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Gadafi fue asesinado por orden del presidente francés Sarkozy

La publicación de los correos electrónicos de Hillary Clinton se está convirtiendo en una mina de jugosas informaciones. Afortunadamente para el mundo, Clinton ha decidido presentarse a las elecciones presidenciales y desde el primer minuto sus enemigos la están torturando con el gota a gota de las filtraciones.

Contra Clinton juega también el descubrimiento de nuevos casos de espionaje de Estados Unidos contra Francia que, por cierto, tampoco dejan bien al imperialismo francés. La última la publica el periódico digital francés Mediapart y concierne al asesinato de Gadafi por los esbirros del presidente francés Sarkozy y a gentuza impresentable y repugnante como Bernard-Henri Lévy.

El espionaje francés se benefició de la traición de un allegado a Gadafi para localizar su refugio, torturarlo y asesinarlo friamente. Son las consecuencias de una intervención en Libia justificada “por razones humanitarias”, para proteger a la población indefensa de Bengasi, donde en 2011 se concentró el detonador más importante del ataque contra Libia.

La difusión de que Estados Unidos espió a tres Jefes de Estado franceses ha levantado una ola de indignación en un país como Francia al que le encanta mirarse al ombligo. El desprecio contra Obama ha alcanzado cotas difícilmente imaginables y los gringos se han visto obligados a decirles a los franceses, incluidos los Jefes de Estado e incluido Sarkozy, lo mismo que dice el Nuevo Testamento: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Evangelio de San Juan 8:1-7). El espionaje francés no se ha quedado a la zaga de la Agencia de Seguridad Nacional, prueba de lo cual es que le airean los trapos sucios en Libia.

Los gringos se burlan de los franceses. Según Clinton, el fatuo Presidente francés “pretendía redecorar los viejos blasones y restaurar el prestigio del ejército” en su ataque contra Libia. “Era un oportunidad para reafirmar el lugar de su potencia militar y conquistar ventajas económicas”, dice Mediapart que, para más sarcasmo, añade que Gadafi había financiado la campaña electoral de su verdugo Sarkozy.

Con la intervención militar en Libia, Sarkozy pretendía lograr ventajas económicas, suministros energéticos y contratos para las empresas francesas. Las visitas de los patronos francesas de la industria petrolera a una Libia destruida, testimonian los planes rapaces del imperialismo francés, al que los miles de vidas segadas en una guerra -que no ha terminado- le importan un bledo.

Las visitas de los capitanes de los monopolios franceses, la mayor parte de ellos muy cercanos a Sarkozy, al norte de África son constantes. Tras una primera escala en Libia luego continúan viaje a El Cairo escoltados por los matones armados de la Dirección General de Seguridad Exterior. En uno de los correos Clinton asegura que el Consejo Nacional de Transición constituido tras el asesinato de Gadafi, lo creó Sarkozy, quien también puso al frente del mismo a sus peones Mustapha Jalil y el general Abdelfattah Yunes.

Es Francia quien financia y dirige de manera indirecta el Consejo Nacional de Transición en Libia, jaleado en la prensa francesa por el bufón Bernard-Henry Lévy, siempre al servicio de quien mande en la République.

Pero de la orgía de sangre no se libra Estados Unidos, cómplice del asesinato de Gadafi y de los manejos franceses, que comprenden la división de Libia, si es que aún queda algo de ella (aparte del nombre).

Francia y China llegan a un acuerdo estratégico para el repartirse los mercados

La semana pasada Francia y China firmaron una declaración para compartir los mercados de terceros países. Ambas potencias se han comprometido a conquistar conjuntamente los mercados de África y Asia, lo que supondrá un salto mayor en la internacionalización de las multinacionales chinas.

El acuerdo se ha firmado con motivo de una visita de tres días de duración a París del Primer Ministro chino Li Keqiang. El proyecto contempla la realización conjunta de obras de infraestructura, aunque hay proyectos también en el ámbito de la energía. Los capitales de ambos países llevarán a cabo tareas conjuntas de cogestión, cofinanciación y coproduccción.

El Primer Ministro francés, Manuel Valls, ha calificado este acuerdo, que se centra prioritariamente en Asia y África, de “histórico”. En su discurso Li Keqiang manifestó que Francia y China colaborarían para hacer progresar las infraestructuras, la industrialización y la “reducción de la pobreza”.

“Eso ayudará a los países en desarrollo a avanzar progresivamente hacia la properidad y ayudará a China a encontrar mercados para sus capacidades de producción”, añadió el Primer Ministro chino.

China se beneficiará de la experiencia de los capitales franceses en mercados en los que llevan tiempo operando, especialmente en África.

El laboratorio P4 de alta seguridad biológica inaugurado en enero por Manuel Valls en Wuhan, en el centro de China, es el símbolo de la creciente cooperación entre Francia y China en África. Abierto gracias a una transferencia de tecnología francesa, servirá para el tratamiento de enfermedades infecciosas africanas, como el Ébola. Algunas multinacionales francesas, como Total o Areva, ya trabajan en África con socios chinos.

