesidad de que sean los seres humanos quienes manejen este tipo de armas.

Sin embargo, Estados Unidos, Rusia, Corea del Sur, Israel y Australia se oponen a su prohibición internacional. En cuanto a China, desea prohibir su uso, pero no su desarrollo y producción. Todos estos países siguen desarrollando o invirtiendo masivamente en en sistemas de inteligencia artificial y armas autónomas.

Regresan a Siria los mercenarios turcos reclutados para combatir en Libia porque ya no les pagan

Los dirigentes de los mercenarios sirios que fueron reclutados por Turquía para luchar en Libia se están preparando para regresar a Siria, asegura el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH).

La intervención militar turca, que se remonta a noviembre de 2019, ha marcado la diferencia sobre el terreno, fortaleciendo al gobierno saliente del Frente de Acuerdo Nacional.

120 mercenarios armados regresarán a Siria, debido a “las condiciones miserables de los milicianos pro-turcos presentes en Libia”, afirma el OSDH, según el cual existe un gran descontento entre ellos al no haber recibido sus salarios y contribuciones mensuales.

Este acontecimiento también se produce a la luz del restablecimiento de los lazos entre Ankara y El Cairo, la nueva postura política de Erdogan hacia el mundo árabe.

Fuentes oficiales de la ONU no han confirmado la información del OSDH. Sabiendo que sus estimaciones apuntan a la presencia de 20.000 mercenarios en suelo libio.

En este contexto, se habla de que una nueva tanda de mercenarios se está preparando para ir a Libia.

Según fuentes de la región de Afrin, en la provincia de Alepo, citadas por el OSDH, el jefe de la milicia Sultan Suleiman Shah, una facción de la coalición de milicias llamada Ejército Nacional, Abu Amcha, está preparando una partida de sus combatientes para enviarla a Turquía. No se ha recibido ninguna información definitiva sobre su destino posterior, que podría ser Libia.

“Abu Amcha dijo a los combatientes que su salario mensual sería de 500 dólares”, dijeron las fuentes.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido que se ponga fin a la presencia de todos los mercenarios en Libia.

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