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Tres piratas informáticos norcoreanos expropiaron más de 1.300 millones de dólares a la banca

El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusa a tres programadores informáticos norcoreanos de una amplia gama de acciones de piratería cuyas víctimas incluyen bancos y un estudio cinematográfico.

La acusación forma parte de una querella anterior iniciada en 2018 y agrega a otros dos acusados norcoreanos. Los fiscales dicen que los tres programadores son agentes de un organismo de inteligencia militar del gobierno norcoreano.

Según la acusación, el organismo de inteligencia, llamado Oficina General de Reconocimiento, forma parte de una campaña mundial que obtuvo más de 1.300 millones de dólares en diversas monedas y criptomonedas mediante la expropiación de bancos y empresas. Los norcoreanos desataron una amplia campaña de “ransomware”, un programa informático malicioso que bloquea un ordenador y muestra un mensaje exigiendo el pago de un rescate para liberar los datos del banco. Los norcoreanos también piratearon a la multinacinoal Sony en 2014 debido la película “La entrevista”.

Los agentes de Corea del norte “robaron carteras digitales de criptomonedas”, dice el escrito de la fiscalía. “Son los principales ladrones de bancos del mundo”, añadió el secretario adjunto de Justicia, John C. Demers, el principal funcionario del Departamento en materia de seguridad nacional.

Por otro lado, el servicio de inteligencia de Corea del sur declaró el martes que piratas norcoreanos habían intentado apoderarse de información sobre vacunas y tratamientos contra el coronavirus, pero negó que el blanco fuera la farmacéutica Pfizer como dijo un diputado.

No obstante, la fiabilidad del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del sur está bajo mínimos. La mayor parte de sus informes son puras invenciones e intoxicación contra el gobierno de Pyongyang, que las agencias de prensa del mundo entero difunden posteriormente.

Más información:
– 5 millones de recompensa por cada pirata informático norcoreano (Operación Cobra Oculta)
– Corea del norte rompe el bloqueo imperialista con piratería informática
– Trump autorizó expresamente ataques informáticos contra Corea del norte durante seis meses
– La ciberguerra es la continuación de la guerra por medio de ordenadores

¿Herramientas, accesorios o prótesis?

Herramienta: Cualquier instrumento dispositivo o medio para realizar un trabajo o lograr determinado fin
Accesorio: dependiente de una cosa principal. No necesario, secundario.
Prótesis: Colocación de una pieza postiza en sustitución de una parte del cuerpo.

“Este modelo de mundo trae la obligación de que cada habitante del mismo sea un cyborg, como tal no tiene herramientas de comunicación: tiene prótesis adosadas al cuerpo. Pese a que el usuario cyborg todavía cree tener el control de las mismas, la desmentida reina cuando observamos el padecimiento que el teletrabajo o la teleducación producen en cada uno” (César Hazaki, Planeta cyborg recargado)

De la implantación de prótesis

El capitalismo, después de provocar cada crisis, sufre una mutación, es lo mismo pero reavivado en un contexto en el cual hay muchos perdedores pero al mismo tiempo grandes ganadores. La crisis desencadenada en 2008 fue la antesala de la del 2020, en la primera se realizó una limpieza del sistema financiero mediante la liquidación de miles de grandes, medianas y pequeñas empresas financieras que fueron fagocitadas por las que estaban mejor relacionadas con las esferas de poder. De paso evaporaron cientos de miles de millones de los fondos de pensiones en todo el mundo y los ahorros de trabajadores que habían depositado su confianza en los consejos de miles de funcionarios bancarios los cuales les endosaban las llamadas obligaciones preferentes sin explicar en qué consistía esta modalidad de ahorro.

En el 2020, corregida y aumentada, la crisis provocada se ha dirigido a los sectores productivos y manufactureros destruyendo una parte importante del comercio convencional, como también de los servicios personales en especial los dedicados al ocio y turismo que quebrarán y su espacio comercial será fagotizado por las grandes cadenas internacionales mediante franquicias, siendo un caso peculiar de concentración empresarial en el caso de las aerolíneas, y al mismo tiempo de estos procesos más segmentados se ponían en juego toda una batería de medidas en la perspectiva de cambios radicales en el trabajo asalariado, en el consumo, en la cultura, en la economía y en la dependencia de las nuevas tecnologías de la información.

Los algoritmos, los smartphones, las fibras ópticas, el comercio on line, la enseñanza on line, la consulta sanitaria on line, la persecución de los supuestos contagiados on line, el trabajo on line,… Han supuesto un cambio cultural brutal impuesto bajo el reinado del terror pandémico. A la par, se han establecido legislaciones “ad hoc” reguladoras del trabajo a domicilio y del teletrabajo, legislaciones en lo que respecta a España han tenido su plasmación en los Decretos 8/2020, 15/2020 y el 28/2020.

Randstad destaca que a diciembre de 2020, 3.015.200 ocupados de nuestro país teletrabajan de manera habitual, es decir, más de la mitad de los días que trabajan, lo hacen desde sus domicilios (1).

El smartphone ha dejado de ser una herramienta o un accesorio para facilitar la comunicación y se ha convertido en una prótesis biométrica sustitutiva que forma parte del cuerpo y que sin ella una mayoría se siente inválida e incapacitada para el nuevo trabajo. Pero además las plataformas denominadas “sociales” (Whatsapp, Facebook, Twitter, Instragram…) se ha convertido en un elemento de ruptura con los circuitos de cultura popular que primaban la relación corpórea, física, entre las personas.

