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El FBI no necesita autorización judicial para rastrear el historial de navegación de los internautas

El FBI ya no necesita obtener una autorización judicial para consultar el historial de navegación de los usuarios de internet.

El Senado ha rechazado por un voto una enmienda a la Ley Patriótica y la Ley FISA (Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera) para que la policía se pueda entrometer en la intimidad de millones de estadounidenses.

La enmienda pretendía exigir que ciertas fuerzas policiales, como el FBI, obtuvieran una orden para consultar el historial de navegación de los usuarios de internet.

La votación formaba parte de un intento de reforma de la Ley Patrótica y la Ley FISA, algunas de cuyas habilitaciones expiraron el 15 de marzo.

La enmienda sobre el historial de navegación fue presentada por el senador demócrata Ron Wyden y el republicano Steve Daines. Este último dio como ejemplo el reciente caso Trump-Zelensky para poner de relieve los abusos que han hecho posible la Ley Partiótica y la Ley FISA.

“Hemos visto lo que un puñado de burócratas del gobierno despectivos han hecho al Presidente Trump cuando abusan de la FISA para servir a sus propios planes políticos. Lo que le pasó al Presidente Trump le puede pasar a cualquiera”, dijo Steve Daines.

La enmienda fue finalmente derrotada por un voto, aunque varios senadores no estuvieron presentes durante la votación. La ausencia del senador de Vermont Bernie Sanders, que había declarado su apoyo a la enmienda, fue particularmente notable.

Además del rechazo de la enmienda, la ley todavía tiene que ser votada por los diputados en los próximos días. El texto tendrá que ser firmado por Trump.

La idea de permitir el acceso sin orden judicial al historial de navegación no es nueva. En 2016 Obama apoyó al antiguo director del FBI, James Comey, en una enmienda de la Ley sobre la Confidencialidad de las Comunicaciones Electrónicas para permitirlo.

Vietnam ha atacado los servidores informáticos de las instituciones chinas encargadas de gestionar la pandemia

El grupo de piratas informáticos APT2, que forma parte de las unidades de ciberguerra del ejército de Vietnam, se introdujo en los servidores de las instituciones chinas que gestionaron la pandemia de coronavirus.

Las unidades de ciberinteligencia de todo el mundo han seguido atentamente cada uno de los pasos que han dado tanto sus amigos como sus enemigos durante la pandemia, especialmente de China.

Internet se ha convertido en la mejor fuente de información de los servicios de espionaje y con la pandemia se han dado un festín. Ni siquiera se puede hablar ya de ciberataques porque la captura de mensajes y de bases de datos es una tarea rutinaria.

La empresa estadounidense FireEye asegura que Vietnam penetró en los servidores chinos de sanidad entre el 6 de enero y el pasado mes de abril. Los piratas vietnamitas enviaron correos electrónicos al personal del Ministerio de Gestión de Emergencias y al gobierno local de Wuhan, dos órganos políticos encargados conjuntamente de gestionar la crisis en la región.

El ataque de “phishing” tenía como objetivo capturar los correos electrónicos de los funcionarios de ambos organismos. Para engañar a sus objetivos, lanzaron un cebo: un enlace que contenía los resultados de una licitación relacionada con el equipo que se esperaba para gestionar la crisis. Los funcionarios chinos picaron en el anzuelo.

El gobierno de Vietnam fue de los primeros en reaccionar ante la pandemia y con un éxito indiscutible, a juzgar por los datos de la Universidad John Hopkins: cero muertos y 268 positivos al coronavirus, incluyendo 202 “curados”. Es el mejor registro del mundo ante la pandemia de coronavirus.

https://www.fireeye.com/blog/threat-research/2020/04/apt32-targeting-chinese-government-in-covid-19-related-espionage.html
https://www.theregister.co.uk/2020/04/23/vietnamese_hackers_hit_chinese_organisations/

Pandemia y capitalismo de vigilancia

Aram Aharonian

La pandemia del COVID-19 es más que un “cisne negro” (un hecho inesperado, poco frecuente). La pandemia seguramente pasará, pero la crisis quedará -la social, la económica, la política-, significando un mundo diferente que ni los más osados científicos sociales y politólogos han podido imaginar, con un estimado de más de tres mil millones de desempleados.

