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Los imperialistas nunca dicen la verdad

Como ya apuntamos en nuestra reseña sobre la película Zero Dark Thirty, recientemente otro artículo de Seymour Hersh en la London Review of Books (1) volvía sobre las mentiras de Obama acerca de la muerte de Bin Laden.

Hersh es un periodista muy veterano y muy conocido en el mundo entero. Fue quien denunció la matanza de My Lai, realizada por Estados Unidos en Vietnam y las torturas que practicaron los mercenarios del imperialismo en la cárcel de Abu Ghraib en 2003 y 2004.

Su artículo no aporta muchas novedades importantes. A estas alturas el cúmulo de mentiras que contaron Obama y la prensa mundial no creo que puedan sorprender a nadie. ¿Han dicho la verdad alguna vez?

Seymour Hersh confirma los siguiente datos:

a) Bin Laden fue capturado en 2006, no en 2011 como hizo creer Obama todo el mundo
b) no fue la CIA quien le capturó sino el ISI, el Servicio de Inteligencia pakistaní
c) durante cinco años lo mantuvo detenido en secreto en Abbottabad

Abbottabad es una ciudad de Pakistán que alberga la sede de la más prestigiosa academia militar de aquel país asiático, así como importantes unidades de combate. También es la ciudad en la que Obama aseguró haber capturado al dirigente de Al-Qaeda. Naturalmente, que lo del tiroteo que se produjo durante la detención es mentira, es mentira que Bin Laden estuviera armado, es mentira que un prisionero confesara su paradero a causa de las torturas, el cadáver tampoco fue arrojado al mar…

Absolutamente todo lo que contó Obama es mentira. El ataque peliculero de las fuerzas especiales, tampoco existió. Los espías paquistaníes guiaron a los pistoleros de la Armada de Estados Unidos hasta la habitación de Bin Laden. Le encontraron agachado y, a pesar de que estaba enfermo, lo acribillaron a tiros. Vaciaron los cargadores de sus armas en el cadáver hasta el punto de que el cuerpo se desintegró en pedazos.

A pesar del secreto, la autocracia saudí conoció la detención de Bin Laden desde el primer momento y, a causa de sus presiones, Pakistán no dio a conocer la noticia de la captura. La familia real saudí no quería verse involucrada en un asunto que concernía a uno de sus familiares más allegados que tantos servicios les había prestado en el pasado.

A cambio de ingentes sumas de dinero, los saudíes consiguieron que Pakistán mantuviera al dirigente de Al-Qaeda detenido en secreto. Temían que una entrega formal a Estados Unidos desvelara la connivencia de la familia real saudí con el yihadismo desde los tiempos de la Guerra de Afganistán, es decir, desde 1979.

A los pakistaníes tampoco les interesaba una entrega formal que pondría en primer plano que también ellos habían desempeñado un papel estelar en el impulso a Al-Qaeda y al yihadismo, un problema que llega hasta nuestros días. En resumen: todos (Arabia saudí, Pakistán, Estados Unidos) querían a Bin Laden muerto y con la boca cerrada para siempre. Tienen mucho que ocultar.

La CIA se enteró de la captura de Bin Laden en agosto de 2010 gracias al soplo de un antiguo dirigente del ISI que a cambio se embolsó 25 millones de dólares, lo que le ha permitido establecerse en Virginia con su familia a cuerpo de rey. Naturalmente que, además, trabaja para la CIA como “consultor”.

Además de las pruebas que aporta Hersh, hay otros rastros (2) que conducen en la misma línea, sobre cuya pista ya estaba un diario de Pakistán, mientras que otro ha confirmado la identidad del delator que informó a la CIA de la captura de Bin Laden.

La posterior entrega a Estados Unidos del detenido y su ejecución fueron objeto de de una larga negociación, en la que participó la familia real saudí, a la que Bin Laden pertenecía.

El caso es que el teatrillo orquestado por Obama y su famosa rueda de prensa para dar a conocer al mundo la noticia de su falsa captura, es una patraña de dimensiones colosales, aunque poco a poco el castillo de naipes se va desmoronando y hasta el New York Times reconoce que de aquellos polvos llegan estos lodos: la creación de Al-Qaeda tiene su origen en el apoyo de los saudíes a la yihad afgana.

Lo de la CIA y Al-Qaeda es ya un clamor general. En su último libro, el conocido periodista Bob Woodward, que en los años setenta fue uno de los que reveló el escándalo de Watergate, también lo dice bien claro: Bin Laden fue un instrumento de guerra creado y financiado por la CIA.

Todo eso ya lo sabíamos, pero que ahora El Mundo reconozca que “todo lo que nos han contado sobre el ataque en el que los Navy SEAL de Estados Unidos mataron a Bin Laden es mentira” (3), debería hacernos reflexionar: ¿quién es el que mintió?, ¿quién difunde mentiras?, ¿por qué mienten?, ¿alguna vez dicen la verdad?

El New York Times también se rasga las vestiduras, lo cual resulta apasionante porque nos entrega detalles escabrosos, como el de que el actual rey Salman era la persona que recaudaba los fondos entre los sátrapas de su familia para sostener la yihad contra el comunismo en Afganistán, Bosnia y otros lugares.

Cuando el New York Times deja caer que los saudíes también financiaron la yihad “en otros lugares” es porque no quiere que sus lectores prestemos atención a que se está refiriendo a la Guerra del Caúcaso de 1999, es decir, que la yihad es un movimiento creado de cabo a rabo por el imperialismo para luchar contra la Unión Soviética primero y contra Rusia después.

“La casualidad no existe”, decía Voltaire. Pues si es así, justo cuando Hersh publicaba su artículo, Obama merendaba en su residencia de Camp David con los sátrapas del Consejo de Cooperación del Golfo, esto es, Arabia saudí, Kuwait, Qatar, Barein, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. En las fotos se les ve felices. ¿De qué se ríen? (Perdón, la pregunta está mal formulada: ¿de quién se ríen?)