Jóvenes y no tan jóvenes, caminando por la calle, en metro, tren o autobús, en la cafetería o restaurante, adosados al celular constantemente alerta del pitido emitido que anuncia un nuevo mensaje quién sabe de que, convierten dicho aparato en una prótesis de su cuerpo y a través del cual se indica cuantos pasos se han caminado, cual es el ritmo cardíaco, por donde andar para llegar a un determinado lugar, las ofertas de Amazón, las órdenes del jefe de personal sobre el horario flexible, el minivideo del gato del vecino, los chismes del grupo de whatsapp, los twits… los comentarios sobre que hemos comprado, que hemos comido insertado en el perfil de facebook. Todo al instante, pitido tras pitido, frase tras frase, emoticón tras emoticón y con la misma rapidez que se emite, se olvida o se reenvía sin constatar su veracidad. Un imparable bombardeo cibernético cuyos daños colaterales son ignorados por los usuarios pero de gran alegría para los que almacenan toda esta cantidad de datos. Daños colaterales que incluyen el registro de las conversaciones privadas que escuchan desde los propios smartphones diseñados para permitirlo.

“Ya no podemos decir que los ciborg “están entre nosotros”, sin más bien que “somos nosotros”. No han bajado de un platillo volante, sino que, como dice Donna Haraway, forman parte de nuestra postmoderna naturaleza. A la vista de que cada vez un mayor número de nuestras funciones mecánicas y cognoscitivas están siendo usurpadas por la tecnología, en algunos ámbitos empieza a hablarse del cuerpo post-humano como aquel que ha sido modificado en su corporeidad. Los emoticonos, por ejemplo, sirven para suplir el componente gestual visible en la comunicación cara a cara (llanto, risa, emoción, acercamiento, alejamiento, deseo, etc.). Por otra parte, es interesante comprobar cómo en el desarrollo actual de las modernas tecnologías de lo virtual se produce una progresiva “encarnación”, que consiste en un creciente acoplamiento del cuerpo a los sensores y expositores de la interfaz (2).

Es un trascendental cambio cultural que salvando el tiempo, podemos asemejarlo a lo ocurrido a finales del siglo XIX cuando deliberadamente se destruyeron los circuitos culturales para intentar eliminar las resistencias ante las siniestras consecuencias de los cambios de patrón tecnológico y disciplinar y domesticar culturalmente el proletariado.

“Hay una historia oculta del capitalismo industrial. Tiene dos partes relacionadas. Una es cómo las tradiciones precapitalistas, las formas no racionales de cultura, el juego, la fantasía y la imaginación proporcionaron fuentes de resistencia al intercambio y a la racionalidad formal. La otra implica la represión sistemática y la eliminación de estas tradiciones y culturas. Durante el último siglo más o menos, la asimilación de las personas con tradiciones no industriales en un mercado laboral individualizado, el trabajo duro y alienante, la separación del trabajo y el ocio, y un mundo cosificado de valores e ideas cuantificados, estuvo plagado de sufrimiento, angustia, dolor y conflicto” (3).

De los datos

Para poner en funcionamiento esta “nueva normalidad” se precisan una gran cantidad de “datos” y una gran velocidad en la transmisión de los mismos y el capitalismo del siglo XXI ha realizado el descubrimiento de los datos como materia prima y dicha materia prima se encuentra instalada en las denominadas plataformas cuya misión es la recolección y procesamiento de dichos datos. Las plataformas como Google o Facebook analizan los perfiles de consumo y comportamiento ya sea social, laboral o político de cientos de millones de personas y los datos resultantes una vez analizados son vendidos o alquilados a las grandes corporaciones ya sean estas de carácter comercial o político (4).

Los “datos” son el petróleo del siglo XXI al mismo tiempo que los minerales necesarios para la fabricación de los componentes de las prótesis digitales tales como computadoras, teléfonos celulares, cámaras de infrarrojos y otros aparatos tanto de procesamiento de datos y videovigilancia como de aplicaciones en robótica industrial y material militar. Dichos minerales comúnmente denominados “tierras raras” abarcan una diversa gama (actinio, plutonio, torio, protactinio, uranio, americio, berkelio, californio, einstenio, fermio, nobelio, lawrencio, escandio, itrio lantano, cerio, praseodimio, neodimio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio,…) cuyas mayores reservas se encuentran en el continente asiático, siendo Afganistán un enorme reservorio de ellas.

Así como el tantalio del que se extrae el coltán, el estaño, el tungsteno del que se extrae el wolframio y el oro denominados 3TG (Tin, Tantalum, Tungsten, Gold) ha sumido la República Democrática del Congo en una guerra que se está cobrando cientos de miles de vidas financiada por las grandes corporaciones de la industria electrónica, el litio y los minerales procedentes de las tierras raras son los nuevos objetivos del capitalismo del siglo XXI. Sus aplicaciones son diversas: la industria del automóvil para los coches eléctricos, la militar para misiles teledirigidos y la industria nuclear para sus reactores y a medida que la dependencia de los combustibles fósiles disminuya, la necesidad de guardar energía recolectada de diversas fuentes alternativas se volverá más importante y, con ella, la necesidad de estas tierras raras (5).

En Afganistán los marines estadounidenses fuertemente armados se despliegan en helicópteros por toda su geografía pero con ellos viajan también geólogos ataviados con cascos, chalecos antibalas y equipo militar con el objetivo de dibujar un mapa lo más preciso posible de las reservas minerales afganas. «En cuanto desciendes, asumes tu función como geólogo, casi te olvidas de que estás rodeado por marines», dice Jack H. Medlin, director de las campañas del Servicio de Inspección Geológica de EE.UU. (USGS) en Afganistán (6).