La necesidad de “quedarnos en nuestras casas” obligó a trabajadoras y trabajadores a seguir produciendo desde sus hogares con la modalidad del “teletrabajo”; docentes y estudiantes que continúan con parte de la currícula de manera virtual, así como también los grupos de riesgo dentro de los cuales se encuentran en gran medida nuestros jubilados y jubiladas, el sector de mayor riesgo en la pandemia.

¿Qué mundo les tocará vivir a las nuevas generaciones? En el mundo feliz (1932) del británico Aldous Huxley, las personas viven drogadas con el imaginario “soma”, y felices, manipuladas por un plan superior en el que la ciencia de punta sólo sirve a una estructura de dominación.

No tenemos soma, pero sí (tenemos Netflix y) un número infinito de aplicaciones y servicios gratis diseñados específicamente para convertirnos en felices adictos y en los auténticos recursos que surten la acumulación de riqueza en el nuevo capitalismo –el capitalismo de vigilancia- que ordena el mundo. Nunca nos hemos sentido tan libres pese a ser observados sin descanso.

El ser humano se ha convertido en un terminal de corrientes de datos. Hoy sabemos que con este saber se puede influir, controlar y dominar totalmente a las personas, a través de los algoritmos y la inteligencia artificial. La pandemia despertó la voracidad de los vendedores de dispositivos de vigilancia y tecnología de rastreo de personas, presuponiendo que la ciencia de datos será esencial para derrotar al enemigo invisible.

Alentados por el éxito de China y Corea del Sur (entre otros países  asiáticos) en el combate al covid-19, líderes políticos de democracias liberales, de derecha e izquierda, se mostraron encantados con la capacidad de control de los dispositivos digitales y del modelo estadístico de los algoritmos que extraen padrones y realizan predicciones.

Cámaras, software, sensores, celulares, aplicaciones, detectores, son presentados ahora como las armas más sofisticadas para el combate al virus…y para la domesticación de las poblaciones.

La industria de telecomunicaciones e informática –que junto a la farmacéutica será una de las ganadoras en esta crisis- prospera gracias a un principio básico, el de extraer los datos personales y vender predicciones sobre los comportamientos de los usuarios a los anunciantes. Pero hasta ahora se lograban pronósticos que facilitaban la previsión de hechos, acontecimientos (y su manipulación, claro), no certezas.

Las empresas (y los gobiernos) comprendieron que para que aumenten los beneficios (financieros pero sobre todo de manipulación) se hacía necesario tratar de modificar las conductas humanas a gran escala.

En el nuevo capitalismo, los datos personales se acumulan para producir el bien que se pondrá a la venta en el mercado: predicciones sobre nosotros mismos. Los propietarios de los medios de producción no son otros que los que ejercen el monopolio del negocio digital: Google, Facebook, Apple y Amazon, señala Patricia Serrano en El Economista de España.

Las medidas de excepción adoptadas, la llamada flexibilización de derechos, los cortes de salarios, el irrespeto a los principios básicos de la ciudadanía, las violaciones de privacidad, con el fin declarado de enfrentar al virus y la crisis, podrán no ser de excepción para convertirse en permanentes. E incluso ampliarse. El virus no destruirá el capitalismo. Todo indica que la vigilancia (policial, cibernética) conseguirá consolidarse.

“El capitalismo industrial, con todas sus crueldades, era un capitalismo para las personas. En el de vigilancia, por el contrario, las personas somos por encima de todo fuentes de información. No es un capitalismo para nosotros, sino por encima de nosotros”, sentencia Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Business School en una entrevista en la BBC.