(1) Seymour M. Hersh, The killing of Osama bin Laden, London Review of Books, http://www.lrb.co.uk/v37/n10/seymour-m-hersh/the-killing-of-osama-bin-laden
(2) Jon Schwarz y Ryan Devereaux, Sy Hersh’s bin Laden Story First Reported in 2011 — With Seemingly Different Sources, The Intercept, https://firstlook.org/theintercept/2015/05/11/former-professor-reported-basics-hershs-bin-laden-story-2011-seemingly-different-sources/
(3) La ‘verdadera’ historia de la muerte de Bin Laden, http://www.elmundo.es/internacional/2015/05/11/5550b674ca4741bb658b456e.html

35.000 japonses exigen el cierre de la base imperialista de Okinawa

El domingo pasado 35.000 japoneses se manifestaron ante la base aérea del ejército de Estados Unidos en Futenma, cerca de Okinawa, en el exremo meridional de Japón, para exigir su cierre. De acuerdo con el Pentágono, el proyecto del gobierno japonés es abrir una nueva base en las proximidades de la antigua.

La concentración se prolongó durante dos días y los manifestantes han aprobado una resolución pidiendo el cierre de la antigua base y en contra del plan gubernamental de apertura de otra más grande y moderna.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, dice la resolución, la población de Okinawa nunca ha aceptado la existencia de una base militar imperialista sobre su suelo. Incluso el gobernador regional Okinawa Takeshi Onaga se dirigió a los manifestantes para expresarles que estaba “encolerizado” por el proyecto anunciado por el primer ministro japonés Shinzo Abe tras una reciente entrevista con Obama en Washington.

El gobernador regional dijo que se había dirigido oficialmente al gobierno para exigir el cierre de la antigua base y oponerse a la construcción de la nueva, manifestando la oposición total de los habitantes de Okinawa a dichos planes.

En la concentración del domingo también participaron el antiguo primer ministro de Japón Yukio Hatoyama y el dirigiente del partido ssocial-demócrata Tadatomo Yoshida.

Los especuladores se apoderan de Ucrania a precio de saldo

Ya lo publicamos en otra noticia anterior: la mafia Rothschild es dueña de la mayor parte de la deuda pública ucraniana, cuya cotización es cero, es decir, que es una fuente de financiación gratuita para el gobierno golpista de Kiev, por lo que siempre nos asalta la misma duda: ¿cómo es posible que alguien invierta en algo que no vale nada?

La explicación tiene que estar en otro lado, que no es la deuda precisamente: a cambio de comprar deuda pública, la mafia Rothschild se está apoderando de Ucrania a precio de saldo.

Además de una guerra infame, Ucrania está viviendo una ola de privatizaciones que coincide con el nombramiento por la Rada (parlamento) del director de lo que podríamos llamar -para entendernos- patrimonio nacional, así como los jefes de lo que podríamos llamar como Tribunal de Cuentas, del Comité Anti-Monopolio y de los magistrados del Tribunal Supremo. Hasta aquí no hay nada que no supiéramos o sospecháramos en un país capitalista y fascista, como Ucrania: los cargos públicos se conceden o se quitan poniendo divisas (dólares) encima de la mesa.

Según una información del diario Nezavissimaia Gazeta, los golpistas llevan tiempo a la greña a causa del reparto de las poltronas pero, en definitiva, las privatizaciones, o sea, el reparto del botín, depende de la interminable reestructuración de la deuda, que es algo que se escapa al propio gobierno de Kiev. Sin embargo, la prensa europea es esquizofrénica: le interesa la deuda griega pero no le interesa la deuda ucraniana. Para nada.

Es curioso. Cuando el mes pasado la prensa ucraniana replanteó el problemón de la deuda, un artículo de la agencia Bloomberg afirmó que la mayor parte de la misma había sido adquirida por el fondo de inversiones americano Franklin Templton, es decir, para la mafia Rothschild. En las redes sociales Karl Voloj dejó caer que la titularidad de los Rothschild podría ser puramente instrumental: son meros gestores de una cartera de valores para clientes locales y estaban urdiendo la venta de la empresa Roshen, cuyo dueño es Poroshenko.

Voloj asegura -y tampoco es ninguna sorpresa- que Estados Unidos está detrás y delante del enredo de la deuda ucraniana: “Si lo he entendido bien, todo se está fraguando para impedir que Vladimir Putin tenga un voto decisivo en el consejo de acreedores y convertir a Ucrania en un país dependiente. Hoy es claro que nuestros temores no eran excesivos”, concluye.

La semana pasada la Rada aprobó la lista de privatizaciones para este año, que afecta a unos 300 lugares. La tajada no es ninguna tontería porque Ucrania fue una potencia económica y, como mínimo, lo que sale a subasta es la mitad de las 3.000 empresas públicas del país. Las más interesantes son las empresas estratégicas, como La OPZ, el puerto de Odessa, y Sumyjimprom. Pero su venta está prohibida por una ley especial, lo cual significa que para guardar las apariencias la Rada debe proceder a un chanchullo: habrá dos votaciones separadas, una para burlar la ley existente y otra para autorizar la privatización.

El gobierno espera recaudar 1.000 millones de dólares con la subasta de todo el listado de privatizaciones para 2015, lo cual es el precio que los inversores estaban dispuestos a pagar hace cinco años sólo por OPZ. Por esa cifra hoy cualquier especulador puede apoderarse de las empresas energéticas de regiones enteras de Ucrania.

En el sector minero, saldrán a subasta unos 30 yacimientos en las regiones de Volhynie, de Lvov et de Donetsk, aunque una buena parte del listado son empresas agrícolas, equipamiento y construcción mecánica.

En su blog el dirigente de Plataforma Cívica, Anatoli Gritsenko, critica los planes de privatización del gobierno porque no sólo el precio es ínfimo respecto al valor del mercado sino porque luego las familias oligárquicas las van a recomprar a través de los bancos públicos que también controlan ellos mismos. “Es un crimen contra Ucrania”, escribe.