El gobierno americano estima cerca de un billón de dólares en recursos y el Pentágono lo llama la “Arabia Saudita del litio y tierras raras” (7).

En el informe “Mineral Resources of Afghanistan. Driver for Regional Economic Development” de Afghanistan Geological Survey 2011 (8) dice que se necesitan grandes cantidades de energía para explorar los recursos naturales en Afganistán. Para garantizar un suministro continuo de energía, se están construyendo plantas de energía a carbón en el centro de Afganistán y plantas de energía a gas en el norte de Afganistán. La infraestructura está creciendo rápidamente en todo el país. Se construyen autopistas, vías de acceso, líneas de ferrocarril, electricidad, suministro de agua, centros comerciales, etc. El gobierno de Kabul está promoviendo este proceso mediante la emisión de garantías de que la inversión extranjera no será nacionalizada. Las licencias para minas se otorgarán por un período de 30 años, con la posibilidad de extenderlas posteriormente cada 5 años (9).

Las negociaciones del gobierno títere de Kabul con las grandes corporaciones se basa en dos compromisos: la continuidad de producción de opio para satisfacer la demanda tanto de los consumidores particulares como de la industria químico-farmacéutica occidental y la venta a mejor postor de las riquezas del subsuelo.

Todo ello forma parte del gran cambio de patrón tecnológico controlado por un pequeño grupo de corporaciones transnacionales y junto a este cambio la modificación de los comportamientos humanos culturales, sociales, políticos e ideológicos cuyos primeros resultados podemos comprobar a través de la gran campaña pandémica iniciada en marzo de 2020.

Lo que se pone en juego no es otra cosa que la mercantilización integral de la vida y una organización algorítmica de la sociedad. De esta manera, bajo la promesa de hacer del mundo un lugar “mejor, sustentable e inteligente”, se constituye como el faro mundial de un nuevo tipo de negocios y el epicentro de una visión de mundo con rasgos totalitarios que erige a las tecnologías por encima del ser humano, presentándolas como la solución incuestionable para todos los problemas. “El espíritu de Silicon Valley, entonces, encarna la verdad económico-empresarial, interiorizada e integrada en todo lugar” (10).

(1) https://www.observatoriorh.com/diversidad-conciliacion-e-igualdad/el-numero-de-espanoles-teletrabajando-se-triplica-en-un-ano.html
(2) Carolina Sánchez-Palencia Carazo. De Cuerpo Presente: Prótesis, Pliegues y la Nueva Carne
(3) Frank Hearn “Domination, Legitimation and Resistence: The incorporation of The 19th-century English Working Class
(4) Nick Srnicek, “Capitalismo de plataformas”, Buenos Aires, 2018
(5) https://www.infotechnology.com/labs/Que-son-las-tierras-raras-que-se-usan-para-fabricar-celulares-y-aviones-20180427-0001.html
(6) https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/el-lado-oscuro-de-la-va-lctea-539/riqueza-mineral-de-afganistn-8832
(7) http://elcopernico.com/2018/04/17/tierras-raras-el-pilar-desconocido-de-la-economia-moderna/
(8) http://www.mom.gov.af
(9) https://institut-seltene-erden.de/wp-content/uploads/2019/08/Afghanistan.pdf
(10) Éric Sadin, La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital

Tras los virus orgánicos llegan los virus informáticos, donde las mascarillas no sirven de nada

Hasta ahora el mundo sabía muy poco de los virus, e incluso tampoco quería saber más. Pero a la fuerza ahorcan…

Tampoco sabía mucho de informática; lo justo para teclear en el móvil. Pero con el tiempo no le quedará más remedio que aprender algo.

El año pasado conocimos la mayor pandemia desde hace un siglo por culpa de un virus y hace un mes hemos conocido el mayor ataque informático de la historia por culpa de otro virus, esta vez algorítmico.

Los que esperan una guerra mundial diferente de la que tienen delante de sus narices, se equivocan.

Los que creen que los ataques de unos virus (informáticos) u otros (orgánicos) no tienen ninguna relación, también se equivocan.

La distancia social, que ha llegado para quedarse, conduce a la dependencia de las personas respecto a sus terminales informáticas y, por lo tanto, les deja a expensas de intrusiones de todo tipo, y las mascarillas no les van a librar de ellas.

Lo mismo le ocurre a las instituciones y organismos políticos y sociales, que van a quedar convertidos en terminales automáticas y, por consiguiente, expuestos a todo tipo de ataques.

La nueva normalidad es la guerra y el estado de guerra. Se trata de una guerra económica y tecnológica, dirigida contra terceros países y contra la propia población.

Si hacemos caso de los “expertos informáticos”, que son iguales que los otros, el ataque informático del 13 de diciembre, el mayor de la historia, sería obra del gobierno chino, como dijo Trump. Según otros “expertos”, los responsables serían los rusos, como dijo Pompeo (1).

La empresa de seguridad informática FireEye le ha puesto el nombre de “Sunburst” al ataque, del que ella misma fue víctima, mientras que Microsoft lo llama “Solarigate”.

El ataque permitió a los piratas penetrar en muchas instituciones del gobierno de Estados Unidos y va a sacudir las relaciones diplomáticas entre las grandes potencias, sin ningún género de dudas. Según Microsoft, además de Estados Unidos, los piratas han atacado a Bélgica, España y Gran Bretaña.