Tu smartTV te observa. Pero también tu teléfono, tu coche, tu robot de limpieza, tu asistente de Google y hasta esa pulserita que monitoriza el número de pasos que das. Una pista: todos los productos que llevan la palabra smart o incluyen la coletilla de ‘personalizado’ ejercen de fieles soldados al servicio del capitalismo de vigilancia. Así lo resume Zuboff.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, profesor en la Universidad de las Artes de Berlín y autor de una decena de libros, profundiza en esta idea: “El ser humano es un terminal de corrientes de datos, el resultado de una operación algorítmica. Con este saber se puede influir, controlar y dominar totalmente a las personas”.

“En la cárcel, hay una torre de vigilancia. Los presos no pueden ver nada pero todos son vistos. En la actualidad se establece una vigilancia donde los individuos son vistos pero no tienen sensación de vigilancia, sino de libertad”, explica en su obra “La expulsión de lo distinto”, que analiza el impacto de la hipercomunicación y la hiperconexión en la sociedad.

Para Han, la sensación de libertad que brota en los individuos es engañosa: “Las personas se sienten libres y se desnudan voluntariamente. La libertad no es restringida, sino explotada”. Añade que “la gran diferencia entre internet y la sociedad disciplinaria es que en esta última, la represión se experimenta. Hoy, en cambio, sin que seamos conscientes, somos dirigidos y controlados”.

Paloma Llaneza, abogada, experta en ciberseguridad y autora de Datanomics, señala que el consentimiento en realidad no existe cuando escribimos nuestros datos personales rápidamente para bajarnos aún más rápido una aplicación gratis o recibir una newsletter semanal. “El consentimiento es una de las grandes mentiras de internet”, afirma.

El problema empieza cuando nuestros datos son usados para otras finalidades y cedidos a terceras empresas que buscan conocernos mejor y sacar un perfil de cómo somos. “Sin saberlo, el usuario puede estar dando consentimiento a ser escaneado en redes sociales y, de ahí, se saca el perfil de la persona. Solo con las fotos de Instagram ya se pueden deducir cosas del comportamiento”, explica.

El coronavirus afecta a toda la industria manufacturera de alto contenido tecnológico (incluyendo industria automotriz, aeronáutica y telecomunicaciones), básicamente porque su producción implica aglomeración de personas, no es considerada esencial y en definitiva se ajusta a las proyecciones de la demanda, nada alentadoras hoy.

En este análisis sólo se rescatan algunos sectores, primordialmente de servicios, entre los cuales tenemos Netflix y Spotify, que subirán un 30% debido a la medida de confinamiento. También las OTT (over the top) y las empresas de telecomunicaciones que brindan servicios de streaming. O sea, usan internet para llegar a los usuarios con vídeo (Netflix), audio (Spotify) o mensajería (Whatsapp, de Facebook) y/o aplicaciones de teleconferencia (como Skype o Zoom).

Con el aislamiento social, las plataformas que recolectan datos personales y los venden en el mercado avanzan para convertirse no solo en grandes intermediarios del entretenimiento sino también de la educación, lo que no puede aceptarse como algo natural y mucho menos como solución excepcional, señala Sérgio Amadeu da Silveira, profesor de la Universidad Federal de ABC, Brasil.

http://estrategia.la/2020/04/25/pandemia-y-capitalismo-de-vigilancia/

5 millones de recompensa por cada pirata informático norcoreano (Operación Cobra Oculta)

Estados Unidos ha puesto precio a la cabeza de los piratas informáticos norcoreanos: 5 millones de dólares. Para ello ha recurrido a las leyes antiterroristas.Para conseguir el dinero basta con proporcionar cualquier clase de información sobre la identidad, la ubicación o la actividad de los piratas.

