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¿Por qué no responde Siria a los continuos bombardeos de la aviación israelí?

El pasado domingo y el lunes la aviación israelí llevó a cabo ataques con misiles en la provincia de Quneitra, cerca del Golán ocupado, así como contra en Damasco y el aeropuerto militar T4 de Homs.

En el último ataque, la aviación israelí utilizó un avión teledirigido que entró desde Líbano. La defensa antiaérea siria derribó dos misiles en el aire pero un tercero alcanzó una reserva de equipo militar causando daños.

El aeródromo T4 es la puerta de entrada a las provincias de Homs y Deir Ezzor y ha sido atacado varias veces por los israelíes porque suele ser utilizado en ocasiones por los asesores militares iraníes.

Desde el punto de vista militar, aunque el gobierno de Tel Aviv afirma que apunta contra las bases del Eje de la Resistencia, especialmente de Irán y Hezbollah, las incursiones son absolutamente ineficaces.

No existe respuesta por parte del ejército sirio y de la resistencia, que sería un caso claro de legítima defensa. Ayer Nasser Kandil, redactor jefe del diario libanés Al-Binna, explicaba los motivos de esa pasividad.

“Aunque Israel sigue amenazando los objetivos de Hezbolah y las posiciones de Irán, a veces llegando incluso a actuar, es muy consciente de que estas operaciones, que parecen ser golpes de espada en el agua, no han sido capaces de reducir en un ápice la capacidad defensiva de Irán y de las fuerzas de la resistencia”, escribe Kandil.

La prueba de ello, dice, es la resistencia mostrada por el frente antisionista, que ha puesto a Israel en una situación de pánico y preocupación permanentes.

Los ataques israelíes no siempre reciben la misma respuesta. “A veces son mordaces e impactantes, a veces se posponen para una fecha posterior. Pero esa inacción, ese silencio, preocupa a los israelíes más que cualquier otra cosa, porque cuando se pospone la respuesta, la sombra de futuras sorpresas, y de una posible guerra, sigue colgando como una amenaza sobre las cabezas con kippa [gorro típico judío] que pueblan los territorios ocupados”, añade Kandil.

“En 2018 todos los enfrentamientos armados en las alturas del Golán ocupado, o los de las granjas de Shabaa en 2015, deberían haber provocado potencialmente respuestas serias que plantearan serias amenazas a los intereses de Israel y Estados Unidos. Pero la Resistencia ha preferido hasta ahora dejar estos ataques sin respuesta. Todo el mundo recuerda el accidente de un avión israelí en 2018. Las primeras imágenes del F-16 israelí tomadas por la DCA [defensa antiaérea] siria circularon ampliamente en la web”, argumenta el periodista libanés.

Según Kandil hay dos razones principales por las que un gran número de ataques israelíes contra Siria no tienen respuesta:

“En primer lugar, los sirios saben muy bien que la campaña militar israelí tiene por objeto provocar a Damasco. En segundo lugar, los ataques se producen en un momento político muy delicado. Cualquier reacción militar por parte del Eje de la Resistencia podría desencadenar guerras aún más complicadas y peligrosas, y Siria, Irán y Hezbolah lo han entendido bien”.

El autor concluye: “Israel ve un gran bloque que se levanta frente a él, empezando por Líbano, Siria, Gaza e Irak y extendiéndose hasta Irán y Yemen. Sabe que una vez que comience la guerra en el Golfo Pérsico, será atacado por Siria, Gaza y Líbano. De ahí sus amenazas de muerte, sus faroles y especialmente sus fanfarronadas. La situación es muy diferente para Hezbolah, que tiene la capacidad de llevar a cabo con éxito cualquier operación terrestre”.

¿Es Avigdor Lieberman el sionista que tiene las claves de Moscú para Oriente Medio?

Thierry Meyssan

El 14 de noviembre de 2018 la renuncia de Avigdor Lieberman al cargo de ministro de Defensa ‎del gobierno de Benyamin Netanyahu abría una gravísima crisis política en Israel, haciendo ‎necesaria la convocatoria anticipada de elecciones legislativas. Pero esas elecciones no han dado ‎nacimiento a una nueva mayoría en el parlamento israelí. Ya transcurrieron las 5 semanas reglamentarias sin que Netanyahu lograra constituir un nuevo gobierno, así que habrá nuevas ‎elecciones legislativas en Israel el 17 de septiembre. ‎

Lieberman dimitió cuando Netanyahu impuso un acuerdo con Qatar, acuerdo que implicaba un ‎alto al fuego con el Hamas y que el emir de Qatar asumiera directamente el pago de los salarios ‎de los funcionarios palestinos en la franja de Gaza. ‎

En la escena internacional, nadie reaccionó a lo que parece la anexión de Gaza por parte ‎de Qatar y su separación de los demás territorios ocupados palestinos. Para Lieberman, ‎aquel acuerdo significaba organizar una dictadura de la Hermandad Musulmana a las puertas de ‎Israel. Muchos interpretaron todo aquello como una forma de preparación del “Acuerdo del Siglo” ‎de Jared Kushner y Donald Trump. Sin embargo, hoy parece que Estados Unidos tenía previsto ‎poner Gaza bajo el control de Egipto y no de Qatar. ‎

Durante la campaña electoral, Avigdor Lieberman desplegó poco a poco nuevos argumentos ‎sobre la eliminación de la disposición que exime del servicio militar a los estudiantes de las ‎‎yeshivas (1), argumentos basados ‎en el rechazo de la forma de orden impuesto por las costumbres y normas colectivamente ‎conocidas como el “Código de Ley Judía” (Halajá) y de los privilegios religiosos. Ese tema ‎no es nuevo, pero nunca había alcanzado tanta importancia como ahora, llegando incluso a ‎impedir que Benyamin Netanyahu lograra formar un nuevo gobierno. ‎