Sunburst se infiltró en la red Orion, de la empresa estadounidense SolarWinds, utilizada por más de 33.000 organizaciones, incluyendo muchas instituciones públicas y los más grandes monopolios estadounidenses. Más de la mitad de dichas organizaciones han sido afectadas por el virus, aunque todos los días se van conociendo nuevas víctimas.

Entre ellas sólo hay dos empresas privadas, FireEye y Microsoft (2). El resto son organismos del gobierno estadounidense: el Tesoro, el Departamento de Comercio, el Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Energía, el Departamento de Asuntos Exteriores… Biden ya ha anunciado que hará de la seguridad informática una prioridad de su mandato.

Estos métodos de ataque que no persiguen fines lucrativos, ya tienen un nombre: APT (“amenaza persistente avanzada”). Por ejemplo, el Washington Post califica a Sunburst como APT29. Son típicos del espionaje y, normalmente, los “expertos” se los adjudican al Eje del Mal, Rusia, China, Corea del Norte o Irán, aunque la mayor parte de las veces no saben si son unos u otros. Otras veces lo saben, pero no lo dicen.

Es lo que ocurre con Sunburst, que es como “el virus de Wuhan”. El Washington Post se lo adjudica a Cozy Bear, que en tiempos de Obama ya atacó a las instituciones públicas estadounidenses. Atribuírselo a Cozy Bear es tanto como poner a Rusia en el punto de mira, que es lo que hace también Microsoft.

En estos casos, da lo mismo apuntárselo a uno u otro porque nos comeremos lo que nos den. Nadie sabe de informática y nadie sabe de pandemias. Si interesa apretar las clavijas a Rusia, se lo atribuirán a Rusia y si interesa hacerlo con Irán, dirán que fue la Guardia Revolucionaria de la República Islámica. Nadie va a decir lo contrario. Si todos están callados con una pandemia, no tienen motivos para protestar por un ataque informático (salvo que les saquen el dinero de la cuenta corriente).

(1) https://www.nbcnews.com/news/us-news/secretary-state-pompeo-says-hack-was-pretty-clearly-russian-n1251798
(2) https://www.reuters.com/article/us-global-cyber-microsoft/exclusive-microsoft-breached-in-suspected-russian-hack-using-solarwinds-sources-idUSKBN28R3BY

Más información:
– Las operaciones de bandera falsa contra Rusia involucran ataques informáticos igualmente falsos

Si los monopolios tecnológicos censuran a Rusia, Rusia censura a los monopolios tecnológicos

Si el capitalismo no es capaz de mantener un mercado “mundial” sujeto a las mismas reglas, tampoco es capaz de de mantener internet como red mundial interconectada.

Se acabó eso que la intelectualidad burguesa calificó como “globalización” hace pocos años. El capitalismo vuelve al siglo XXI, a la formación de bloques económicos desconectados porque así lo quieren las potencias hegemónicas y, en particular, Estados Unidos. Lo llaman “decoupling”.

En el lenguaje militar siempre se llamaron “represalias”. Si los monopolios tecnológicos censuran a Rusia, Rusia censura a los monopolios tecnológicos. Ayer Putin aprobó una ley que autoriza a bloquear sitios web como Twitter, Facebook y YouTube si son declarados culpables de censura o discriminación.

Las plataformas digitales extranjeras pueden ser castigadas por restringir el acceso a la información por motivos de nacionalidad, idioma y origen. La ley prevé la posibilidad de bloquear, ralentizar el tráfico e imponer multas administrativas.

Como han indicado los autores del texto, la ley se podrá utilizar contra empresas extranjeras, como Twitter, Facebook y YouTube porque discriminan a los medios de comunicación rusos.

Las políticas discriminatorias de algunos monopolios informáticos han sido denunciadas repetidamente por Rusia. El 27 de octubre, el Servicio de Supervisión de los Medios de Comunicación Rusos acusó a las empresas estadounidenses de internet de censura. Unos 20 medios de comunicación rusos están censurados por Google (YouTube), Facebook y Twitter.

Facebook anunció el 1 de septiembre que había eliminado un grupo de 13 cuentas y dos páginas vinculadas a Rusia por violar sus reglas de prevención de interferencia extranjera.

A finales de septiembre, Twitter excluyó la cuenta de RIA Novosti de los resultados de la búsqueda. Los no suscriptores ya no pueden encontrar la página de la agencia rusa de noticias ni en Rusia ni en otros lugares. Anteriormente, Twitter había bloqueado de forma similar las cuentas de Sputnik y RT.

El Foro Económico de Davos propone una aplicación para identificar a mil millones de personas del Tercer Mundo

Al Foro Económico Mundial, también llamado Foro de Davos, no le gustan las personas que no están debidamente identificadas y catalogadas por algún organismo especializado en la vigilancia y el control.

El panóptico sigue su curso. Para el 2030 identificar a la población de todo el mundo, incluyendo el certificado de nacimiento, es uno de los objetivos de “desarrollo sostenible” de la ONU, lo que en 2014 impulsó al Banco Mundial a lanzar su ID4D o Iniciativa de Identificación para el Desarrollo.

Una forma fácil de identificar a las personas de este mundo es conseguir que abran una cuenta bancaria, dice el Foro Económico Mundial en un documento publicado en su sitio oficial (*).

Gracias a los mecanismos internacionales de intercambio de información bancaria, se obtiene una gran cantidad de datos personales, especialmente cuando alguien necesita obtener un préstamo. Es un buen momento para entregarle un documento de identidad.