El Primer Ministro chino aprovechó el viaje a París para firmar otro “histórico” acuerdo de cooperación con la OCDE, de la que no forma parte, para reforzar su relación en 20 áreas políticas como la gestión macroeconómica, las reformas estructurales y reguladoras, el crecimiento económico y las políticas públicas.

En un discurso pronunciado en la sede de la OCDE en París Li Keqiang destacó que su gobierno también esperaba colaborar con otros países occidentales a fin de estimular el crecimiento de los países en desarrollo, que representan “un mercado enorme”, dijo.

Fuente: http://www.cameroonvoice.com/news/article-news-19363.html

Las negociaciones secretas de Fidel Castro con Kennedy

Fidel Castro con Nixon
Recientemente el sobrino del asesinado presidente Kennedy ha relatado las negociaciones secretas mantenidas hace 50 años entre Fidel Castro y su tío para normalizar la relaciones diplomáticas entre ambos países. Es muy posible que detrás del sobrino esté la mano de Obama, quizá para ponerse a la altura de Kennedy y decir que él ha logrado llegar a donde el otro no pudo.

No obstante, el sobrino recuerda algunos hechos significativos sobre los que merece la pena volver, ya que se inscriben en el contexto de la Guerra Fría y de uno de los episodios más dramáticos de ella: la crisis de los misiles de Cuba, que estalló en 1962. El sobrino dice que tras la crisis su tío trató de normalizar las relaciones con Cuba. También relata el viaje de Fidel Castro a Moscú aquel mismo año, donde se entrevistó con Jruschov, tras la cual regresó con el mismo propósito que Kennedy: normalizar las relaciones con Estados Unidos.

Para lograr su propósito, Kennedy comisionó al abogado James Donovan y a John Dolan, consejero del ministro de Justicia, es decir, de su hermano Robert Kennedy, a fin de que negociaran la liberación de los 1.500 mercenarios que invadieron Bahía Cochinos.

Fidel se entrevistó con ambos emisarios y les manifestó su disposición a reanudar unas relaciones diplomáticas basadas en la soberanía, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos.

Lo mismo que en la actualidad, la prensa gringa había cumplido a la perfección su papel intoxicador respecto no sólo a la revolución cubana sino a lo que más les gusta: el ataque personal a Fidel, al que pintaban como un borracho, un pervertido sexual, un tipo violento y caprichoso. Por ello Kennedy les pidió a sus negociadores que se fijaran en la personalidad de Fidel y le contaran todo lo posible acerca de su carácter. La respuesta de Nolan fue la esperada: “Nuestra impresión diverge de la imagen generalmente transmitida. Castro jamás ha sido irritable, borracho o sucio”. Él y Donovan le describen como una persona equilibrada, bien informada, acicalada y un conversador elocuente.

En su informe los dos emisarios se muestran sorprendidos del enorme apoyo que tenía el gobierno revolucionario: “Confirmaron los informes internos de la CIA respecto a la irresistible popularidad de Castro ante el pueblo cubano como consecuencia de los numerosos viajes con Castro [a través de la isla] y tras haber sido testigos de las ovaciones espontáneas que ha recibido cuando entraba en los estadios de baseball”.

Kennedy era plenamente consciente del resentimiento existente en Cuba contra Estados Unidos. En setiembre de 1963 encomendó a William Attwood, antiguo periodista y diplomático estadounidense acreditado ante la ONU, que abriera negociaciones secretas con el gobierno de La Habana. El secreto era imprescindible ya que el restablecimiento de relaciones con la Isla supondría una bomba, sobre todo teniendo en cuenta las elecciones previstas para el año siguiente.

Al mismo tiempo, abrió un segundo canal de comunicación con Cuba a través del periodista francés Jean Daniel quien, antes de viajar a la Isla, se entrevistó con Kennedy en la Casa Blanca para recibir instrucciones.

En La Habana Castro le dijo a Daniel que la coexistencia entre países capitalistas y socialistas era posible y que si Kennedy normalizaba sus relaciones con el gobierno cubano pasaría a la historia como un presidente aún más grande que Lincoln.

Respondiendo a los reproches de Kennedy sobre su alianza con Moscú, Castro le dijo que la hostilidad de Estados Unidos contra Cuba había empezado bastante antes del acercamiento de Cuba a la Unión Soviética, cuando no existía el pretexto del comunismo.

La CIA se oponía al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. Jamás admitiría la normalización y como estaba al corriente de las conversaciones secretas, se esforzó por boicotearlas. En abril de 1963, para sabotear las negociaciones, la CIA trató de envenenar a Castro sin que Donovan y Dolan se enteraran.

Al mismo tiempo, a través de los gusanos cubanos de Miami, la CIA inicia los preparativos para asesinar a Kennedy, al que acusan de “traición”. También incorporan al plan a un capo de la mafia, como Santos Trafficante, al que la revolución de 1959 había privado de los casinos que tenía en La Habana.

El día del asesinato de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, Castro se estaba entrevistando con Daniel en La Habana. Al enterarse de la noticia, Castro se volvió y le dijo al periodista francés: “Ya está. Es el final de su misión de paz”.