Lieberman es un inmigrante. Llegó a Israel desde Transnistria (un territorio ex soviético) y logró ‎reunir a los judíos rusoparlantes para crear, en 1999, el partido político laico Israel Beytenu, ‎o sea, “Israel, nuestra casa”. Más de un millón de inmigrantes soviéticos llegaron a Israel después de ‎la adopción, en 1974, de la enmienda estadounidense Jackson-Vanik, que amenazaba con aislar ‎económicamente a la Unión Soviética si ese país no permitía que los judíos soviéticos emigraran ‎a Israel. Aquellos inmigrantes rusoparlantes son legalmente judíos (todos tienen algún abuelo ‎judío) pero no son obligatoriamente judíos en el plano religioso (o sea, de madre judía). ‎La creación del partido de Lieberman fue financiada por Michael Cherney, un oligarca uzbeko ‎vinculado al entonces presidente ruso Boris Yeltsin. ‎

Antes de crear su partido, Lieberman era conocido sólo como empleado del Likud. Fue director ‎general de ese partido antes de convertirse en jefe del equipo de trabajo del primer ministro ‎Netanyahu, pero sin tratar de obtener ningún cargo a través de elecciones. Lieberman es un ‎ex guardia de seguridad de club nocturno y habla con un fuerte acento ruso. Ante un interlocutor, siempre empieza por mirarlo con prepotencia y por amenazarlo… antes de tratar de negociar ‎con él. ‎

En octubre de 2003 Michael Cherney financió un extraño congreso en el hotel King David de ‎Jerusalén (2). El objetivo de aquel encuentro era unir a los políticos ‎israelíes rusoparlantes –como Lieberman– a los discípulos estadounidenses del filósofo ‎Leo Strauss (mayoritariamente ex colaboradores de un coautor de la enmienda Jackson-Vanik) y ‎a sus aliados ‎“cristianos” (aliados sólo en el sentido de que eran contrarios al ateísmo soviético) ‎en Estados Unidos. Era evidente que tenían para ello un amplio respaldo de parte de la ‎administración de George Bush hijo, que no tenía intenciones de permitir que aquella minoría ‎se desplazara hacia la órbita del nuevo jefe del Kremlin, Vladimir Putin. Toda la derecha israelí de ‎aquella época, comenzando por el propio Benyamin Netanyahu, participó en aquel encuentro. ‎

Aquel “congreso” desarrolló una tendencia que se ha impuesto en algunos círculos: la teopolítica, ‎que no es otra cosa que la creencia según la cual la paz mundial es posible… únicamente si ‎se concreta primeramente en Israel. Un gobierno mundial impedirá toda guerra y tendrá ‎su sede… en Israel. En Francia, esa es la tesis de Jacques Attali, mentor del actual presidente ‎francés Emmanuel Macron. ‎

En 2003 Avigdor Lieberman no tenía ningún problema con los religiosos, con tal de que estos ‎compartiesen o apoyasen su nacionalismo israelí, e incluso pactó una alianza con el partido Tkuma (3). En aquella época ‎Lieberman tampoco vacilaba ante la mezcla de ideas políticas y religiosas. Sus amigos, discípulos ‎de Leo Strauss (4), que habían pasado por la ‎oficina del senador Jackson, decían sin complejos que el episodio nazi había demostrado la ‎debilidad de las democracias y que, para evitar un nuevo Holocausto, los judíos tenían que ‎implantar una dictadura. En el Pentágono, los amigos “cristianos” de Lieberman (5) habían concebido una alianza de todos los judíos y de todos los cristianos –los ‎“judeo-‎cristianos” (6)‎–‎‏ ‏para luchar contra el comunismo ateo. ‎

Las ideas de Avigdor Lieberman son harto conocidas y él siempre ha profesado las mismas. Dice ‎que hay que saber a quién y a qué se profesa lealtad. Los palestinos están divididos entre ‎nacionalistas palestinos y nacionalistas islamistas –estos últimos no luchan por un Estado ‎palestino sino por la umma, que es toda la comunidad de creyentes del islam– y no logran ‎ponerse de acuerdo para convivir entre palestinos. ¿Cómo esperar entonces que logren vivir con ‎judíos europeos? Palestinos y judíos son dos pueblos diferentes. En nombre del realismo, ‎Lieberman se opone por ende al plan de la ONU de creación de un Estado binacional e incluso ‎considera imposible que los ‎“árabes de 1948” que cuestionan la existencia de Israel puedan ‎conservar la nacionalidad israelí. ‎

Debido a su agresiva manera de expresarse, Avigdor Lieberman es visto a menudo como un ‎racista. En 2001 Lieberman se planteaba la posibilidad de bombardear la represa de Asuán para ‎doblegar a Egipto. En 2003 decía estar dispuesto a ahogar a los presos palestinos en el ‎Mar Muerto, etc. Pero esas declaraciones estruendosas no son fruto de su ideología sino de su ‎carácter fundamentalmente alardoso y truculento. En 2004 Lieberman calificaba al palestino ‎Mahmud Abbas de “diplomático terrorista”, pero en‏ ‏‎2008‎‏ ‏el mismo Lieberman catalogaba a ‎Benyamin Netanyahu como “mentiroso, tramposo y crápula”.‎

Durante su trabajo como ministro, Lieberman nombró numerosos altos funcionarios de origen ‎etíope, así como beduinos y drusos. Su único objetivo es que tener la ciudadanía israelí implique ‎ser leal al Estado de Israel. Una personalidad de izquierda como el ex jefe del estado mayor de la ‎aviación israelí, el general Eitan Ben Eliyahu, asegura que Lieberman no es un extremista, lo que ‎sí es ese ferviente partidario del ‎“Gran Israel” que se llama Benyamin ‎Netanyahu. ‎

A fin de cuentas, la cuestión que se plantea no es saber si Lieberman es o no de extrema ‎derecha, ni cuál será su futuro personal sino qué fuerzas lo han llevado romper la alianza que ‎mantenía con Netanyahu desde los años 1990 y también la que había anudado en 2003 con los ‎grupos religiosos. Tengamos en cuenta que todo eso se produce en el contexto del ‎“Acuerdo ‎del Siglo”, constantemente anunciado, aún no revelado pero ya en vías de aplicación. ‎

El proyecto de Kushner y Trump plantea resolver el conflicto israelo-palestino favoreciendo el ‎desarrollo económico de los árabes y teniendo en cuenta sus derrotas sucesivas. Moscú ha declarado “inaceptable” la manera como Washington se plantea desconocer el Derecho ‎Internacional. Desde la Conferencia de Ginebra realizada en junio de 2012, Rusia busca asentarse ‎en el Medio Oriente y adquirir cierta influencia (compartida con Estados Unidos) sobre Israel. Lieberman es un individuo culturalmente mucho más cercano del Kremlin que de sus socios de la ‎Casa Blanca y el Pentágono.