Obama arroja la toalla en la guerra de Ucrania

La semana pasada el secretario de Estado John Kerry rindió pleitesía a Putin y Lavrov en Sochi, a orillas del Mar Negro. Inmediatamente después compareció en Moscú Victoria Nuland, que es el alma de la diplomacia gringa en lo que a Europa concierne. Antes de ir a Moscú, Nuland departió con esa pareja de perritos falderos que tiene en su zoológico de Kiev: Poroshenko y Yatseniouk. Seguro que no les transmitió alegrías de ningún tipo.

Llevamos una semana esperando impacientes alguna noticia de tan trascendentales cumbres. Es inútil. En cualquier otra circunstancia estas reuniones al máximo nivel siempre atraen a las cámaras de televisión y a los insípidos reporteros que le ponen voz. Ni siquiera los medios de más renombre (New York Times, Süddeutsche Zeitung, Times, Le Monde) han dado realce a estas conversaciones que, por cierto, han sido maratonianas. Apenas unas notas de agencia para salir del paso y nada más. El tratamiento contrasta con el despliegue abrumador de la prensa rusa, asiática y de Oriente Medio, y es que el mundo empieza a hablar dos lenguajes muy diferentes.

¿Qué ha pasado? ¿Hacía dos años que no se celebraba un reunión de este nivel y eso carece de interés informativo? El New York Times no ha sabido cómo tapar el agujero y, por fin, anteayer asomaba la zarpa con un sondeo entre una nube de “expertos” universitarios que lanzaban todo tipo de comentarios. Como si nada tuviera que ver con el periódico, que parece no tener una opinión propia sobre este asunto.

Los portavoces del imperialismo no pueden airear un estrepitoso fracaso, otro más, y mucho menos a los pies Rusia. La rueda de prensa de Nuland en Moscú fue harto significativa. Hasta ese momento Estados Unidos nada tenía que ver con los Acuerdos de Minsk-2; ahora su máximo afán es que se cumplan a rajatabla. ¿Qué futuro les espera a Poroshenko y sus espadones? Muy negro. Sus jefes no van a tardar en darles la patada en el culo. Al tiempo.

El gobierno golpista de Kiev es una colección tan cabal de peleles que no son capaces de hablar sin las instrucciones previas de sus jefes en Washington. En el mismo momento en el que Kerry estaba sentado frente a Putin y Lavrov, Poroshenko lanzaba un discurso incendiario para la reconquista del Donbás a tiro limpio. En la rueda de prensa un periodista le preguntó a Kerry por esas declaraciones y el secretario de Estado respondió que una acción que viola los Acuerdos de Minsk-2 nunca podría contar con el apoyo de Estados Unidos.

Ahora veamos lo que dijo la otra parte. El ministro ruso de Asuntos Exteriores Lavrov fue muy claro. Se declaró dispuesto a mantener vínculos de comunicación con Estados Unidos “sólo en pie de igualdad y fuera de cualquier imposición coercitiva”. Pero, ¿Estados Unidos no ha tratado así a Rusia hasta la fecha? Parece ser que no porque Lvrov no cejó de insistir en ello. Está con la mosca detrás de la oreja. Además de reafirmar que, no sólo con Rusia, sino que con cualquier país, el fundamento de las relaciones bilaterales es siempre la igualdad. Eso es un principio capital, dijo Lavrov, y lo único sobre lo que no se negocia son los principios.

“Moscú no es responsable de la crisis de las relaciones con Estados Unidos”, añadió Lavrov, a lo que hay que añadir que la reunión se celebró a petición de la diplomacia imperialista, que es quien se ha manifestado interesada en mejorar sus relaciones con Rusia.

Si las conversaciones se han prolongado durante tanto tiempo no sólo ha sido como consecuencia del cambio de papel que Estados Unidos tiene que conceder sino porque -además- tiene que solucionar el bloqueo económico que ha impuesto sobre Rusia sin que la bajada de pantalones se note demasiado. Bastante tienen ya con otro detalle significativo: ni Kerry ni Nuland han puesto a Crimea en el orden del día. Es un asunto más que zanjado. Al menos de momento.

No cabe duda de que, además de la guerra de Ucrania, encima de la mesa había otros asuntos, no menos espinosos, Irán y Siria, sobre los que es difícil aventurar ni siquiera los términos. Si Estados Unidos cede es consecuencia de un rápido empeoramiento de sus posiciones en el mundo y del deterioro de las relaciones con sus socios (Israel, Arabia), antes tan serviciales.

Cuando el imperialismo atraviesa tan serias dificultades que le obligan a volver sobre sus pasos, es normal que sus portavoces mediáticos guarden silencio. No se trata sólo de ocultar una derrota en toda línea. Han lanzado tal cúmulo de estupideces sobre Rusia y sobre Ucrania, que ahora tienen que encontrar un nuevo vocabulario. Necesitan tiempo.

Los perros de prensa están tan convencidos de la omnipotencia de Estados Unidos y de la eficacia del bloqueo económico que no tenían ninguna clase de dudas de que Putin tendría que dar su brazo a torcer en Ucrania.

Afirmaron que en el Donbas estaban combatiendo unidades del ejército regular ruso, pero ha ocurrido lo mismo que con las armas de destrucción masiva con las que justificaron la guerra de Irak. Todavía esperamos que aparezcan. Pero si hiciéramos caso de los farsantes y plumillas que pululan por los consejos de redacción de los medios de intoxicación del imperialismo, en 2014 se habrían producido nada menos que 40 invasiones de Ucrania por el ejército ruso, y seguro que nos dejamos alguna en el tintero.

En Twiter hay una cuenta, #PutinAtWar, con la que estaban orquestando la correspondiente campañita de calumnias. Su autor no es otro que Boris Nemtsov, que falleció tiroteado recientemente en Moscú. Acabaron con él antes de que pudiera acabar su campañita, pero otros de la misma calaña trataron continuarla. A los gusanos rusos les ha pasado lo mismo que a sus vecinos ucranianos: la cumbre de Sochi les ha dejado en muy mal lugar. Pero en la situación actual eso importa poco: ¿quién no se ha quedado con el culo al aire?