“Si tiene información sobre las actividades ilegales de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en el ciberespacio, ya sea pasada o en curso, puede presentarla a través del programa Reward for Justice del Departamento de Justicia, lo que le permitirá optar a un premio de hasta 5 millones de dólares”, dice un documento titulado “Directrices sobre la amenaza informática de Corea del norte”.

El dinero sale del programa de Recompensas por la Justicia, utilizado principalmente para la captura de miembros de Al-Qaeda y organizaciones similares, que paga por cualquier información sobre la identidad o la ubicación de las personas buscadas por la policía.

Los piratas informáticos norcoreanos han quedado equiparados a los yihadistas y cualquier información sobre ellos o sus actividades se recompensa con una cantidad de dinero similar.

Como ya hemos explicado en otras entradas anteriores, como consecuencia del bloqueo imperialista, el gobierno de Pyongyang recurre a la piratería para obtener divisas. “Bajo la presión de las fuertes sanciones de Estados Unidos y la ONU, la RPDC depende cada vez más de actividades ilegales -incluyendo la ciberdelincuencia- para generar ingresos para financiar sus programas de desarrollo de armas de destrucción masiva y misiles balísticos”, dice la policía para justificarse.

En lugar de anular el bloqueo, Estados Unidos prefiere tensar la cuerda y seguir con su política de chantajes habituales. Las estimaciones indican que las divisas capturadas por Corea del norte gracias a la piratería informática ascienden a más de 2.000 millones de dólares en total. Desde hace años los informáticos norcoreanos se apoderan del dinero negro depositado en bancos centrales, fondos buitre y casinos de juego de todo el mundo.

El gobierno de Washington ha dado un nombre en clave a las actividades norcoreanas dirigidas contra el capital financiero: Cobra Oculta. Los piratas informáticos utilizan una amplia gama de técnicas: ciberataques y hurtos directos contra instituciones financieras tradicionales; campañas de expropiaciones apoyadas por el “phishing” y los rescates; y tácticas para obtener el pago de “honorarios de consultoría a largo plazo” de grandes los grandes monopolios internacionales.

Recientemente, los norcoreanos se han centrado en la expropiación de criptomonedas, que son más difíciles de controlar y cuyo tráfico es más difícil de rastrear. También se han especializado en el “cryptojacking”, que consiste en tomar el control de los servidores para socavar las criptomonedas. De esta manera, ganan varios miles de dólares explotando los recursos informáticos de las grandes empresas.

Los norcoreanos son los grandes maestros de la informática moderna. A mediados del año pasado habían atacado más de 35 bancos en 17 países diferentes.

Estados Unidos considera que la piratería norcoreana es “una amenaza significativa a la integridad y estabilidad del sistema financiero internacional” y el informe elaborado por el espionaje recomienda que los bancos y las empresas extremen las precauciones contra las técnicas de ataque de los norcoreanos.

Más información:
– Corea del norte rompe el bloqueo imperialista con piratería informática
– Trump autorizó expresamente ataques informáticos contra Corea del norte durante seis meses
– La ciberguerra es la continuación de la guerra por medio de ordenadores

Google introducirá otro espía en tu móvil en la próxima actualización del sistema operativo

Hace unos días anunciamos un acuerdo entre Google y Apple para elaborar una aplicación informática con el pretexto de controlar la expansión del coronavirus. En realidad, forma parte del panóptico, la máquina que lo vigila todo.

El verdadero objetivo es el espionaje de los usuarios de móviles, hacer un seguimiento exhaustivo de los desplazamientos de 2.000 millones de personas en todo el mundo, de los lugares que frecuentan y de las personas con las que se reúne.

Otro objetivo es quebrar la sociabilidad mutua y separar a los calificados como sanos de los calificados como apestados.

Ahora Google confirma que los móviles equipados con Android recibirán una actualización con la aplicación para el rastreo. Se usará la vía habitual de “actualizar” el sistema operativo.