Notas:

(1) Las yeshivas, también llamadas escuelas talmúdicas, son centros religiosos ‎dedicados al estudio de la Torah y del Talmud.
(2) “Sommet historique pour sceller l’Alliance des guerriers de Dieu”, ‎‎Réseau Voltaire, 17 de octubre de 2003.
(3) Tkuma (o sea, “Resurrección”) es un partido israelí de extrema derecha fundado en 1988 por ‎dos ex miembros del Partido Nacional Religioso.
(4) The Political Ideas of Leo Strauss, Shadia B. Drury, Palgrave MacMillan (1988); ‎‎Leo Strauss and the Politics of American Empire, Anne Norton, Yale University Press (2005); ‎‎The Truth About Leo Strauss: Political Philosophy and American Democracy, Catherine ‎H. Zuckert y Michael P. Zuckert, University of Chicago Press (2008); Straussophobia: Defending ‎Leo Strauss and Straussians Against Shadia Drury and Other Accusers, Peter Minowitz, Lexington ‎Books (2009); Leo Strauss and the Conservative Movement in America, Paul E. Gottfried, ‎Cambridge University Press (2011); Leo Strauss, The Straussians, and the Study of the ‎American Regime, Kenneth L. Deutsch, Rowman y Littlefield (2013).
(5) The Family: ‎The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, Harper Collins ‎‎(2009).
(6) Históricamente, los ‎“judeo-cristianos”‎‏ ‏formaban la iglesia de Jerusalén surgida ‎alrededor de Jacobo El Justo (también llamado “Santiago El Justo” o “Santiago de Jerusalén”) y ‎fueron expulsados de la Sinagoga a la caída de Jerusalén. Esta corriente desapareció, subsistiendo ‎sólo en el Medio Oriente, en grupos como el que educó a Mahoma en el siglo VII. Los únicos ‎cristianos que subsistieron fueron paganos convertidos en Damasco, alrededor de San Pablo. ‎Durante 19 siglos, la expresión ‎“judeo-cristianos” careció de todo sentido ya que el ‎cristianismo y el judaísmo eran dos religiones separadas que incluso se oponían entre sí sobre la ‎cuestión de la Ley de Moisés (la Halajá ya mencionada anteriormente). Durante la guerra fría, ‎el Pentágono puso en servicio nuevamente esa expresión y constituyó un movimiento ecuménico ‎alrededor de los pastores Abraham Vereide y Billy Graham. Extrañamente, en el siglo XXI se habla ‎de ‎“cultura judeo-cristiana” a‏ ‏pesar de que esa expresión no corresponde a ninguna ‎realidad.

https://www.voltairenet.org/article206667.html

Un agujero en WhatsApp permitió la instalación de un programa de espionaje israelí

Un agujero en WhatsApp permitió la instalación remota de un programa de espionaje desarrollado por una empresa israelí especializada, según The Financial Times

El fallo fue explotado por NSO Group, una empresa secreta israelí, que desarrolló su propia herramienta, Pegasus, para explotarla. NSO Group vende sus servicios principalmente a centrales de espionaje de Oriente Medio y Occidente.

La laguna permite espiar toda la actividad de un teléfono móvil con una simple llamada, incluso si la víctima no responde a ella.

Según Citizen Lab, un abogado de derechos humanos fue atacado por Pegasus el 12 de mayo. El programa permite localizar a su objetivo, leer sus mensajes y correos electrónicos y activar, subrepticiamente, el micrófono y la cámara del teléfono.

“NSO Group vende sus aplicaciones a gobiernos conocidos por sus repetidas violaciones de derechos humanos y les proporciona las herramientas para espiar a sus oponentes y críticos”, asegura Amnistía Internacional en una declaración fechada el 13 de mayo. “En agosto de 2018, un funcionario de Amnistía Internacional fue atacado por Pegasus, al igual que militantes y periodistas de Arabia saudí, México y Emiratos Árabes Unidos”.

La ONG anunció que presentaría una denuncia contra el Ministerio de Guerra israelí, la autoridad supervisora del Grupo NSO, “que ignoraba las montones de pruebas que vinculaban a NSO Group con los ataques contra los defensores de los derechos humanos […] Mientras se vendan productos como Pegasus sin un control efectivo, los derechos y la seguridad de los funcionarios, periodistas y disidentes de Amnistía Internacional en todo el mundo están en peligro. Varias asociaciones israelíes han presentado denuncias similares.

Los militares israelíes están nerviosos ante el creciente poder militar de Hezbolah

Sectores militares y políticos israelíes continúan mostrando su nerviosismo en relación a la existencia de “un nuevo Hezbolá” bien armado y con amplias capacidades. Estos sectores aconsejan tomar en serio el poder de Hezbolá en la región. En concreto, los misiles del movimiento libanés son capaces de crear un equilibrio en la frontera norte y proteger al Líbano de un ataque israelí.
Algunos sectores israelíes también especulan con el hecho de que Hezbolá pueda haber adquirido un sistema de misiles antiaéreos multicapas que pueda contrarrestar la amenaza de la aviación israelí.
Un alto comandante del Ejército israelí acaba de reconocer que, en caso de una nueva guerra entre Israel y Hezbolá, este último podría lanzar cada día mil misiles contra los territorios ocupados por el enemigo israelí.
El nuevo jefe de las fuerzas terrestres del Ejército israelí Yoel Strick, ha señalado en una entrevista con Ynet que en caso de una nueva guerra entre Israel y Hezbolá, los israelíes tendrían que evacuar todas las zonas limítrofes con el Líbano. Sin embargo, esto no salvaría a los israelíes de los misiles de alcance medio de Hezbolá, que pueden alcanzar cualquier parte de la entidad sionista.
El alto comandante israelí también afirmó que, en caso de conflicto, Hezbolá podría llevar a cabo una operación sorpresa en el norte de los territorios ocupados, y en especial en Galilea.
“Hezbolá ha desplegado sus fuerzas militares en 200 aldeas en el sur del Líbano. Ellas han sido reforzadas y equipadas con misiles, misiles antiaéreos y centros de mando para enfrentarse al Ejército israelí, en caso de guerra en esta región”, afirmó el alto rango israelí, durante una entrevista.
Destacó que el movimiento de resistencia libanés estaba fortaleciendo su arsenal de armas y misiles para apuntar a más objetivos estratégicos dentro de Israel si se desata una nueva guerra.