Pero siempre hay un pero. Los imperialistas no pueden dejar de hacer de las suyas: además de entrevistarse con Putin y Lavrov y en el Kremlin, Nulan no pudo resistir la tentación de rendir pleitesía a eso que llaman “oposición”, es decir, la cofradía de ONG y “personalidades” de la vida social moscovita que son su caballo de Troya. Los equivalentes de Poroshenko y Yatseniuk, para entendernos.

Para terminar, hay que hacerse eco de lo que decía anteayer el New York Times: con la entrevista de Sochi, Estados Unidos pretende sustituir a los europeos en la implementación de los Acuerdos de Minsk-2. Aunque llegan tarde siempre pisan fuerte.

La ONU es responsable de las violaciones cometidas por las tropas imperialistas en el Tercer Mundo

El 8 de mayo en una conferencia de prensa sobre las violaciones cometidas por los imperialistas franceses en la República Centroafricana, Zeid Ra’ad Al-Hussein, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, denunció el número creciente de crímenes y culpó de ellos a la propia ONU. También exigió el lanzamiento de una campaña de alto nivel para que cesen las agresiones a mujeres y niños, así como la petición de una comisión independiente que investigue la situación.

En 2014 se registraron más de 50 casos de violaciones cometidas por personal de la ONU, aunque el número real es mucho mayor. La inmunidad diplomática permite que los culpables queden impunes y eviten la cárcel.

Las últimas violaciones “horribles” se atribuyen a las fuerzas “de paz” francesas que han invadido la República Centroafricana, aunque el portavoz de la ONU Stephane Dujarric aseguró que “no estaban bajo el mando y control” del foro mundial. “Pero la verdad es sorprendente y sencilla. Ningún mecanismo nuevo, ni métodos de operación nuevos, ni políticas nuevas podrán funcionar en la práctica para prevenir o castigar a los violadores […] debido a que la burocracia de la ONU, responsable de implementar los cambios, es completamente disfuncional”.

“Esperamos que cualquier persona que participó en las actividades atroces que involucran a niños en República Centroafricana enfrente a la justicia y sea procesada”, dijo a los medios de comunicación.

Paula Donovan, codirectora de AIDS-Free World, la organización que ayudó a difundir un informe sobre la situación que se mantenía oculta, denunció que hubo “desde confusión e ineptitud en el terreno, hasta encubrimientos en los más altos niveles de la ONU en Nueva York”.

“Los Estados miembros deben someter a las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU a una comisión rigurosa, totalmente independiente, de investigación con acceso completo a los documentos y el personal”, exigió. Hasta que eso ocurra, las políticas o procedimientos nuevos que se adopten fracasarán, lo mismo que sucede con las actuales, advirtió Donovan.

Los periodistas le preguntaron a Donovan sobre si un convenio internacional sería efectivo contra la explotación sexual y las violaciones del personal, la policía y los expertos en misiones de la ONU, que en la actualidad son protegidos por la Convención de 1946 sobre Privilegios e Inmunidades. Pero la propuesta de un convenio internacional que castigue a los acusados ​​de violaciones en las llamadas “operaciones de la ONU en el extranjero”, ya se presentó en 2008 y nunca se concretó.

“La verdad es sorprendente y sencilla. Ningún mecanismo nuevo, ni nuevos métodos de operación, ni políticas nuevas podrán funcionar en la práctica para prevenir o castigar a los abusadores sexuales del personal […] debido a que la burocracia de la ONU responsable de implementar los cambios es completamente disfuncional”, reconoció Donovan.

Una masacre por encargo de la Casa Blanca

Son muchos los que alguna vez han oído hablar de Blackwater, la empresa de mercenarios que ha participado en varias agresiones imperialistas, entre ellas la de Irak. Pero es posible que no le suenen otros nombres, como los de Xe o Academi.

No se preocupen: es lo mismo. Los mercenarios se cambiaron el nombre a causa de las protestas por los continuos crímenes cometidos, el último de ellos cuando el mes pasado fueron condenados cuatro pistoleros de la empresa por un juez federal de Estados Unidos a largas penas de cárcel por un tiroteo que en 2007 acabó con la vida de 14 civiles iraquíes en Bagdad.

En una sesión celebrada en un tribunal de Washington, el juez Royce C. Lamberth determinó que actuaron sin justificación y sentenció a cadena perpetua a Nicholas A. Slatten, un antiguo francotirador del Ejército estadounidense acusado de asesinato por efectuar los primeros disparos mortales en el suceso.

El resto de procesados, vigilantes de seguridad armados de Blackwater, -Paul A. Slough, Evan S. Liberty y Dustin L. Heard- fueron condenados a 30 años de prisión cada uno, acusados de homicidio. En el momento de la masacre, a los cuatro años del inicio de la guerra de Irak, Blackwater tenía un contrato con el gobierno de Estados Unidos por más de 1.000 millones de dólares.

Los cuatro hombres ya fueron declarados culpables por un jurado federal el pasado octubre, aunque sus abogados apelaron, de manera infructuosa, contra el veredicto a fin de rebajar las penas. El caso se ha visto además rodeado por el debate en torno a los mercenarios que trabajan para el gobierno de Washington en las zonas de agresión.

En Irak existía un “ambiente lleno de negligencias” en que los agentes de Blackwater se sentían “por encima de la ley”, según un informe del Departamento de Estado elaborado un mes antes del suceso. Entonces había en Irak y Afganistán más mercenarios -hasta 95.000 y 112.000 respectivamente- que soldados estadounidenses, según datos oficiales.