Tras el asesinato de Kennedy, Castro pidió a Adlai Stevenson, William Attwood y otros que pidieran al nuevo presidente, Lyndon B.Johnson, que retomara las negociaciones secretas con La Habana, sin ningún éxito. Lo mismo intentó Robert Kennedy, que se mantenía como ministro de Justicia del nuevo gobierno. Todo resultó inútil.

Entre bastidores Dean Rusk, secretario de Estado, inició una campaña de aislamiento de Robert Kennedy, a quien consideraba demasiado insistente en lograr un acuerdo con Cuba. Finalmente, cuando Robert se decidió a iniciar la carrera hacia las elecciones presidenciales, fue asesinado igual que su hermano y, seguramente, por las mismas manos.

Fuentes: Robert Kennedy, JFK’s Secret Negociations with Fidel, http://www.ipsnews.net/2015/01/opinion-jfks-secret-negotiations-with-fidel/; Sabotaging U.S.-Cuba Détente in the Kennedy Era, http://www.ipsnews.net/2015/01/opinion-sabotaging-u-s-cuba-detente-in-the-kennedy-era/

El compromiso de Francia con el Frente Al-Nosra

Francia siempre se ha esforzado por impedir que el Frente Al-Nosra, la filial de Al-Qaeda en Siria, fuera incluido en la lista de organizaciones terroristas internacionales de la ONU. El Presidente francés Sarkozy había puesto todos los medios a su alcance para expulsar a Bashar Al-Ashad de Damasco y la llegada de los socialistas en mayo de 2012 empeoró las cosas aún más, si cabe. Francia necesitaba utilizar a los fundamentalistas como fuerza de choque.

Lo que no hizo la ONU lo hizo Estados Unidos, que incluyó a Al-Nosra en su propio listado, lo cual fue duramente criticado por Laurent Fabius, ministro francés de Asuntos Exteriores.

Una carta confidencial fechada el 29 de abril de 2013, dirigida por la delegación marroquí en la ONU a su Ministerio en Rabat, ha puesto al descubierto la política de los socialimperialistas franceses en Siria. El gobierno de Damasco, dice la carta, quiere que la ONU incluya al Frente Al-Nosra en el listado de organizaciones terroristas internacionales, pero Francia se opone, temerosos por la posibilidad de que se descubra que la llamada “oposición siria” no es otra cosa que terrorismo.

Para impedirlo el ministro francés de Asuntos Exteriores llevó a cabo una serie de negociaciones bajo cuerda, dice la delegación marroquí. El plan, que ha sido aprobado por Gran Bretaña, consiste en añadir discretamente al Frente Al-Nosra en el listado de sanciones impuestas contra Al-Qaeda en Irak. De esa manera el gobierno francés contaba con contrarrestar el plan del gobierno sirio y la “oposición” no quedaría estigmatizada.

La carta alude también a la posición de Arabia saudí sobre el mismo asunto. Tampoco desea que Al-Nosra sea incluida en el listado de la ONU, entre otros motivos porque la autocracia de Riad podía quedar al descubierto como patrocinadora de grupos terroristas. El delegado saudí en la ONU le confesó a su homólogo marroquí: “Es imposible estigmatizar a Al-Nosra mientras nosotros los sostengamos, armemos y financiemos. Es imposible que se diga y escriba que nosotros somos aliados del terrorismo”.

El 31 de mayo de 2013 Francia perdió la batalla y Al-Nosra fue incluida en el listado de la ONU, poniendo en peligro la campaña mediática orquestada por la prensa mundial acerca de la “oposición siria”. Cuando el setiembre del año siguiente Al-Nosra liberó a 45 cascos azules que mantenía secuestrados, el gobierno francés apoyó el rescate que pedían los secuestradores: que los borraran de la lista negra de la ONU. El chantaje no salió adelante. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahora Kerry, lo mismo que Qatar, apoya a los franceses y también quiere sacar a Al-Nosra del listado.

La memoria es frágil. En muy poco tiempo el Califato Islámico ha dejado a Al-Qaeda casi como si fuera una ONG. ¿Es que ya nadie se acuerda del 11-S?

Al descubierto el apoyo del MI6 al Califato Islámico

En el juicio contra el sueco Bherlin Gildo que se celebra en Londres todo marchaba según lo previsto. Tenían una cabeza de turco, un “sparring” con quien la prensa podía practicar con guantes de boxeo, una acusación de terrorismo, la guerra de Siria, el maldito islamismo… El escenario ideal para un estudiante de periodismo en prácticas.

Hasta que la mierda empezó a salir por los cuatro costados, como es previsible tratándose del Califato Islámico: el acusado había apoyado a la organización terrorista tanto como el servicio de información británico.

Cuando la mierda empezó a asfixiar el juicio, quedó claro que no había más que mierda y entonces el fiscal tiró la toalla. En toda esa clase de juicios, como en el caso GAL en España, el Estado no se pone la soga al cuello.

El abogado defensor lo tuvo claro desde el principio, y acertó. Si su defendido era un terrorista, el Estado británico que pretendía juzgarle era otro igual de terrorista. Seguir el juicio, dijo, suponía una “afrenta a la justicia”. El Estado británico había prestado un apoyo al Califato Islámico (“la oposición siria”) que calificó como “masivo”.