http://spanish.almanar.com.lb/309366

Un millón de palestinos serán desplazados por el ‘Acuerdo del Siglo’ entre Israel y Estados Unidos

Rajan Solomon

Los gobiernos israelíes continúan confiscando cada vez más tierras palestinas desplazando a sus propietarios, arrancando los árboles y destruyendo los hogares. Para ganar las elecciones, Netanyahu prometió de nuevo a los dirigentes de los colonos que intensificaría las actividades de asentamiento y fortalecería la protección de los colonos, particularmente en la Jerusalén ocupada, el Valle del Jordán y las zonas al sur de Hebrón, en violación del derecho internacional.

La temeridad desenfrenada de Trump, primero reconociendo a Jerusalén como capital de Israel y trasladando su embajada a la ciudad, y luego firmando un decreto presidencial en la Casa Blanca en presencia del Primer Ministro israelí Netanyahu reconociendo la soberanía israelí sobre el Golán sirio (ocupado desde 1967), ilustra claramente la situación.

El plan de paz para Oriente Medio de la Administración Trump, llamado “Acuerdo del Siglo”, incluye el reasentamiento masivo de árabes palestinos en Jordania, la transferencia del territorio jordano a Israel y la formación de una confederación tripartita entre Jordania, la Autoridad Palestina e Israel para administrar Judea y Samaria en Cisjordania.

Otras informaciones indican que el plan incluiría un acuerdo regional amplio en el que varios Estados árabes desempeñarían un papel activo. Se invitará a Jordania a recibir permanentemente a un millón de árabes palestinos que figuran actualmente en la lista de refugiados. El plan prevé que Jordania naturalice a otros 300.000 palestinos y a los que ya viven en Jordania, lo que, según las cifras, no supera los 200.000.

Se instará al Líbano a que conceda la ciudadanía a todos los árabes palestinos que viven actualmente en el país. El gobierno libanés ha negado la ciudadanía a los aproximadamente 450.000 árabes palestinos que viven en el Líbano, lo que ha restringido sus derechos desde su llegada en 1948.

También se le pedirá a Jordania que ceda a Israel dos áreas que actualmente están arrendadas por el Estado de Israel. El rey Abdullah ya ha anunciado que no prorrogará el contrato de arrendamiento por otros 25 años, lo que crea incertidumbre entre los agricultores israelíes que utilizan estos lugares. Jordania recibirá unos 45.000 millones de dólares en subvenciones extranjeras. Arabia saudí daría a Jordania un territorio equivalente a lo largo de su frontera con el país.

Para que el plan sea viable, Jordania formará una confederación tripartita integrada por la Autoridad Palestina y la Administración Civil israelí.

Egipto también desempeña un papel importante en el acuerdo de paz y ya está promoviendo la península del Sinaí cerca de la Franja de Gaza para el establecimiento de zonas industriales para una población de Gaza en crecimiento. Egipto daría a los trabajadores de Gaza un mejor acceso a las zonas del noreste del Sinaí y recibiría unos 65.000 millones de dólares en subvenciones y pagos extranjeros para proyectos en el norte del Sinaí.

Una de las situaciones más predecibles después del “Acuerdo del Siglo” es que toda la región caerá en la inestabilidad y la indignación. La imposición unilateral en una región marcada por una profunda sensibilidad, agravada por la arrogancia y el desprecio racial de Israel por la realidad religiosa, cultural y política de la región, empeora las perspectivas de diálogo en torno a las premisas que el acuerdo podría proponer.

La colonización estratégica del territorio ocupado por Israel continúa e hipoteca físicamente a un Estado palestino. El plan Kushner ignora el vínculo religioso árabe y musulmán con Jerusalén. Kushner defiende la idea de una confederación entre Jordania y el patio trasero palestino de Cisjordania. Lejos de ser una propuesta original, recicla uno de los mantras más antiguos del irredentismo israelí: que los palestinos ya tienen un Estado, Jordania.

El “Acuerdo del Siglo” de Trump difícilmente será una solución al conflicto, ni para los palestinos e israelíes ni para otros países de la región. Israel, con el apoyo de los Estados Unidos, ha rechazado la idea de dos Estados. Se está precipitando hacia un Estado único, no consensual. Lo que nos espera es un Estado de apartheid. Israel tiene la piel dura y no permite que esta etiqueta le afecte. Con la adopción de la Ley de Identidad Nacional, Israel no sólo ha limitado el derecho a la autodeterminación a los judíos. Si bien el 20 por ciento de los ciudadanos árabes de Israel ya han sido reducidos a un estatus de segunda clase, los palestinos en los territorios ocupados serán, a todos los efectos, de tercera clase.

Con el “Acuerdo del Siglo” los sionistas reclamarán la victoria y los árabes la rechazarán. El acuerdo no traerá la paz. Trump ni siquiera se preocupa por una solución justa en absoluto y no le importa que no se le considere un cortesano honesto. En el lenguaje de los bienes inmuebles, no hay mediadores honestos y Trump no tiene intención de cambiar ese lenguaje. Con su yerno maquiavélico [Kushner], romperá la tierra en pedazos con la esperanza de crear la arquitectura de un nuevo Oriente Medio.

Pero considerar a Kushner como un mero agente inmobiliario es arriesgado. Por lo que sabemos, se unió al club de empresarios del armamento como nuevo miembro y está haciendo su parte vendiendo armas al régimen saudí, utilizado en la guerra actual en Yemen. Por lo tanto, Kushner necesita un Oriente Medio en crisis y conflicto para poder vender armas. No lo menciona en sus actividades; está escrito con tinta invisible.