Todo aquel que se encuentre en una situación de escasez de efectivo y no tema caer en la servidumbre contractual con instituciones financieras heredadas, primero debe hacerse plenamente visible a sus futuros prestamistas.

Otro buen momento para tener un documento de identidad reconocido internacionalmente es convertirse en refugiado o asilado en otro país. El documento publicado por el Foro de Davos también habla de aprovechar esa oportunidad.

El documento lamenta que mil millones de personas en el mundo no hayan recibido todavía un documento de identidad que les permita hacer cualquiera de esas cosas, “e incluso votar o recibir tratamiento médico”.

Ahora una nueva aplicación informática, a la que el Foro llama “Thompson”, podría cambiar eso. Está basada en la tecnología “blockchain” o cadena de bloqueo y permitiría a las personas del Tercer Mundo utilizar sus teléfonos “para sus finanzas” (porque en el Foro se creen que los parias de la Tierra tienen finanzas, aunque sean escasas).

Con el avance de las fuerzas productivas, las cadenas cambian de significado. Antes ataban férreamente a los esclavos para que no se escaparan. Ahora los atan digitalmente.

(*) https://www.weforum.org/agenda/2020/11/legal-identity-id-app-aid-tech

Los grandes monopolios tecnológicos están en la cuerda floja

En muy poco tiempo los gigantes digitales, como Facebook, Amazon o Microsoft, han acumulado tanta riqueza y poder que, en algunos casos, es mayor que el de muchos Estados, entre otros motivos porque su mercado es de alcance mundial.

No es sólo un problema económico. Los monopolios viruales son capaces de cambiar el comportamiento de millones de personas en todo el mundo y de influir sobre las elecciones y, desde luego, sobre las compras y el empleo.

En la medida en que con la “nueva normalidad” se imponga una sociedad sin contacto directo entre las personas, el poder monopolista de las grandes empresas tecnológicas se acrecentará, ganando terreno con la venta al por menor en línea, las redes sociales y el transporte.

El monopolismo se complementa con las bases de datos, la recopilación, el análisis y la compraventa de la información de las empresas y los usuarios.

Pero el monopolismo, como explicó Lenin, es la pescadilla que se muerde la cola. Acumula tanto poder que genera suspicacias, poniendo en marcha diversas cortinas de humo, como la “protección de los consumidores”.

El 9 de diciembre la Comisión Federal de Comercio y 48 estados de Estados Unidos demandaron a Facebook con el objetivo de desmantelar la empresa obligándola a vender dos de sus principales filiales: Instagram y WhatsApp. Lo mismo le ha ocurrido a Google.

El Estado no hizo nada para que Facebook comprara esas empresas y ahora quiere que las venda. Tras la colonización llega la descolonización. Es algo similar a lo que ya ocurrió con Standard Oil y la ATT, por lo que es posible que las consecuencias sean las mismas… o más irrelevantes, incluso.

El gobierno va a tener muchos problemas para fraccionar los monopolios tecnológicos recurriendo a argumentos viejos, como la manipulación de los precios porque la mayor parte de los servicios digitales son gratuitos.

Es posible que lo intenten por medio del control del mercado de la publicidad, una invocación muy endeble.

Desde luego que no van a recordar la manipulación de los algoritmos, la desinformación, las agresiones a la intimidad, la especulación bursátil, la gestión del capital riesgo, el manejo de información privilegiada, la imposición del trabajo precario o la persistente evasión fiscal.

Pero hay algo aún más importante que la teoría económica burguesa califica como “monopolio natural” y que en el mundo virtual es el “efecto de red”: cuantos más usuarios están enganchados a las plataformas digitales, más alta es la barrera de entrada a las nuevas empresas, incapaces de ofrecer niveles competitivos de utilidad a los usuarios. Una empresa que tiene a su página de Facebook como escaparate, no encuentra el mismo mercado en ninguna otra red social.

Los problemas que plantean los monopolios tecnológicos no tienen solución dentro del capitalismo. Para ello habría que nacionalizarlos y convertir a las empresas de telecomunicaciones en servicios públicos, una de cuyas obligaciones fundamentales es preservar la intimidad y la confidencialidad de los datos de sus usuarios.

El papel de Google dentro del complejo militar industrial de Estados Unidos

“No diseñaremos o distribuiremos inteligencia artificial en áreas como armas u otras tecnologías cuyo propósito principal pueda ser causar daño a personas”. “Creemos que Google no debería estar en el negocio de la guerra”.

Sundar Pichai, CEO de Google y de su matriz, Alphabet, hizo esta promesa en público en una entrada del blog de la multinacional. Fue en una publicación de hace dos años, en el que el ejecutivo del buscador más conocido de la red defendía los principios éticos que movían al gigante a la hora de profundizar en la inteligencia artificial.

Además, cientos de trabajadores enviaron una carta pidiéndole a los directivos que dejasen a la empresa al margen de ese “negocio de la guerra”. Dos años después, Forbes revela que este compromiso de Google no era tan férreo como cabía pensar.

A través de GV —antes Google Ventures—, el brazo inversor de la multinacional, la empresa participa en algunas empresas que están ganando muchísimo dinero con contratos con, entre otros, el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En concreto, dos empresas, Orbital Insight y Planet, han ganado más de 30 millones de dólares en contratos con el Departamento de Defensa norteamericano en los últimos 3 años. Y ambas están participadas por GV, un fondo de 5.000 millones de dólares que se separó de Google en 2009 pero que sigue moviendo el dinero de Alphabet.