A pesar de la guerra, el gobierno de Cameron, que es como el de Rajoy, salió al paso diciendo -nada menos- que tal apoyo al terrorismo había sido “no letal”. Se trataba sólo de chalecos antibalas y vehículos militares.

Tras el primer paso atrás llegó el segundo. El gobierno británico había participado en la creación, el apoyo logístico y el suministro secreto de “armas a gran escala” a la llamada “oposición siria”, que es la excusa bajo la que esconden a los fundamentalistas. Tras derrocar a Gadafi, en 2012 el MI6 cooperó con la CIA para aprovisionar a la “oposición” siria con armas procedentes de almacenes libios. Después de destrozar Libia se disponían a hacer lo mismo en Siria: no dejar títere con cabeza.

Hace dos semanas a un taxista londinense, Anis Sardar, le condenaron a cadena perpetua por participar en 2007 en la resistencia contra la invasión de Irak por las tropas imperialistas. Los jueces son los únicos que le pueden dar la vuelta a la realidad: el terrorismo no es invadir un país soberano de manera ilegal sino oponerse a ello. Es lo mismo que hicieron los franquistas a partir de 1939: quienes se habían sublevado eran los republicanos.

Con la nueva excusa de “combatir” al Califato Islámico los imperialistas anglosajones han vuelto a Irak, aunque el referido “combate” no aparece por ninguna parte y el mes pasado los fundamentalistas se apoderaron de Ramadi delante de sus narices. Dos formidables ejércitos expedicionarios, que fueron capaces de derrocar a Saddam Hussein, ¿no son capaces de hacer lo mismo con las hordas takfiristas? Visto su estrepitoso fracaso, ¿no será mejor que se larguen de una vez?

En cualquier parte del mundo los jueces pueden darle la vuelta a las cosas, como acostumbran, pero los hechos no pueden ser más claros y evidentes: los imperialistas invadieron Irak -entre otras- por unos vínculos inexistentes de Saddam Hussein con Al-Qaeda. Entonces esta organización no existía en Irak. Apareció con ellos presentes en Irak. Se deshicieron de Saddam Hussein para hacer Al-Qaeda en Irak, lo que hoy son el Frente Al-Nusra y el Califato Islámico.

Exactamente lo mismo que ocurrió en Afganistán a partir de 1980.

Los financieros que auparon a Hitler al poder

Durante el proceso de Nuremberg, el ministro de Economía del III Reich, Hjalmar Schacht, pidió reciprocidad: si a él le sentaban en el banquillo por financiar el hitlerismo, también deberían sentarse a su lado Ford, la General Motors y el banquero británico Norman Montagu por los mismos motivos. Pronto el servicio secreto estadounidense le visitó para ofrecerle inmunidad a cambio de silencio. A pesar de las protestas soviéticas, el Tribunal le absolvió.

El apoyo de los imperialistas anglosajones a la Alemania nazi siempre se ha tratado de mantener en secreto. Al mayor crucero fabricado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial Hitler le puso su nombre de un financiero suizo, Wilhelm Gustloff, asesinado “en extrañas circunstancias” en Davos en 1936. Como buen suizo, Gustloff era un intermediario entre Schacht y los financieros anglosajones.

Otro fallecido en 1947 en circunstancias no menos extrañas, “problemas estomacales”, fue el general de las SS y tesorero del partido nazi Franz Schwartz poco antes de abandonar el campo de Ratisbona. Dos años antes Schwartz había quemado en la sede del Estado Mayor del partido nazi en Munich los comprobantes de las transferencias bancarias efectuadas por los capitalistas anglosajones a favor de los nazis alemanes.

A pesar de los asesinatos y las hogueras, las pruebas de la complicidad de los monopolistas estadounidenses y británicos con el III Reich han ido apareciendo. Durante 20 años el historiador italiano Guido Giacomo Preparata se ha especializado en la investigación de estos lazos. Los nazis no se financiaron a sí mismos, tampoco fueron financiados sólo por los monopolistas alemanes. Según Preparata la mayor parte de los medios procedieron del exterior y tienen nombres y apellidos sonoros. Morgan y Rockefeller promocionaron en Wall Street las acciones del monopolio químico IG Farben a través del banco Chase National. El gigante siderúrgico Krupp que impulsó el rearme alemán estuvo bajo el control de la Standard Oil de Rockefeller a través de la banca Dillon y Reid (Vereinigte Stahlwerke Alfred Thiessen).

En 1933, cuando era evidente que AEG había financiado a Hitler, el 30 por ciento de las acciones pertenecían a su socio americano, General Electric. Durante 14 años (1919-1933), asegura Panata, el capital financiero anglosajón se involucró de manera activa en la política interna de Alemania para fomentar a una organización ultrarreaccionaria a la que esperaban utilizar como peón. “Inglaterra y Estados Unidos no crearon el hitlerismo, pero sí las condiciones en las cuales ese fenómeno apareció”, concluye el historiador italiano.