Kushner no fue nombrado para encontrar soluciones justas y duraderas, sino para destruir la región y ampliar su mandato e intereses, y para ayudar a sus nuevos amigos a ganar territorio, petróleo y obras de construcción. Él y sus amigos/socios comerciales obtendrán enormes beneficios de la empresa y se reirán de todo mientras llenan sus arcas, después de arruinar la región. Parece que Dick Cheney, que está a la vanguardia de la línea de sus socios, fue el primero en ganar un contrato petrolero después de que Trump entregara los Altos del Golán a Israel.

¿Hasta dónde llegarán las maquinaciones de Trump? ¿Trabajará su arrogancia con los palestinos, Israel o cualquier otro agente regional? Trump ha adoptado una visión simplista y a corto plazo de las cosas y, sobre todo, una orientación racista que sólo persigue sus propios intereses. El acuerdo que ahora pretenden aplicar es una imposición de Israel y Estados Unidos a los árabes. También es preocupante que Estados Unidos haya cooptado a países árabes sumisos y oportunistas, principalmente Arabia saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, para que colaboren en este plan. Por el momento, es el peor plan de paz de la historia de Oriente Próximo, porque ignora por completo los derechos de los palestinos. Las decisiones de Trump sobre la región sólo traerán violencia, caos y extremismo. Hasta que los palestinos no lleguen a un acuerdo justo y plenamente viable, morirá.

Un acuerdo justo necesita personas que tengan visión y profundidad como mediadores. Estados Unidos son incapaces de mediar en una paz genuina en el Oriente Medio. Lo ha demostrado en las últimas décadas.

http://palestineupdates.com/us-deal-of-the-century-may-be-a-mere-real-estate-arrangement/

El ejército de Israel encadena una mentira detrás de otra desde el mismo momento de su fundación

La semana pasada, durante la visita de Netanyahu a Moscú, se produjo algo que calificaremos como  “un malentendido”, que resultaría puramente anecdótico de no ser por la candidez con la que muchos contemplan las relaciones internacionales.

Para entender la historia hay que remontarse a junio de 1982, en plena agresión de Israel contra Líbano. Durante la batalla llamada de Sultán Yacub desaparecieron tres soldados israelíes: Yehuda Katz, Zvi Feldman y Zachary Baumel.

Este último comandaba un tanque del 362 Batallón Blindado del Tsahal.

En Israel dijeron a sus familias que sus cuerpos estaban en algún lugar del valle de la Bekaa, es decir, en territorio libanés, por lo que no era fácil recuperarlos.

Sorpresivamente, el miércoles el ejército israelí anuncia que tras desplegar la Operación Canción Dulce Amarga en Siria ha recuperado el cadáver del sargento Baumel.

Era una doble mentira. La primera, el ejército israelí llevaba 37 años mintiendo al decir que los cadáveres estaban en el valle de la Bekaa. Lo cierto es que aprovechando la agresión contra Líbano, en 1982 había atacado también a Siria. El cadáver apareció en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk, muy cerca de Damasco.

La segunda mentira es que no fueron ellos quienes localizaron el cadáver, ni hubo tal Operación Canción Dulce Amarga. Lo encontraron los rusos, le practicaron la autopsia y entregaron los restos a Israel.

Luego, una tras otra, las mentiras se han ido encadenando al lado de las ocultaciones: “No hubo acuerdos ni negociaciones para regresar a Baumel. Fue devuelto en una operación militar”, precisó el portavoz del Tsahal, general de brigada Ronen Manelis. “No estamos diciendo dónde se encontró su cuerpo”, añadió.

Las mentiras y ocultaciones también tienen sus causas, que en este caso son las elecciones generales que celebran los israelíes. Netanyahu se quería poner una medalla que no le correspondía.

Pero eligió el peor momento posible porque delante de las narices, Putin le desmintió públicamente. En los anales de la diplomacia pocas veces se habrá visto un bochorno mayor que el padecido por Netanytahu en Moscú.

La moraleja es que, en contra de lo que solemos escuchar tantas veces, en estos territorios “no todos los gobiernos mienten”, ni mienten de la misma manera, ni por los mismos motivos. Tampoco todas las mentiras tienen el mismo alcance.

Nota, post data y addenda: llevamos una semana esperando que los cazadores de bulos denuncien a la prensa israelí e internacional por contar noticias falsas, pero es inútil. Nos vamos a acabar convirtiendo nosotros mismos en un detector de mentiras.

Lean la noticia según la versión de “Noticias de Israel”, que se vanagloriaba nada menos que de “la dedicación de Israel a sus tropas cautivas y desaparecidas, un aspecto fundamental de su ética y una meta a la que dedica considerables recursos”.

Pues lo que dijo Putin es que la “ética” y los “recursos” llegaron con su ejército, añadiendo además que el único apoyo con el que habían contado sus tropas era con el del ejército… sirio.

Nueva arma del ejército israelí para dispersar a los manifestantes palestinos

El ejército de ocupación de Israel introdujo una nueva arma de dispersión de masas para usarla contra manifestantes palestinos en la Franja de Gaza.

El arma utiliza ondas de radio para producir fuertes sonidos como las bombas.


Aparentemente no letal, el arma fue desarrollada en Israel. Los soldados que la utilizaron en el primer aniversario de las protestas de la Gran Marcha del Retorno dijeron que “fue muy efectiva”.

Durante la última represión israelí contra los manifestantes palestinos, que reclaman su legítimo derecho de retorno a su tierra usurpada por Israel desde 1948, los soldados de ocupación mataron a cuatro personas, tres de las cuales tenían sólo 17 años, e hirieron a otras 316. Entre los heridos había 86 niños, 29 mujeres, tres socorristas y siete periodistas.

Desde el inicio de las protestas de la Gran Marcha de Retorno el 30 de marzo del año pasado, Israel ha matado a unos 280 manifestantes y ha herido a más de 30.000.