En 2016 GV entró en Orbital Insight y un año después lo hizo en Planet. La primera, con base en Palo Alto. La segunda, en San Francisco. 

Orbital es una empresa de software que fue fundada por el exdirector de Google Books, James Crawford. Su inteligencia artificial trabaja masivamente con imágenes satelitales, grabaciones de drones y datos de geolocalización de 800 millones de dispositivos móviles para indicarle aparentemente a sus clientes qué cosas han cambiado en la Tierra y por qué importa. Ha sido útil para rastrear la deforestación de la Amazonia, pero también para detectar cabezas nucleares en Corea del Norte o encontrar campos de talibanes en Afganistán.

Planet, por su parte, fue fundada por ingenieros de la NASA y tiene 150 satélites en órbita. Su propósito es crear la mayor constelación de satélites artificiales. Su principal capacidad es la de poder poner en órbita de forma muy barata satélites pequeños. Estuvo valorada en 1.800 millones de dólares en 2018, tras una ronda de financiación. Google se hizo con el 16 por ciento de la empresa, después de entregarle su filial dedicada a lo mismo, Terra Bella, a la propia Planet. Su participación se ha diluido a un 13 por ciento.

Inteligencia artificial para rastrear al enemigo

Orbital, por ejemplo, ha levantado entre febrero del 2017 y julio de este año 10 millones de dólares para desarrollar una inteligencia artificial para el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el marco de un programa llamado Datahub, que serviría para, mediante imágenes satelitales, “rastrear patrones de vida del enemigo 24 horas 7 días a la semana, bajo cualquier clima y tanto de día como de noche en grandes áreas”, según unos documentos presupuestarios del Pentágono.

GV ha estado en todas las rondas que ha protagonizado Orbital, tanto en la Series A de 9 millones de 2015. Lideró la del año siguiente, de 15 millones. La última ronda en la que GV participó de Orbital fue en una Series D, en noviembre del año pasado, que levantó 50 millones de dólares. La empresa, por lo menos, también participa en proyectos humanitarios. Pero la mayor parte de sus ingresos dependen de sus lazos con agencias de inteligencia y militares norteamericana.

Esto es algo que no tiene muy contentos incluso a gente dentro de la propia empresa. Según un antiguo responsable de equipos, Orbital entiende que su tecnología nunca se podrá utilizar para identificar objetivos de un bombardeo. “Pero una vez identificas un edificio para el gobierno, este hará lo que quiera con él”, reconoce.

Orbital perdió el contrato del programa Datahub, pero eso no quiere decir que la empresa no quiera nuevas adjudicaciones de la defensa estadounidense: según los registros, la empresa ha gastado 300.000 dólares en hacer lobby en el Congreso estadounidense.

Solo los gobiernos son buenos clientes

Planet, por su parte, ha levantado incluso más capital que Orbital: alrededor de 400 millones de dólares desde que fue fundada en 2010. El negocio de Planet es similar al de Orbital Insight en tanto que es una mezcla de cuestiones humanitarias, clientes privados y contratación gubernamental. Y de hecho espera aumentar su colaboración con la administración estadounidense en los próximos años.

Lo intentará gracias a un contrato llamado EnhancedView de la Oficina de Reconocimiento Nacional de Estados Unidos, que provee a la administración norteamericana de imágenes de satélite, y quiere ser la principal proveedora de este tipo de recursos a las instituciones de la potencia.

Una aplicación que permite comunicarse a través de la mirada

Sin embargo, tres extrabajadores de la empresa aclaran que ha habido malestar en la plantilla por los contratos de defensa, lo que ha desembocado en que varios de ellos abandonasen la empresa. «Inicialmente, la empresa era muy altruista. Querían lanzar satélites en beneficio de todo el mundo (…) Después descubrieron que en realidad los que pueden pagar grandes cantidades por esta tecnología solo son los gobiernos».

Uno de los antiguos trabajadores de la empresa incide incluso en que Planet oscila en una fina línea entre lo que dicen sus directrices éticas y lo que el gobierno estadounidense les exige.

Estas dos, además, no son las únicas empresas implicadas en el negocio de la guerra en las que Google participa de un modo u otro. GV también está invirtiendo en rondas de SpinLaunch, una empresa que quiere poner satélites en órbita utilizando una suerte de brazo-catapulta todavía en desarrollo. Aunque la idea en un principio no tiene por qué ser militarista, la empresa consiguió en 2019 un contrato de 2,5 millones de dólares con la Unidad de Innovación en Defensa del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En otras palabras: SpinLaunch, en la que participa GV, el brazo inversor de Google, pronto podría estar colaborando en el despliegue de más satélites espías del ejército estadounidense.

https://www.businessinsider.es/invierte-google-industria-guerra-forbes-779475

Ucrania autoriza a grabar y almacenar las conversaciones telefónicas y los viajes de los usuarios de móviles

De Ucrania ya nada sorprende. La semana pasada el Parlamento aprobó una ley que obliga a los operadores de telecomunicaciones a grabar y almacenar las conversaciones telefónicas de los abonados y los datos de sus viajes.

Los proveedores de servicios de internet están obligados a almacenar datos sobre las visitas de los usuarios a los sitios web y sus compras en línea.

La decisión ya fue tomada por la mayoría parlamentaria en tiempos de Viktor Yanukovych, durante el Golpe de Estado fascista de 2014, y calificada de “dictatorial” por los golpistas.