Los condenados, cuyos servicios contrató el gobierno estadounidense para “ofrecer seguridad” a sus funcionarios en Irak, protagonizaron los hechos ocurridos en la plaza Nisour, en el centro de Bagdad, en septiembre de 2007. Los cuatro dispararon contra los transeúntes en la plaza durante una operación con el fin de despejar el camino para el paso de un convoy del Departamento de Estado. Como consecuencia del tiroteo, 14 iraquíes resultaron muertos y 18 más heridos.

El caso obligó a revisar la relación del gobierno estadounidense con las empresas de mercenarios que, ante las críticas recibidas por sus numerosos crímenes y su vinculación a otros casos de exportación de armas ilegales, cambió de nombre hasta en dos ocasiones desde entonces: primero Xe, y luego Academi.

Entre 2002 y 2012 Blackwater recibió millones de dólares en contratos privados del gobierno para proteger convoyes, edificios, instalaciones militares y funcionarios de países atacados por Estados Unidos.

El negocio de mercenarios se ha expandido y sigue siendo muy útil a los imperialistas. Actualmente, en Irak y Afganistán la Casa Blanca subcontrata a pistoleros privados para tareas de seguridad, inteligencia, mantenimiento o entrenamiento. Los últimos datos disponibles corresponden a enero de este año, cuando sólo a una división regional del ejército de Estados Unidos tenía a sueldo a unos 40.000 contratistas en Afganistán (cuatro veces el número de militares) y 5.000 en Irak (casi el doble).

Además, han surgido contratistas más pequeños y entre los clientes, ya no hay principalmente gobiernos. También ONG, empresas energéticas y de transporte. Las empresas de vigilancia son más baratas y en ocasiones más fiables y experimentados que un Ejército regular y, sobre todo, más invisibles: tienen que dar menos explicaciones, llevan a cabo actividades arriesgadas y sus muertes afectan menos a la opinión pública, que se alegra de quienes mueren por dinero.

El apoyo logístico al saqueo de materias primas en África es una de las actividades de Frontier Services Group, cuyo presidente es Erik Prince, que en 1997 fundó Blackwater. Prince, de 45 años, fue miembro del cuerpo de élite del ejército de Estados Unidos y generoso donante del Partido Republicano. Convirtió a Blackwater en la compañía de seguridad privada más poderosa y en una pieza clave del engranaje militar del gobierno de Bush: protegía a sus diplomáticos en el extranjero e integraba operaciones de la CIA.

En 2010 Prince vendió el negocio que cambió de nombre y en junio del año pasado se fusionó con la multinacional Constellis Group. De esa manera volvieron a la actualidad con otro nombre: actualmente vuelven a estar subcontratados por Estados Unidos en Irak. Los mismos perros con otros collares.

El agente naranja sigue matando vietnamitas 40 años después del fin de la guerra

El 30 de abril se cumplieron 40 años de la caída de Saigón, lo que supuso el fin de la guerra de Vietnam y la derrota de los EEUU. Pero continúan los efectos del Agente Naranja, uno de los herbicidas y defoliantes lanzados por EEUU.

El agente, fabricado por Monsanto y Dow Chemical, es la mezcla dos herbicidas hormonales con combustible de aviones. EEUU lanzó 76 millones de litros sobre Vietnam, el Este de Laos y zonas de Camboya. El objetivo del programa de guerra química, llamada Operación Ranch Hand, era defoliar la selva para dejar sin cobertura al Vietcong y destruir las tierras de cultivo para obligar a los campesinos a huir a las ciudades controladas por los EEUU, dejando a la guerrilla sin apoyos y sin suministro de alimentos. EEUU utilizó además otros agentes químicos, el Agente Blanco y el Agente Azul. El 42% de todas las fumigaciones fueron dirigidas a los cultivos de alimentos. El 12% de la superficie de Vietnam fue rociada con estos agentes, a una concentración 13 veces superior a la dosis recomendada. Fueron destruidas 10 millones de hectáreas de tierra agrícola.

Como resultado 400.000 personas murieron o resultaron mutiladas y han nacido ya 500.000 niños con malformaciones. La Cruz Roja cifra en 1 millón de personas los discapacitados o enfermos a causa de este agente tóxico.

EEUU hasta el presente no acepta ninguna responsabilidad y Monsanto declara que creó el Agente Naranja “para salvar vidas de norteamericanos”. En 1966 etiquetaban el producto con la leyenda “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal” aunque conocían sus devastadores efectos desde 1949. Miles de veteranos estadounidenses regresaron con secuelas y tuvieron hijos con malformaciones, pero los fabricantes atribuyeron el problema a causas psicológicas, el llamado Síndrome Vietnam.

Se estima en unos 500.000 casos la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam. Más de cuarenta millones de litros de Agente Naranja se irrigaron sobre los bosques del país asiático entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses. Vietnam no ha recibido ninguna compensación económica por parte de EEUU.

Phuong, una niña de unos ocho años, delgadita como casi todas las vietnamitas, no deja de abrazar al periodista. Es alegre y parlanchina y parece sufrir un síndrome muy similar al de Down. Pero puede decirse sin temor a equivocarse que es la más afortunada de estas varias docenas de criaturas que son atendidas en un ala especial del hospital Tû Dû de Ho Chi Minh City, la antigua Saigón.

En este pabellón situado junto a la cantina del centro médico viven grupos de niños afectados gravemente por el terrible legado del Agente Naranja, el defoliante utilizado por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam –que terminó ayer hace 40 años- para destruir la jungla y dejar a los guerrilleros Vietcong sin posibilidad de camuflaje.

Cuatro décadas después del fin del conflicto aún siguen naciendo criaturas con deformidades terribles. “No podemos estar seguro todavía del tiempo durante el que se extenderán sus efectos, pero muchos científicos ya lo estiman en tres generaciones”, dice la doctora Lanh.

En la misma habitación donde vive Phuong, hay varias cunas en las que vegetan críos que nunca podrán levantarse. Algunos tienen una cabeza hasta seis veces mayor de lo normal y aplanada, otros enormes ojos de pez… Un pobre adolescente muestra toda la piel de su cuerpo como si estuviera rayada y además padece un síndrome nervioso extremo que obliga a sus cuidadores a esposarlo a los barrotes de una cama para no autolesionarse. No cesa de llorar y gritar histérico.