Esta mañana soldados israelíes han entrado con sus armas en una escuela de Hebrón para detener a Ziad Jaber, un niño palestino de 9 años.

https://www.monitordeoriente.com/20190401-israel-introduce-una-nueva-arma-de-dispersion-de-masas-contra-los-palestinos/

Las 12 tribus -o más- de Israel: el racismo, el sionismo y el fascismo van de la mano

Israel tiene muchas más de 12 tribus. No hay un pueblo judío como no hay un pueblo cristiano ni un pueblo musulmán sino poblaciones distintas unidas sólo por los mismos ritos religiosos, como argumentó convincentemente Shlomo Sand hace unos años (1).

Los judíos no son una nación, ni una etnia, ni una raza, ni lo han sido nunca. Son pueblos diferentes que practican una misma religión que, además, fue la primera de tipo expansionista. El judaísmo surgió en el mismo lugar donde surgieron las demás religiones monoteístas, en Oriente Medio, desde donde se extendió hacia otros lugares poblados por habitantes diferentes.

Los judíos no marcharon a la diáspora expulsados de sus tierras ni por el Imperio Romano ni por nadie. El mito de un exilio que ha durado 2.000 años es un relato bíblico puramente fantástico. Como las demás religiones monoteístas lo que los judíos expanden son sus propias creencias, que pasan de unos pueblos a otros, lo que demuestra que no se trata -en absoluto- de una religión “cerrada” sobre sí misma, una especie de secta, como se ha hecho creer.

La historia no conoce ningún caso parecido de una población que haya sobrevivido tanto tiempo a tantas vicisitudes históricas, por más que se trate del “pueblo elegido por dios”. Como los seres humanos, los pueblos nacen, se desarrollan, se entremezclan y fenecen o son absorbidos por otros. Por eso son historia, pasado y presente.

Lo mismo ocurre con las ideologías y las creencias, que se desplazan tanto o más que las poblaciones. Unos pueblos asimilan las costumbres y ritos de otros, pierden las suyas o las entremezclan.

Como en otros casos, la ideología se superpone a la historia engendrando leyendas más o menos irreales. A veces esas ideologías sirven para mantener la identidad colectiva del propio pueblo. Otras las fabrican sus enemigos que, en muchas ocasiones, son sus propios vecinos y alcanzan también a la religión vecina.

El mito del “judío errante”, por ejemplo, es un invento cristiano del siglo XIII que dio lugar a una abundante colección de relatos literarios antisemitas. Los judíos mataron a Cristo y fueron condenados a la inmortalidad. Debían expiar una culpa eterna vagando por el mundo.

El reino de Jazaria

El reino de JazariaEntre el siglo VIII y el IX se judaizó el reino de Jazaria, que comprendía el norte del Cáucaso y la orilla oriental del Mar Negro, alcanzando buena parte de lo que hoy es Ucrania. Posiblemente la mayor parte de los jázaros eran pueblos turcos y eslavos entre los que se impuso el idioma yiddish. En el siglo XII el reino desapareció como tal a causa de las invasiones mongolas, que empujaron a sus habitantes hacia el oeste. De ahí que las fuentes historiográficas más antiguas sobre la presencia de los judíos en Europa daten del siglo siguiente.

Hacia 1900 la inmensa mayoría de los judíos, un 80 por ciento, no vivían en Palestina sino en Europa del este. Pero no eran emigrantes, no se habían desplazado procedentes de otro lugar, aunque las ideologías racistas que empezaron a surgir entonces, entre ellas el sionismo, dijeran lo contrario.

Según los sionistas, la especie humana se podía subdividir en razas diferentes y los judíos eran una de ellas.

En 1940 el régimen fascista de Vichy fabricó una “raza judía” diferente de la francesa, aunque en realidad se remitía a los ancestros: son judíos los hijos de padres judíos. Entonces, ¿cuándo eran judíos los padres? La respuesta remitía a la religión: cuando practicaban los ritos judíos. En caso de duda, el sospechoso debía demostrar que no lo era, por ejemplo, aportando un certificado de bautismo, aunque no siempre eso le libraba de la deportación.

A una intrincada legislación racista le sucedió en Francia un diluvio de litigios judiciales, con todo tipo de casos contradictorios, por ejemplo sobre los judíos no practicantes, los conversos, los híbridos…

En la medida en que la expresión “raza” adquirió un tono peyorativo en 1945, se utilizaron otras alternativas para llegar a la misma conclusión: había un pueblo judío, los judios forman una nación, tienen derecho a regresar a “su tierra”, etc.

Pero el mito de la nación judía es tanto un invento del sionismo como del fascismo y conduce a las mismas conclusiones: a la limpieza étnica y a la creación de un Estado confesional. Cada cual debe ubicarse en su propio país porque todos los pueblos tienen un territorio adscrito y si no lo tienen, hay que crearlo, como en el caso de Israel.

Cuando los libros de historia dicen que hace 500 años los españoles expulsaron a los judíos o a los moriscos, parece que hablan en tercera persona. Nadie extrae la conclusión de que unos españoles expulsaron a otros de sus casas, de sus tierras y de su país.

Toda la verborrea sobre el holocausto no ha explicado lo más simple: ¿cómo lograron los nazis diferenciar a un alemán de otro alemán para enviarle a un campo de concentración?, ¿cómo lo hicieron los vichystas franceses?, ¿y los franquistas?

No lo lograron porque era imposible. Por eso en 2002 Bryan Mark Rigg calculó que unos 150.000 judíos, que los nazis denominaban “mischling” (híbridos), sirvieron en la Wehrmacht. No eran mestizos; eran tan alemanes como los demás y, desde luego, se sentían ajenos a las víctimas que enviaban a los campos de concentración (2). Entre los “mischling” hubo un mariscal de campo, 21 generales y 7 almirantes. Lo mismo cabe decir de otras instituciones públicas del III Reich de las que los judíos formaron parte.

La foto que ilustra la portada del libro de Rigg es tópica desde los tiempos del III Reich: un apuesto soldado alemán en quien se podía adivinar un cabello rubio y ojos azules bajo su casco nazi. Se trataba de Werner Goldberg, un inequívoco apellido judío.

La madre del coronel Walter Hollander era judía, pero Hitler le entregó personalmente un certificado de “arianidad” que, por si cabían dudas, le convirtió en alemán “de pura cepa” por arte de magia.