Lo que antes era negro, ahora se ha convertido en blanco y, naturalmente, se dirige contra los “prorrusos”, que hasta ahora “sólo” podían ser encerrados en campos de concentración. Ahora se trata de vigilar a los que hablan en ruso, sean “prorrusos” o no.

La Constitución de Ucrania es como todas las demás: prohíbe las intrusiones en la vida privada de los ciudadanos, pero la letra pequeña dice otra cosa y para ello no hace falta recurrir a tonterías, como la autorización judicial.

La nueva norma se ha aprobado por iniciativa del Presidente Volodymyr Zelensky, cada vez más parecido a sus antecesores.

El gobierno de Kiev podía olvidarse de los campos de concentración. No necesita alambres de púas para vigilar el idioma en el que hablan sus ciudadanos.

En Ucrania tienen el pretexto de los “prorrusos”. En otros recurren a los islamistas. A veces se inventan terroristas donde no los hay y a partir de ahora los negacionistas también van a dar mucho juego.

https://www.politnavigator.net/zelenskijj-propikhnul-diktatorskijj-zakon-budut-zapisyvat-vse-razgovory-pokupki-i-peremeshheniya.html

Teletrabajo: al servicio de la acumulación, la explotación y la exclusión

Resulta complejo hablar del teletrabajo si primero no hacemos un recorrido por lo que pasa en el mundo en materia de fuerzas productivas y laborales. El acelerado desarrollo de las fuerzas productivas al que asistimos, marcado por un proceso de concentración y acumulación de la riqueza socialmente producida en magnitudes nunca antes observadas, marcan la significación histórica del momento que vivimos.

Estos cambios radicales en los modos de producción social, son un indicador de la puesta en marcha de una nueva fase del capitalismo: la fase de digitalización de la economía. Dicha fase, está modificando el conjunto total de los procesos de producción que parecen haber quedado obsoletos, para imponer los nuevos tiempos de producción y controlar la fuerza de trabajo.

Además, se observa en el mundo, una intensa lucha entre distintos proyectos estratégicos transnacionales por el control de la tecnología, que podríamos sintetizar solo de forma ilustrativa y esquemática- en la guerra entre dos de las potencias económicas principales: Estados Unidos y China. Esta disputa -que aclaramos que no se trata de países sino de proyectos capitalistas trasnacionales estratégicos- apunta a profundizar el proceso de digitalización de la economía y controlar el 5G a nivel global. Esto permitiría también, controlar el avance y desarrollo de la robotización, nano y biotecnología, computación cuántica e inteligencia artificial basada en el Big Data.

Como correlato de los cambios antes descritos, se observa como tendencia general en la realidad concreta de los trabajadores, un aumento mundial y sistemático de la explotación laboral y la expulsión de grandes masas de trabajadores del proceso productivo.

Según el informe “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2019” de la Organización Internacional del Trabajo (en adelante OIT); en el mundo existen 3.300 millones de personas empleadas. De los cuales, 1.300 millones son trabajadores formales; y 2.000 millones son trabajadores informales, lo que equivale al 61 por ciento de la población activa mundial.

En los resultados del Informe Mundial sobre Salarios 2018-19 de la OIT, se constata que en términos reales (ajustados a la inflación) el crecimiento mundial del salario se desaceleró: pasó de 2,4 por ciento en 2016 a 1,8 por ciento en 2017. El informe observa que en los países avanzados del G20 el crecimiento real del salario disminuyó, de 0,9 por ciento en 2016 a 0,4 por ciento en 2017. Esta disminución, no respeta ya, los límites entre “países centrales y periféricos” sino que es mundial.

La explotación de los trabajadores se acentúa si tomamos en cuenta el informe “Impacto de la Inteligencia Artificial en el Mercado Laboral” de Adecco Global Institute, que nos dice que lo que en 1970 se producía en ocho horas, hoy tan solo requiere de una hora y media de trabajo, sin embargo, la jornada laboral sigue siendo de 8 horas.

La explotación no es el único factor que afecta a la clase trabajadora mundial. La desocupación también aumenta y amenaza ya con crear el ejército de desocupados más grande en la historia de la humanidad. El informe de Adecco antes citado, refleja que los procesos de tecnologización de las cadenas globales de valor, han llevado a una suplantación continua de la fuerza de trabajo. Se prevé que “para 2030, el 14 por ciento de la fuerza laboral mundial habrá tenido que evolucionar, adaptarse y transformar sus capacidades”.

Además del número mundial de desempleados, que alcanza a 188 millones de personas, otros 165 millones no tienen suficiente trabajo remunerado y 120 millones o bien han abandonado la búsqueda activa de trabajo o no tienen acceso al mercado laboral. De esta forma, la OIT calcula que en total, más de 470 millones de personas en el mundo se ven afectadas por problemas laborales y que la desocupación aumentará en los próximos dos años.

Esta enorme masa de desocupados o ejército de reserva, tensionará sobre las condiciones laborales de ocupados y subocupados, aumentando la lucha entre trabajadores por los puestos existentes. De esta forma, a mayor número de trabajadores excluidos, menos condiciones materiales tendrán los trabajadores incluidos.

La pandemia ha acelerado los tiempos sociales de producción, y muchos países y empresas cambiaron radicalmente la forma de trabajar. La OIT estima que el 27 por ciento de los trabajadores en los países de altos ingresos podrían teletrabajar desde su casa. Entre estos países, la UE viene generando condiciones para el teletrabajo desde 2002, con la firma del “Acuerdo Marco Europeo sobre teletrabajo”.