El historiador alemán Joachim Fest defiende la misma tesis. En el otoño de 1923 Hitler viajó a Zurich y volvió “con un cofre lleno de francos suizos y dólares fraccionarios”. Era la víspera del llamado “golpe de la cerveza” con el que Hitler lanzó una primera tentativa de hacerse con el poder por la fuerza. El donante era sir Henry Deterding, el patrón de la petrolera anglo-holandesa Shell. No fue la única entrega. Otro de los pagos lo hizo a través del suizo Wilhelm Gustloff.

El tribunal que juzgó el golpe de Estado hitleriano reconoció que para prepararlo el partido nazi había recibido 20.000 dólares de los industriales de Nuremberg pero la estimación de los gastos era 20 vences superior a esa cifra. A pesar de que a Hitler le condenaron a cinco años de cárcel por alta traición, sólo cumplió unos pocos meses. Al salir compró la mansión Berghof y relanzó de nuevo el periódico “Völkischer Beobachter”. Desde entonces los monopolistas que sostenían a Hitler (Thyssen, Vogler, Schröder y Kirdorf) volcaron el dinero a espuertas en el proyecto nazi. Los funcionarios y provocadores nazis empezaron a cobrar en moneda extranjera. De los patrocinadores más importantes, Vogler y Schröder no eran exactamente alemanes sino más bien capitalistas estadounidenses. Su capital procedía del otro lado del Atlántico. Otro de los financieros de Hitler era Max Warburg, director de IG Farben y hermano de Paul Warburg, director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Lo mismo cabe decir de Carl Bosch, jefe de la división alemana de la Ford. Todos estos grandes monopolistas siempre supieron que el “anticapitalismo” nazi era pura demagogia.

En 1931 un periodista del Detroit News viajó a Alemania para entrevistar a Hitler, un político prometedor, y quedó sorprendido por el retrato que Hitler tenía encima de su mesa de trabajo: era Henri Ford. “Lo considero como mi inspirador”, dijo Hitler al periodista americano. Pero más que un inspirador Ford era un mecenas generoso de los nazis. Ambos, Ford y Hitler, hablaban el mismo lenguaje antisemita. En los años veinte Ford pagó una edición de medio millón de ejemplares del “Protocolo de los Sabios de Sión”, el libro de cabecera de la reacción oscurantista europea. Los envió a Alemania, así como dos de sus libros “El judaísmo mundial” y “Las actividades de los judíos en América”. En 1938 el III Reich le condecoró con los más altos honores: la Gran Cruz del Águila imperial. Durante el acto Ford lloró de emoción. Desde aquel momento Ford asumió la financiación del proyecto nazi Volkswagen como fuera el suyo propio.

Cuando estalló la guerra, una ley aprobada por Estado Unidos prohibió toda clase de colaboración con “el enemigo”, pero Ford no se dió por enterado. En 1940 se negó a ensamblar los motores de los aviones de combate ingleses y su nueva fábrica en Possy, Francia, comenzó a fabricar motores para los aviones de la Luftwaffe. Las filiales europeas de Ford siguieron fabricando camiones para la Wehrmacht y su filial en Argel suministrada camiones y blindados a Rommel.

Cuando al final de la guerra la aviación aliada bombardeó Colonia sólo los edificios de Ford quedaron en pie. No obstante, Ford y General Motors obtuvieron compensación del gobierno de Estado Unidos por los daños “causados a sus propiedades en territorio enemigo”. La General Motors tenía uno de los holdings automovilísticos más importantes de Alemania, Opel, que fabricaba los camiones militares Blitz, un modelo que sirvió de base a los nazis para crear los “gazenwagen” o cámaras de gas rodantes. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial las inversiones de las empresas estadounidenses en sus filiales alemanas alcanzaban a un todo de 800 millones de dólares, de los que 17,5 eran de Ford.

Algunos historiadores se preguntan por qué el Presidente Roosvelt envió a Suiza a Allen Dulles, uno de los jefes del servicio de inteligencia OSS, el antecedente de la CIA. ¿Trató de negociar por separado con los nazis? En enero de 1932 Hitler, entonces un político prometedor, se entrevistó con el financiero británico Norman Montagu en presencia de varios políticos estadoundenses, entre ellos los hermanos Dulles. Es posible, pero no se puede afirmar con rotundidad, que el británico se comprometiera a financiar al partido nazi de manera encubierta. La presencia de Allen Dulles así lo indica. Al fin y al cabo los Dulles estuvieron en las operaciones más oscuras del imperialismo, desde el apoyo a los nazis hasta el asesinato de Kennedy.

Las fuentes historiográficas apuntan a que desde la campaña electoral alemana de 1930, el papel de Dulles en Suiza era el de hacer llegar el dinero de los imperialistas occidentales a Hitler. También el monopolio químico IG Farben puso mucho dinero en los bolsillos de Hitler, pero IG Farben no era otra cosa que una filial de la Standard Oil de Rockefeller y fue precisamente Rockefeller quien envió a Dulles a Suiza a negociar con los nazis. Al final de la guerrra fue Dulles personalmente quien interrogó al general Wolf sobre el destino de las reservas de oro nazis. Le ordenaron recuperar al menos una parte de los gastos ocasionados.