Los usuarios de móviles Huawei tendrán suerte porque carecen del espía de Google a causa del bloqueo impulsado por el gobierno de Estados Unidos. La empresa china decidirá si la incorpora o no.

No se sabe con quién compartirán la información Google y Apple, si la venderán a empresas comerciales o si la entregarán también a los gobiernos.

Tampoco se sabe si serán aplicaciones informáticas de código abierto o privativas.

Google ya venía espiando a los usuarios de Android, aunque desactivaran el GPS y la geolocalización de sus móviles. Los monopolios digitales saben más de cada uno de nosotros, que los propios interesados.

Tu peor enemigo está en tu bolsillo. Es el mejor momento para dejar el móvil en casa, o bien para sacar a Android de los móviles e instalar otro sistema operativo, o bien para volver a los teléfonos “no inteligentes”.

https://www.theverge.com/platform/amp/2020/4/13/21220033/android-covid-19-tracking-updates-google-play-contact-tracing

El móvil es el último cordón umbilical que nos une al mundo, sin él no existiríamos

En apenas veinte años los grandes monopolios tecnológicos han acumulado un enorme poder político y financiero. Su valor acumulado es superior al PIB de las mayores potencias económicas europeas.

En Europa han acuñado el acrónimo GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) y en Estados Unidos utilizan FAANG para referirse al mismo grupo monopolista, al que a veces añaden NATU para referirse a empresas como Netflix, Airbnb, Tesla y Uber. A ellos podríamos sumar Twitter o PayPal.

Las aplicaciones informáticas eliminan a los intermediarios para convertirse ellos en los únicos intermediarios, es decir, para imponer prácticas monopolistas.

Cada uno de los pasos que alguien da en este mundo, está bajo el control de esos monopolios. Una empresa, un banco, una institución, un partido político o una persona que no tiene un correo electrónico o una cuenta en Facebook, no existe. La declaración de la renta se hace en línea y las reuniones sociales y políticas también, así como los cursillos. Si sales de viaje, activas el GPS de tu móvil para que busques y para que te busquen.

La industria digital representa el 13 por ciento del PIB de los Estados Unidos. Sus monopolios no sólo recaudan dinero sino grandes masas de capital. Los fondos de capital de riesgo forman una piña con Silicon Valley.

Con las enormes masas de capital que acumulan compran empresas emergentes (start-up) para mantener su posición dominante. Facebook compró WhatsApp por 13.000 millones de dólares y Google compró DeepMind. La mercancía es la información y la información es poder.

Ninguno de esos monopolios es una empresa “privada”, en el sentido que se le da a este término en la ideología burguesa. Es puro capitalismo monopolista de Estado o, en otras palabras, otros tantos casos de “puertas giratorias”. Están muy estrechamente relacionadas con el imperialismo y el complejo militar-industrial. Desde 2016, Eric Schmidt, antiguo cabecilla de Google, preside el Consejo de Innovación en Defensa.

Durante el mandato de Obama los monopolios digitales han multiplicado por cinco sus gastos de cabildeo. Google ha reclutado a casi 200 funcionarios del equipo demócrata de gobierno.

Tanto en Wall Street como en la Casa Blanca no se está produciendo una mera sustitución de unos monopolios por otros, prueba de lo cual son los roces que estamos viendo a cada paso.

Con excepción de Peter Thiel, cofundador de PayPal y miembro de la junta directiva de Facebook, la banda de Silicon Valley está con los demócratas y los posmodernos que apoyaron a Hillary Clinton. Consideran a Trump como un personaje de la época de Eisenhower, cuando en las calles de Nueva York aún se paseaba con sombrero.

Por ejemplo, Silicon Valley no se opone a la política migratoria de Trump por razones humanitarias sino porque depende de la contratación de mano de obra extranjera. El 75 por ciento de los monopolios digitales no han sido son creados por estadounidenses sino por emigrantes. Lo mismo que Europa, Estados Unidos es un país muerto que no tiene otra vida que la que le dan los que llegan de fuera.