Hay 120 niños y 60 veteranos de guerra en este centro. “No es fácil asegurar la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam, pero se estima en unos 500.000 los casos que podría haber en los hospitales de todo el país y en muchas aldeas donde sobreviven con sus familias”, declara la enfermera Kim Hoa.

El Agente Naranja, del que se irrigaron más de cuarenta millones de litros entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses sobre los bosques de Vietnam era un poderoso herbicida compuesto por una mezcla de dos productos químicos: el 2,4,5-T y el 2,4-D. El primero de ellos provoca la aparición de minúsculas cantidades de dioxina conocida como TCDD, el veneno más tóxico de los elaborados por el hombre, que en tiempos de la guerra nadie se preocupó de depurar.

El defoliante destruía la foresta prácticamente en 24 horas, pero sus efectos iban a perpetuarse mucho más allá de que en esos terrenos no volviera a formarse una jungla. En los primeros años de la posguerra se dieron la aparición de un número inusual de tumores raros de cáncer en las zonas donde se había irrigado con el herbicida. Paralelamente se dispararon los casos de bebés nacidos con malformaciones muy graves: cabezas enormes, brazos que eran muñones terminados en dos o tres dedos, bocas sin paladar, ojos ciegos, síndromes nerviosos, parálisis, etcétera. Y también se multiplicaron los inusuales nacimientos de siameses. En muchos casos, los padres no habían padecido ni un dolor de cabeza, pero su ADN había sido dañado por la dioxina, un veneno del que basta un microgramo ingerido directamente para causar la muerte.

Al mismo tiempo, miles de veteranos estadounidenses, australianos o neozelandeses también empezaron a sufrir a dolencias idénticas a los de sus antiguos enemigos. Y también tuvieron una tasa disparatada de nacimientos de niños con minusvalías, efectos coincidentes con los que se se habían dado entre las víctimas del escape de dioxina en Seveso (Italia) en 1976.

Más de 230.000 veteranos de guerra reclamaron indemnizaciones a siete compañías químicas productoras del Agente Naranja –una ley norteamericana prohíbe querellarse contra el Gobierno por acciones de guerra- y Víctor Yanacone, el abogado principal del consorcio de firmas que representaba a los veteranos, expuso ante los jueces una realidad incuestionable: durante la guerra las compañías Dow Chemical y Monsanto produjeron grandes cantidades del herbicida sin preocuparse por eliminar la dioxina; la Fuerza Aérea estaba pidiendo cantidad y no calidad.

Los ejecutivos de las compañías rechazaron cualquier conexión de su producto con el problema, que atribuyeron a causas psicológicas, el llamado síndrome Vietnam -que afectaba a miles de jóvenes que volvían derrotados y rechazados por su propia sociedad-, hasta que el número de afectados fue tan alto que hizo absurdas sus alegaciones.

Los directivos de la Dow alegaron que las autoridades se negaron a aceptar los peligros que corrían con su empleo. “Pero nos prohibieron hasta que etiquetáramos el producto con señales de advertencia”, declaró un directivo de la compañía. Así, una hoja de instrucciones entregada en 1966 a las tripulaciones de los aviones encargados de fumigar la selva se afirmaba que “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal”.

Sin embargo, los efectos letales de la dioxina ya eran conocidas para la Administración estadounidense. Una explosión en la fábrica de herbicidas de la compañía Monsanto en 1949 en Virginia (EEUU) y un escape en 1964 durante su producción en una planta de la Dow Chemical habían mostrado las fatales consecuencias entre sus trabajadores.

En 1984 las siete compañías productoras del herbicida -Dow Chemical, Monsanto, Diamond, Uniroyal, TH, Hercules y Thompson- aceptaron en un tribunal de Nueva York la creación de un fondo de más de 162 millones de euros para cubrir los gastos médicos que requirieran las víctimas y sus hijos durante un período de 25 años.

Pero, aunque Vietnam también se ha querellado contra estas empresas químicas, sus alegaciones se han desestimado. Monsanto aduce en su página web que “crearon el Agente Naranja para salvar vidas de norteamericanos” y que es una cuestión “que corresponde debatir entre los gobiernos”.

Los vietnamitas no recibirán ni un dólar de compensación. Por su parte, el Gobierno de EEUU exige con presteza pagos por reparaciones de guerra cuando gana una contienda, pero no concede indemnizaciones si la pierde, como sucedió en Vietnam, de donde se retiró en 1973 con 58.000 de sus militares muertos y muchos más con graves secuelas.

Ni siquiera acepta pagos cuando ha cometido un error, o que se lo pregunten a las familias de los 290 pasajeros y tripulantes del avión comercial iraní abatido en 1988 por un misil de un buque estadounidense en el Golfo Pérsico, al confundirlo con un caza iraquí.

Además del Agente Naranja, EE UU fumigó las selvas de Vietnam con unos 30 millones de litros de otros defoliantes de efectos dañinos: el Agente Blanco y Agente Azul. Todo un arsenal de armas químicas que acompañaron al tristemente célebre napalm que dejó a miles de víctimas con gravísimas quemaduras en las aldeas de este hermoso país.

Al abandonar el hospital Tû Dû, que ya visité en 1995 con motivo del veinte aniversario del fin de la guerra, me despido de Nhung, un chico de unos catorce años cuyas piernas terminan abruptamente en las rodillas y su cabeza en pico. Me sonríe tristemente e intenta darme la mano con dificultad, porque tiene los dedos unidos por membranas.

En la calle, los vietnamitas se preparan para celebrar los festejos de los 40 años del fin de la guerra contra Vietnam del Sur, una república títere de EEUU. Y Minh Quân, un veterano del Vietcong, que regenta un puesto de frutas tropicales cerca del hospital, me recuerda orgulloso que su ejército ha vencido en todas las guerras a las que se ha enfrentado en el siglo XX: a Francia, EEUU y hasta a los chinos que invadieron brevemente el norte del país en represalia a la victoria vietnamita sobre la Camboya de Pol Pot.