Los primeros años de la política exterior soviética

Rathenau y Chicherin en Rapallo (1922)
Juan Manuel Olarieta

La Revolución de Octubre bien pudo ahorrarse la molestia de crear un Ministerio de Asuntos Exteriores porque tales asuntos no existían. Durante cinco años las potencias imperialistas no reconocieron al nuevo Estado soviético como tal, hasta que Alemania firmó el Tratado de Rapallo, el acontecimiento más relevante de la política exterior bolchevique, que marcará definitivamente los años posteriores.

El estallido de la Revolución de 1917, la subsistencia del Estado soviético y la firma del Tratado de Rapallo estuvieron marcadas de manera indeleble por las contradicciones interimperialistas. No era, pues, algo buscado por el gobierno soviético sino impuesto por las circunstancias de la nueva etapa superior del capitalismo que entonces se comenzaba a abrir.

Eso era algo obvio para las organizaciones de la Internacional Comunista, pero no todas supieron sacar de ello las consecuencias necesarias, por varias razones, pero especialmente por dos. La primera es que entonces pocos sabían lo que era el imperialismo porque Lenin y el leninismo eran una novedad. Se trataba de organizaciones que arrastraban las concepciones propias de la socialdemocracia, especialmente de la socialdemocracia alemana, a la que Lenin calificó de “socialimperialista” porque no era algo contrario al imperialismo sino que formaba parte de él.

La segunda es que no es lo mismo predicar que dar trigo. Entonces -como ahora- había organizaciones que tenían una concepción libresca del imperialismo, sacada de un manual de lamentaciones continuas. Para el partido bolchevique, por el contrario, no se trataba de la teoría sino también de la práctica. Las contradicciones interimperialistas eran una realidad, un factor acuciante que condicionaba cada uno de sus pasos. El papel lo aguanta todo. Un artículo en una revista permite muchos errores; la práctica no.

Pero sobre todo hay un aspecto que contradice a la práctica, en el sentido que cualquier marxista la entiende: la pasividad, la neutralidad y la charlatanería. El Tratado de Rapallo es muy breve y de su lectura se desprende que el gobierno bolchevique no sólo otorgaba a Alemania un trato distinto al de otras potencias imperialistas, sino un trato privilegiado.

Los hechos posteriores demostraron hasta qué punto ese trato resultó privilegiado, desde cualquiera de los muchos puntos que se puede analizar, pero sobre todo desde uno: el de que tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, las demás potencias imperialistas pretendían avasallar a Alemania, reducirla a lo que el húngaro Eugen Varga calificó como una “colonia industrial”. En el gobierno bolchevique Alemania no encontró nada de eso. Por el Tratado de Rapallo el poder soviético renunció a las indemnizaciones con las que otros países, especialmente Francia, querían hipotecar el futuro de Alemania, y la misma renuncia llevó a cabo Alemania respecto al nuevo gobierno soviético.

Se estaba abriendo una nueva etapa de la diplomacia mundial caracterizada porque, a pesar de una guerra, dos países establecían relaciones mutuas basadas en la igualdad y en el trato preferente respecto a las demás, por lo que en Londres y París reaccionaron de la manera agresiva que cabía esperar. La prensa y los portavoces del imperialismo utilizaron términos apocalípticos. Dijeron que acababa de explotar una bomba, que el Tratado era una amenaza horrible para el mundo y presionaron para que Alemania lo anulara.

Eran una expresión histérica de las contradicciones interimperialistas que, como es normal, tenían su contrapartida dentro de la propia clase dominante alemana, donde no todos estaban de acuerdo con ese paso, hasta el punto de que pocas semanas después de la firma, Walter Rathenau, el firmante del Tratado junto a Chicherin, el ministro bolchevique de Asuntos Exteriores, fue asesinado en Berlín. Precisamente uno de los motivos que impulsó a Hitler al poder en 1933 fue el cambio en la política exterior de Alemania respecto al poder soviético.

Pero la perplejidad no fue menor entre los comunistas alemanes, a pesar de que el programa de su partido exigía de Alemania el reconocimiento del Estado soviético. El gobierno reaccionario alemán no sólo reconoció a los soviets sino que le concedió un trato de favor. ¿Dónde estaba, pues, el problema?

El problema es que a partir de Tratado de 1922 no había ningún problema donde debía haberlo, salvo en la cabeza de los dirigentes comunistas alemanes, que no sabían lo que era el imperialismo, a pesar de que lo tenían delante de sus narices. El discurso de Frölich, su portavoz parlamentario en el Reichstag, fue patético. Aunque apoyó la firma del Tratado, lo calificó como “bellas frases”. Otra dirigente alemana, Ruth Fisher, dijo algo que luego todos los oportunistas han repetido en ocasiones parecidas: el Tratado sacrificó la revolución alemana en beneficio de la rusa, o aún peor, del “Estado soviético”. Ese sacrifico, según Fisher, se consolidó con la política de frente único de la Internacional Comunista.