Hay ideologías en las que casi todo cumple unas funciones mágicas. En 1940 el III Reich publicó un decreto ordenando que todos los soldados que tuvieran dos abuelos judíos debían abandonar el ejército. No se cumplió nunca por el mismo motivo: no se podía cumplir.

Como no hay desafío mayor que cumplir lo imposible, en 1943 los nazis repitieron el intento y volvieron a ordenar que los “mestizos” salieran de filas. Al año siguiente volvieron a la carga y elaboraron un listado de 77 generales “judíos”, o medio judíos, o con antepasados judíos…

Las concepciones racistas de los nazis eran absurdas, lo mismo que las de los sionistas. En todos los países del mundo la condición judía no estaba en la sangre ni en los cromosomas. No era más que una etiqueta que ponía quien tenía el poder para hacerlo. Los primeros sorprendidos fueron aquellos obligados a padecerla. Bajo el III Reich dejaron de ser alemanes para ser otra cosa. Pero los nazis no pusieron la etiqueta sólo a los judíos; tampoco se la pusieron a todos los judíos.

Ocho apellidos judíos

A los franquistas les ocurrió lo mismo. En mayo de 1941 José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, Director General de Seguridad, envió a los gobernadores civiles la orden de elaborar un listado de los “israelitas” que había en cada provincia. “Las personas objeto de la medida que le encomiendo han de ser principalmente aquellas de origen español designadas con el nombre de sefardíes, puesto que por su adaptación al ambiente y similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen y hasta pasar desapercibidas sin posibilidad alguna de coartar el alcance de fáciles manejos perturbadores”, decía la orden.

Los franquistas tampoco eran capaces de diferenciar a un judío de un español “genuino”. La Gestapo estaba tras la pista de uno de ellos, Samuel Ros, un falangista que escribía en el diario “Arriba”. Estaba tan integrado que no había manera de diferenciarlo de cualquier otro fascista.

Claro que, como diría un jurista, había un fuerte indicio: el apellido. En Francia si alguien tenía un patronímico como “Cohen” no se libraba de la deportación ni aunque le hubiera bautizado el obispo más consagrado. La cuestión es que la ley judía es matrilineal y son judíos los hijos de madre judía; el primer apellido no significaba nada. Ahora bien, ¿qué fascista tenía en cuenta la ley judía?

Son los absurdos del racismo. Hasta el siglo XX los apellidos no sólo no se imponían a nadie sino que se podían cambiar, por lo que no denotan un origen de manera necesaria, de manera que los hijos adoptivos no tomaban el apellido de sus padres biológicos.

A la inversa, los apellidos de los judíos sefardíes españoles no tienen nada que ver con los askenazíes alemanes.

No obstante, el rastro del racismo llega hasta hoy. Por ejemplo, España no permite recuperar la nacionalidad a los moriscos que fueron expulsados hace 500 años, pero sí a los judíos sefardíes. Sin embargo, ¿cómo pueden demostrar su origen español? Uno de los recursos más fáciles es el mismo de siempre: el apellido. En internet hay sitios -sionistas algunos de ellos- que hacen listados de estos apellidos, que superan los 5.200, aunque los propios amantes de los listados advierten: “En España, salvo excepciones, no puede haber apellidos hebreos. Debido a las conversiones forzadas y los estatutos de limpieza de sange, los judíos tuvieron que cambiar de apellidos y de nombres” (4).

Así que llegamos al siglo XXI y seguimos como al principio. Tanto los fascistas como los sionistas siguen haciendo listados de judíos, que primero sirvieron para expulsarles de su país, luego para enviarles a los campos de concentración y ahora para darles (¿devolverles?) la nacionalidad.

Los mismos que los elaboran no ocultan su origen: “Estos apellidos están sacados de las listas de penitenciados por el Santo Oficio”, previenen. La maldita Inquisición nos sigue torturando 500 años después y seguimos haciendo listados, aunque la lista de Schindler es como la de “los 10 más buscados por el FBI”: no están todos los que son ni son todos los que están. Ocurrió en el III Reich como en la España actual: no hay ningún listado de judíos sino de quienes fueron expulsados hace 500 años acusados de ello por la Inquisición.

(1) When And How The Jewish People Was Invented?, Resling 2008.
(2) Bryan Mark Rigg, Hitler’s Jewish Soldiers, traducido al castellano: La tragedia de los soldados judíos de Hitler, Inédita Editores, 2009.
(3) https://elpais.com/diario/2010/06/20/domingo/1277005953_850215.html
(4) https://www.tarbutsefarad.com/apellidos-judios/lista-apellidos-judios.html

La lucha contra el sionismo es una lucha contra el imperialismo y los nuevos ‘delitos de odio’ no la van a frenar

Con la criminalización del “negacionismo” del llamado “holocausto” y la creación de los delitos de odio, en Europa la represión se encamina hacia la inmunización de Israel y del sionismo como ideología criminal, es decir, que da un giro de 180 para proteger a los delincuentes.

La vestimenta ideológica es que la lucha contra el sionismo es una agresión a los judíos, por lo que los judíos son sionistas. Recientemente Macron rindió pleitesía al Crif (Consejo representativo de las Instituciones Judías de Francia), donde lo dejó bien claro: la Unión Europea asumirá como propia la definición de “antisemitismo” de la Alianza Internacional para la Memoria de la Soah, lo cual significa que los ataques “a los judíos” los definen los propios “judíos” y que el antisionismo forma parte de esa definición.

Es otra falsificación de la historia: durante la primera mitad del siglo XX, la gran mayoría de los judíos eran enemigos del sionismo, lo que puede conducir al absurdo de calificar a los judíos como antisemitas.

El sionismo es parte del imperialismo; participa de sus mismas características: la conquista, el asentamiento y el colonialismo. A finales del siglo XIX y antes de la Primera Guerra Mundial, la gran mayoría de los judíos de Europa central y Rusia emigraron masivamente a occidente y, especialmente a Estados Unidos. Otros muchos se integraron en las sociedades de las que formaban parte, donde acabaron asimilados. A partir de 1880, y a pesar del antisemitismo, el número de matrimonios mixtos entre los judíos alemanes aumentó constantemente: entre 1901 y 1929 la proporción aumentó del 17 al 59 por ciento.