Pero hoy, Vietnam pasa casi por primera vez en su historia por un largo período de paz. Aunque los causantes del “síndrome naranja” no ayuden a las víctimas, varias asociaciones de otros países sí lo están haciendo, y EEUU, al menos, ha comenzado recientemente a colaborar con la descontaminación de amplias zonas de terreno destruido por sus armas químicas.

Montserrat Mestre http://www.eldiario.es/internacional/Agente-Naranja_0_383212103.html

El ejército español ensayó la invasión de Venezuela

Montserrat Mestre

En mayo de 2001, un grupo de militares de distintos países, reunidos en Madrid con motivo del II Curso de Estado Mayor Conjunto de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas de España, realizó un ejercicio de simulación basado en un escenario de guerra. Entre los estudiantes del curso había un oficial de la Aviación Militar Venezolana, que al regresar a Caracas advirtió a sus superiores acerca de una operación denominada “Balboa”, que le había causado indignación como venezolano. En el documento se citaba cuatro países identificados como AZUL, MARRÓN, CYAN y BLANCO, que corresponden a EEUU, Venezuela, Panamá y Colombia, respectivamente. La correspondencia con estos países está confirmada con la descripción de cada uno; la mención de la base militar Howard (de Panamá) en CYAN, la ciudad de Cartagena (Colombia) en BLANCO y el aeropuerto de La Chinita (Venezuela) en MARRÓN, además de los mapas e infraestructuras citadas con sus coordenadas reales.

El general venezolano Melvin López Hidalgo, secretario del Codena (Consejo de Defensa de la Nación) sostiene que ese ejercicio fue un simulacro de lo que ocurriría luego, en abril de 2002, cuando aeronaves y embarcaciones de guerra de EEUU habrían ingresado en territorio venezolano durante el efímero golpe de Estado. Lean en los documentos de Operación Balboa (*) la descripción de países y juzgen por ustedes mismos. La descripción del país “Marrón” es cuando menos, insultante.

La Operación Balboa, que consistió en un ejercicio de simulación del ejército español realizado entre el 3 y el 18 de mayo de 2001, contemplaba con apoyo del gobierno de Estados Unidos (EEUU), una intervención militar en Venezuela para acabar con la Revolución Bolivariana e invadir la nación suramericana para apoderarse de sus reservas de petróleo y gas.

En esos ejercicios simulados de ataques aéreos, terrestres y navales, denominado en el ámbito castrense como “juegos de guerra”, las fuerzas norteamericanas y de países aliados simularon ataques a la zona occidental venezolana desde bases en Panamá y Colombia. “Se prepara una agresión militar desde Colombia contra Venezuela, una provocación para obligarnos a dar una respuesta que después pudiera prender una guerra en esta tierra, es parte del plan de la Operación Balboa, así se llama el operativo contra Venezuela”, denunció el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, durante una rueda de prensa, en 2008.

Pese a que la operación militar data del 2001, la acción se pretendía ejecutar en 2008, año en que el comandante Chávez denunció la “casualidad” de que tres altos funcionarios de Estados Unidos visiten Colombia en una semana, por ello acusó al gobierno colombiano, en ese momento presidido por Álvaro Uribe, de estar fraguando una conspiración, una provocación bélica contra Venezuela. Afirmó que “Colombia se subordinó al gobierno norteamericano (encabezado en aquel entonces por George Bush) y está en contra de la paz. El Gobierno de Colombia levanta las banderas de la guerra”, acusó Chávez.

De esta manera, el comandante Chávez condenó este ejercicio y ratificó la defensa de la soberanía nacional ante las pretensiones del imperio norteamericano y sus aliados de intervenir territorio venezolano. Aclaró que de ocurrir un escenario como ese “no habría petróleo para nadie, porque hemos decidido que el petróleo es de nosotros”.

“Aquí tendrían que pasar por nuestros cadáveres los invasores (…) Que no se olviden los gringos que aquí están los hijos de Bolívar dispuestos a ser libres. Denuncio esta amenaza y al gobierno de Colombia de estarse prestando”, sentenció.

La Operación Balboa fue presentada a los integrantes del II Curso de Estado Mayor de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS) de España, entre el 3 y el 18 de mayo de 2001, en un documento de 26 páginas, donde dan los detalles de esta práctica militar avaladas por una hipotética resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), refiere un trabajo realizado por el periodista Ernesto Villegas.

En este documento, denominado “Ejercicio Específico: Planeamiento Operativo Balboa”, se asientan los datos de cuatro países identificados como Azul, Marrón, Cyan y Blanco que corresponden a Estados Unidos, Venezuela, Panamá y Colombia, respectivamente. Sobre cada nación se realiza una descripción histórica, geográfica y económica.

Con el color cyan identificaron la base militar Howard, en Panamá, con el color blanco a Cartagena, en Colombia y en marrón el Aeropuerto Internacional de La Chinita, en el estado de Zulia, Venezuela.

Además, se menciona como “prioridad de objetivos” aviones, pistas, radares, torres de control y otras infraestructuras aéreas en los estados de  Zulia, Táchira, Trujillo, Mérida, Apure, Falcón, parte de Lara y Guárico, occidente y sur de Bolívar, entre otras entidades.

Todos los estados con cercanía o límites con Colombia y donde hay petróleo, hierro, bauxita, oro, agua, reservas forestales y acceso a la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor reserva certificada de hidrocarburos del planeta.

El reconocido periodista, Eleazar Díaz Rangel, comentó que el plan Balboa pretendía que tropas de Estados Unidos y otros países actuaran sobre territorio venezolano, supuestamente “con el fin de recuperar a los residentes extranjeros”. Esa vez, el pretexto fue que en Venezuela se habría producido una confrontación interna próxima a la guerra civil y la situación se tornó tan grave que, hipotéticamente, el Consejo de Seguridad de la ONU debió intervenir.