Era completamente falso. La línea de frente único se aprobó antes de la firma del Tratado y la revolución en Alemania también había fracasado con anterioridad, por lo que hubo ningún sacrificio. En Alemania la dirección del KPD, como todos los oportunistas, nunca entendió lo que era el imperialismo y estaba lejos del leninismo, por lo que fue expulsada de la Internacional Comunista poco tiempo después, aunque sus postulados han seguido vigentes en una maraña de pequeños círculos de eruditos especializados en redactar comunicados.

Por más que cada uno de ellos cambie las fórmulas mágicas con las que disimula su complicidad con el imperialismo, las conclusiones son las mismas. Por ejemplo, a la socialdemocracia el Tratado de Rapallo le sirvió para sacar pecho y decir que quienes colaboraban con los capitalistas y los imperialistas eran los bolcheviques. Ponían el ejemplo de un monopolio tan conspicuo como Krupp, que desde 1920 fabricaba locomotoras en suelo soviético.

La situación era tan sorprendente que todos acusaron a los bolcheviques de revisionismo, y los izquierdistas con más razón aún. Para Fisher el Tratado de Rapallo suponía una “alianza” del poder soviético con una potencia imperialista. Eso, unido a las tesis de Varga, economista de la III Internacional, sobre la situación de Alemania como “colonia industrial” situaba a la burguesía alemana, según Fisher, como “víctima” casi al mismo nivel que la clase obrera. Finalmente, la política de “frente único” conducía a la clase obrera alemana a hacer causa común con su burguesía, es decir, a una especie de “frente nacional”.

La dirección del KPD estaba totalmente equivocada. Cuando todo el mundo está ya repartido, escribió Lenin, son los propios países imperialistas los que se convierten en el objeto del reparto. Quieren comer pero van a ser comidos. Entonces las contradicciones interimperialistas aparecen en todo su esplendor. Un año después de la firma del Tratado de Rapallo, Francia se anexionó la cuenca del Ruhr, que pertenecía a Alemania. Es realmente inaudito que, precisamente los comunistas alemanes, no fueran capaces de ver lo que estaba ocurriendo y que fuera Lenin quien lo anticipara en su discurso al VIII Congreso de los soviets. Los imperialistas no sólo querían acabar con el poder soviético sino que también imponer “condiciones de existencia imposibles para la inmensa mayoría de la nación alemana”.

Durante la posguerrra las contradicciones interimperialistas habían engendrado en Alemania una situación favorable, como ya había ocurrido en Rusia pocos años antes porque las “condiciones de existencia” no sólo eran imposibles para la clase obrera sino, como decía Lenin, “para la inmensa mayoría de la nación alemana”. Pero los oportunistas preferían seguir con los ojos cerrados.

La OTAN planea anexionarse el enclave ruso de Kaliningrado

Según un comunicado publicado el jueves por la mañana en el sitio de las fuerzas armadas lituanas, la OTAN ha planificado la anexión del encave ruso de Kaliningrado, limítrofe con Lituania, Polonia y la costa del Mar Báltico.

En unas declaraciones a la agencia Delfi, la portavoz del Ministerio de Defensa de Lituania, Victoria Cemenite, atribuyó la información a un ataque de piratas informáticos, que insertaron información falsa en el sitio oficial de las fuerzas armadas lituanas. También dijo que la misma había sido eliminada de internet.

“Los analistas del centro nacional de ciberseguridad están estudiando el ataque”, añadió la ministra lituana. La investigación se va a concentrar en la empresa privada que se encarga de la protección de los servidores del cuartel general de las fuerzas armadas.

El comunicado que ha sido eliminado afirmaba que los ejercicios militares conjuntos llamados “Golpe de Sable” que se desarrollan en Polonia y en los Estados bálticos son un preludio de la anexión por la OTAN de la ciudad de Kaliningrado y sus alrededores.

Las maniobras “Golpe de Sable” organizadas por el cuartel general de las fuerzas estadounidenses en Europa empezaron el 19 de junio en Estonia, Lituania, Letonia y Polonia. Han movilizado a cerca de 6.000 soldados de 113 Estados miembros de la OTAN, así como unidades de Finlandia, Suecia y Georgia. Se trata de los movimientos más importantes sobre territorio lituano tras la adhesión de la antigua república soviética a la OTAN en 2004. Según los responsables de la alianza militar imperialista, las maniobras tratan de mejorar la coordinación de las fuerzas armadas de los Estados miembros.

Los ejercicios se articulan en torno a una primera fase operativa que agrupa a las fuerzas aéreas y terrestres de los diferentes Estados y de una segunda fase virtual de simulación informática de una guerra regional.

La Operación “Golpe de Sable”, que se presenta con el pretexto de una supuesta “amenaza rusa”, forma parte de la estrategia de la tensión en Europa oriental, donde la OTAN aumenta sus efectivos militares en las fronteras de Rusia.

Moscú ha reaccionado reforzando su presencia militar en Crimea que, desde los tiempos soviéticos, fue siempre uno de sus flancos más débiles. La Marina de Guerra soviética clasificó sus cuatro flotas por orden de importancia estratégica en Norte, Pacífico, Báltico y, finalmente, Mar Negro. Tras la guerra del Cáucaso, la inestabilidad en los Balcanes y la guerra de Ucrania, el flanco sur ha adquirido un relieve militar del que antes carecía. La incorporación de Crimea a Rusia, el reforzamiento de la Base 201 y el nuevo 58 Cuerpo de Ejército, forman parte de esa revalorización de la frontera sur de Rusia.