La participación activa de los judíos en el movimiento obrero y comunista internacional fue otra forma de integración social y los pogroms de la Rusia zarista y la represión nazi no estuvieron dirigidos contra “los judíos” sino -principalmente- contra los revolucionarios.

En 1897 se creó el Bund, la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, una organización socialdemócrata cuya federación Lenin no admitió dentro del Partido bolchevique. El Bund compartía los principios de la II Internacional que, en lo que a la cuestión nacional se refiere, estaban dominados por los “austro-marxistas”, esto es, por el federalismo y una especie de autonomía cultural.

Cuando en 1943 los nazis aplastan el levantamiento del ghetto de Varsovia, acaban también con ese movimiento, que no era estrictamente judío sino socialdemócrata, es decir, político y no religioso ni étnico.

Las grandes potencias imperialistas son las que convierten a un movimiento minoritario, como el sionismo, en mayoritario incorporándolo al nuevo orden mundial inaugurado en 1945 y creando en torno a él una de las más formidables campañas propagandísticas que ha conocido la historia, que no es otra cosa que la reedición del mito bíblico de la huida de Egipto que encabezó Moisés.

En 1948 la creación del Estado de Israel por el imperialismo fue otro “éxodo” que, si se desprende de la mitología religiosa, debería llamarse conquista, asentamiento y colonización de Palestina. El nuevo Estado no sólo atrae a una parte importante de los judíos de la diáspora sino que compromete al resto en su defensa. A diferencia del judaísmo, que forma vínculos en torno a una religión, el sionismo los crea en torno a un Estado, o sea, a una política determinada.

Cabe concluir, pues, que la suerte del sionismo está ligada al imperalismo y a sus lacras coloniales. En Palestina los sionistas no son muy diferentes a los blancos en Sudáfrica, convencidos de llevar a cabo una misión civilizadora o típicamente religiosa (misionera) porque se creen superiores a los indígenas.

Como los demás colonos que ha conocido la historia, los sionistas llegan a una tierra (Palestina) pero dependen de otra (Gran Bretaña primero, Estados Unidos después). Viajan y se establecen en oriente pero representan a occidente. Creen simbolizar la cultura en medio de la incultura y la barbarie. En norteamérica los colonos metieron a los indios en las reservas, en sudáfrica los blancos crearon bantustanes y en Palestina los sionistas hicieron exactamente lo mismo.

Los imperialistas pueden seguir inventando los delitos que quieran. Pueden seguir emitiendo reportajes a mansalva sobre el holocausto. Quizá tapen la boca e intimiden en sus respectivos países. Quizá hayan logrado lavar el cerebro a más de uno y silenciar a otros cuantos. Pero no cabe duda de que ese castillo de naipes que es Israel se derrumbará inexorablemente porque un Estado no se puede sostener indefinidamente sobre el crimen organizado, por más que la ONU se empeñe en ello.

Israel entrena a mercenarios extranjeros para llevarlos a combatir a la Guerra de Yemen

Los militares israelíes están entrenando a mercenarios extranjeros, dirigidos por colombianos y nepaleses, en campos financiados por Emiratos Árabes Unidos en el desierto del Néguev, según el diario israelí Haaretz.

El gobierno de Tel Aviv es, pues, un cómplice en la brutal agresión saudí contra Yemen y que está “cosechando los beneficios” de la asociación entre ambos.

Citando fuentes de un comité de inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el reportaje indica que los mercenarios fueron reclutados por Mohammed Dahlan, asesor de seguridad del Príncipe Heredero de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed Al Nahyan.

Dahlan ha “visitado estos campos en más de una ocasión para verificar el estado de los preparativos y el entrenamiento de los mercenarios, bajo la supervisión personal de los oficiales del ejército israelí”, dice el periódico.

Los mercenarios, añade, han participado en la ofensiva saudí contra la ciudad portuaria de Hodeida y otras zonas de guerra en Yemen.

Según fuentes estadounidenses, Israel también ha vendido bombas y misiles a Arabia saudí, algunos de los cuales están prohibidos.

Arabia saudí y Emiratos Árabes Unidos lanzaron la devastadora campaña militar contra Yemen para devolver al poder al antiguo gobierno apoyado por la camarilla de Riad. Sin embargo, los invasores no lograron su objetivo por la resistencia yemení.

“Las empresas informáticas israelíes, los traficantes de armas, los instructores de la guerra antiterrorista e incluso asesinos a sueldo contratados por una empresa israelí son socios en la guerra en Yemen”, dice Haaretz, que también cita informes sobre las relaciones entre empresas israelíes y Arabia saudí y otros cómplices de la guerra.

La empresa israelí de software NSO Group vende programas espía Pegasus al gobierno saudí, acusado de asesinar al periodista disidente saudí Jamal Khashoggi el pasado mes de octubre por un comando en el consulado de Estambul.

La empresa de seguridad AGT International, propiedad de un empresario israelí, ganó una licitación de 6.000 millones de dólares en 2007 para instalar sistemas de vigilancia en Abu Dhabi.

Spearhead Operations Group, otra empresa creada por el israelí Avraham Golan, también es responsable de los asesinatos en Yemen.

En octubre pasado, Golán reconoció que había un plan de asesinatos selectivos en Yemen. “Lo hice. Lo logramos. El plan estaba bajo los auspicios de los Emiratos Árabes Unidos como miembro de la coalición árabe”, admitió.

Haaretz también afirma que Israel ha vendido aviones teledirigidos de combate a Arabia saudí y tiene la intención de vender los sistemas de misiles “Steel Dome” tras las reuniones secretas organizadas por Estados Unidos en Washington.

Israel ha trabajado recientemente entre bastidores para establecer contactos oficiales con Arabia saudí y sus aliados en el Golfo Pérsico.

El acercamiento de Arabia saudí a Israel socava los esfuerzos mundiales para aislar a Tel Aviv y sabotea la unidad de los árabes en defensa de la causa palestina.

https://www.haaretz.com/.premium-yemen-s-war-is-a-mercenary-heaven-are-israelis-reaping-the-profits-1.6938348

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