Con ello, una vez más quedaron demostradas las pretensiones del gobierno estadounidense con el apoyo de países europeos de intervenir en Venezuela y tomar sus reservas petroleras. Esta acción injerencista, se ha intentado realizar por distintas vías, la más reciente con la firma del decreto por parte del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que declara a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria”, con el propósito único de socavar la soberanía y la autodeterminación de la nación socialista.

En respuesta a esta arremetida imperialista, el poder popular se organizó y con respaldo de los pueblos de América Latina y el Caribe, alzaron su voz en rechazo a la decisión norteamericana y a través de más de 10 millones de firmas exigieron la derogatoria del decreto que atenta contra la soberanía de Venezuela.


(*) Operación Balboa, http://web.archive.org/web/20070125071350/http://images.indymedia.org/imc/canarias/pdf/Operacion_Balboa.pdf

Fuente: El ejército español ensayó cómo invadir Venezuela con el apoyo de EEUU, http://larepublica.es/2015/05/04/el-ejercito-espanol-ensayo-como-invadir-venezuela-con-el-apoyo-de-eeuu/

Estados Unidos y Japón se unen para aplastar militarmente a China

Shinzo Abe
Recientemente el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha estado de visita en Estados Unidos para estrechar los lazos militares y económicos entre Washington y Tokio y discutir las ambiciones militares de Japón. El investigador y especialista en Asia Tim Beal asegura que Tokio sigue promoviendo la remilitarización de su país, ya que es la piedra angular de su mandato y el punto central de su programa político.

Según Beal Japón utiliza el aumento del poder de China como excusa para promover su remilitarización dado que Estados Unidos puede aceptarla solo si cree que servirá para contener a China. Como la Constitución aprobada tras la derrota del militarismo japonés en la II Guerra Mundial prohíbe el rearme, el gobierno quiere volver a los años treinta mediante una “interpretación creativa” de la misma, sin necesidad de cambiarla, lo cual supondría un trauma tanto para sociedad japonesa como para el mundo entero.

Los imperialistas japoneses quieren enviar tropas al extranjero, lo cual también lo tienen prohibido. Pero para sortear ese obstáculo a eso lo llaman ahora “pacifismo proactivo”.

El lunes Estados Unidos y Japón acordaron las nuevas directivas de su cooperación en materia de defensa. A partir de ahora Tokio podrá prestar ayuda militar a su aliado fuera del territorio nacional.

“No creo que haya un impulso especial de China contra Japón. Creo que Japón básicamente está utilizando a China de excusa, porque es la única manera para que los estadounidenses acepten su remilitarización […] Uno de los puntos principales de la política exterior de Estados Unidos es la contención de China, así que Japón es parte muy importante de eso”, indicó Beal a la agencia Russia Today.

Beal opina que Estados Unidos ayudará a Japón a ejercer más presión sobre China, incluyendo la disputa territorial entre los dos países asiáticos en el mar de la China Oriental.

“Los estadounidenses quieren contener a China y están usando a Japón para hacerlo, mientras que Japón también está utilizando a Estados Unidos de cierta manera. Así que de nuevo vamos a ver una especie de esfuerzo conjunto entre Japón y Estados Unidos en esta disputa del mar de la China Oriental, así como en otros lugares”, concluyó el analista.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, que a principios de abril realizó una visita oficial a Japón y Corea del Sur, aseguró que Washington “continuará invirtiendo en la seguridad de la región Asia-Pacífico” y buscará ampliar la cooperación técnico-militar con los países de la región. Se le olvidó concretar que esos “países de la región” son sólo los que tienen litigios con China.

El ejército francés viola a los niños en centroáfrica

El diario británico The Guardian acaba de publicar un informe confidencial de la ONU dirigido al gobierno francés en el que relata de manera pormenorizada las violaciones de niños centroafricanos de 7 a 9 años de edad en Bangui, la capital del país invadido por el imperialismo desde 2013.

El informe refiere los abusos sexuales y “sodomía” cometidos por la soldadesca gala contra niños a los que califica como “hambrientos y abandonados”. Las violaciones se cometieron en un centro de acogida de la capital africana en el que se refugian los niños que huyen de las zonas de guerra.

Los hechos consignados por la ONU y la UNICEF se cometieron el año pasado. A cambio de los contactos sexuales, los soldados franceses ofrecían alimentos a los niños. El periódico británico narra el horror imperialista con relatos de los propios niños a la ONU y la UNICEF.

“Los niños pudieron suministrar una buena descripción de los soldados implicados”, dice The Guardian. “Un niño de 11 años dice haber sido violado mientras salía en busca de alimento. Otro de 9 años describe una agresión sexual cometida contra uno de sus amigos por dos soldados franceses en el campo de refugiados mientras regresaban de un puesto de control para encontrar algo para comer”.

La revelación del informe confidencial ha supuesto la destitución hace unos días de Anders Kompass, un alto dirigente de la ONU. Según The Guardian fue la persona que filtró el informe al gobierno francés. Su objetivo era involucrarles en los hechos, ya que la ONU ha reconocido que es incapaz de detener estos graves crímenes contra la infancia.

Parece ser que el gobierno francés ha iniciado una investigación interna y reservada.

La presencia del ejército francés en la República Centroafricana se remonta a diciembre de 2013 y lleva el nombre de Operación Sangaris. Tenía por objeto desencadenar un golpe de Estado que desalojara del poder al anterior gobierno, que mantenía buenas relaciones con Gadafi y había firmado un acuerdo económico con China. Constituye la séptima intervención militar directa en el aquel país desde que en 1960 obtuvo la independencia por vez primera.

Fuente: UN aid worker suspended for leaking report on child abuse by French troops, http://www.theguardian.com/world/2015/apr/29/un-aid-worker-suspended-leaking-report-child-abuse-french-troops-car

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