Silicon Valley se opone a Trump porque ha recortado los presupuestos federales de investigación en áreas estratégicas como la inteligencia artificial y la robótica, lo que va a repercutir en el mantenimiento de la supremacía militar de Estados Unidos.

Los monopolios tecnológicos han desempeñado un papel protagonista en la gestación del mito del “candidato manchú”, es decir, en la fabricación del bulo de la connivencia de Trump con Putin.

Las Operaciones Araña se han acabado porque no son necesarias. Ahora la censura la imponen los monopolios tecnológicos que eliminan las cuentas de un plumazo o sacan los artículos del buscador por antonomasia.

Se acabó aquello de “pienso luego existo”. No es necesario pensar. Hay que abrir una cuenta de correo electrónico, o un blog, o un perfil de Facebook. El móvil es el nuevo DNI. No existe nadie que no esté en una red social y no merece la pena ningún contenido que no aparezca entre los primeros resultados de Google. Existir es figurar en las redes, cuanto más mejor. Nos daremos cuenta de que no somos nada en cuanto nos quiten el móvil o la conexión a internet, porque las nuevas técnicas digitales son el único cordón umbilical que nos une al mundo.

El próximo virus que inventen se transmitirá por wifi o por bluetooth y entonces la tasa de mortalidad sí que será realmente espeluznante.

Apple y Google se alían para rastrear a los usarios de móviles siempre con el mismo pretexto de la pandemia

Ayer Apple y Google anunciaron una asociación para permitir el seguimiento digital de quienes han estado cerca de personas infectadas con el coronavirus con el pretexto de “limitar la propagación de la enfermedad”.

“Google y Apple anuncian un esfuerzo conjunto para permitir el uso de la tecnología bluetooth para ayudar a los gobiernos y agencias de salud a reducir la propagación del virus”, dijeron los dos monopolios tecnológicos.

Los móviles equipados con el iOS de Apple o el Android de Google podrán intercambiar información a través de bluetooth para rastrear contactos que mantengan las personas entre sí, a fin de alertar a otros para que no se acerquen a ellos, los apestados.

A partir de mayo, los usuarios de dispositivos iOS y Android podrán compartir el contenido de las aplicaciones oficiales de la burocracia sanitaria, que pueden descargarse de las tiendas en línea de ambos monopolios.

Apple y Google planean desarrollar “una plataforma de rastreo de contactos más amplia […] que permita que más gente participe, si decide unirse. Los sistemas operativos de los dos monopolios son los más utilizados en los móviles de todo el mundo.

“En Apple y Google estamos seguros de que nunca ha habido una razón más importante para trabajar juntos que la de resolver uno de los problemas más acuciantes del mundo”, dijeron ambos en un comunicado lleno de hipocresía.

“Mediante una estrecha cooperación y colaboración con los promotores, los gobiernos y las partes interesadas en la atención de la salud, esperamos aprovechar el poder de la tecnología para ayudar a los países de todo el mundo a frenar la propagación de COVID-19 y acelerar el regreso a la vida normal”, concluye el mensaje.

El coronavirus se ha convertido en la mejor coartada para una sociedad de tarados, creada a imagen y semejanza de sus impulsores: los grandes monopolios internacionales. Es el mejor de momento de salir a calle sin móvil o de cambiar su sistema operativo por otro.

El gobierno espiará 40 millones móviles con el pretexto de controlar los movimientos de los apestados

El Gobierno controlará más de 40 millones de móviles españoles para estudiar la movilidad durante la crisis del coronavirus. La Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial ha impulsado, en colaboración con el Instituto Nacional de Estadística (INE), un estudio de movilidad denominado DataCOVID, a través del cual analizará datos «anónimos y agregados» de desplazamientos de la población mientras dure la emergencia sanitaria por el coronavirus, y durante el tiempo necesario hasta que se restablezca la normalidad, para contribuir así a «una toma de decisiones más eficiente basada en los datos».