A través de la un ley de 1991, Estados Unidos permitió a las agencias que participan en el Proyecto Federal “Flexiplace” usar los fondos apropiados para instalar las líneas telefónicas, el equipo necesario y pagar los cargos mensuales en una residencia privada. Fue la primera vez que el Congreso proporcionó fondos para los acuerdos de “Flexiplace”. En 2010 Obama firmó el “Telework Enhancement Act” para una mejora del teletrabajo, en la que dispone que cada agencia ejecutiva establezca e implemente una política para que los trabajadores estén autorizados a teletrabajar.

En América Latina, Colombia cuenta desde el año 2008 con la Ley 1.221 para promover y regular el teletrabajo como un instrumento de generación de empleo y autoempleo mediante el uso de las TIC. Brasil, a partir de la Reforma Laboral de 2017, reconoció y reguló el teletrabajo en el país.

En Argentina, existen iniciativas y proyectos de ley desde el año 2004 que lograron plasmarse en agosto de este año en la Ley 27.555 “Régimen legal del contrato de teletrabajo”.

Según un informe del CIPPEC 2020, actualmente en Argentina, el 8 por ciento de los trabajadores realizan teletrabajo y con la capacidad tecnológica instalada que tenemos, se podría realizar teletrabajo en el 18 por ciento de los trabajos en total. Si se produjera una alta inversión en TIC, podría teletrabajar hasta el 29 por ciento de los trabajos totales. Y si tenemos en cuenta que en el país, según el Ministerio de Trabajo, hay 11.763 millones de trabajadores registrados, el número de teletrabajadores sería realmente significativo.

Las nuevas tecnologías están al servicio de un minúsculo grupo de especuladores financieros, generando mayor acumulación, explotación y exclusión.

Oitraf (Observatorio Internacional de Trabajo del Futuro), https://al.internetsocialforum.net/2020/12/18/teletrabajo-oportunidad-o-amenaza/

El teletrabajo es una contrarrevolución que convierte el hogar en una tortura

El enorme crecimiento del trabajo telemático a causa del confinamiento no es ninguna “revolución” sino todo lo contrario, dice la historiadora Raquel Varela, especialista en el cambio de las condiciones laborales, el movimiento obrero y la historia europea del siglo XX.

No es un motivo de celebración. “Yo no lo llamaría una revolución laboral, sino una contrarrevolución, porque es dramática la gestión que se está haciendo del teletrabajo. Cuando más necesitábamos del trabajo colectivo, en equipo, creativo… Estamos devolviendo a la gente a su casa, transformando no el trabajo en una casa acogedora, sino nuestra casa acogedora en una tortura de trabajo”.

“Desaparece la frontera público y privado y se intensifica mucho la demanda de trabajo. Lo que pasa con el teletrabajo es una intensificación de la ganancia de las empresas, porque disminuyen los costes inmediatos e invaden la casa de la gente”, lamenta Varela.

Con la pandemia los servicios de salud han sido desmontados de su excedente “Si miras una autopista, tiene dos o tres vías y una cuarta de parada (la banquina o arcén). Esta vía cuesta mucho construirla, pero casi nadie la utiliza, solo cuando hay un accidente. En los servicios de salud necesitamos también de una vía extra para situaciones de excepción. Lo que pasa es que los países del proceso neoliberal han desmontado esta vía de seguridad y han reducido los centros sanitarios al mínimo para funcionar.

El confinamiento es una práctica medieval que se aplicaba cuando no había ciencia, no existían servicios públicos de salud… Los gobiernos capitalistas del mundo tuvieron que admitir que no tienen medios para combatir una pandemia de baja letalidad. Imagínese si hay una pandemia de alta letalidad. La única solución es una idea completamente enloquecedora desde el punto de vista de la salud mental y física de la gente que es el confinamiento, y que tiene un impacto destructivo en la economía. Se habla ya de que hay 30 millones de personas que pueden morir de hambre, se habla ya de una pandemia mental tremenda”.

“Los trabajadores están pagando la factura de la crisis y no quienes tienen grandes ganancias. Y el dinero no produce dinero”.

Varela entiende que es necesario “situar a los servicios públicos fuera de la ganancia. Tenemos que considerarlos esenciales y pagar muy bien a los funcionarios públicos, porque son los garantes de la civilización. Y eso implica una inversión en trabajadores, no en tecnología y máquinas. Nosotros necesitamos gente que trabaje. No podemos seguir premiando a los empresarios del mundo que ganan millones y consentir que los servicios públicos funcionen con salarios que no permitan soñar. Hay que devolver la esperanza a los centros de trabajo, hay que devolver la autonomía, la creatividad, la reducción del horario del trabajo, la progresión en la carrera: la gente tiene que trabajar feliz; el trabajo no puede ser una tortura”.

Interrogada acerca de si esta coyuntura puede servir de “escarmiento” o aprendizaje, la historiadora se muestra más bien escéptica. “Yo no creo que las sociedades funcionen por causa de la racionalidad científica, sino por la fuerza política. No he visto nada en los gobiernos europeos que muestre un cambio en las políticas. La gran política ahora es la reconversión industrial a la tecnología 4.0 de industria verde, cuando lo que necesitamos más que nunca son educadores, médicos, enfermeros, transportistas… Necesitamos cuidar a quien trabaja, no necesitamos una supuesta inversión de capitales en maquinaria”.

https://www.montevideo.com.uy/Ciencia-y-Tecnologia/Teletrabajo-una-contrarrevolucion-que-convierte-el-hogar-en-tortura–afirma-historiadora-uc767430

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