Pantallazo de la web de las fuerzas armadas lituanas con la información suprimida

Israel interceptó los ordenadores de los hoteles donde se celebraron las negociaciones entre Estados Unidos e Irán

El servicio de espionaje israelí instaló troyanos en los ordenadores de los tres hoteles de Ginebra, Suiza, donde se celebraron las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán.

La empresa rusa de seguridad informática Kaspersky afirma que, sin embargo, aún quedan interrogantes acerca de la manera que el espionaje israeleí instaló los troyanos así como el volumen de información que han logrado interceptar. No obstante, parece casi seguro que lograron controlar los ordenadores por medio de lo que se conoce como “rootkits”, así como los móviles, los ascensores y las alarmas.

Según el Wall Street Journal, los israelíes tomaron el control del sistema informático de los hoteles antes de incluso de empezar las conversaciones. El diario económico de Nueva York asegura que desde marzo Estados Unidos estaba al corriente de que las negociaciones estaban siendo interceptadas por los israelíes y transmitidas a Netanyahu.

El ministro adjunto de Defensa israelí Eli Ben-Dahan ha desmentido categóricamente la información. Ha calificado la posibilidad de que Israel captara la señal wifi de los hoteles como un “sin-sentido”.

Sin embargo, la Fiscalía suiza ha abierto una investigación criminal para esclarecer el espionaje. El 12 de mayo en Ginebra la policía llevó a cabo varios registros e incautaron diverso material informático.

http://www.wsj.com/articles/spy-virus-linked-to-israel-targeted-hotels-used-for-iran-nuclear-talks-1433937601

Las amistades peligrosas de Hillary Clinton con Boko Haram

En su etapa como secretaria de Estado, Hillary Clinton se negó a inscribir a la organización takfirista nigeriana Boko Haram en el listado oficial con el que la Casa Blanca absuelve o condena a diestro y siniestro a los movimientos armados del mundo entero. ¿Por qué los imperialistas asesinan a unos y subvencionan a otros?, ¿cuál es el criterio con el que los discriminan?

El asunto lo han destapado los republicanos cuando Clinton confirmó su candidatura a las futuras elecciones presidenciales por el partido demócrata. El senador republicano David Vitter ha solicitado a John Kerry que desclasifique los documentos oficiales relativos a las relaciones de Clinton con los terroristas nigerianos. Lo mismo ha pedido la asociación Citizens United, que ha presentado una denuncia contra el Departamento de Estado para que explique los motivos por los cuales consideró que Boko Haram no era una organización terrorista, a pesar de atentados, como el que cometió contra la sede de la ONU en Abuja, la capital de Nigeria el 26 de 2011 cuando Clinton era secretaria de Estado.

El 11 de setiembre de 2012 fue asesinado en Bengasi, Libia, el embajador de Estados Unidos y Clinton utilizó su ordenador portátil para intercambiar correos electrónicos, a pesar de que es una práctica prohibida por la diplomacia estadounidense desde 2009. Por eso se sabe que a los ojos de los imperialistas Boko Haram no estaba considerada como una organización terrorista.

Pero faltan muchos datos que no sólo dejarían en mal lugar a Clinton, que es lo que pretenden los republicanos, sino al conjunto del imperialismo. En abril Vitter envió una carta a Kerry en la que le pide el acceso a los archivos oficiales de la candidata, mientras estuvo al frente del Departamento de Estado.

Entre lo poco que se conoce aparece el nombre de Gilbert Chagury, un multimillonario nigeriano, magnate de la construcción y uno de los principales donantes de la Fundación Clinton, el típico tinglado filantrópico, humanitario y ecologista, además del partido demócrata. Financió la campaña electoral a la presidencia de Clinton en 1996.

Según Citizens United, que es una organización que también está considerada como “conservadora” y que le sigue el juego al partido republicano, fueron las presiones de Chagury las que impidieron que Clinton incluyera a Boko Haram en el listado de organizaciones terroristas porque hubiera supuesto un freno a las inversiones extranjeras en el país.

Ni la carta de Vitter ni la denuncia de Citizens United, interpuesta hace un mes, han tenido respuesta, por el momento.

Hillary Clinton abandonó el Departamento de Estado a comienzos de 2013 y desde entonces las actividades terroristas de Boko Haram han ido en aumento, con acciones tales como el secuestro de 276 adolescentes en un instituto del norte de Nigeria, o la matanza de 2.000 habitantes a la orilla del lago Chad el 7 de enero de este año.

Boko Haram se declaró como una organización integrante del Califato Islámico y no se incluyó en el listado de organizaciones terorristas hasta el 13 de noviembre de 2013, cuando el Departamento de Estado pasó a ser dirigido por John Kerry.

Fuente: http://www.frontpagemag.com/2014/dgreenfield/hillary-clinton-covered-up-boko-harams-acts-of-terror/

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