En un comunicado, la Secretaría de Estado, adscrita a la Vicepresidencia Tercera del Gobierno y Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, indica que DataCOVID, que cuenta con un primer piloto en la Comunidad Valenciana, permitirá realizar una estimación de la movilidad de la población española durante el periodo de aplicación de las medidas de contención en relación con una situación de normalidad.

«El objetivo es analizar el efecto de las medidas sobre la movilidad de la población, identificando si aumentan o disminuyen los desplazamientos entre territorios o si hay zonas en las que hay una mayor concentración de población, para contribuir a una mejor toma de decisiones en la gestión de la emergencia sanitaria», explica. Por ejemplo, con DataCOVID se podrá conocer si tras la entrada en vigor de las medidas de distanciamiento social aumentan o disminuyen los movimientos de la población entre territorios, si hay áreas con una mayor aglomeración o afluencia o si hay zonas con una alta concentración de población en relación a su capacidad sanitaria.

En este sentido, DataCOVID utiliza las posibilidades que ofrece el Big Data para analizar grandes cantidades de información y extraer conclusiones útiles, «ganando así en eficiencia para una toma de decisiones basada en la evidencia, más coordinada y adaptada a cada territorio».

El estudio cubrirá todo el territorio nacional, dividiendo España en unas 3.200 áreas de movilidad, que identifican agrupaciones de población de entre 5.000 y 50.000 habitantes. Así, los datos de posición analizados permitirán tener una muestra más de 40 millones de teléfonos móviles en toda España. El responsable del tratamiento de estos datos será el Instituto Nacional de Estadística (INE), con el que las operadoras de telecomunicaciones ya colaboraron el año pasado en la elaboración de un estudio sobre movilidad a partir de datos obtenidos de los teléfonos móviles.

Las tres principales operadores de telecomunicaciones del país, Telefónica, Orange y Vodafone, ya confirmaron su participación en el desarrollo del piloto en Valencia, tras lo cual ya se han comenzado a recopilar los datos agregados y anonimizados aportados para el estudio por algunas de esas compañías como Telefónica.

Asimismo, el Gobierno incide en que el estudio «no rastrea movimientos individuales», sino que emplea datos de posicionamiento de los dispositivos móviles, anónimos y agregados, proporcionados directamente por los operadores y eliminando cualquier información personal, sin identificar ni realizar seguimientos de números de teléfono o titulares de forma individual.

Así, asegura que, al no emplear datos personales, y usar solo datos anónimos y agregados, este estudio no entra en conflicto con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) o la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, y sigue las directrices marcadas por la Agencia Española de Protección de Datos.

Además, recuerda que la normativa sanitaria vigente ampara a las autoridades competentes a «usar datos con fines de investigación en situaciones excepcionales y de gravedad para la salud pública como la actual».

Con este proyecto España sigue la senda de otros países como China, Corea del Sur, Italia, Alemania o Austria, que en las últimas semanas han puesto en marcha distintas iniciativas para analizar los movimientos de población a partir de datos obtenidos de los teléfonos móviles de los ciudadanos.

Los operadores de telecomunicaciones con presencia en España ya ofrecieron al inicio de la crisis por el Covid-19 su colaboración al Gobierno para ayudar a contener la expansión del brote de coronavirus con sus herramientas de Big Data y de gestión de datos agregados y anonimizados y otras capacidades tecnológicas, respetando en todo momento la legislación de protección de datos.

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200403/gobierno-control-telefonos-movilidad-coronavirus-7916298

La tecnología de reconocimiento facial naufraga en Londres

Desde finales de enero la policía de Londres ha desplegado un sistema LFR (reconocimiento facial en vivo) en las calles de la capital. Su objetivo es identificar a las personas buscadas o a otras que tengan “comportamientos sospechosos”. El anuncio de la instalación despertó la indignación de los habitantes, pero también de las asociaciones que luchan por el respeto de las libertades individuales.

Casi 9.000 rostros fueron escaneados en una semana, según The Verge. Es un amargo fracaso para la Policía Metropolitana porque el 86 por ciento de la identificaciones fueron erróneas. La nueva tecnología sólo acertó en ocho casos y sólo uno fue identificado correctamente.

Es un índice peor que la tecnología de reconocimiento facial utilizada desde 2016 para identificar a los individuos buscados por el servicio de inteligencia, que tenía una tasa de error del 81 por ciento.

La policía instaló tecnología de reconocimiento facial en la calle Oxford Circus sin el consentimiento de los caminantes. En la calle las personas no tenían más opción que tragar. Sólo se les informó de que se les estaba utilizando como conejillos de indias.

“El despliegue del reconocimiento facial en vivo va acompañado de señales claras que alertan a los transeúntes de que la tecnología está activa”, dijo un portavoz de la Policía Metropolitana de Londres. “Queremos que el público sepa que estamos allí y queremos asegurarles que estamos trabajando para que Londres sea más segura”.

Las asociaciones que luchan por el respeto de los derechos y las libertades individuales protestaron. Los pobres resultados logrados por la tecnología les permiten ahora afirmar que su lucha es legítima. Un representante de Big Brother Watch dijo: “Esto es un desastre para los derechos humanos, una violación de nuestras libertades más fundamentales y una vergüenza para nuestra ciudad”.

Londres se ha convertido en la segunda ciudad más vigilada del mundo después de Pekín. La ciudad está equipada con un total de 420.000 cámaras, un hecho que demuestra que a pesar de los pobres resultados de la herramienta de reconocimiento facial, la policía de Londres no renuncia a una tecnología, por más que fracase.

La CIA ha pirateado instituciones públicas y empresas chinas estratégicas

Durante casi 11 años la CIA ha pirateado a los sectores de la aviación y la energía de China, organizaciones de investigación científica, empresas de informática e instituciones gubernamentales, afirma la empresa china de seguridad informática Qihoo 360.

La piratería de las empresas aéreas podría haber tenido como objetivo el seguimiento de los itinerarios de viaje de las personalidades importantes del país, añade.

Las operaciones de piratería de la CIA tuvieron lugar entre septiembre de 2008 y junio de 2019, con la mayoría de los objetivos en Beijing, Guangdong y Zhejiang. La industria de la aviación civil fue atacada particularmente. El objetivo de la campaña era reunir información específica y a largo plazo para vigilar el estado de los vuelos mundiales en tiempo real, información sobre los pasajeros, carga comercial y otra información conexa.

“Estados Unidos es un imperio piratas”, dijo el miércoles el portavoz de la cancillería china, Zhao Lijian, en una conferencia de prensa (*). Es el mayor atacante cibernético del mundo y, sin embargo, “se ha disfrazado de víctima en todo momento”.

En efecto, los medios sólo se hacen eco de las acusaciones de las empresas estadounidenses contra Pekín por piratería informática, pero es raro que una empresa china ataque directamente a Estados Unidos, como lo hace Qihoo 360, que ha analizado e interceptado varios programas maliciosos como parte de su investigación.

El mes pasado un tribunal estadounidense acusó a cuatro piratas militares chinos por el escándalo Equifax. Están  vinculados al grupo APT10, un colectivo de piratas apoyado por el gobierno de Pekín. Se les acusa de haber expuesto datos personales particularmente delicados de 147 millones de consumidores. Se han presentado nueve cargos contra Wu Zhiyong, Wang Qian, Xu Ke y Liu Lei.

Según Estados Unidos, en 2017 los cuatro trabajaban para el Ejército Popular de Liberación de China.

(*) https://www.hispantv.com/noticias/china/450681/eeuu-ataque-cibernetico-cia

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